»'','■.•<",>'.; r :■« ■A-J \ '*'' ^ ■i- ^ h.'«J ^ ^ f •'■•.■■ ^ ■A- 5t5 IfT ^^ ■ ^ tERos-. 1 . Primo. — Primiano. — Primólo. 2. Secundo a. — Secundario. — Secundina. — Secundólo. — Secundiano. 3. Tercio. 4. Cuarto. — Cuartila. 5. Quinto. — Ouintin. 6. Sexto. 7. Séptimo. .S. Octavio. — Octaviano. <.). Nono a. — Nonia. — Nonicio. 40. Cuadragésimo, l .CXX). Quiliano ('> Kiliano. ó. — Tamaños: Celso. — E.xuperio a. — Exuperancio a. — Largo. — Magno. — Mayorico. — Má- ximo. 2.— ANTROPOLOGÍA. a. — Colores: Blanco. Albano.— Albino a. -Blanca.— Cándido a.— Quionia ó Chionia (nivea). — Leocadia ó Leucadia.— Clara. I'Mcarnado. Flavio a.— Elaviano a.— Rufo.— Rufino a.— Rogelo. Negro. Ater.— Bruno.— Fusca.— Fusciano.—Fúsculo . b. — Dotes del cuerpo: Calixto a— (muy hermoso) Casto.— Efcbo.— Eulalia (la que habla bien).— Eacundo.—Puhiuería.— Venusto.— Venustiano (bello). los nombres de los santos. ¿:— Defectos del cuerpo: Balbina (tartamuda).-Barbada.-Barbato.-Capiton (cabezudo).- Crispo Críspulo, Crispin,Crispmoa-(por el cabello crespo).- Frontón (frontudo), Mamiliano. 3.— ZOOLOGÍA. a. — Cuadrúpedos: A-nelo (cordento).-Asela (asnilla).-Equicio (caballo).-Basilisco.-Ca- pracio\cabra).-Castorio.-Catulino (gato) y Felino, Película.- Felipo (amante de caballos).-Inés (cordero).- León, Leoncio a, Leonila.-Leopardo.-Lope ó Llop ó Lupo y Lupicino (lobo).-Pegasio (nombre de cierto caballo).-Porca- rio, Porciano , Suino a (de cerdo). -Taurino (toro).-Tígrio.-Urso, Ursmo, Ursicio, Ursicino, Ursinaro y Úrsula (de oso).— Vulpiano (zorra). h. — Aves: Aquila, Aquileo, Aquilino a.-Arnesto ó Ernesto (águila).- Columbo a Columbano, Columbina (paloma).— Filomena (ruiseñor). c. — Insectos: Apiano (abeja). d. — Peces: Delfín.— Mérulo. 4.— BOTÁNICA. a. — Plantas: Casio a (canela) y Casiano -Estácio (mirra).-Lauro , Laureano, Lau- rentino, Lorenzo a (laurel).-Lino.-Oliva.-Palmacio.-Pinito.-Salvio. b, — Flores: Acacio. -Amaranto.-Flor, Floro a, Florencio, a Florentina, Flóscu- lo.-Flocelo. -Jacinto. -Lilia, Liliosa (lirio). -Narciso. ~ Rosa, Rosalma, Rósula. c. — Frutos: Cereal.-Comino.-Fabio, Fabián (haba).-Frumencio (trigo).-Frutos.- Fructuoso.-Genciano.-Gérmino.-Maturo.-Pipérion (pimienta). d. — Agricultura: Agricio, Agrícola.-Armentario (ganado vacuno).-Estercasio (estiércol).- Hortulano (hortelano).-Montano.-Nemorio (bosque).-Pastor.-Rústico a.- Silvano, Silvestre, Silvino a, Silvio a (Selva). -Vindemial (vendunia). 5.— MINERALOGÍA. a. Metales: Argéntea.— Áureo a. — Ferreolo. REVISTA DE VALENCIA. b. — Piedras: Agato a, Agaton, Agatonio o Águeda (piedra ágata).— Cé fas, Pedro, Ro- que (piedra).— Esmaragda (esmeralda). — Gorgonio a (coral). — Margarita (perla). 6.— geografía. a. — Cielo: Arturo (constelación).— Aurora. — Castor, Castorio (constelación), Celes- tino.— Diascórides (constelación). — Elena (luna). — Eterio. b. — Regiones: Afro a. Africano. — Anatalio a. — Arabia. — Arcadio. — Ático, — Bárbara. — Bretanion. — Dacio , Daciano. — Dalmacio. — Emilia. — Eubulo. — Francisco a. — Galo a. — Galicano. — Gálata. — Germánico. — Libia. — Macedonio. — Mauro a. — Romano a. — Sabino a. — Siró. C. — ClUD.\DES. Adria (Venecia). — Briccio. — Cástulo. — Camerino — Edesio. — Emérita. — Masilitano. — Sebastian a (Sebate). — Sidonio. — Tesalónica. — Troyano. — Ur- bano. d. — Islas: Cipriano (Chipre). — Mayórico (Mallorca). — Quisonia (Chio). e. — Montes: Alpiano. — Aventino. — Ida. A— Ríos: Alfeo.— Nilo a. — Potamio a. g, — Mares: Marino a.— Océano. — Pelagio a, Pelayo a, 7.— HISTORIA. a. Personajes celebres de la antigüedad: Alejandro a.— Antígono.— Antíoco.— Antonio a.— Apeles.— Apuleyo.— A(|UÍlcs.-Aristarco.—Arístides.—Aristóbulo.—Arquelao.—Asclepiades.— Áta- lo.- Atcnodoro.— Camilo.— Cecilio a.— Ciro.— Conon.— Dario a.— Demé- trio.-Demórrito.-Dioclccio.— Diócles —Diomédes.—Dion.— Dionisio a.— Emilio a. -Emiliano a.— Epafrodito.— Epictcto — Jason.— Juvenal.— Juven- cio.—Lcónidos.-Macrobio.-Menelao.-Néstor. -Nicanor.- Páris.—Patroclo. -IMco.- -Platón.- Pláuto.- Plutarco.- Polibio.-Polion.-Pompeyo a.— Pomponio.- Pondo.- Porfirio.- Prudencio.- Publio a.-Ouintiliano.-Ró- niulo.-Salustio.-ScIéneo.-Sócrates.-TemLstodes.-Timoteo.-Tolomes.- 1 r.iseas. — Trason.— Zenon. LOS N0iMI3RES DE LOS SANTOS. b. Emperadores y emperatrices romanos: Adriano.— Agripino a.— Ai cadio.— Augusto y Agustín.— César ó Cesá- reo.— Domiciano. — Domicio.— Felipo a. ~ Flávio a.— Flaviano a.— Ger- mánico.—Gordiano.— Heraclio. — Honorio. — Julio a.— Macrino a.— Magen- cio.— Nerón.— Nicéforo. — Teodosio a. —Tiberio.— Tito.— Valente. — Valeria- no.— Valerio a. — Veleriano. 8.-AUGURALES. Abundancio. — Abundio. — Adaulto. — Augurio. — Augustal. — Auo-usto Auspicio. — Bienvenido. — Concesa. — Desiderio. — Donato a. — Donaciano.^ — Esperato. — Exuperancio a.— Exuperio a. ~ Fausto a.— Faustino. — Fausti- niano. — Félix. — Feliciano. — Felicísimo a. — Felicidad. — Gaudioso. — Macario (dichoso) a. — Optaciano. — Optato. — Próspero. — Rogato. 9.— MILICIA. Aniceto (invencible). — Auxilio. — Belino (guerrero) . — Castrense. — Castrí- ciano. — Celerino a (clase de soldado). — Custo (guardia). — Corona. — Coro- nado.— Dominador. — Esteban (corona). — General. — Miles (soldado). — Marcia. — Marcial. — Víctor. — Victoria. — Victorino.— Victricio. — Victuro. 10.— MISCELÁNEA. a. — Títulos: Basilio (rey), — Eugenio a (noble). — Cayo (señor). — Patricio a. — Priva- do.— Régulo. — Tirannio, b. — Parentesco: Avito (abuelo). — Gemino, Geminiano, Gemelo. — Fraterno.— Materno a.— Matrona. — Matroniano. c, — Gramática: Dativo a. — Latino. — Metodio. — Primitivo.— Magno, Mayorico , Máximo- (Los tres grados de la comparación). d. — Medicina: Medérico. — Remedio. — Salutar. — Restituto a. e. — Jurisprudencia: Ladrón . — Proceso . — Sérvulo . — Liberto. /". — Arábigos: Amina (fiel).— Boriha (clara).— Zora ida (florencia).— Sobeiha (aurora).-— Solima (pacífica). REVISTA DE VALENCIA. ^ —Políticos: Autónomo.— Liberio. // — C.\LENDARIO: * Jannario a.-(Enero) Julio a. -Octubre.-Quintil (Julio) Quintiliano.-Ve- rano. i. — Marinos: Carina (quilla).— Naval. III. NOMBRES DE SANTOS DE ORIGEN CRISTIANO. 1.— RELIGIÓN. a. — Dogmas: Anastasio a (resurrección).— Atanasio a (inmortalidad).— Cristiana , Cris- teta, Cristina, Cris-tóbal (los que llevan ó son de Cristo).— Redempto, Repa- rada, Restituto a (Redención).— Graciano , Revocato a (gracia).— Salvador, Salvino, Salvio , Sotero a (salvación). — Solútor (redentor).— Sofía (Espíritu Santo).— Vital.— Vitaliano (por la vida futura).- Ángel, Querubín, Serafín.— Eulogio (pan bendito). b. — Fastos: Epifanio a (Reyes),— Domingo a. — Natalia (Navidad). — Pascasio, Pascual. — Parasceves (Viernes Santo). — Quadragésimo. — Sabacio (Sábado). c. — Disciplina: Clero. —Matutino. — Neófito. — Peregrino . — Sacerdote. — Serótina. 2.— VIRTUDES. a. — rp:oLOGALEs: F¿. Fe. — Fidencio. — Fidel. — Crédula. — Ensebio a (religioso). — Ilumina- do a. — Pío. Esperanza. IClpa, Esperanza, Esperato, Elpidio, Elpidéforo. — Perseveranda. Caridad. Adelfo (hermano), Ágape, Agapio, Agapito (caridad), Amancio, Amador, Amalia, Amando. — Caridad. — Garitón. — Cantina. — Hospicio. — Irene, Irenes, Irenarco, Irenion (paz). b. — Carui.nales: Prudencia. Prudencio.— Concordio a. Justicia. Justo a.— Justino a. — Inoi^encio. — Severo a. — Severiano, Se- vcrino.— Probo. — Vero. fortaleza. Audaz. — Constancio a , Constantino. — Firmo a, Firmin a. — Mártir, Martirio.— Seano.— Sereno a.— Víctor, Victorino.— Volente, Volentin, N'olentino a. LOS NORÍBRES DE LOS SANTOS. Templanza, Cándido a.-Casto.- Clemente , Clementino. -Benigno.— Blanda, Blandina.-lnocencio.— Mansueto.— Paciencia, Paciente.— Plácido a. —Prudente.— Prudenciana.— Simplicio.— Simpliciano.— Verecundo. 3.— DOTES PERSONALES. Benedicto.— Benito a.— Beato a.— Decoroso.— Digna.— Expedito.— Ful- gencio.— Generoso a.— Grato a.— Gratiniano. — Graciliano. — Hilario a.— Hilarino.— Honorio.— Honorato a.— Leto.— Leticia.— Lucía a.— Luciano.— Venerando. 4.— HISTÓRICOS. a. Tomados del Antiguo Testamento: Aaron.—Abraham.—Absalon.—Ageo.— Ananías.—Azarías.— Benjamín.— Daniel— David.— Eleázaro.— Elias.— Eliseo.— Ester (l).— Isaac— Isaías.— Is- niael.- Jeremías.— Josafat.— José.— Jonás.— Judas.— Moisés.— Salomón.— Sa- i^iuel.— Sansón. —Simeón.— Sofonías.— Susana.— Tobías.— Zacarías. b. Heresiarcas: Aecio.— Ario.— Ariano.— Eutíques.— Eutiquiano.— Donato, a.— Melecio. —Montano.— Novato.— Pelagio , a.— Porfirio.— Prisciliano.— Valentino, a. 5.— COMPUESTOS. a. Latinos: Amadeo.— Bonaventura.— Bonfilio.— Bonifacio.— Deicolo.— Deogracias.— Deusdédit.— Homobono.— Quod-vult-Deus.- Servio Deo.— Sevo Deo. . b. Griegos: Crisólogo, palabra de oro. Crisóstomo, boca de oro. Crisóforo, el que lleva el oro. Cristóíoro, el que lleva á Cristo. Doroteo, a, el que adora á Dios. Eliodoro, don de Dios. Elpidéfaro, el que lleva la esperanza. Nicéforo, el que lleva la victoria. Nicodemo, vencedor de las turbas. Tevetiste, criada para Dios. Teodoro, a, presente de Dios. (1) Solo he visto esta Santa en el Nomenclátor á 4 Setiembre sin indicación de que sea de la nueva ó antigua ley. Los demás nombres aquí citados son de Santos de la nueva. Jo REVISTA DE VALENCIA. Teodosio, a, ofrenda á Dios. Teófilo, a, el que ama á Dios. Teófanes, señalado por Dios. Teógenes, descendiente de Dios. Teogonio, nacido de Dios. Teodoto, a, consagrado á Dios. Tcopisto, a, que espera en Dios. Teoponipo, inspirado por Dios. Teoprepides, digno de Dios. Teótico, que corresponde á Dios. Teótinio, que honra á Dios, Timoteo, favorecido de Dios. Aquí doy fin á las clasificaciones de los nombres de los Santos; pero tengo antes (¡ue advertir, que ni están hechas todas las que fácilmente se podrían, ni siquiera tengo la pretensión de haber incluido todos los nombres que corres- ponden á las que he estudiado. No me propuse hacer un trabajo completo, sino solamente hacer ver la variedad de clasificaciones á que se prestan dichos nom- bres. " Antes de concluir, quiero dar á conocer los nombres de los Santos del Anti- guo Testamento, que están incluidos en el Martirologio Romano , cuyo culto ha autorizado la Iglesia, y luego los de aquellos Santos cuyo nombre ha sido corrompido por el uso. SANTOS DEL ANTIGUO TESTAMENTO. Abel (i), Abraham, Moisés, Aaron, Josué, Job, Gedeon, Samuel, David, Elias, Eliseo, Ananías, Azarías, Misael, Esdrás, Macabeos. Profetas mayores: Isaías, Jeremías, Ezequiel, Daniel. Profetas menores: Oseas, Joel, Amos, Abdías, Jonás, Miquéas, Nahum, Ha- bacuc, Sofonías, Ageo, Zacarías, Malaquías. la moda, (jue todo lo invade, y la costumbre, que todo lo corrompe, con el continuo uso de los nombres propios de los Santos tomados en el bautismo, ha hecho tal abuso, (jue llega el caso de que á nnichas personas se las señala vulgarmente con un nombre que ninguna relación guarda con el de pila. La mayor i)arte de estas variantes nos han sido traídas de Cuba y Filipinas, cuyos naturales suelen sustituir los nombres propios por frases de cariño. Tienen otros por origen un aiunentalivci (', diminutivo, ó bien son nombres cortados, de los ú, Aun-iuc no consta en d Marlirologio. la Iglesia invoca á San Abel en la. letanías de los •iifnHuantrs. LOS NOMBRES DE LOS SANTOS. 11 que solo se pionuucia la primera sílaba, ó la última, o la del medio. Añádase á estos los de aquellos Santos que son conocidos por su patria ó por su ape- llido, ó bien por la invocación ó título de sus imágenes, en particular al tratarse de Nuestra Señora. Si hubiera de .hacer una lista completa, esta seria demasiado extensa; me contentaré, pues, con los más usuales. NOMBRES CORROMPIDOS. Abel. Abelardo. Adela. Adelaida, Alicia, Delia, Albina. Blanca. Alvito. Aloito. Amalia. Amelia. Arnulfo. Arnesto, Ernesto. Balbina. Bina. Baldomero. Baldo. Bárbara. Lara. Bartolomé. Bartolo. Baudilio. Boy. Blandina. Dina. Cándida. Blanca. Carina. Corina. Cesáreo. César. Clara. Boriha (árabe). Claudia. Dia. Clemencia. Mencia. Clodoaldo. Clone, Concepción. Concha. Domingo. Mingo, Guzman, Egidio. Gil. Eligió. Eloy, Aloy, Elisa, Eloisa. Emiliano. MiUan. Enecon. Iñigo. Estefanía. Fanny. Felicitas. Saida (árabe). Fernando. Hernán, Hernando. Fidel. Amina (árabe). Florencia. Zoraida (árabe). Francisco. Franco, Frasquito, Francho, Farruco, Paco, Pampico. Pancho, 12 REVISTA DE VALENCIA. Gertrudis. Tula. Honorata. Kerima (árabe). Ignacio. Iñigo. Jaime. Santiago, Yago, Jacobo. José. Pepe. Juan. Janin. Ildefonso. Alfonso. Leocadia. Blanca. María. Urraca. Id. Mercedes. Cheche. Id. Desamparados. Amparo. Id. Dolores. Lola. María Guia del Mar. Guiomar. Macuto. Malón ó Malo. Manuel. Manolo. Nicolás. Colas. Normandina. Dina. Nonio. Ñuño. Olegaria. Olga. Oseas. Ausias. Pedro. Pero, Perico. Pelagio. Pelayo. Petronila. Onila. Plácida. Badhia (árabe). Quirico. Ouilez, Cyr. Rosalía. Lia. Wilgefortés. Librada. Walfrido. Alfredo, Vilfredo, \*ifredo William. Guillermo. A otras muchas investigaciones se presta el estudio que nos ocupa, y que ya es preciso terminar. Muchos nombres históricos, de personajes cristianos, á primera vista no parecen tomados de Santos: de algunos hemos visto ya su origen religioso; de casi todos los demás, una investigación seria tengo por seguro (|ue nos haria ver igual procedencia. Roque Chabas. i Á LA BELLEZA. VERSOS ESCRITOS PARA EL CENTENARIO DE MURILLO. ¡ELLEZA, alma Belleza, Feliz hija del cielo, Y hermana de la luz y la pureza, ¡Qué oculto encanto y qué infinito anhelo. Qué excelso amor y bienhechora calma Tu rayo esplendoroso Difunde en nuestra alma! Mas ¡ay! intento en vano Hallar tu esencia, penetrar tu arcano; Y te conozco. .. y te amo... y grito "es ella,, Al punto que apareces; Y vuelo á tí... mas tú te desvaneces Como fugaz estrella. Inmenso siempre nuestro afán, finito Nuestro poder!... Cual solo nos es dado De lejos entrever la ideal figura, Allá en el claustro, de la casta y pura Esposa del Señor, ú oir su ardiente Suavísima plegaria. Como eco de la altura. Postrados en la nave solitaria. Así ¡oh Belleza! siempre te admiramos Velada entre las nubes De tu triunfal decoro; Y si alcanzarte ansiamos. Cual pudorosa virgen te miramos En el cielo ocultar la frente de oro. 14 KKVISTA DE VALENCIA. Mas s¡ tu esencia divinal se encierra De Dios en el recóndito misterio, .Estiendes por los cielos y la tierra Tu esplendorosa luz y suave imperio. Yo te contemplo en la risueña aurora, Que los confines del Oriente dora, Nunciando el nuevo dia; Del Astro-rey en la temblante lumbre, Que el grato ardor envia Del escondido valle al alta cumbre; Y en la noche serena, Que el ánimo suspende y enagena Con su apacible luna nacarada, Y el estrellado coro, Que con ritmo sonoro, Mide la inmensa bóveda azulada. Tú das al Iris fúlgidos colores; Al susurrante insecto el ala de oro; Sus matices y aromas á las flores; A las brisas, las aguas y las aves Y las umbrosas selvas, sus murmullos, Sus suspiros y cánticos suaves; Su inmensidad al férvido Océano; Su pabellón de grana al horizonte; Al rocío sus gotas diamantinas; Y i)rendes con tu mano, Sobre jas puntas del ingente monte, A la cascada en redes cristalinas. Y más que en la inmortal naturaleza, Contemplo yo en la humana criatura Do se ostenta de Dios la imagen pura. Tu encanto y tu poder, dulce Belleza. 1mi su frente elevada ¡Qué majestad! ¡qué sello de alta estirpe! ¡Y qué profundidad en su mirada! ¡Qué esplendor en su noble inteligencia! iQué poder y qué gloria en su albedrío! ¡Qué audaz vuelo en su raudo pensamiento! A LA BELLEZA. 15 ¡Qué inexorable voz en su conciencia! Y en su hermosa palabra ¡qué portento! Del misterio de todo lo criado, Tiene él solo la clave: El une el mundo á Dios, le admira y ora, Y al compás de los orbes cristalinos, Canta su inmenso amor y altos destinos Como David con cítara sonora. ;Tú eres el sentimiento! En el mirar del candoroso niño. Del fiel amigo en el afecto santo, En el sublime maternal cariño. Del prisionero en el sentido canto, Del casto amor en la ilusión primera, En el recuerdo de la patria ausente, Y en la cristiana bendición postrera Del padre moribundo; En la divina caridad que esparce Sobre el dolor del mundo. Ceñida de celestes resplandores, Sus afanes, sonrisas y consuelos. Como una lluvia de fragantes flores! En la inspirada frente del Profeta, En la piedad sencilla, En la virtud del ignorado asceta, Del mártir en el férvido heroísmo En donde vive el entusiasmo, y brilla Solo un rayo de fé; do lucha el hombre Y véncese á sí mismo, Mostrando su grandeza, Allí te admiro y amo, y al amarte Hallo la dicha en tí isanta Belleza! Tu esencia y fin es Dios. Como en un lago Sereno y trasparente. Refleja el Sol su disco esplendoroso, En el Verbo contempla eternamente El Infinito Ser su imagen pura, Y amándose á sí mismo, es para el mundo i6 REVISTA DE VALENCIA. El manantial fecundo De la verdad, el bien y la hermosura; Que el ser, la luz, á su palabra brotan Del negro caos y doquier derrama El divino fulgor de su belleza Y de su inmenso amor la dulce llama. Tu esencia Dios, y tú el alma del Arte; Quien quiera en este remontar su vuelo, Hollando las miserias de este suelo, Contigo ha de subir, al admirarte, Como Murillo, á la mansión del cielo. Miguel Amat. MILICIA Y ARMAS EN EL SIGLO XIII. monografía premiada con "ACCÉSIT' EN LOS JOCHS FLORALS CELEBRADOS POR LO RAT-PENAT EN 1879. JABiDoes que las huestes en la Edad Media se componían de elemen- tos asaz heterogéneos, distando mucho de la organización, táctica, disciplina y uniformidad que después consiguieron los ejércitos regu- lares. Ya entre los godos, el servicio militar era personal, sujeto al feudo, con algunas excepciones, entre ellas uno de dos hermanos útiles, y los esclavos. El rey mandaba la hueste, dividida en milenas y centenas, ó en Agminüy Scarce (de don- de el italiano Sc/iiera), Cunei, Cohortes, etc. con sus jefes especiales, inclusas las meznadas de caudillos ó señores laicos ó eclesiásticos de villas y lugares, sus obliga- dos vasallos, A cada cuerpo le distinguía su pendón, banda, /ano, coufanon. Usá- banse por armas ofensivas lanza, espada, venablo, escudo, puñal y flechas (estas tan solo en la infantería), y por armadura cascos, zabas , coseletos y cotas. La defensa de las poblaciones consistía en íosos,fossaia, carbonari (cavas), barba- canas, murallas y torres. Las beríiscas, berterche (en catalán verdescas), eran, al parecer, torres bardeadas, albarranas ó salientes del muro. Las almenas decíanse viér7tla, tnériili (tal vez de fuinila, atisbar) (en catalán merlets), y las saeteras pinncB miirorum. Otro gran elemento de guerra, la tormentaría, fué adquiriendo importancia á medida que la necesidad sugirió la idea de nuevos ingenios. Mu- chos del linaje de pedreros y trabuquetes, eran ya conocidas de los antiguos bricola, mangana, petrarice, prederice, iortorelli, trabuchi, manganelli, etc. Las Phalas eran torres de madera movibles para combatir los muros, y de igual ín- dole los vi?iece ó crates, vulgarmente gatas, y scrimalia, especie de casillas que facilitaban el aproche, conteniendo un ariete de batir (avies y testudo de los ro- manos, bercellum en la E. M. de berbix, traducción de carnero). Contribuían al ataque y á la defensa las empalizadas, redes de cuerda, caballos de frisa, los Q REVISTA DE VALENCIA. harpoaes, uiicinos, grafios, los dardos incendiarios, etc. En el campamento, tras de estas defensas, levantábanse para abrigo de la tropa, barracas, baracc/ue, tien- das, tettdce ó tenses, otras mayores dichas trabucas (tabernaaila). En los siglos medios, el feudo importaba igualmente un servicio personal armado, y el "señorío feudal la obligación de servir al rey ó superior gerárquico, con un contingente de vasallos, proporcionado á la cuantía del señorio. Al pro- clamarse la guerra ó convocar hueste, acudían á un punto dado el marqués, el conde, el baron y el varvesor en Cataluña, como también los prelados y abades que gozaban poder jurisdiccional, conduciendo cada cual, bajo su pendón, sus deudos ó amigos, subditos ó colonos, bien armados y á caballo los primeros, á pié y en mal ordenado tropel los segundos. Este sistema siguió durante el siglo VIÍI, originando en dichas huestes una manera de ser muy especial. El principal núcleo de ellas era todavía la caballería, esto es, los nobles de alcurnia, los señores solariegos, los caballeros de paraje, y cierta clase de militantes advenedizos que, bajo sueldo, seguían de buen grado á quien mejor pagaba. Los vasallos formaban pelotones, con cierta preferencia entre sí, según era su armamento de loriga, escudo, ballesta, arco ú otras ar- mas inferiores . Seguían la hueste gran número de sirvientes, y á veces otra pi- llería, más embarazosa y perjudicial que útil, sin faltar religiosos que en ocasio- nes ejercían su sagrado ministerio y enardecían á la tropa con sus predicaciones en mitad del campo. Transitoriamente, y en ciertos períodos, se formó el ejército por alistamien- to, y se ensayó organizarle por compañías, al mando de especiales jefes, como en la guerra contra los Albigenses, á fines del siglo XII; en el XIV en las de Francia é Inglaterra, y en las intentadas contra nuestro país por la casa de An- jú. También los monarcas castellanos ensayáronlo alguna vez durante su ardua y porfiada lucha de restauración; mas no era dable con los elementos de enton- ces, formar verdaderos soldados, y esos conatos solo sirvieron para alentar la nialandrinería, y hacer más atroces los horrores y consecuencias de la guerra. Los árabes españoles tuvieron mejor organismo, dando otra importancia á la infantería. Ya en el siglo XI dividíase su hueste en grandes cuerpos ó taifas, por Iribus, y voluntarios, siguiendo cada cuerpo su bandera. Además, el emir tenia su guardia escogida {exortines según la Crónica de D. Jaime), compuesta regu- larmente de negros, ricamente aderezados, á cuyo frente marchaba él, rodeado de un brillan te estado mayor de jeques, visires y fakies. En la funesta batalla de Alarcos, de 119'), iban las innumerables tropas musulmanas formando haces, al son de tamb ores, cada tribu con su emir, que llevaba el pendón, y los volunta- rios alrededor de la bandera verde del Islam, distribuidos para la batalla en vanguardia y retaguardia, derecha, izquierda y centro. En tiempo de D. Jaime el Conquistador, tenia Aragón una especie de MILICIA Y ARMAS. 19 caballería selecta, dicha de ineznada, compuesta de gentes de armas, conducidas {^Henees) especialmente por el rey ó algún magnate, rico-hombre, etc., con esta diferencia, que la meznadería real daba nobleza, y la de rico-hombre simple honor. Poco tiempo después, los caballeros salvajes constituían una sección de descubridores, corredores ó merodeadores, que solian hacer arrancada en los combates. Un elemento peculiar de las huestes españolas, cristianas ó moras, durante los siglos XIII al XV, fueron los almo gáb ares, que los habia de á pié y de á ca- ballo, mandados por sus adalides y almocádenes (adalides eran también descu- bridores ó guias de la hueste). De indudable origen árabe, como arguyen ambas denominaciones, nacieron al calor de nuestra gran lucha nacional, para la espe- cialidad estratéjica que exigía lo escabroso de las serranías españolas. Duros curtidos, fieros y semisalvajes, eran guerrilleros excelentes, tan ligeramente ar- mados como vestidos. Desclot menciona también los golfines, especiede bando - leros del interior de España, con algunas gentes de paraje, que de ordinario hacían la guerra por su cuenta, así lí costa de moros como de cristianos. Las huestes del citado rey, según su Crónica, repartíanse en compañías de hombres y caballos, la infantería, milicias de las ciudades, generalmente bien arreadas, y sirvientes de armas {sergeantsoxí Francia), gente villana y all egadiza en secciones de honderos, ballesteros, escudados, bacinetes, etc. Los caballeros y hombres de armas compoiiian la caballería; una lijera, en que ya empezaba á montarse á la gineta, y otra pesada, armados los caballos de perpuntes ó lori^ gas, que se cubrían con gualdrapas. Habia ballesteros montados y sin montar. Los porteros reales, y algunos troteros, servían de edecanes para llevar órdc'- nes y partes á los ricos-hombres. La categoría de las miUcias de ciudades se regulaba por el grado de fortuna de cada vecino, y por el armamento que podía surtir. Barcelona tiene padrones del siglo XIV, en que el servicio está regulado por este sistema. Quicherat cita un proceso verbal de revista del pueblo de S^a. Maur-les-Fossés, año 1284, cuya milicia se distribuía en cuatro clases; 1.*, poseedores de 60 libras arriba, armados con alsbergo ó alsdergoie, casco de hierro, espada y cuchillo: 2.% poseedores de 3o á óo libras, con gambeson ó cota emborrosada, casco, espada y cuchillo: 3.% dueños de 10 á 3o libras, con bacinete ó capillo de cuero, espada sin vaina y cuchillo; y 4.*, los más pobres, reducidos á la condición de arqueros, sin más ar- mas que arco y flechas. En el siglo siguiente distribuíanse los cuerpos ó compa- ñías según su armamento. El Concejo de Barcelona, para atajar á las compa- ñías extranjeras que entraban por el Pirineo, armó, á petición del rey, 3oo baci- netes, otros tantos pillardos (pillards) y 200 ballesteros. De la referida Crónica pueden sacarse curiosos datos sobre las costunibr Mentre cju' es lezcrós AI osial jostal' foch. Kl kcmau.c .,c inrard de Viem.e. .lescriho en los términos que siguen el arreo con que se armaba .', mi -■ahallcnx MILICIA Y ARMAS. 25 Chemise et braies apportent á Renier, Chaiises de palles (palio), solars (soliers) de Monipeler El dos lui vestent wwfret enj/ine cher (pelliza) Et un ¿>/¿aní (brial) que ot fait enteller (bordado) Un 7nantel riche que valoit iiiaint dener. Unt affuble aut noble guerrer, Pour messe oír... Chances de fer qui moult sont á proiser (priser) El dos lui vestent un blandí anberc dobler (doble^ El cheí lui lagent un vert hiaiitne vergé (rayado) Li rois li ?aint un riche braiich (espada) d' acier. \J on lui améne un auferan destreja (overo) Al col lui pend un escuds quarter (cuartelado) Et á son poin un droit tranchant espié (espada). José Puigcarí. MIS RECUERDOS DE ARAGÓN. A MI AMIGO PEDRO JORDÁN Y JORDÁN. N la vaguedad confusa De mis recuerdos de niño, Aun conservo con cariño, Como una grata ilusión. La memoria placentera, Acariciada y querida, Del aspecto y de la vida De los pueblos de Aragón. Después que dejé de verlos, Estudié su excelsa historia, Y la imí á aquella memoria Adípiirida en la niñez; Y sus humildes costumbres Y su alta historia recuerdo Y de aípiel país concuerdo La humildad y la altivez. Por eso buscan nús ojos, Como al través de un ensueño, Aquel pasado risueño, Avnique sé que es ilusión; (Jiic cuando atrás nos dejamos ICsas ilusiones bellas, Se ()uedan siempre con ellas Pedazos del corazón. Por eso allí miro siempre; Que allí ha nacido mi padre, Y allí su i)adre y su madre, Y allí yo casi también; Y allí murió mi abuelito. Tras de enfermedad aguda, Que Dios compensó, sin duda, Con las glorias de su Edén. Del alma al tenaz deseo Aun parece que le veo Sentado en su silla, y creo Que oyéndole estoy contar Sus lindas leyendas viejas. Sus tradiciones añejas, Y sus antiguas consejas Junto al fuego del hogar. Y recuerdo aquellos pueblos Tal, como si sus pinares, Y sus viñas y olivares Los hubiera visto ayer; Y recuerdo sus aliagas, Y sus zarzas y sus breñas, Y sus riscos y sus peñas.... Y... ¡encuentro en esto placer! Desde las pardas montañas Creo aun ver, tras tantos años. Cómo bajan los rebaños En alegre confusión, Y oir las voces extrañas De la lluvia y del ventisco^ Y de la res del aprisco, Y del cascado esquilón < M[S RECUERDOS DE ARAGÓN, 27 Aun miro cual cae la nieve, Que en limpios vellones llueve, Y aun oigo su rumor leve, Y aun veo el blanco cendal Por los montes y las huertas, Y las secas ramas yertas, Y las rústicas cubiertas, Y las tapias del corral. Susurrante y sosegada, Y en suavísima cascada, Abierta entre la enramada, Baja el agua por allí; Y el deleitoso olorcillo. Tan preciado cual sencillo, Del romero y del tomillo. Trasciende y arroba aquí. Y entre los gratos aromas Que inciensan aquellas lomas. Cual manada de palomas Que anida de un cerro al pié, De unas veinte casas blancas, Con las puertas siempre francas, Sin cerrojos y sin trancas, El lindo grupo se vé. Y á través de aquellas puertas Ráfagas de luz arroja Del hogar la llama roja Que esparce suave calor, Y alumbra alegres tertulias Con sus resinosas teas, Y domésticas tareas Y escenas de casto amor. Y llega el dia de fiesta Y al compás de ruda orquesta, El pueblo entero se apresta Y se dispone á bailar; Y entre jolgorios y gozos, Y bullicios y alborozos, Cantan la jota los mozos Y las mozas del lugar. Que hay en sus boquitas perlas, Y hay en sus labios amores, Y en sus frentes resplandores, Y en sus ojos luz del sol, Y en sus rosadas megillas El rubor de los querubes Y el color que dan las nubes A sus bordes de arrebol. Y á las graciosas ermitas De lo alto de las lomitas, Suben las niñas bonitas Todas juntas á rezar; Y llevan ramos de flores. Cantan gozos y dolores, Y le cuentan sus amores A la Virgen del Pilar, Oh! me encanta la franqueza, La honradez y aun la rudeza Y la proverbial firmeza (Mal llamada terquedad). Que hay en aquellas montañas, Exentas de arteras mañas Y de mentidas patrañas De elegante sociedad. Por eso con afán guardo Aun mis recuerdos de niño, Y aun conservo con cariño. Aunque sea una ilusión. La memoria placentera, Acariciada y querida. Del aspecto y de la vida De los pueblos de Aragón, Pedro Joaquín Puerto. COSAS AÑEJAS. LOS TRES ESCUDOS DE ARMAS DE LA CAPILLA DE LOS REYES. jox frecuencia la mirada del público se fija indiferente en muchos ob- jetos, por serle poco conocida su significación, pero que compendian ¡grandes hechos de la Historia nacional, é inusitadas recompensas concedidas á sus autores. Cumple á La Revista de Valencia popularizar la ex- plicación de esos emblemas; y así sea afortunada en conseguirlo nuestra pluma (jue, llevada de un buen deseo, traza á la ligera estos renglones. Ha perdido, en el dia, su importancia la antigua costumbre de poner el es- cudo de armas de los reinos ó de las familias, en sus límites, edificios ó fundacio- nes; porque el siglo ha mudado los usos, y nos ha alejado velozmente de aíiucllos campeones legendarios, que para distinguirse entre sí y señalar sus cunciuistas y ad(¡uisiciones, adoptaban un emblemático geroglífico en las mismas piezas de sus armas defensivas. Cesó su razón de ser desde que nadie libra ba- tallas campales, como mesnadero ó aventurero, por su propia cuenta; y acaba- ron los tiempos con aquella preeminencia, garantizada por pergamíneos privi- legios, que fueron el codiciado prurito de tanto hidalgo de los de lanza en astillero, llegando con el usx) al abuso, como acontece en todo. Una necesaria reacción en las ideas abatió de las claves de los arcos de infinitas portadas, que ostentaban '\¡^radad() en derroque ña un ancho escudo, y las complicadas labores de sus empresas nobiliarias, y los abundantes trofeos y alegorías con que Jovellanos supo describirlos; con lo que, si bien la Historia y la Arqueología han salido perdiendo algo, ha ganado, en cambio, el civismo y la tolerancia (pie dá en general á cuantos lo merecen el aprecio y consideración debida ú sus obras y á su proceder. Contados son, en esta ciudad, los edificios en que subsisten escudos de familia: algunos están citados como obras de mérito de reputados tallistas, y en su mayor número son recuerdos venerables, que deben -'•rvir .. la -cneracion jjresente para mantener el bien obrar de sus antecesores. COSAS AÑEJAS. 2y Pero los escudos que dan título á este artículo difieren en gran manera de los aludidos, y al reclamar para ellos la atención pública, las premisas que an- teceden solo se dirigen á significar que, si hubo y abundaron escudos de particu- lares que han podido desaparecer sin grave menoscabo del interés patrio, deben mirarse, en pro de este, como verdaderos monumentos, otros á cuya clase cor- responden los que nos sirven de lema. En el patio con pórtico que dá entrada á la capilla de San Vicente Ferrer y á la de los Reyes, del ex-convento de Santo Domingo, patio notable por su extremada sencillez y grandioso efecto, existe á mano derecha la puerta lateral de esta última capilla. En el tímpano que forma su apuntado arco exterior con el adilentado interior, vénse tres grandes y sencillísimos escudos realzados, de la misma piedra que el resto de la fábrica, repetidos también en el exterior del edi- ficio. Los de sobre la puerta tienen cada uno de ellos pintadas las armas reales de Valencia, de las Dos Sicilias y de Calabria, cuya empresa es la cruz del Santo Sepulcro ó de Jerusalen, cuarteladas en palo estas dos últimas con las de Aragón (l). No tienen coronas, tenantes ni adorno alguno, ostentando solo sus históricos blasones, y reproducen en su forma la misma de los escudos de guerra con que se defendían los famosos guerreros de otras edades, los mismos que plantaban á la entrada de sus tiendas en los campamentos, y hasta en los torneos, y por último eran colocados sobre sus sepulcros. Esa triple agrupación de las armas de tres importantes Estados encierra páginas gloriosas de la His- toria patria, en cuanto á su colocación, y no menos históricas y de sabor popu- lar en cuanto á su persistencia en aquel sitio. Sabido es, ó nos permitiremos recordarlo, que la notable Capilla de los Re- yes fué erigida y dotada por el Rey D. Alonso III- de Valencia y V de Aragón en 1449, y terminada por su hermano y sucesor D. Juan II en 1463. Las armas de las Dos Sicilias y de Jerusalen, unidas á las de la Casa Real de Aragón, son allí elocuente signo de la célebre conquista de Ñapóles, que llevó á cabo el pri- mero de los dos monarcas, reivindicando con denodado brío, por la fuerza de las armas, los derechos que á su posesión tenia, provenientes por la muerte, sin sucesión, del príncipe de Aragón, D. Martin, hijo del Rey de este mismo nom- bre, el Piadoso, quien los habia heredado de su mujer Doña María, Reina de Si- cilia, y los traspasó á su citado padre. El preciado título de Reyes de Jerusalen corría unido al de las Dos Sicilias con mucha anterioridad, y estas históricas herencias recibieron una segunda y más solemne sanción, cuando el Gran Ca- pitán Gonzalo de Córdova reconquistó el trono de Ñapóles para D. Fernando (1) Son las mismas que tienen muchos de los códices que pertenecieron á los Duques de Cala- bria, y se conservan en la Universidad literaria. 3o REVISTA DE VALENCIA. el Católico, desposeyendo de él á la Reina bastarda que lo ocupaba. Los valen- cíanos, en esas repetidas conquistas, obtuvieron el puesto de honor que su va- lor, carácter y condición reclamaba, paseando su triunfante insignia sobre las aguas y las costas del Mediterráneo. Todavía, poco más adelante, el casamiento en segundas nupcias de D. Fernando con Doña Germana de Foix, solemne- mente concertado con Luis XII de Francia, produciendo un tratado de paz, que fué firmado en Blois en 1505, devolvió la tranquilidad á aquellos Estados y la libertad á muchos naturales y señores , ratificando la posesión y los derechos que se simbolizan en la acumulación de los cuarteles de armas de los escudos de que se trata. La especialidad por que subsisten dichos escudos en la Capilla de los Reyes no es menos de notar, entrañando sus macizos bloques y el artístico mausoleo del centro de aquella un recuerdo eminentemente histórico y popular, como que se refiere á un principal personaje de la tumultuosa época de la Ger- manía. Residía en Valencia, desde antes de estallar aquel estéril movimiento, Don Rodrigo Hurtado de Mendoza y Vivar, Marqués de Zenete, casado con la es- clarecida dama Doña María Fonseca de Toledo, poseyendo grandes propieda- des y señoríos: su alcurnia y sus riquezas le daban gran valimiento; tanto, que el Consejo de la ciudad le designó como uno de los fiadores, en ocasión de ne- gociar cierto servicio votado para Su Magestad. Pero su excelente índole y es- quisito tacto le hacia muy bien quisto de la gente llana y de los artesanos; y se mantuvo siempre en buenas relaciones con ellos, hasta acogiéndolos en su casa, (jue nunca abandonó, como tantos otros, no obstante de ser hermano de Don Diego, Conde de Melito, que vino, aunque con poca suerte, de Virey y Capitán general del Reino. Huérfana de autoridades Valencia , por la evasión del Virey á los (luince dias de su entrada, en medio de los trastornos que so- brevinieron, D. Rodrigo, con su ascendiente y habilidad, restableció el orden, recobró la artillería de la ciudad, y consiguió la devolución de la histórica Se- ñara, que habia quedado en poder de los Jurados de Murviedro. Otros muchos servicios prestó, conciliando en todos el imperio del orden púbfico y el respeto á los fueros: el Consejo general le hizo aceptar el cargo de Gobernador, en el que dio extraordinarias pruebas de entereza, sobreponiéndose á los desbandados y advenedizos aventureros que pululaban, y que á favor del auxilio prestado en l¿i contienda, intentaban avasallarlo todo. En medio de esas críticas circunstan- cias, perdió el 16 de Agosto de 1221 á su esposa, á consecuencia de los sobre- saltos y peligros padecidos, tributándole la ciudad solemnes exequias, con ca- pclardente, en prueba de sentimiento general; y el Marqués de Zenete, traspasado de dolor y sufrimientos, solo la sobrevivió año y medio, calmado apciias el ca- lamitoso período de aquella conmoción. COSAS AÑE AS. 3l Una de SUS hijas. Doña Mencia (l) alcanzó á contraer matrimonio con el Conde de Nasau, camarero mayor y consejero del Emperador Carlos V. El gran valimiento de este personaje, de que no quedó sucesión, y la honrosa me- moria de los eminentes servicios de D. Rodrigo, prevalecieron en el ánimo del monarca, y dispensó á Doña Mencia el inusitado honor del derecho de sepultura, inherente al de patronato por fundación y dotación, en la llamada capilla del Rey, erigida bajo la advocación de los Santos Reyes, del convento de Predica- dores de Valencia, para enterramiento de sus padres, suyo y de sus descendien- tes y sucesores. El privilegio se expidió en Barcelona á l8 de Mayo de 1535, próximo el Emperador á embarcarse para la audaz jornada de Túnez. Poco tiempo después, hallándose en Burgos Doña Mencia, otorgó su testa- mento, bajo el cual falleció, pasados diez y nueve años: impuso á su heredero el cargo de construir los sepulcros que allí se ven, para sus expresados padres, cuyos restos se trasladaron desde el Monasterio de la Trinidad, donde yacian; y la testadora tuvo la humildad de mandarse enterrar al pié de aquellos, sin más que una losa á nivel del suelo, donde encargó se escribiese su nombre, para que pudiesen saber sus deudos que yacía allí, y encomendasen á Dios su alma. Doña Mencia, viuda del Conde de Nasau, casó con el Príncipe D. Fernando de Aragón, Duque de Calabria, primogénito y heredero jurado del destronado Rey, Federico de las Dos Sicilias, siendo el Duque viudo de la Reina Doña Ger- mana: de este matrimonio no hubo hijos, falleciendo D, Fernando en l550j y cuatro años después murió la Duquesa, cuya obesidad llegó á ser extremada; y su heredero y albacea el Marqués de los Velez de Requesens cumplió exacta- mente los pios encargos de la testadora. Los términos del privilegio de concesión acreditan el aprecio que el Empe- rador hacia de la monumental fundación de sus antecesores, y lo especial de la gracia que quiso otorgar por recompensa de los servicios del Marqués de Zenete. "Os damos, conferimos é concedemos, dice el documento dirigido á Doña Mencia, graciosamente desde ahora para siempre, á vos y á vuestros sucesores y descendientes en el dicho Marquesado de Zenete, para propia sepultura de los dichos vuestros padres, ya difuntos, y vuestra y de vuestros descendientes y sucesores tan solamente, y no de otra persona alguna, la dicha Real Capilla, con tal pacto y condición, que no pierda el título de Capilla Real, y los escudos de armas reales, que están en ella, se renueven, y en caso de que no los haya, se hagan y pongan de nuevo, en parte y lugar conveniente Y cometemos y mandamos á nuestro Baile general del dicho nuestro reino de Valencia, ó á su Lugarteniente, que por Nos y en nuestro nombre, dé y ponga en posesión de la dicha capilla á vos la dicha Marquesa, ó á procurador vuestro, dándole y asignándole término competente para renovar, ó hacer de nuevo las armas Rea- (1) Mencia; síncope del nombre de Clemencia, REVISTA DE \ALENCIA. les, como está dicho, en aquella parte de la misma capilla, que el espresado Baile general, ó su Lugarteniente, para ello señalare el cual tenga especial cuidada) de mirar que con efecto se haga dentro del término asignado.,, Es, pues, en alto grado significativa la permanencia de los tres escudos de armas de Valencia, de las Dos Sicilias y de Calabria sobre la puerta de la Capilla de los Reyes. No hubo que hacerlos de nuevo, por estar entallados en ella; y su permanente colorido, muy del gusto de su época, acredita el especial cuidado con que el magnífico Baile general del reino dio extricto cumplimiento á las circunstanciadas condiciones de la concesión. También existen en el sólido muro exterior de esta Capilla recayente á la plaza. Ofrecen estos escudos una singularidad en el orden de su colocación: há- llanse tal como se lee; con lo que el de las Dos Sicilias queda en el centro, el de Valencia á la derecha de este y el de Calabria á su izquierda. Lo que pudo ser capricho ó impericia del artista, ;no podría también atribuirse á alhagar la preferencia que D. Alfonso V dio á su conquista de Ñapóles, y que unida á otros afectos más dulces, nacidos de humanas debilidades, le llevaron á fijar allí su residencia hasta su muerte? El curso de los acontecimientos, con su irresisti- tible empuje, hizo bajar de aquel trono á los sucesores del bastardo, á quien fué legado; y su último desgraciado vastago D. Fernando de Aragón, al contraer sus segundas nupcias con doña Mencia de Mendoza, viuda del Conde de Nasau, tras- mitió á esta su antiguo título de Duque de Calabria, con lo que, esculpido este en el sencillo epitafio de aquella virtuosa é ilustrada dama, vinieron á coincidir en un mismo recinto y sintetizarse en solo una frase, casi tres siglos de historia, envolviendo la memoria de los conquistadores y de los vencidos, con las de las glorias y las conmociones públicas de Valencia. Por ello no deben ser las tres labradas piedras de los escudos, ni una fria losa sepulcral, materia indiferente para cualquier curioso, sino un monumento publico, digno de aprecio histórico bajo cualquier concepto que se le considere. El Marqués de Cruilles. ALS COMPANYS DE LO RATPENAT. CANSONETA (DEL LIBRO TITULADO "FLORS DEL MEU HORT.„) ERMANS, no cal correr: Anem poch á poch Perqu' hem d' anar llimy: Del esmortit atre Aventem lo foch Q\i' espurneja y griiny. ¡Oh germans! fem rogle; Passe de má en má Lo vi en copa d' or, Sent pera nosaltres Un novell maná Que alimente al cor. Y la copa plena De valencians vins Porten nostres mans A los volguts llabis De los mallorquins, De los catalans. ¡Oh germans! que córrega Fins al Pirineu, Encara mes, mes; Y que veguen d' ella Com ho desigeu, Mompeller y Arles. Valencia es desperta, Son volar llauger Sobre les creus bat, Y recorda á En Jaume Y lo vert llorer De son Rat-Penat. Canten de Valencia Tots los trovadors Lo lluminós cel, En la llengua mare, Llengua deis amors Dolga com la mel. ¡Oh germans! constancia: Si ab ella viagem Vesprada y matí, Enjamay perilla Que nos aturem En mig del camí. Refermem la planta, Que la térra es mou, Ventolera hiá, Apleguem al terme Del somiat mon nou. Que llunvan está. J4^ Ni un pas es deu pedre; Ni es deu donar solt Si r arranch decreix, Mes enjamay correr; No per correr molt Mes pronte amaneix. IIEVISTA DE VALENCIA. Germans, no cal correr, Anem poch á poch Perqué hem d' anar lluny: Del esmortit atre Aventem lo foch Qu' espurneja y gruny. Jacinto Labaila. EBRIO ! HISTORIA inverosímil, RA tan devoradora, tan fija, tan tenaz la expresión de sus ojos azules y brillantes, que no pudo menos de llamarme la atención. ¿Por qué me miraba?... Habia venido á Madrid por pocos dias; por casualidad entré en el café de Levante, donde me esperaba mi buen amigo Bernardo, y sentado con éste á la mesa, encontré al hombre de los ojos azules. Ya me iba molestando su tenacidad, cuando se despidió. Al levantarse pude examinarle más detenidamente. Era alto, flaco, pálido, y no revelaba en su tra- je demasiado esmero ni pulcritud. Pregunté á mi amigo, y solo pudo decirme que aquel tipo español, enjerto en americano, era comisionista de unas casas de Montevideo... Grande fué mi sorpresa, cuando á la mañana siguiente, el criado de la casa de huéspedes me anunció una visita, y vi entrar al tipo del café de Levante, con el mismo traje, pero más desaliñado aún que en la noche anterior. —Te sorprenderá mi visita, dijo, entrando desde luego en materia, y con tan extraña familiaridad; pero entre amigos que se conocen desde el año de gracia de l835, no pueden durar mucho ceremoniosas etiquetas. Yo asistí contigo en Sevilla á la escuela (que entonces no habia colegios) de D. Antonio C..., y si no recuerdas mi persona, lo cual no es de extrañar, porque he cambiado mu- cho, de seguro recordarás mi apellido, porque fuimos muy amigos. Me llamo Carrari. Y sobre mi respuesta, ni sé á punto fijo si afirmativa ó negativa, me instru- yó con gárrula locuacidad de mil cosas que nada me interesaban, y en cuya nar- ración solamente admiré muchas reticencias, muchas desigualdades de fortuna, y cierto misterio, oscuridad y tristeza, que prestaban á la narración extemporánea de Carrari un interés difícil de definir, pero también difícil de evitar. La frialdad con que la escuché, á pesar de todo, tal vez pecó de exajerada. 3Ó KKVÍáTA DE VALENCIA. No fué obstáculo, sin embargo, para que me citase en el café de Levante después de la función de Price aquella noche, para hacerme una confianza, y pedirme un consejo; porque te conozco muy bien de reputación, dijo al despedirse, y algo vale una amistad empezada hace cuarenta años. No sabré decir por qué causa me dejó profundamente impresionado la visita de Carrari: verdad es que conservaba un vago recuerdo de su nombre... pero esto no era motivo para justificar la preocupación que me produjo durante todo el dia. Cuando, terminada la función de moda, me dirigí al café, ya estaba en un rincón Carrari con un enorme vaso de horchata delante, que por entonces solo me llamó la atención por su tamaño. Estaba más pálido que por la mañana. Después que me sirvieron el chocolate, y pasados algunos momentos de si- lencio, con voz baja, y al parecer conmovida, empezó Carrari así: Hasta el verano de 1878 no habia vuelto á pisar el suelo de España. Dos años antes me habia establecido en París, como representante de una casa de Buenos-Aires, comisión (jue acepté por estar cerca de mi patria. Era vehementí- simo mi deseo de volver á ver á Sevilla, de tener noticias de mi familia... A la verdad, i\ii historia era bien triste. Hacia más de treinta años que ni aun podia usar mi apellido; ese apellido que te he dicho hoy por la mañana, hace un siglo (pie nadie lo pronuncia; yo respondo á otro, firmo con otro, tengo en mis docu- mentos otro... tiempo ha habido en que hasta he olvidado mi verdadero nom- bre. I"2l nombre usurpado no puedo, no quiero decírtelo... tiene un eco demasia- do funesto: te asustaría. Mi padre se vio obligado á salir de España por causas políticas, según decia, auiupic luego me han dicho otra cosa. Dejó á mi madre y dos hermanas en un pueblecito próximo á Sevilla, cuyo nombre nunca he sabido, y se embarcó en Cá- diz conmigo, dirigiéndose á América. Yo apenas contaba nueve años; era bas- tante torpe y muy desgarbado de cuerpo, que por eso era para todos objeto de burla en la escuela. Al pisar el suelo mejicano murió mi padre... ¿Qué hice yo? ¿qué pasó por mí? ¿en qué manera conservé la vida, crecí y me encontré sir- viendo de... de alguacil ó ministro de justicia en un pueblo de la República ar- gentina?... Es un período tan nebuloso de mi existencia, que nunca, he podido aclararlo, ni puede interesar á nadie el conocer mi vida allende los mares. Es una gran felicidad no tener memoria... Por eso, cuando la recobro, procuro per- derla. Y con una risa indefinible, tomaba grandes sorbos del vaso, que en este ins- tante quedó completamente vacío. —¡Mozo! ichico! ¡eh! ¡tráeme otro vaso de horchata!, gritó Carrari. l'.l wxY/.o acudió, y me pareció que miraba con extrañeza nuestro grupo, Al rolirarsc volvió á mirarnos de una manera particular EBRIO. 3? Sin duda, Carrari le era conocido... — Al cabo de veinticinco años tenia bienes, escribí á Andalucía; nadie me dio noticias de mi familia. Establecido en París, cambié por completo mi método de vida; quise gozar un poco de la fortuna. Por el dia trabajaba en las comisiones de América; la noche era para el placer, para el lujo, para la ostentación. ¡Qué relaciones adquirí! icómo figuré en el gran mundo! ¡cuánto ruido produje en esa moderna Babilonia!... Las mujeres — ¡ay! — las mujeres de la alta sociedad de Pa- rís no se parecen á ningunas... Entre ellas conocí á la misteriosa rubia, hija de un general francés y de una dama española. ¡Era tan hermosa! ¡estaba tan pen- sativa! ¡Qué horrible recuerdo! Nos amábamos... y murió asesinada; su anciana ma- dre me adoraba, se compadecía de mí... murió ahogada. Dos hijos pequeños, hermosos como ángeles, murieron envenenados!!! ¡Qué desgracia es tener me- moria! La horchata es el remedio... y es también la causa!... Y cambiando bruscamente de tono, alterándose visiblemente sus ojos inyec- tados de rojo y lágrimas, exclamó: — ¿Crees que si voy á Roma, si logro ver al Santo Pío IX, se calmará mi conciencia, se ahogarán mis remordimientos? ¿Crees que podré volver á vivir? ¡Oh! no; me vuelvo á América... ó me vuelvo loco; decididamente me vuelvo á América... Después apuró de un solo trago el segundo vaso de horchata^ y pidió el tercero... pero el mozo tardó mucho en traerlo. El café se iba quedando desierto. Las luces tomaban un color oscuro; la sombra prestaba á todo un tinte fantástico. .. Carrari, desde una exaltación febril, caía en el mayor abatimiento. Yo le observaba con tanto cuidado como ter- ror... me convencía de que estaba loco; pero en la incoherente historia que es- cuchaba de sus labios, entreveía una verdad horrible, que por una parte me atraía á conocer sus detalles, por otra me causaba involuntaria repulsión y pavor. Comprendía que la curiosidad era indiscreta, peligrosa... y sin embargo, yo que- ría saber, quería escuchar más. Carrari habia puesto ambos brazos sobre la mesa, y descansaba en ellos la cabeza en actitud de dormitar. El mozo del café, apoyado en una de las co- lumnas de hierro, nos miraba con una sonrisa incalificable... Yo no sabia qué partido tomar... Con la voz muy borrosa y sin levantar la cabeza, prosiguió Carrari después de algunos minutos... — ¡Qué tremenda pesadilla! ¡Qué dolor tan inmenso! Y sin embargo, era verdad... Delito, crimen, ignorancia, fataUdad... ¡En qué ocasión supe que era mi madre! ¡Tan rubia, tan celestial, y era mi hermana... hermana de este monstruo!! Pensaba siempre en su padre y en su hermano... por eso estaba tan triste... Fui criminal por fatalidad, por destino. Sonó mi nombre en los tribunales como asesino... ¡Troppmanü ¡Peor! pero nadie sabia que era mi fami- 3g REVISTA DE VALENCIA. lia; nadie lo sospechó, ni yo lo dije... Hiü, salvé los Pirineos; pero ¿cómo po- dia dejar atrás mi conciencia? ¿Cómo escapar de los recuerdos? La voz de Carrari parecía salir de mía caverna. Sus palabras helaban la sangre. — Ardía la guerra civil; eran crueles los cabecillas; ayudé á precipitar á muchos en la sima de Igusquiza... y una noche me arrojé detrás... ¡Dios mió! La joven rubia estaba en el fondo..., la hablan echado allí para que la viera. Cargué su cuerpo sobre mis hombros, y sin saber cómo salí del profundo cementerio... ¡Mozo! horchata! ¡Más horchata, mozo! .Me levanté trastornado, loco; mis pasos eran inciertos... El mozo se acercó á mí con su inexplicable sonrisa, y me dijo: — Esta noche ha sido V. la víctima; siempre cuenta lo mismo; la joven rubia, los niños asesinados.., como que la horchata es aguardiente con un tercio de agua. En cuanto empieza á beber le dá la pesadilla... De un salto gané la puerta con ansia de aspirar el puro ambiente de la Puerta del Sol. — ¡Está ebrio! exclamé. Sin embargo, en el fondo de tan horrorosa narración, había un drama. Quizá el alcohol exageraba el colorido y añadía mentiras á lo cierto..., pero para mí, aquella historia, aunque inverosímil, era historia. José María Asensio. CRÓNICA MENSUAL. 1 M i |ÁLLANSE en plena actividad todas las sociedades científicas y literarias, y la breve reseña de sus trabajos dará materia suficiente á nuestra crónica. Comencemos por la más antigua de esas corporaciones, por la ilus- tre y benemérita Sociedad Económica de Amigos del País. Siguiendo su antigua práctica, celebró el dia en que la Iglesia dedica á la Purísima Concepción, la sesión pública anual. En ella repartió numerosos premios á los alumnos de las escuelas; pero no pudieron adjudicarse los prometidos para el acostumbrado certamen anual, porque éste quedó casi desierto. Solamen- te se concedió un accésit á la memoria sobre los autores que escribieron en va- lenciano durante los siglos XVII y XVIII, obra de los jóvenes escritores D. José Puig y Torralva y D. Francisco Martí Grajales. Lo más notable de aquella solemne sesión fué el discurso del director de la Sociedad, Excmo. Sr. D. Antonio Rodríguez de Cepeda, que trató con mu- cho seso de la cuestión social, haciendo ver que la falta de creencias religio- sas y principios morales, influye en ella tanto ó más que las causas puramente económicas. * • El Ateneo ha dedicado á las señoras una nueva velada, en la cual, su secre- tario D. Francisco Vives Liern, leyó un galante discurso, en demostración de que la mujer realiza el ideal estético en sus diferentes estados domésticos. Dis- tinguidas señoritas cantaron, tocaron el piano y leyeron versos. Respecto á las secciones, están poco animadas. Citaremos solamente los eruditos discursos del Sr. Robert y Bordes , sobre los conflictos entre el capital y el trabajo. •* * La Sociedad del Rat-Penat no ha celebrado durante todo el mes más que una de sus amistosas reuniones literarias musicales: poca cosa para los celosos amador s de les glories valencianes. Más activos los socios de la Juventud católica, dedicaron á la Purísima una brillante sesión, honrada con la presencia del bello sexo. Hubo en ella un dis- curso de D. Miguel Osset, sobre la definición dogmática de la Inmaculada Con- cepción de María, y poesías de los Sres. Guzman, Guallar , Alegre, Zapater y Ugeda, Sanchis Cátala, Llanes Montrull, Arroyo y Almela, y Cirujeda y Ros. 40 REVISTA DE VALENCIA. En las secciones se ha discutido con calor sobre el periodismo, bajo su aspec- to científico y moral, haciendo el resumen del debate el Sr. Polo y Peyrolón; y sobre las causas presentes de la irreligión y modo de combatirlas. La Real Academia de Medicina celebró sesión para admitir en su seno al socio de número D. Antonio Gómez, profesor de Veterinaria, que leyó una memoria sobre las enfermedades de los animales que pueden ser trasmitidas al hombre. El Casino Militar ha procedido á la renovación de la Junta directiva, eli- «ñendo presidente al general Excmo. .Sr. D- Joaquín Colomo; vicepresidentes á los brigadieres Excmos. Sres. D. Francisco Moiileon y D. Aureliano Estevan, y á los coroneles D. Julián Amado Salazar y D. Adolfo Navarrete. El ilustrado capitán D. Federico Madariaga, leyó en una de las sesiones de esta Sociedad tres capítulos de la obra que está escribiendo, con el título, La Infantería, su presente, su pasado y su porvenir. La Sociedad Arqueológica Valenciana ha reanudado también sus trabajos. D. Pedro Lechon ha leido á sus consocios una erudita memoria sobre las lám- paras cristianas. El Ateneo-Casino Obrero ha celebrado el solemne aniversario de su esta- blecimiento. El discurso, que habia sido confiado á D. Estanislao García Mon- fort, versó sobre la cuestión obrera. Los premios ofrecidos para el certamen anual, no se otorgaron por falta de concurrentes. lian continuado en esta Sociedad las conferencias sobre los gremios, diser- tando el letrado D. Gerónimo lllueca sobre su influencia en contra .de las es- cuelas anárquicas. El distinguido publicista D. Cirilo Amorós, dio una conferencia en la Socie- dad Valenciana de Agricultura, para explicar la importancia de la reciente Asamblea general de contribuyentes, celebrada en Madrid. * * El Casino industrial ha admitido también esta útil costumbre de las confe- rencias. Inaugurólas el abogado D. Vicente Galiana, hablando de la importancia y representación de las clases industriales, y después disertó D. Félix Pizcueta, sobre higiene moral. E otra •.!i el (.irculo caluHco obrero de San Vicente Ferrer tenemos que señalar conferencia de 1). Felipe Farinós, sobre las bebidas alcohólicas y sus efectos. BIBLIOGRAFÍA VALENCIANA. 4I Las Sociedades escolares siguen los pasos de otras de mayor importancia. La Escolar Médica y el Centro Médico escolar, han celebrado con modesta so- lemnidad la apertura del curso. La prensa satírica, muy en voga estos dias, se ha aumentado con El Pas- quín, EL Galeotito y El Palleter. La prensa seria ha visto crecer el número de sus órganos, con la aparición del Eco de Segorbe, periódico semanal. * * En los teatros ha habido pocas novedades que puedan interesarnos. En el Principal, además de las funciones de ópera, ha habido un concierto del pianista francés Mr. Planté, que es una notabilidad; y otro por los Sres. Spitzer, viollon- celista, y Schomber, pianista, que también son buenos proferores, aunque no rayan á tanta altura . En el de la Princesa se ha dado á conocer, y ha sido bien recibida, la comedia de espectáculo, El Rosal de la belleza, que aunque se habia estrenado en Madrid, ha sido ahora refundida en parte y mejorada por su autor, el popular poeta D, Rafael María Liern. Hemos de cerrar está crónica con una noticia muy triste para las letras va- lencianas: la muerte del distinguido literato y afamado crítico D. Peregrin Gar- cía Cadena , que , víctima de una pulmonía , ha fallecido en Madrid , en donde residía desde que cesó la publicación del Diario Mercantil de Valencia , del que fué por muchos años digno y respetable Director. La Revista de Valencia consagrará á García Cadena el debido homenaje. Las letras y las artes le deben mucho entre nosotros: él fué uno de los más ce- losos propagadores del buen gusto , y no puede ser olvidado en la ciudad que tanto amó , aunque tuvo que abandonarla en sus últimos años. La prensa co- tidiana le ha rendido ya aquí el afectuoso tributo de su estimación: también en Madrid ha sido su muerte ocasión de justos elogios ; pero esto no nos escusa de escribir su vida y recordar más por extenso sus merecimientos. bibliografía valenciana. ILMANAOUE DE "LAS PROVINCIAS,, PARA l883. Regalo á los snscritores. Valencia. Imprenta de Domenech. 1882 {/). mas ______ Ya hemos dicho el año anterior que este Ahnanaque es im libro importante de lo que indica su modesto título. Es una especie de anuario ó reseña, de todo lo más notable que ha ocurrido durante el año en Valencia, en las varias esferas de la actividad social. En tal concepto , la colección de estos Almanaijues será muy útil para la historia local. Además de esta reseña, contiene el Almanaque de Las Provincias muchas poesías y artículos literarios y científicos. En el de este año se insertan poesías castellanas de D. Cristóbal Pascual y Genis, D. Vicente Wenceslao Ouerol, D. Teodoro Llórente, D. Félix Pizcueta, D. Joaquín Bonet, Doña Magdalena, García Bravo, D. Manuel Torres Orive, D. Juan Rodríguez Guzman, D. José Peris y Pascual, D. Ricardo de Brugada, D. Luis Cebrian, D. J. F. Sanmartín y A^uirre, D. Manuel Millas, D. Antonino Chocomeli, D. Rafael Villena, D. Vi- cente Greus, D. M. Polo y Peyrolon, D. Félix de Antonio, Doña Manuela Inés Rausell, D. M. Villalonga, D. José J. Herrero, D, JoséZapater y Ugeda, D. Cons- tantino Llombart, D. José Sanchiz Cátala, Doña Luisa Duran de León y D. Juan Janini; y poesías valencianas de D. Rafael Ferrer y Bígné, D. Teodoro Llórente, 1). Jacinto Labaila, D. José Puig y Torralba, D. José Bodría, D. Carmelo Calvo, I). José Arroyo, D. José Aguirre, D. Jerónimo Forteza y D. Víctor Iranzo. Respecto á los artículos en prosa, los hay de D. R. de Brugada, D. Luis .Mfonso, D. Vicente Pesset y Cervera, D. Federico de Madariaga, D. Antonino Chocomeli, D. Juan Janini, D. J. Labaila, D. M. Polo y Peyrolon, D. J. Vives Ciscar, D. A. Frean, D. N. Ferrer y Julve, D. A. Martin, D. J. E. Serrano, D. Juan Vilanova, D. J. Martínez Aloy, María de la Peña, D. J. A. Balvas, I). J. Keig y Flores, D. C. Alegre, D. D. Navarro Soler y D. J Guzman. Rodríguez I'LAN.'^íjNS , NovF.i.As, t.KVENDAS, BALADAS, QUADRos, qü-£.is trabajadores: reformas que reclama y me- ílios de realizarlas. Titulo de socio de mérito al autor de la mejor inemoria sobre los medios niAs adecuados y fá- ciles para la extinción de la mendicidad en esta ca{)ital. CIENCIAS NATURALES. Titulo de socio de mérito al autor de la mejor memoria descriptiva de un grupo natural de la F.iun.i. de cualquiera de las tres provincias del antiguo reino de Valencia. TitMlo Ht socio de mérito al autor del mejor es- tudio descriptivo de las principales rocas y productos naturales de su descomposición, de la provincia de Alicante, con la indicación precisa de las localidades donde se encuentran y de sus aplicaciones. Título de socio de mérito al que realice el aná- lisis cuantitativo de aguas minerales que no hayan sido analizadas, y que se encuentren en una de las tres provincias del reino de Valencia. Medalla de mérito dorada al autor de la mejor colección de minerales ó fósiles, acompañando la memoria descriptiva de su yacimiento y apli- caciones. A las memorias que se presenten optando á los premios anteriores, se acompañarán los jus- tificantes de los trabajos. Cuando estos consistan en ejemplares ó láminas, podrán retirarse por sus autores, tan luego se verifique la adjudica- ción del premio. Titulo de socio de viérito al autor del mejor estudio científico práctico para el alumbra- miento de aguas subterráneas en una de las provincias del antiguo reino de Valencia. AGRICULTURA; Título de socio de mérito al autor de la mejor memoria sobre el cultivo de arroz, y que com- prenda: 1.° Época de su introducción en la región valenciana. 2.' Su descripción y variedades más nota- bles. 3.° Su cultivo. 4.° Enfermedades y accidentes, sus exusas, medios de evitarlas. 5.° Estadística de terrenos en cultivo, pro- ducción, valor medio en un quinquenio, medios de aumentarlo. Titulo de socio de mérito á la mejor memoria referente á las enfermedades que atacan al olivo en la región valenciana, dando la preferencia á áOCIEDAD DE AMIGOS DEL PAÍS. 47 aquella que, á juicio del autor, ocasione más perjuicios ó haya sido menos estudiada hasta de ahora. Título de socio de mérito al autor de la mejor cartilla agrícola aplicable á la región valenciana, redactada en lenguaje claro, al alcance de los la- bradores y con la traducción en valenciano. Titulo de socio de mérito al autor de la mejor memoria sobre el proyecto de establecimiento de una escuela regional de Agricultura para la región valenciana. A la memoria deberán acom- pañar los planos necesarios para su mejoí inteli- gencia. Medalla demérito dorada al autor de la mejor memoria referente al estudio de las condiciones más apropiadas para la propagación y cultivo de las especies y variedades de la vid, america- nas y resistentes, más útiles á la región valen- ciana. Medalla de mérito dorada al mejor estudio so- bre las condiciones fisiológicas de las diferentes variedades de vid cultivadas en nuestra región, y elección de la variedad más resistente á las en- fermedades . Medalla deprop-eso de plata al autor de la me- jor descripción de las variedades más selectas de frutales cultivados en alguna finca de la pro- vincia de Valencia. A este trabajo deberán acompañar los datos económicos, que servirán de comprobantes. Medalla de progreso de plata al autor de la mejor memoria sobre la naturaleza y más útiles condiciones que deben tener los terrenos desti- nados al cultivo del naranjo. Prácticas de culti- vo y abonos más conducentes. INDUSTRIA Y ARTES. Titulo de socio de mérito al autor de la mejor memoria que apliquen los principios científicos al estudio de los pozos artesianos en la región valenciana, bajo cualquiera de los múltiples as- pectos que presenta la cuestión. Titulo de socio de mérito al autor de la mejor memoria que estudie la manera de armonizar el capital con el trabajo, procurando evitar las huelgas y sus efectos. Medalla de plata de progreso al taller de cons- trucción de máquinas que demuestre mayor per- fección en sus trabajos. Medalla de plata de progreso al fabricante de vino de naranja que realice una mejora notable en la elaboración de este producto, y exponga en una detallada memoria el procedimiento más ventajoso para obtenerlo en grandes cantidades. Medalla de plata de progreso al industrial que demuestre haber realizado un adelanto digno de recompensa especial, á juicio de la Sociedad, en la fabricación á que se encuentre dedicado. COMERCIO. Titulo de socio de mérito al autor de la mejor juenioria sobre el comercio de exportación de frutas y legumbres de la región valenciana, con- signando el mayor número posible de datos so- bre los puntos de producción y consumo, ^ me- dios más convenientes de trasporte, consigna- ción, etc., etc. Medalla de mérito dorada al autor del mejor es- tudio sobre los arroces nacionales y extranjeros, bajo el punto de vista mercantil. LITERATURA. Titulo de socio de mérito al autor de la mejor reseña histórico-crítica de las obras escritas en verso valenciano durante los siglos XVI, XVII y XVIII. Medalla de mérito dorada al autor del mejor trabajo biográfico de un valenciano ilustre que que haya existido durante el tiempo que lleva de vida esta Sociedad. Una/lor de plata y oro á la mejor oda en honor al trabajo. Una Jlor de plata ala mejor leyenda en verso castellano ó valenciano, sobre algún aconteci- miento relacionado con la historia del antiguo reino de Valencia. BELL AS-ARTES. Título de socio sin cargas al autor de la mejor memoria histórica sobre la música religiosa en Valencia, durante los siglos XVII y XVIII. Medalla dorada de mérito al autor del mejor trabajo crítico descriptivo sobre las escuelas de pintura que están representadas en nuestro Mu- seo provincial, y proyecto de ordenación de este para la mayor ilustración de los artistas y afi- cionados. Tittilo di socio de mérito al autor de la mejor memoria crítico-artística de los principales mo- numentos que del estilo gótico existen en la provincia de Valencia. EDUCACIÓN. Título di socio de mérito al autor de la mejor memoria sobre las condiciones que debe reunir la enseñanza primaria para su más fácil y pro- vechosa difusión, y para que redunde mejor en beneficio moral y social de nuestro pais. Titulo de socio de mérito al autor de la mejor memoria que se presente, proponiendo los me- dios de impedir la vagancia de los niños por las calles, y de proporcionarles el indispensable alimento, la educación y la instrucción elemen- tal necesarias, enseñándoles un oficio, que les permita ser útiles á sí mismos y á la sociedad. Titulo de socio sift cargas al autor de la mejor obra que se presente sobre las nociones y cono- cimientos necesarios á las niñas para la mejor administración y gobierno doméstico; enten- diéndose que dicha obra ha de ser original é inédita. 4b REVISTA DE VALENCIA. Título de socio de mérito al autor del mejor trabajo comparativo entre los sistemas de ta- quigrafía, haciendo constar cuál es el mejor, más sencillo, más útil y conveniente para la enseñanza de dicho arte. ADVERTENCIA. La Sociedad se reserva conceder accésits á aquellos trabajos que no conceptuándose dignos de obtener el premio ofrecido, reúnan, sin em- bargo, algún mérito. Todas las obras que se presenten serán iné- ditas. Los autores de las composiciones premia- (i;is tendrán obligación de dejar un ejemplar en la Sociedad, pudiendo hacer de su obra el uso que más les convenga. Todas las obras, colecciones, muestras, etcé- tera, que se presenten optando á premio, 'debe- rán entregarse en la casa social, calle del Mar, núm. 57, Valencia, antes de las doce de la no- che del 30 de Setiembre; pasado cuyo plazo no serán admitidas. Los trabajos que consistan en memorias y poesías serán precisamente anónimos, y á ellos acompañará un pliego cerrado que contenga un lema igual al que los distinga, y la firma del autor. Los pliegos de los lemas que no obten- gan premio, se inutilizarán sin abrirse. La Sociedad imprimirá -la memoria ó trabajo que crea digno de ello, entregando al autor 500 ejemplares. Vale.\cia. Imprentare Domenech, Mak, 48.— 1882. REVISTA DE VALENCIA. 1." Febrero de 1883. CATÁLOGO DE LA BIBLIOTECA CERVANTINA DE D. JOSÉ MARÍA ASENSIO, VECINO DE SEVILLA. PARTE SEGUNDA. CONTINUACIONES É IMITACIONES DE EL INGENIOSO HIDALGO'. INTRODUCCIÓN. SOBRE EL QUIJOTE DE AVELLANEDA. Sr. D. Pascual Dasí, Vizconde de Bétera. 1 1 muy querido amigo: Todo el mundo conoce el Quixote escrito por Miguel de Cervantes (creo que esto puede decirse sin incurrir en exa- geración), pero casi nadie ha leido el Quixote que salió á luz bajo el nombre del Licdo. Alonso Fernandez de Avellaneda. Sin embargo, la publi- cación de este Quixote espúreo fué un suceso grave, trascendental, en la vida de Cervantes, tuvo'.cierta importancia en la historia literaria de nuestra patria, y merece que se le consagre algún estudio y atención; por lo cual, amigo mió, ha de prestar V. paciencia para repasar cuatro apuntamientos que sobre ese libro tenia hechos, y deseo exponer á su ilustrada censura, con tanto más motivo, cuanto que hoy me consta que nuestras opiniones no andan del todo concor- dantes en el juicio de Avellaneda. El misterio que rodea el nombre del autor encubierto, las raras circunstancias 4 50 REVISTA DK VALENCIA. de la publicación, los dardos que en el libro se disparan contra el inmortal inge- nio, hasta las encontradas apreciaciones de que ha sido objeto la obra anómina, todo contribuye á hacerla objeto de curiosidad que, como decía, muy pocos han podido satisfacer. La importancia del falso Quixote puede comprenderse, observando el vehe- mente deseo que entre los literatos de todos los paises se ha despertado por conocer el nombre verdadero de su autor, y los hombres ilustres á quienes se ha atribuido su composición. La obra podrá ser mala, pero su autor no era persona vulgar. Esta es la síntesis de todos los estudios de la crítica moderna. Se atribuyó primeramente, y por leves indicios, al Rector de Villahermosa; al castizo poeta Bartolomé Leonardo v Argetisola, por aquello de que tuvo para el gran Cervantes, á lo que este imaginaba. La voluntad, como la vista, corta. Quiso luego ponerse en cuenta la mala acción, con otras que constan de Frai Juan Blanco de Paz, delator y enemigo del cautivo de Argel; y después se cargó en la del Capellán lego del contrario bando, fl autor de La Picara Justina, Frai Andrés Pérez, que también escribió con nombre supuesto aquella picaresca novela. Pero, más tarde, el docto y agudo U. Bartolomé José Gallardo creyó descubrir al autor aragonés en el confesor del Rey D. Felipe III é Inquisidor general Frai Luis Aliaga, y su conjetura divulgada por D. Adolfo de Castro, apoyada con nuevas indicaciones por Don Cayetano Rosell, por D. Justo Sancha y otros, iba tomando carácter, cuando el mismo D. Adolfo de Castro la contradijo, anunciando la existencia de un verdadero Frai Alonso Fernandez Mr. H. Rawdon Brawn sostuvo que Avellaneda fué Gaspar Shoppe (Scopio), (jue hizo imprimir su libro en Tarragona; D. Ramón León Mainez afirmó que el encubierto autor fué ¡Lope de Vega Carpió!; D. Adolfo de Castro volvió á cambiar de intento y se esforzó por alambicar sutilezas, para demostrar que el énuilo de Cervantes era el insigne poeta dramático \\D. Juan Ruis de Alar con y Mendoza!!, y D. Fermin Herran anunció el aserto de que Avellaneda fué... I i ¡el mismo Cervantes!!!... Dios nos tenga de su mano. Pues dejemos al autor y vamos á la obra. "Dos cosas hay nniy notables respecto á este libro, dice el renombrado autor de la Historia de la literatura española (l); la primera que parece imposible (lue nmchos. y aun el mismo Cervantes, ignorasen el nombre de su autor La •1) r<.iiu,ii, jM^. ^45.— Traducción de los Sics. Oayangos y Vcdia. CATALOGO. Otra es que su autor, sin duda, tuvo barruntos del plan que Cervantes seguía en su Segunda Parte, y que abusó indignamente de estas noticias, haciendo hacer á D. Alvaro Tarfe en sustancia el papel de los Duques con D. Quixote, y lle- vando al héroe á una posada, donde le pasa una aventura con ciertos cómicos de la legua que estaban representando una comedia de Lope de Vega; lance muy parecido al de Maese Pedro, creación ingeniosa y admirable de Cervantes.., A esta observación de Mr. Ticknor se podrían aumentar muchas pruebas que demostraran que el supuesto Avellaneda conoció y quiso aprovechar el plan de la Segunda Parte que escribía Cervantes, aunque solo consiguió estropearlo en la imitación. Entra por mucho en las obras del ingenio la concepción primitiva, lo que ahora se llama la creación; pero, á pesar de encontrarla escrita, no cupo en la imaginación de Avellaneda el alto pensamiento de Cervantes. La parte más difí- cil, la de apoderarse de los caracteres principales, comprenderlos y saberlos, poner de relieve, con vida, con verdad, con rigorosa constancia, faltó por entero al continuador. D. Quixote en Avellaneda no es el mismo hidalgo de Cervantes; entre el amante ideal de Dulcinea y el dislocado acompañante de Bárbara, media un abismo. Aquel es el natural, este la caricatura; aquel el rostro, este la careta; Cervantes pintó el retrato, y Avellaneda lo presentó haciendo muecas. Que el buen labriego, el rústico escudero que veia la realidad en su desnu- dez, propusiera á su señor tomase el título de Caballero de la triste figura, después de haberle contemplado pálido, flaco y con falta de dientes á la luz de una moribunda antorcha; que el hidalgo de Argamasilla, habiendo tenido la audacia de ponerse frente á frente de una fiera, cuya jaula habla hecho abrir, tuviera el pensamiento de hacerse llamar Caballero de los leones, son ideas que, aunque exageradas, aunque nacidas de perturbación del cerebro, llevan algo de fundamental y algo de nuevo, de inesperado, que constituye el encanto de la fábula y muestran el talento del autor, Pero que D. Quixote, sin causa ni razón atendible, sin que le mueva objeto alguno exterior, ni venga á cuento para nada en la novela, convierta en otros á los personajes, haciéndolos la gran Zenobia ó el Tamorlan de Pérsia, es recurso pueril, que ni muestra ingenio, ni produce en la obra escenas agradables. Y por más que diga el refrán que de gustos nada hay escrito, no comprendo, amigo Pascual, cómo haya quien juzgue al Sancho de Avellaneda igual, ó supe- rior, al Sancho de Cervantes. En aquellos pasajes en que Cervantes se deja llevar más del propósito de gracejar sin cuidarse de los medios, es más culto, más natural y más agudo Sancho que en lo mejor que ideó su antagonista. ¿Encuentran la gracia del escudero en la acción de tirar un melón al suelo para hacerlo cascos en vez de dividirlo en tajadas? ¿O les place, tal vez, aquel dicho, de que le habían echado una medicina de plomo derretido y venia soltando per- "2 REVISTA DE VALENCIA. (ligones por la puerta trasera? ¿O es que encuentran gracejo y naturalidad en cjue un hombre de campo quiera sembrar albondiguillas? Nunca he podido distraerme con la lectura del Quixoíe de Avellaneda. Me parece débil en las descripciones, frió en la narración, pueril en el plan, y en una palabra, falto por completo de condiciones literarias. No es que le perjudi- que el venir después de la primera parte del Ingenioso hidalgo de Cervantes, tan admirablemente trazada, tan espontánea y agraciadamente escrita, tan grá- fica en caracteres, lugares y sucesos...., no; es que sola y acompañada, la obra del supuesto Avellaneda es mala en todos sentidos. Y de mi opinión ha sido el público ilustrado en España y en Europa. En doscientos setenta años se han hecho cuatro ediciones en castellano y otras tan- tas en francés, que nosotros sepamos; y esta demostración es más elocuente que cualquiera otra. La obra de Avellaneda no encuentra lectores. Pero hay una observación curiosa, y ella servirá de remate á esta carta. El primero que dijo alabanzas del Qnixote falso fué su traductor Renato Lesage; y siendo buena, según su opinión, la novela, se tomó la libertad de alte- rarla, suprimiendo unos pasajes, abreviando otros é introduciendo algunos nue- vos, con lo que indudablemente mejoró la obra y la hizo más amena y agra- dable. Es decir, que el panegirista comprendió los defectos del original y quiso corregirlos. ... De buena gana volverla al principio, querido amigo mió, y dejada aquí con- signados algunos datos que me inclinan á creer que Cervantes conocía el nom- -1ité del continuador de su Ingenioso Hidalgo, y por alguna grave causa no quiso revelarlo. Esta carta ha crecido demasiado, y por eso no lo hago; pero diré á V. (jue es casi dato seguro para mi creencia, el ver que Cervantes dice que Avella- neda encubre su nombre y finge su patria. Para hacer estas afirmaciones, preciso era conocer el nombre oculto y la patria verdadera, pues de no ser así, no podría asegurarse el fingimiento. Muchas otras cosas y muy notables hay que observar en el Qidxote contra- hecho. Veamos cuál es el juicio de V. sobre estas reflexiones, y según sea continuaremos. Bien sabe V.. (jue es su amigo afectuoso y verdadero, José M. Asensio. CATALOGO. OO CONTINUACIONES É IMITACIONES DE LAS OBRAS DE CERVANTES (i). 1. 1616. — h-VELLAü^-Dk (Alonso Fernandez). Segundo | TOMO DEL | ingenioso hidalgo | Don Qvixote de la Mancha, que contiene su tercera salida: y es la | quinta parte de sus aventuras. | Com- puesto por el Licenciado Alonso Fernandez de \ Avellaneda, natural de la Villa de I Tordesillas. \ Al Alcalde, Regidores, y hidalgos, de la noble | villa de Ar- gamasilla, patria feliz del hidal | go cauallero Don Quixote | de la Mancha | {caballero con lanza e7i ristre copiado de la edición de la primera parte de Valen- cia, 1605.) — Con Licencia, en Tarragona en casa de Felipe Roberto. Año 1614. En 8.° — cuatro hojas sin foliar, 282 folios, y cinco hojas al fin sin foliación, que comprenden la tabla de las tres partes de que consta, 5." — 6.* y 7.^ — Al fin del libro antes de la tabla Aquí da fin la segunda parte de la Historia del ingenioso hi- dalgo D. Quixote de la Mancha. Al fin de la tabla LAVS DEO. Muy rara. — Mi ejemplar tiene en la hoja de guardas una nota autógrafa y firmada por Charles Nodier, escrita con tinta roja, en la que el celebrado bi- bliófilo encarece la dificultad de encontrar la edición príncipe de este Qtdxoie contrahecho. — Quizá por la nota de Nodier apareció en el Catálogo de Tross en 400 francos. 2. 1707. — Avellaneda (Alonso Fernandez). Nouvelles ( aventures | de I' admirable | Don Quichotte | de la Mancha | corapossées | par le Licencié Alonso Fernán | dez de Avellaneda: [ Et tra- duites de 1'' Espagnol en Frangois, | pour la premiere fois. [ Nouvelle Edition revue et corrigée, | A Londres, chez David Mortier, libraire dans le Strand, á I* iensegne d' Erasme.— M. DCC,VII. Dos tomos en 8." — Con grabados de escasísimo mérito. Portada á dos tin- tas, negra y roja. Esta traducción, hecha por Renato Lesage, cuya primera edición creemos es de París 1704, no sigue exactamente el original español, sino que lo corrige y varía á su antojo, suprimiendo unas veces, amplificando y añadiendo otras, en lo que generalmente gana la obra. 3. 1732. — Avellaneda^ y4/¿?;w¿' Fernandez). Vida, y hecJios \ del higenioso hidalgo \ Don Qidxote \ de la Mancha, \ que contiene su quarta salida, ¡ y es la quinta parte de sus aventuras. | Com- puesto por el Licenciado Alonso Fernandez de Avellaneda, natural de la villa (1) En el catálogo de ediciones del Qiúxote, se siguió el orden cronológico; pero en este hemos creido consultar mejor la claridad el alfabético por urden de apellidos de los autores. 54 REVISTA DE VALENCIA. (le Tordesillas.— Parte 11.— Tomo III.— Nuevamente añadido, y corregido en esta Impresión, por el Licenciado Don Isidro Perales y Torres.— Año {estámpela (jue parece representar el covibate con el caballero de la Blanca Lima) 1732. Con Privilegio. En Madrid.— A costa de Juan Oliveras, Mercader de libros. Un tomo en 4.° á dos columnas. Es notable esta edición por las opiniones que se contienen en la Aprobación, firmada por D. Agustín Montiano y Luyando, y en el Juicio de la obra, escrito por D. Blas Nasarre, siendo de notar que sus censuras están copiadas de lo expuesto por Lesage en el prólogo de su traduc- ción. Es extraño que entre los preliminares de esta reimpresión, primera que se hizo en España desde 1614, figura casi fuera de propósito el nombre de Aliaga, á quien luego se ha atribuido la obra. ¿Sabrían, acaso, que era suya estos edito- res, por alguna noticia puesta en el ejemplar antiguo que sirvió de original? 4. 1805. --Avellaneda {AIojiso Fernandez). Vida y hechos del Ingenioso Hidalgo D. Quixote de la Mancha. — Contiene su quarta salida, y la quinta parte de sus aventuras. — Por el Licenciado Alonso Fernandez de Avellaneda, natural de Tordesillas. — Nueva edidion. — Madrid. — Imprenta de Villalpando. 1805. Dos tomos S.» — El editor suprimió los capítulos desde el XV al XX, ambos inclusive, que contiene los cuentos de El rico desesperado y Los dos felices amantes — al parecer, porque así se le previno en la Licencia para la reimpresión, según nota puesta en la pág. 265 del tomo l P Para esta edición sirvió de original la de 1782, de la cual se copiaron la Aprobación de D. Agustín Montiano y el Juicio de D. Blas Nasarre. Estampa El Editor, que "cree no será mal recibida la reimpresión del Qui- xote de Avellaneda, cuya escasez, por no liaberse concedido licencia hasta ahora para reÍ7npr imirlo, ha llegado á tal punto que apenas se halla un exemplar, como no sea á un precio escandaloso, y á fuerza de diligencias.,, Primera y desdichada intentona para continuar el pensamiento de Cervan- tes.— Sin recurrir á disquisiciones críticas, la posteridad ha hecho justicia á esta indigna obra, que solamente se ha reimpreso tres veces en doscientos sesenta y luievc años que van cumplidos desde su primera aparición, al paso que exceden do cuatrocientas las ediciones del verdadero Hidalgo. No contamos como reimpresión la que se hizo en la Biblioteca de Autores Españoles entre los novelistas posteriores á Cervantes, que vá á continuación, ¡jorque era de necesidad incluirla allí, dada la índole de tan copiosa colec- ción. Se busca con afán el nombre del continuador. 5. 1851. — Avellaneda (Alonso Fernandez). El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha. — Quinta parte.— Madrid: M. Rivadeneira. — 1851. "^ Ocupa 115 páginas del tomo XVIII de la Biblioteca áQ autores espa- ñoles. 6. 1853. — Le Don Quichoite de Fernandez de Avellaneda, traduit de Y es- pagnol et annoté {)ar A. Germond de Lavig7ie.—?3.x\s: Didier.— 1853. Un tomo en 4." — XLVI — 474 páginas. Va precedida la traducción de una larga introducción, bastante singular, en la que el Sr. de Lavigne, haciendo coro con Lesage y con Nasarre, sostiene que el plan de la obra de Avellaneda es ¡superior! al de la de Cervantes. CATALOGO. OD 7. 1726. — Anónimo. Suite noHvelle et veritable de V Histoire et des aventures de /' incomparable Do7i Quichotte de la Manche. A París; par la compagnie des libraires M.DCC.XXIT. Véase la descripción y juicio de esta continuación en la Revista de España, Madrid — Tomo 33 — 1873 — artículo titulado — Los continuadores del Ingenioso Hidalgo. — La obra de un Avellaneda desconocido. (Catálogo de ediciones del Quixnte. hdiciones del siglo XVIII ^w lenguas estrangeras, nüm. 3.) 8. Anónimo. D. Quixote de la Manc/ia.— Tomo V. — 1693.— Códice V. — II7 de la Bi- blioteca Nacional. — Escrito en francés. Traducción del Sr. D. Juan E. Hart- zenbiisch. — Véase su discurso en la apertura de la Biblioteca en el año de 1871. — Madrid. — M. Rivadeneyra. Tengo de este singular M. S. una traducción en castellano, hecha por mi buen amigo el Sr. D. Juan Eugenio Hartzenbusch, que quiso enriquecer con ella mi Biblioteca cervantina. 9. 1774. — -Anónimo. The espiritual Quixote: or the mers sum rambleofMr. Geoffry Wild — goos- se. — A comic romance. — Dublin: printed por W. Sbater, D. Chamberlaine, J. Pols.— J. Williams, F. Walker, and C. Jeukin. — 1774- Un tomo 8.°, 278 páginas. — Convencido el autor de que D. Quixote y Gil Blas han corregido más locuras que los mayores volúmenes en que se discute y demuestra la más severa moral, escribió en una novela el punto objetivo de sus opiniones religiosas. 10. l8l3. — Anónimo. Napoleón \ ó el verdadero Don Qidxote \ de la Europa. \ O sean | comen- tarios crítico-patriótico-burlescos á varios decretos de Napoleón y su hermano José.— 'Madrid: Imprenta de Ibarra: 181 3. Dedicatoria á Cristo resucitado Triunfante. Prólogo, á los fieles españoles. Españoles mios: Yo quisiera que estos Comentarios fueran tan buenos, que unas veces os hi- cieran reir de los proyectos y disparates de Napoleón, como de las locuras de Don Quixote; otras pensar, etc. 11. l863. — Anónimo. Sancho Panza en su gobierno de la ínsula Barataría. — Cuento muy atractivo y divertido sacado del Quixote, y redactado en estilo al alcance de los niños. Con diez láminas iluminadas por D. A. Richard. ' —París — R. Schu Itz. — Estrasburgo — Berger — Levrault. Folio — 32 páginas, 12. 179.... — Anzarena {D. Christoval). Vida y ejupresas literarias del ingeniosíssirno caballero Don Quixote de la Manchuela. — Parte primera. Compuesta por D. Christoval de Anzarena, Pro. — Sevilla, en la imprenta del Dr. D. Gerónimo de Castilla, impresor Mayor de dicha ciudad (sine anno). "5 REVISTA DE VALENCIA. Un tomo 8." — 16 hojas sin foliación, 277 páginas. — Tiene dedicatoria A la Necedad, y concluye ofreciendo segunda Parte, que no creo llegara á pu- blicarse. 13. 1823. — Arias de León (Z>. Luis). Historia del valeroso caballero D. Rodrigo de Peñadura, publicada por el Licenciado Luis Arias de León, paisano del héroe.— Tomo 1.° Marsella, en la imprenta de Carnau y Simonin — 1823. — 8.° — 175 páginas. (No se publicó más que el tomo 1.°, aunque á su conclusión ^\zq fin). Desde el prólogo al lector manifiéstase el propósito de hacer imitación del Qnixote. Finge el autor que un Mr. Recherche encontró en Burgos, al pié del sencillo monumento que recuerda el solar del Cid, unos papeles que contenían aquella historia. El capítulo 1.° comienza así: "En la ciudad de León vivia, no há mucho tiempo, un hidalgo de mala muerte, llamado D. Rodrigo de Peñadura.,, Los libros de caballerías de este sugeto fueron Voltaire, Mably, Volney, con otros semejantes. El libro es pesadísimo, aunque á veces no está mal escrito. . Sospecho en su fondo algo de venganza contra persona determinada. 14. 1878. — BenjuíMea {D. Nicolás Diaz de) Vida y hechos de Don Anselmo Claravionte , Empezada á publicar y dejada sin concluir, como otras muchas cosas de este autor, en el periódico titulado El Arte, anexo los domingos á la Gaceta in- dustrial, fabril y agrícola de Sevilla. Es curioso, y debe anotarse para la historia de este ingenio, que habiéndose burlado de imitadores y continuadores, haya emprendido nueva y desdichada imitación. — Sevilla. — G. Alvarez 1879. 15. 1821.— Berchoux (M) Six chapitres de V histoire dn citoyen Benjami?i Quichotte de la Manche', tra- duits de 1' espagnol et mis en lumiere parM. B. (Berchoux.) A París, Chez Anth. Boucher, imprimeur libraire. Rué des Bons-Enfans, mím. 34. M.DCCC.XXI. 16."— 139 páginas— una lámina. Desde la pág. 129 en que termina la obra, comienza la Complainte du citoyen Guillaiime Popé, ci devant Généralissime des Charbonniers du royanme de Naples. De (¡uien dice el autor en el prólogo que podria apellidarse el Don Quichotte de la Botte. (La Complainte es en verso). 16. 1 808. —Calzada D. Bernardo M . ") Don Qnixote con faldas, ó perjuicios de las disparatadas novelas; escrito en inglés, sin nouíbrc de autor; y en castellano, por D. Bernardo M.» de Cal- zada —Con permiso. Por Fuentenebro y Con^.pañía.— Madrid.— 1 808. Tres tomos 8."— La autora inglesa fué Mad. Carlota Lennox; pero tengo en- tendido que en el original solo llevaba por título Miss Arabela, aunque en al- gún autor la he visto citada con el de D. Qnixote hembra.— YX título de Don QuixPte con faldas parece indicado en el prólogo haberlo puesto el tra- ductor, r o V CATALOGO. 57 17. 1848.--CASTRO {D. Adolfo). El Buscapié de Cervantes , con notas históricas y criticas por — Cádiz. Revista médica. — 1848. Un tomo 4.° — y 8."- -XIX — 64 — 194 págs. La edición en 4.° llevó orlas de color, y portada y anteportada de oro y colores. — El texto fingido por Castro ocupa 64 págs. — Las notas en letra muy menuda 194, por estar preparado aquel, como observó Ticknor, para ostentar erudición en estas. Estas dos primeras ediciones, que pueden considerarse una sola, son las úni- cas que llevan el Prólogo con las noticias del hallazgo y descripción del falso manuscrito, obra llena de tan groseros errores que sirvió al mismo W. Ticknor para evidenciar la superchería. 18. 1850.— Castro (D, Adolfo). El Buscapié obra corregida y aumentada en esta tercera edición. Con este título se insertó el librito de Castro al fin de la gran edición del Qui- xote, hecha en Madrid por los editores Gaspar y Roig. — 1850. — Varió el Prólo- go. En el nuevo se asegura que la caballería andante existia todavía en las costumbres españolas en tiempo de Cervantes, y se indica como autor del Q21Í- xote de Avellaneda aun fraile dominico, llamado Alonso Fernandez, cuyas oljras se citan. 19. 1851. — Castro {D. Adolfo). — El Buscapié obra corregida y au- mentada en esta cuarta edición. — Madrid. — Biblioteca universal. — 1851. Se aumentó al fin de las Notas una señalada con dos yy, en la que metiendo el asunto á barato, trata de responder á los cargos formados por Ticknor, negan- do sin ton ni son la competencia del docto historiador para impugnar su libelo. Y además, una carta á D. Emilio Bravo, fechada en Cádiz 7 de Julio de 1851, con punzantes dardos á D. B, J. Gallardo, y al autor del folleto El Buscapié del Buscarrmdo. Por extraño que parezca , después de evidenciada la superchería, y que el mal llamado Buscapié es contrahecho por Castro, los editores Gaspar y Roig han hecho de él quinta edición, pegándolo como maza á la postre del Quixote que imprimieron en 1864, aunque suprimiendo las Notas. ■ Nótese que edición suelta no se ha hecho más que la primera de Cádiz. El público no compra el pastel. 20. 1876. — Ceballos Quintana (D. Enrique). El Quixote de los siglos. — Madrid. — 1876. — Un tomo 8.° Sin parecerse en nada al Ingenioso Hidalgo, tiene esta novela sus pretensio- nes de profunda y filosófica. El protagonista es un maestro de escuela sabio cuanto hambriento, á quien la debilidad turba el juicio y los médicos acaban de trastornar, y que en sus delirios supone que este siglo XIX, donde tanto se habla de reformas, mejoras y adelantos, viene á desfacer los entuertos causados por los otros siglos que le precedieron. El siglo XIX es el Do7i Quixote, el pobre pedagogo el Sancho. La realidad está representada por los ladrones que roban á mansalva; por la hija del infeliz Dómine, seducida y abandonada por un noble vicioso, por un escritorzuelo desvergonzado y otros tipos de nuestros dias. En la Gaceta del Ministerio fiscal, núm. 12, correspondiente al 28 de Ju- lio de 1876, se publicó un juicio sobre esta novela. REVISTA DE VALENCIA. 21. 1829. — Crespo (D. Rafael José). D. Pápis de Bodadilla.—ZdXd.%ozdi, por Polo y Monge; MDCCCXXIX. — Seis tomos en 8.0 — Obsequio del Sr. D. José Enrique Serrano. Solo por ser , aunque desdichada imitación de la obra de Cervantes , puede fit^urar esta en catálogo alguno, pues nada tan insulso ni tan pesado como ella. 22. Sine anno. — (1767?). — Delgado {D. Jacinto María). Adicciofies á la historia del ingenioso hidalgo Doft Quixote de la Mancha, en que se prosiguen los sucesos ocurridos á su escudero el famoso Sancho Panza, escritas en arábigo por Cide-Hamete Benengeli, y traducidas al castellano con las memorias de la vidg de este, por D. Jacinto María Delgado. Con licencia; en Madrid; en la imprenta de Blas Román. Un tomo 8." 874 págs. — Este librito de menguada invención, aunque á veces escrito con gracia, fué reimpreso por el editor Mellado en 1845, núm. 24 de este catálogo. — Ha hecho su crítica D. Ramón León Mainez, en el artículo titulado Cervantes y los criticas. 23. 1845. — Delgado fZ). Jacinto María). Adiciones á la historia del Ingenioso Hidalgo Don Qvixoie de la Ma7icha, contifiuacion de la vida de Sajicho Panza. — Madrid. — 1845. — Establecimiento tipográfico de D. F. de P. Mellado. — Editor. Un tomo 8.° — Con este título publicó el editor Mellado, dejándola anónima, la obra de D. Jacinto M. Delgado. La adornó con unos grabaditos de lo más lastimoso en todos conceptos. 24. 180S.— E. C. y C. {D. F). Historia de Bruce y Emilia ó el Quixote de la amistad. Obra inglesa, traducida al francés, por el P. Chasim; y estractada libremente al castellano por D. F. E. C. y C. Madrid: en la imprenta de RepuUés. — Tres tomos en B.*" 25. 1872. — ExiMENo {Don Antonio). Don Lazarillo Vizcardi.—Sus investigaciones músicas, con ocasión del con- curso á un magisterio de capilla vacante, recogidas y ordenadas por D. Antonio Eximeno. — Madrid — Rivadeneyra — 1 872. Dos tomos 4." — Forma los volúmenes 10 y 11 de la colección de Biblió- filos españoles. Obra medita de este docto jesuíta, apologista de Cervantes, y que es imita- ción de El Ingenioso Hidalgo, en la sátira que dirige contra los malos músicos, y en la gracia, corrección y fluidez de su estilo.— Lleva un precioso y erudito Prólogo del célebre maestro D. Francisco A. Barbieri. 26 . 1 798.— Gatell {D. P). Historia del jnas famoso escudero Sancho Panza, desde la gloriosa muerte de D. Quixote de la Mancha hasta el último dia y postrera hora de su vida.— Parte primera. —Con licencia; en Madrid, en la imprenta real. Año de 1793.-8.", 8 hojas sin f. y 352 págs. Parte segunda. —Con licencia. En Madrid, en la imprenta de Villalpando. Año de 1798.— 8 hojas sin t. y 270 págs. CATALOGO. 59 Ambas partes se publicaron anónimas. Y aunque en el Prólogo de la segun- da se dice que "el autor de la primera... hace cuatro años que murió,,, juzga- mos que las dos fueron escritas por la misma pluma, por el literato, cuyo nom- bre no hemos dudado en poner al frente, pues dice que habia dado á luz antes La Moral de D . Quixote. 27. 1804. — Isla {el P. Francisco José de). Historia del famoso predicador Fray Jerimdio de Campazas, alias Zo- tes. Escrita por el Licdo. D. Francisco Lobon de Salazar, presbítero, &... quien la dedica al público. — En Madrid: en la imprenta de D. Gabriel Ramirez, calle de Atocha — Año de 1804. Tres tomos en 4.° — Los dos primeros contienen el texto de la famosa imi- tación del Quixote, hecha por el P. Isla, para corregir los vicios de la oratoria sagrada; el tercero está formado de muchos datos interesantes sobre el libro y su primera publicación. 28. 1868.— Martínez RivES CZ>. y¿7í^'). Tercera parte de El Ingenioso Hidalgo, compuesta por el Bachiller Avella- ?teda. — Burgos — D. F. Arnaiz. 1868. Aunque se anunció por entregas esta continuación, no he llegado á ver ninguna de ellas, y creo no salieron á luz. Los capítulos que se publicaron lo fueron posteriormente en 18Ó8, en el periódico que con ese objeto empezó á escribir el Sr. Martínez Rives, titulado El Caballero de la Triste figura. — Solo se publicaron 14 números. 29. 1792. — Ribero y Larrea {D. Alonso). Historia fabulosa del disti?iguido caballero Don Pe layo Infanzón de la Vega, Quixote de la Cantabria, por Don Alonso Bernardo Ribero y Larrea, cura de Ontalvilla y despoblado Ontarriego en el Obispado de Segovia. — Primera parte.— Tomo 1.— Madrid MDCCLXXXXII. En la Imprenta de la viuda de Ibarra. — con licencia. — Se hallará en la Librería de Ranz, calle de la Cruz. 8." — XVI. — 372 ps. — Dedicatoria al Excmo. Sr. D. Diego Fernandez de Velasco. — Prólogo.^ — índice. — Texto. Segunda parte.— Tomo. IL— MDCCLXXXXIIL— VI.— 334 ps. Tercera Parte. — Tomo III. — Segovia MDCCC. — En la Imprenta de D. An- tonio Espinosa. Con licencia. — Se hallará en Madrid en la librería de Barco, Carrera de San Gerónimo. 8 hojas sin foliar y 3 16 págs. Portadas. — Prólogo. — índice, — Texto. 30. 1837. — Sineriz (D. Juan Francisco), Le Quichotte du XVIII siecle, appliqué au XIX, ou voyage autour du mondé de M. Le Grand, herós philosophe modern, chevalier errant et reformateur de tout le genne humain. — Ouvrage ecrit pour le bien de 1' humanite, par D. Juan Francisco Siñeriz. A Paris. — Chez A. Nougui, librarle &. — 1837. — 2 tomos 8.° mor. 31. 1851. — Siñeriz {D. Juan Francisco). El Qidjote de la Revolución, ó historia de la vida, hechos, aventuras y proe- zas de Monsieur Le Grand Homme Pamparanuge, héroe político, filósofo mo- derno caballero andante y reformador de todo el género humano. Obra escrita en beneficio de la humanidad, por D. Juan Francisco Siñeriz. 5o REVISTA DE VALENCIA. publicada en Paris en i837 y traducida al español. — Barcelona. — Imprenta de Valentí Torras.— 184 1.— 4 toi"os 8.'' 32. 1802. — Trigueros (D. Cándido María). Teatro español burlesco, ó Quixote de los teatros, por el Maestro Crispin Caramillo, cum notis variorum.— (Madrid.— Villalpando. — 1802).— 8.°— XXIV. — lóopágs. Tengo la ediccion 1.* y la reimpresión hecha por el Sr. D. José M. Sbarbi, en el tomo V del Refraiiero español.— ^íd^^ñ^. — Fuente nebro. — 1876. JOSE M. ASENSIO, ACLARACIÓN. Sr. D. José M. Asensio. Mi querido amigo: En contestación á la amable carta de V. , que sirve de introducción á la segunda parte del Catálogo de su Biblioteca Cervantina, pre- cioso trabajo con que se honran las columnas de nuestra Revista de Valencia, me conviene hacer algunas declaraciones, que considero necesarias para no pa- sar plaza de descortés, de la misma manera que para esquivar una polémica, cuya sola posibilidad me asusta por la desproporción que habia de resultar, toda vez que por lo extremadas se tocan la competencia de V. y mi ignoran- cia en esta materia. Así, pues, hago constar: 1." Que leí El Quijote del discutido Avellaneda una vez hace más de seis años, y, como hay gustos que merecen palos, su lectura dejó en mi ánimo una impresión regularmente agradable. 2.° Que también he tenido el egoísmo de leer más de dos veces El Quijote de Cervantes, de quien jamás llegarían á ser dignas mis más entusiastas alaban- zas, y á quien siempre he considerado Rey indiscutible de los ingenios espa- ñoles; si bien no juzgándole codicioso ni necesitado del pomposo título de sa- bio, me abstuve de proclamarle filósofo profundo, consumado economista, geó- grafo perito, experimentado maestro en asuntos de cocina, etc., etc. 3." Que la aviesa intención de Avellaneda , la abrumadora superioridad del Quijote de Cervantes, y las simpatías universales de que, justamente y con razón, disfruta el último, son, en mi pobre concepto, causas muy poderosas de prevención y apasionamiento contra la obra del primero. 4." Que si á pesar de todo lo expuesto se han hecho en España cuatro edi- CATALOGO. Ól cíoiies del falso Quijote, número de impresiones á que no llegaron muchas obras de aquella época que han merecido entonces ó después el aplauso pú- blico, dándose además el caso de que todavía haya Cervantófilos muy distin- guidos empeñados en descitrar el enigma de la personalidad del autor, y que á través de juicios bastante severos, reconocen en el travieso Alonso condiciones especiales y alguna importancia en su obra, quedarán, á mi ver, suficiente- mente explicadas las razones que tuve para decir á V. en carta confidencial que el Quijote de Alonso Fernandez de Avellaneda, leido sin prevención y sobre todo sin el propósito de compararlo con lo que es incomparable, cons- tituye una obra de grata lectura y digna de estima. CumpUdo mi objeto, se repite de V. el mejor de sus amigos Q. B. S. M., Kl Vizconde de Bétera. ROLLA. POEMA DE ALFREDO DE MUSSET(i). INTRODUCCIÓN. uspiRAis por el tiempo en que el cielo en la tierra Vivia, entre una pléyade de dioses inmortal? ¿En que Venus Urania, la hija de las olas, Aún virgen, sacudía las lágrimas del mar, Y el mundo fecundaba, torciendo sus cabellos? ¿Suspiráis por el tiempo en que la sensual Tropa de ninfas bellas jugaba entre las flores Del agua, y cuyas risas venian á excitar Los indolentes faunos tendidos en las cañas, Y al beso de Narciso temblaba el manantial? En que del Sur al Norte, por la extensión terrena. Hércules la justicia eterna llevó audaz ISajo el sangriento manto de fiero león despojo? En que alegres silvanos, de espeso robledal Entre las verdes ramas, mecíanse á los vientos Silvando al caminante los ecos de un cantar? ¿En el (jue fué divino hasta el dolor humano, En que adoraba el mundo lo que hoy hundiendo está En que para mil dioses no habia un solo impío, En que gozaban todos de alma felicidad, Excepto Prometeo, de Satanás hermano. Que, cual él, de un Olimpo sintióse derribar? l) Compulsando la traducción con el onsinal francés, podrá tenerse cabal conocimiento del único nuTilo ijue la abona, la fidelidad. — A^, del A. ROLLA. — Y cuando ya trocados la tierra, el cielo, el hombre, En féretro la cuna del mundo vuelta ya, Cual fúnebre sudario sobre la yerta Roma Su negro alud tendía del Norte el huracán; ¿Suspiráis por el tiempo en que de un siglo bárbaro Nació un siglo de oro, más bello y más feraz, Y el caduco universo, con frente otra vez joven, Rompia, como Lázaro, su losa sepulcral? ¿Suspiráis por el tiempo en que nuestros romances Sus alas de oro abrian hacia encantado hogar, En que nuestras creencias, cual nuestros monumentos, El blanco manto usaban de su virginidad? ¿En que bajo la diestra de Cristo renacía La tierra, y la abadía, cual la mansión feudal. Mostrando en su alta frente la misma cruz de piedra. Erguíanse en las cumbres los cielos por mirar? ¿En que Notre-Dame, San Pedro, Colonia y Strasburgo, Con su marmóreo manto de hinojos, el triunfal Hossana de otros siglos, sobre el órgano inmenso Del prosternado mundo, venían á entonar? ¿El tiempo en que se hacía cuanto la historia ha dicho, Y el crucifijo ebúrneo, desde el sagrado altar, Abría, blanco y puro, sus brazos — y sabían Ser juvenil la vida, y la muerte esperar? ¡Ah! Yo no soy ¡oh. Cristo! de los que la plegaria Conduce hacía tu templo con paso desigual. No de los que, hiriéndose el pecho, á tu Calvario Llegan, tus pies sangrientos, contritos á besar. Bajo el sagrado pórtico yo permanezco erguido Cuando tu pueblo, en torno del arco secular. Se inclina murmurante al viento de los cánticos, Como plantel de cañas que dobla el vendaval. ¡Oh Cristo! Yo no creo en tu palabra santa; Sobrado tarde vine á un mundo viejo asaz; De un siglo que no espera, nace otro que no teme, Sus astros han logrado el cíelo despoblar. Los mundos, despojados de añejas ilusiones, Al seno de las sombras conduce el ciego azar; El alma del pasado, que vaga en sus escombros. 63 64 REVISTA DE VALENCIA. Tus mutilados ángeles precipitando vá. Ya los clavos del Gólgotha apenas te sostienen, La tierra tu sepulcro se niega á soportar. Tu gloria murió ¡oh Cristo! y en nuestras cruces de ébano Tu cadáver celeste cayendo en polvo está! Permite, pues, ahora el que ese polvo bese El hijo más incrédulo de un siglo sin piedad, Y que soUoze ¡oh. Cristo! sobre esta helada tierra, Que vivió de tu muerte y sin tí morirá. ¿Quién ahora ¡oh Dios mió! la volverá á la vida? Por remozarla diste tu sangre celestial. ¿Quién hará lo que hiciste? ¿Quién juvenil aliento A nosotros, hoy viejos, niños ayer, dará? Somos tan viejos como el dia en que naciste, Esperamos lo mismo y hemos perdido más. Más lívido y más frió en su ataúd inmenso De Lázaro el cadáver segunda vez está. Para abrir nuestras tumbas, ¿dó el Salvador se encuentra? ¿Dó podrá á los romanos San Pablo predicar Llevando el pueblo todo prendido á sus harapos? ¿Dónde las catacumbas y el cenáculo están? ¿Con quién ahora camina la aureola de fuego? ; A qué pies ¡oh perfumes de Magdalena! vais? ¿Dónde en el aire vibran acentos sobrehumanos? ¿Quién de nosotros, quién, en Dios se trocará? Hállase tan caduca la tierra y abatida, Y su cabeza agita con tan horrible afán Cual la hora en que el Bautista apareció en la playa Y en que la moribunda, á su voz divinal Súbito extremecióse, cual la mujer en cinta, Sintiendo en sus entrañas un mundo palpitar. Tornaron ya los dias de Claudio y de Tiberio: A todo hoy, como entonces, la muerte el tiempo dá, Y á Saturno le ahoga la sangre de sus hijos: Mas la esperanza humana comienza á flaquear. Fatígala el nutrirnos, fatígala el ser madre, Y ha buscado el reposo en la esterilidad. Luis Alfonso, MILICIA Y ARMAS EN EL SIGLO XIII d) II. TRAJE Y ARREO MILITAR. NTRE los giiarnimientos ó guarniciones, esto es, piezas de armadura uno de los más comunes en Castilla durante el siglo XIII, que trae orí- gen de la antigüedad, y lo usaban los romanos en sentido genérico de toda armadura del cuerpo, es la loriga, lloriga ó lloriega^ daraa en árabe- men- cionada en casi todos los documentos, ya sola, ya con otras, unida principal- mente á las corazas ó coraza, que sería de cuero en su origen, para suavizar el roce y peso de la loriga ó cota de malla; pues de esta materia era la primera. Habíalas terlizas, blancas como flor de lirio (Conquista de Ultramarj- de fino acero; terliz bien tecida, de acero colado (Poema de Alejandro) , en forma de camisote, con manga entera ó corta, capilla ó almófar, y collarín ó garguero de sortijas de malla, metiéndose por la cabeza: en la segunda mitad del siglo tenia unas aberturas , que se cerraban con lazadas , dichas ventanas. Solia ad- mitir vistosas faldas de otros metales (Conquista de Ultr.) , y según el Poema de Alejandro, se prendía ó atacaba con las calzas. Los soldados armados de lori- ga llamábanse lorigados (Berceo) ó tropa lorigada (P. dicho). Era de uso gene- ral y común á los árabes, entre los cuales habia particulares oficios de lori^^ue- ros (obra citada). Los privilegios de Burgos, 1356; de Escalona, 1261; de Valla- dolid, 1295, y algún otro, para impulsar el armamento , escusaban de pechos á los caballeros que tuviesen capiello de fierro , loriga, brafoneras , perpuntes, espada, escudo, lanza y caballo, de 3o mrs. arriba. El lorigofi, nacido de la loriga, corriendo este siglo, fué también de malla, con ó sin almófar, y de sola media manga. Servia para doblar la primera, sien- [1) Véase la página 17 cíe esta Revista, correspondiente al uies de Enero último. 56 REVISTA DE VALENCIA. do, por consiguiente, pieza de encima. Llevaba igualmente capiello ó almófar. (Fuero de las Cabalgadas), Brunia ó cerietiia, otra clase de loriga escamada (plattes), que tenia falda, man"-as, brochar, gorguera y ventanas. Habíalas argelinas (jacerinas) terlices ó de tres hileras de escamas. Hacia el segundo tercio, vemos asomar el perpimteo ó perpunte (jubón de armar, llamado poiirpoint en Francia , donde tuvo origen) , el cual admitía ricas guarniciones. (Ords. de Sevilla). Habíalos de muchos nudos y doble' ees. Encima de la cota, loriga, coraza, etc., vestíase el gambax, en Francia o-ardecors (l2Ó8), cota más de gala que de defensa para el caballero, pues solia ser de jametes y telas lujosas. Los peones llevaban gambajes de lienzo entretelado y embutido. (Gambax de cejidal en P. de Alej.°) Habia también la qneza, quiza, ó quizóte, y el belmez, largas cotas de armas, divisadas, etc., muy comunes en este siglo para sofrir las guarnizones, y de consiguiente puestas debajo de la armadura (Berceo). De igual linaje, puestas encima, eran las sentíales ó sobreseñales (sobrevestas), así dichas en razón de las señales ó bla- sones con que iban divisadas, haciendo juego regularmente con las coberturas del caballo y q\ pendoncillo de la lanza. "Túnicas ad armare,,, túnicas armer, en documentos extranjeros, l2o2; Cota ad armandum, memorial de Carcaso- na, 1297; Armas blaso7iadas, en el poema de Alejandro. Según el mismo, los pendones llevaban orpel, argentpel y cintas (orladuras y cordones de que pen- dían). Alguna vez, en las coberturas, se prohibieron sennales y cascaveles, pero podían llevarlos los sonages y cuberturas para bofordar. (Ordenamientos de Sevilla (1256). En calidad de armaduras parciales, figuran primeramente las brufuneras, braf Olieras, brahoneras, espinilleras, canigetas y canigeras de malla ó sortijue- las para resguardar la pierna ó su canilla. Otras eran de plancha de fierro arti- culada {de buena plegadura, Conq. de Ultr.), unidas á la rodillera, y más ade- lante á una pieza distinta sobre el muslo, que se comprende bajo el propio nombre de bratbnera. "Brafoneras bien obradas y enlazadas con sortijas de acero, de malla, así presas ó bien trabadas, que semejaban calzas cortadas en la tienda,, (P. de Alejandro). Habia además las trebujeras (derivación corrom- pida del antiguo tubrugo ó escarpín) (brafoneras enlazadas con firmes trebuje- ras. P. citado), y cujas ó quijotes (C. de Ultr.) Algunos, para más resguardar estas piezas, calzaban estitales ó botas flojas. La rodillera, que cubría la ro- dilla y tenia la hechura de un escudito redondo ó apochinado , se llama polena (poulaine, en antiguos romances franceses), en el acta de canonización de Carlos de Bles (Lobinelli, Híst. Británnica, "fecit sibi au íerri á genibus polenas, et antobrachia á brachiis...),, MILICIA Y ARMAS. 67 El fuero de Cáceres de 1229 habla de loriga y almófar, lorigon con capellina y brafoneras. La defensa del brazo y del muslo, en un principio se reducía á planchuelas ó fojas\ pero la Conquista de Ultramar, que así las llama, menciona ya braza- les^ esto es, braceras ó antebrazos en pieza. Menciona asimismo la gorgnera para protejer el cuello, y á igual fin servia la cadena con dolae collares, que el Fecho de las Cabalgadas exige á los caballeros. Habia armaduras de fierro, de fuste y de paño; armas bermejas con orlas de oro; piezas de marfil con preciosos embutidos, etc. (Conq. de Ultr.) Los caudi- llos y magnates se echaban ricos mantos sobre las armas, haciendo ostentación de sus barbas, los que las llevaban (ibid); generalmente las tropas árabes iban más á la lijera, y admirábanse de los cristianos por vestir de hierro de cabeza á pies (ibid.) Con todo eso, los documentos castellanos del referido siglo no enuncian el arnés ó armadura completa. Sin embargo, el conde de Clonard afirma ha- berlo hallado en documento del año 1285. A los alcaldes de Teruel se les autorizó para tener loricas et alia guarniínenta férrea (1282). Cítanse en aproximada fecha 'lúas ó guantes de cuero. La cabeza se cubria con cofia ó capiello de lienzo, acolchada, muy caracte- rística de la época, casquete ó cofia de fierro, acero ó cuero (C. de Ultr.), guar- necida ó no (Ords. de Sevilla), propia de caballeros fuera del combate, ó de peones en él. Sobre la cofia calábase el almo/re ó almófar, sencillo ó de labor doblada, ya anexo á la cota, ya suelto y enlazado ó brochado al cuello (C. de Ultr.) "Almofre de obra adiana, doblado, debajo del yelmo,, (P. de Alej.°) Equivalía, y probablemente sustituyó al almófar, la capellina de fierro (ibid.) Además de esta, ó sin ella, usábanse el capiello ó capillo de fierro, después capacete (1250), lazado con correas, ^bacinete (C. de Ultr.); el casco y el elmo (ibid) ó yelmo, armadura la más visible, y de consiguiente la más lujosa, tam- bién enlazado, unas veces de plancha ó hierro febrido, otras de acero, con bellas orlas y recamaduras de oro y pedrería; el yelmo zaragozano de la Conq. de Ultr., contracción, al parecer, de siracusano, de origen árabe, y acaso de colores (verde en dicho poema), y también obrado con filo de aniel ó sorti- jilla (ibid.) "Gelmo de obra esmerada de Marruecos, con gran maestría, preso é encalzado,, (P. de Alej.°) Seguía por arma defensiva el escudo, de varios tamaños y materias, en- contrándose á mediados de la centuria el de tabla ó taulero (pavés), y luego el de marfil por simple gala. Embrazábase á favor de sus brazales ó braceras, ó sus- pendíase al cuello con una correa dicha tiracol. Sus bordes llamábanse brocal ó bocales (125Ó), y bullón el envés relevado, ó la pieza generalmente de adorno, que sobresalía en su centro , y órisones pintados. En el Poema de Alejandro 5{S REVISTA DE VALENCIA. fi"-uran escudos con bodas de cobre dorado, argentado y pintado, prohibién- dose en los Ordenamientos de Sevilla adornar sus fundas con oropel ó argent- pel. En la Conquista de Ultramar cítase el escudo de fuerte marfil, pintado en él un león de oro; otros orlados de filos de acero de plata con cruz de oro. Con el escudo alternaba la adaraga ó adarga (adaragas é escudos grandes) (Conquista de Ultr.) oriunda de los árabes. También habia broqueles de es- o^rimir (ibid); paveses, grandes escudos que cubrían casi todo el cuerpo; iabla- chiflas, escudetes de tabla. Como armas ofensivas, la primera y más notable es la espada. Conserva "su antigua reputación, y dá nombradla á algunos artífices, como los célebres maes- tros Galán y Dionís. El puño consta de manzana y arriaz. En los combates, ya por razón de tamaño, ya para más fácil manejo, llevábase colgada al cue- llo (1229-1280). De la misma clase eran el al/auge , tomado de los moros; Xa^ cuchilla (1250); (cuchilla bruñida de oro: P, de Alej.°; el puñal ó tarágulo, de taraxos (riñas), invención de los Cruzados; el cuchillo , el fierro ó fino cuchiello amolado, el cuchillo de acero, el cabinete ó navaja y "el arma que dicen misericordia,., (Conq. de Ultr.) Hacia 1275 aparecen q\ estoque de bordo ó bordón, y el broncho (brotxa en catalán) de la misma clase. Propia también de caballeros era la lanza, generalmente adornada con un pendoncillo de seda de colores, en luengas tiras (á corzas), entre caballeros noveles: tenia cuento, moharra y regatón. Habia además el asta (de fresno bien dolada) (Conq. de Ultr.) (1250), la azcona con su cuchillo, la mancha (especie de venablo, 1250), \dí porquera, lanzon á perquirendo , i3oo) q\ palo afilado, el dardo con cuchilla grande ó pequeña, el guizguio y el grafio, en Berceo. Hachas y porras suenan también con frecuencia en los documentos coetá- neos, señalándose el facha de acero muy templado, ó seguron simple, y las fachas aceradas de los normandos. (Conq. de Ultr.), la bizarma, segur de dos filos (dos veces arma ó arma doble), la plomada (1250), el seguron, el mamiente (') mango encadenado; la almádana, Xz. porra y palo aferrado de un caballero alemán, "que tenia tres pies de longitud y remataba en una pellota de fierro con seis puntas gruesas como el puño.,, (C. de Ultr.); porra con clavos taja- dores, el martiello, etc. En calidad de armas arrojadizas eran muy comunes el arco y la ballesta. Habia ballesteros de á pié y de á caballo; ballestas de torno de dos pies , y de estribera (1280). "Balcstas, turquíes ó cerveras, puestas al cuello , armadas á tesura,, (con tirantes) (P. de Alej«.) "Ballestas con dos cuerdas é vanacuerda (Conq. de Ultr.) Id. con su guisamiento de goldre y carcajas de saetas, pasa- dores o viratones.,, El soldado solía llevar dos cuerdas y cien saetas: el haz de saetas se llamaba mezquita. A más de las saetas, metidas en carcajas, dispara- MILICIA Y ARMAS. 69 banse dardos pequeños empañolados, ciiadrillos y virotes, "cuadrellos de arque- ro, virotes de arco, fo?idas.^, Algunos instrumentos vulgares servían así mismo para la guerra, como foces, serraniles adianos (BerceoJ, martillos, palancas, picos, expuertas, palos, cestos, etcétera. En la Conquista de Ultramar figuran como tropas, ballesteros y abnogaba- res de á caballo, y aquellas chusmas que solian seguir á la hueste, tomando parte en sus violencias y depredaciones, formándose de tahúres, bellacos y arlóles, con su jefe ó rey especial. También se menciona á la clerecía militante, vestidas sus albas, alzados sus paños y bien armada en ofensa y en defensa. Las meznadas y sus caudillos distinguíanse por medio de sennas, señas ó señales, petidones (recamados, en 1256), obrados, divisados, etc. (l23o), bande- ras (1229), linnas y esta7idartes ('l25p) obrados, devisados, etc. La bandera de Castilla, según el Poema de Carloraagno, llevaba castillo de oro y un león in- dio. El Poema de Alejandro describe "soldados bien adobados de oro é d' argente.,, Ya hemos visto por Desclot la brillantez que en las huestes solia ostentarse. En 12 5Ó y 1281 hallamos cornos, trompas, alambores, y en la Con- quista de Ultramar ?iacres^ añafiles, etc., todos de origen árabe. caballería. Los privilegios de Burgos (1256) disponen que todo caballero de 3o años arriba ha de tener caballo : llevábanse armados á los combates (Fuero de Cáceres 1229), y el privilegio de Escalona habla de lorigas de caballo, otros de armaduras é coberturas de id., de caballos armados, etc. Además engalanábanse con coberturas (1229-1280), cuyos colores y divisas solian armonizarse con las sobreseñales y el pendoncillo del ginete (ibid.) Según los Ordenamientos de Sevilla, las habia especiales para bohordas, guarnecidas de sonages (campanillas) y cascabeles.; Poníase gran esmero en el adorno de las sillas y demás arreos: la silla constaba de arca y ar sones (C. de Ultr.): las más ricas eran blancas (1229) de marfil, guarnecidas, etc.; \3. barda argentada ó dorada. Los Ordena- mientos de Sevilla hablan de "sillas ferpadas con oropel ó argentpel, tres dedos por la orla, entallada sobre los cueros de tres dedos en carancol del (torzal) orladas tres dedos só el cuero é só el panno entallado ó desuso de otros tres dedos: otras no guarnecidas ni cubiertas de ningún panno.,, Las fundas y corazas de las sillas tampoco podian guarnecerse de oropel ó argentpel (l 256- 1280). A más á.Q\fre?iol (1256) ó freno, y q\ petral, á veces de oro, entraban en las guarniciones áQ.\di.Yaoi\i\V!:d.frasquias,frtticllas, y cofias pingiellas en las orejas. (P. de Alejandro). "Frenol é peital argentados, sinon colgados,, (Ords. de Sevi- lla). Igual lujo habia en estriveras y espuelas, de oro ó doradas entre caballeros 70 REVISTA DE VALENCIA. En la Conquista de Ultramar se llama alcafar á la gurupera ó grupa de caballo. Según la misma, teñíanse con azafrán las crines y colas de los palafrenes para señoras. Estas solían montar en sileras de paño de peso ó baldaqiií, noblemente labradas. La maletilla decíase troge de cávalo ó troja (1266); talega para llevar el arreo (l3oo). En el citado poema de Alejandro hablase de carreta con cortinas, que seria una especie de tartana. La curiosa y tantas veces citada (Conquista de Ultramar) dá especial idea del armamento de los guerreros árabes, que puede reasumirse en estos tér- minos: para la cabeza; yelmos zaragozanos, capillos de fierro hechos á la manera de Turquía, id. con tocas; capacetes de fierro con hatera; capellinas delgadas, cubiertas de un muy rico paño de seda; capirotes con manga, y los cabellos largos: para defensa del cuerpo; lorigas damasquinas, lorigones del- gados, perpuntes, y gambages; brafoneras dobladas de muy buena labor; señas é armas de muchos colores , id. especiales de gefes y cuerpos; • escudo de al- mirante; id. con un basalarte, señal de las armas de corvalan. Armas ofensivas: lanza de caña de hisopo, muy luenga, con cuchillo tajante y agudo; id. con seña cárdena, pintada una luna de oro ó estrellas menudas alrededor; espa- das y alfanges; porras que se alzaban según la manera turquesa, id. ó manetas con cadenas; mamientes; grandes mazas plomadas, segurones, azagayas, cañas, arcos tunjuís, ballestas; daidos y saetas, id, con fuego grecisco; fondas é braza- les; estandal y estandarte con un gran mástil como de galea; cuerno é añafiles; trompas é atambores; bocinas de alambre y de latón; cuerno pequeño para se nal de arrebato; cimbre (címbalo) ó cuerno de arambre en lo alto de una torre- tienda llamada Será, hecha en forma de una ciudad, labrada de estrañas labo- res, encima de ella una manzana de oro, con sus alabes {puertas?^ y cuerdas para sostenerla. Coberturas de caballo iguales al perpunte del ginete, con oro y pedrería. Los toassines (guardias de Saladino), vestían sayas de jamet ama- rillo sobre las lorigas. Entre los turcos habia unas mujeres de armas llamadas vedainas (beduinas?) MAQUINAS DE GUERRA. Cala/re ó caladre, fundíbulo colosal, y también algarra, ingenio grande, ambos de origen francés (1280). (ieneralmente catabres , bridas ó bricolasa igarradas, (que á veces se po- nían [>or las torres), almáganas y manganillas, almoyaneques, trabuquetes, pe- dreras, garrotes, tornos confazquias (1250-1280). Habia ingenio de estos que arrojaba galgas ó piedras de un quintal de peso. Peculiares de la balística; ballestas á tesura, fondas, íragacetes, honda-fus- MILICIA Y ARMAS. 71 ter y grandes saetas (ibid), galgas ó piedras que se arrojaban contra el ene- migo. Para el ataque de plazas, carneros, algunos con luego grecisco, cabritas, varas luengas con manetas, carretas cubiertas de gatas, cárvacas^ cadahalsos ó pale7iques, escalas cubiertas; castillos sobre ruedas, con terminado ó sobrados; laticeras y saeteras; zarzos y cueros; sacos de algodón y paja para resguardo, y torres albarranas en las plazas (ibidj. El fuego grecisco, según la Conquis- ta de Ultramar, era fecho de olio petrolio, en España llamado de alquitrán. Por el campo sembrábanse abrojos de hierro y clavos, el fin de destruir á la caballería (1250), clavos de tres dientes acerados para matar caballos; abrojos de hierro (Poema de Alejandro). Los reales componíanse de tiendas ^q campaña, tiéndales y tendejones (1280). Los principales caballeros debían ir provistos, entre otras cosas, de tienda re- donda, que remataba en una punta llamada cuenta. Tienda redonda con almo falla de 20 cuerdas ó vientos. (Conquista de Ultramar). ARMADURAS Y ARMAS EN CATALUÑA. Los documentos catalanes ofrecen en el asunto mayores datos que los cas- tellanos, ó por ser más prolijos, ó porque se introdujeron muchas novedades del vecino reino de Francia. Usaban los guerreros, como primer traje, la cota, ya fuese de ropa, ya de piel ó malla, cubierta de cendales ó sedas, y con ella ó en lugar de ella , la loriga, el camisol, el gambaj y el albergo (azberch, y en francés hauberi) que eran de la misma índole. La loriga la vemos mucho menos citada que en Cas- tilla , tal vez por dársele acá el nombre de camisol ó camisote, verdadera cota de malla, pesada ó ligera según su contestura, y que á fines del siglo solía tener gorgnera. "Loriga ab sos guarniments.,, (Gastos de la Casa Real). El gambaj ó gambax y en lemosin gambais, era cota embutida, y hacia 1280 dio origen á otra más breve, llamada garabeson ó gambaissoTí en le- mosin. El albergo ó alsebergo, desconocido en Castilla, oriundo de Francia, muy frecuente en las poesías de los trovadores con las variantes de ausberz, aus- bers, ausbere, etc. , y usado ya en el siglo anterior, venia á ser una cota de planchas escamadas ó sobrepuestas, corta ó larga, con falda (1285) y manga entera, á la que podían atarse guatites de manoplas (ibid). Del abergo nació el sbercol (1285). Reducidos á las dimensiones de jubón rellenado ó acolchado, eran el per- punte ó jubón fuerte, como se le llama en la Crónica del rey D. Jaime (2.° ter- cio), que podía lucirse, estando, como si dijéramos, de cuartel ó á medio uní- «2 REVISTA DE VALENCIA. forme, y solía ser de cendal ú otras telas finas (1285); las corazas ó espalde- ras (spatUeres) rí-Z/^^m (1250); yeXfarsete, que servían de armadura á la in- fantería. Los espaldares ó espalderas venían á ser del linaje del perpunte y gambaj, pues eran entretelados y embutidos como ellos. "Spatleres cubertes ab set canes de cendal, li é tela vermella embotída de coto é guarnides de corda,, (Gastos de la Casa Real). En mismo registro viene indicada la Jiida, proba- blemente la aljuba arabesca , en clase de jubón de armar. No sabemos si era de la misma clase el coblés, apuntado en el libro de gastos de la Casa Real. Según dicha Crónica del rey D. Jaime, un árabe de Mallorca vestía cami- sote y capsir. Entre los caballeros franceses de esta época, y conforme aparece también en Cataluña, conocíase ya el arnés ó armadura de punta en blanco (de pe á tér- ra^ indicada en la Crónica de Desclot. Componíanla en primer lugar la coraza (cuirassa)no sabemos sí de hierro, pues se cubría de ropa (1285); la bruscia (bru- mía?) otra especie de coraza (libro de gastos de la Casa Real); el peto, verdade- ro tonelete de plancha (1285); q\ jaco ó gonjo {l2%) gonyjo en la Crónica de don Jaime, probablemente el govió ó gorbió de documentos posteriores , es decir, coselete ó media coraza; y como piezas restante s, para defensa de otras partes del cuerpo, el gorjal (gorguera) 12<^2,gorgiera en lemosin, puños, pojiys; guan- tes de hierro (1292); quijotes (1250); musleras (cuxeras, 1292, ó cuyxals en le- mosin, 1290); calzas ó zapatillas de hierro (1282); trebugeres {trabujeras 1260), y canijeras {gamberes 1292 ó cqmbieiras, 1290) (l) Todas estas piezas venían comprendidas en la denominación de guarniments (1250-1285 ó guarnizós en lemosin, 1206). Las poesías de los trovadores encarecen con frecuencia la her- mosura de los arneses franceses y el pobre arreo de los catalanes (1220) (V. ar- riba notas de poemas provenzales). La susodicha Crónica de D. Jaime parece aludir además á otra armadura ligera de cuerpo, con nombre de garnatxa, que podría ser la jornea ó cota de armas, ó acaso mejor la vestidura de aquel nombre. Aragoneses y franceses, al igual que los castellanos, poníanse encima de las armas smlials de manta-guia (120Ó), esto es, sobrevestas de variada guisa, sobreseñales ricas y vistosamente divisadas (1285-1292). A veces los gefes cau- dales cubríanse con capa 6 manto {l2^0). Cabeza. Armengol de Urgel, en testamento de 1208, hace un legado de sus cofas y demás armas: esta voz, que expresa genéricamente cascos y capa- cetes, y particularmente la capellina , podría ser la radical de cofia, tan vulgar en Castilla, auncjue poco nombrada en Cataluña, lo que no deja de ser curio- (1) Calderera opina (jue los catalanes fueron los primeíos en usar gambales de plancha, im- portados de otras regiones. (Iconografía española). MILICIA Y ARMAS, 78 sa particularidad. Desde igual fecha registramos el yelmo (elm) morrión que se lazaba debajo de la barba; en ocasiones muy rico, pues del año 12l3 cítase uno de oro batido, y sin duda por análoga razón que en Castilla, le llama sarago- za7io la Crónica del Conquistador, Desclot menciona el bacinete, de clase análoga, como también el capel defer ó de ferré ( 1 2 50- 1 290), y el casquete de suela, propio de peones, los cuales saludaban quitándoselo (1250); usado asimismo por caba- lleros debajo del casco de guerra. El batut (gastos de Casa Real), á juzgar por el sentido de la palabra, debia ser un yelmo aplanado, como se ven muchos en la imaginería de la época. La celada, propiamente dicha, casco febrido, en catalán capel de armar, era común desde el segundo tercio del siglo, y suena en la cita- da Crónica del rey D. Jaime, que además menciona el barbote, ó barbuda con barbotes (según uno de sus glosadores) y el bahuyt, especie de capellina, insi guiendo el propio comentario. Ignoramos si seria de este linaje el capelanés (1250), aunque hasta 1292 no encontramos la capelina ó capmall en su verda- dero nombre (íTííWrt!?/ en francés, capmalJi en lemosin, 1290). Como arma defensiva, el escudo (esciit) era en Aragón lo mismo que en otras partes, ya de metal bruñido, con ciertas divisas (Desclot), ya pintado con varie- dad de blasones y colores, siendo de suponer que los habia de gran riqueza por sus adornos, embutidos, incrustaciones, etc., toda vez que el rey D. Jaime, en 1266, redimió el suyo, que habia empeñado á Tomás de Santcliment por un préstamo de 600 cahíces de trigo. Según su Crónica, los árabes le conocían por él. Hé aquí algunas citas de la m isma, en comprobación de los datos ante- riores: Párrafo 63: En un ataque contra los moros de Mallorca preguntóle Beltran de Naya: — Havets lo gonjo de cors? — E dixem nos: No senyor. — Dix él: donchs pre?iets aqnest. — E devalam é vestimnos lo sen, é nostre perpwii, é hagiiem nostra capelina ligada en la testa, etc. Id. 25: D. Blasco de Alagon vestía "son perpont é sa espasa cinta e un baJmyt de males de ferré al cap.,, Id. 26: El mismo fué atacado por uno que le hirió "per la part dreta de la la7iqa, é mesne peí costat destre mig peu , per la obertura del perpunt , dejus lo brag.,, Otros "meteren mans ais contéis, lurs mantels abragats, ells perpimts ves- íits,„ etc. Id. 172: "Nos de matinent vestimnos \o perpimt sobre la camisa, que anch no esperam quens vestissen Xdi gonela... Anavem nostre perpimi vestit e nostre gonjo, e nostre capel de ferré al cap e nostre escut.,^ Id. 174: Delante de Burriana dormía en el campo "ab nostre perpunt des- lagat... Los sarrahins conegueren fort be quel nostre escut hi era... Lagamnos los capéis de ferré en la testa; e haviemnos aduyta una espasa de Monsó, que habia 74 REVISTA DE VALENCIA. nom Tisb, que era molt bona e aventurosa á aqiiels qiii la portaven, e vol- euemla mes levar que la lanqa, e donam la langa á un escuder quens ajudás... Los sarrahins eren pus leugers que nos, que no vestien gonjons \\\perpu7tts, sino almexies, esciits é lances... Id. 176: "Nos tocarem les stronipes: los sarrahins son anafiL„ ' Id. 221: A falta de bandera en cierta acometida, "farem penó de un lan- qol daquels que teñen los caváis.,, Id. 226: "D. Fortuny Lopeg no havia sino una barbuda, que mes en la testa, ó una garnatxa ques vestí,, con escudo y lanza. Id. 227: "Mentres que teyem gornir los cavalls, vestimnos un gonjo, e cal- ^amnos les calces de ferré en peus. E quam nos calgavem la dreta, los nostres dixeren: Ven sos vos aquí on venen! E gitamla de la cama, e dixem: Nons ha que fer, pus lo cors es guarnit e l'caval; e cavalgam al caval, etc.,, Id. 229: "Vench un balester a caval, son perpimt vestit, son capel de ferré al cap, e sa balesta parada,,, etc., etc. Id. 335: "Celada de moros ab gran brugit de corns e desnafils, e balesters quey havia molts, e ab dargues.,, Armas ofensivas. La espada, común á las clases nobles y aun á los ecle- siásticos, por su lujo y gran precio en muchos casos, trasmitíase como alhaja hereditaria. R. de Rocaberti, arzobispo de Tarragona, en testamento de 1214, lega mium opthninn ensem entre sus especiales riquezas. Cierto jefe árabe, según Desclot, la llevaba guarnecida en soranelh otro iba armado con una especie de falanje, llamado naimiexie. Una de D. Jaime se apellidaba tisó. (¿Vendria de aquí el nombre del tizona?) No es fácil asegurar si en España se importó el de branda ó brand, que los franceses daban á la espada ó á su hoja, pero hace presumirlo el verlo blandir que ha quedado en nuestro idioma. Propio á su vez de los franceses fué el bordón ó estoque (1284), y de los cata- lanes el lavi, después glavi (corrupción de gladium, 1250), equivalente al fauchard francés. "Laves abrs ferrés.,, 1260 (G. de la C. R.) La daga era conocida á mediados del siglo, en compañía de cuchillos y puñales. "Spasa e daga cinctes,, en la CrÓ7iica de D. Jaime. Coutels, coutelets,, 1265. La mise- ricordia aparece en nuestro Lebellus de Batailla facenda, y en una carta co- munal atrebatense de 1211. Seguían vulgarizadas en las huestes europeas la lanza y el asta, con pen- doncillos entre gente noble, su palo de buen fresno, y su hierro tal vez hacien- do punta á la derecha, "langa ab un ferro lonch á la part dreta,, Crón. de D. Jaime. En Desclot hallamos \d^-\za,s fabridas, xeluifies y picas con aristol (regatón ó contera). El fuero dado á Huesca por D. Jaime en 1247, habla del bohordo, lanza corta y gruesa con cabezón de hierro, propia de juegos militares, "Non ponant in bofordo ferrum azcono, dardi vel lanceai, nec acutum nec trun- MILICIA Y ARMAS. 75 catum,, (en Inglaterra Boiirdeice). Las hachas, segures (seairs 1265), mazas, azconas, (sencillas y monteras), azagayas y adargas entre árabes, arcos, ba- llestas (de estribo, de torno y de dos pies). (Ballestes cubertes ab 6 canes de tela encerada, 1260. G. de la C. R.), con pasadores, saetas, dardos ó caireles {carrell 1250), y aljabas ó carcajes {careáis 1284), venian y continuaron figurando por muchos años en la panoplia de la Edad Media. Los cuadrillas se empañolaban (flochons ad opus cairellorum, en inventario del castillo de Som- mersal, 1 260). La Crónica de Guillermo deTudela (l2l3) presenta como he- mos visto á los catalanes, batiéndose con arcos tiirqueses (ares turqués), y si este y otros poetas encarecen la destreza de los arqueros de Francia, en cam- bio, nuestros cronistas, no cesan de ponderar la superioridad de la ballestería aragonesa. Según Zurita, Felipe el Animoso, en 1285, sufrió un gran descala- bro marítimo en el golfo de Rozas, por el gran estrago que hizo en los suyos la ballestería catalana, que llamaban de tabla, la mejor que hubo en aque- llos tiempos; y estos eran los que vencieron muy grandes batallas por mar, en las cuales se señalaron los catalanes sobre todas las otras naciones. Sabidas son también la gloria y fama que nuestras tropas consiguieron, ya en sus cam.pañas nacionales, ya en sus expediciones extranjeras, particularmente en Sicilia y en Oriente, á principios del siglo XIV. "El victorioso arrojo de los soldados aragoneses (dice el historiador Romey), lanzándose al grito de Aragón! vino haciéndose proverbial en Europa, y el terror de su nombre cundió hasta las playas levantinas. Sus hazañas en Grecia podrían tenerse por fabulosas, á no atestiguarlas los escritores más fidedignos.,, (Parte 3.», cap. lo). El Código catalán de ordenanzas de mar, que es de este siglo, previene que los ballesteros lleven cada uno dos ballestas de dos pies, otra de estribo, 3oo viratones ó saetas, cota de malla, perpunte, musiera, capacete de hierro, cuchillo y dos garfios. Con igual arreo habia unos hombres de armas, especial- mente destinados á la custodia del almirante, y defensa militar de los buques mandados por un condestable. Hasta los venecianos, preparándose á una c^uer- ra contra Genova en 1297, enviaron á las costas catalanas para proveerse de ballestas y ballesteros, que eran los artilleros de entonces. (Campmany, 3Ie' nioria, tomándolo de la Crónica de Andrea Dándolo). El mismo encarece la excelencia de los fabricantes de armas de Barcelona en aquella época (balles- teros, lanceros, espaderos, flecheros, coraceros, casqueteros), de modo que D. Jaime I y D, Pedro II prol ibieron su extracción para países de infieles. También D. Alfonso X de Castilla, concluidas las atarazanas de Sevilla en 1252, convino con los cómitres de diez galeras, que debian ser permanentes, la obligación de poner á sus costas en cada una "cinco omes guarnecidos de fierro é 4 ballestes de estribera é 4 de dos pies, é l.ooo quadrillos, é 50 lan- zas, é 10 guardabrazos é 10 escudos, é 10 capiellos de fierro.,, 76 REVISTA DE VALENCIA. La hetereogeneidad de los varios cuerpos de ejército, requería gran variedad de señales para distinguirlos. En Aragón hallamos, por orden de categoría, es- tandarte (1285); bandera ó seriera (senheíra en provenzal), pendón (penó ó peñol), cmifanon (confanó, 1284) etc. "VexíUa sive seyna ant pendonus,, en la hueste de Teruel, año 1202. Como instrumentos bélicos, cuernos (cornetas, en francés cor, en catalán cor7i), trombas ó trompas, trompetas con pendoncillo, flautas, añafiles y tambores. Algunos caballeros llebavan colgada su bocina (una de asta de ciervo con sus ligaduras, se contiene en un recibo de alhajas de 1284). Aunque en la misma época se distinguía mucho la caballería francesa por su brillantez y aparato, no hacia mal papel la catalana, según hemos visto por Desclot, viendo ya introducido en ella el montar á la gineta, costumbre tomada de los árabes. Teníamos á la sazón caballos armados ("caváis armats ab guarniments ó perpuntes,, proceso de 1292 y otras memorias posteriores), cubiertos de hierro (lorigas de malla), defendidos con bardas^, adornados de gualdrapas (1250), dorados ó de oro, como las espuelas de losginetes, eran los paramentos y guarniciones, cabezadas, petrales con campanillas {sonails en pro- venzal, 1206); arzones y sillas, estas claveteadas ó marqueteadas {picotas, 1240), y adornadas zoví lazos (ab flocz, 1207). En el arzón trasero iba puesto el troje ó la boneta. Las cuentas de la Casa Real mencionan sillas gallegas, dis- tintas de las de palafrén, unas cubiertas de santomasino rojo. A l3 de las ca- lendas de Setiembre de 1 259, un caballo comprado en Lérida para el rey D. Jaime, costó loo maravedises (gastos de la Casa Real). Otro más bueno costó 500 en 1262, otro 667 y otro 728. Una muía se pagó en 3oo sueldos jaqueses. Según su Crónica, en Murviedro compró 26 caballos, que le costaron 60.000 sueldos. Hablase de ricas tiendas ó tiendas ultramarinas en los campamentos: don Jaime tenia una regalada por el Soldán de Egipto. Monfar, en su historia de los Condes de ürgel, describe las siguientes má- quinas de guerra: fundíbulo, brigola, cabrita, pedrera, manganel , algarrada, catapulta y almajaneque. En la Crónica de D. Jaime se describen también los que siguen: mantelete, ariete, fonebol, almajaneque, brigola, honda, trabuque- te, algarrada, mangano, ballesta de torno, manganel turqués, castillo de ma- dera, cleda, mantel con ruedas, vayven, buycó ó buzón y peixa ferrada. En autores extranjeros hallamos la blida (vid-de Catapulta), la biblia, la petra- ria, el priapo, espiones, etc. Había además ballestas incendiarias (1250), taxos é morters (1285), fronds manuales (hondas), id. de manganello, et de trabuchets (inventario del casti- llo de Sommersal, 1260). En las cuentas de la Casa Real aparece un "cañó ab sa caixa.,, (Ha de entenderse máquina tormentaria, y en tal caso primer MILICIA Y ARMAS. 77 indicio de las de fuego, adoptadas ya por los reyes de Aragón?) Durante el sitio de Albarracin en. 1 284, se pidieron ad optes ifigeniorum quatuor quintalia cordarum formse grossae. Id. id. briny de cancm, l roba de sayola cannabi; 3 quintalia claborum de 1 palmo eguales; 1 id, de clavis minutis, id. est óSo.ooo; 5.000 careáis (carcajes), la mitad de 2 pies y la otra de estribo. (Arch. de la C. de Aragón). JOSE PUIGGARÍ. Á UN JIGANTE DE PIEDRA. fantasía. jo el satánico orgullo de ios hombres, La cristiana piedad, la religión, Fueron, esbelta torre, las que un dia Hasta el trono te alzaron del Señor. El, que su loca audacia confundiendo, La soberbia en Babel aniquiló. Sobre tí, coronando aquella ardiente Fé de nuestros mayores, puso el sol. Babel, ruinosa, es del reptil guarida; Nido eres tú del pájaro cantor; En su diurna carrera el astro de oro Tu cruz besa en señal de adoración. Así también, cruzando desde lejos, Bésala el peregrino con fervor, Y en pos de la plegaria de la tarde Puerto sigue á buscar de salvación. El signo redentor que en tu elevada Cúspide gira el vendabal feroz. Parece que, al volverse, entrambos brazos Tienda para estrecharnos con amor. Perennemente tú, cual faro, guias Al (juc en la oscura noche se extravió, Mientras que el criminal en tu alta mole Vé un jigante fantasma aterrador. Y huye de tí, y se esconde amedrentado Cuando en recia tormenta que estalló, Incisivas atraen tus campanas A UN JIGANTE DE PIEDRA. 79 El rayo de la cólera de Dios. Mas no por eso tú, gallarda torre, Tiemblas como el cobarde malhechor; Se extremece el impío, no el creyente, Tiembla el culpado, el inocente no. Tú el embate resistes de los siglos, Tú la potente furia de aquilón. Tú del mortal la saña destructura. Más terrible, más fiera que los dos. El hombre, en lucha eterna con el hombre, La excelsitud no vio de tu misión, Y, sin respeto al símbolo que ostentas, En guerrero baluarte te trocó. Fratricida regó con sangre humana Las campiñas, que alfombra tuya son, Y en un maldito yermo al convertirse. Ni una planta brotaron, ni una flor. Una sola de todas tus campanas Te dejó su codicia, su odio atroz, Y el fundido metal en vil moneda O en mortíferas balas convirtió. Una, la más pequeña, humildemente A los hombres llamaba á la oración, Y con su débil eco parecía Los estragos llorar de su rencor. Ella, cuando el peligro amenazaba. Pedia auxilio al pueblo con más voz; Y mostraba unas veces su alegría, Y expresaba otras veces su dolor. Pero iay! que aquel concierto de argentinos Sones y amigas voces se extinguió, Y en vano, solitaria, ella su júbilo Mostrar quiso en la fiesta del Señor. ¡Triste recuerdo de solemne dia! Pues del aire lanzada á la región. Su metálica lengua hundió el espacio: Tanto quiso cantar, que enmudeció. Impertérrito tú, firme en tu puesto, Centinela del templo de Sion, Vibrante "alerta„ resonar hacía REVISTA DE VALENCIA. En las nocturnas horas tu reloj. Y callabas después, y en torno tuyo Silbar del viento oíase el rumor, Y el áspero chirrido que dio oculta La espantable lechuza en un grieton. O el revolotear de negra urraca Que en tí escondiendo joyas que robó, Pábulo acaso diera al más terrible Suceso de que existe tradición. A bandadas murciélagos y cuervos Vagando de tus muros en redor, Eran en las tinieblas un confuso Aquelarre de brujas en montón. Y de tu campanil en los ogivos Ventanales de artístico primor, O en tus rotas molduras, de los feos Duendes gesticulaba el escuadrón. Y ellas y ellos danzaban y reian En desconcierto y baraúnda atroz, Rompiendo, al ver tu cruz, en estridentes Carcajadas, mofándose de Dios. Supersticioso el vulgo en los zumbidos Del huracán, cien veces la escuchó, Y las crédulas viejas á sus nietos Causaban, refiriéndolo, pavor. Afirmaban que en noche de difuntos Te asaltaba fantástica legión, Y :1 tu única campana en rudo vuelo Rápidas vueltas daba con fiu-or. Mas, al rasgar la macilenta luna De las espesas sombras el crespón. El diabólico enjambre en vergonzosa Fuga desparecíase veloz. Tú, cual triunfante campeón que en nombre De la sin par María combatió, Sereno en majestad, la erguida frente Al firmamento alzabas vencedor. Y silencioso entonces semejabas, Señalando del cielo á la región, Índice dedo colosal de piedra A UN jIGANTE DE PIEDRA. Siempre al hombre diciendo: "¡Allí está Dios!„ La tempestad cesó de las pasiones, Recobraron los campos su verdor; Mas aún tristes los fieles te miraban Huérfano de campanas y sin voz! Gótico monumento derrumbándose El arte arquitectónico te vio, Y él excitó su celo, y te salvaron La cristiana piedad, la religión. La fé te restauró, el arte te admira; Arrogante á las nubes te alzas hoy: Ya en tu coronamiento otras campanas Las grandezas publican del Señor. Reparados están ya los estragos Que el mortal, más que el tiempo, en tí causó; Y la oxidada cruz de tu veleta A recobrar ha vuelto su fulgor. Ya nuevamente, ¡oh Torre! te levantas Como bendita escala de Jacob, Por la que el hombre hasta los cielos sube En alas de la mística oración. Constantino Llombart. NOTAS FILOLÓGICAS DE LA PLANA <" juELEN cuantos tratan del idioma ó dialecto valenciano, y en especial los que intentan dar idea de su pronunciación, tomar por modelo la manera de pronunciarlo en la capital del reino: esto debiera ser, sin duda, lo más natural y lo más puesto en razón, y sin embargo, en nuestro humilde concepto no lo es en realidad. En efecto; si como todos creemos, no es el valenciano un dialecto del español ó castellano, sino del lemosin^ ó mejor dicho, este mismo idioma modificado por el tiempo, y tan diferente de lo que fué, como el castellano de hoy lo es del romance de Alfonso el Sabio, y los idiomas neo-latinos lo son en la actualidad de lo que fueron en el siglo Xni, ¿por qué á ciertas letras de su alfabeto se les han de dar sonidos pura- mente castellanos, como se hace en la ciudad del Túria, en vez de los propios de lemosin y catalán, que reciben no solo en la Plana y Maestrazgo, sino en la mayor parte de los pueblos valencianos? No lo creemos justo; por ello, pues, en el presente trabajo, al analizar el lenguaje de la Plana, no podemos dejar (le hacer patentes las diferencias entre este y el de la capital, al par que las li- gerísimas que hasta entre los mismos pueblos de esta comarca se notan, demos- trando ipso facto que es el de aquí mucho más afine del catalán y del antiguo lemosin, mientras tiene el de Valencia mucho más puntos de contacto con el habla de Castilla. El alfabeto valenciano se compone de las mismas veintisiete letras que el castellano, con la diferencia gráfica de que la jVse escribe iVj/, conservando al leerla el mismo sonido, y la Z se sustituye por la C> ^'^ se pronuncia como la 5 castellana. (l) Aunque no acostumbramos publicar en esta REVISTA artículos tomados de otros periódicos, hacemos una excepción á favor del presente, por lo que se relaciona con los estudios á que principalmente nos consagramos. Y aprovechamos la coyuntura para hacer el debido elogio de la Revista de Castellón , en cuyas columnas ha aparecido , y que es una publicación muy apreciablc , la cual señala un Iionroso despertamiento científico y literario en aquella ca- pital.—N. de la R.) N0TA6 IlLüLÓüICAa. ,^3 Las vocales se pronuncian como en castellano, excepto la ^ y la O que tienen dos sonidos, uno cerrado, idéntico al castellano, y otro abierto. Las consonantes también se pronuncian como en Castilla, exceptuando la C, Ch, G, /, S, V, Q. Como en los presentes apuntes tratamos más bien de analizar el lenguaje de esta comarca, bajo el punto de vista fonético, que bajo el ortográfico, estu» diaremos estas letras agrupándolas por sonidos. C, Q. Las sílabas ca, que, qtii, co, cu, suenan como en castellano. C, S, f. El sonido castellano de la C antes de e, i, y el de la Z no existen en el valenciano; en la capital del reino las tres letras C, S, C, se pronuncian como la 5 de Castilla, desconociéndose en absoluto la S suave- en la Plana suenan de aquel modo en principio y fin de dicción, y en las sílabas da, de, do, dii; en los demás casos suenan unas veces fuertes y otras suaves pero de una manera tan anormal y desordenada, que creemos imposible dar una idea de ello, siquiera aproximada, si no es formando un vocabulario com- pleto de todas las voces en que se emplean : ni siquiera las que hem.os to- mado del castellano y tiene Z en su origen observan entre nosotros una re»la común, pues rae- a, plaga ,cagar, forgar, etc., son fuertes, mientras se pronuncian suaves regar, almorgar, daga, y algunas otras: lo propio sucede con la C antes de e, i, y la S; incens, entonces, concis, suenan fuertes; quince, once, sencillo^ suaves: pensar, fosa, fuertes; rosa, cosa, suaves. Ch. Esta letra, que apenas se usa en principio y medio de dicción, suena como C; por ejemplo: fóch, rich, se pronuncian / por interés propio intervienen en los procesos criminales, cuyo enjuiciamiento ha modificado de una manera tan notable la nueva ley que establece el jui- cio oral y público. El Sr. Amat, muy conocedor de la materia, la ilustra con discretos y ati- nados comentarios, en los que con gran sentido práctico aclara el texto, un tanto oscuro, de la ley en algunos puntos, ó lo amplía y desenvuelve, echán- dose de ver en todos ellos la competencia del que escribe. Además de estos comentarios, contiene el libro que nos ocupa, tan bien lle- gado en estos momentos, curiosísimas notas, oportunas concordancias, gran número de formularios para los trámites del juicio criminal y sus incidencias, intercalados convenientemente en el texto, y leyes, reales decretos, reglamentos etcétera, etc., de utilidad reconocida. Del estilo tenemos que hacer cumplido elogio. Frecuente es en esta clase de trabajos, sino sacrificar, prescindir en gran parte de la forma. En el libro del joven relator, sin embargo, lejos de haberse descuidado la parte literaria, dentro de la sobriedad y concisión tan recomendadas en los escritos torenses, échase de ver lo correcto y castizo de la frase. El prólogo, debido, como dejamos dicho, al Sr. Ruiz Capdepon, aunque breve, bastaría á dar una idea de la erudición y suficiencia del digno fiscal del Tribunal Supremo, si este, en su honrosísima carrera, no las tuviera ya bien aquilatadas. En suma, el trabajo del Sr. Amat es . recomendable por todos conceptos, y sobre todo de oportunidad en estos momentos. USOS Y ABUSOS DE LA ESTADÍSTICA, por J. Gimeno Agius, Doc- tor en derecho. Jefe superior de Administracio7i, ex-diputado á Cortes, etc. Ma- drid Impr. de ^'El Correo ^^ 1882 (2). Nuestro compatricio el Sr Gimeno Agius, hijo distinguidísimo de Segor- be, está poseído del amor á la Estadística, pasión no muy frecuente en este país, en que dominan la imaginación y el sentimiento. Pero ese amor no es ciego; no le lleva á la exageración de' atribuir á las columnas de números que la Estadística amontona el valor de resolverlo todo, como suponen al- gunos; no, precisamente para hacer ver lo que se abusa de las deducciones estadísticas, para determinar su significación, y espUcar el modo de darles verdadera importancia, ha publicado este libro, en el cual se echan de ver dos cosas, apenas se recorren algunas páginas: primera, lo mucho que ha leido y sabe el autor de la materia que trata, más estudiada en el extranjero que entre nosotros; y segunda, la claridad de su inteligencia y la perspicacia de su criterio, que sin dejarse llevar de hipótesis y fantasías, atribuye el verda- (1) Esta obra, que forma un tomo de unas 800 páginas, hállase de venta en la librería de D. Pascual Aguilar, plaza de la Constitución, al precio de lO pesetas. (2) Un tomo de 200 páginas en 4." 9Ó REVISTA DE VALENCIA. (lero valor á los datos que la Estadística suministra, y aprecia de una manera muy sensata los servicios que ésta presta y puede prestar en los diferentes ra- mos á que se aplica. , , -r- ,, . , , Comienza por recordar los remotos orígenes de la Estadística y el desarro^ Uo que ha obtenido en nuestros dias; explica las razones que alegan los ad- versarios de estos procedimientos de investigación, reconociendo que algunas son fundadas, pero añadiendo que, al disminuir la importancia de sus resulta- dos, no las anulan, ni mucho menos; expone los métodos estadísticos, la for- ma y demás circunstancias de sus publicaciones, haciendo observaciones críti- cas de muy buen sentido; se ocupa de los promedios que tanto interés ofre- cen en los cálcalos y deducciones de los datos recogidos; fija las verdaderas cir- cunstancias de las que se han llamado leyes estadísticas, y son consecuencia racional de las observaciones recogidas sobre algunos hechos de interés gene- ral, y señala la importancia de las proporciones y comparaciones , sin las que no tendrían valor deductivo las cifras obtenidas. Después de esto, pasa el Sr. Gimeno Agius á ocuparse de los Congresos estadísticos, que han dado carácter é interés internacional á los trabajos que antes se hacían aisladamente en cada nación. El ilustre belga, Mr. Quetelet, ha sido el iniciador de estas Asambleas, que promovió en 1851, con motivo (le la Exposición de Londres, y desde 1858, que se reunió el primer Con- greso, han hecho dar grandes pasos á la Estadística internacional , y aun serian mayores si se hiciera lo que indica el autor de este libro. El último capítulo está dedicado al concepto de la Estadística. ¿Es una ciencia, como quieren Block, Gaillard y otros de sus propagadores? El Sr. Gi- meno Agius, que no se deja llevar de sus aficiones hasta el punto de atri- buirles carácter superior al que tienen, se niega á reconocer como ciencia lo que realmente no lo es. La Estadística, según la acertada definición con que con- cluye su trabajo, no es más que iin método encaminado al conocimiento de todos los hechos susceptibles de expresión numérica^ pero este método, aplicado en los tiem- pos modernos con una eficacia desconocida antiguamente, nos dá á conocer de- tallada y exactamente lo que antes solo se sabia de una manera vaga é incomple- ta, como lo hace ver el autor en los capítulos en que se ocupa de las relaciones de la Estadística con la Administración , con la Economía política y con la Geo- grafía. El Sr. Gimeno Agius ha fijado, pues, de una manera muy discreta el objeto, el carácter y los límites de los conocimientos estadísticos, tan im- portantes hoy dia, y su libro prueba que en España, aunque no son muchos, no falta cjuien sigue la marcha de los adelantos que en otros países alcanzan. Valencia. I.mi'renta de Domenech, Mar, 48,-1883. REVISTA DE VALENCIA. i.° Marzo de 1883. GARCÍA CADENA. (ENSAYO BIOGRÁFICO-CRÍTÍCO). su VIDA. ¡NA noche — hace ya de esto 17 años, ¡toda una juventud! — nos entra, mos en el húmedo, oscuro y desapacible aposento donde se alberga- ba la redacción del Diario Mercantil de Valencia, después de atra- vesar por estrecho y prolongado corredor, trazado por las cajas de la imprenta. En aquel apartado y humilde rincón — tranquilo á aquella hora, por serlo de descanso para los cajistas, y siempre ajeno, por su lejanía, á los ruidos de la calle — le leí mi novelilla, poco más ó menos poseido de igual temor al que por aquella misma época sentía ante los profesores en los exámenes universitarios. ¿No era, en realidad, atrevimiento sobrado distraer la atención de un maes- tro en literatura, con unas cuartillejas empezadas á borronear en un aula, á hurto del catedrático, y leídas luego á dos cariñosos cómplices de estravagan- cias juveniles, en el corral de un figón extramuros? Había, no obstante, impetrado del que iba á ser mi juez tal favor la noche antes, en el escenario del teatro, al hallarme con él y conocerle en el cuarto de una actriz de gran valía, Carolina Civili, y era forzoso leer hasta el fin, y es- cuchar el fallo, próspero ó adverso. A poco de empezar recuerdo que — estas cosas jamás se olvidan — me ínter- 98 REVISTA DE VALENCIA. rumpió con una frase de aprobación; seguí la lectura con más aliento y mejor esperanza. Al terminar me dijo, en prueba de lo que le agradaba mi cuento, que lo pu- blicaría en el foUetin del penódico, solo con que le varíase un tanto el desenla- ce, harto descosido y tremebundo. Quedé por un momento ofuscado... ¡mi novela impresa é impresa en el folle- tín del períódico más leido entonces en la ciudad! En Dios y en mi conciencia que no habia ni soñado con tal ventura. El desenlace quedó, en efecto, modificado, y la novela se publicó. Titulábase Ausencia é hizo algunos viajes. Tres años después reapareció en Madrid, inserta en la revista La América, cuya dirección habia heredado D. Víctor Balaguer de D. Eduardo Asqueríno; siete años más tarde la reproducía en su folletín Las Novedades, diario español de Nueva- York. Soy con estos detalles quizá harto prolijo, pero no puedo recordar aquella lectura sin recordarlos, y además la noche en que le leí Ausencia , me d¡() Cadena, al darme su aprobación, el simbólico espaldarazo, quedando yo así eu literatura armado caballero. Peregrin García Cadena hallábase á la sazón en el cénit de su carrera. Fri- saba en los 43 años; estaba, de cuerpo, robusto, ágil y fuerte; de espíritu, pers- picaz, ingenioso y fecundo; conservaba el calor de la inspiración, encerrado en vaso pacientemente cincelado por la experiencia y el estudio; era director del Diario Mercantil, lo cual significaba la jefatura del periodismo valenciano; en los círculos artísticos y literarios ejercía poderoso influjo; su sueldo y su modes- ta hacienda le permitía vivir con desahogo; entre escritores obtenía considera- ción señalada, entre autores y actores dramáticos cierto respeto, cuando no te- mor; y devoto á un tiempo de lo bello y de las bellas, sonreíanle las Musas á par que las Gracias. A pesar de la diferencia que entre ambos existia en edad, saber y gobierno, fuimos, durante cuatro años, camaradas aún más que amigos. Llevábale su vigo- rosa complexión y su imaginación ardiente á emplear las horas de asueto — ter- minada la cuotidiana labor periodística — más que en graves reuniones académi- cas ó políticas, en joviales deportes con gente moza; y junto á las tranquilas aguas del puerto, espejo clarísimo del intenso azul del cielo valenciano ; ante la extensa alfombra de verdes matices, que tiende en torno á la ciudad su fértil huerta, presidia sencilla mesa, bien surtida de manjares y de vinos, rodeado de corte (ó cohorte) juvenil, cual un Epicuro á la moderna, en medio de los adep- tos de su amable filosofía. Chispeaba entonces el donaire en sus labios, como el rubí y el topacio líqui- dos en las copas; el concepto sutil y la agudeza alambicada, que parecía haber recojtdo de nuestros clásicos, surjian á cada punto de su mente, y en su rostro. NECROLOGÍA. QQ animado por plácida sonrisa de contento, cruzaban, cual ráfagas luminosas, evo- caciones de la fantasía, donde se agitaban, en mezcla extraña y fascinadora, los grandes poetas y los grandes inspiradores de la poesía; aventuras pasadas y via- jes soñados; comentarios á Horacio ó Víctor Hugo, y disquisiciones sobre la Man- zanilla ó el Burdeos; figuras engendradas por el pincel de Rubens ó de Goya, y figuras vistas la tarde anterior en la Alameda; amores de Cleopatra y amoríos de... cualquiera de nosotros. Era nuestra vida en aquel período una continua y jubilosa fiesta, en la que García Cadena, como aquel mismo Horacio que me enseñó á querer y admirar, empleaba las galas de su ingenio en brindar sin tregua por la naturaleza, la poe- sía y el amor. Ni las mismas calamidades públicas atajaban el vuelo de aquella alborozada existencia; y así como el cólera, que algunos años antes castigara cruelmente á Valencia, habíale dado tema para su cuento filosófico y fantástico de El hombre azul, así la fiebre amarilla, que acometió la ciudad pocos años después, nos halló departiendo de omne re scibile á los postres de modesto, aun- que jovial banquete. Semejantes en esto á Boccaccio, que con sus amigos y en galante compañía , narraba picantes é ingeniosos cuentos para distraer la imaginación de los estragos que la peste causaba por entonces en Florencia, Mal que pesara á ciertas aficiones cosmopolitas y á cierta vaga tendencia, más imaginativa que concreta, á morar en otro centro, Cadena era, por naturale- za, valenciano. Cuando se trasladó á Madrid en 1870 (obligado por la muerte del Diario Mercantil, que su propietario Rius dejó de sostener), aunque vino acompañado de ánimos y esperanzas, quedóse poco menos que el terrible juez israelita, cuando las tijeras de Dalila le privaron, con los cabellos, de la fuerza. La fuerza de Cadena consistía en el rango literario de que en Valencia go- zaba; en su representación y prestigio. Era él, solo y único, como personalidad, al paso que en Madrid, estimárase en lo que se estimase su valer, era uno de tantos. Verdad es que esto dependió principalmente de haber venido tarde. En sus mocedades, Cadena habia residido durante una temporada en la cor- te, y visitado, si no me equivoco, Toledo y algún otro punto de Castilla; pero este viaje fué paréntesis de su existencia, esencialmente valenciana. Nacido en la misma Valencia en 1828; estudiante en el Instituto y la Uni- versidad valentinos luego; educado, intelectualmente sobre todo, por un tio suyo, docto humanista y entendido jurisconsulto de la patria de Luis Vives ; revali- dado de poeta en aquel brillante Liceo, que rejuveneció é iluminó los vetustos muros del Temple, y en el cual descollaron (citando solamente los nombres más ilustres) Arólas, Aparisi y Guijarro, y Gonzalo Morón; colaborador distingui- do de una revista literaria, El Fénix, nacida al calor de aquel Liceo, representa- ción viva del poderío intelectual valenciano al promediar del siglo; empleado un dia en las oficinas del afortunado iniciador de todas las grandes empresas valen- jOO REVISTA DE VALENCIA. cianas ó sea del banquero Campo; director , en fin, durante largos años , del más antiguo de los periódicos de Valencia El Diario Mercantil, Peregrin García Cadena era planta indígena de la margen del Túria. En ella habia echado los primeros brotes literarios, con su savia habia nutrido su espíritu, al influjo de su claro sol habia extendido el ramaje de su inteligencia, y merced al trascurso del tiempo, fuertemente arraigado ya, no podia ser trasplantado sin grave riesgo. Por eso dije que llegó á Madrid sobrado tarde. Acercábase á los 50 años; venia precedido de excelente fama, pero fama de provincia; no cuadraba á su edad ni á su categoría el emprender desde sus pri- meros pasos la carrera para llegar á feliz término; su estilo literario antojábasele un tanto rancio al público, movible y ávido de lo nuevo, y su bien cortada plu- ma, que era en Valencia arma resplandeciente del caudillo, habia de ser en la corte simple espada de combate. El discurso de la vida en Cadena podría dividirse, siguiendo el orden retó- rico, de esta manera: el exordio, nuncio de venturas; la proposición, clara y feliz; la confirmación elocuente y victoriosa, en Valencia; el epílogo, en Madrid. No significa lo expresado que fuera mal acogido Cadena en la capital. Ape- nas llegó, obtuvo la plaza de crítico de teatros en La hite^ridad de la patria, periódico en el que Enrique Villarroya influía mucho. En algún otro colaboró, también por entonces, hasta que adquirió puesto más fijo en El Imparcial (para cuyos Limes escribía las revistas de teatros), y luego en La Ilustración de Ma- drid, cuya empresa era la de aquel. Cuando esta Ilustración, falta de vida, pasó á manos del propietario de la Española y Americana, García Cadena pasó tam- bién á esta, en calidad de cronista al principio , y de crítico de teatros luego, siguiendo con igual carácter en El Imparcial hasta cjue lo abandonaron, para fundar El Liberal, sus principales redactores. En esta Ilustración del Sr. de Carlos , donde publicaba así mismo de vez en cuando algún cuento ó novela corta, ha ejercido el cargo de crítico de teatros hasta el fin de sus días. En los primeros años de su estancia en Madrid reunió en un tomo, pobre de atavíos tipográficos, la mejor parte y más moderna de sus producciones en pro- sa. También por entonces contrajo matrimonio con la hermana de su gran ami- go, Domingo el pintor, hoy uno de los más reputados en París. Durante los últimos años llevaba Cadena una vida retirada y oscura por demás. Solo en los estreñios y en su oficina se le hallaba. El Gobierno del Sr. Cánovas le otorgó, por influencia del poeta Campoa- mor, un destino de mediana importancia en el Ministerio de Ultramar, que conservó hasta su muerte. El empleo y el trabajo literario sostenían su casa. Al morir, empero, ofrecía esta el triste cuadro de la estrechez; su entierro, en el mismo Ministerio hubo de costearse, y para mayor desventura, su viuda y sus necrología. 101 hijos han debido fiar á los productos de una función en el teatro Español, carita- tivamente dispuesta por D. José Echagaray á favor suyo, la manera de con- trarrestar por el pronto su desamparo. ¡Oh Dios! ¿Por qué ha de ser tan menguada en esta tierra española la suer- te del que, dotado de talento y voluntad, consagra su vida al culto de las le- tras, ó cuan adversa ha de ser, por su propia índole, la fortuna del escritor, que aquel -placentero y luminoso cuadro, que delineé al principio, al recordar á García Cadena en su cénit, ha venido á trocarse en el ocaso, en muerte solita- ria, entierro de limosna y herencia de caridad? ¡Oh mi maestro y padrino en literatura, amigo y camarada de mis más flo- ridos años! ¿por qué ha sido el término de tu jornada tan oscuro y sombrío, como el negro fondo de ese tintero, al que ahora acudo para estampar frases, no sa- liendo escribir lágrimas?... 11. sus OBRAS. En Madrid se ha juzgado á Cadena solamente como crítico. En Valencia misma , la generación que ahora bulle , conoce apenas cuántas y cuan varias fueron las manifestaciones de su talento. Y sin embargo, con el auxilio no más de algunos viejos y amarillentos fo- lletines recortados, que Cadena me dio, y guardo como legado de gran precio, y con el socorro , no muy eficaz, de mi memoria, harto débil, puedo enumerar de esta suerte las producciones del insigne escritor valenciano. En verso: Romances y leyendas. Odas y elejías. Sátiras. Poesías amatorias y filosóficas. Traducciones de poetas extranjeros. En prosa: Novelas originales , Novelas traducidas. Cuentos. Artículos de amena literatura. Artículos satíricos y humorísticos. Artículos políticos. Críticas literarias y dramáticas. Una comedia en un acto. JQ2 REVISTA DE VALENCIA. Cadena, como poeta, no es estimado en lo que vale, ni es hoy suficiente- mente conocido. La cantidad no es grande en sus composiciones métricas, pero la calidad esquisita. La ineficacia de este orden de trabajos para obtener en el dia al^nm provecho, hiciéronle poco á poco abandonar la rima, hasta suprimirla totalmente de sus tareas literarias: durante 15 años (de 18Ó7 á 1882J no com- puso, que yo recuerde, más que tres poesías; una elejía á la temprana muerte de Amparo Reguera; una invocación á Nuestra Señora de los Desamparados para el número especial que dedicó El Diario Mercantil á la patrona de Valen- cia, con ocasión de las fiestas de su centenario (Mayo de 1 867), y una Sátira contra el hijo, que insertó el folletín del mismo Diario, y más tarde dio de nue- vo á luz (estando ya Cadena en Madrid) La Ilustración Española y Ameri- cana. Realzan los versos de Cadena una dicción tersa y castiza, un giro florido y elegante, una armonía y cadencia dignas de nuestros clásicos del siglo de oro. Zorrilla, en sus mejores tiempos, no hubiera desdeñado el firmar leyendas como La Calle de la Traición, La ventana del diablo y El desafío de Gas- par Me7idez\ toques hay en estos romances que recuerdan los buenos de^Gón- gora ó del príncipe de Esquilache, y rasgos descriptivos á la manera de Queve- do; al glosar en amorosos conceptos á Cetina, compite con él en ternura; la Ele- jía en la muerte de Amparo Reguera trae á la memoria la tan majestuosa y ce- lebrada de Martínez de la Rosa á la duquesa de Frias; en los cantos religiosos se acerca "al son dulce, acordado,,, del ilustre Fray Luis de León; en la sátira no le vá en zaga á Jorge Pitillas, y en las versiones de Víctor Hugo, V. g., muestra la galanura y gentileza de esta estrofa, que de memoria cito: "Sé tú como el pintado paj arillo Que posa en frágil rama, v La ve doblarse y trina sin zozobra... Porque fia en las alas.,, Tratemos ahora de sus escritos en prosa, y empecemos por los políticos, para dejarlos presto á un lado. Consisten, los serios, en una colección de artícu- los de fondo en el Diario Mercantil, y los festivos en otra serie, aunque mucho más corta, que imprimió el Papel de estraza. El Diario Mercantil^ durante el período que precedió á la revolución de Se- tiemljre, siguió, nierced á García Cadena, una política cautelosa, y á la vez insi- nuante— taimada es la palabra propia — que le permitía ser de oposición, y seguir la corriente general de la opinión por entonces, sin encallar , una vez siquiera, en los bancos de la fiscalía. Vencedor el movimiento de Cádiz, el Diario fué de los que aplaudieron la regeneración política del país, permitiendo Cadena al que esto firma, redactor á la sazón del periódico (cuya plaza heredé de Rafael necrología. io3 Blasco), artículos en sentido marcadamente liberal, pero sin sujeción á partido ni bandería, con arreglo á la índole 'del Diario, más que nunca indepen- diente. Pronto ech() de ver Cadena el torcido rumbo que la revolución triunfante habia tomado, y lo puso de manifiesto en sus propios artículos, sensatos, hábiles y sentenciosos. Entonces, decaído mi juvenil entusiasmo de los primeros dias, publiqué — siempre de acuerdo con mi amigo y director — unas cartas que de- nominaba Las verdades del barquero , donde me hacia eco de la desconfianza que el ejercicio de las libertades, tal y como lo entendían los revolucionarios, inspiraba. Entonces fué también cuando, no sin asombro mió, harto inesperto para columbrar lo que Cadena ya claramente distinguía, le oí decir que no habia otra solución al problema político, que la restauración en la persona del príncipe Alfonso. En cuanto {\. El papel de estraza {l9>6()), fué peregrina idea de Peregrin (como familiarmente llamábamos á Cadena los amigos de su intimidad), que ob- tuvo maravilloso resultado. Erase un periodiquillo satírico, con caricaturas que dibujaba, si no me engaño, Salustiano Asenjo, en el cual escribían, con diferen- tes pseudónimos de personajes de la antigüedad , Enrique Gaspar, Rafael Blasco, José Pallares, Jaime Peiró, otros que no recuerdo, y especialmente Cade- na que, ya con el pseudónimo de Belisario, ya con el de Longino, firmaba artí- culos de acerada y discretísima sátira, literaria ó política. Todos los escritos, prosa ó verso, sufrían su censura antes de ser publicados, rechazando implacablemente los que no cumpUan con las condiciones de gracia y donaire que el periódico exijia. Así, aquella hoja, impresa, en efecto, en tosco papel de estraza, logró muy presto tal predicamento y estimación del público, que llegaron á venderse más de 12.000 ejemplares (á cuatro cuartos) de cada número; suceso inaudito en los anales del periodismo callejero de Valencia (i). El alias humorístico de Belisario me trae como por la mano á un linaje de escritos de Cadena, que no he incluido en la clasificación de los suyos por con- siderarlo maleante y baladí, si bien le deparó una ocasión más de lucir el gra- cejo de su pluma. Aludo á las sabrosas y celebradas revistas de toros, que con tal firma publicó por largo tiempo, demostrando su conocimiento en el arte y sirviéndose de ellas á menudo, como de pretexto, para jugar con chistes ó discre- tear con burlas. Entremos ahora en el examen, siquiera sea sucinto, de las producciones de más monta que Cadena ha dejado: de sus novelas y cuentos. Pudieran dividirse (l) Cadena intentó resucitar en I871 '. 72 El papel de estraza en Madrid, pero sin resultado non bis in idctn. 104 REVISTA DE VALENCIA. por SU carácter, en dos series: las novelas 6 cuentos que en lenguaje de basti- dores llamaríamos "de época:,, y los de costumbres. - El primer concepto abarca: Aventuras en Italia^ La visión de fuego, Llegar á tiempo, Batalla de sabios y alguna más tal vez, de que no tengo noticia ó no ^Hiardo recuerdo. Al género de costumbres pertenecen: El arte casero, Baraja de primos, La trenza de cabellos rubios, El melocacto, El marquesita. Un mora- lista. La ronda de mi tio. La revendedora. Las siete casacas y otras. El precio de la sangre y El hombre azul^^h^w figurar aparte, como cuen- tos fantástico-filosóficos. El primer orden citado de obras manifiesta privilegiada aptitud en su autor para la novela de aventuras. Sus narraciones, que en este punto andan á los alcances de las de Navarro Villoslada, tienen gran sabor de época, movimiento c interés, amen de una dicción castiza y un diálogo vivo y animado. En circuns- tancias favorables, García Cadena hubiera sido un novelista d,e la especie de Fernandez y González, menos fecundo, menos imaginativo, inferior en vehe- mencia, en colorido y en inventiva, aunque más atildado, veraz, reflexivo y dis- creto; pero Cadena escribía tan solo para llenar el folletín del Diario. Sus novelas, ó más bien nouvelles de costumbres (pues nunca llevó á cabo lo que llaman los franceses un román), son esencialmente satíricas; hay en ella no poco del humorismo que despunta á veces en Dikens y en Fariña. Si en ocasiones es mero narrador de sucesos lijeros, amenos y festivos, como en Baraja de primos. La trenza de cabellos rubios ó La ronda de mi tio — donde campean su estilo y su gracejo, — en otras, como El arte casero, LJistoria breve y compendiosa de una persona decente. Las siete casacas , La revendedora. El marquesito, se vale de la ironía y de la sátira para corregir y enseñar; el crítico se apodera de la pluma del novelista. Pero donde se hallan patentes y á plena luz las cualidades y los defectos to- dos de García Cadena, donde se copia, cual en claro espejo, su fisonomía litera- ria, es en la obra, por otra parte, de más aliento que compuso, en El arte ca- sero. Empezó esta novela en el Museo literario, que publicó en Valencia Jeróni- mo Flores los años del 63 y el 64: denominábase Escala vejetal (nombre que conservó luego la primera parte de la misma novela), y no pasó del segundo ca- [)ítulo. Recuerdo que los dos que aparecieron y leí, me prendaron de suerte (luc de aquel punto y hora datan mi afición decidida á García Cadena y mi ansia, dos años después cumplida, de conocerle. Más tarde, y no sé si en el Boletin-Revista del Ateneo de Valencia, volvió la novela á aparecer, esta vez con el título de Los Artistas del hogar. Paréceme que también allí quedó inconclusa, y que solo se imprimió completa en el citado tomo, que con el título de Historias para todos puso á la venta el autor en necrología. 105 1873, y del cual tomaba más de la mitad. Entonces se denominó definitivamen- te El arte casero, y como sub-título Cartmes para un cuadro del amor cofiyttgal. Los cartones son dos, y se titulan: "Escala vejetal,, y "Crisálida y mariposa.., Este volumen es, por lo demás, el único que de las obras de Cadena haya que- dado. Las bellezas y los defectos del autor, decia, aparecen á clara luz en el Arte casero. En efecto, es, ante todo, el trabajo literario que con más amor y buen ánimo escribió, y en donde halló mejor coyuntura para dar salida á sus gustos li- terarios, y campo á los escarceos de su ingenio. Nótanse allí la proligidad, el abu- so de digresiones, el desleimento, el aparato artificioso en la idea; el estilo terso hasta dar en lamido, y conceptuoso hasta la oscuridad, en la forma, de que ado- lecía; pero resplandecen también la sana moral, el excelente sentido práctico, la fina sátira, la destreza de ejecución, que le eran propios. Que no basta el amor, esto es, la primera materia, para labrar la estatua de la dicha matrimonial; que es menester el arte, arte delicado y esquisito; este es el hermoso tema de la obra, desarrollado con exceso, es verdad, mas con tacto singular y elevada inteligencia. Los tipos, así de primero como de segun- do término, están hábilmente delineados, y á lo mejor un solo trazo de la plu- ma dibuja un carácter, una situación ó un sentimiento. Es, en otro orden, una pequeña obra maestra, un cuadro "de género,,, com- parable, aunque en distinto camino, al Sombrero de tres picos, de Alarcon, el cuento Batalla de sabios (l). Despide cierto tufillo picaresco , á modo de las Novelas ejemplares ó la Vida del Buscón don Pablos, que dá gloria, y lo realzan la novedad y chiste del argumento, juntamente con los atavíos de pura casta española del lenguaje. Cuanto á las otras novelas cortas , como las restantes del tomo y las cuatro que insertó en los años últimos la Ilustración (ó sean La ronda de mi tio. El moralista. La revendedora y El marquesito, que fué la última, y algima otra anterior, que quizás olvido), descubre en ellas la tendencia satírica y correc- tiva, aunque sobradamente exornada con arabescos y hojarascas de lenguaje, contaminado de los desvarios de Góngora. En sus artículos literarios — como las cartas semanales que Cadena y Blas- co, con los pseudónimos trasparentes de C. Adán y Raf, publicaba en el Diario Mercantil por los años del Ó7 y parte del 68 — nótase igual falta, ó para hablar con propiedad, igual exceso. Este fué igualmente el que más dañó á sus críticas dramáticas, que sin el conceptismo (y también sin el pesimismo) hubiéranle dado considerable autoridad literaria. Aun así, era forzoso respetar en ellas la sensatez del juicio, la lógica del ra- (1) También ha tenido dos nombres: el primero fué El mamtscrltú del gran libro. l^J(j REVISTA DE VALENCIA. zonamiento y la mesura de la frase. Pertenecía Cadena á la noble escuela, hoy con muy contados adeptos, en que se azota sin piedad al delito, pero sin llegar ni con el extremo del látigo al delincuente ; al autor podia herirle en lo más vivo su censura , el hombre nunca podia darse por ofendido. Era además Ca- dena firme y constante en su doctrina estética, mezcla de idealismo y clasicis- mo, pero su facultad perceptiva (y á esto alude lo del pesimismo), parecía apre- hender solo el error. De esta suerte pudo un dia no hallar si no tachas en dos tan soberanas beldades del moderno teatro español, como £¿ tanto por ciento y Un drama nuevo. Siendo achaque propio, generalmente, de los que saben juzgar con tino des- de la butaca, no saber acertar en el escenario, una pieza que en su mocedad es- cribió Cadena (me vá por las mientes que tenia por título Gramática parda), fracasó al representarse. Con harto fundamento ha dicho há poco Sarcey. "So- mos los críticos, no en el cuchillo que corta, sino la piedra donde se aguza ese cuchillo.,, Las traducciones de novelas extranjeras que Cadena deja escritas, son mU' chas y excelentes, así por la propiedad de la traducción como por el acierto y buen gusto en la elección de ellas; todas nacieron y murieron en el folletín de el Diario Mercantil. Dumas, Karr, Gozlan, Feval, Marryat, Dikens, Poe y otros maestros de la novela pasaron por allí , y la biblioteca extranjera que Cadena ormó y tradujo, puede apellidarse selecta cual muy pocas. Fué, en resolución, Peregrín García Cadena, literato que nunca corrió por trochas ni veredas, que avanzó reposadamente — deteniéndose á veces un tantico «lemasiado, perdiendo un tantico el tiempo con perfiles otras — por el camino real de las letras. Recta fué su vía y firme su paso; con su pluma, cual con bas- tón herrado, apartó y arrancó cuantas ortigas y parásitas halló por delante. Al caminar entre rosales fijábase más, es cierto, en las espinas que en las flores, pero nunca las arrancó para punzar á otro ellas. Su vista abarcaba extenso ho- rizonte y distinguía muy bien las lontananzas; pero no trocaba la marcha en carrera para llegar más presto. Tropezaba á veces, aunque su pluma le servía de fuerte báculo, pero era porque, distraído en sus imaginaciones , llevaba fijos los ojos en el cielo.... Sirvan, á falta de mejor inscripción, estos desaliñados renglones, de epitafio en la humilde tumba que halló Cadena al fin de su laboriosa jornada, y grá- bensf- alh, si se graban, cual memoria cariñosa al amigo, cual modesto galar- dón al compatricio, cual tributo de respeto al escritor. Luis Alfonsíj. Madrid, ¡Marzo de- 1883. EN EL TEMPLO. A UNA HUÉRFANA. IMITACIÓN DE VÍCTOR HUGO. O te escuché, ¡oh mujer! yo oí el susurro De tu voz en la nave solitaria: La bóveda sombría Con tardo acento el eco repetía De tu doliente férvida plegaria. Y en tanto que altanera Del vicio ó del orgullo La irreverente voz tronaba fuera, La dulce tuya en plácido murmullo Se alzaba á Dios discreta y lastimera. II. "¡Piedad, Señor! tu débil criatura Cruza el desierto inmenso de la vida, Envuelta en noche oscura: Mira mi triste nave sin ventura, De recios vendábales combatida. ¡Piedad, Señor! mi soledad terrible Me amedrenta y me asombra. Sé que es breve esta vida aborrecible; Sé que tú solo fuente inextinguible io8 REVISTA DE VALExMCIA. Eres (le luz, y lo demás es sombra: Lo sé; mas en la sombra impenetrable Buscando voy, cuitada, mi camino; Y sucumbe mi aliento miserable, Como en bosque insondable El del cansado, errante peregrino. Y tiendo la medrosa Mirada en torno mió, Y hondo terror me acosa; Que no encuentro una mano cariñosa Que me aparte del áspero bajío. Nadie viene á mi voz; sola y perdida Cruzo el yermo erial que me circ\nida. Como flor aterida. Como planta infecunda .Sin rocío y sin sol soy en la vida. Señor, en torno mió No sonríe el hogar: cuanto mis ojos Abarcan por doquier, es yermo frió; El rayo que me alumbra está sombrío, Las flores que me cercan son abrojos. Nadie vela mi sueño. De quimeras tristísimas poblado; Despiértame con ceño El alan velador, nunca el amado Beso que dá la madre regalado. Donde quiera que poso Los ojos, miro escombros y ruina; Ni el palacio orgulloso, Ni el nido armonioso, Ni el faro solitario que encamina. Ni el amoroso anhelo Del fraternal cariño (jue enagena, EN EL TEMPLO. ^'^9 Ni el dulce aroma de la dicha agena, Ni la amistad que al alma dá consuelo, Ni el amor entrañable que la llena. Nada tengo, Señor; el orbe entero Ha muerto en torno mió: Vivo en desierto páramo; el reguero De acerbo llanto que en mis ojos brota Era solo tecundo, y ya se agota. ¿Cuál es mi culpa, cual? Pesada carga Arrastro en esta vida, Apuro hiél amarga, Y el mundo que afligida Me vé, de mis dolores no se cuida. Yo hasta partir mi pan con el mendigo. Lo guardo con recelo. Yo muestro á quien me ofende rostro amigo. Yo de todos me duelo. Nadie ¡ay, mísera! á mí me dá consuelo. Jamás irreverente Oí vuestra palabra bienhechora; Jamás el sol poniente Halló erguida mi frente Ni alejada de vos me vio la aurora. Y en cambio el que destila Amarguísimo llanto mi pupila, Riega una inmensa tumba; Si algo toca mi mano, se aniquila; Si en algo busco apoyo, se derrumba. No hay rayos de bonanza En el turbio horizonte Que mi mirada alcanza; Nieblas cubren el manto. Nieblas también el sol de mi esperanza. lio REVISTA DE VALENCIA. ¡Piedad, Señor! Sin rumbo y sin consuelo Llevo la errante huella Por el desierto suelo: No hay para mí en tu cielo Ni manto azul ni venturosa estrella. Dicen, Señor, que hay copas de rocío Para el alma transida Que vive en yermo frió: Sostenedme, ¡oh mi Dios! que voy perdida Y todo se desquicia en torno mio!„ III. Calló tu voz; lo bóveda sonora Recogió con amor el postrer eco, Y en alas del ambiente su murmullo Vagó por las tinieblas un momento. Calló tu voz; sollozos de amargura Agitaron la nieve de tu seno Nutrido en hiél, tus manos enlazadas Con infinita angustia le oprimieron. En el gótico altar, velado en sombras, Se elevaron tus ojos con anhelo, Y sin luz, una sombra, una mirada Buscaron con afán... Quizá la vieron. Sí, yo sé que un altar tiene palabras Para el que vive en aflicción; por eso Al hablarte mi voz, fué tan discreta Que no turbó en la bóveda los ecos. IV. "Oye, afligida hermosa, así en tu seno Renazca la ventura. No anegues más tu pálida mejilla En llanto de amargura. EN EL TEMPLO. 111 ;Qué importa que este valle miserable De espinas y de abrojos No depare al cansado peregrino Ni sombra ni reposo? ¿Qué importa que entre escombros y ruinas Lleves la errante huella, Si el alma pura que en tu cárcel mora Se ha de cerner sobre ellas? Se tú como el pintado paj arillo Que posa en frágil rama; La vé doblarse y trina sin zozobra, Porque fia en las alas. Peregrin García Cadena. LA OLIVERA DE VALENCIA. UNA NOTA PARA "EL QUIJOTE., N l833 publicó la casa editorial de D. E. Aguado, impresor de Cá- mara de S. M., una délas muchas ediciones que en este siglo se han ^^^j hecho, de la obra inmortal titulada El i?igenioso hidalgo D. Quijote de la Mancha, compuesto por Miguel de Cervantes Saavedra. Esta edición fué di- rigida y anotada por D. Diego Clemencin, quien tomó tan ímprobo trabajo poco antes de morir. Consta de seis tomos, y en el primero, á la página 48, en ocasión en que el socarrón del ventero contaba sus truhanescas proezas á D. Quijote, pre- sentándolas como aventuras de caballero andante, Jionroso ejercicio á que él se habia dado en los años de su mocedad, se lo trató de probar, diciendo que para ello no dejó los percheles de Málaga, Islas de Riarán, campos de Sevilla, Azo- guejo de Segovia, la Olivera de Valencia, Rondilla de Granada, Playa de San Lucar, Potro de Córdoba y las ventillas de Toledo. Quiso el picaro del ventero manilestar á su extraño huésped que estuvo en todas esas y otras partes, no porque fuesen lugares de moralidad, sino porque '•'en todas ellas se ejercitaba la lijerer:a de los pies y sutileza de las manos, Jiabiendo hecho muchos hurtos, recuestando muchas viudas, deshaciendo algunas doncellas y engañando á algu- nos pupilos, por lo cual se dio á conocer por cuantas Audiencias y. Tribunales hay casi en toda España.,, Al pié del texto, en la edición citada, donde se nombra la Olivera de Valencia, hay una nota que dice así: ""Olivera de Valencia. Hace medio siglo, que junto á la parroquia de S. Miguel de Valencia, habia un olivo antiguo, en un sitio despejado y espacioso, que hoy ocupan algunas casas y la plazuela de la Olivereta. Los callejones tortuosos de alrededor, entre ellos el llamado del Bochi ó del Verdugo, y el de Malcui- nat o Malguisado, eran albergue de mala gente y lupanares que frecuentemente daban que hacer á la justicia. Según las notas que D. Casiano Pellicer reco- gió en la parte segunda del Histrionismo, parece que hubo en la Olivera corral de comedias á mediados del siglo XVIÍ. liácese mención del mismo sitio en LA OI.IVKRA DE VALENCIA. Uo la comedia El bobo del Colegio, escrita por Lope de Vega, donde el lacayo de Garcerán, que habia venido con su amo de Valencia á Salamanca, dice; ¡Ay Valencia de mis ojos! ¡Ay plaza de la Olivera! ¡Quién por el aire te viera Para templar sus enojos!,, Hasta aquí la nota, que dio al Sr. Clemencin indudablemente persona que de buena fé creyó que lo mismo era plaza de la Olivereta que plar:a de la Oli- vera, sin pararse á pensar, que en el siglo XVII, como dice, el barrio donde está la parroquia de S. Miguel no solo no tenia, para el objeto á que se refiere el ventero, la fama y celebridad que necesitaba, y le debia dar el concurso de los truhanes y picaros de la tierra y extranjeros, sino que tampoco consta que en tiempo alguno haya habido por la Villamieva (que así era aquel sitio conoci- do) teatro moderno, ni aun corral de comedias en lo antiguo, como quiere apoyar, citando inoportunamente á D. Casiano Pellicer. También se ocupó de este asunto mi inolvidable maestro y amigo D. Vi- cente Boix (l) cuando al hablar de las antigüedades del convento de S, An- tonio, abad, situado en la calle de Murviedro, dice; "A propósito de estas antigüedades, cumple hacer observar, que nuestro in- mortal Cervantes menciona con la frase de la Olivera de Valeficia, como otro de los puntos que pudiera haber recorrido su famoso ventero. Queda entre nosotros un dicho, que también se ha anticuado, según el cual se preguntaban la gente sen- cilla, si habia ido á rodar la olivera. Para inteligencia, pues, de esta frase y de la cita de Cervantes, conviene saber que delante de la portería del citado conven- to de San Antonio, pero en la parte interior del claustro, existió por mucho tiem- po un viejo olivo (olivera, en valenciano). A este punto acudían desde tiempo inmemorial todos los que adquirían caballerías nuevas, el día 17 de Enero, dando diferentes vueltas alrededor del árbol secular. Concluidas las vueltas, adornaba cada uno su caballería con un ramo del mismo olivo , volviendo así alegres á sus casas, persuadidos de que la cabalgadura no sufriría enfer- medad ni daño alguno. Cesó esta costumbre cuando en 1737 se arrancó el olivo histórico; pero conservándose esta frase, referente á una persona muy estúpida, llastima es que no la porten á rodar la olivera. ^^ El Sr. Marqués de Cruilles, en su preciosa obra Guia de Valencia (2), tra- ta de la célebre Mancebía de esta ciudad', y describe el sitio y propiedades del famoso Lupanar, creyendo también que Cervantes, al escribir el Quijote, "se refiere al Partit en uno de los pasajes del ingenioso Hidalgo.,, No dice dónde estaba la olivera en que se ejercitó el ventero; pero evidentemente debe alu- dir á este pasaje, cuando al tratar del Partit, recuerda la socarronería del que, (1) Valencia histórica y topográfica, tomo Ii, paginas 48 y 49. (2 Tomo II, página 239 y siguientes 11^ REVISTA DE VALENCIA. "para acreditarse de práctico en las cosas de la caballería andante, citaba sus visitas y estancias en los puntos más inmorales y picarescos de España.,, Ni el que dio la nota al Sr. Cleinencin, que al parecer pensaba como el Sr. Cruilles, ni el Sr. Boix, que cree estuviese la célebre olivera en los extra- muros de Valencia^ conocían los antecedentes del asunto, y por esto creyeron en una cosa verosímil, pero no probable. En la época en que Cervantes escribió el Quijote, ni el oliv^o de San Antonio existida, donde por otra parte no iban los picaros y socarrones, como el ventero, sino los sencillos ó estúpidos, como afir- ma el Sr. Boix en su citada obra, ni la indicada plaza de la Olivereta de San Miguel tenia importancia, ni podia dársela el Lupanar del Partit, que habia exis- tido, aunque no existia ya, á las inmediaciones de aquella plaza, pero no pegado ni aun contiguo á los callejones tortuosos de alrededor, llamados del Bochi y Malcuinat. Ni menos es indicio suficiente para afirmarlo la significación de es- tas calles, que al fin tampoco puede en rigor traducirse por. "Malguisado,, el nombre de "Malcuinat.,, Otras acepciones tiene este vocablo valenciano, que el uso ha desviado de los guisos de cocina, para darlos á los malos hechos mo- rales. Solo el Sr. D. Luis Lamarca, en su opúsculo El Teatro de Valencia desde su origen hasta fiuestros dias, folleto de 48 páginas de texto y 3o de notas, impreso por J. Ferrerde Orga en 1840, reconoce el punto en que estuvo '7« Olivera de Valencia que tanta celebridad tenia en tiempo de Cervantes como punto á donde coficurria toda gente traviesa y maban^e.^^ Y anota el error de la persona á quien Clemencin pidió noticia (l). Tenia yo tomados algunos apuntes sobre la célebre Olivera de Valencia desde que, sirviendo en el Hospital general, tuve ocasión de ver y examinar la historia de este lugar con el detenimiento que permiten veintidós años de servicio en su Secretaría y Archivo; pero los adherí á mi edición de Aguado, y allí hubieran estado para conocimiento de las generaciones venideras, si el Excmo. Sr. D. Juan Eugenio Hartzenbusch no se hubiese propuesto en l86ó, como los Sres. Gaspar y Roig en 18Ó4, publicar una edición con notas de la célebre obra de Cervantes. A estos señores di algunos apuntes para la rectifi- cación; pero Gaspar y Roig no pudo incluir mi nota, según me escribió, por haber llegado tarde; y aunque el Sr. Hartzenbusch, en carta de 12 de Enero de 1 866, me prometió que la incluirla en la edición monumental que la Real Aca- demia Española preparaba, dudo que llegase á tiempo, ó tal vez sufriese extravío, puesto que en el facsímile del Quijote ó edición fotográfica de 1605, que D. Francisco López Fabra publicó en Barcelona en 1874, á la cual acom- paña un tomo aparte con 1.633 notas del Excmo. Sr. D. Juan Eugenio Hart- '\) Lamarca.— Obra cit. pág. 22 y nota 22. LA OLIVERA DE VALENCIA. 11 = zenbusch, no dice nada de la Olivera de Valencia. Al aclarar algunos puntos, en el pasaje del ventero, no explica ninguno de los parajes donde estuvo: solo á la página 17 de dicho libro de notas, hay una que lleva el número 72, con referencia al folio 7, segundo, vuelto, de la edición del Quijote, línea 7-'*5 referen- te al nombre "Riaran de las Islas,, ó sea Islas de Riaran, como dice el texto. Ya, pues, que la competente Revista de Valencia me proporciona sitio para consignar esta noticia, como rectificación al dicho adoptado por el señor Clemencin, y precisamente en ocasión en que veo que la Real Academia Es- pañola se está ocupando del índice de las notas de aquel señor, propuesto por Mr. Ch. Bradford (l), creo oportuno escribir sobre ello, para que no tenga va^ lor la nota estampada en la edición de i833, y pueda enmendarse en las suce- sivas, si las razones de mi desaliñado escrito merecen la autoridad que la in- significancia de mi persona de ninguna manera le puede dar. La célebre Mancebía de Valencia, conocida por "el Partit,,, constituía (2) una Puebla, separada de la ciudad, denominada del partido, ó de las mujeres del partido, y comprendía todo el territorio, que se llamó la Pobla, y después Pobla Vella. Su situación (3) era en sus principios lo que ahora es la manza- na 203, que comprende la acera izquierda de la calle del Portal Nuevo, y la línea de muralla (hoy derribada), que hacia frente al rio Túria, mirando al barrio de Marchalenes, hasta la actual casa de Beneficencia; por manera que termina- ba en la calle de la Corona ó deis lints majors, bajando desde la muralla que limitaba la citada casa de Beneficencia hasta la plaza de Mosen-Sorell. De aquí se deduce, que este recinto, que además estaba cerrado de pared (4) no influirla por las costumbres y vida de sus habitantes en la de los que ocupa- ban la plaza de la Olivereta, bastante lejos del Partit. Y que este no tenia los elementos que el ventero irónicamente ponderaba á D. Quijote para hacerle ver que entendía del asunto, sirviendo solo para la separación y reclu- sión de las meretrices públicas ó aiiols fembres, como las distinguía el Consejo de la ciudad en el tiempo de su apojeo, lo indica la severidad y el rigor de la policía municipal, que tanto admiró al caballero Antonio de Lalaing, Conde de Hoogstraten (5), al observar una horca preparada á la entrada para casti- gar al que maltratase á las mujeres del Partido, ya que este era objeto de un arreglo previamente convenido, mediante la intervención del Rey Arlot (ó). Pero debe tenerse presente, que esta era la situación y la nomenclatura (1) Sesión de la Real Academia Española de 25 de Enero de 1883. (2) Boix, Val.» hist.» y topog. tomo II., pág. 75. — Carboneres, "Nomenclátor de Valencia.,, (3) Cruilles, Guia de Valencia, 239 y siguientes, tomo ll. (4) Cruilles, Guia de Valencia, pág, 243, tomo II, (5) Cruilles, Guia de Valencia, tomo II, página. 243. (6) Boix, Val. 3 histórica, loe. cit. Il6 REVISTA DE VALENCIA. en el tiempo de la decadencia; pues su apojeo, cuando era el célebre Bordell ó Pobla de les aiiols fembres, data de los principios del siglo XV. Si muchas historias han llegado á hacerse dudosas, por lo fantásticas, cuan- do se hallaba el Partit en su apojeo (l), debian ser increíbles más adelante cuando el famoso Lupanar habia perdido su importancia y desaparecido su celebridad. Bien entrado ya el siglo XV, apenas se nombra el Partit como centro de la prostitución, autorizada y oficialmente reglamentada. Habia, es verdad, al- gunas mujeres en aquel sitio, que se dedicaban al tráfico inmoral, pero eran en número insignificante; y si estaban y permanecían allí, atribuyase más á que poseían la propiedad de las casitas, que por comer del tráfico. El justicia criminal se cuidaba ya poco de la policía, y la organización antigua había des- aparecido. En cambio, en una gran parte del territorio que antes habia sido de la Mancebía, se hallaban establecidas las religiosas agustínas de S. José, que después en 15Ó3 se trasladaron á lo que hasta 1869 ^^ sido convento de Santa Tecla, en la calle del Mar (2). Y no por esto se abandonó á la prostitución otra vez aquel sitio, sino (jue inmediatamente, por donación de los ilustres Sres. D. Jerónimo Ferrer y Doña Angela de Borja, consortes, pasó á los reli- giosos recoletos de San Francisco, quienes lo ocuparon hasta la exclaustración en l83ó. Desde entonces acá se halla destinado á casa de Beneficencia. Por otra parte, el Municipio de Valencia, deseoso de contribuir al embelle- cimiento de la ciudad por aquellos barrios, al mismo tiempo que de ir limpian- do el local que abarcaba el lugar conocido por el Partit, mandaba construir en 1514 las torres de la puerta de San José, abriéndose esta (3). Y como tales mejoras daban otro aspecto á la Pobla vella, los religiosos del Carmen en 150 compraban ya á las que antes habían sido prostitutas, las casitas y terre- no del Partit, antiguo asilo y teatro de las mujeres mundanas, así como los particulares y algún gremio adquirieron antes y después todo lo que constituía el cercado de la antes celebrada Mancebía. Esto, las persecuciones, la conti- nua predicación evangélica, y sobre todo el aumento de la civilización y pobla- ción de Valencia, que se corría hacía el Sudeste de la ciudad, destruyeron por completo el foco de prostitución, conocido por el Partit, tanto, que según asegu- ra el Sr. Boix, en 1596 "ya no existía realmente el Lupanar,, (4). Si, pues, el Partit ya no tenia importancia, ni existia realmente en 1596, mucho menos debia tenerla la plaza de la Olivereta de San Miguel, ya que, su (i) Cruilles, obra y loic. cit. (2) Boix, Val.» hist.' t. n, p.ig.a 230. (3) Archivo municipal.— Manual de Conssclls. (4) Boix, Val.» hist.', toui. u, pá-. 77. LA OLIVERA L»E VALENCIA. 11" celebridad pudiera adjudicársele, no era suya ciertamente, sino por la proximidad á la Mancebía. Tampoco le dá fuerza el que al lado se halle una callejuela que se llame ahora de Malcuinat (l) y que no consta se nombrase así á fines del siglo XVI ó principios del XVII, en que Cervantes escribió el Quijote. Además de que, la traducción genuina de "malcuinat,, no es "malguisado,, según el se- ñor Boix (2) y otros autores, sino la comisión de una insigne torpeza. Y si esta circunstancia fuese bastante para que la calle de "Mal-cuinat„ diese celebridad á la plaza de la Olivereta de S. Miguel, ¿qué grado de horror no le daria la calle del ^''Infern,, ó Infierno, al barrio déla verdadera Olivera de Valencia? ¿Por qué no habia de apoyar la significación al tr¿íficoy objeto de las calles inmediatas, la que con nombre algo más deshonesto fué derribada por los franceses en 1811, junto á calle del Vercher, inmediata al sitio donde efectivamente estaba la Olivera de Valencia? Si el anónimo que dio al Sr. Clemencin los datos para la nota, hubiera parado un poco la imaginación, se hibria convencido de que D. Casiano Pellicer, al decir en su historia del "Histrionismo,, que hubo en la Olivera corral de co- medias á mediados del siglo XVII, no se referia á la Olivereta de San Miguel, sino á otro punto muy distante de allí. Y esto lo prueba el que, á la fecha en que coloca el Sr. Pellicer su historia de los corrales de comedias, en Valencia no habia más que uno, y este en un sitio bien conocido, y aun ese debatido y siempre combatido (3). La plazuela de la Olivereta, entonces menos que ahora, no tenia importancia: la población morisca, dedicada al cultivo de los campos que generalmente habitaba aquellos barrios, era bastante fanática, y por ello poco ó nada aficionada á tales diversiones; y los pocos cristianos que por allí habia, dedicados al tinte de lanas y tejido de mantas, eran demasiado pobres y muy ocupados, para sostener á los faranduleros, saltimbanquis y maquinistas que de pueblo en pueblo iban representando farsas y haciendo piruetas para sacar el dinero groseramente (4). Y en cuanto á lo del Botgí, es de advertir que no se refiere al personaje que ejecuta las sentencias délos tribunales, sino á un depen- diente del gremio de pelaires que se le llamaba por este nombre (5J. (1) Dudamos ^ue cuando se escribió el Quijote se llamara así. En el mapa ó plano original de Valencia, que alzó el P. D. V. T. Tosca, y existe original en el Archivo del Ayuntamiento, está marcada esta calle, pero no dice que se llame de Malcuinat, ni le dá otro nombre que por malso- nante apóyela afirmación del Sr. Clemencin. (2) Boix, Val.* topogr., tom. ll, pág. 7. (3) Archivos municipal y del Hospl. Gral. — Anteceds. del Teatro. (4) La Iglesia de San Miguel fué convertida en mezquita, á consecuencia del asalto de las Cal- dererías dado á los moros por los agermanados en 29 de Setiembre de 1521. — Escolano, historia de la ciudad y reino de Valencia, libro lO, capítulo 18, década I.% parte 2." (.")) Tradición del üremio y oficio de pelaires de Valencia. 1|3 REVISTA DE VALENCÍA. III. A fines del siglo XVI y principios del XVII, la prostitución, no autorizada como la del antiguo Partit, pero sí clandestina y acompañada de todos los vicios y de toda inmoralidad, tenia ocupados los barrios del Sudeste de Valencia, especialmente los más pegados á la casa de las Armas y los Estudios (l). No fué esto un nuevo establecimiento por la dispersión de las fuerzas que soste- nian el ya suprimido Partit, porque antes que este cobras? toda su celebridad, en el siglo XIV los religiosos de Santo Domingo, cuyo claustro es público, exis- tia donde ahora se halla la Capitanía general, ya pidieron la expulsión de las meretrices que habitaban casas próximas á su convento (2). Consta, además, que el titulado "Bordellet deis Negres,, existia en 1559, como existe aun hoy y en el mismo punto á las espaldas de la Universidad literaria, entre esta y el Colegio de Santo Tomás de Villanueva (3). El Consejo general se ocupaba en 1564 de tapiar un callejón que iba de la calle de Pobres Estudiantes, hoy de Sal- va, á la de Rubiols, con objeto de evitar escándalos, pues se hace^i muchos robos y 7nuc]ias tacañerías por mujeres erradas y hombres de mala vida (4). La topografía de las casas números 1 y 3 de aquella calle, aún dejan ver este tor- tuoso callejón (5), como se deja ver el titulado Trinquet del Trabiiqiiet, en la misma calle, que desde la de la Nave, por dentro de la actual Universidad, iba a la calle de la Soledad. (1) La casa de las Armas estaba cerca de la actual cindadela, próxima al muro de' los judíos. Y hay que advertir, que el justicia y jurados de Valencia, en sus decisiones, distinguen muy bien la prostitución autorizada y pública de la oculta "en los bons carrers.„ Ala primera, contenida en el antiguo Partit, llamaban "Bordell de les auols fembres,„ y á las segundas "Fembres pecadrius., (2) Cruilles, ob. cit. (3) Boix, Val." hist.», pág. 127. (4) Actas del Arh." municipal de 1564. (5) Quien haya estudiado la topografía de Valencia, su estado social y sus costumbres en los siglos XV al XVII, observará que mientras en la parte Oeste y Norte de la ciudad, comprendida en el triángulo que forman los tres vértices de las puertas de Serranos, Cuarte y San Vicente, teniendo por hipotenusa las calles de San Vicente, Zaragoza y Serranos, habia muchas posadas, equivalentes entonces á nuestras modernas fondas, destinadas al tráfico patriarcal y pastoril; en el resto de la po- blación que quedaba al Este y Sur, ó sea á la parte del mar, apenas habia posadas, y solo se verá que en 1462 habia una en la calle de la Nave, inmediata al Estudio general, que no consta exis- tiese ya en 1500. En cambio, aquí todo eran casas de juego, tabernas, asilos de prostitución y que- da, albergues de zambra y establecimientos donde el vicio, la corrupción, el ocio, la trampa y la alcahuetería tenían asiento, como señales de lo que se ha dado en llamar "civilización,, por el ma- yor grado de vida y actividad que se ota en la marcha de las poblaciones. El justicia, jurados y Bob.erno municipal de Valencia en el siglo XV y XVI, se ocupan continuamente de los n.alesy es- cándalos que en esta parte de la ciudad se observan, mientras de la parte llamada de las Torres» l.nfes y Serranos apenas se halla deliberación alguna que trate de estas cosas, LA OLIVERA DE VALENCU. Del estudio de este asunto en la época citada, se deduce que la prostitución dispersa y desorganizada del Este, aunque servida por la alcahuetería, no podia de ninguna manera compararse con !a reclusa, autorizada y organizada del Nor- deste de Valencia. Esta, reclusa y cerrada en un punto fijo y custodiado, tenia siempre sobre sí levantada la mano del municipio y del justicia criminal: aher^ rojada por las costumbres, disposiciones forales y acuerdos del Consejo; vitupe- rada por los ministros del Altar, y execrada por el vulgo piadoso á causa de los males y castigos del cielo que se achacaban á la misma institución. Por el contrario, la prostitución dispersa y desorganizada del Este, vivia eludiendo todo compromiso, porque no se ostentaba como tal, sino que se ocultaba en las casas de juego, que entonces eran muchas, en las tabernas y puntos de reuniones pro- fanas, y allá donde acudían de ordinario los estudiantes duros y pendencieros, los tahúres, los pigres de todas las profesiones, los marinos de huelga, los bra- vos de los tercios de Italia y Flandes; y como entretenimiento de todos estos vagos, los faranduleros y tropa de comediantes, saltimbanquis y titiriteros de baja estofa, y los vagamundos y charlatanes que son entretenimiento y solaz del bajo vulgo (l). El centro ó punto que más fama adquirió como teatro continuo de las fechorías y acciones truanescas de gente tan heterogénea y advenediza, fueron unas casas que había en el Valí cubert de la Olivera (2), precisamente en el sitio en que hoy está la manzana 67, en el barrio 5.° del distrito del Mar, no obstante que la fama y el negocio hizo irradiar los establecimientos de esta especie hacia las calles que, desde la conocida ahora por calle de Comedias (que érala del Valí cubert de la Olivera), corren hasta la de Bonaire ó más allá. En una de las casas de la expresada manzana había un olivo secular, que servia de sombra á un gran corral, y allí acudía mucha más gente que á los demás establecimientos, haciéndose por sus continuas pendencias, por la clase de fechorías que se cometían y por los escándalos, robos y supercherías que se observaban, famosa hasta el punto de dar nombre al barrio, y aun de correr entre (1) Para comprender bien el estado moral de Valencia, relativamente el asunto que nos ocupa, en las dos épocas antiguas y media, ó sea en los siglos XIV y XV primero , y los dos siguientes después, es preciso conocer la clase ó fuerza de la prostitución en ambas. La del Partit era, como organizada, absoluta y circunscrita al vicio allí constituido; pero la que podemos decir de la Olive- ra no era tal prostitución, porque se hallaba subordinada y como dependiente del crimen. Allí se buscaba la satisfacción propia más ó menos desenfrenadamente: aquí se fraguaban los planes, para el daño ageno, en medio de groseras bacanales, á que asistía todo el acompañamiento de los vicios, uno de los cuales era la prostitución, como lo eran el juego, el vino, la zambra y el embrutecimien- to. Era la trampa como i-eina, rodeada de una corte constituida por todos los vicios. El freno del justicia crimina], que bastó para contener las demasías del Partit, fué ineficaz para poner remedio á los escándalos y desafueros de los barrios de la Olivera. (2) Hoy calle ó plaza de Comedias, antiuuamente del Balancer ó Valí cubert, y en su día de San José, cuyo título parece duró poco. jO() REVISTA DE VALENCIA. los picaros de toda España como título honroso para acreditarse de gente cru- da valiente, descreída y desvergonzada. Quien buscara sicarios, en la Olivera ios hallaba: quien necesitaba compañía á prueba de golpes y mandobles, entre la crente brava de la Olivera tenia donde escoger: aquel que necesitaba perjurios, {') no se hallaba con bríos para hacer un escalamiento y rapto, con vino y con dinero, tenia en la hampa de la Olivera quien desempeñase tan innobles pape- les: allí estaba y allí se reunia la escoria de Valencia, los desalmados de todas partes y los extranjeros (l) que venian en busca de escuela de inmoralidd ó tal vez acudían á enseñar algún capítulo de su libro, que aquí aun se ignoraba. En las casas de la Olivera, generalmente, habia establecidas tabernas y bo- degones, y en los deslunados de las mismas juegos de dados, de bolos y bocha V otros de diferentes clases. En esos deslunados, que solian ser capaces (2). se establecieron después los comediantes de la legua, y sobre la base de estos, más adelante, se fundó el Corral de Comedias, no sin que á la vez pusiesen sus toldillas y sus máquinas los faranduleros y embaucadores de toda especie. A fines del siglo XVI, la Olivera de Valencia gozaba del apogeo de su fama: la vida picaresca de esta ciudad iba buscando el puerto, donde diariamente embarcaban y desembarcaban los tercios de Ñapóles, país agitado entonces por el fraile Campanella; y como acompañamiento de aquella gente brava, que vivia para pegar y moria recibiendo mandobles, sin que conociese otro oficio, la gente de mar, los grumetes y pinches, una turba de pillos y desarrapados, que iban en- trando en carrera para hacer otro tanto, así que la edad les permitiese sostener una pica ó disparar un mosquete. Como academias para aprender á ser bravos y duros, no tenian más que la vida incómoda de los campamentos, ó la ociosa, y á la vez peligrosa de las tabernas, garitos y lupanares. El vino, el juego, el ocio y las mujeres. IV. A la sazón, el Hospital general de Valencia tenia pocas rentas y muchas atenciones: era, como en la nomenclatura de la beneficencia pública de aquella época se llamaba, Urbis et Orbis, esto es. Hospital de la ciudad y de todo el mun- do. Para íitendcr á tantas necesidades no bastaba la innagotable caridad de los (1) hn aquella época se tenian por extranjeros todos los que no pertenecían al territorio de la Corona de Aragón, y aún liubo vez que se calificaron como extranjeros los aragoneses y los ca- l.ilanes. (2) ^ Si se estudia con atención la topografía de estos parajes, y se tiene en cuenta que en el siglo XV y parte del XVI las dos manzanas 67 y 62 formaban una, sin la intermisión de la calle del Vestuario, que se abrió después cuando el Hospital general ensanchó el Teatro, se verá que las cnsas teman ..,-nn.|« corrales ó deslunados, parte de los cuales aún existen. Í,.V iJMVKUA 1)K VAI.KNCIA. 121 valencianos, ni las pensiones y consignaciones de la mitra y del clero, ni las sub- venciones de su patrón el Municipio, ni las cuestaciones incesantes de sus her- manos postulantes, que recorrían con fé todo el reino de Valencia, para recoger en dinero y en frutos lo que la caridad de nuestros regnícolas jamás negó para la Casa de iots. Era preciso buscar arbitrios, y entre otros, disfrutaba de las subvenciones del juego y de las diversiones. Para ello tenia en un punto deno- minado els Santets {\) unas casas donde se jugaba á bolos y bocha, bajo cuyo título se arrendaba, aunque con este pretexto se jugaba á otros muchos juegos, y era por ello el punto de reunión de gente vaga, tanto más, cuanto que inme- diato estaba el Trinquete de los Caballeros. De esta industria pasó luego á establecer el Hospital en el mismo punto Corral de Comedias, pero tan pequeño y de tan malas condiciones, como puede creerse en un paraje nada á propósito para ello. A mediados del siglo XVII, los PP. Congregantes de San Felipe Neri com- praron el solar que ocupaba el Trinquete de los Caballeros, las casas donde el Hospital tenia los juegos de bolos y bocha, ais Santets, y otros edificios para edificar, como realmente edificaron el convento, cuya iglesia aun existe, dedica- da á parroquia de Santo Tomás, apóstol. Pero medio siglo antes, el piadoso establecimiento, previsor por necesidad, habia comprado de Juan Gerónimo Víctor, notario, y Sebastiana Paula Fuster, consortes, una casa con cinco puertas, situada en la parroquia de San Esteban, calle del Balancer, que después se nombró del Valí aibert de la Olivera, y posteriormente y ahora calle de Co- medias (2), según consta por escritura que autorizó el notario Luis Baldó en 2ó de Febrero de 1583 (3), pagando los administradores del Hospital por su (1) Ocupaba la calle donde estaba el punto conocido por els Saníels, lo que ahora es parte de la Iglesia de la Congregación y parte la plaza inmediata á la fuente. — Boix, Valencia histórica y topogr.% tom. II, pág. 163. (2) Decimos calle ó plaza de Comedias, porque no es más que calle, y asi se ha reconocido casi siempre por el Ayuntamiento y por la Junta de Murs y Valls, y después el tribunal de po- licía urbana. Ya en tiempo de D.Francisco de la Torre (según Boi.x, Val.^ hist. y top., tom. II, pá- gina 61', decía este poeta; En la plaza no capaz De la Olivera, percibo Que siempre faltó el olivo Porque faltaba la paz ¡Cuál seria el estado moral de este sitio, cuando siempre faltaba la paz! D. Francisco de la Torre Sebil nació en Tortosa en 25 de Mayo de 1625; por consiguiente cuando pudo escribir estos versos, refiriéndose á la pequeña plaza de la Olivera, y que podemos creer fuese á los 25 años, en que consta estaba en Valencia, aun no se habia borrado la mala fama de aquellos sitios, quizá porque aunque se convirtió el paraje de la Olivera en teatro, las casas y barrios inmediatos continuaron cobijando todo lo malo y perdido de la gente de la ciudad y de fuera. '3) Archivo del Hospital general, — Títulos de casas y antecedentes de la Casa de Comedias. j^22 REVISTA DE VALENCIA. convenido precio de 11.000 sueldos, que representaban 550 libras valencianas, equivalentes á 8.282 reales 36 céntimos, osean 2. 070 pesetas 59 céntimos. En esta casa, que es la misma que hoy lleva el núm. 27 de la manzana 67, y hace esquina al callejoncito sin nombre (l)que guia á las calles del Vestuario y de la Nave se estableció interinamente el Corral de Comedias por cuenta del Hospital, l^atrocinado por el Ayuntamiento de Valencia. Al calor de estas fiestas, y por efecto de la vida errante y nómada que entonces llevaban los comediantes y faranduleros, creció más y más la concurrencia á la Olivera, que se hallaba al lado del Corral de Comedias; con cuyo motivo, el negocio para el Hospital se hizo más lucrativo. Esto hizo pensar á los Administradores del piadoso estable- cimiento, que seria bueno fundar sobre esta base la futura especulación de las comedias, por más que la oposición de cierta clase estuviese muy en contra de estos espectáculos. Así es, que en 1597 se comenzó la ^"fabrica y obra nova de la casa de les farses déla Olivera,^ (2) para lo cual, en provisión de 3l de Enero de dicho año, nombraron sobrestante á Francisco Miguel Ortiz, con salario de 5 sueldos diarios, que eran 3 reales 78 céntimos. No hubo de ser edificante la conducta délos farsantes y faranduleros, que desde luego acudían al empezado teatro y á la Olivera, cuando aparece que todos los dias habia reclamaciones y exci- taciones por parte de la autoridad eclesiástica, siempre sin resultado, por la uti- lidad que de ello resultaba para la santa casa (3). Creció, pues, la edificación, y se necesitó darle tanto ensanche por la afición que se despertó en el público, que los administradores del Hospital se decidie- ron á adquirir toda la manzana que hoy lleva el núm. 67. Conviene dejar sentado, para la buena inteligencia de la topografía, como antes se ha notado, que el territorio que en el dia ocupa la citada manzana 67 formaba parte de la ijue ahora lleva el núm. 62, desde donde concluía la del 68; pues consta que entre esta y la del 62, desde donde concluia la casa que hoy tiene el núme- ro 27 hasta la calle de la Nave, habia solo un pedazo de calle, formando ángulo recto, tjue aún existe, como continuación de la calle del Vestuario, y que en- tonces se titulaba calle de Estarlich. La segunda compra que hicieron con este objeto, fué la de la casa de la célebre Olivera, que es la que en el dia tiene el núm. 23, propia hoy de don Manuel Mayo, y hace, como entonces también hacía, esquina á la calle del Tri- qiiet de Na Segarra, que después se llamó de la Tertulia, nombre que aún (1) Este callejoncito, que como decimos, no tiene nombre, debía llamarse de Estarlich, porque este es el nombre que tenia antes de edificarse el teatro de que nos ocupamos. (2) Archivo del Hospital general. — Lios del Teatro antiguo. (3 Id. id. LA OLIVERA DE VALENCIA. ^23 conserva, porque por allí se subia á la localidad así conocida en los teatros. Esta casa y el huerto donde estaba la famosa Olivera, pertenecían á Pedro Pa- blo Noguera, alguacil (l), quien la vendió al Hospital, mediante escritura que autorizó el notario Gaspar Palavicino, en 26 de Mayo de 1617, constando que la finca tenia tres puertas, recayentes á la calle del Triqíiet de Na Segarra (Tertulia), y otra puerta que daba al huerto, á la parte de la calle del Balancer después Valí cubert de la Olivera, y últimamente calle ó plaza de Comedias Consta también, que esta casa y corral ó huerto de la Olivera estaban separados de las del lado Sur, que próximamente ocupaban el sitio sobre que hoy está edificada la casa núm. 25, de la manzana 67, en la dicha calle de Comedias por un estrecho callejón, formando ángulo, en cuyo callejón se habian visto horrores y asesinatos muchas veces, y diariamente batallas, corridas, gritos é imprecaciones. Costó al Hospital la casa de la célebre Olivera 1.020 libras equi- valentes á 15.360 reales, que son 8.840 pesetas, de gran monta en aquella época, y que dá á entender el mucho aprecio en que se tenia el establecimiento que iba á ser derruido (2). Continuó, no obstante, lucrando el Hospital en la Casa de la Olivera, mientras no pudo adquirir las dos casas que le separaban de la compra primitiva; pero llovian diariamente las reclamaciones de la autoridad eclesiástica, por los escándalos y desafueros, hasta el punto de amenazar á los Administradores con negarles el auxilio que el clero prestaba al estableci- miento (3). Entonces fué cuando el Hospital se esforzó por adquirir las dos casas que le faltaban, y lo logró, comprando á Francisca Vicent, consorte de Gaspar Fus- ter, una casa con una puerta en la calle del Balancer (después Valí cubert de la Olivera y últimamente de Comedias), y otra puerta en la calle del Triqjiet de Na Segarra (Tertulia), según escritura que autorizó el notario Gaspar Palavi- cino en 10 de Mayo de 161 8, por precio de loo libras valencianas, que eran 1.505 rs. 90 cents., equivalentes á 376 pesetas 47 cents. Y á Juan de Orellana, billutero, y Luisa Asensio, consortes, les compraron la última en 24 de Di- ciembre de 1619, mediante escritura que se otorgó ante el mismo notario Pa- lavicino, constando que era una casa con tres puertas en la calle del Balancer (Comedias), por precio de 500 libras valencianas, ó sean 7.529 rs. 42 cents., equivalentes á I.882 pesetas 35 cents. Ya dueño el Hospital general de todo aquel local, separó los corrales ó ('1) Recordamos haber oído decir en nuestra niñez, á personas ya entonces ancianas, cuando veian un joven demacrado por excesos venéreos. "A ciste pareix que 1' hatja c el alguacil Noguera. „ (2) Archivo del Hospital, — Títulos de casas, entre los cuales he visto los croquis de la Olivera. (3) Archivo del Hospital.— Deliberaciones, XM REVISTA DE VALENCIA. desluiiados de la manzana 62, abriendo una calle, continuación de la de Es- tarlich, que toda se denominó del Vestuario, como aún en el dia se le nombra, y se dio prisa á construir lo que faltaba de la "Casa de les farses de la Olive- ra,,, en términos que en 1620 se dio por concluida (í). Disfrutó el Hospital de las utilidades del nuevo teatro, hasta que á princi- pios de 1748, con motivo de un incendio que ocurrió en él, S. M. mandó sus- pender y prohibió la celebración de comedias dentro de la ciudad de Valen- cia, según consta en R. O. de 1." de Agosto de dicho año; mandando entregar las llaves del coliseo al Excmo. é limo. Sr. D. Andrés Mayoral, Arzobispo de Valencia. Mucho se resistió la administración del Hospital; pero al fin, después de varias y algunas acres contestaciones, le fueron entregadas en 23 de Octu- bre de 1750. Acto continuo, el Sr. Arzobispo, aprovechando las paredes exte- riores y algo de las interiores; y sin tocar nada de la casa que fué habitación del alcaide del teatro, que la tenia á la esquina de la calle de la Tertulia, edificó á sus costas varias casas de vivienda, entregando al Hospital en 24 de Noviembre de 1758 las llaves de 20 habitaciones; cuya propiedad conservó el establecimiento hasta la desamortización decretada en 1856. A esta fecha, se hallaban distribuidas en esta forma: cinco casas bajas y cuatro patios de ocho habitaciones ala calle de Comedias, demarcadas con los números l á 9 viejos, de la manzana 67; y 11, i3, 15, 17 y 19 antiguos, hoy 23, 25 y 27 modernos; dos casas bajas, números 16 y 17 viejos, 2 y 4 antiguos á la calle de la Ter- tulia, y cuatro casas bajas y dos patios con cuatro habitaciones, números 10 á 15 viejos, y 2, 4, 6 y 8 antiguos en la calle del Vestuario. Todas ellas produ- cían 23.180 rs.vn. anuales. Ya en este punto no hubo más teatro (2). Después de 1748 el Hospital, por no renunciar el privilegio exclusivo tantas veces concedido, de acuerdo con el Ayuntamiento, sostuvo Casa de Comedias en la calle de Alboraya, y en el alma- cén de la Balda, conocido por las casas del Cid, junto al puente de la Trini- dad; pero siempre con el carácter de interino, sosteniendo los embates de las circunstancias y de la animosidad. En 1808 comenzó el actual de la calle de las Barcas, y á pesar de haber vendido muchas fincas, á no ser por el decidido em- peño del Sr. Intendente D. Manuel Fidalgo, no lo hubiera concluido. Se con- cluyó, no obstante, en l832, en cuyo año, dia 24 de Julio, se abrió, celebrando con esta inauguración los dias de la entonces idolatrada Reina 'Doña María Cristina de Borbon. (1) Archivo del Hospital.— Líos del Teatro antiguo. (2) Boix, en su Valencia topográfica, tomo Ii, pág. 61, asegura que la célebre Olivera existió hasta mediados del siglo último, lo cual no es exacto, pues en 1617 desapareció. Tampoco es cierto lo que Boix dice de que hasta I646 existiese el teatro en el sitio que ocupa la Congregación. LA OLIVERA ÜE VALENCIA. 125 Esta es la verdadera historia de la célebre Olivera de Valencia, historia que me he decidido á escribir por cuatro motivos: 1." Porque habiendo perdido el Hospital general el carácter de propietario, y siendo fácil por ello que se releguen al olvido, ó quizá se pierdan los títulos y papeles que justifican la existencia y celebridad de la Olivera, los cuales he manejado durante muchos años, quiero consignarlo, ahora que aún es tiempo de hacer la comprobación. 2." Porque habiendo escrito en 29 de Enero de 1864 á los señores Gaspar y Roig, editores de una de las ediciones del Quijote, para que enmen- daran esta cita, no pudo tener efecto por haber llegado tarde mi carta , según la apreciable contestación de dichos señores, fecha 3o de dicho mes, que con- servo. 3.0 Porque al saber que la Real Academia Española se proponía publicar ima edición monumental del Quijote, con notas , escribí en 5 de Enero de 186Ó al inolvidable, sabio y bondadoso D. Juan Eugenio Hartzenbusch, presi- dente de la comisión nombrada al efecto, explicándole sucintamente la equi- vocación del Sr. Clemencin; y como á pesar de la honrosísima contestación y aceptación que obtuve, en carta del Sr. Hartzenbusch, fecha 12 de dichos mes y año, que conservo, dudo que se haya llevado á cabo aquella edición monu- mental, lo consigno para que sirva en otras, y para evitar que nadie caiga en tentación de un plagio, ó cuando menos, quiera hacer lo del grajo de la fá- bula. Y 4.° Porque si Mr. Bradford y la Real Academia Española, al ocuparse de las notas del Sr. Clemencin, han creído en lo que este dice de la Olivera de Va- lencia, puedan enmendar su concepto, estando yo pronto á darles más ante- cedentes, si los consignados en este artículo no bastan. Manuel Calvo v Pelarda. MILICIA Y ARMAS EN EL SIGLO XIII (')■ III. ARMADURAS Y ARMAS EXTRANJERAS. U armadura comiin de los franceses en este siglo se detalla en va- rios textos. Los estatutos de Fréjus (1285) dicen así: "Militem sine t^^^ cquo armato, intelligimus armatum asperpoto et propuncto, et scuto, et coffe seu capello íerreo et cargan vel sine cargan (collarín, carcmi) ; vel scutum Ínter dúos pedites.,, En las costumbres de Bergerac se les dan por ar- mas, "enses, lanceae, scuta, boglaría (boucliers), loricae , pileus ferreus sive apellus.,, El poema de la guerra de los Albigenses y otros coetáneos, hablan del ho- queton (alcoto en provenzal), perpunte ó gambezon algodonado, y j)ícado á ve- ces con clavos, que servían de defensa interior y para sufrir las, guartiizones. Menciónase en numerosos lugares la armadura de platas ó planchuelas (de hierro, latón, cuerno, ballena, etc.) sobrepuestas unas á otras, redondas, cuadra- das, etc., á la vez para cuotas, albergos ó bruñías, braceras, canijaras, guantele- tes y calzado ó estivales, propios de la caballería de sirvientes ó sargentos de armas, que además usaban bacinete en vez de yelmo, lanzas sin pendoncillo, espuelas sin dorar, y en lugar del escudo de los caballeros, tarja ó val bombea- da, con umbo saliente. El albergóte ó camisote de malla, de manga corta ó sin ella, era peculiar á la infantería, que, además de la cota ó sin ella, usaba perpunte de cuero ü hoque- ton, capacete en la cabeza, rodela (escudíto redondo), taulero ó pavés (en fran- cés hale vas). Resguardados la cabeza y hombros del caballero por medio de la cofa (co- fia), solia sobreponérsele el casco ó yelmo (del alemán helett, celar ú ocultar) (1) Véanse las páginas números 17 y 65 de esta REVISTA, conespondieiUe á los meses de Enero y Febrero últimos. MILICIA Y ARMAS. 127 especie de pucherete de hierro que cogía toda la cabeza, al principio algo evasado por arriba, después tendiendo á la forma cónica, reforzado mediante dos planchas que se cruzaban en la delantera, donde había ahujeros para ver y respirar, y charnelas para oír. Mas adelante se abricS en el yelmo una mascarilla protejida por la pieza móvil y de articulación, llamada ventalle ó visera\ pero haciéndose incómoda semejante defensa, poco á poco la sustituyó el bacinete ó cervelesca. Sobre el casco descollaban airosos timbres ó cimeras y soltados por la espalda los lambrequines ó bendillas (volets), al principio mantilla para re- frescar el hierro y guarecerlo del sol . Pavería cassidis parece cimera en acta de los milagros de San Luis de Arles. En defecto de almófar, protegía el cuello un gorguerin ó carean de malla, de planchas ó cuero con platas.- Otras dos pie- zas cuadradas y blasonadas á manera de escudetes , en francés aüettes (aleri- Uos) ó cantoneras, se inventaron á mediados del siglo para defender los hombros sobrepuestas á ellos. También á las calzas de malla se sobreponían unas grue- sas fundas de bayeta, aseguradas en el juego de la pierna, con abrazaderas me- tálicas, rodillas ó polenas (poulains en francés). Al brazal de malla se le asegu- raba otra pieza para defensa del codo, dicha codal (brassiére y coudiere); pero ya en el primer tercio de este siglo, aplicábanse exteriormente á unos y otros miembros planchas batidas, afianzadas con correas por debajo, las bra.cofieras y los brazales españoles, en francés truveliéres ó gréves y brassiéres. Los guan- teletes unas veces eran postizos, otras continuación de la malla del brazo. Caba- lleros tan bien defendidos no podían desatender sus monturas: por eso los ca- ballos fueron igualmente armados con testeras de acero, bardas de badana, ca- parazones de fieltro, petrales, guríperas ó lorigas de malla. Del umbo ó punta saliente del escudo llamado buccula umbi, íormaron los franceses la palabra bon- clier. Odón ó Eudo de Rosellon, en su testamento de 1298, detalla casi todas las indicadas piezas en estos términos: "Do unam integram de meis armatudis, víde- licet heawne á vissére, bassignetimt, porpoinctum de cendallo (perpunte cubierto de brocado), godbertum (godaberto, especie de cota interior), gorgretam (gor- guerin), buccidas (abrazaderas), gandichetum (gandichete, la rodillera?), trunielié- res d'acier, ciiisselles (quijotes), chantones (chatons), guanteletes, magnum culte- llimí et parvum ensena. ^^ Una cuenta de Broussel de principios del siglo (1202), indica la venir eria ferri, panzeria de los italianos, especie de gambeson; otro documento de fines de la misma centuria (Inventario de las municiones del castillo de Carcasona, 1 294), señala íTí^r.jÉ'j (corseti) de hierro, variedad del jubón de armas, jaco ó bri- gantina, que se generalizó en los siglos siguientes. El mismo documento habla de una gorgeria ferri de Lombardía. Sobre armamento en Italia, son datos eficientes, en primer lugar, un estatuto 128 REVISTA DE VALENCIA. (le Módena del año 1238, detallando así la armadura de sus guerreros: "Quilibet miles debeat habere in qualibet cavalcata et exercitu, panzeriam sive cossetum, camberias sive schinerias, callare, civotheca ferri, capellinatn vel capellum ferri, eliimnnm et lanceam^ scutnm et spataní sive spofíionem et ciiltellum, et bonam se- llam ad equum ab armis, et bonam cirveleriam.^^ No son menos curiosas unas ordenanzas M. S. de Ferrara, año 1279, trasla- dadas por Muratori, explicando el armamento que debian llevar los guardas del castillo: "Gustos deputatus etc. debeat habere: zipotien (jaco, el corsetum susodi- cho), collariwn de ferro, capellam (capilla), ferream vel bacmellum, sive bona cervelleriam, spatam, lanceam, tallavacium (tavolacio, tallevás ó pavés) sive l)ona tarjetam (tarjilla ó tablachina) cultellum á ferire.,, Por alevosas condé- nanse: ^^cultelleum cimt puncta, habentem amplius semisse, rcnic&nem, falzonem (le cavezo, azam, bordonem, lanzonem, transferiiim, sciindum, culiellacmm.,^ Para salir al campo se permitían: "spatam, cultellum de ferire, lanceam sive lan- zonem, macciam et ronconem.,, El pavés, pavesio, tomó, según trazas, origen y nombre de Pavía, consignán- dolo así Áulico Ticinense, cronista de aquella ciudad: "Ticinensis militiae fame, per totam Italiam divulgata est; et ab ipsis adhuc qiiidam clypei magni tam in superiori capite quadquam in inferiori, Papienses feíe vocantur ubique.,, La similaridad iconográfica en pinturas y esculturas de todas las naciones europeas (España, Portugal, Francia, Italia, Inglaterra, Alemania, etc.) demues- tra el sincronismo del traje civil y del arreo militar, así en el siglo XIII y an- teriores, como en los sucesivos, salvas lijeras diferencias de detalle, casi inapre- ciables, que no alteran la esencia del conjunto. Para convencerse de ello, de manera que no quede lugar á duda, bastará apelar á cualquiera de las mu- chas y buenas obras ilustradas de publicación moderna, como la Iconografía de Carderera; la Indumentaria española, de Aznar; le Costume, de Rancinet y de Jacquemin, le Moyen Age et la Retiaissance de Seré, le Dictionaire de Mo- bilier de Viollet-le Duc, la gran colección de Ferrario, / Costumi de Vecce- llio, D art en Italie, id e?t Allemagne, Angleterre, Ancienne, por Strutt, etc. Este último copió fielmente varias miniaturas de un rico M. S. de la biblioteca cottoniana, marcado Nero-D-1 que contiene la vida de los dos Offas, abades de San Alban, de mano y pluma del célebre historiador Mateo Páris, fallecido en 1259. En esas láminas nótanse generalmente los mismos trajes usados en Francia durante buena parte del siglo, y por armaduras variedad de mallas, yelmo cerrado ó capacete con nasal, escudos y cotas blasonadas, lanzas con pendoncillo, visera de plancha sobre el almófar de malla, cimeras y escasos bacinetes puntiagudos, gambesones, cotas de malla con mangas y manos de una pieza, grevas de plancha, á veces rico tahalí y correaje, espadas^ escudos, mazas, caballos encubertados, Los ingleses tenian á su vez el brynio (brtmia) MlLlLi-V V AlOlAo. l'_)G y el halsberg ó hmiberk; scale arnur (lorica scamata); pourpoint ó counter- point, coats of viail; hehnest cónicos con nosengnard (nasal) ó ventalle^ piezas de plancha (piales) ntail yacteti, (haubergeons), bacinets, skull-caps ó cascos, tar- gets (tarjas), vanbraces, el falchion, el estoque, el mielas ó anelace, el coutel v couielás, la cimera (cimitaron), la maza (mace), el knives-canif, cuchillo de pun- ta; el iroii manes (iw^xúWo de hierro), lanzas, espadas, eszwáos, brodarwes ó saetas, etc. Otro M. S., que es la historia del referido M. Páris (bibl. del co- legio de Bennet en Cambridge, C, V. XIV), parece corresponder á últimos del siglo, y en sus viñetas, casi todas de trajes militares, obsérvanse arqueros y ballesteros con cota de malla hasta media rodilla, y manga breve, coleto de ante, sujeto con cinturon y hebilla, gorguerin, calza justa y zapato; en la cabe- za casquete de cuero (calotte), capellina ó capillo de hierro, y también una es- pecie de casco con nasal, rematando en punta muy alta é inclinada hacia adelante. Una correa sostiene al lado su espada corta. Otros llevan sombre- ro ó capillo á manera de caldereta, gorra baja, cofia, cota con capellina de una pieza, sayo de manga justa y ancha halda , ceñido, y calza de pié. Es de no- tar en alguno su coleto de abultadas hombreras. Las lanzas tienen pendonci- llos anchos y blasonados; para el combate usan los guerreros todo género de armas. De Alemania solo citaremos por típicos la estatua sepulcral de Enrique IV, duque de Breslau, en la catedral de Bamberg, unas pinturas murales de la de Munster, los célebres M. S. de la Bula de oro, etc. Extensivas á las demás naciones fueron las armas ofensivas que hemos visto usadas en España. La espada era aun algo ancha y más larga que en el siglo XII, con su puño de manzana, rematando en un pomo achatado, donde soUan esmaltarse los blasones de su dueño. A los mercenarios y sargentos debíase la introducción del estoque, espada más fina y prolongada: entre la sol- dadesca prevaleció un alfange corvo, llamado fanchon en Francia. La lanza {glaive) era larga de hierro y de asta , adornada de un pendon- cillo cuadrado {bajmiere) para barones, y de un gallardete triangular (pennon) para simples caballeros. También los mercernarios introdujeron la norrisa ó lanzon (norroise en Romance de Vacce), el gibet (id) "et il a le gibet saisi, quí á son destrebas pendit (otros poemas antiguos: "en sa main porta un gibet... tel cop du gi bet lui donne etc.,,), el roncan, ronconus, roncone, "arma de asta corta e adunca per isterpare (Academia de la Crusca),, lancea falcata, en Fulberto Carnotense, en latin rimcina\ el fauchon, f anchar d, faucil (á manera de gran navaja hastilada), falsario trialemello puñal de tres filos (Cronicón de Alberi- co, 1214) faussart en las crónicas flamencas, favchon (falsonus) Peages de Bapauma; fauchonus franchants, basches, estos, en Guiart, 1295; \3. gmserma j3o revista de valencia. ó alabarda, de mango corto en el siglo XIII; el godondarte flamenco goden- dal, que en tudesco equivale á Dios os guarde), lanzon ferrado rematando en punta aguda; la hacha danesa, de tajo y punta (hascia en documentos de 1292), la maza ó porra; el dardo, pilum, javelina arrojadiza, peculiar de los bascos ó gascones que tomaban gran parte en las compañías de sargentos, llevando cado uno cuatro dardos en la mano izquierda; la dolta, otra clase de javelina; el gabeloc (javelot) M. Páris, 1256; el esponton, lanza corta; el rute- ling icultellimt evanginatum, mencionado en aetas de un Concilio de Magde- hmgo),gladms riiielliis (Historia del Norte, 1296); e\ óord ó machete húnga- ro {óordo por clavo en glosario de Isidoro) (Concilio de Buda, 1279: "ne deriri portent gladiura vel cultellum quod villgariter dicitur dord,,); el ¿ocis, en flamenco kolve, mazada armas (Cron. Ardernense I23l: "de rastros et fra- crellis, de furciis, colis et baculis,,), el costaler, costalario, cuchilla (Estatutos de Cahors, 1289), etc. No se habla aún de \d. partesana, segur' grande, del ita- liano pertuggiare. Generales eran asimismo, como armas de cuerda ó de tiro, la honda, el arco y la ballesta. El arco tiirqués solia constar de dos piezas de hueso ó cuerno, reunidas por un fleje de acero. La ballesta, usada ya en los siglos IX y X, se abandonó por algún tiempo, á causa de las censuras eclesiásticas, que la condenaban por mortífera; pero habiéndola restablecido Ricardo I de Inglaterra, tomó nuevo desarrollo, viniendo á constituir uno de los más pode- rosos instrumentos bélicos de la Edad Media. Para dar poderosa tensión á su arco acerado, armábale el ballestero por medio de un torno {ballestas de ¿orno), pe- queño mecanismo compuesto de una rueda con manubrios; ó inclinada al suelo la sujetaba mediante una argolla que tenia al extremo, con uno ó con los dos pies {ballestas de imo y de dos pies ó de estribera). Los italianos llamaban /"¿"rí?- lia al carcaj, y zalda ó gialda á la lanza larga (Lanciarii cum hastis longis guas zaldas vocant Italici. (Alberto Mussato y Academia de la Crusca) Flechas, ctia- drillos, (carelios, quadrellos) id. á estris ó de estribo, {engiiegnes, trognos , etc. Rafupico, rampio (rampagol en catalán) era una lanza larga de gancho, para abordar en los buques. Muchas de estas y otras armas, vedadas en las poblaciones por medida de policía, vienen citadas en Ordenanzas de la época, que trasladamos á conti- nuación: Estatuto de Verceil: "intelligantur arma ofensibilia, spata, cultellus de galeno, lancea, bastonus ferri, balista, arcus, guisarma, faucia, misericordia, ran- conum et his similia... salvo quod barriles, pregie, tractarolia, targia, {tarje) scuta duci possint.,, Estatutos de Ast; "gladii vetiti sunt isti: spata, pennati (el bis-acutus, del glos. de Isidoro), et omnes fabzones, apie, piole, jasarme, roncilei, plom- bate, borrelli, etc.„ MILICIA. V ARMAS. jQ^ Id. de Castro-real: "arma vetita sunt lancea, spata , cultellus sive daga et cultellesia, stocus, spontonus, mazza ferrata, azza, ronconus.,, Id. de Vicenza y Verona: "prohibemiis vel rangeno, vel aza (hacha), ve- plumbato (plomada) etc.,, Id. de Arles: "non deferatur sine licentia per grevian acutam (aguijada) vel gazarnicam (guisarma), vel falsonem longum (fauchard), nisi ciiltelleiun et dacam (daga).,, Id. de Aix: "nuliis canonicus etc. portare audeut cultelkim, arnionem, falchio- nem, pennatum, claven, ensem, aut alia arma.,, Id. del Cister, en 1282: "ne quis monachus... prosumat de ferré enses vel gladios, faldones, sicas aut cultellus aciuninatos etc.,, Id. deNimes, 1284: "non deferant clerici enses, nec cultellos acutos, lanceas seu falcones (ó falsones).,. Id. de Cahors, 1289: "balistas et arcus, lanceas, falsones, costalario etc.,, También el Consejo de Barcelona prohibía en sus bandos llevar por la ciu- dad, yendo á caballo ó á pié, costalario (costalex), espada, mandoble (man- cresj, saeta (penat) ni otras armas, salvo cuchillo de medida, ni tampoco bastón emplomado ó regatonado (ab ierre), ni bastón grueso ó falseado (faytis) ni pun- zón (puha); tampoco pella (pilota) de plomo ó de otro metal, ni piedra Tpera). Multábase al que acometiese con ballesta, lanza, azcona ó dardo, y al que lle- vase cuchillo, espada lí otra arma desenvainada. Andar de noche con ballesta, lanza, azcona ó escudo, se penaba con multa ó encierro en el castillo. A los pastores eran permitidos bastón ó resfalada, y cuchillo de medida. Entendíase por tal al que no escedia de dos palmos justos de cana de Barcelona, y de un dedo de ancho. El costalario, otro cuchillo, medía tres palmos y medio. CONCLUSIÓN. Del cuadro que antecede, firmado sobre datos seguros, pueden sacarse algunas críticas observaciones. Decíamos al principio, que las huestes en la Edad Media distaban mucho de lo que requieren la estrategia y la buena táctica. Ignorábanse los principios ó se hablan olvidado las tradiciones que hacen de la guerra un arfe, fiado menos al poder de la fuerza que al genio de un gran capitán. Planes de campaña sobre exactos conocimientos topográficos, cálculos preliminares sobre combinacio " nes matemáticas, los poderosos recursos de la facilidad de comunicaciones, de una viabilidad segura con sus etapas y depósitos, el material bélico y la justa correlación de fuerzas de distintas armas para asegurar el éxito de una jornada ó acelerar una conquista; eran cosas todas ignotas, por no decir imposibles, en l32 REVISTA DE VALENCIA. aquellos tiempos que carecían de nociones científicas, de elementos teóricos V casi de medio reales con que emprender y sostener siquiera una guerra algo formal (l). Irrupciones, arrancadas, sorpresas; una multitud que se aba- lanza sobre puntos dados, ó una gran falange de hombres que contraresta á otra falange; la astucia contra la imprevisión; la superioridad numérica ó de armamento contra la inferioridad real en uno y otro concepto; disposiciones ocasionales, muchas veces aconsejadas y realizadas al azar; una táctica grosera, rutinaria, hija más de la preocupación que de la experiencia, que consistía en fiarlo todo al caballero, no tanto por ir montado, como por ser noble, privile- fñado ó caudillo, sin darse gran valor á los peones, que escasamente formaban, cuerpo de infantería aun en el siglo XIII, sirviendo á menudo de comparsas más para trabajos mecánicos que para la pelea; y en este caso, como simples cuerpos auxiliares de la caballería: tales eran las huestes y las campañas de D. Jaime el Conquistador y de sus coetáneos, según claramente resulta de la Cró- nica del mismo, y aun de la de su sucesor D. Pedro IV; tales habían sido, á corta diferencia, las de los visigodos, y después de los árabes, así en Guadalete como en Covadonga, Clavijo, Poitiers, y en las mismas Navas de Tolosa. Mediante espías, no siempre diligentes y sagaces, tenían aviso de alguna invasión enemiga ó amago de ella: los señores vecinos al punto amenazado juntaban aprisa el mayor número de feudatarios y sirvientes, ó los hombres de armas-tomar de sus poblaciones, y con esas fuerzas heterogéneas y allegadizas, ó bien atacaban al invasor, sí creían poder hacerlo con alguna ventaja, ó bien cu- brían los puntos más vulnerables para defenderlos, si podían, prescindiendo de que lo ordinario en tales lances era ampararse de sus castillos y fortalezas, donde se encerraban cuantos podían, con lo mejor que tenían. Si por el contrafio, era cues- tión de invadir ó acometer, el rey, señor ó jefe que tomaba la expedición por su cuenta, reunía sigilosamente á sus valedores, dándoles parte en la futura ga- nancia, y se echaba sobre el punto más flaco ó el enemigo más débil, conten- tándose ordinariamente con desbaratar á este ó recoger el botín, y siendo su superioridad marcada, procuraba asegurar la conquista y adelantar poco á poco sus fronteras. .Así se restauro la España durante siete siglos de tenaces luchas y de vaivenes en mil conceptos. De ahí es fácil argüir cuánta importancia se daría entonces á la fuerza ma- terial y al valor personal. (i) La estrategia de aquellos tiempos no comprendia planes muy vastos de campaña, pues se circunscribía á la reconquista ó invasión de un territorio determinado y corto generalmente. Astu- tas celadas, acometidas falsas y repentinas, falsos avisos y rumores, mil ardides estratégicos en fin, eran entonces el elemento principal de la ciencia de la ^wiWA.—Enddopidia moderna, por Mellado. MILICIA Y ARMAS. l33 Aneja al señorío la precisión de defenderle, compréndese que la nobleza, obligada á guerrear por sí, se curtiese en los campamentos, produciendo miembros valiosos, dignos de la fama homérica que ha venido consignándose en antiguas gestas. Los Roldanes, Oliveros, Cides y Bernardos aparecen en la epopeya de la Edad Media como figuras jigantescas, coronadas con la expléndida aureola de sus ínclitas hazañas. Aun hoy, cuando se nos enseñan en algún museo los mandobles y armaduras, lanzas y broqueles usados por aquellos grandes guerreros, quedamos asombrados de que hubiese varones capaces de llevarlos y brazos suficientes á esgrimirlos. Y con todo, nada es más cierto, según se ha visto. Nuestro buen D. Jaime el Conquistador, que según la tradición, era uno de esos jigantes de raza, recorría campos y valles á la develacion de sus incesantes enemigos, cargado de muchas libras de hierro, bajo el sol abrasador de nuestra región, montando su palafrén, no menos cargado, que paso á paso había de conducirle á las lejanas playas de Dénia y Peñíscola, ó á las vegas valencianas y á los puertos de Mu- radal, para la difícil realización de sus ambiciosos sueños de gloria y con- quista. Bajo tal sistema de guerra, no hay duda que la suerte de un guerrero de- pendía mucho de su armamento. Las lides eran pujílatos; para deshacerse de un enemigo, no había otro medio que llegar á las manos, cruzar las espadas y destrozarse materialmente. Apenas las débiles armas de tiro, usadas á la sazón, servían como preludio ó escaramuza antes de trabarse el combate, ó como epí. logo de él en la derrota y fuga. La verdadera fuerza estribaba en el cerrado escuadrón de hombres y caballos que, cual abalancha de hierro, arrollando las tropas lijeras, incapaces de resistirle, tropezaba con otrojgual escuadrón, ama- nera de dos nubes cargadas de electricidad que estallan en rayos y truenos, fiando la victoria al mayor número de cráneos hendidos y de ginetes desmon- tados (i). En estos casos la propia armadura volvíase contra el caballero, ya que privado de acción por el estorbo de ella y de su montura, quedaba enteramen- te á merced del adversario, cuando no sucumbía sofocado y atropellado. Mientras se ciñó la lucha á lanza y espada, una cota y un almete guarecían suficientemente; pero al aumentarse por grados los medios ofensivos con espa- das y lanzas más poderosas, hachas, mazas y plomadas, fué necesario aumen- tar la resistencia, doblar las mallas, cubrir brazos y piernas, cerrar la cogotera (l) Según observa Mr. de la Bürre Dupareg. los pueblos antiguos procuraban caer luego sobre el enemigo, pues cargadas sus tropas de anuas, traían pocas de tiro y así el momento decisivo para ellos era la luclia cuerpo ñ cuerpo. l3 4 REVISTA DE VALENCIA. y el rostro, y corriendo igual riesgo la cabalgadura, cubrirla á la vez de mallas, planchas y lorigas. El siglo XIII puede considerarse como una época de transición en el siste- ma de armamento, ó mejor como una época sin sistema propio, toda vez que al lado de algunas innovaciones, subsistían muchas armas anticuadas, tanto ofensivas como defensivas. La brunia y otras cotas formadas de anillos, plan- chuelas, escamas, etc., tenian su origen en los visigodos; el alsbergo, cota de malla tejida, fechaba asimismo de los primeros tiempos de la Reconquista, si bien tenia la ventaja de ser holgada, con lo que dejaba al guerrero bastante li- bertad de acción. Esta fué reduciéndose al adoptarse armaduras sobrepuestas, gambezones y perpuntes, que obligaron á sustituir el antiguo albergo por otro más ajustado, el albergóte, ó especies de coselete, como el gonjo, el farsete y el jubón fuerte, primera idea del jubón de armar, que dio nuevo carácter á la pa- noplia del siglo siguiente, y aun nueva fisonomía á la indumentaria civil. La verdadera innovación, de gran trascendencia en lo sucesivo, fueron las gróvas canijeras y braceras diQ plancha, origen de una armadura más solida y completa, que abarcando todo el cuerpo creó el arnés , de piezas ajustadas y articuladas. El pe á térra ó punta en blanco, que hemos hallado en algunos documentos, no debe tomarse en el sentido que después se dio á esta palabra, por cuanto un guerrero podia muy bien andar armado de pies á cabeza, con piezas de malla ó de plancha, sin que ellas formasen conjunto. El verdadero arnés asomó, según dicen, por primera vez en los campos de Azincourt y de Crecy, obligado sin duda por los progresos de la ballestería, que si notable era en Aragón, no lo fué menos en Inglaterra durante su tenaz lucha con Francia. La ballesta, en efecto, vino haciéndose arma tan poderosa, que necesaria- mente habia de alterar las condiciones de la lucha, y originar grandes reformas en el sistema defensivo. Al aplicársele el arco de acero y el mecanismo de polea y rueda de engravacion, (¡ue á favor de un manubrio, y apoyada la cabeza del arma con uno ó dos pies sobre el suelo, permitía cargarla, dando á la cuerda de nervios una tensión forzadísima, la saeta, por este artificio disparada, equiva- lía casi á una bala , sin que hubiese planchas ni mallas capaces de resistirle hasta muy considerable distancia. Esta revolución comenzada en la segunda mitad del siglo XIII, complétase en la primera del siguiente, y entonces fué cuando por iniciativa de los principa- les caudillos hiciéronse armaduras completas de cabeza á pies, casco cerrado, gorguerin, peto, espaldares, brazales, facetas ó escarcelas, musleras, grevas y es- carpes ó zapatillas, todo ajustado entre sí, cerrando como un estuche al hombre de armas, sin dejar punto vulnerable. Entonces, á su vez, llegó á su mayor per- fección la ballesta, y aumentando proporcionadamente el número de ballesteros, resultó un cuerpo temible, con frecuente éxito decisivo en los combates, y He- MILICIA Y ARMAS. 13^ gando á contrabalancear á la caballería, echando por tierra la reputación de ésta y las ideas admitidas de su prestancia. Las derrotas de Carlos de Borgoña en Gradson y en Morat, acabaron do desacreditar la táctica de la Edad Media, pues allí se vio la flor más escogida de la gendarmería francesa embotarse en el filo de los mandobles y alabardas tudescas, esgrimidas por un puñado de mon- tañeses. Ya no cabia ir más allá, cuando el acaso, ayudando á la necesidad, produjo las armas de fuego. Su invención databa ya de algún :\ fecha. Al principio causaron poco asom- bro: aplicadas á la tormentaria, venian á ser un remedo del antiguo fuego griego- máquinas informes, cuya explosión causaba más ruido que daño, y aún este re- ducíase á sembrar la confusión en el campo enemigo y promover algún incendio en las plazas sitiadas. Las primeras bombardas se convirtieron en falconetes: los falconetes y ser- pentines en cañones argollados. Observóse la ventaja de una pella ó pelota jus- ta para un calibre dado; luego la otra ventaja de forzar la bala por medio de un taco cualquiera, y coadyuvando á su buen efecto la resistencia de las piezas, á medida que se mejoró la construcción de ellas, sustituyendo á las argollas los cañones de piezas estuchadas, y luego los de plancha entera hasta llegar á los de fundición, el invento produjo todos sus efectos, y quedó realizada otra nueva re- volución en el armamento. Esto sucedía siglo y medio después del XIII, hasta que se resolvió el problema de hacer portátiles las armas de fuego, inventúndose unos cañones manuales, llamados espindargas, mosquetes y arcabuces. Ante las balas resultaba inútil la coraza mejor fabricada. En vano se aquilató el armamento defensivo, dándosele mejor temple, haciéndolo de fino acero, tra* yéndolo de Toledo, Sevilla, Milán y Damasco. Si bien subsistió la armadura, re^ sistiendo á desaparecer, más por lujo que por utilidad, y porque aún en tiempo de Luis XIV no todas las tropas llevaban mosquetes, el golpe de gracia estaba dado. Al fin se caia en la cuenta de que la ventaja del guerrero no está en ir cargado de armas, y que este vicioso sistema solo servia para hacinar víctimas y aumentar la carnicería, siendo incompatible con la libertad de acción, lijereza y celeridad de movimientos que constituyen, y siempre han constituido, la teoría mejor para el éxito de guerras y campañas. Así lo entendieron los antiguos; y con tropas medio desnudas, Alejandro y César llevaron á cabo sus gloriosas ex- pediciones. Aún en tiempo de D. Jaime y de sus próximos sucesores, con me* nos preocupación, pudo haberse apreciado esta ventaja, por la que sacaron de los cuerpos de Almogávares, verdaderas tropas lijeras, tan aptas para la mar- cha como para la descubierta, la acometida y el asalto, y con las cuales realiz.') sus inauditas empresas. La Edad Media, dice el ya citado y competente Mr. de la Barre Dupareg. tomo 136 RF.VISTA DE VALENCIA. de los antic^iios la caballería bardada, pero abusó de ella. Esto fué un yerro tan grande como el empleo de los carros bélicos y de los elefantes en tiempo de Dario y Poro. El verdadero elemento de la guerra, el que mejor resiste, el que obra con más celeridad, es el peón, el hombre. Después de restaurado el arte militar, así españoles como suizos y suecos, y á principios del presente siglo los franceses, consagraron para siempre el principio de que el nervio de los ejércitos estriba en la infantería. Ella es la que libra las batallas; á la caballería no le in- cumbe más papel que iniciarlas y concluirlas. ¡Siempre los mismos obstáculos en la ley del progreso humano! Torpes ensa- yos, á cuya sombra se engendran rutinas, prevenciones y preocupaciones; hasta que la necesidad aguza el ingenio, y al fin la verdad se abre camino á través de grandes escarmientos y esperiencias dolorosas. Jóse Puiggarí. EL FAUSTO DE GOETHE. TRADUCIDO EN VERSO CASTELLANO POR D. TEODORO LLÓRENTE. ODAS las personas ilustradas de Valencia, y no pocas de fuera, sabian desde hace largo tiempo que nuestro distinguido paisano D. Teodoro Llórente y Olivares era fundador, director y propietario de uno de los periódicos de mayor circulación y más acreditado de provincias; escritor tan infatigable como intencionado y castizo; autor inspirado y repetidamente aplau- dido de varias composiciones poéticas originales y traducidas; y mantenedor de tales bríos del habla lemosina, que ha podido permitirse el lujo de sostener casi solo, y por cierto con lisonjero y brillante éxito, la vida siempre gloriosa, pero ayer real y verdadera, y hoy ficticia de una lengua que, bajo el punto de vista literario, muchos consideran muerta en absoluto. Lo que nadie osaba esperar \- solamente algunos, muy pocos, sospechaban, es que el laborioso Director de Las Provincias^ en medio de sus cotidianas, prosaicas y áridas faenas, hallara espacio y posibiUdad para emprender, continuar y concluir una empresa de las colosales proporciones, y de las múltiples é insuperables dificultades que ofrece la traducción del Fausto de Goethe. Esto es lo que, para dicha de las letras pa- trias, y de una manera admirable , está demostrando la acreditada Biblioteca Arte y Letras por medio del tomo 17 de su colección, que acaba de publicar en Barcelona. La experiencia nos ha enseñado que para aquilatar el mérito y para sabo- rear las bellezas de la traducción de que venimos ocupándonos , son necesa- rias tres lecturas, cuando menos. En la primera, la voluntad y la inteligencia avasalladas por el genio , atraídas por el invencible y dulcísimo magnetis- mo de su influjo, sintiéndose pequeñas ante las jigantescas concepcione.s del poeta, después de devorar las páginas del libro con vertiginosa impacien- cia, llegan al final desconcertadas y rendidas, pero sin haber encontrado, visto ni sentido más que á Goethe ; pasado algún tiempo, y calmada la agi- tación del espíritu, al proceder á la segunda lectura, ya vá apareciendo la figu- ra del Sr. Llórente por entre los gratos ecos de sus afortunadas frases y los ^38 REVISTA DE VALENCIA. trazos elec^antes de sus inspirados versos. Sin embargo, la personalidad litera- ria del traductor no resulta completa hasta que por tercera vez se lee la obra, porque solo entonces se revela á nuestra admiración la difícil habilidad, la maestría y la suerte del que ha sabido y podido apoderarse de la inspiración del vate inmortal de Francfort, compartir sus sentimientos, y adivinar sus inten- ciones, engalanando la expresión de los unos y de los otras con todos los encantos, con todas las riquezas de la poesía castellana, á fin de popularizar entre nosotros la fantástica figura del Dr. Fausto y la hermosura creación de la encantadora Margarita. Si alguien duda de la exactitud de las anteriores afirmaciones, debe ojear, — se lo rogamos con encarecimiento, — el último tomo de Arie y Letras , fijándose especialmente en los atrevidos desvarios de Fausto en el capítulo titulado De noche\ en el movimiento, la facilidad y la gracia con que está escrito A las puertas de la ciudad) en las apasionadas lo- curas, en las desesperadas ternezas y en los horribles sufrimientos de Margari- ta en. la Cárcel, y en los dos primeros párrafos de la carta al Sr. Querol, pár- rafos escritos tan á la legítima usanza española, que parecen de los mejores autores del siglo de oro de nuestra Uteratura, Lo dicho no será obstáculo para que haciendo verdadero alarde de impar- cialidad, acusemos al Sr. Llórente del grave dehto de desatención que contra sí mismo ha cometido, al consentir que viera la luz pública su libro sin ir precedido de un prólogo propio ó ajeno, pero siempre digno del original, de la traducción y del esmero y prolijidad con que hoy se hacen esta clase de trabajos. Semejante falta es de la índole de aquellas que pueden explicarse con envidiable habilidad, con muchísimo talento; pero que esto no obstante, en ningún caso admiten justificación. Por nuestra parte, únicamente absolveríamos al delincuente en el caso de que, atendiendo los justísimos deseos del público ilustrado , procediera desde luego á la versión castellana de la segunda parte del Fausto , todavía poco conocida en España. Así, le suplicamos que dedique toda su inagotable actividad intelectual á la realización de tan patriótica empresa, aún cuando para ello tenga que aprovechar todos sus convencionales ocios, y que abandonar, quizás, por completo otros tral)ajos que hará más á gusto, pero que jamás le reportarán, ni con mucho, tanta gloria. Ahora bien: con objeto de facilitar en lo posible el estudio comparativo de las diversas traducciones que del Fausto se han heclio en nuestra lengua, apro- vecharemos gustosos la oportunidad que aquí se nos presenta para enumerarlas, y decir breves palabras acerca de cada una de ellas. 1." I' AVSTO, poema dramático de Goethe, precedido de la leyenda popidar de jfohami Fausto, uno de los inventores de la imprenta, escrita por Widmamii Ilustrado con 1 1 grabados. Publicado en el folletín de Las Novedades. Madrid, hnprentade Las Novedades ^ La Ilustración. 1856. 4.°, 84 páginas. En prosa. EL FAUSTO DB GOETHE. i:;o Edición fea y descuidada, como de folletín, y en la que sin duda pensaba Pelayo Briz, al afirmar en la advertencia final de la suya "que por desgracia aún no habia merecido (Fausto) en España los honores de una edición correcta y lujosa como se merece.,, Comprende, además déla leyenda de Widmann, la primera parte del poema, y un extracto de la segunda. Hecha esta traducción sobre la francesa de Gerard de Nerval, participa algún tanto de los caracteres de libertad y elegancia que á aquella caracterizan. 2.^ Fausto, poema de Goethe, traducido por Francisco Pelayo Brir.. Barce- lona: J. López. 1864. Hermoso volumen en 4.° mayor y con 386 páginas de esmerada y agradable impresión. Está escrita en prosa y comprende únicamente la primera parte. 3.^ Tesoro de autores ihistres. Fausto, poema escrito en alemán por J. IV. Goethe. Traducción completa al castellano, hecha en presencia de las mejores ediciones de esta obra inmortal, por una sociedad literaria. Edición eco- nómica ilustrada con cuatro hermosos grabados, copia fiel de los de las ediciones alemanas, y enriquecida con notas de los más reputados comentadores y tra- ductores de Goethe. Barcelona: Juan Oliveres: 1865. 8.°, 290 páginas. Abraza las dos partes del poema, está en prosa, y en nuestro concepto no solamente es la más completa, si que también la más fiel. En 1876, y asimismo en Bar- celona, se hizo una segunda edición de la traducción que antecede, con igual número de páginas, con los mismos grabados, pero en mejor papel y con más cuidado y corrección. Cítala el Sr. Llórente en la nota núm. 2 de la página XIX, de la carta al Sr. Querol. Por último, esta repetida versión del Fausto fue publicada en La Abeja, revista científica y literaria ilustrada, principalmente extractada de los buenos escritores alemanes, por una sociedad literaria.,, Aún cuando no hemos alcanzado la fortuna de encontrar más que un solo pliego de la indicada publicación (el primero del tomo V, y por cierto el último para la obra de Goethe), nos atrevemos á afirmar que la traducción es la misma que acabamos de citar. El tamaño es en folio, y el fragmento que poseemos carece de fecha y de pié de imprenta. 4.* Biblioteca del Diario Mercantil, Fausto, por Wolfgang (sicj Goethe. Traducida expresamente para esta biblioteca. Valencia: Imprenta de José Rius: 1866. 8." prolongado y 146 páginas. Prosa. Contiene la primera parte, y hállase adornada con todos los lunares é incorrecciones consiguientes á la precipitación con que se llevó á cabo, para que coincidiera con la primera representación del Fausto de Gounod en Valencia. Fué un desliz de su autor, distinguido escritor y reputado crítico. 5.^ Goethe. Faust. Versión española, por D. José Casas y Barbosa. Barce* lona: González y Compañía, 1878. 8.", 206 páginas. Primera parte, y en prosa. Es la traducción más económica, y por lo tanto la más popular. Uo REVISTA DE VALENCIA. 6 a Fausto de Goethe. Primera parte, lujosamente ilustrada. Traducción del alemán, de D. Guillermo English. Revisada y adicionada con un prólogo de don Juan Valera. Madrid: English, Grats, Editores. 1877. Un tomo, folio mayor. XX y 210 páginas, con una hoja para las erratas y el colofón. Magnífica edición con gran número de grabados y fotografías, pero cara y casi inmanejable por sus dimensiones. Para que todo sea en ella grandioso, monumental, el prólogo vá firmado por el autor de Pepita Jiménez, el cual se contenta "con que en la traducción persista toda aquella belleza íntima que recibe en el fondo (del ori- ginal) y no en la forma, y que el lector atento sabe hallar, aunque la limpia y expléndida estructura, ermetro resonante y el hechizo de la rima hayan des- aparecido.,, 7.* Fausto, trajedia de Juati Wolfang Goethe, traducida en versa por don Teodoro Llórente. Ilustración de A. Liezen Mayer, R. Seitz y A. Schmitz. Pri- mera parte. Barcelona: E. Domenech y C.»: 1882, 8.» XXIV y 3l3 páginas. Hermosa edición, encuadernada con el mal gusto que, por desgracia, es propio de los editores. De lo dicho se deduce que la del Sr. Llórente, según nuestros cálculos, es la sétima de las traducciones castellanas del Fausto, la novena de las. ediciones hechas en España, y la única escrita en verso. Para terminar, añadiremos con tanta sinceridad como orgullo, que la publi- cación del Fausto del Sr. Llórente tiene todas las proporciones de un verdade- ro acontecimiento en el mundo literario nacional; que no han resultado vanas las lisonjeras esperanzas depositadas por el Sr. Sánchez Moguel en la habilidad y la inspiración de nuestro paisano, y que después de leer su traducción, si fué- ramos alemanes, sentiríamos muy de veras que Goethe no hubiese escrito en castellano. El Vizconde de Bétera, S.^^ CRÓNICA MENSUAL, EBRERO, el corto, ha sido corto, en efecto, de diversiones para Valen- cia, en donde este año la Cuaresma ha venido acompañada de clausura del teatro Principal y escasez de otros espectáculos; pero, en cambio, los centros literarios y científicos, que son los que á nosotros nos importan , han estado muy animados. Comenzando nuestra reseña por el Ateneo, debemos dar el lugar preferente á las lecturas del docto y distinguidísimo catedrático y ex-rector de nuestra Universidad, el Dr. D, Eduardo Pérez Pujol, que ha dado á conocer un extenso capítulo de la obra magistral que hace años lleva entre manos, y que versa sobre la España gótica. Dicho capítulo se refiere á la cultura científica en aquel remoto período, y es una síntesis admirable, hecha con rara penetración, de los datos dispersos é inconexos que la historia nos ha conservado. Grande es la reputación de que goza el Dr. Pérez Pujol en el profesorado español; pero esta obra ha de aumentarla, asegurándole un lugar entre los primeros jurisconsultos é historiadores de nuestro tiempo. ¡Lástima que su laborioso autor, á pesar de sus propósitos de encerrarse en el círculo de sus trabajos científicos, se vea distraído de ellos con frecuencia, por la amabilidad con que cede á las continuas instancias de los que solicitan su concurso para obras patrióticas, sin duda, pero que apartan su atención de ese importantísimo trabajo! Creemos que el Sr. Pérez Pujol no debe ser tan Dueño y tan condescen- diente: los Godos reclaman su tiempo, y no debe levantar mano del libro emprendido, hasta que dé las cuartillas á la imprenta. El Ateneo ha aplaudido vmas conferencias muy interesantes del catedrático de la facultad de Medicina, D. Peregrin Casanova, cuyo tema era: "lugar del hombre en la naturaleza, como base de la Antropología,,; en la sección de Lite- ratura ha proseguido el debate sobre la crítica periodística; y en la de Ciencias sociales ha comenzado, con bastante animación, la controversia sobre el matri- monio civil. Además, ha dedicado una velada al bello sexo, que este año debe estar muy satisfecho de la preferencia que le otorga esta galante corporación. La Sociedad del Rat-Penat, fiel á su carácter, ha consagrado dos sesiones apologéticas á otros tantos valencianos ilustres. Uno de ellos, cuya memoria se conserva viva en nuestro pueblo, á pesar de haber trascurrido cinco siglos, es i^.3 CRÓNJCA MENSUAL, el famoso Fray Gilabert Jofré, que al amparar á los desgraciados dementes y darles albergue en nuestro Hospital deis folls, dio á Valencia el glorioso timbre de haber sido la primera ciudad que instituyó los hoy generalizados manicomios. El ilustrado médico, Dr. D. Francisco Cantó, hizo su elogio. El otro ilustre valenciano, que mereció igual tributo, es casi contemporáneo nuestro: el ilustre y modesto músico compositor D. Juan Bautista Plasencia. El celoso amador de las glorias vale?icia?ias, D. Luis Tramoyeres, recordó sus gran- des merecimientos. La sesión arqueológica de esta Sociedad escuchó una erudita conferencia de D. Juan de la Cruz Martí, sobre glíptica, Sin ofensa de las dos Sociedades que acabamos de mencionar, hemos de de- cir que á todas les gana en actividad y animación la Academia de la Juventud Católica. Fuera muy largo reseñar todos sus trabajos. Citando solamente las principales, mencionaremos, en primer lugar, la sesión solemne del tercer ani- versario de su reinstalación, en la cual disertó el Sr. Rodríguez de Cepeda ( D. Rafael), sobre el reinado social de Jesucristo. La sección de Letras ha discutido el tema, hoy de moda, del realismo en el arte, cuyo resumen hizo su digno presidente D. Ricardo de Brugada; y la de Ciencias morales la cuestión, no menos interesante, de la libertad de testar. Entre las conferencias, debemos citar las del Dr. D. Rafael Rodríguez de Cepeda sobre las causas generales de irreligión en nuestros tiempos; las del doctor D. Vicente Ribera Tarrago, presbítero, sobre los deberes de los jóve- nes católicos; y las del médico D. Mateo M. Giner, que ha hecho la exposición filosófica de la medicina homeopática. En las veladas literarias ha sido muy aplaudido el distinguido literato Don Miguel Amat y Maestre, que después de muchos años de permanencia en Ali- cante y Madrid, ha vuelto á establecerse en esta ciudad, en donde ha encontra- do los cariñosos amigos de su juventud. La Revista de Valeticia, que se ha honrado varías veces insertando inspiradas poesías del Sr. Amat, le saluda y le dá la bienvenida. La publicación del Fausto de Goethe, traducido en verso castellano por Don Teodoro Llórente, hecha por la biblioteca titulada Aries y Letras, ha valido á este querido compañero nuestro, una prueba de las simpatías de los escritores valencianos, que nunca olvidará. Varios socios del Ateneo propusieron la idea, simpáticamente acogida por la prensa valenciana, de obsequiarle con un banque- te, obsequio que el favorecido no pudo aceptar, por el luto reciente de la muerte de su padre. Terminaremos con una mala noticia. Se ha deshecho el Casino militar. En la crónica anterior reseñábamos la bri- llante fiesta de su apertura en el presente curso. Pero después cerraba sus puer- tas este centro recreativo é instructivo. El cambio de guarnición ha influido en ello: han marchado los oficiales que tomaron con calor su establecimiento, y se ha disuclto la sociedad. ¡£^ bibliografía valenciana. ¡A FUERZA ELÉCTRICA. Resumen de Electricidad moderna apli- cada A LA MEDICINA, por ViCENTE Peset Y Cervera, Doc/or 671 Cien- cías y en Medicina. Madrid. Impr. de Enrique Teodoro. 1882 (/). La electricidad, que es origen de tantos descubrimientos en la actua- lidad, y á la cual se dan- aplicaciones, que quiz¿ís trasformarán el mundo de la industria, tiene también gran importancia en las ciencias médicas, y es un agen- te que no puede despreciarse, para el tratamiento de muchas enfermedades. Para facilitar el conocimiento de ese agente á los. facultativos de la ciencia de curar, ha escrito el joven doctor valenciano D. Vicente Peset, que sigue dig- namente las tradiciones de su docto padre, el presente tratado, el cual forma parte de la Biblioteca económica de Medicina y Cirujía, que se publica en Madrid, y ha sido muy bien recibido por la prensa profesional. El Sr. Cervera y Peset demuestra en él condiciones de activo y laborioso compilador: ha reunido muchos materiales para su obra, y los ha ordenado bas- tante bien; puede decirse que este tratado dá idea completa del estado de los conocimientos científicos respecto al interesante ramo á que se refiere. Comienza hablando largamente de las pilas eléctricas, que son el elemento para la apli- cación de la electricidad á la terapéutica, y describe todas las pilas conocidas, las de un solo líquido, las de dos líquidos, las que tienen polarización, las que no la tienen, las de Volta, las de Daniell, las de Grove, las de Bunsen, et- cétera; explica la tecnología de dichas pilas, su manipulación y funciona- lismo, y cuando todo esto lo ha dado bien á conocer, entra á reseñar los diferentes efectos de las pilas, haciendo un bosquejo histórico de la electro- terapia, determinando la electricidad estática, la galvánica y la farádica. Respecto á los usos terapéuticos de la electricidad, los divide según se aplican á la tocología, la cirujía y la medicina; y después de tratar detenidamente esta cuestión, pasa á las aplicaciones de la electricidad á la higiene, lo cual le dá motivo para hablar de los meteoros eléctricos, del pararrayo, de las llu- vias artificiales, de los pronósticos del tiempo, de las ventajas del alumbrado eléctrico, y de otros puntos interesantes y que hoy dia se estudian con espe- cial ahínco. La obra termina en dos capítulos referentes á las aplicaciones de la electricidad á la histo-quimia y al análisis toxicológico. (1) Un tomo en 4.° mayor de 278 páginas, con figuras intercaladas en el texto. Se vende en Madrid á 3 pesetas y media, y en provincias á 4. 144 BIBLIOGRAFÍA VALENCIANA. COMPENDIO DE MITOLOGÍA, con aplicaciones morales y notas geográ- ficas, para iiso de niños y especialmente para las escuelas de adultos, por don Antonio Moya de la Torre. Valencia. Impr. de C. Verdejo. 1882 (i). Desde antiguo figuran en el repertorio de la instrucción primaria tratados de mitología, que enseñan á los niños la historia, la significación y los atributos de los dioses y héroes de la cosmogonía helénica. Aunque ahora no se dá tanta importancia como antes á este estudio, todavía es indispensable, porque aquellos seres mitológicos han arraigado de tal modo en la literatura, que no es posible arrojarlos de ella. El autor del libro que tenemos á la vista, prescindiendo del conocimiento más profundo que ahora tenemos de aquella cosmogonía, se limita á reproducir las antiguas noticias que se daban en las escuelas acerca de ella, reseñando lo que eran y cómo se representaban los dioses fundamentales ó primitivos, los dioses principales ó de las naciones, los dioses inferiores (que clasifica en divi- nidades terrestres, campestres, marítimas, infernales, domésticas y alegóricas); los semidioses y los héroes, concluyendo con algunos datos sobre el culto ren- dido á los dioses del paganismo, las maravillas del mundo, los sabios de Gre- cia, etc., etc. Para dar algún interés moral á este estudio, el autor acompaña la explicación de las divinidades helénicas de algunas sencillas reflexiones éticas, á que se presta la significación especial de cada una de ellas . EPITOME HISTORIiE SACR^, texto latino, traducido interlinealmente al castellano, por el Dr. D. Luis Gonzaga Gascó, profesor en el Instittito de Valencia. Valencia, librería de P. Aguilar. Impr. de Manuel Alufre, 1882 (2). Grande es la utilidad que, al que comienza el estudio de una lengua, repor- tan las traducciones interlineales. Basta solo tener en cuenta que con su auxilio se economiza una gran cantidad de tiempo, que sin ellas habría de emplearse en el manejo del diccionario, y que éste, presentando solo las palabras variables en sus formas radicales, y dando á cada voz diversos significados, exige mi trabajo, al cual la mayoría de los principiantes se somete con dificultad, y del que emanan con frecuencia confusión, desaliento y hasta aversión al estudio. Presta, pues, un buen servicio á la enseñanza el celoso profesor Sr. Gascó con la publicación de este opúsculo, al que seguirán la de los principales textos latinos que se estudian en las clases. Había dado ya á luz otras obritas, muy concienzudamente dispuestas, para la enseñanza del latín, y todas ellas han sido muy bien acogidas por las personas inteligentes. (l) Un tomo de 200 páf^iuas en 8.", con í^rabados intercalados cu il texto. Precio 5 re;xles. Los pedidos al autor. Bajada de San Francisco, 11, Valencia. (l) Un volumen de 146 págs. en 8.°, impreso con mucho esmero, be halla á la venta en la librería de P. Aguilar, á 2 pesetas. Valencia. Imprenta ue Domenech, Mak, 48. — 1883. REVISTA DE VALENCIA, 1." Abril de 1883. ORGANIZACIÓN DEL TRABAJO EN VALENCIA EN LAS ÉPOCAS ROMANA, GODA Y ÁRABE (l). , Origen de Valencia. — Importancia y desarrollo que adquiere la ciudad. — Pueblos ibéricos ve- cinos.— Monedas latino-valencianas. — Es creada colonia con derecho itálico. — Veteranis et ve- teres. — Influencia de la civilización romana. — Origen de los colegios de artes y oficios. — Tres categorías de colegios. — Obreros del Estado. — Monumentos epigráficos en Valencia y Sagunto. — Oficios necesarios para la subsistencia del pueblo. — No existen en Valencia vestigios relativos á este grupo. — Los colegios de obreros libres. — Existieron en Valencia, Sagunto y otras ciuda- des.— Constitución interior de los colegios. — El sevirato augustal. — II. Establecimiento de los godos. — Situación de la raza hispano-latina. — Lex romana visigoíhorum. — Influencia de la cul- tura latina. — Subsisten los colegios de artes y oficios. — Pruebas legales. — Testimonio de San Isidoro. — Estado de Vale:icia en este período. — III. La invasión árabe. — ilozárabes valencianos. — Monumentos de su existencia. — Prepondeíancia del elemento arábico. — Escasos vestigios de su organización industrial. — Resumen. I. De la fundación de Valencia, de sus primeros pobladores y de otros extre- mos tocantes al propio asunto, han hablado extensamente los historiadores que se ocuparon de las cosas de la ciudad , pero todos ellos o la mayor parte lo hicieron con vario criterio, y no acomodado á la verdad y fundamento que pide la historia. A la vista de esos escollos, procuramos no naufragar en el (1) Este artículo es el primero de la Memoria que sobre los Gremios de Valencia ha escrito D. Luis Tramoyeres, y que habiendo sido premiada el año pasado en los Juegos Florales del üaí- Rnat, se está imprimiendo á expensas del Ayuntamiento de Valencia, que propuso el tema de este trabajo histórico, y ha querido honrar de esta manera al autor, dando á conocer su obra. 1^5 REVISTA DE VALENCIA. incierto mar de las hipótesis, aparte de que éstas no serian acomodadas al asunto del presente libro, ni conducirian á determinar el hecho que perseguimos. Por esto, y sin otra discusión, aceptamos la opinión de Tito Livio, de que el Cónsul Junio Bruto dispuso la fundación de Valencia en el año 6l6 de Roma(l). Sus primeros habitantes fueron soldados que hablan militado á las órdenes del lusitano Viriato, á quienes se les repartieron tierras, imponiendo á la nueva ciudad el título de Valencia. A partir de este acontecimiento, suena su nombre en los anales de España como cabeza principal de la Edetania, denominación que la distingue y señala desde aquellos tiempos. Siguió Valencia alcanzando importancia y sufriendo las vicisitudes de las "uerras de Sertorio y Pompeyo; resistiendo con asombroso ímpetu las altera- ciones de la fortuna, pero siempre con manifiesto daño en los progresos de su civilización y engrandecimiento. De esta primera época han quedado escasos vestigios; ni aún los autores latinos cuidaron de recojer las memorias más salientes, fuera de la parte que tomó en las luchas civiles. Asentada en paraje ameno y fértilísimo, al mar vecino, y rodeada de poblaciones tan impor- tantes como las ibéricas Segóbriga, Arze-Gadir (Peñíscola), lldera (Gabanes), Saluvie (Alfaques, Tortosa), Seduni (Alcalá de Ghisbert), Dianio (Dénia), Arze- Saguntum, Saetabis (Játiva), muy pronto fué aumentando su vecindario, y con él adquiriendo importancia y renombre. Pertenecen, sin duda, á este período, las monedas que poseemos de Valencia , todas ellas batidas con anterioridad al imperio; probándose asimismo lo moderno de su fundación y el origen de sus habitantes por las leyendas de esas emisiones, pues todas llevan inscrip- ciones latinas, sin que hasta la fecha se conozcan ibéricas ni bilingües (2). De la condición política y social de los primeros habitantes, bien poca cosa es lo que sabemos. Greada colonia romana y disfrutando del derecho itálico, según el jurisconsulto Paulo, se organizó conforme á esta base. Los primitivos pobladores aparecen con el carácter de colonos militares, pero en tiempos de Gésar ó de Augusto, se dedujo otra colonia de soldados licenciados ó ve- teranos, que llevarían en sí el verdadero ms italicum, añadiendo al dominium ex ture quiriücnm la inmunidad personal [ex capite) y la territorial (ex sole)\ pudiéndose afirmar que en los monumentos litológicos aparecen siempre juntos los primeros colonos y los segundos, con las denominaciones veterani et vete- res, que responde á las dos deducciones señaladas (3). La distinción marcada (1) junius Brutus, Cónsul in Híspanla, iis qui sub Viriato mllitaverant, agros oppidumque dccit quod Valentía vocatum est.— Tito Livio. Epit. LV. (2) Delgado, Medallas Autónomas, tom. III, pág. 418. (3) Ilübner, Inscriptiones Hispaniae latinae. El erudito berlinés ha recogido en su obra (nú- ORGANIZACIÓN DEL TRABAJO EN VALENCIA. 147 no en las inscripciones pudiera justificarse, diciendo que los primeros colonos gozaban del ius civitate, careciendo por consiguiente del tus siiffragii y del im honorem, esto es, del derecho de votar y ejercer cargos públicos en Roma, que no debieron perder los colonos de la segunda deducción. No hay, pues, necesidad, para explicar la diferencia entre veteraiii et vetevés, de creer con algunos autores que los habitantes de Valencia, así mencionados, se dividian en dos clases: unos, los primeros, que subsistían con el carácter de avecindados {incolae) sin derechos, y los segundos serian los verdaderos colonos, gozando de todas las prerogativas jurídicas (l). De lo expuesto resulta que Valencia se organizó conforme ;i la manera de ser del pueblo romano, y desde los primeros tiempos sufrió la influencia de la cultura latina. El engrandecimiento de su recinto, la importancia comercial, el estar situada en el centro de una comarca pobladísima, los restos arqueoló- gicos, la magnificencia de los templos, y la vía militar que la ponia en directa comunicación con el resto del imperio, prueban que esta ciudad respondía perfectamente á las condiciones que impulsaron su fundación. También debió contribuir muy poderosamente á romanizar las poblaciones indígenas que exis- tían en su vecindad , ayudando á que se difundiese rápidamente la civilización del Lacio en la raza ibérica, hasta el extremo de modificarla por completo, borrando los antiguos caracteres de los naturales y los pueblos colonizadores. meros 3733, 3734, 3735, 3736, 3738) las inscripciones i^uc mencionan las dos clases de co- lonos. Sirva de ejemplo la que sigue: GNAEAE SEIAEHEREN NIAE • SALLVS TIAE • BARBIAE ORBIANAEAVG CONIVGI • DOMI NI • NOSTRIAVG VALENTINI • VE TERANI • ET VETERES Se lee: Gnaeae [ Seiae Heren | niae Sallus | tiae Barbiae | Orbianae aug (ttstae) \ Coniugi dom- I ni nostri Aug [usti) \ Valentini ve | terani et | vetevés. (1) Los autores que más detenidamente se han ocupado en ilustrar este punto, entre otros, son: Escolano, Historia de Yalenda, tom. I, lib. I, cap. XIX; Olmo, LitJwlogia, cap. XVII, pág. 64; VJihtWQS, Ilustración de la lápida romana descubierta en Valencia en el año 1807^ pág. I9 ; Orliz, Carta del Dean de Xativa á D. Vicente Pláy Cabrera, pág. 33. refuta la opinión del P. Ribelles y es carta muy erudita; Lumiares, Inscripciones y antigüedades del reino de Valencia, tom. VIII de las Memorias de la Academia de la Historia; ilustración de la lápida núm. 323; Hübner, Loco cit.\ Ber- langa, Los Bronces de Osuna, pág. 58, combate la versión del arqueólogo alemán. 14^ REVISTA DE VALENCIA. no Con lo expuesto, bastará para comprender por qué en Valencia obtuvieron table importancia algunas instituciones especiales del pueblo romano, entre las que figuran los colegios de artes y oficios. No están acordes los autores al señalar la época en que nacieron en Roma, ni tampoco han precisado á quién se debe su primera organización. Numa, sef'un Plinio, instituyó cierto número de colegios ; y Plutarco añade que dicho rey dividió en categorías y clases á los habitantes de Roma, formando distintos cuerpos y asignándoles sitios donde hablan de reunirse para celebrar sus asambleas (l). Y como quiera que la opinión de esos antiguos escritores es la c'-eneralmente aceptada, no vemos inconveniente en admitirla, dado que solo nos proponemos hacer lijeras indicaciones, á fin de señalar el punto de partida y el probable origen de las asociaciones gremiales. Más antiguas que las in- dustriales, creemos que son las sacerdotales {sodalitia), dedicadas al culto de las divinidades romanas, ó bien á la práctica de ciertos actos relacionados con las creencias religiosas. Respecto á las primeras, la ley de las Doce Tablas reconoce su existencia, como asimismo el derecho á formar estatutos para su f'obierno. Y no siendo el intento nuestro seguir todas las evoluciones que expe- rimentaron durante la monarquía, la república y parte del imperio, diremos que en tiempo de Alejandro Severo obtuvieron extraordinario desarrollo, y aquie- tadas las antiguas desconfianzas, que tales corporaciones produjeron, les fue dado alcanzar verdadera importancia, pudiendo clasificarse todas ellas en cuatro categorías, que responden á otros tantos fines especiales: 1.0 Colegios sacerdotales {Collegia templorum)\ 2° Asociaciones amigables, religiosas, funerarias (Sodalitaíes, collegia soda- litia, autores deormn)\ 3.° Decurias de lictores y otros funcionarios inferiores ( Viatores, praecones, licíores, etc.)) 4.° Corporaciones de artes y oficios [Collegia artificum vel opificimi). De los anteriores grupos solo nos interesa el último, por encontrar en Valencia, Sagunto y alguna otra ciudad de la región valenciana monumentos que atestiguan la existencia en las mismas de esas asociaciones, cuya descrip- ción, aunque someramente, vamos á intentar, dividiéndolas, según su naturaleza, en tres secciones: obreros del Estado\ profesiones necesarias para la subsis- temia del pueblo romano, y corporaciones de oficios libres (2). (1) l'linio XXXIV, 1; XXXV, 46.— Plutarco. Ntma. (2) No comprendemos dentro de la categoría de los colegios de artes y oficios á las corpora- ciones religiosas en sus múltiples manifestaciones, aunque tienen más de un punto de contacto con las primeras. En Valencia existían también corporaciones de esa naturaleza; conocida es la inscrip- ción SODALICIVM I VERNARVM | COLENTES ISIDEM, y las que conservan en Sagunto CVLTORES día... y otras que pueden verse en liübner. Ope. cit. núms. 3730, 3821, 3822 y 3823. ORGANIZACIÓN DEL TRABAJO EN VALENCIA. i^g El emperador Adriano, á lo que se cree, fué el primero que organizó por completo los servicios públicos, mediante corporaciones industriales encargadas de realizarlos en beneficio del pueblo y para la defensa del imperio. Los cons- tituidos en semejantes clases estaban encargados de la acuñación de la moneda {mo7ieiarii)\ del laboreo de las minas {inetallarii)\ de la faljricacion de las manufacturas imperiales, como eran los constructores de objetos de plata {argentarii)\ los que elaboraban los de oro (aurarii), los que tejían las telas para el emperador, su familia y legiones {textrini ó lympharii), los tintoreros {baphii), los encargados de los trasportes (bastagarn), los empleados en la fabricación de armas para los ejércitos, entre los que se contaban los balles- teros (balisiarii), los espaderos {spatarii), los constnictores de escudos {scu- tarii), los cotamalleros (¿oricarii), los destinados á levantar edificios públicos y conservarlos, con otros que pudiéramos citar, sino fueran suficientes los recordados. La organización interior de esos centros fabriles, la condición del obrero respecto de las demás clases sociales, las penas en que incurrían, el matrimo- nio de los inscritos en el colegio, y hasta los más pequeños detalles, aparecen prolijamente señalados en las leyes romanas. La condición de estos artesanos era en extremo aflictiva, quedando desde que nacían sujetos al taller (officina) de su padre. Y por lo que toca á otros extremos, bastará recordar que la mayor parte de los obreros llevaban en el brazo la señal de su servidumbre, y aún se acordó estampar el nombre del emperador sobre la mano, á fin de que, sirviéndoles de honroso timbre, pudieran ser ñícilmente reconocidos en caso de fuga por los oficiales del imperio, encargados de su dirección y custodia (l). Los talleres del Estado encontrábanse esparcidos por todos los ámbitos del imperio, y si bien en Roma tenían una organización completa, alcanzábanla también en las provincias, demostrándolo así los preceptos legales, los monu- mentos epigráficos, los escritores latinos y la naturaleza misma de los servicios que prestaban. Por lo que hace á Valencia, Sagunto, Játiva, Dénia, Segorbe y alguna otra ciudad, no cabe duda que existían fábricas de acuñar monedas, justificándolo las que se conservan de aquellos tiempos, emitidas por los magistrados de las respectivas colonias ó municipios. Tampoco se ofrece duda alguna en lo tocante á otros oficios, y aunque los restos lapídeos que se conocen son escasos é incompletos, podemos, no obstante, colegir por ellos la existencia de las asociaciones del Estado, más ó menos desarrolladas. Además se comprueba por (l) ... singulis manibiH eorum felici nomine pletatis nostrae impreso signari dccernimus. Cod. Jtisti. lib. XI, tit. XLII, I. X. j(.Q REVISTA DE VALENCIA. las inscripciones halladas en varias otras provincias de España, según puede verse en las colecciones epigráficas de Orelli y Hübner. La siguiente lápida saguntina justifica lo que hemos dicho, y confirma la existencia de los obreros del Estado. L • ANTONIO • L • F • GAL NVMIDAE • PRAEFECT FABRVM • TRIBVNO • MILIT LEG • PRIMAL • ITALICAE L • RVBRIV5-P0LYBIVS AMIGO (i). Otras inscripciones relativas á este empleo, y tal vez al propio personaje, han sido publicadas por distintos autores, pero no debe confundirse el cargo que ejercía Lucio Antonio , con otro también denominado praefectiis fabrimi^ del que hablaremos más adelante. El primero tenia á su cuidado y dirección los trabajadores empleados en las obras militares, y se cree con fundamento que en Sagunto y Valencia levantarla algunos edificios públicos de importan- cia (2). A la misma época creemos pertenece otra lápida que conmemoraba la variación de cauce del rio Túria, junto á Valencia, que dice: .... VLIV .... LOCO VM O VI AOVAM TRAHI M A PORTA SVCRONENS EMPTVM ■ V • KAL • MAIAS (3). El suceso que menciona puede relacionarse con una de las obras públicas más importantes que existen en la ciudad, como ciertamente lo son las cloacas, obra llevada á cabo por los romanos; para cuya construcción y vigilancia habia un cuerpo de obreros llamados acuarios ó acuaductores, institución propia del Estado (4) , El segundo grupo de las asociaciones industriales eran las constituidas por (1) LecMuos: L {uc'uf) Antonio, L {itci) f [ilio] Gal {erld) Nuniidae praefect [o) \ fabrum tribuno milit(í7r/) 1 leg {ionis) priniae itolicae [ L {iichts) Rubrius Polybius amico. — Lumiares, núm. 126. — Hübner, núm. 38 1 9. Existe en Sagunto. (2) Escolano, Hist. de Val. I. IV. X. (3) No se conserva. Publicada por Escolano, Loco dt. y reproducida, entre otros, por Hüb-" ner, núm. 3747. (4) "A.cuaris vel aquarum custodes (quos hydrophilaces nominant).„ Cod. Justi. lib. XI, tit. LXII. Borrull, en su excelente Tratado de la distribución de las aguas del rio liirla, pág. 64, combate ORGANIZACIÓN DEL TRABAJO EN VALENCIA. I51 todos aquellos que se empleaban en los servicios necesarios á la subsistencia del pueblo. Fácilmente se comprende su importancia, considerando que una de las grandes instituciones de Roma fué la encargada de la distribución del trigo á la plebe, establecicMidose un praefectus annonae, con sus correspondientes centuriofies annonae, y otros funcionarios subalternos empleados en la adminis- tración del canon friimentai'ius. Pertenecen además á esta clase los abaste- cedores de carnes, divididos en tres distintas categorías {pecuarii, boarii, smrii); los armadores de buques para el trasporte de los trigos {navicular); los barqueros {caiidicarii); los panaderos {pistoribus) y otros muchos, que fuera prolijo nombrar. No podemos probar con textos ó datos epigráficos que existieran en Valencia y ciudades vecinas colegios pertenecientes al segundo grupo , pero aparte de que son abundantes las noticias que de ellos se conservan en otras provincias, la falta de esos antecedentes no es bastante para negar su existencia en la región valenciana, y así lo convence también la unidad política y admi- nistrativa que caracteriza á la dominación romana. Más numerosos y completos son los datos que poseemos relativos al tercer grupo, ó sea el de las asociaciones libres, cuya organización y régimen veremos renacer en las cofradías y gremios que se formaron en la Edad-Media. Las corpo- raciones de oficios, pertenecientes á esta categoría, representaban en la sociedad romana im papel importantísimo. Por su organización, número y privilegios constituían nna verdadera fuerza, que en ocasiones motivó medidas de rigor dictadas por los emperadores, y avin la prohibición de formar nuevos colegios. En España eran muchos los que existieron, si hemos de juzgar por los res- tos epigráficos que han llegado hasta nuestros dias. Barcelona, Tarragona, Se- villa, Málaga, Córdoba y otras ciudades conservan inscripciones, que prueban alcanzaron una organización completa y regular, estando representados todos los oficios y profesiones indispensables en aquella sociedad, desde el simple con- ductor de carruajes (auriga) hasta el más peritísimo escultor ó arquitecto (l). También en Valencia encontramos vestigios lapídeos que pertenecen de lleno á la industria privada y á su organización en colegios. Los autores latinos que se han ocupado de la colonia Edetana, han celebrado, más que su industria, el azul de su cielo, lo apacible de su cUma y la abundancia y riqueza de los productos agrícolas. No quiere esto decir que en Valencia fuera insignificante el movi- miento industrial, pues anteriormente dejamos consignada la importancia que en todos los órdenes de la vida alcanzó durante el período latino. La falta de la opinión de que las acequias subterráneas que cruzan á Valencia fueran obra de los romanos. Puede ser que no todas lo sean, pero es indidable que su primera traza se debe á ellos. (1) Hübner, Op¿. cit. CoUegict et sodaliiia, pág. 773- Aries et o/ficia pñvatis, pág. 774- 1^2 REVISTA DE Valencia, esas noticias y antecedentes obedece , como veremos , á muy distintas causas. Las dominaciones visigótica, árabe y aún la cristiana , destruyeron grandí- simo número de inscripciones, donde estada escrita la historia de las asociacio- nes de artes y oficios de Valencia. Los restos que han podido escapar á una des- trucción tan continua, permiten reconstruir la vida de aquellas corporaciones. Lo propio acontece por lo que se refiere á Sagunto, Saetabis y algunos otros pueblos. En Valencia se guarda la memoria de un Julio Apolausto, fabricante de va- sos de plata, á cuyo recuerdo, su mujer Tettia, dedicó una lápida sepulcral, que reproducimos: D. M. L • IVL • APOLAVs TO • ARGENT VASLIARIO • F ETTIA • VALEN TINA • MARI TO • ÓPTIMO (1). Otro monumento epigráfico se conserva también de importancia referente á la industria latino-valenciana. Por él consta la existencia de una fabrica de imá- genes, así para los templos como para los particulares. Y no sin razón se puede creer que Ampliato las construía de metales preciosos, figurando entre los pro- ductos de su íabrica los pequeños ídolos, amuletos y otros objetos votivos, de que se ha encontrado copioso número en toda la provincia. Que en Valencia al- canzarla esta industria grande importancia, pruébase también por los muchos templos dedicados á las divinidades que en su recinto debieron existir , á juzgar por los restos que han escapado á la acción del tiempo y á la destrucción de los hombres. Como quiera que sea, el testimonio litológico dice: V1RI.E • ATE AMPLIATVS O VI • F ABRIGUE ALAS • ET SIGNORVM PRiEFVIT ET • CALLIRHOE ET ■ LIB (2). (1) Se Ice: D(w) U{amhís) \ L. luí [io) A[w\m (s) \ to, argent (ario) \ vasliarlo, í{ed/). — ( 7) ettia Valen | tina mari | to óptimo. (2) Ha desaparecido. Lumiares, núm. 322.— Hübner, núm. 3771. — Cruilles, Guia de Valencia, tomo II, pág. 252. ORGANIZACIÓN DEL TRABAJO EN VALENCIA. ir 3 Prosiguiendo el catálogo de los restos epigráficos que mencionan nombres de individuos que ejercieron profesiones <) industrias, encontramos en Sagunto á un Lucio Aelio, profesor de gramática, como lo expresa la lápida que le dedicó su liberto. D ■ ]\I • yEL • CAER lALI • MAGISTRO ARTIS • GRAMMA TICJE ■ L • iEL-iELI ANVS-LIBERTVS PAT-BEN-MERITO VIXIT • ANN • LXXXV (i). No podian faltar en las principales poblaciones de la región valenciana los intermediarios y auxiliares que exijen la industria y el comercio. Así encontra- mos establecidos á los banqueros {numulari) ó cambiadores de moneda, propia- mente dichos. Debió ser esta profesión de importancia y crédito, demostrándolo el monumento cuya inscripción reproducimos, y que hace referencia á Fabio Avi- to, que ejercía su industria en Onda, población de no escaso comercio en la época que historiamos. El resto lapídeo dice así: C • AEMILIVS-FRON TO AN LX • COELIA FAESTIVA AN LX ANTISTIA P/ EES ///// VA FABII AVITI NVMVLARI IXOR AN ' XXV MHNS (2). Pero una de las más importantes y famosas industrias que existían en la provincia durante la época romana, fué la de los celebrados barros saguntinos. Plinio, Marcial, Juvenal y otros autores dedicáronles grandes elogios, ensal- zando con poéticos dictados los vasos ó cálices de Sagunto. Y que los elo- gios no eran exaj erados, fácilmente se prueba con los mismos productos que afortunadamente conocemos y estimamos como obra perfecta de la cerámica (1) Trascripción: D (/í) M (íz;«<5«jj L (««V) Aelio Caer [ iali magistro | artis gramma | ticae L {nciits) Ael {ms) Aeli | anus libertus | pat (roíio) benemérito | .Vixit ann {orum) LXXXV, Actas de la Academia de la Historia, año l86o, pág. 14. — Boix , Memorias de Sagunto, pág. 106. — Hübner, núra. 387¿. Existe en el teatro romano de Sagunto. (2) Dice: O {ams) Aemilius Fron | to an [norum) LX; Coelia | Faestiva an [noriini] LX: An- tistia I P [ra] ees (jexlt) va | Favii Aviti | numulari uxor , an (norum) XXV | M {onumailum supl. {hoc) H feredes) N (ojt) S Ay?»V«;-;.— Lumiarcs, núm. 2 18. —Hübner, núra. 4034* jr . REVISTA DE VALENCIA. nacional. De su naturaleza, fabricación y clases han hablado varios autores, pero merece el primer lugar el Príncipe Pió, que en su erudita Disertacicni sobre los barros saguntinos, trató la materia con mucha crítica y conocimiento. A su diligencia se debe el haberse recogido copioso número de marcas, estam- padas en los variadísimos objetos que salían de las alfarerías de Sagunto, ex- presando el nombre del fabricante y la contramarca ó seña especial que tenia adoptada, para distinguir en el mercado sus productos y evitar las falsificacio- nes. Mediante esas señales conocemos el nombre de algunas fábricas y el de no pocos artífices peritísimos (l). De lo expuesto se deduce la importancia que en esta región alcanzó la in- dustria en sus varias y múltiples manifestaciones, según puede entenderse por la perfección, número y destino de los objetos que hoy poseemos. Pero esos datos se refieren todos, ó en gran parte, á memorias de individuos, sin men- cionar á la colectividad ó corporación constituida en colegio. Faltan, en verdad, los antecedentes: el tiempo y los hombres los han destruido, mas no todos, pues restan aún suficientes para facilitar el estudio de los colegios valencianos. Su constitución interior era igual ó parecida á los demás colegios conocidos en el resto del imperio , y que desde los más remotos tiempos estaban organi- zados ad exemplum reipiiblicae (2). Tenían sus jefes (principales collegi); los síndicos (sindicus, actor); el encargado de anotar los actos del colegio (tadu- lari) y otros, que tomaban distintas denominaciones, según los tiempos, los oficios y las localidades. El sitio donde se reunían los collegiaiii se llamaba scholae, seqiielae ó cm'ia, y allí tenían lugar sus asambleas, ceremonias reli- giosas, banquetes y varios otros actos. Existia un magistrado superior, encar- gado de velar por el cumplimiento de las leyes relativas á los colegios, de que estos guardasen sus estatutos, de dirimir las contiendas entre distintas corporaciones, y en una palabra, el praefectus fabruní , que este era su nombre, estaba investido de extraordinarias facultades de policía industrial. Desde los tiempos del emperador Augusto, en que se creó el sevirato augus- tal, correspondió á estos funcionarios, especialmente en Valencia, el patronato de los colegios de artes y oficios, ejerciendo bajo este aspecto el magistri la- rum augustorum ó severi augustales, las funciones del praefectus fabrum, reem- plazándole en todos los actos propios del patronato y vigilancia que desem- peñaban cerca de las corporaciones industriales. En Valencia debió alcanzar gran importancia el sevirato, según puede rastrearse por las memorias que se conocen de aquella institución y de los que desempeñaron el cargo. (1) Puede verse sobre este punto á Hübner, Op. clt. pág. 657. Inslnimcnii domcslici inscrlptiones ^ (a; Digit, lib. III, tit. IV, 71. ORGANIZACIÓN DEL TRABAJO EN VALENCIA. I53 11. El establecimiento de los visigodos en la Península produjo notabilísima influencia en la organización industrial del pueblo hispano-latino. Vimos en lo anteriormente expuesto cómo se constituyeron las corporaciones industriales y la influencia que ejercieron por su número é importancia; pero su fuerza encontrábase quebrantada á últimos del siglo IV, en virtud de la decadencia ge- neral, que iba preparando la ruina del imperio latino , y con él de muchas de las instituciones creadas por Roma. Así, pues, entendemos que los colegios y corporaciones de artes y oficios su- frieron un rudísimo golpe con la invasión goda, pero no llegaron á desaparecer por completo. Abonan esta creencia multitud de hechos, que demuestran persis- tió la civilización latina, y aún influyó en la cultura de las razas invasoras. Y recordando que estas no entraron en la Península como conquistadoras, sino como meras fuerzas auxiliares, se comprenderá la situación de las poblaciones españolas frente á unas razas faltas de cultura, rudas y entregadas por completo al ejercicio de la guerra, y menospreciadoras del refinado gusto y molicie que mi- naba la existencia de los latinos. Favoreció esta conducta la vida de las antiguas instituciones, que si bien modificadas, subsistieron durante todo el imperio gó. tico. Así encontramos, por ejemplo, que la población romana continuó predo- minando en las ciudades, y la visigoda en el campo, explotando las posesiones (sories goticce) que les hablan correspondido como recompensa del auxilio pres. tado al gobierno imperial. Este hecho determina y aclara perfectamente la línea divisoria entre ambos pueblos, y permite juzgar con acierto de la parte que cor- respondió á cada una de estas razas en los progresos de la civilización española^ desde el siglo V hasta la invasión de los muslimes. El elemento individual, re- presentado por los visigóticos, modifica, á su vez, el carácter absorvente de la sociedad vencida, y esta modificación es la base en que se apoya el organismo social y político de la raza hispano-gótica (i). Pero el elemento latino muéstrase robusto y poderoso. Su influencia no decae, antes vemos cómo se impone y acrecienta, abriéndose paso por medio de las leyes y de los monumentos arquitectónicos. Explícase de esta suerte la pro- mulgación del Breviario de Alarico, que vino á legalizar la existencia de las po- blaciones romano-hispanas, conservando las antiguas instituciones políticas y civiles. No es de este lugar el examinar todas y cada una de las consecuencias que produjo el planteamiento del Breviario de Alarico, y aunque no introdujo (1) Pérez Pujol, Estudios históricos sobre la España goda: El INDIVIDUO, REVISTA DE VALENCIA. novedad alguna, su influencia fué extraordinaria por el solo concepto de aclarar el antiguo derecho , vigorizarlo é imponer con su autoridad la observancia de las leyes contenidas en el Código Theodosiano, en las Novelas de Theodosio, Va- lentiniano, Marciano, Mayoriano y Severo, la Instituta de Gayo, las Sentencias de Paulo, los Códigos Gregoriano y Hermogeniano y las Respuestas de Papiano, formando todas ellas la constitución política de la raza latina en la Península, con algunas modificaciones, y sin introducir variación ó cambio fundamental en el derecho civil (l). No solo es la legislación la que ampara y sostiene la influencia hispano-latina. Otros elementos importantísimos vienen á determinarla , figurando, en primer lugar, los monumentos arquitectónicos, las obras artísticas y el conocimiento y predominio de las letras. No podemos puntualizar cada una de esas modifica- ciones, notorias y evidentes; pero cabe, dentro de los estrechos límites de este bosquejo, sentar como regla y ley general que en la civilización hispano-visi- gótica, el elemento activo y creador pertenece á la antigua raza, modificando sus concepciones artísticas el elemento bizantino, y que en el orden político y civil esta fusión alcanza su verdadera fórmula en el reinado de Chindasvinto y Re- cesvinto, encarnándose en el Fuero Juzgo, vínculo que une las dos razas sin confundirlas ni hacerlas perder el carácter nativo, que se dibuja á través de todas las modificaciones y cambios que experimentan las gentes que pueblan la Pe- nínsula. Y si aún rebuscamos más el campo de la industria y de su organización, en- contraremos abundantes datos que justifican la subsistencia de las leyes romanas en cuanto al obrero, y á su incorporación en el colegio, conforme al modelo de la legislación imperial y en fuerza de la costumbre, aceptadas las dos por el pueblo visigótico-español. Es, pues, evidente la existencia de los colegios de artes y oficios en este período, desempeñando las propias ó parecidas funciones que ejercieron duran- te el imperio. No dan lugar á duda en esto los preceptos contenidos en la ley romana visigótica. Reconoce esta la personalidad de la corporación indus- trial (2), la condición del artesano inscrito al colegio (3), la obligación de vol- ver á su clase el clérigo degradado (4), con otras varias, que prueban cuanto llevamos expuesto, Y, si no fuera suficiente la ley para confirmar el hecho, tenemos aún el tes- timonio de San Isidoro, que robustece con el peso de su autoridad la perma- (1) Haenel, Lex romana, vlsigoího>'um, cap. I, VII. (2) Lex rom. VISIG. Cüd. Tlicod. lil). XIV, tit. I, lex única: iNTERPRETATIO, (3) Ibídem, Nov. de Valmli, tif. XII. (4) Ibidcm, Cüd. Thcod. !il,. XVI, tit. I, 1. 5, INTERP. ORGANIZACIÓN DEL TRABAJO EN VALENCIA. 157 nencia de los cuerpos de artes y oficios, conforme al espíritu latino, á la tradición constante y á las disposiciones legales (l). No es posible un cuadro acabado del estado de Valencia en esta época, ni de su importancia en orden á la industria y vida comercial; pero cabe apuntar la idea de que sostuvo el papel brillantísimo que representó en el período ro- mano, de donde se puede deducir siguió figurando como cabeza ó metrópoli de toda la provincia, distinguiéndose por los preclaros hijos que produjo, tales como Celsino, Nebridio, Justiano, Eutropio y Martino, ornamento de la iglesia española, y con los monjes servitas de Játiva, guardadores de la fé católica contra las pretensiones arrianas (2). Si, pues, alcanzaban las letras varones tan ilustres, forzoso será convenir en que todas las restantes manifestaciones de la vida artística seguirían el propio rumbo, conservándose aquellas industrias que vimos florecientes y adelantadas en la época anterior. Esto, aparte de la importancia política que la correspon- día como capital de la región, gozando de las prerogativas de batir moneda y otras, que no es del caso nombrar. El imperio godo desaparece á impulsos de la raza muslime, dando origen á nueva y potente dominación, llamada á modificar los caracteres que distin- guieron en lo pasado al pueblo español. Esta influencia dejóse sentir profunda- mente en toda la extensa costa del Mediterráneo, y con especialidad en la región valenciana, siguiendo sus pueblos la ley común que cupo á otras poblaciones. Convienen los historiadores de más nota , que la Valenüla que figura en la capitulación entre Abd-el-aziz Ben Muza y el conde Teodomiro, es la propia ciudad de Valencia; y en este supuesto, sus habitantes hispano-godos dis falta- ron de las ventajas que produjo semejante tratado. Por él alcanzaron cierta independencia y libertad, que les permitió el uso de sus riquezas, el ejercicio de su industria, el culto religioso y otras prácticas y ceremonias peculiares de la raza cristiana; subsistiendo entre ésta y la vencedora lazos de apacible comuni- dad y beneficioso concierto, hasta el punto de batir monedas con leyendas latinas y bilingües, á semejanza de lo ocurrido en los primeros tiempos de la invasión romana, respecto de los pueblos indígenas de la Península (3). A la sombra, pues, de esta calculada tolerancia, se desarrolló en Valencia la población mozárabe, domiliciada en un barrio próximo á la puerta llamada de Valldigna ó de la Culebra, según la Crónica general, hablando de la con- quista de la ciudad por el Cid. De los mozárabes valencianos son escasas las noticias que encontramos en los autores, y aún estas no importan al objeto (1) Etimologías, IX y X. (2) Escolano, Hist. de Val. lib. II, caps. IX y X. (3) Coedera y Zaidío, Tralado de jztmtismáíica arábigo-española, pág. 35. 1-3 REVISTA DE VALENCIA. nuestro, pudiéndose delinear su condición política y social por la que alcanza- ban las comunidades cristianas que subsistieron en Málaga, Elvira, Córdoba, Sevilla, Mérida, Coimbra, Toledo, Zaragoza y otras ciudades sujetas al poder agareno. A ejemplo de estas, persistió en Valencia la iglesia y monasterio del Santo Sepulcro, hoy de San Bartolomé, en la vecindad de la puerta de Valí' digna, único templo que se concedió á los cristianos (i). Pocos son, también, los antecedentes que restan de la industria que estos ejercieron, y de su organización en colegios ó corporaciones; pero teniendo presente que la institución latina subsistió á través de la dominación goda, y asimiladas ambas razas, cabe la creencia de que conservarían estas, en medio del dominio árabe, la antigua organización, quebrantada, si se quiere, con las repetidas alteraciones experimentadas por los pueblos hispano-visigóticos. La necesidad ó la política, ó ambas cosas á un tiempo, obligaron á los árabes en la primera época de su incierta dominación, á permitir la existencia de la atribulada y mermadísima gente mozárabe, pero siempre sujeta esta última á la dura condición del vencido y á los capríchosos vaivenes de la fortuna. Si, por un momento, vemos que la grey musulmana parece como supeditada á la cul- tura española; si respeta y admira las insignes y soberbias fílbricas de la arqui- tectura romana-bizantina, y se asombra ante el explendor de la industria, refi- nado gusto y boato en las familias acomodadas, muy pronto torna á recobrar su carácter la nativa fiereza, dejando paso al espíritu propio, original y peculiar de la raza (2). Mediando estas y otras modificaciones é influencias, se desarrolla en Va- lencia la civilización árabe, y también aquí tropezamos con la falta de ante- cedentes, pues los historiadores coetáneos cuidáronse poco de la vida artística é industrial de aquel pueblo, que solo nos es conocida por sus obras: historia escrita en los monumentos arquitectónicos, indumentarios y numismáticos, que han llegado en copioso número hasta nuestros dias. De los primeros son rarísimos los que se conservan en Valencia, ni cabe clasificarlos entre los de mérito sobresaliente. Los distintos incendios, saqueos y revoluciones de que fué teatro la ciudad en esta época, mermaron notable- mente su magnificencia, con no escasas lamentaciones de los escritores ára- bes, al pintar con angustiados colores los desastres de Valencia, bajo el poder del Cid, sin olvidar las sentidas lágrimas que derramaba el poeta á la vista de sus arruinados palacios, humeantes escombros y talados huertos (3). La (1) Sales, Mciiurias históncas del antiguo Santuario del Sanio Sepulcro de Valencia, pág. 34* (2) Caveda, Ensayo histórico sobre los diversos géneros de arquitectura empleada en España, etc., página 202. (3) La conocida elegía árabe, que traducida inserta la Crónica general de Espaita. ORGANIZACIÓN DEL TRABAJO EN VALENCIA. I59 propia suerte siguieron Murviedro, Játiva y demás poblaciones vecinas á la del Guadalaviar. La indumentaria, en sus varias manifestaciones, suministra abundantes noticias, suficientes para demostrar el explendor á que llegó la industria arábiga. Conocida es la importancia de las fábricas de porcelana de Manises, las de telas y papel de Játiva, con otras de que fuera interesante tratar, sino lo hubieran hecho diligentes autores que se han ocupado del asunto , croando rico arsenal de documentos que ilustran esta singular época de la industria hispano-árabe. Y aún cabe hablar, á este propósito, de la fabricación de moneda en Va- lencia, como manifestación artística, y señal de su extendido y floreciente co- mercio. Demuéstrase lo primero con la fina labor de las emitidas por las zocas valencianas, y en particular las acuñadas en el período de los Almorávides , cu- yos dinares ofrecen la especialidad de ser de los más bellos y mejor timbrados entre los numerosísimos que se emitieron por aquel tiempo en otras poblacio- nes de España y África, señal evidente de la perfección que los artistas valen- cianos alcanzaban en el arte del grabado (l). Por lo que hace á la agricultura, adelantos déla misma, cultivo de nuevas especies, fábricas hidráulicas y cuanto pertenece al arte agronómico, régimen y policía de las aguas destinadas al riego, fuera fácil tarea la de aducir pruebas y amontonar citas, si cuidadosamente no hubieran sido recopiladas por los que es- cribieron sobre la materia. Y volviendo al objeto principal de este trabajo, encontramos entre los árabes vestigios evidentes de su organización gremial, con algunas disposiciones que tendían á regularizar su ejercicio, bien que con el carácter de orden y policía municipal. Esta manera de ser de los artífices árabes dejó en Valencia recuer- dos que han resistido á la acción de los tiempos, y aún hoy persisten contra el avance demoledor de la piqueta reformadora. Tales son, los sitios donde so avecinaban los artesanos que ejercían un mismo oficio, ó profesiones afines. Esta continua relación, impuesta por la ley, debió dar origen á cierta comunidad de intereses, naciendo por propia necesidad el espíritu de profesión, el deseo de su engrandecimiento, y la emulación propia de las riquezas y poderío de los afiliados en la clase, cuidadosos de alardear su pujanza, haciendo ostentación de ella en las fiestas y regocijos públicos (2). Y de esta organización de mera (1) Caballero é Infante, Monedas árabes acuñadas en el antiguo n'mo de Valencia.^ tomo II, pa- gina 217 de la Revista DE Valencia. (2J Los gremios de mercaderes y menestrales de Córdoba formaban parte del brillantísimo y regio recibimiento que Ab-er-Rahaman III dispensó á D. Sancho el Craso cuando fue á dicha ciu- dad para curarse la dolencia que padecia. — Amador de los Rios, Historia de los Judíos en España, tomo I, pág. 154. l60 REVISTA DE VALENCIA. policía, si se quiere, tenemos antecedentes en los repartos que hizo el Rey Don Jaime I á los pobladores de Valencia, conquistada que fué en 1238. Consta por los registros de donaciones la existencia de las calles donde encontrábanse do- miciliados los pañeros, herreros, armeros, cambiadores ó banqueros, zapateros, plateros, freneros, armeros, carpinteros y otros oficios. Lo mismo se observa res- pecto á los repartos hechos en Murviedro y Játiva, donde también subsistía esa organización por calles, y que en parte se conserva hoy. De lo que llevamos dicho se deduce que desde la dominación romana hasta el establecimiento y expulsión de los árabes de Valencia, ha existido en esta ciudad una tradición constante en cuanto á la organización de los artesanos; que el colegio romano subsistió en el período visigótico; que los mozárabes va- lencianos conservarían la organización pasada, peculiar á su raza, y que los mismos mahometanos, siguiendo tal vez el ejemplo de los cristianos, é influidos por los estudios clásicos que cultivaban sus más ilustrados hombres, se apresura- rían á plantear una organización gremial, más ó menos perfecta, pero organiza- ción, al fin, rodeándola de todas aquellas instituciones municipales que imitaron en parte los pueblos cristianos, referentes todas al régimen de policía y vigilancia de las acequias y otras varias que pudieran citarse. Y fué tal esa sucesión de leyes de una á otra raza, tenia tal fuerza el derecho tradicional, que á su influen- cia no pudo escapar el mismo D. Jaime, que en sus privilegios y fueros se re- fiere muchas veces á la ley ó costumbre árabe, diciendo : "según antiguamente fué establecido y acostumbrado en tiempo de los sarracenos,, (l). Con lo expuesto basta para demostrar la permanencia en tres épocas distin- tas, y mediando muchos siglos, de una institución que veremos reaparecer bajo nueva forma, vigorizada por el cristianismo, amparada por las leyes y rodeada de aUísimas prerogativas. (l) "Segons que antigament es, e fo establít, e acostumat en temps de sarrahins.,, Fuero XXXV, rúb. De serzilud daygua. LAS TORRES DE SERRANOS. ¡o vayan á creer los que este artículo — ó lo que fuere — lean, que es nuestro intento reseñar histórica y artísticamente el monumento ar- quitectónico con cuyo epígrafe lo encabezamos. Plumas harto más discretas que la nuestra, y aleccionadas de sobra en cuanto á materia ó asuntos de arte concierne, se han ocupado en describirlo, bajo aquellos dos aspectos, y en tiempos tan recientes que su memoria se conserva fresca todavía. Excusamos, pues, recordar el nombre del Monarca que mandó levantar las famosas Torres, la época en que fueron construidas, el estilo de arquitectura á que corresponden y otros pormenores que de la generalidad son ya conocidos. Conviene más á nuestro propósito ofrecerlas á la pública consideración como muestra de nuestro sistema carcelario, que si rematadamente pésimo lo era en tiempos de menos cultura, altamente afrentoso lo es para la tercera capital de España en esta época, en que la civilización aspira á caminar tan rápida como el vapor y la electricidad. Y no porque entonces, como ahora, hayan faltado patri- cios y corporaciones de levantado espíritu y humanitarios sentimientos que, doliéndose de la horrenda situación en que de continuo yacian los pobres presos, trataron y hayan tratado de mejorar, sin darse punto de reposo, las ásperas y crueles condiciones que aíligian á los encarcelados en su malestar material y moral; pero sus generosos esfuerzos han resultado vanos, por lo común, y aunque se clama é insiste un dia y otro dia sobre la urgente necesidad de la reforma de nuestros sistemas carcelarios y penitenciarios, es, por desgracia, de- masiado notorio que aquí, si no hacia atrás, pocos pasos adelante vamos ca- minando. Pudiera creerse acaso, como por muchos se pretende, que si tan rezagados andamos en punto á estas reformas, es porque ellas van unidas también al pro- greso de la ciencia jurídica y señaladamente del derecho criminal, en cuya rama no hemos sido los que más hemos descollado; pero debemos advertir á los que tal crean— y en vindicación de España, y en especial de Valencia,— que antes, muy antes que en las demás naciones salieran á flor las filosóficas ideas, (¡ue l52 REVISTA DE VAI-ENCIA. han arrai^'^ado ya en la conciencia de todo el mundo, acerca de la verdadera na- turaleza de las penas, como de las condiciones que han de reunir los estableci- mientos destinados á cumplirlas, ya en nuestra ciudad hablan germinado sazona- das y brotado robustas de la pluma de uno de sus más doctos hijos. Con efecto: allá por los años de 1574, el Dr. D. Tomás Cerdán de Tallada, natural de Játiva, Oidor de la Real Audiencia de este reino, publicó una obrita titulada Visita de la cárcel de los pi'esos, que por lo rara que se ha hecho no es fácil á todos consultarla. Séanos permitido trascribir algunos de sus párrafos como el siguiente, en que hablando de la co7istriiccion y forma que ha de tener la cárcel, y del orden y concierto que en ella ha de haber — acerca de lo cual, después de apuntar la opinión de Tito Livio, que conviene en que en la ciu- dad haya en lugar público cárceles temerosas para apartar á los hombres malos y delincuentes, — dice que semejante opinión "ha sido admitida en estos tiempos señaladamente en esta Ciudad y Reyno de Valencia donde hay las más crueles cárceles que se tiene noticia havellas en estos Reinos, porque se sabe por relación de cautivos Christianos, que los baños de Argel no son con mucho tan ásperos como la cárcel común de esta ciudad, habiendo de ser tan al revés como se dirá abaxo. Es la mayor lástima del mundo ver que en tierra de Chris- tianos y de tantas caridades, y donde hacen otras costas y obras harto menos necesarias, se tenga tan poca cuenta en cosa de tanta importancia y que se atra- viessa la vida de tantos pobres que mueren en ellas estando presos á las veces por deudas y de poca quantidad.., Hace notar el autor cuan grande obra de caridad es la del cuidado de los pobres encarcelados, y citando lo mucho que á ello se consagró San Gregorio, añade á continuación; "Bien le imitó el buen Arzobispo de Valencia D. Thomás de Villanueva (que tan buen exemplo y memoria nos dexój que después de averse exercitado en su vida en socorrer á infinitos pobres, quando viene el tiempo de su muerte mandó que su Thesorero le llevase todo el dinero que tenia y lo repartió de su mano entre los pobres dando hasta la misma cama en que estava á los pobres del Hospital; de suerte que quando murió quedó tan pobre dehazienda quanto rico de buenas obras.,, "Tornando pues á nuestro proposito — añade más adelante Cerdán de Ta- llada,— se halla también un autor moderno que dize que la cárcel se ha de labrar de piedras toscas y negras: lo que para el exterior no me parece mal para ate- morizar los malos Demás desto, es necesario que en la cárcel haya algunos aposentos para recoger en ella tanta diversidad de delinquentes y de personas de diversas condiciones y estado. La cárcel ha de estar construida y edificada de tal manera que los presos no sean privados de la luz del cielo y haya un lugar público descubierto para que de dia puedan gozar del sol y ayre, para algún ali- vio de la pesadumbre della. Tampoco há de estar el preso cerrado en lugar os- LAS iUKKüS Di: SJiKKA.NOá. ^53 curo como si estuviese en tinieblas, antes si le hubieren cerrado de noche, venido el dia, le deven sacar luego en lugar que pueda gozar de la luz del sol.,, De buen grado seguiríamos extractando los bellísimos y sanos conceptos (jue el Dr. Cerdán continúa emitiendo, ano asaltarnos el temor de que el pre- sente artículo resulte de proporciones que no debe tener; pero, puesto que atjuel nombra á Santo Tomás de Villanueva, Arzobispo que fué de esta metropolitana sede, elojiando su ardiente caridad hacia los pobres, bueno será que recorde- mos que si resplandeció por todas sus virtudes, fué singularmente un dechado evangélico aun para con encarcelados. Valencia, que tanto se ha distinguido siempre y sigue distinguiéndose cuando de obras benéficas ó piadosas se trata, nunca pudo mirar con indiferencia las privaciones, penalidades, rigores, miserias y crueles tratos que padecían los que, privados de la libertad por causa de justi- cia, eran reducidos á prisión; y allí á donde no podría alcanzar ó tender su mano la acción oficial del Estado ó la protectora del municipio, allí acudía presurosa la caritativa de los ciudadanos ó la consoladora de las cofradías. Una de las más antiguas establecidas en esta capital, lo era la denominada del Santo Cristo de las Penas. Su principal misión consistía en cuidar de los pre- sos pobres, y el curioso que desee conocer la imagen que de advocación le servia, la encontrará en la primera capilla de la derecha, según se entra en la iglesia de San Juan del Hospital, por el paso que tiene su puerta recayente á la calle del Trinquete de Caballeros, Dicha cofradía mereció muy predilectamente la protección del santo Arzobispo arriba mencionado, y sus clavarios recibían con frecuencia abundantes limosnas del mismo. En 1555 desempeñaba la clava- ría un Antonio Salvador, quien, con fecha 10 de Setiembre, firmó el siguiente recibo: "Yo Antoni Salvador, clavari de les sacratíssimes penes de Nostre Senyor Deu, otorgue aver rebut cuatre liures y mija, y son de caritat que dona lo Reve- rendissim Arquebisbe pera pá y carn ais presos pobres miserables de la presó.,, No menos explícito para con ella se mostró también el venerable Patriarca del Túria, el insigne y famoso poeta y librero Juan de Timoneda. No olvidó para después de su muerte á los que tanto había socorrido y cuidado en vida, y en su testamento, cuya matriz á la vista hemos tenido, se lee esta cláusula: "ítem: do e leix ais pobres miserables de la presó de la present ciutat de Va- lencia cinch Iliures reals de Valencia: les quals vuU se paguen deis altres bens meus y no de les trenta liures per anima mía preses; y encara vuU que per los dits marmesors aquelles sien distribuides lo disapte apres seguent de la mía fi. desta manera: que sapien los pobres, que son del clavari de les Penes de Nos- tre Senyor Deu Jhesu Xrist, y á aquells donen dos quemes de pá y los diners qui restarán los repartixquen entre los demés per iguals parts, dexantho tot ;• discreció deis dits marmesors.,, 1Ó4 REVISTA DE VALENCIA. Pero, por muy ardiente que fuese el celo de la caridad privada, y por más que procurara mejorar en algo tan miserable situación material de los encarcela- dos siempre se estrellaban sus laudables esfuerzos ante obstáculos que era im- posible remover, y lo propio que sucede ahora sucedía entonces. No eran otra cosa las cárceles que sentinas de inmoralidad y centros de perversas enseñanzas, donde los que ingresaban criminales por accidente, no por hábito ó aviesos instintos, sallan, cuando menos, corrompidos, y generalmente maestros en todas malas artes. Y se comprende: el mismo departamento ocupaba el encerrado por una deuda insignificante, que el ladrón, el asesino y los que cometían los más repugnantes y espantosos crímenes. Por otra parte, la aplicación del tormento y la pena de azotes que dentro de las mismas Torres se llevaban á cabo, á la vista casi de los demás presos, y sin que hubiera un sitio algo recóndito ó apartado en que quedaran amortiguados los lamentos de los reos, en vez de atemorizar á los encarcelados, embotaban su sentimiento y endurecían sus corazones. La segunda pena se imponía de ordi- nario á los raterillos y jóvenes vagabundos, que por sus fechorías calan en ma- nos de los corchetes, pasando de las suyas á las del verdugo, y sin duda alguna, por lo cruel, cayó en desuso, aunque en algunos casos produjese saludables efectos. De esta inobservancia se dolía el Dr. D. Lorenzo Mateu y Sanz, en su tratado De Regimine Regni ValentiíB, y tal vez á ello se debió el que se restable- ciera después que dicha obra vio la luz pública. Lo cierto es, que, según Orellana, nos informa, en el año de 1 774 aún sufrieron tres muchachos cuatro docenas de azotes cada uno, y posteriormente fueron vapulados otros. Mas el que poéticamente, ó dígase mejor, el que en verso nos dejó descri- tas lo que las Torres de Serranos eran, como cárceles en su tiempo, — y como casi continúan siendo, — fué el festivo caballero y clérigo valenciano Pedro Jacinto Morlá, beneficiado de la parroquial iglesia de S. Martin, que floreció en la primera mitad del siglo XVII, el más popular de los poetas entonces favorecidos de las musas, y que escribía con igual gracejo, tanto en su nativo dialecto como en cas- tellano, para todos los certámenes literarios y fiestas religiosas y callejeras que á menudo se celebraban. Varias fueron las composiciones que, ora propias, ó bien en colaboración con otros ingenios, dejó á su muerte, de las cuales, en la mayor l)arte, quedaron inéditas. Por su travesura y alguna frase que no debió de sentar t)ien al Virey ó Capitán general de esta ciudad, fué puesto á la sombra en 'lichas cárceles, y á continuación trascribimos la que tituló LAS TORRES DE SERRANOS. 10/ PINTURA DE LAS TORRES DE SERRANOS DE MOSEN MORLA. ¡EÑORAS, a quien venero Por más divinas que humanas, aj Y á quien todas las mañanas Parias rinde el gran lucero; Pues no ignoráis lo que os quiero, Será muy puesto en razón Que me tengáis atención A estos versos desdichados, Que aunque no van muy limados Por lo menos veraos son. En esta cárcel padezco Ciertos achaques de tío Que su muestra poco pío Con un sobrino tan fresco; Pero mucho le agradezco El no valerme en la trena, Acción en él no muy buena, Pues, por lo menos, le culpa Que siendo suya la culpa Pague el sobrino la pena. Mil amigos me han dejado Viéndome en esta aflicción; No sé yo por qué ocasión: ¿Será por ser desdichado? Pero yo soy tan honrado Que no se me dá un cuatrín, Que de la fama el clarín Me dice, no es novedad, Pues se perdió la hermandad Entre Abel y entre Caín. El Virrey prudente y sabio Ouando le hablan de mí, Dice que me tiene aquí Por su gusto, no es agravio. Pero yo, cerrando el labio l6Ó REVISTA DE VALENCIA. Y torciéndole al soslayo, Conozco su flor en Mayo Y entiendo toda la maula, Pues me ha cerrado en la jaula, Oual si fuera papagayo. El padre Benet de Res Con ser un padre teatino, j\Ie consuela de continuo Porque es un hombre cortés; Pero esto presumo que es (Aunque justicia me sobre) Para que afición les cobre, Pero yo soy de opinión Que me sobra la razón. Pues me valen, siendo pobre. En esta cárcel no hay dia Que no me aflija el rigor, Pero me sobra valor Aunque me falta alegría. La tristeza en mi porfía Y algunos ratos me apura; Pero tendré á gran ventura Y no será dicha escasa Si sé pintar esta casa: Vá, señoras, de pintura. De los Serranos, siendo ella de Arpías. Esta cárcel se llama, reinas mias; Porque es un edificio Donde habita el profeso y el novicio: Mas tiene, á lo que siento. Mucha clausura, poco de convento. Y aunque los habitantes Pueden ser frailes por lo mendicantes, Pintalla agora quiero Aunque me hallo muy débil de dinero. Vaya, pues, de pintura: No me tengan ustedes por figura. Desta cárcel la puerta La entrada es ñícil. la salida incierta. LAS TORRES DE SERRANOS. 167 Se abre á todas horas Cual puerta de mujeres pecadoras. En ella está de guarda Un viejo cancervero que la guarda, Que aunque aquesta no es puerta del infierno, Parangón con él tiene por lo eterno. Cuarenta y cuatro gradas, —Porque las tengo yo muy bien contadas— De este edificio tiene la escalera, Mas anchas que conciencia de ventera; Y por fin y remate, Que es fuerza que se tema algún combate, Se cierra con tres puertas Donde asisten dos guardas muy despiertas, Y aunque mas que Argos suelen tener ojos. Les dan, con los de rengo, transpantojos Entremos mas adentro A donde hallamos, al primer encuentro, El aposento ó sala Donde acude la gente de mas gala. Porque es de nuestro alcayde Galán cual Gerineldo más que Zayde. En él hay una reja Que es depósito, al fin, de toda queja, A donde los mas presos Sintiendo de la cárcel los excesos, Con suspiros, con llantos, Penitencias ofrecen á los Santos, Y el prado, monte y rio Al punto hechan de ver que es desvarío; Porque al monte y al prado No lastima, señoras, el cuidado De tanto pobre preso Sujeto á la inclemencia de un proceso, Y así no se enternecen Pues que con mil libreas amanecen; Que á sentir las desdichas Se pusieran capuces, cual salchichas, Y el rio solo trata De tributar al mar copia de plata; l68 REVISTA DE VALENCIA. Que si el rio sintiera, Yo sé bien que cartujo se metiera Por no ver la ruina, Que al mas cuerdo en la cárcel desatina. Pero dejo este asunto Y voy á lo que importa, voy al punto. La sala de los jueces Que á visitalla vienen muchas veces, Otra cuadra se llama, Donde puede habitar cualquiera dama, Que tres alcobas tiene; Pero ninguna de ellas me conviene. Aquí, cada momento Suelen dar á los presos el tormento, Y cuando algunos días los emplean, Los gallos mas valientes cacarean, Y á todos nos espantan, Pues antes de morir, cual cisnes, cantan. Dánle á un preso el guante Como si fuera pobre vergonzante; Y aunque falto de olores Es guante que descubre muchas flores, Y al que el vítor pretende de tal lucha En alto le levanta una garrucha; Y si pertinaz niega, Aunque con llanto sus mejillas riega, Al instante le ponen Dos piedras grandes que le descomponen: Que el pedernal mas duro No está de estremecerse muy seguro, Porque son los tormentos eslabones, Que sacan claridades á montones. Pasemos adelante, Que no es bien que en tormentos tanto cante; Hay, pues, una capilla en esta sala Que en devoción á muchas las iguala; La invocación de aquesta Es de la Madre y Virgen que les presta Auxilios y favores A los que están enfermos de dolores. LAS TORRES DE SERRANOS. 16q Tiene un sacristanillo Mas tieso que una espada del perrillo, Hay un infame cubo En donde pienso que su trono tuvo (Según habita en él gente del ampa) El inventor y padre de la trampa. Allí con una caña, Cual suele cazar moscas una araña, Van pescando la mosca Desde la bolsa astuta hasta la tosca. Esta cárcel, que viene á ser piscina De aquel que hombre no tiene, ni vecina, Otro cubo sustenta. Cubo iníelice, porque está sin renta; Que al hombre que está falto de dinero Este cubo le sirve de carnero. Allí están enterrados Los que no alcanzan pan por sus pecados. Que aunque los duelos nunca fueron buenos, Con dineros y pan siempre son menos. La Comuna se llama: iDios me ayude á pintar su mucha fama! Señoras: la Comuna Es cuarto de la gente mas gatuna: Aquí, por sus pecados, Aunque todos se tienen por honrados, Los gatos mas cosarios Todos los dias van con sus rosarios, A su Santo hacen fiestas. Que mas que á Dimas quieren á sus gestas. Hay una tienda ó venta Donde la gente come que está hambrienta. En ella hay un tendero Que es el biznieto de Martin Lutero: Aqueste ventorrillo, este vellaco. Los preceptillos guarda del gran Caco, Que siempre hace la cuenta Como suelen hacerla en una venta. Cuenta siete de pan y de pan siete; Oiie viene á ser, señoras, treinta y siete. 170 REVISTA DE VALÉNCÍA. En él pierden el tino, Que á treinta y ocho sueldos cuenta el vino. Un venterillo con lición tan buena, No le tiene Paxaso ni Requena. Pero nos dice Paula Que así contaba el padre de la maula: Por tener seis mujeres, Fué preso de unos vivos alfileres, De su congoja á ratos Suele dar parte á los mejores gatos. Mas ¿de qué se congoja Si nunca tuvo tantas Barbarroja? El, con mil embelecos, Dice que es niñería entre los suecos: Por esta niñería Obispo le veremos de Turquía. De la tienda me salgo. Que me cansa la tienda, á fé de hidalgo; El Peñón me dá voces, Para mí viene á ser darme de coces. En el Peñón no entro Porque es de las desdichas otro centro, Para gente de leva El Peñón sirve de encantada cueva. Los encantos que hacen Con la pluma escribanos los deshacen; De Monsorin la cambra No es puesto ameno para tener zambra, Que en la cárcel el gusto Es tan aguado que la zambra es susto; Para mí, mejor fuera De que en Santo Domingo yo tuviera Una valiente zambra En la celda del padre Lector Cambra, A donde sin trabajo Tragos hay de Torrente, y no de Tajo; Pasemos adelante Que me estaba tentando el consonante; Venga la cambra nueva Aposento en el cual no estuvo Eva. LAS TORRES DE SERRANOS. 171 Aunque es muy evidente Que habitó en esta sala la serpiente. La gente mas lucida En este cuarto tiene acogida, Y aunque parece cuarto de apretura Algunas veces suele haber rotura. Llamando están, señoras, Los calabozos mas há de dos horas. Para que de ellos diga El horror, el asombro y la fatiga, Digo, de la Leonera, Que puede ser sepulcro de una fiera. Si de tantos trabajos Se vuelven blancos los escarabajos, ¡Ay! ¿Qué será de un hombre? Es fuerza que se muera ó que se asombre. Aquí se oyen gemidos De pobres desdichados y afligidos, Y ninguno se alegra Porque es habitación junto á una suegra. El limbo está delante: No hay preso que en nombrarlo no se espante. Del limbo cuentan todos, y no mienten, Que en él penas ni glorias no se sienten, Pero en aqueste (ayúdeme la vena Para poder contar su mucha pena); Aquesta gruta parda Al hombre más valiente le acobarda. Chinche hay que mano á mano Haberlas puede con un escribano, Pues saca sangre, en suma, Mas que un escribanillo con su pluma. Allí se entran ratones, Mas que en trigo sin guarda, gorriones: No se esconden de gatos Pues ven ahí alguaciles muchos ratos. Del Fraile el calabozo A nadie de los presos causa gozo: Entrar no quiero dentro Porque, por ser de fraile, es mal encuentro. 1/2 REVISTA DE FALENCIA. El Virgen ya me llama Por ser un calabozo de 'gran fama. A todos causa espantos Que le llamen el Virgen do entran tantos; Mas Virgen y en la Torre No hay preso que no diga: Eso se borre. En la cárcel no hay virgen ni doncella Porque era íiierza todos el querella. Cuando se vio en España la gran seca Doncellas hubo, pero ahora es mueca. Al Palomar me subo, Que cada calabozo es otro cubo. Allí he visto paloma Que me parece cuervo de Mahoma: El palomar es este de la tina Por haber tantas aves de rapiña. De Crespí, D. Francisco, Se llama un calabozo que es un risco; Caballeros de cuenta Acostumbran tenelle por su cuenta, Mas es con tan gran pecho Que sé que ellos cedieran de su drecho. De un otro me olvidaba Donde el Dios del amor tiene su aljaba: La memoria me falta en mi conciencia, Mas, estaba pensando en su excelencia: De San Feliu se nombra; Es calabozo de felice sombra. A su sombra se acojen Algunas, que el dinero nos recojen, Mujeres importantes Entrar he visto sin los guarda -infantes; Que deste calabozo la escalera Tiene revueltas mas que una ramera, Y en fin, es tan angosta, Que una pierna parece de langosta. Si alguna sube aprisa Quedarse es contingente sin camisa. De la materia salgo, Y de aquí una saliera como un gal go; LAS TORRES DE SERRANOS. 173 Mas tengo dicha poca Que á pintar lo que falta me provoca. En esta casa, á mas de calabozos, Dos tiene, para que bebamos, pozos: Tiene sus coscoUinas, Que huelen mucho mas cjue clavellinas, Con esta diferencia. Perdonen si lo digo sin licencia, Que los claveles huelen por el cabo Pero las coscoUinas por el rabo. Y en fin: en este de tinieblas valle, Que es bien que de él ninguna cosa calle, Hay para nuestras penas Fuertes grillos, esposas y cadenas; Y por ser importantes, Dos mil soplones, guardas vigilantes; Que si estos no estuvieran Los presos cada dia se salieran; Que es tal su sutileza Que no se les defiende fortaleza. Esta, con su clausura, De sus manos está poco segura. Que su valor al miedo no conoce, Aunque la guardan rejas ciento y doce, Y aunque sus llaves son mas de cuarenta. No el ánimo se encoje, antes se alienta; Que del alcaide y guardas A punto con sus chuzos y alabardas Puestos á mano armada, Viniera á provechar menos que nada Todas sus prevenciones A no haber tanta copia de soplones. Y doy fin al bosquejo, Porque á tabaco me convida un viejo; Que el tabaco en la Torre En nuestros conocimientos nos socorre. Pues vemos que estornuda Cualquiera preso como Dios le ayuda. A poner, las mas noches, acostumbran Lámparas diez y seis, que nos alumbran; 174 REVISTA DE VALENCIA. Y en muchas ocasiones A rezar, vienen ciegos, oraciones, Y con gran alegría Una Salve cantamos cada dia A la Virgen y Madre Del que ser hijo quiso, siendo Padre. Ella me favorezca Para que en este abismo no perezca; Y si aquesta pintura No está conforme al arte, á la censura De sus ingenios dejo, Y humilde perdón pide este bosquejo. SOBRE LA TRADUCCIÓN DEL "FAUSTO. CARTA A D. TEODORO LLÓRENTE. lA bellísima carta que me dedicas, querido Teodoro, al frente de la traducción del Fausto, ha producido en mi ánimo algo parecido al súbito rejuv enecimiento del hastiado Doctor de tu poema. La ado- lescencia, la inolvidable adolescencia de nuestros años escolares, ha surgido ex- pléndida ante mis ojos con sus generosos apasionamientos, sus ansias inasequi- bles, sus tentativas audaces, sus entusiasmos irreflexivos y sus pasajeros desfa- llecimientos. ¡Cuan lejos estamos ya de aquella edad de oro de la vida!... ¡Dichoso tii que aún guardas en tus manos las perfumadas flores de aquel abandonado pa- raíso! Yo, arrojé hace tiempo á los vientos sus corolas marchitas, y me con- fundí resignado, aún cuando triste, entre la muchedumbre innúmera de los des- conocidos. Pero conservo todavía en lo más íntimo de mi ser el culto del arte, en que juntos nos iniciábamos, y cree, querido Teodoro, que aun para los tran- ces oscuros y comunes de la vulgar existencia, es provechosísimo llevar dentro del alma ese grano de sal de la poesía. ¡De cuántas corrupciones preserva! ¡Cómo sazona y convierte en manjar sabrosísimo el pobre pan ganado cada dia con el sudor de la frente!... Tus palabras han despertado todos los ecos dormidos de aquellas viejas me- morias, y, durante su lectura, me he creido de nuevo en aquel gran salón de tu casa, alrededor de la espaciosa mesa, donde amontonábamos nuestros libros, leíamos nuestros versos, forjábamos planes de dramas ó de poemas, traducíamos y comentábamos nuestros poetas favoritos, y nos sorprendían las sombras del cre- púsculo vespertino absortos en el espejismo de nuestras ilusiones, calenturientos y nerviosos con la obsesión de aquel amor de lo infinito que abrasaba nuestras almas. ¡Cuántas veces tu bondadoso padre venia á alentarnos con una palabra de 176 REVISTA DE VALENCIA. estímulo y de aplauso!... Su noble imagen surge ahora luminosa en medio de mis recuerdos, por lo mismo que su dolorosísima pérdida ha coincidido con tu mayor triunfo literario. Entre los grandes elogios prodigados á tu obra ha fal- tado el que más codiciabas, y la mayor de tus alegrías ha sido nublada por el mayor de tus pesares. ¿Qué ley misteriosa es esta, que nos humilla como débiles esclavos del destino, en las horas de nuestro mayor enaltecimiento? ¿Por qué el instintivo miedo que acompaña sobre la tierra á todos los goces inefables? ¿Por qué van siempre unidas, como hermanas gemelas, las sombras temerosas de la gloria y la muerte? Largos dias he tardado intencionalmente en contestar á tu carta. Queria de- cirte en público toda la admiración que yo sentia por tu traducción del Fausto, y me arredraba el miedo de que mis elogios pareciesen dictados por la amistad y el agradecimiento. Hoy han hablado ya los literatos de profesión, los críticos severos y hasta los émulos rebuscadores de imaginarios defectos. No existe duda alguna acerca del mérito extraordinario é incuestionable de tu obra; pode- mos ya los íntimos entregarnos á la efusión mal retenida de nuestro regocijado entusiasmo. El mérito de ese libro crecerá con el tiempo. Dia vendrá en que figure como valiosísima alhaja en el guarda joyas de la castellana literatura, y sea citado como modelo en el arte de importar á nuestro pais las galas y riquezas poéticas de los idiomas extranjeros. Hoy atravesamos un período de anemia en la vida intelectual de nuestra patria. La fatiga de nuestras discordias; el desencanto y el hastío que han engendrado nuestras banderías políticas; lo huero de los mal traducidos sistemas filosóficos, con que han perturbado nuestros espíritus, y el grosero y creciente afán de goces y bienes terrenos, todo contribuye á esa atonía vergonzosa y á esa indiferencia enfermiza, con que nuestra sociedad acoje lo mismo los actos heroicos y las virtudes estoicas, que las obras insignes y precla- ras de una vigorosa inteligencia. Tiempos vendrán en que, sacudido el marasmo embrutecedor de la materia, abrasará nuestras almas la sed de lo imperecedero. Entonces recobrarán su im- perio las artes, guardadoras del manantial purísimo, y entonces será cuando el deleite intelectual que experimenten cuantos lean tu traducción del Fausto, pon- drá sobre las páginas de la obra los timbres imborrables de lo perpetuamente bello. Tienes razón en tu carta: el gran poema de Goethe era desconocido en nues- tra patria para cuantos ignoran el idioma en que fué escrito. Las traducciones en prosa no son tales traducciones. La poesía verdadera solo puede verterse á un nuevo idioma por medio de la poesía. La prosa y el verso son dos artes completamente distintas. Aún, prescindiendo del encanto armónico de la metri- SUURE LA TKADUCCIU-N DEL I AUisTü. I77 ficacion y de la rima, que son consustanciales á toda obra poética, y que la prosa anula, no puede esta tampoco reproducir, ni lejanamente siquiera, aquella adjetivación audaz, aquel relampagueo de la palabra, aquel hipérbaton enér- gico, aquella contextura del período y aquel aparente desorden ilógico en la marcha del concepto, que forman la esencia íntima y el irresistible encanto de los versos. El grabado, oscuro y falto de todos los matices de la vida, dá mu- cho más clara idea del luminoso cuadro de un pintor célebre, que la prosa, por pulida que sea, de la grande obra de un poeta. Recitad con voz unísona y mo- nótona, sin entonación ni canto alguno, las notas que componen las inefables armonías de una sublime partitura, y eso os dará idea de lo que resta de las estrofas líricas cuando se las traslada en prosaicos períodos. No, el inmortal poema de Fausto, puesto distintas veces en lengua castellana, no ha sido ver- daderamente conocido en España hasta la publicación de tu libro. Pero, no basta traducir en verso los cantos extranjeros. Los grandes poetas no pueden ser vertidos fielmente en otro idioma más que por los grandes poe- tas. ¡Desdichado el que intente la traslación fiel y equivalente de la palabra, sin haberse apropiado antes la sustancia íntima y el alma vivificante de la obra que traduce! Es necesario que en el corazón y en el cerebro del traductor se engen- dren nuevamente, con toda pureza, con toda intensidad y con toda amplitud, los sentimientos y las ideas que conmovieron antes todas las fibras del poeta que reproduce; y es necesario que esas ideas y esos sentimientos encuentren allí el molde adecuado, la forma espontánea y castiza, propia y peculiar del nuevo idioma en que se intenta expresarlos. Tarea ardua y dificilísima que pocos ó nin- guno llevaron á buen término. Quien logra en ello un éxito como tú lo has lo- grado, tiene derecho á una buena parte de la inmortalidad de que goza el autor primitivo de la obra. Podrán indicar los críticos y entrever los lectores perspicaces algo de la in- mensa labor encerrada en esas trescientas páginas de versos; pero, yo que he asistido al comienzo y al desarrollo de tu empresa, sé mejor que otro alguno cómo has invertido generosamente en ella las luces más ciaras de tu inteligen- cia y los mejores años de tu vida. Estudio concienzudo del idioma germánico, dominio absoluto del patrio: esclarecimiento minucioso de todas las oscuridades del texto: cotejo de las interpretaciones dadas á cada frase por los traductores en otras lenguas: consulta de los más afamados comentaristas: revisión asidua y frecuente de cada estrofa que vertías en castellano, esa fué la ocupación labo- riosa de tus aprovechadas vigilias. Pero esa constancia benedictina no hubiera engendrado tu libro sin las vivísimas luces de tu privilegiado entendimiento, la gran ductilidad de tu espíritu, y el equilibrado conjunto de tu razón serena y tu sensibilidad esquisita de inspiradísimo poeta. De ahí la perfección de tu obra. Leyéndola no encontrará nadie en ella los 178 REVISTA DK VALENCIA. vestigios del esfuerzo que toda traducción supone. Te has plegado á todas las inflexiones del texto; te has aproximado á sus combinaciones métricas; has con- densado los pensamientos con la dicción sobria del original; has penetrado en las más abstrusas disquisiciones filosóficas, has trasladado el epigrama; has tra- ducido el retruécano; has derramado á manos llenas la riqueza de las más difí- ciles rimas ; no has añadido un concepto; no te has permitido amplificaciones: has dado á cada cuadro la tonalidad que tiene en la leyenda germánica; has re- vestido el conjunto de la obra con la grandiosidad aterradora, humana y extra- humana con que la realizó el gran épico de nuestro siglo, y sin embargo, tu libro tiene la unidad, la frescura, la amplitud de formas y la adaptación exacta de la palabra al pensamiento que constituyen las dotes privativas de las obras originales. Tu Fausto puede figurar como un poema expontáneo, nativo y ge- nuino de la difícil lengua castellana. No he de citar nada como probanza de mis asertos: abra al azar tu libro quien sea peritísimo en materias literarias, y allí encontrará el testimonio irrecu- sable de mis afirmaciones. La tierna y delicadísima dedicatoria: las lúgubres meditaciones del Doctor ante los impotentes afanes de la existencia; los cánticos alegres de la resurrección: las pláticas burlonas, sofísticas y tentadoras de Mefis- tófeles; los inmortales episodios de la seducción de Margarita; las congojas de Fausto; la noche de Santa Valpurgis, y aquella pavorosa y desgarradora trage- dia final, que cierra la primera parte del poema, todo está relatado, cantado, dialogado y dicho de forma y manera tal como pudieran haberlo escrito los más reverenciados maestros de la lírica y la dramática españolas, Y cuenta que era empeño poco menos que imposible vestir á usanza de Cas- tilla, como tú dices, los simbólicos personajes del gran poema germánico. La Musa greco-latina, hija explendente y risueña del sol y de la armonía, ostentando en una casta desnudez sus líneas esculturales; ciñendo las sienes con la doble corona de las rosas y de las estrellas; guiando por las selvas, las fuentes y los mares la cohorte de las ninfas, los faunos y las sirenas, ha cantado siempre con lenguas sonorosas y melódicas la gloria de los héroes y de los atletas, las guer- ras de los dioses, los tiernos combates del amor, la embriaguez regocijada de los festines y los encantos de la eterna primavera de nuestros climas, ó bien se ha postrado al pié de los altares cristianos para sollozar en místicos deliquios ó en celestiales arrobamientos los placeres inefables de los amores divinos. Pero esa Musa no ha nublado nunca su frente con el ceño de las grandes zozobras y de las dudas roedoras; no ha plegado sus labios con el mohin desdeñoso del sarcasmo; no ha pretendido forzar los inescrutables arcanos donde se oculta el origen de la universal existencia, ni despechada y soberbia, ha procurado ven- gar la impotencia de sus audacias, declarando vacíos los cielos y arrojando al azar loco de fuerzas indomables todo el concertado engranaje de la naturaleza. aUllKK LA TKADUCCION OEL l'AUbTU. 170 De ahí las inmensas dificultades, por tí gallardamente vencidas, de encerrar en las formas plásticas de un idioma neo-latino las ideas y los conceptos del poeta alemán, realizando en tu libro de afortunada manera aquel consorcio casi im- posible de Fausto con Helena, de la Grecia con la Gemianía, (jue simbolizó Goethe en el más bello episodio de la segunda parte de su inmortal poema. Perdona, querido Teodoro, si , hurtando breves horas á mis cuotidianas ta- reas, he intentado decirte en desaliñado estilo y mal forjados conceptos algo de la impresión duradera que ha dejado en mi alma la lectura de tu obra. No me ha ofuscado en ese juicio la fraternal amistad que nos une, ni la incondicional admiración que á tus cualidades profeso. Tengo por indudable que estos fervo- rosos elogios mios serán el fallo sereno de la posteridad. Publica esta carta como descargo de mi conciencia literaria, aún cuando con ella mortifique tu asustadiza modestia, y permite que me despida repitiéndote aquel cariñosísimo dimidium me con que Horacio saludaba a Virgilio. V. W. yUEROL, Madrid, x\bnl líSb^. ALGUNAS NOTAS PREPARADAb PARA UN NUEVO COMENTARIO DE EL INGENIOSO HIDALGO D. OUIXOTE DE LA MANCHA. 7\1 Sr. T>. José M.a de Torres, dignísimo Cronista de la ciudad de Valencia (l). £¿ Ingenioso o se asusten los entusiastas. Dé cada cual al fenómeno el nombre que mejor le cuadre. Es lo cierto que rigores de una crítica descontenta- diza, voltaria, y más amiga de hacer ruido que de tener razón por una parte, y por otra cavilaciones de comentadores, que no comentan, sino sueñan, han acumulado cargos contra el Ingenioso Hidalgo, desde el título mismo de la obra, censurando sii propiedad y corrección. Y es por demás estraño que ocupándose de Cervantes, del escritor más fácil, más gráfico entre cuantos han manejado la lengua castellana, se quiera comen- zar por eruditos críticos y filosóficos comentadores, dando explicaciones al primer renglón que trazó su pluma. Debe ser siempre el título de un libro la síntesis de su contenido, el indica- dor, á lo menos, de la sustancia que encierra, algo que manifieste la índole del asunto que se trata; y éralo sin falta alguna entre los escritores de nuestro siglo de oro; de tal manera, que antes de abrir la primera página, ya comprenda el lector la clase de obra que vá á servir de pasto á su entendimiento, de solaz á su imaginación, de guia para su conciencia ó dulce consuelo á sus penalidades. Cervatties no podia separarse de aquella costumbre; era el rey de la prosa cas- tellana, cuyo cetro conserva todavía, y no puede tener cabal su razón quien sea (I) VOase ti tomo II de esta REVISTA, pág. 24I ALGUNAS NOTAS. i^[ osíido á acusarle de que no acertó á dar título apropiado á su libro, y colocó un ripio, ó una palabra impropia, ó un adjetivo incongruente para calificar al caba- llero adalid de imaginadas Dulcineas, desfacedor de soñados entuertos. ¡Medrado andaría el escritor ilustre, si tales críticos y comentadores tuvieran fundamento para sus cavilosidades! El erudito D. Diego Clemencin, después de ver con harta claridad que el calificativo de Ingenioso no puede recaer sobre el autor de la obra, ni sobre la obra misma, asienta dogmáticamente que tampoco puede dirigirse al hidalgo man- chego, cuyo cerebro anidaba pájaros p :>r causa de sus descomulgados libros v de sus negras caballerías; y concluye que el título es oscuro, el adjetivo ingenioso poco feliz, y con tan excelente principio se entra satisfecho por el extenso campo de su erudito comentario. ¡Oscuro y poco feliz Cervantes! ^Oscuro el escritor cuya frasees clarísima y tersa en todas ocasiones, y en cuyas manos la copiosa lengua de Castilla era instrumento dócil y flexible para tod j linaje de expresiones? jPoco feliz para adjetivar el sugeto principal de su libro, el ingenio más lozano, más fresco, más rico y sazonado de cuantos han escrito en nuestra patria? ¿Es posible que tales asertos se estampen después de alguna meditación? En pos del desbarro crítico tropezamos con el delirio del comentador pre- ocupado y lleno de estrañas alucinaciones, D. Nicolás Diaz Benjumea com- prende que el académico Clemencin no haya entendido el adjetivo ingenioso, aplicado á un pobre lunático, á un ser privado de razón; pero es porque el crítico, á pesar de su saber notorio, no se habia levantado todavía del terreno rastrero y prosaico de los comentadores de la letra, no habia alcanzado las invisibles alturas de los comentadores del espíritu, que si á tanto hubiera llegado, claro, fácil y llano le hubiera sido .entender y explicar el título del Quixote, y el adje- tivo ingenioso, como lo entiende y explica Benjumea sin tropezar en rama. Pero no entendiendo el espíritu, el adjetivo es un ripio, un epíteto poco apro- piado. Si el libro fuera sátira contra las historias de andantes caballeros, dice Ben- jumea, "correspondería mejor el título de invencible á quien tantas veces fué vencido; el de espantable, á quien á todos daba ocasión de risa, ó en suma, el de atrevido, formidable, ó cualq'i'er calificativo análogo, que recayendo sobre un viejo flaco, pusiese desde luego de manifiesto lo ridículo y burlesco del personaje.,, El adjetivo ingenioso es uno de los datos más importantes en la cuestión de si existe doble sentido en el Quixote; está puesto por Cervantes en la primera línea de su libro para llamar la atención de la posteridad sobre el ingenio con (lue aquel está escrito; para declarar el sentido oculto que encierra; para animar á los estudiosos á que escriban comentarios filosóficos, á que busquen anagra- jg'j REVISTA DE VALENCIA. mas que son el alma del buen Alfonso Ouijano; es el portero, el cicerone que suarda la clave del secreto, que tiene el don de hacernos entender el geroglífico. Si no fuera esto, no seria nada más que un ripio. Una vez encontrada el alma, quitado el disfraz, se está en posesión del espíritu que salva, en contraposición á la letra que mata, y se descubre el secreto de la inmensa popularidad del Quixote. Este razonar de Benjumea por sí solo se alaba No es menester alaballo. iDios tenga de su mano á los delirantes que, poseídos de la pasión por Miguel de Cervantes, llevados del entusiasmo por su obra inmortal, se extravian, ven visiones, y son maniáticos de D. Quixote, como este lo estaba desús li- bros caballerescos! Si Amadis de Gaula y su innumerable y revisada descendencia trastornaron á muchos el cerebro, haciendo soñar á pacíficos y honrados caste- llanos con batallas y encantamientos, doncellas fermosas y descoimmalesjigantes, ciudades de cristal, palacios de oro, dueñas, enanos y vestiglos, también á nues- tro entender El Ingenioso Hidalgo D. Quixote de la Mancha ha producido casos de alucinación y monomanía cervantina. Ni el crítico afamado, ni el comentador famoso han comprendido — ¡extraño caso! — el título de la obra que despertó su entusiasmo, y á la que consagraron sus vigilias. No es oscuro ni poco feliz el calificativo de higenioso, ni es necesario acudir á delirios ni dobles sentidos, ni anagramas son precisos para entenderlo. No fué puesto por Cervantes en la fachada de la obra como llamador ó muestra, ni puede ser el sentido esotérico, recóndito y misterioso la causa de la popula- ridad del Quixote\ porque ya lo hemos dicho, y á este argumento no le encon- tramos, ni se le ha dado respuesta alguna; si la causa de la celebridad, de la im- portancia del Quixote fuera lo que está escondido, sus ocultas alusiones, sus anagramas, sus dardos embozados á la Inquisición y á otras instituciones de su tiempo, ¿cómo ha sido tan celebrada la obra, tan leida, tan apreciada y aplaudida en los dos siglos que han pasado desde su primera publicación hasta que se ha descubierto la clave del enigma? No: el Quixote es celebrado, leido y comprendido en todas las naciones por su mérito literario, por la profundidad de su pensamiento, por la altísima filoso- fía de su autor. El título de la obra es propio, feliz y gráfico, pero es porque recae sobre el sugeto, sobre Don Quixote', indicando sus cualidades. No obstante el extravío de su razón, y aún á pesar de su enfermedad misma, el hidalgo Alonso Quijano conservaba la agudeza de su ingenio, lucido y pers- picaz cuando no miraba á través del engañoso prisma de sus negras ilusiones. Viendo los sucesos por el intermedio de estas, el ingenio era grande, pero se extraviaba; la equivocación provenia del pathos, de la afección, de la enferme- dad; el color de que estaban teñidas las concepciones reflejaba en las consecuen- cias. El hidalgo era Í7igenioso\ pero con criterio erróneo; el ingenio corria por la ALGUNAS NOTAS. i83 misma desviación que la razón; cuando esta era perturbada por fantasmas, lo ingenioso era buscar la antítesis, consistia en traer la consecuencia contraria á la verdad, percibir el hecho torcidamente, razonar mal y deducir con mucho y agudo ingenio falsos resultados. Don Ouixote, del vencimiento deducía el triunfo, de la impotencia la alta importancia de su valer, ligado por fuerzas superiores envidiosas de su gloria; al recibir golpes, al ser objeto de burlas, al sentirse las- timado física y moralmente, su ingenio convertía en bienes aquellos males, como antes su perturbada razón habia convertido los molinos en jigantes. Volteado por las aspas, era ingenioso al discuirir que un enemigo de gran poder habia convertido los jigantes en molinos, envidioso de su fama y renombre. Entre los fenómenos psicológicos, tan magistralmente desenvueltos por Cer- vantes, este es el más digno de atención y el más admirable de todos; porque es el fondo del padecimiento del héroe y el único que explica bien todas las aventuras y desventuras de su historia. Una vez estudiada, comprendida la es- pecie de enfermedad intelectual que Cervantes describe, se encuentra clara ex- plicación, y razonable el progreso en todos los sucesos. El hidalgo estaba dotado de lucido entendimiento en cuantas cosas no le perturbaban sus alucinaciones. Cuando estas se exacerbaban, cuando el período de enagenacion era más grave, los objetos exteriores tomaban para él formas fantásticas, proporciones desmesuradas, colorido falso... y obrando entonces, no como era razonable, sino como veía en su acalorada imaginación, trataba de encantadores á los mon- jes, de doncellas á las distraídas mozas, miraba las ventas como castillos, y como altos caballeros á los comerciantes toledanos... Sobrevenía el desengaño; quedaba el hidalgo vencido por la realidad, tendido en el suelo del mundo al bajar del cielo de sus ilusiones, aporreado y contuso, sin haber hecho el bien que soñaba... pero no lo creía tampoco. La afección cerebral continuaba, y aplicaba su ingenio á demostrar que no se habia equivocado; que eran en verdad follones malandrines los que castigar quería, y que en lugar de haber sufrido una trasformacion engañosa ante sus ojos, otros, sus envidiosos, enemigos de su gloria habían hecho el trueco, y la verdad era lo que él habia visto. Esto no lo decimos nosotros, no es ilusión de comentador entusiasmado, lo dice el mismo Cervantes con tanta claridad, que solamente dejará de verla el que cierre los ojos. En el cap. XVIII de la Parte Primera, después de haber acometido el hidalgo á los rebaños, viendo que ya los pastores se habían ido, baja Sancho de la cues- ta donde estaba, y dice á su señor: — ;sNo le decia yo, Señor Don Qnixote, que se volviese; qne los que ida á acó' meter no eran ejércitos^ sino manadas de carneros? . A cuya justísima reconvención, hija del sentido común, y que la experiencia confirmaba en aquel momento, repone con la más cómica gravedad el caballero: 184 REVISTA DE VALENCIA. «Como eso puede desparecer y contrahacer aquel ladrón del sabio mi ene- migo. Sábete Sancho, que es muy fácil cosa á los tales hacernos parecer lo que quieren; y este maligno que me persigue, envidioso de la gloria que yo habia de alcanzar de esta batalla, ha vuelto los escuadrones de enemigos en manadas de ovejas. Si no, haz una cosa, Sancho, por mi vida, por que te desengañes y veas ser verdad lo que te digo. Sube en tu asno, y sigúelos bonitamente, y verás como en alejándose de aquí algún poco, se vuelven en su ser primero, y de- jando de ser carneros, son hombres hechos y derechos, como yo te los pinté primero...,, ¿Está bien aplicado el adjetivo mgenioso á un hidalgo de tal condición? ¿Se- rán necesarias otras explicaciones, sobre las que dáel autor, para entenderlo cla- rísimamente? Ni es antitético con la locura de Do?i Qiiixote, ni está de más en el título de la obra, ni es oscuro, ni sirve para llamar la atención sobre alusiones encerradas en la novela. Es miembro necesario de la oración, calificativo oportu- nísimo y gráfico del sugeto; por eso lo conservó Cervantes al frente de la Se- gunda Parte, aunque en ella cambió al Hidalgo ingenioso en Ingenioso caballero. Jóse M.* Asensio. UNA LECTURA EN EL ATENEO. A LA SEÑORITA DONA ROSALLV VERA. M E OÍ unos versos leer, Y vio mi mente confusa Brillar en un mismo ser, Con el fuego de la Musa, La gracia de la mujer. ¡Oh qué embeleso! Leías Una de esas poesías Do arroja el vate el caudal De las dulces tonterías Que nunca nos saben mal. Céfiros, arroyos, flores, Ecos de agradable son, Suspiros abrasadores, Sueños, quimeras, amores, Sombra, espejismo, ilusión. Declaro que el pensamiento Del autor no comprendí; Bebiendo no más tu acento. Absorto, calenturiento, Fijo estaba siempre en tí. Y aún, al recordarlo, van A tí, con plácido afán. Estos pensamientos mios, Cual corren al mar los rios, Y busca el norte el imán. Pura, serena, sonriente, Resplandecía tu frente Con más vida y más fulgor, Cual lámpara trasparente Que alumbra llama interior. Tus ojos, de luz febea, Clavabas en el papel; Y al rayo, que centellea En sus pupilas, la idea Perecía brotar de él. En tu noble pecho hervía Inspiración celestial; Y al fin tus labios rompía Con torrentes de armonía Su incontrastable raudal. ¡Tu voz! ¿quién puede ni sabe Esplicar su vibración? Potente á la vez y suave. Gorjeos tiene del ave, Rujidos del aquilón. l8ó REVISTA DE VALENCIA. Tenue, cristalina, pura Como brisa que murmura Entre flores del pensil, Nos recuerda la dulzura De la canción infantil. Después, con el triste halago De indefinible ansiedad, Aura que gime en el lago, Nos inspira el afán vago De ignota felicidad. O vibrante, apasionada, Estremecida de amor, Nos consume y anonada En la roja llamarada De un volcan abrasador. ¿Quién pudo á tu blando acento Dar ese extraño poder? La magia del sentimiento, Maravilloso elemento De tu fuerza y tu valer. Es que Dios, niña hechicera. Por tu bien ó por tu mal. Encendió en tu alma la hoguera Para cuyo fuego es cera El corazón del mortal; Y á cuyo vivo calor Brotan, quizás con dolor, Quizás con santa alegría. El arte, la poesía. El heroísmo, el amor. iQuiera favorable el cielo Que el inextinguible anhelo, Que en tu expresión sorprendí. Nunca en punzante desvelo Se convierta para tí; Y no llegues á observar Que en la prosaica y vulgar Vida del mísero mundo. No hay tormento más profundo Que el mucho sentir y amar! Todas estas fantasías, Hijas de las ansias mias. Pasaron por mi alma ayer. Mientras los versos leías Que no llegué á comprender. Teodoro Llórente. ^^^^^^b CRÓNICA MENSUAL. iNGUN suceso notable, en el orden científico, literario y artístico, hade registrar nuestra crónica del mes de Marzo. Lo único que tenemos que reseñar son los trabajos de las diversas corporaciones que á es- tos fines dedican su actividad. Siguiendo la costumbre introducida de pocos años á esta parte, el Seminario Conciliar dedicó una solemne sesión literaria y musical al Ángel de las Escuelas, al egregio Santo Tomás de Aquino, haciendo el elogio del Santo Doctor el alumno Sr Pellejero, y leyéndose poesías de los Sres. Salabert, Castellote, Donderis y Genovés. En el Ateneo ha habido otra solemne velada literario-musical, dedicada á las señoras, siendo el disertante D. José Martínez Aloy, que trató de la educación de la mujer; y los poetas, cuyos versos ftieron leídos por amables señoritas, los Sres. Pizcueta, Rodríguez Guzman, Amat y Maestre, Aguirre y Mathiol y Vives Liern. Tocaron el piano y cantaron distinguidas aficionadas, y fiíé muy aplaudida la Sra. Doña Herminia Spitzer. artista de la ópera en otro tiempo, que se retiró de la escena hace bastantes años, y no había vuelto á presentarse en sociedad. En la sección de Ciencias sociales, D. Luis Genovés y Benito ha iniciado el debate sobre matrimonio civil, y en la de Literatura ha continuado el de la crí- tica periodística, tomando parte los Sres. Zabala, y Puig y Boronat. La Sociedad del Rat-Penat ha dedicado una velada ai inolvidable cronista de Valencia, D. Vicente Boix, en el tercer aniversario de su fallecimiento. Igual manifestación le consagró el Ateneo escolar. La Sociedad Ecoiiómica tle Amigos del País ha tenido también una fiesta li- teraria musical, dirigiendo esta última parte los profesores del Conservatorio de música. Cantaron piezas escogidas las señoritas Doña Amalia Puig, Doña lyy REVISTA DE VALENCIA. Merita Fuertes y Doña Amparo Muñoz, leyéndose poesías de los Sres. Pascual y Genis, Zapater y Ugeda, Greus y Rodríguez Guzman, La Academia de la Juventud Católica continúa siendo la más laboriosa de las sociedades literarias de Valencia. En esta crónica mensual tenemos que se- ñalar dos solemnes veladas; una en honor de Santo Tomás de Aquino, en la cual el Sr. Reig y Casanova disertó sobre el concepto de la ley según aquel Santo, y otra consagrada á Ntra. Sra. de los Dolores, en la cual fué el orador el Sr. Prós- per Bremon, y el tema "la mujer cristiana.,, En ambas hubo lectura de versos y ejecución de selectas piezas musicales. El Instituto Médico-Valenciano ha celebrado su cuadragésimo tercero ani- versario en la forma acostumbrada. Fué notable el discurso leido por el joven y ya muy distinguido catedrático de la facultad, Dr. D. Amallo Gimeno, que versó sobre el escepticismo en terapéutica. En otro lugar damos cuenta del pro- grama de premios publicado para el presente curso. El Casino Nacional y el Ateneo-Casino Obrero han rendido culto á las le- tras y las artes, al mismo tiempo que á la idea religiosa, celebrando dos concier- tos sacros, propios del tiempo de Cuaresma. Una nueva sociedad se ha constituido en Valencia. Es una sucursal de la Abolicionista de la esclavitud. Su presidente es el catedrático de la Universidad, Dr. D. José Villó. La prensa política valenciana ha aumentado el número de sus órganos con La Lideriad, periódico diario, que viene á defender los principios de la izquierda dinástica, bajo la dirección de D. Fernando Ros. Dámosle la bienvenida. Una comisión de la Institución libre de enseñanza de Madrid, presidida por D. Augusto Linares, y compuesta de alumnos de ciencias naturales, ha venido para hacer estudios en nuestras playas, donde ha recogido ejemplares interesan- tes de peces, crustáceos y moluscos. En materia de novedades dramáticas, solo tenemos que consignar el estreno en el teatro de la calle de Ruzafa de una pieza valenciana, del reputado autor D. Joaquin Balader, que se titula Asertar errant, y que tuvo un éxito bastante bueno, correspondiendo á la justa fama de su autor. bibliografía valenciana. o RAT-PENAT, calendari llemosí de i 883, compost per En Cons- TANTí Llombart^ En JosEPH M. PuiG ToRRALVA. Aiiynové dc sa publicado. Valencia, emprenta de E. Pasqual. 1882 (i). Este es el año noveno de la publicación del Calendari del Rat-Penat, que precedió á la sociedad de este nombre, y viene á ser como la confirmación anual de que no declina ni muere el movimiento restaurador de la literatura lemosina en Valencia. Desde el primer año de la publicación conserva la mis- ma forma, igual á la de los almanaques provenzal y catalán, que le sirvieron de ejemplo y modelo. Contiene una reseña de los trabajos literarios de dicho renacimiento en el año último, algunos artículos en prosa, entre los cuales se notan este año las biografías de los artistas valencianos Muñoz Degrain, Pinazo y Camarlench, y Gallel y Beltran, y muchas poesías. La mayor parle de los autores son valencianos; pero hay también algunos catalanes. Los artículos en prosa son de la Sra. D.^^ Manuela Inés Rausell, y de los se- ñores Puig Torralva, Chavas, Fayos (D. Francisco), Martí (D. Francisco), Blasco (D. Vicente), Vidal y Teruel, y Llombart. Las poesías son de las Sras. D." Ma- nuela Inés Rausell, D/ Magdalena García Bravo, D.* Luisa Duran de León, y de los Sres. Verdaguer (mosen Jacinto), Pascual y Genis, Pizcueta, Labaila, Ferrer y Bigné, Llombart, Millas, Bodría, Puig Torralva, Alonso Soriano, Gra- nell, Codoñer, Sanmartín y Aguirre, Rodríguez Guzman, Pastor y Ricart, Boix y Civera, Barber, Navarro (D. Víctor), Alberola, Serra, Nebot (D. José), Cebrian (D. Luis), Pallares (D. José), Costea, Verges y Sanchis, Iranzo y Simón, Zapa- ter y Rodríguez, Cester, Forteza (D. Jerónimo), Milego, Vilanova (D. Fran- cisco de P.), Codoñer, Arroyo y Alraela, Peydró (D. Vicente), Soriano (D. Juan), Oltra y Salvador (D. Telesforo). (1) Un volúuien en 8.° de 160 págí. De venta en las principales librerías. Precio, una peseta LO RAT-PENAT, SOCIETAT DE AMADORS DE LES GLORIES VALEiNClANES. JOCHS FLORALS DE VALENCIA. CONVOCATORIA PERA ELS DEL PRESENT ANY MDCCCLXXXIII. QUINT DE SA INSTITUCIO. OXTINUANT esta Societat en lo lloable _ propósit de dur avant nostre gloriós rcnaixiiuen Iliterari-artistich, y cumplint lo dis- post per los seus estatuts, celebrar;í, durant la lira de juliol del present any , solemnes Jocñs Moráis; y ab eixe fí invita á pendre part en ells ais escritors y artistes d' est antich reyne, ais del principat de Catalunya, ais de les illes Ba- lears, ais de Provenga, y ais de totes aquelles terres ahon nostra materna llengua es parlada ó coneguda. Pera la qual solemnitat, seguint la costum de Uarg tenips establida en tais casos, regirá lo següent CARTELL. PREMIS ORDINARIS. F¿or natural. Este premi de honor y cortesía será adjudica t á qui resulte ser autor de la mes inspirada composició poética, sobre tema qu' es deixa al bon gust deis trovadoi-s. Qui 1' obtinga obsequiará ab ell á la dama de sa elec- ció, la qual, proclamada Reina de la festa, com de antich se acostunaava, entregará los demés premis ais que guanyat los h;ijen. Un brot de llorer de argent y or. Se adjudica- rá al autor de la millor Historia gramatical de la llengua llemosino-valenciana. Un objecte de art. Este prenii será adjudicat al autor de la millor memoria sobre el següent tema: Noticia critich-histórica de la capella deis Covarrubies en la Seu de Valencia, ab sos sepulcres, y apunts biografichs deis per- sonajes que en ells jauen. ^ Ln álbum de fotografíes artístiques. Se adju- dicará al que presente el millor bust de fanch cuit , tamany natural, reprcsentant al insigne pintor valencia Joseph Ribera (lo Spanyoleto). La dita escultura ab son peu deurá medir 65 centímetros de alsada y 47 de ampiarla. bna batuta aríistica. Este prerai se adjudica- rá al autor de la millor colecció de cuatre ó mes composicions musicals de curtes dimen- sions pera piano y armonium, basades en melodíes populars del nostre reyne, que conser- ven son carácter propi. PREMIS EXTRAORDINARIS. Una joya de argent ab distints atribuís, oferta per la Excma. Diputado pro-vincial. Será adju- dicat est premi al autor del millor estudi his- torich sobre el art de la seda en Valencia. Dit treball podrá estar escrit en castellá ó en va- lencia. ün objecte de argent ab /' cscut de Valencia llorejat, obseqtii del Excm. A/untament í/" esta ciutat, al autor de la millor Memoria sobre la organizació municipal de Valencia desde i temps del Rey D. Jaume el Conqueridor fíns ó la abolició del sistema foral. De dita memo- ria se fará per conté del municipi una magní- fica edició de luxo, de la que se li donarán cent eixemplars al que obtinga el premi. Lo treball deu estar escrit en castellá. Un objecte de art, obsequi de la Excma. Di- putació provincial de Alacant. Será adjudicat est premi al autor del millor "Cant á la patria.,, Un objecte artístich, regal de la Excma . Dipu- tado provincial de Castellá, al autor de la millor colecció de articuls histórichs, que no baixe de deu, sobre asunts referents á Castelló ó la seua provincia. Dit treball podrá estar escrit en va- lencia ó castellá. Un brot de llorer de argent. Se adjudicará esta joya, oferida per la Societat Económica de Amichs del Pais do esta ciutat, al autor del LO RAT-PENAT. 191 niillors apunts histórichs y crítichs sobre 'Is antichs grémis de Valencia, y la organizaci6 é influencia económica y politica deis mateixos. Estos apunts se escriurán en castellá, segons indicació de la mencionada Socictat. Una ploma cf or, prescnt del Atenea Cienti- ñch, LUtcrari y Artístich d' esta cintat, al autor del millor folleto sobre la influencia del geni árab en la cultura y progresos de Valencia, sent potestatiu en el autor usar lo llenguage valencia ó castellá. Una espiga de argent, oferida per la Societat Valenciana de Agricultura, al autor del millor cant á la memoria de un deis mes distinguits agrónomos valencians. Lhi objecte artístich, de plata, regal del Circuí Valencia, al autor del millor "Soneto,, dedicat á Don Jaume '1 Conqueridor. Un objecte de art represeníant tm lleó dormint, pera sujetar papers, ofert per la yunta de les Escoles de Artesans, al autor del millor treball, en vers ó prosa, valencia ó castellá, en que se esprese el agraiment de dita corporació al anonim Qicansevol, per son donatiu de mil pésetes á favor de la mateixa. ün objecte d' escritari, de marbre ab una ale- goría de argent, regal del Ateneu-Casí Obrer, al autor de la millor memoria sobre la industria de la sabatería en Valencia, son pasat, estat actual y mijos mes convenients pera mino- rarla. Una lira de plata, oferta per el Atenea Mer- cantil, al autor de la millor colecció de datos sobre les industries ménades que poden desar- rollarse en Valencia. Dit treball deará estar es- crit en castellá. Un obj'ecie d' art, regal de la Societat de Socors instructiva de Mestres Fusters, al autor de la millor monografía referent ais origens del dit gremi fins nostres dies. Est premi s' adjudicará al treball, en valencia ó castellá, que mes datos inédits reuuixca. Un álbum sobre detalls artístichs y plastichs decoratius de la Etat Mij'a catalana, donat per /' Asociado Artístich Arqtieológica Barcelonesa^ al autor del millor treball sobre vistigis de orna- mentació romántica y son carácter predomi- nant en lo reyne de Valencia. Un pomell de violetes de argent, regal de la señora donya Isabel de La Cerda de Andrea, Heina de la fes t a que fon deis Jochs Floráis, al trovador que millor cante les glories de Va- lencia. Un bust representant al insigne plebeu yuan Llorens, ofert per la redacció del periodich "'El Univers,,, al autor del millor treball histórich- critich del referit personaje y de la guerra de les Germaníes. Una joya de argent, obsequi del M. I. Sr. Pre- sident honorari que fon d' esta Societat D. Vi- cent Boix, al autor del millor difama ó comedia en un ó mes actes. Una colecció de deu volums de obres ca talanes, magnijlcament encuadernats, oferta per el soci corresponsal en Barcelona, De Francesch Jayos, será adjudicat al que resulte ser autor de la novela que millor condicions Iliteraries reunix ' ca, sobre costums valencianes de priacipis del sigle pasat. Un escut de argent, simtlant I' ttsat per ¡os re- ligiosos de la Mercé, oferi per lo difunt senyor D. Bernat Joseph Escriví, será otor:;at al autor de la millor llegemla, en vers ó en prosa, sobre 1* orige y encontré de la imagt.- de la Madona deis Angels, en lo Puig; entenenlse dita llegenda fins la fabricado del convent d^j religiosos de la referida orde. Un medalla de argent cb lo bust de un escritor valencia, obsequi de £■. Leopolt (larcía, al autor de la millor llegenda en prosa sobre fets de la historia de Valencia. Una ploma de argent daurada, dofiatiu del socl D. Joseph Bodria, al poeta qu' escriga la mi- llor colecció de treiita ó mes cantars valen» cians, inspirats en la idea de "Patria, Fides, Amor.,, Una joya de argent, regal del soci D. Joseph María Puig Torralva, á la millor novela sobre un fet histórich de la guerra de . les Creuha - des. Ademes deis anterior', premis, pura la con- cesió deis quals se atendrá, no solament al mé- rit relatiu , sino absolut , se podrán concedí r altres premis, consistents en accésits ó nien- cions honorífiques. Les composicions Ilitera- ries en que altra cosa no se baja prevengut. deurán ser escrites en antich ó modern lle- mosí d' est reyne, del principat de Catalunya ó de les illes Mallorques, procurant los aulors evitar la influencia de altres llengues estranyes á nostra parla. Totes les obres que se presen- ten haurán de ser inéditas y sí dirigirán al se- cretari de la Societat, plasa del Conde de Casal, 2, avans del mig dia, primer del sobredit juliol vinent, acompanyada cascuna de un pleg tancat, que contindrá lo nom del autor, y dará en lo sobre scrit lo mateix lema y títul de aquella, los quals plegs serán cremats en aquell acte, si no resulten premiades les obres á ells corres- ponents. La societat se reserva per un any lo dret de publicar les obres premiades y de estrenar les dramátiques. Les de dibuix y escultura que - darán propietat de la mateixa. Esta corporasió desija que tots els que pren- guen part en los próxims Joclis Floráis , se ins- piren en lo ver amor á les glorioses tradicions de la patria. En junta de gobern, celebrada el dia 26 del corrent, foren nomenats Mantcnedors pera que formen lo Consisíori que ha de jusgar les obres que se presenten, los senyors: D. Vicent Pueyo y Arifio, Exselentísim Sr. D. Joseph Cristófol Sorní, D. Jogim Serrano Cañete, D. Joan Reig y García, D. Salvador Giner, D. Jogim Agrasot y D. Constantí Llombart. Fon escrit y firmat lo present en la ciutat de Valencia á 22 de Febrer de 1883.— Le pre- sident, Vicent Pueyo y Ariño.— Lo secretari general, Honorat Berga García. INSTITUTO MÉDICO VALENCIANO. PROGRAMA DE PREMIOS PARA EL AÑO 1884. L interés que esta Corporación ha de- mostrado siempre por el adelanto de las ciencias que son de su competencia, le hace hoy, como en años anteriores, dirigir un llamamiento á los amantes del saber, con el objeto de que proporcionen abundantes trabajos, cuya recom- pensa propone el Instituto á continuación: Cuesíion de medicina. — Historia clínica com- pleta de la triquinosis, fijando especialmente su patogenia y profilaxis. Cuestión de cirujia. — Juicio crítico acerca de las grandes operaciones que en el dia se prac- tican en los diferentes tramos del tubo digestivo . Cuestión de ciencias mixiliares, — Forma de administración y dosis en que deban emplearse los cuerpos gaseosos y la electricidad como agentes terapéuticos, en el tratamiento de al>^u- nas enfermedades en que principalmente están indicados. Para la resolución de cada una de las prece- dentes cuestiones, se ofrecen tres premios. El primero consiste en una medalla de oro, de cuyo anverso irá esculpido el sello de la Cor- poración, en el reverso grabado ,"A1 mérito en D. N. N.,„ ó sea el nombre y apellido del agraciado, y además el título de Socio de mérito, constando el concepto por que se haya expe- dido. El segundo o accésit, consiste en el mis- mo título de Socio de mérito, constando el concepto por que se ha expedido . Y el tercero en el de Socio honorario. Premios extraordinarios. — Una pluma de plata con una esmeralda, oferta del Dr. Ferrer Julve y título de Socio honorario, al autor del mejor trabajo sobre el siguiente tema : "¿Cuándo está indicada la traqueotomía? Juicio crítico de los procederes hasta hoy conocidos para practicar esta operación.» Una escribanía de plata, ofrecida por los doc- tores Peset Cervera y Chiarri, y título de Socio iionorario, al autor de la mejor Memoria que des- arrolle el tema siguiente: "Determinación experi- mental de los efectos fisiológicos, terapéuticos ó tóxicos de algunos de los cuerpos simples ó compuestos, descubiertos desde el año 1870 hasta nuestros dias.,, Ambos premios tienen un accésit consis- tente en el título de Socio honorario, y pueden concursar todos los profesores, incluso los so- cios residentes. Las Memorias para el concurso podrán ser escritas en castellano, latin, francés, portugués, inglés ó italiano: no se podrán firmar ni po- drán ser admitidas, como directa ó indirecta- mente se den á conocer sus autores, é irán acompañadas de un pliego cerrado, en cuyo sobre se lea un lema ó proposición igual á la que figure en el principio de la Memoria res- pectiva, y en su interior deberán constar la firma entera del autor, con los títulos que haya obtenido y su residencia. Podrán ser dirigidas, francas de porte, á cualquiera de los Secretarios de la Corporación, quienes las recibirán hasta 1." de Diciembre inclusive del año actual, siendo desde luego propiedad de la misma. Po- drán optar á los premios los profesores de Me- dicina, Cirujia y Farmacia, bien sean del país ó extranjeros, incluso los socios de la Corpora- ción, á excepción de los residentes. Cerrado el concurso, una Comisión especial expondrá su dictamen á la Junta general, el que versará acerca del mérito absoluto de las Me- morias presentadas; y censuradas ya por la última, se abrirán los pliegos correspondientes á las Memorias premiadas, quemándose acto con- tinuo los de las restantes. Avisados con oportu- nidad los señores á quienes se haya acordado premio, acudirán por sí ó por persona debida- mente autorizada, al aniversario cuadrajésimo cuarto que se celebrará el 31 de Marzo de 1884, en cuyo acto se les conferirán los premios. Valencia 31 de Marzo de 1883. — El Presi- dente, Enrique Ferrer Viñerta. — P. A. D. I.:E1 Secretario de gobierno, Manuel Olmos. Nota. El Secretario de gobierno vive calle del Torno, núm. 11, bajo, y el de Correspon- dencias, plaza de Cisneros, núm. 1, 3.» Valencia. Imprenta de Domenech, Mar, 48. — 1883. REVISTA DE VALENCIA. 1.° Mayo de 1883. LA LIBERTAD MORAL. NO de los materialistas más decididos de miestra época, J. Moleschott ha dado de la voluntad esta explicación: "La voluntad es un movi- miento de la naturaleza.,, Si esto es verdad, no hay para qué hacerse ilusiones respecto de esos pro- blemas que han atormentado al hombre en todos los períodos de la historia, ni respecto de esos ideales, tras los cuales se lanza anhelante el espíritu hu- mano. Toda la vida racional es pura quimera, no solo en el individuo, sino en las sociedades. Si hay todavía ilusos que creen en el deber, en el sacrificio, en el heroísmo, como manifestaciones variadas de un mundo eterno y superior á las contingencias y conflictos de las pequeñas pasiones, será forzoso rele- garlos á un manicomio. Todos esos hechos que refiere la historia y canta la epopeya, son meros efectos de un movimiento sujeto á las leyes fatales de la materia: ¿por qué preocuparnos? Si ese movimiento de la naturaleza nos arras- tra al crimen, ó nos encamina hacia la virtud, hagamos constar simplemente que somos como el copo de nieve impelido por los vientos: tan inocente soy al asesinar á mi padre como al recoger al expósito abandonado en el lodo. Un movimiento de la naturaleza hincó el puñal, otro movimiento de la natu- raleza trajo á mis brazos al pequeñuelo desvalido: ¿dónde está la razón para castigo en el primer caso?; ¿dónde, para la satisfacción de mi conciencia, en el segundo? 13 jg. REVISTA DE VALENCIA. La conciencia popular se subleva ante estas conclusiones, es verdad. Pero hay que mantenerse en guardia contra las manifestaciones de las muchedum- bres: las muchedumbres son volubles, crucifican hoy y divinizan mañana. Los hombres superiores han sido escarnecidos antes que exaltados. Procedamos, pues, con calma. El tema es antiguo. En todo tiempo y lugar fué objeto de laboriosas lucu- braciones. Es, además, origen de consecuencias gravísimas: según que la cues- tión se decida en uno ú otro sentido, habrá que aclamar ó negar la moral y la ley, el merecimiento y la pena. Por un lado se vá al orden, por el otro al caos. IL Un primer hecho de observación personal, es que en la intimidad de nues- tra conciencia nos reconocemos esencialmente libres por toda nuestra vida racional y en la esfera de nuestras relaciones diarias. Nos reconocemos Ubres, no de un modo absoluto, sino dentro de ciertos límites; pero dentro de estos límites, cada hombre, en el sagrado de su conciencia, se confiesa responsable del mal que hizo y se complace en el bien que procuró. Es cierto que no puede dejar de pensar y sentir, aunque se lo proponga y lo intente: su voluntad no alcanza hasta ahí. Pero puede variar á voluntad el objeto de $u pensamiento y de sus afecciones, encauzar su actividad en una y otra dirección, rendirse como ludibrio á los estímulos de cada instante, ó mantenerse firme á despecho de las tempestades del mundo. Los mártires de la ciencia y de las religiones son otros tantos testimonios de estabilidad humana. Un secundo hecho, de observación personal también, es que en nuestros actos nos hallamos limitados por todas partes, estimulados por motivos de di- versos órdenes, apremiados bajo la influencia de condiciones exteriores, y aún superiores á nosotros mismos, sujetos por hábitos recibidos de fuera desde nuestros primeros pasos en la vida (la familia, la patria, la raza, el siglo). Esos elementos, combinados de mil maneras, allanan ú obstruyen el camino de nues- tra libre acción, hasta el punto de ser penoso reconocer y comprobar la parte que en cada uno de nuestros actos hay que asignar á la libertad propia y á la acción exterior. Somos, pues, libres, dueños de nosotros mismos; pero no dueños absolutos en nuestro obrar. Y entendemos aquí por obrar, no solo la realización y aca- bamiento de un hecho, sino también los trámites que le preceden, como el propósito y la deliberación. LA LIBERTAD MORAL. 195 III. De estas relaciones exteriores, que limitan de tan diferentes maneras nues- tra libertad de acción, unos son ciertamente verdaderos impedimentos, otros no. Muchos caracteres dominantes, en todas las esferas de la vida terrestre, desde la familia hasta la nación, han intentado (é intentan) suljyugar ;i su vo- luntad el mundo que les rodeaba. Ante ningún obstáculo legítimo han retroce- dido: la fuerza abolió toda razón, borró todo límite; con ella anduvieron unidas todas las brutalidades de la guerra. Llegó un dia en que los intereses verdade- ramente legítimos recobraron su energía , y cesó el azote: entonces, se dice comunmente, los obstáculos llegaron á ser superiores á la voluntad del (jue llaman héroe, el héroe no pudo ya obrar, y sucumbió. Hay que aclarar estos conceptos vulgares. No debe verse en esos obstácu- los exteriores una traba á la libertad; antes bien son la libertad misma reivin- dicando su dominio. La libertad no es el poder arbitrario de ejecutar un acto externo. La verdadera libertad presupone un orden real, efectivo, objetivo en la creación: desconociendo este orden en la realidad, la libertad se trueca en una potencia sin sentido propio, en un mero capricho egoísta ó brutal. Si nadie en el mundo está autorizado para atentar contra la vida del individuo como tal, ¿quién podrá- estarlo para atentar contra la vida de una nación, miembro del organismo de la humanidad terrestre? La resistencia á la esclavitud es testimo- nio de la libertad. De suerte, que en el ejercicio de la libertad es forzoso tomar en cuenta los dos términos de la relación: el agente y el objeto. Y cuando esos dos términos son esencialmente iguales, como en la relación de hombre á hombre, el ejer- cicio de la libertad ha de considerarse á la luz de los fines racionales. Por tanto, quien rechaza y sujeta á un segundo que intenta sacrificarle á su voluntad, no coarta la libertad de ese segundo, sino que reivindica la suya propia. IV. Hay, pues, en la noción de la libertad, elementos que el vulgar sentir no siempre toma en consideración. Puesto que cada hombre en su intimidad reconoce su libertad, y puesto que á la vez se reconoce como uno mismo en toda su vida, es claro que la libertad ha de estar en armonía con todas sus facultades y modos de actividad. Ahora bien: el objeto del pensamiento es la verdad cierta, es decir, la verdad objetiva 10 REVISTA DE VAI-ENCIA. Ó real reconocida como tal con evidencia; el objeto del sentimiento es la cari- dad en su concepto más alto, es decir, el vínculo de reciprocidad afectiva entre todos los seres de la creación, según su grado respectivo, y del hombre con su Creador- el objeto de la voluntad es el bien puro y desinteresado, es decir, todo lo que se realiza en la vida de acuerdo con la naturaleza propia de los seres. No cabe, pues, libertad sin verdad, caridad y bondad. Esta limitación muestra que no es completo el concepto que se tiene de la libertad, cuando se la define como "facultad de elegir entre contrarios.,, Si tal facultad significa algo positivo, se sigue de ella que hay en el hombre la misma posibilidad, y por tanto la niisma propiedad esencial, para establecer una rela- ción que la opuesta, para obrar de un modo que del contrario. Veo en grave riesgo la vida de un enemigo; en mis manos está salvarle ó dejarle perecer: siento mi voluntad vacilar (elegir entre contrarios); me decido, por fin, y me arrojo en su ayuda, y lucho, y le salvo, ¿En cuál de esos momentos he sido verdaderamente libre, cuando vacilé ó cuando me resolví? Las almas sometidas á las cadenas de lo sensible podrán dudar; las almas ilustradas por la razón fa- llarán de plano. La elegibilidad entre contrarios no es, pues, propiamente la libertad misma, sino más bien un momento en la realización del acto libre, un trámite para sen- tar el hecho libre. Si vacilé al salvar á mi enemigo, es porque mi voluntad es- cuchaba aún el mal consejo de la pasión; fui verdaderamente libre cuando obedecí á la voz de mi deber racional. Hé aquí, por tanto, que la obediencia, que al parecer es una traba, constituye mi verdadera libertad. V. ¿Será posible conciliar caracteres tan semejantes como los que acompañan á un hecho libre? Notemos ante todo que la libertad no es algo sustantivo en sí, sino pura- mente una forma del obrar. En el lenguaje se expresa esta forma por un adje- tivo ó por un adverbio: la actividad libre ^ el obrar libremente. El sustantivo libertad pertenece al género de los llamados abstractos por los gramáticos. Si los modos de una propiedad se confunden con la propiedad misma, podrá ha- blarse de la libertad como propiedad del alma, pero no en otro sentido. La libertad, pues, presupone una actividad, y la actividad presupone una ó más facultades. La actividad dice relación al tiempo; la facultad es indepen- diente del tiempo. La actividad se despliega en la vida; la facultad es eterna. La actividad es un desarrollo en serie de actos múltiples; la facultad es pura- mente idéntica á sí misma en unidad permanente. LA LIBERTAD MORAL 197 La propiedad del espíritu, á la cual aféela la libertad, es la voluntad. Así, tratar de la libertad es tratar de una forma de la voluntad, considerada en sí misma como facultad independiente del tiempo, y como actividad desplegada en la vida. Esta distinción es esencial y explica desde luego por sí sola la contradicción entre la observación interna, que atestigua la libertad humana, y la observación de todo hecho humano en su acabamiento, la cual acredita nuestra subordi- nación. Es cierto, si se habla con sinceridad, que todo hombre se reconoce libre en sus actos, en lo que estos actos dependen de él mismo; es cierto también ijue se reconoce influido, apremiado, hasta constreñido, en lo que estos actos dicen relación con las condiciones que le rodean en la vida. Hay, por consiguiente, que considerar dos fases: la facultad y la actividad, lo eterno y lo temporal. Y esto, sobre la base de una relación entre la volun- tad y un objeto, porque la voluntad nunca es vacía cuando uno quiere ó no quiere algo. Este algo es el objeto de la voluntad. La voluntad, como facultad, es, según se ha dicho, el poder superior y uni- tario del espíritu humano; es un aspecto del espíritu humano, como determi- nando en unidad sus propios actos. Hay en los actos de voluntad la relación de efecto á causa: por tanto, el acto es semejante á la voluntad. Pero la voluntad es impotente ante todo lo que es eterno, y, por tanto necesario: ninguna volun- tad podrá conseguir que dos paralelas se corten. Los dominios de la voluntad son, pues, bastante limitados: no traspasan las fronteras de los fenómenos, de los hechos ó estados pasajeros que se suceden en la vida, Hé aquí por qué la voluntad se confunde comunmente con la actividad vo- luntaria; pero debemos notar que no hay actividad sin facultad correspondiente, puesto que es á todas luces contradictorio sentar hechos sin poder sentarlos. Puesto que la actividad voluntaria no es más que el ejercicio de una facul- tad, y puesto que esta facultad es propiedad del espíritu, el espíritu es el fun- damento y la razón de esa actividad. Esta actividad está, pues, bajo el espíritu; sus leyes no pueden contradecir á las del espíritu; su fin ha de ser el fin mismo del espíritu. Así, la voluntad tiene por carácter capital la unidad, puesto que uno es el espíritu. ¿Qué unidad puede ser esta, cuando las vacilaciones y los desfallecimientos forman una buena parte de nuestros estados en el tiempo? Esa unidad es la de la creación. La creación no es un hacinamiento de seres extraños, inconexos entre sí; es, por el contrario, un organismo, en el que, hasta donde la observa- ción alcanza, todo obra y reobra sobre todo, todo se compenetra y se estimula y se ayuda. Nos es vedado ciertamente dominar el plan entero de la creación: solo á Dios, como absolutamente infinito, corresponde el conocimiento cabal de lo infinito. Pero quien se haya elevado, en lo que las menguadas fuerzas ígS REVISTA Í)E VALENCIA. liumanas lo permiten, á la contemplación de la perfección suprema, no podrá (liular que en medio del aparente desconcierto del mundo existe una soberana armonía, que se refleja en nuestra conciencia como un ideal, y se impone á nuestra voluntad como un mandamiento ineludible. La verdad en el conocer, la caridad en el sentir: hé ahí la norma, de la cual se deriva la rectitud en el obrar. Tal es, á nuestro modo de ver, la libertad moral. Se ha dicho con mucha propiedad (l) que "la libertad es la voluntad ilustrada por la razón.,, Esta definición es superior a cuantas han llegado á nuestro conocimiento: el concepto lógico de la extensión queda fijado en la noción de voluntad, el de la com- prensión en la noción de razón. No es libre sino el que obra como esclavo de la razón; quien obra fi.iera de razón, es siervo de sus pasiones, de su egoísmo, de sus apetitos. Este supremo grado de la libertad moral ha sido llamado tam- bién libertad racional (2), y se le puede asignar como carácter en el obrar esta divisa: non posse pecare. Esta noción de la libertad es, como se vé, bastante compleja en sus ele- mentos: presupone orden y leyes divinas en la creación, espíritu consciente que los reconozca, y voluntad que se subordine á sus mandamientos. Pero aún siendo compleja, no puede despojarse de ninguno de esos elementos, sopeña de quedar mutilada. La unidad de caracteres en los actos libres se funda, pues, en la conformidad del obrar del hombre con las leyes divinas del mundo. VI. De esta explicación se deducen, ahora fácilmente las oposiciones y contra- riedades anexas á los actos humanos. Según el grado á que el espíritu se haya levantado sobre las pequeñas pa- siones y groseras tendencias, sus actos son más ó menos libres. En un primer estado de cultura, sometido el hombre puramente á las sujestiones de la sen- sibilidad de la materia, los actos se sientan casi sin conciencia, según las conve- niencias físicas del momento: el caníval devora á su víctima y duerme tranquilo. Desarrollada la facultad de la reflexión, las vacilaciones son múltiples, porque la lucha interna entre los apetitos groseros y las ideas medio despiertas de la razón, es tenaz y vehemente: á tal espectáculo asistimos uno y otro dia en nuestras sociedades, no ya como meros espectadores, sino también como acto- res. Levantado el espíritu á los ideales eternos, vuelve la paz á la conciencia, (1) AHRENS Drolt naiurel, passim. (2) TlBER&HiEN, Psicologie experiméntale, part. II, c 4 LA LIBERTAD MORAL. jgg como premio de su trabajo: el mártir sufre resignado el tormento, sin otra va- cilación que los terrores del cuerpo flaco. Esos obstáculos al libre obrar insisten dentro de nosotros mismos. Hay otros que vienen de fuera. Constituido el hombre como miembro del organismo universal de la creación, en medio de otros hombres y de otros seres en rela- ción constante con ellos, su voluntad, aún siendo pura y, por tanto, libre se quiebra en el conflicto. ¿Quién ignora que el mismo Sócrates fué escultor á despecho suyo? Quereres poder, se ha dicho: la frase es legítimamente francesa- es bella y deslumhra, pero desconoce las contingencias de la vida conum de seres limitados. Querer es simplemente querer; poder es tener la facultad de realizar independientemente de influencias exteriores. Los actos más tracenden- tales de la vida, en principio y en fin, son, sin duda, independientes de nuestra voluntad: ningún hombre ha elegido sus padres, ni su patria, ni su raza, ni su siglo , y eso que estas circunstancias extrañas á su voluntad influyen de una manera tan poderosa sobre su vida; si se exceptúa la fracción, relati- vamente exigua, de los suicidas, la muerte sorprende al hombre sin interven- ción de su voluntad, quizá cuando, á su modo de ver, le era más necesario el vivir. Resulta, pues, que la limitación del hombre, en sí mismo y en cuanto se halla relacionado con los seres de la creación, es origen de innumerables impe- dimentos al libre ejercicio de su voluntad. No es libre sino cuando realiza algo con sujeción á las leyes divinas. VII. La libertad tiene, según las consideraciones precedentes, un campo muy limitado; y podria suponerse que la falta de libertad completa y absoluta en la mayoría de sus actos exime al hombre de responsabilidad. La cuestión es grave, por lo que afecta á la moral y al derecho, y exige un examen atento. Las religiones positivas tienen formulados sus códigos morales; las leyes promulgadas por los diferentes pueblos son igualmente del dominio público. Así, bajo el punto de vista de la relación que la voluntad afirma en cada caso entre el agente y el objeto de su acción, hay siempre, ó casi siempre, elementos bastantes para que aquel se determine á obrar en conformidad ó en oposición á la ley. Prescindamos ahora de las leyes establecidas por las religiones, y limitémo- nos á las leyes de origen explícitamente humano. Estas leyes varían según tiempo y lugar: en lícito en unas partes lo que en otras es nefando; unos siglos 200 REVISTA DE VALENCIA. toman á honor lo que otros reputan infame (l). De suerte que este punto de vista puramente liistórico no dá ningún valor permanente á la ley moral y jurí- dica, ni por tanto puede afirmarse, ni negarse la moralidad ó inmoralidad de un acto por su conformidad ó discordancia con aquellas. Suele hablarse de una ynoral imiversal, y esta palabra indeterminada se encuentra también en leyes escritas. Pero ¿qué es la moral universal? Dónde buscar sus preceptos? ¿Quién la ha formulado? Se dirá, sin duda, que el parricidio, "por ejemplo, es donde quiera un crimen horrendo, y lo mismo creemos nosotros. Pues con eso y con todo, en un libro que ha servido de texto para la enseñanza oficial de la geografía á toda la generación actual de España (2), se lee que los battas sacrifican á sus padres cuando ancianos, por ahorrarles las molestias de la vejez. Se replicará que no hay que buscar la moral universal entre salvajes: sea en buen hora; pero desde ese momento la moral que se invoca deja de ser universal, y hay que limitarla á los pueblos cultos. Ahora, entre los hombres más cultos de los pueblos cultos se han formulado estas afirmaciones: "el hom- bre, lo mismo que el bruto, no busca más que el goce; el bien es el placer; el estado natural es la guerra de todos contra todos (3).„ — "Las acciones del hombre están sometidas fatalmente á las mismas leyes que rigen el Universo (^¿^_^^ — "¿Cómo podría intimidar la pena á quien perpetra un crimen, resultado lógico, directo é ifievitable de la pasión que le anima? (5),, ¿Oué es, pues, la moral universal? Dos palabras vacías de sentido, si se las toma en su aspecto histórico. Sin duda alguna que hay una moral universal y eterna, fundada por Dios; pero no está en nuestro poder el conocerla entera con absoluta certidumbre. Las religiones oficiales blasonan de poseerla por revela- ción directa; los filósofos creen haberla leido en la conciencia. El hecho positivo es, que muy poco positivo hay en este punto (ó). Pero, dando por supuesto el conocimiento perfecto de un código moral divino, ¿es ó no dueño el hombre de conformar su voluntad con él? Esta es la vieja cuestión del libre albedrio. La libertad verdadera, la libertad racional (jue hemos examinado antes, es diferente del libre albedrio, por más que una y otro se refieran á la voluntad. La verdadera libertad es el estado de (1) Neqiu enim Cimoni fnit iiirpe^ alhenunshun summo viro, SOROREM GERMAN.VM HABERE IN MATRIMONIO, quippc qtiam e/ns cives codcín uíerentur instiliiio: at id qiiidem nostris moribns NEKAS }1ABETUR. Lmidi in G>\ecia diuiluy adules ceninlis, quaiii plurimos haber c amaioi-es. — CoRN NEPOTIS Vitic exccllentiiim impejatorum, p\cfat. (2) Verdejo y Pacz. (3) llobhes. (4) Büchner. (5) Mokschott. (6) Entiéndase (jue hablamos bajo d aspecto puramente racionalista y crítíccJ- no LA LIBERTAD MORAL. 2qj pura y consciente y voluntaria esclavitud bajo las leyes divinas; el libre albed presupone la vacilación y la lucha interior. Ahora bien: ese estado no puede ser negado por nadie que se haya observado en el fondo de su conciencia. Es una consecuencia de la personalidad. Un ser es personal cuando tiene actividad propia, vida propia, conocimiento y sentimiento de sí mismo y de sus actos. Yo puedo vender mi honor por un puñado de oro, como Judas vendió al Maestro por treinta monedas de plata: por un lado me esperan las comodidades de la vida, los honores de la sociedad, la tranquilidad respecto del porvenir de mis hijos ; por el otro voy derecho á la pobreza, á la oscuridad, á la miseria de mis descendientes: en medio de aquellos explendores habrá dentro de mí un torcedor, oculto á las miradas del mundo, pero que nublará toda serenidad en mi conciencia; en las tinieblas de mi honrada oscuridad hallaré siempre, por el contrario, un faro que me guiará. Los motivos son poderosos: dudo, vacilo, lucho; me decido al fin: ¿pero hacia qué lado? Voy donde quiero: soy, pues, libre. Y si sucumbo, esclamaré, como Galileo después de retractarse: e pur si imwvel esto es , pude seguir el camino de la ley moral , he violado por mi voluntad la ley moral, solo mi flaqueza puede excusarme, aunque no pueda justificarme. El hombre es, pues, dueño de elegir, y por tanto, capaz de responsabilidad. Pero ¿está seguro de que al elegir el bien, elige realmente el bien? En otros términos, ¿conoce el bien? Esta cuestión es muy ardua, y bien lo presentíamos hace un momento, al preguntar lo que es la moral universal. Cada hombre y cada pueblo y cada siglo se creen en posesión de la ley divina: ¡error funesto! Cierto que en ningini período histórico han faltado al hombre destellos de la ley moral bastantes para encaminarle á buen fin en su trabajosa peregrinación por este mundo; pero es cierto también que una buena parte de los horrores que registra la historia, arrancan de aquella convicción pretenciosa. Por eso un espíritu circunspecto no aplicará jamás una ley positiva, cuyos efectos sean irreparables; por eso en estos tiempos se levanta el clamor, casi unánime, contra la pena de muerte. El Divino Maestro formuló su ley en preceptos de caridad: ama á tu pr(')jimo como á tí mismo ; tire la primera piedra á la adúltera quien esté limpio de toda mancilla. Estos preceptos son llamamientos á la conciencia y condenación del formalismo de las leyes escritas. Las leyes escritas responden al nivel medio de cultura de un puel lo en un período determinado. Resulta de ahí que son superiores al ideal de muchos, é inferiores al ideal de otros. Y como toda ley positiva traduce en precepto un ideal intermedio, puede haber trasgresioncs que sean perfectamente legítimas y morales. Por legítima y moral se tiene la práctica de los hombres de Estado, cuando no aplican todo el rigor legal á los llamados delitos políticos: preocu- 2oÍ REVISTA DE 7ALENCIA. paciones todavía p oderosas disfrazan el hecho con el nombre de amnistía, y el respeto exterior al Código aconseja invocar la clemencia para cohonestar su violación, Pero lo cierto es que la amnistía supone que el Código escrito no traduce la verdadera ley racional. La trasgresion queda desde ese momento justificada. VIII. Hemos expuesto brevemente una doctrina sobre la libertad humana. En esa doctrina entran elementos varios: Dios, como fundamento y razón de todo lo creado; orden divino en la creación, como fundamento y razón de la ley moral; el hombre en su unidad, como fundamento y razón de sus actos en el tiempo, con destino propio que realizar en la vida, en unión y armonía con los demás seres, el bien, como fin de la voluntad. La libertad se nos ha presentado como la sumisión consciente del hombre á la ley moral, y el libre albedrío como una facultad del espíritu para determinarse ante motivos diferentes. Esta facultad es en cierto modo negativa, derivada de la limitación del hombre, pues que, si fuera perfecto, no hallaria jamás ocasión para entrar en ejercicio. Bajo otro aspecto es positiva, pues que garantiza la perfectibilidad del alma. Veamos si dentro de esa doctrina hay medio para refutar otras, que han sido expuestas igualmente por los filósofos: 1," Dicen los partidarios del llamado indeferentismo: la verdadera libertad es aquella con que se determina el alma, cuando ningún motivo la solicita para obrar, ó cuando los motivos, siendo opuestos y equivalentes, se contrarestan, dejando el estado de la voluntad en perfecto equilibrio. Cualquier motivo pre- dominante, que inclina á obrar en un sentido ó en otro, quita el alma la expon- taneidad de su determinación. Dicho en menos palabras: el motivo suprime la libertad. Ahora bien, no hay acto de voluntad, en el cual no concurra un motivo; porque el hombre es uno, y á cualquier acto de sus facultades asisten también las demás. Por consiguiente, obrando siempre con motivos, hay que concluir que no obra con libertad sino en el caso singular del equilibrio de los mismos. Contra esta conclusión protesta desde luego el sentido íntimo, la observa- ción interna. Lo cierto es que esta teoría confunde el albedrío en sí, con las condiciones de su ejercicio. Para que quede facultad de elección, es necesario que se presenten caminos diversos; para realizar la elección, es necesario que haya deliberación más ó menos sostenida. Esto nadie lo duda; pero nadie puede negar el hecho de que elije la vía que quiera. Si se admite la demostración ad absurdiim, hay que concluir también por este método la falsedad del indeferen- tismo. De él se deduce, como afirma muy bien el marqués de Valdegamas, que LA LIBERTAD MORAL. 203 el hombre sería tanto menos libre, cuanto fuera más perfecto. Efectivamente, la perfección es el bien, (jue se practica con tanto mayor facilidad, cuanto más apartada está el alma de las sugestiones del mal; de manera, que la perfección relativa del hombre arguye la preponderancia del bien, y la perfección absoluta la absoluta exclusión del mal. En ninguno de los dos casos puede haber equi- librio entre los motivos opuestos, ya que prepondera ó señorea uno de ellos: el hombre, pues, perdería en libertad lo que ganase en perfección, y en Dios no habría el menor vestigio de libertad. Y sin embargo. Dios es la santidad absoluta: ¿cómo conciliar la santidad de Dios con la esclavitud bajo la cual gime? Hay un expediente cómodo, ideado por los indiferentes: nada existe bueno ó malo en sí, lo bueno ó lo malo son tales porque Dios quiso; Dios ha dispuesto que los tres ángulos de un triángulo valgan dos rectas; pero si otra cosa dispusiera , otro valor tendrían. Esto es sustituir el capricho á la voluntad. Repitámoslo: la verdadera libertad, la libertad racional, es para el hombre la sumisión consciente á las leyes divinas. En Dios la libertad es su identidad misma. El libre albedrío del alma es el lazo común de su imperfección y de su perfectibilidad. 2." Fatalismo. — La voluntad, se dice, es como una balanza; siempre se inclina del lado en que actúa el peso mayor, ó sea el motivo preponderante. Los actos que llamamos de voluntad son necesarios por consiguiente. Aquí hay confusión de la voluntad como causa, con las relaciones exteriores del desarrollo del hombre en la vida. La voluntad se determina al obrar por sí misma, bajo las influencias — sin duda — del grado de cultura del espíritu; y eso que se llama predominio de tal ó cual motivo sobre tal otro, no es, en rigor de verdad, mas que la expresión de la cultura. En unos prepondera el deber sobre la conveniencia, en otros el placer sobre el deber. Claro es que los actos de unos y otros reflejarán el estado general á que respec- tivamente se hayan elevado en la escala de la razón; pero unos y otros pueden renunciar en un momento á todo su pasado, para emprender la marcha en opuesto sentido. La práctica diaria de la vida ofrece numerosas conversiones de este género. El optimismo es una faz particular del fatalismo, y supone que la voluntad se inclina siempre hacía el bien, y entre los bienes, hacia el mayor. Verdadera- mente, es singular este modo de apreciar la voluntad , en presencia de cárceles y presidios poblados por parricidas, asesinos y violadores de toda ley. Seria lícito concluir que los legisladores y tribunales pierden lastimosamente el tiempo, pues que empiezan por ignorar lo que es bien. Hay más: puesto que la voluntad elige necesariamente el bien, y entre dos bienes el mayor, deberíamos deducir que los códigos son verdaderamente bárbaros, cuando castigan con más rigor el 204 REVISTA DE VALENCIA. asesinato cometido por el hijo en el padre por arrebatarle la herencia, que al criado doméstico que hurta una moneda á su amo para procurar alimento á su madre enferma y desvalida. La teoría expuesta destruye la unidad humana, pues que excluye de todo acto el pensamiento y el sentimiento. Ocioso seria todo trabajo para discernir lo bueno de lo malo, lo mejor de lo bueno: bastarla cruzarse de brazos y esperar la determinación forzada de la voluntad; ella nos señalarla el buen camino. Lo único deplorable en este dulce dormitar seria que cada determinación de la voluntad mostrada via distinta. Prec^iintamos con sinceridad: ¿puede tomarse en serio esta teoría? 3.*' Panteísmo. — Más graves, como más fundamentales, son las conclusiones del panteísmo contra la libertad humana. Y en efecto, si todo es Dios, ¿qué queda para el hombre? "La libertad es una ilusión que proviene de la igno- rancia d© las causas que nos determinan á obrar.,, Así lo afirma Espinosa. En esta afirmación hay lógica; puesto que, si todos los seres finitos son meras manifestaciones transitorias de la esencia una y entera, si no hay individualidad en ellos, claro es que los actos de esos seres no son más que manifestaciones mediatas de esa esencia. Como la afirmación del panteísmo con respecto á la libertad arranca de la raíz misma del sistema filosófico, la refutación se halla en la crítica del sistema en su conjunto. En este punto volvemos á la faz analítica ó mostrativa de la metafísica, es decir, á la conciencia, á la propia observación. No hay, que sepamos, otro procedimiento para reconocerse dueño de sí mismo, y causa de los actos propios. Negando al valor el testimonio de la conciencia, la discusión no tiene fin práctico. "Yo, dirá quien crea en la libertad, me reconozco libre para obrar de tal ó cual manera; es verdad que de todos lados me acosan influencias extrañas, tan poderosas, tan íntimamente combinadas con mi actividad entera, que quizá una parte de ellas se sustrae á mi observación más sostenida. Pero es cierto, en fin, que yo hallo en mi poder tan superior á toda ingerencia agena, que me es dado, sino subyugarla, á lo menos orillarla.,,. "Vana ilusión, replicará el panteista; ignorancia de las causas que determinan á obrar: el hom- bre, momento pasajero del desarrollo del Ser único, tiene, en efecto, concepto de sus propias voliciones, pero no libertad. ¿Cómo ha de ser libre una manifes- tación, un fenómeno?,, No estarla aquí en su lugar la exposición de un sistema entero de filosofía especulativa, para refutar las afirmaciones del panteísmo en materia de liber* tad. Limitémonos á repetir, considerando el lado práctico de la cuestión, que el panteísmo, como cualquier otro sistema que niegue en absoluto la libertad del hombre, conduce directamente al desconcierto de las sociedades. Castigando al criminal, como alentando al virtuoso, las leyes serian igualmente injustas: LA LIBERTAD MORAL. 205 donde no hay merecimiento, está demás la recompensa; donde no hay respon- sabiUdad, es inicuo el castigo. 4.° Materialismo. — Esas conckisiones son lógicas. jQué razón de ser tienen entonces las leyes humanas? Hobbes nos lo ha dicho. El estado natural de los hombres es la guerra de todos contra todos; para vivir en paz, ha sido necesario idear al Estado. "El hombre no tiene libertad de querer, sino en ejecutar lo que quiere, es decir, de obedecerá sus apetitos.,, "Es libre, consigna Helbetius, por su parte, quien no está cargado de cadenas, ni detenido en una prisión , ni intimidado , como el esclavo , por el temor del castigo.,, Hé aquí borrados de una plumada todos los heroísmos que registra la his- toria, todos esos actos sublimes de abnegación, que se repiten diariamente en la vida. El materialismo es también lógico. Todo es materia; toda manifestación de la materia es fatal. Por consiguiente, cuanto se realiza es necesario y fatal. El error está en la premisa, y la refutación ha de hallarse, como para el panteísmo, en el nosce ie ipsum, en el 7iolli foras iré de San Agustín: in interiore cnim homine habitat veritas. 5.0 Idealismo subjetivo. — Si todo es Dios, desaparece el hombre como sustancia: así se explica la doctrina del panteísmo. Si todo es materia, no hay libertad tampoco, afirma el materialismo. El idealismo va igualmente al fondo de la cuestión: si Dios es omnipotente, nada queda á merced del hombre; la libertad humana, que es un poder, cercenaría la omnipotencia de Dios. Este argumento es mera consecuencia de otra afirmación más general, á saber: lo finito y lo infinito se excluyen. ¿Existe lo finito fuera de lo infinito? Si existe, el infinito no es tal, pues que le falta toda la realidad de lo finito. ¿No existe lo finito fuera de lo infinito? Pues tampoco hay libertad humana, porque habría un poder que limitarla el poder infinito de Dios. Tampoco se compadece la libertad humana con la presciencia divina: si el Infalible conoce ab ceterno todos los actos del hombre, la libertad es una mera ilusión del agente. Enhorabuena que delibere, consulte, elija, vaci- le: el acto previsto se realizará, y no otro; cómo fué previsto, y no de otro ma- nera. No cabe desconocer que estos dos argumentos son formidables, los más serios que hasta hoy se han suscitado contra la libertad humana. El primero exige, para su refutación completa, el desarrollo, también completo, de una doctrina de armonía, que no presente como antitéticos lo finito y lo infinito; que permita la coexistencia de lo finito en lo infinito, bajo lo infinito, por lo infinito. Esa doctrina ha sido expuesta por Krause; y hagamos constar desde luego que, al citarla aquí, nuestro fin es indicar la necesidad de nutrir el espíritu con estudios filosóficos, verdaderamente profundos, y de ningún modo proclamar 2o5 REVISTA DE VALENCIA. aquel sistema como la última palabra de la razón humana. Lo que sí cabe afirmar es que ese argumento del idealismo con respecto á la libertad, no puede refutarse victoriosamente sin reconocer y aceptar una fórmula de armonía que ligue los dos términos, al parecer, antitéticos. En cuanto al segundo argumento del idealismo, ya los Santos Padres le redujeron á su verdadero valor, por una distinción feliz. Dios conoce, en efecto, todos los actos que ha de realizar el hombre; pero, conociéndolos, no altera la naturaleza de los mismos: los actos no se realizan porque Dios los haya previsto, sino que Dios los ha previsto porque se realizarán. Y en verdad, suponiendo que en un momento preciso haya posibilidad de que el hombre siente actos diversos, la presciencia infinita los conoce todos: cualquiera que sea el que se realice, previsto estaba por Dios. ¿Cómo, pues, la presciencia divina ha podido forzar á un acto previsto, y no á otro también previsto? Al sentar el agente tal acto y no tal otro, ha obrado en las mismas condiciones de libertad, que hubiera tenido sin la presciencia divina. Hemos terminado nuestro modestísimo trabajo. Dos consecuencias, tan interesantes como conocidas, pueden deducirse de las líneas precedentes; conse- cuencias que no pierden un ápice de su interés intrínseco, porque sean expues- tas una vez más. La primera es, que toda doctrina que excluya la libertad lleva en su fondo el germen de la disolución social. La segunda es, que el estudio completo de cualquier cuestión filosófica no puede llevarse á cabo sino mediante una serie metódica de estudios generales de la ciencia, lo mismo exactamente que sucede con las ciencias que se creen mejor formuladas. ;Qué contestarían los geómetras al que pusiera en tela de juicio los teoremas relativos, por ejemplo, ai cálculo de los volúmenes? Le remi- tirían á un tratado de geometría, con la advertencia de que el estudio se reali- zase metódica y completamente. Una cosa análoga hemos visto'en el curso de este escrito. Imposible nos ha sido deshacer enteramente los argumentos levantados como consecuencias de sistemas completos en sí: la refutación se halla en otro sistema, también com- pleto en sí. Algunas verdades destacadas del cuerpo total de doctrina son insuficientes al efecto. La filosofía no ha hecho más que bosquejarse como cien- cia una y sistemática; pero debemos esperar que algún dia ese bosquejo se con- vertirá en un gran cuadro. A las generaciones futuras toca ese trabajo. Nosotros, pues, creemos LA LIBERTAD MORAL. 207 cumplir un deber aconsejando á la juventud que emprenda con fé el estudio serio metódico, sostenido y perseverante de la filosofía, prescindiendo, por de pronto, de abordar cuestiones parciales, cuya solución ha de hallarse, en su caso, en el cuerpo total de doctrina. Facundo de los Ríos y Portilla, EN LA REEDIFICACIÓN DE UN TEMPLO. Y del pueblo que vive indiferente, • De su Dios olvidado. En el festin brindando alegremente' De rosas coronado! Tras su ventura, que cual humo pasa, Gemirá sin consuelo... ¡Siempre á Sodoma con su fuego abrasa La justicia del cielo! Más feliz el que teme y el que adora, Al Señor, con fé pura. Su palabra escuchando salvadora Que baja del altura. El gozará la paz que es prometida. Á quien ora y espera, Y en la virtud encontrará escondida La dicha verdadera. Y más feliz el pueblo que levanta El derruido templo. Dando al impío, que su triunfo canta, Respuesta, luz y ejemplo. Hoy, que al amor de Dios el de sí mismo Opone el hombre vano, De su propia ruina el hondo abismo Abriendo con su mano, EN LA REEDIFICACIÓN DE UN TEMPLO. Es levantar un templo, la luz darle De aquel Sol que ilumina El mundo del espíritu, y guiarle A su patria divina. Es ofrecerle, en páramo inclemente, La escala misteriosa, A cuyo extremo asoma, refulgente, De Dios la faz gloriosa: O, de olivos y palmas circundado, . Manantial cristalino, Donde su sed apaga el fatigado, Errante peregrino. Es, con la voz del cielo recordarle. Que el mundo es cruda guerra, Y que el premio inmortal hay que alcanzarle Luchando aquí en la tierra: Que riqueza, poder, gloria y contento, Y ciencia y hermosura. Si en la virtud no tienen su cimiento, ¡Son vanidad... locura!: Que la ansiedad es hija del pecado... Y por eso la calma Tan sólo encuentra aquel que ha dominado Las pasiones del alma. Es levantar un templo, abrir el cielo Al corazón del hombre. Su afán calmando, su infinito anhelo... ¡Aspiración sin nombre! Es un pueblo formar de los humanos, Con unas mismas leyes. Diciendo: "Sois ¡guales, sois hermanos. Los mendigos y reyes,,: ía) «4 310 REVISTA DE VALENCIA. Es proclamar la libertad, que el bueno Es sólo el libre y fuerte; Quien triunfó de sí mismo, ve sereno Al tirano y la muerte. Es guardar de la patria el fuego santo, Pues sin fé, las naciones, No engendrarán los héroes de Lepanto, Guzmanes, ni Colones. Es dar al genio un soplo del Eterno, Para que el mundo cante La mansión de delicias, ó el infierno, Como Milton ó el Dante: Y es, ante la razón, que la fé niega, Y ante el odio infecundo, Y el que duda, el que gime y el que ruega, Y la inquietud del mundo, Y el grito del combate que se escucha, Y el torrente que avanza... Alzar la cruz, en medio de la lucha, Como única esperanza. Miguel Amat. LAS cofradías DE OFICIOS EN VALENCIA (O- (1276 Á 1400). . Origen de estas corporaciones. — Su uniformidad en distintos puntos de Europa. — Prohibición de D. Jaime I. — Causas de la misma. — Primeras ordenanzas de cofradías. — Su número en tiempo de D. Jaime II. — Concesiones que obtienen en las Cortes de 1329. — Reorganízanse las anti- guas.— Nuevas creaciones. — D. Juan I confirma las existentes y concede varios privilegios, II. Organización interior. — Elementos que la forman. — Prohombres. — Sus facultades. — Fiesta al patrono. — Capilla. — Comidas. — Carácter de estas reuniones. — Monitor ó nuncio. — III. Cofrades enfermos, — -Entierro. — Sepultura. — Bodas. — Dotes. — Cautivos. — Cuotas, — Multas. I. EjAMOs delineada en el capítulo segundo la organización de las clases industriales durante el reinado de D. Jaime I. Aquellos gérmenes de vida crecen y se desarrollan, y no tardamos en verlos poderosos, con existencia propia y característica. Su primera" manifestación se nos presenta unida á la idea religiosa. Ya indicamos que los monumentos más antiguos de los oficios en Valencia, después de expulsados de ella los árabes , fueron las cofradías, institución importante, que pasando por distintas formas, toma por último la de cuerpo gremial. La cofradía es, pues, durante el siglo XIII y parte del XIV la fórmula ordi- naria de las asociaciones obreras. Sus ordenanzas y sus reglamentos nos pre- sentan al obrero cumpliendo un fin religioso. Antes que artesano y miembro de una clase, es cristiano, y se pertenece por entero á su capilla y á su patrono. En aquella sociedad organizada por grupos, con sus privilegios y leyes espe- ciales, los obreros se hacen fuertes mediante una organización religiosa, Ame- (1) Varios suscritores á esta REVISTA, que han leido con interés el primer capítulo de la obra del Sr, Tramoyeres, sobre los Gremios en Valencia, que publicamos en el número anterior, nos piden que demos á conocer algo más de este trabajo, y para complacerles insertamos este otro capitulo. 212 REVISTA DE VALENCIA. nazados constantemente por la nobleza, en lucha perenne con ella, buscan su defensa primero, en conquistar la representación política, que consiguen for- mando parte del consejo de la ciudad; y segundo, uniéndose por los lazos del mutualismo piadoso; pues no otra cosa representan y significan las cofradías en la historia de las clases obreras. Esta idea se expresa con mucha claridad en las ordenanzas de la época al emplear las voces cofradía y ahnoyna, para designar las corporaciones de ofi- cios. Con la primera, denotaban la reunión, congregación ó hermandad de los afiliados; con la segunda, el auxilio que se prestaban mutuamente por medio de la limosna (meaUa) que suministraban todos los sábados. Así pudo decir D. Juan [I, aprobando ciertos capítulos de cofradía, "que una de las varias co- sas que contribuyen á borrar de la humana naturaleza la mancha del pecado original siejí almoyna e caritai,^, refiriéndose á los fines de la asociación obrera. No es solamente en Valencia donde tienen este origen. El siglo XIII nos ofrece numerosos ejemplos en Alemania, Francia, Italia y especialmente en Cataluña y Aragón. En todos estos países encontramos las cofradías realizando idénticos fines. La propaganda en favor de estas instituciones es uniforme, y si comparamos los estatutos de la cofradía de los plateros, por ejemplo, de Va- lencia, con la de igual clase de Barcelona ó París , encontramos los mismos elementos, idénticas disposiciones, y lo que es más, hasta la redacción de las ordenanzas guardan esa analogía que parece ley común al obrero francés y al valenciano (l). De suerte, que en aquella época, las clases obreras, por lo que hace á la organización libre, interior, extraña á la vida política, estaban vacia- das en un mismo molde, ofreciendo una unidad que no encontramos en las de- más clases sociales, fuera de la eclesiástica, promoviendo esta, indudablemente, el fomento de las cofradías y procurando su generalización con los poderosos medios de que disponía. D. Jaime, según vimos anteriormente (2), prohibió, bajo las más severas pe- nas, la existencia de las cofradías. No dice el legislador las razones que obligaron á dictar semejante disposición, que subsiste durante los reinados de Pedro y Alfonso, inmediatos sucesores del monarca aragonés. En el preámbulo de las ordenanzas que en 1829 dio D. Alfonso II á varios oficios de Valencia, se ex- presa la prohibición de los monarcas anteriores, que alcanzaba á todas las co- fradías y congregaciones, excepto la llamada de San Jaime, indicando que se (1) Capmany, Memoi-las históricas, tom. I, parte III. — LiGvh^sqmv Hlsiolre des dasscs otivrléi-es en F ranee, tom. I, lib. IV, cap. V. (2) En el tomo II de la REVISTA, pág. 409, insertamos el capitulo titulado La Sociedad Industrial de Valencia en el reinado de D. Jaime I, Las corRADiAS de oricios f.n vai.kncia. 2l3 procedió así propter confratrum adussnin aut alias racionahlms causis in- diictiis. No conocemos hoy con certeza esas causas; pero juzí^ando por lo ocurrido en otros puntos, puede afirmarse que debió ser la rivalidail entre los oficios, el espíritu de cuerpo, el obligar por la fuerza á ingresar en la cofradía á individuos del mismo arte ó profesión, el repartimiento de cuotas, la no dación de cuentas y otras causas generales á las asociaciones obreras de los siglos XIII y XIV. Durante el reinado de D. Jaime II, ai)arecen los primeros privilegios conce- diendo la creación de cofradías de oficios, y promulgando las ordenanzas [jara su régimen y gobierno. No son en gran número las c¡ue de esta época posee- mos. Indudablemente debieron ser la mayor parte de los oficios entonces cono- cidos los que solicitarían semejante gracia. No debe entenderse que nacieran en este tiempo las cofradías. Estas, aún dada la prohibición, debieron existir antes, pero desde la fecha que se les concedió el i)rivilegio y se promulgaron los capítulos para su dirección, alcanzaron una existencia legal, de que carecían. Consiguen privilegio, y crean cofradía en este reinado, los herreros, albéita- res y plateros que, unidos, adoptan por patrono á San Eloy, venerado en la capilla del convento de San Agustín. Las primeras ordenanzas y su cédula de aprobación están firmadas en Valencia en Mayo de 1298, y hasta la fecha son las más antiguas que se conocen (l). Las forman catorce capítulos, que, como la mayor parte de las ordenanzas, están redactados en lengua valenciana. Todos ellos se refieren al régimen interior de la cofradía, sin que aparezca dis- posición alguna tocante al aspecto técnico de los oficios que formaban la asocia- ción piadosa de San Eloy. En l3o6, el propio rey D. Jaime II autoriza la fundación de varias cofradías. La primera fué la de bataneros y boneteros, que bajo la invocación de San Lá- zaro, forman hermandad. Eligieron por capilla la propia del santo, en el hos- pital que llevaba igual nombre, situado en la calle de Murviedro, extramuros de Valencia. Los árabes conversos á la fé católica, y que generalmente estaban dedica- (1) Ya hemos dicho en otra parte que no han llegado hasta nosotros los capítulos que formaron las primeras cofradías. Dudamos mucho que se redactasen, concretándose tan solo los oficios \ pedir el previlegio de fundación, en el que se expresarían algunas disposiciones generales. El más antiguo documento de esta clase es un privilegio de D. Alfonso I, dado en 1289 á los oficios mecánicos de Murviedro. para que pudieran reunirse en cofradía. Este privilegio se ha conservado por haber sido reproducido en otro de D. Pedro II. La serie de ordenanzas ú reglamentos que poseemos arrancan de 1298 y continúan hasta la fecha. Generalmente, los documentos de esta na- turaleza, expedidos en el siglo XIII y parte del XIV, se encuentran en los registros del Archivo de Barcelona. D. Manuel BofaruU, en los tomos VIII y XL de la Colección de documentos incd. dd Arch. de Aragón, insertó varias ordenanzas que abrazan desde la indicada fecha de 1298 hasta 1 392. El lector puede leer en dichos volúmenes algunas de las que citamos en este capítulo. 214 REVISTA DE VALENCIA. dos á oficios mecánicos, crearon también en esta época hermandad, tomando por titular á San Pedro mártir. Como su conversión fué obra de catequistas domini- cos, en el convento de estos establecieron la capilla, consiguiendo del rey el oportuno privilegio en 9 de Abril de i3oó (l). Los molineros, uno de los más antiguos oficios de Valencia, se unen en igual fecha, y adoptando por patrona á la Virgen del Carmen, celebraban la fiesta en el monasterio de la orden carmelitana. Pertenece á este mismo año el privilegio que obtienen los calafates para constituir cofradía, que pusieron bajo la protec- ción de San Guillermo, venerado en el convento de trinitarios. En las memorables Cortes celebradas en Valencia por D. Alfonso II el año 1829, quedó derogada de hecho la prohibición que impedíala existencia de las cofradías de oficios. El monarca dio varios privilegios reorganizando las antiguas, ó bien creándolas de nuevo. Encuéntrase en este caso los zapateros, que toman por patrono á San Francisco, celebrando su fiesta en el convento de la orden; los pelejeros, con igual patrono, reuniéndose en el mismo sitio; los sastres ve- neraban á San Antonio, que tenia capilla en el convento franciscano; los carpin- teros á San Lúeas evangelista, con capilla propia en la iglesia de San Juan del Mercado; los corredores costearon el altar de Santa Catalina, en el monasterio de San Francisco, según expresan las ordenanzas; los agricultores crean cofra- día con la invocación de San Agustín, rindiéndole culto en la capilla del con- vento de religiosos agustinos; los herreros, que en esta época se encuentran ya separados de los plateros, subsisten en el patronato de San Eloy, y como queda dicho, se veneraba en el monasterio de San Agustín; los baldeses y pergamineros aparecen unidos, formando cofradía, que la tenían en la iglesia del convento an- tes nombrado, y bajo la invocación del fundador de la orden; los pelejeros creáronla asimismo con el patronato de Santo Domingo; los ciegos oracioneros alcanzaron también real cédula para reorganizar su hermandad, con. la protec- ción de la Santa Cruz, y por lo que se desprende de las ordenanzas de 1829, se fundó por los años 1814 en la iglesia así llamada; y por último, los fabrican- tes de correas se congregaban en la iglesia de Santo Domingo, y era su titular San Lázaro. Estas ordenanzas fueron de nuevo confirmadas y ampliadas en l332; y cinco años después, en el de 1887, D. Pedro II sanciona el privilegio que en 1288 dio D. Alfonso I á los oficios de artes mecánicas reunidos de Mur- viedro, autorizándoles para fundar una cofradía denominada de San Juan, como en efecto la crearon, según expresa la cédula de renovación. (1) Los oficios vanaban Con alguna frecuencia de patrono, ó bien aceptaban Uno ó más pro- tectores. Los conversos vemos que se ponen bajo la protección de San Pedro mártir, cuya capilla se erigió en 1256, y poco después de haber sido canonizado. Esta misma cofradía subsistia en 1457. En este año celebraba fiesta á San Vicente mártir. LAS cofradías DE OFICIOS EN VALENCIA. 21") El propio rey D. Pedro II eú'^'ió en. 1369 el colegio de notarios, dándoles pri- vilegio para organizar su cofradía, puesta bajo el patronato de San Lúeas evan- gelista, celebrando la fiesta en el convento del Carmen. En 20 de Abril de 1884 confirma y de nuevo amplía los estatutos (1). En 1892, D. Juan 1, durante su estancia en Valencia, confirma, amplía y modifica las ordenanzas de los curtidores, zurradores, sastres, pelejeros, taber- neros, corredores, labradores del camino de ¡Murviedro y plateros. Crea en este mismo año la cofradía de los tejedores, que toman por patrona á Santa Ana' la de braceros á San Pedro, y la de jóvenes labradores ó zagales (joiiers daqot) que elije por titular á San Antonio. Todos estos privilegios se alcanzaban me- diante una oblación al rey, que variaba desde 25 á 150 florines de oro de Aragón, conforme al estado económico é importancia del oficio que solicitaba la gracia. Las ordenanzas que encontramos postef iores á la indicada fecha señalan un nuevo aspecto. Junto con las prescripciones de carácter puramente religioso ó de beneficencia, que hemos apuntado, aparecen otras que tienden á regula- rizar el ejercicio de la profesión, ó bien dictan las primeras disposiciones relati- vas á la parte técnica. En la primera época, el aspecto religioso es el predomi- nante; en la segunda no desaparece, pero prevalece el económico. Cómo se realizó esta trasformacion y la importancia que tuvo, será objeto de otro ca- pítulo. En este importa completar la descripción de la cofradía, dando cuenta de su organización interior, la misión que realizaba y los beneficios que alcanzaban á los inscritos en la misma. II. La organización interior de las cofradías de oficios era idéntica, salvo esca- sas excepciones: una ley común, un mismo principio informaba su manera de ser, y hasta en la redacción de las ordenanzas encontramos esa uniformidad que antes hemos señalado como signo característico de estas corporaciones. Los miembros de un oficio constituían la base de la cofradía , y de ella podian formar parte sus esposas é hijos. También se admitía en los primeros tiempos -íi personas extrañas, pero esta concesión ó gracia no prosperó, ¿Quién no estaba inscrito durante el siglo XIII, en una ú otra cofradía? En los más antiguos docu- mentos no aparece como obligatoria á los miembros del oficio la inscripción en el libro de la hermandad. Las concesiones se hacían siempre en el sentido (1) Aureum opus, pri. CU. fúL 132.— Tarazona, InslUucloncs deis /ürs y prhikjis dd rc-nc ai Valencia, pñg. 159» ;ló REVISTA DE VALENCiA, de que había de presidir la más amplia libertad, en cuanto á la formación de la cofradía. Así, pues, los individuos de un arte ú oficio quedaban libres de perte- necer ó no á la asociación. Pero á medida que se generaliza el principio de uni- dad y absorción en el cuerpo gremial, vemos como vá naciendo, de una manera tímida primero, y luego como condición precisa é ineludible, la de formar parte de la cofradía, obligando por la fuerza á sujetarse á las ordenaciones promul- gadas por el rey ó la autoridad competente (l). Tampoco se vé en los principios de la cofradía la distinción entre maestros, oficiales y aprendices, una de las divisiones que más fuerza y autoridad dieron á los cuerpos de artes y oficios. Ante el patrono, en la capilla y en los actos públicos no hay clases ni categorías; todos los cofrades tienen iguales deberes y reciben los mismos beneficios. Esta concordia no siempre pudo subsistir. Te- nemos datos para afirmar que no pasaron muchos años cuando ya nació la di- visión entre maestros y oficiales, llegando en algunos oficios á una completa separación, que dio por resultado la creación de nuevas cofradías, origen de cuestiones y avenencias continuas, hasta que la idea de clase triunfo y se impu- so como ley general (2). Asimismo encontramos que en los orígenes se unen varios oficios afines para formar una sola cofradía, bajo el patronato común de un santo; pero también llega un momento que es hnposible sostener esta unión, que se rompe para dar vida á nuevas corporaciones, ya en razón á las rivalidades que nacen entre sus individuos, ya en virtud del mayor desarrollo que adquiere uno de los brazos, tendiendo por esta causa al monopolio ó dirección de la cofradía. Para el régimen de la misma se elegía una especie de junta de gobierno, Compuesta de dos ó cuatro individuos, designados con los dictados de prohom- bres, compañeros (companyons), mayorales {majorals), administradores (admi- nistradors) ó parecidas denominaciones. Su designación se hacia por medio de bolas (redolins) de cera (3). La elección efectuábase generalmente el dia en que (1) Las primeras ordenanzas que Introducen esta novedad son las de plateros en 1392. Estos estaban ya separados de los herreros y albéitares. En esta época, según aparece de los capítulos, los plateros de Valencia no pasaban de treinta. La mayor parte figuraban en otras cofradías, y á fin de que no abandonasen la de San Eloy, se hizo obligatoria la inscripción en esta, incurriendo los contraventores en una multa de cinco sueldos valencianos. (2) Entre varios ejemplos que pudiéramos citar, tenemos el que nos onece el oficio de zapa- teros. La primera cofradía se fraccionó al poco tiempo de crearse, resultando dos; una deis proho- niens maestres, e alira deis jóvenes costures. Estos últimos, que eran los oficiales, adquirieron gran desarrollo, fundando su capilla en la iglesia de Santa Catalina. En 1409 se unen ambas cofradías; pero hasta el año I421, en que la reina Doña María, como lugarteniente del reino, aprueba nuevas ordenanzas, no se realiza aquella fusión. — Archivo ^f\ Gre- mio: Libro primero de ordenanzas, fols. I-VIL (3) Las bolas se sumergían en una vasija llena de agua. Un niño las extraía, rodeando á la cere- Las COI' RADIAS DE OFICIOS EN VALENCIA. 217 la asociación conmemoraba al patrono. Inmediatamente tomaban posesión del cargo, que era anual. Estaban facultados para hacer cumplir los estatutos que reglan á la cofradía; disponer todo lo relativo á las fiestas que ésta celebraba; cobrar las cuotas de los asociados; admitir nuevos cofrades, previas las forma- lidades que marcaba el ritual aprobado (i), y entender, en una palabra, en todo lo perteneciente al régimen de la institución, representándola en cuantos actos, así públicos como privados, tenia necesidad de concurrir. En las ordenanzas de 1392, dadas á varias cofradías de oficios que pidieron su reorganización, figuran además de los cuatro prohombres, diez consejeros, formando todos ellos el consejo del oficio, residiendo, no obstante, en los pri- meros, la facultad ejecutiva. En orden á las fiestas que la cofradía celebraba, la m;is principal, la que constituía un verdadero acontecimiento, era la función religiosa en honor del patrono. En esta época los oficios carecían aún de capilla propia. Mediante con- venios celebrados con las comunidades ó cleros parroquiales, adquirieron el monia de gi'an solemnidad. Esta forma de votación fué la impuesta por D. Jaime en los fueros, de donde la tomaron los oficios. (1) La forma de rebre confrares en la lloable confraria e honrrat offici deis fusters sots in- vocacio del beuaventurat Sanct Lluch evangeliste. Primerament lo prior stiga davant lo alt ar a en lespalles davant lo altar e revestit ab son sobre pellís e estola al coll faga agenollar lo confrare o confraresa ais seus peus interrogantlos dient que demanan. La que ha de entrar confrare respondrá: la misericordia de nostre senyor Deu pregant- vos nos vuUgau acollir en esta lloable confraria. He vos lo reverent prior benignament los acepte préñenlos les mans e dient: Carissims hiermans lo que haveu de fer ans queus acepte per hiermans e cofrares que haveu de prometre en poder meu com a prior de esta lloable confraria á nostre senyor Deu y a la glo- riosa tostems verge maria y al benaventurat sanct Lluch y al glories patriarca sanct Joseph ques- teu a tota obedienga e observareu tots aquells capitols e condicions que en la lloable confraria son elos que de a si avant en lo offici serant fets. Axiu prometeu. Mes avant prometeu si enpar- lament o ajust de la dita confraria vos trovareu queus haureu b e e Uealment just a vostra conciencia entot aument e llaor de la sobre dita confraria. Responga . En apres feta la promesa lo reverent prior li diga. Jerm a e confrare puix sou estat content de fer la dita promesa en poder meu com a prior desta lloable confraria bos done avis que si ningún confrare per malaltia corporal ser o detengut sou obligat avisitar aquell a la seua propia sepultura ab vostrou ciri com agerma e confrare e dienli o fer dir pera aquell les oracions acostumades Qo es com offici deis de raorts o un set salraes o fer dir una missa a so dins lany. Efeta esta promesa lo dit prior li done son ciri en la ma dient a.xi: Accipi signum christi etc. Ora pronobis etc. Forma absolutionis: Yo pecador me confes a Deu e a la gloriosa umil verge María e a monssenyor sanct Pere e sanct Pau e a tota la cort celestial e al benaventurat sanct Lluch e a vos pare prior de tots los peccats en egligencias que en la lloable confraria yo haia fet a.\i en lo acompanyar e pregar per nos frares defuns com en cuansevol altra negligencia que en la dita confraria yo haia faltat de tot dic ma culpa senyor medeu merce me haiau mos pecats me perdonau car pe- nitment. Deo gratias. La penitencia sera direu tres paters nostres e tres ave marles en honor de la Sancta Tri- nltat. In S8 nomii patris et filii et spiritu santo. Amen.— Archivo del Gremio: Liífi? aníiguo de ordenanzas 2l8 REVISTA DE VALENCIA. patronato de altares donde veneraban el titular del oficio. Este alimentaba du- rante el año una lámpara, que alumbraba constantemente al santo. El dia pro- pio se adornaba el altar con vistosas colgaduras, encendiéndose cuatro ó seis cirios gruesos, que formaban parte de los bienes de la cofradía. Todos los aso- ciados, vistiendo sus mejores trajes, y acompañados de sus familias y amigos, acudían á la iglesia donde se celebraba la fiesta. Era esta más ó menos solemne, según los fondos del oficio; pero nunca faltaba el sermón, encomendado á uno de los más famosos oradores sagrados del convento, que tomaba por tema de su discurso la vida del santo, pintaba sus raras virtudes, y terminaba presentán- dole como ejemplo á los individuos de la cofradía, enalteciendo con elocuentes dictados sus excelencias y religiosidad (l). Terminada la fiesta, se reunían todos los cofrades en el refectorio del con- vento, ó en los claustros ó patios de la iglesia, sino pertenecía á comunidad, y celebraban la fiesta con una comida, á la que concurrían los religiosos ó clero de la parroquia: la asistencia de los cofrades era generalmente obligatoria, y solo se dispensaba mediando causa justificada. Los gastos de esta función se sufragaban por los individuos de la cofradía, ó bien de los fondos de la misma, conforme los tiempos y el estado económico de la corporación (2). Antes de levantarse de la mesa, uno de los prohombres leía la lista de los cofrades que habían fallecido durante el año, y se rezaban algunas oraciones por su alma. Se amonestaba públicamente a los que no observaban buena con- ducta, conminándoles con la expulsión sino procuraban la enmienda; y en las ordenanzas de la cofradía de los curtidores, dadas por D. Juan II en 1892, se inserta la fórmula de esta amonestación y el castigo impuesto á los que faltaban á los capítulos ó insultaban á los prohombres. El delincuente se presentaba ante sus compañeros, y les suplicaba le concediesen su perdón y la gracia de (1) El P. Sala, citado por el erudito P. Teixidor, describe, bien que refiriéndose al siglo XVÍ, la fiesta que los torcedores de seda celebraban á su patrono San Erasmo. Dice así: "La fiesta que hacen es una solemnísima missa cantada, y para esto traben cantores y ministriles. Y porque en este tiempo ya el altar mayor está empalizado, ellos empalizan la demás Iglesia, y abaxo el crucero donde esta el altar del Santo y traben enramada, y olores, y pan vendito con ramilletes. Ponen ocho cirios en el altar mayor, y dos para los acólitos, y seis para el altar del santo; lo que sobra de los cirios es para el convento.,, — Teixidor, Capillas y sepultura'! de la iglesia y claustro del real convento de Predicadores de Valencia, etc. Parte II, pág. 485. MS. Biblioteca de la Universidad. (2) Hé aquí algunos asientos de los libros de gastos del convento de Santo Domingo, que hacen referencia á estas comidas, ítem ;1457) habuimus a Majoralibus confratine conversorum (árabes conversos) pro pictantía in die b. Vicentii 20 solidos. — Dominica infra octava Ascensionis (1460) conventus nihil exposuit que nada se gastó aquel dia) quia honorabilis confratria deis Teixidors de veis de seda pavit (conventum.— Habuimus (1491) deis majorals de la cofradía de SentVicent deis Barreters, pro pic- tantia 30 solidos. LAS cofradías de OFICIOS EN VALENCIA 219 continuar en la cofradía. Se accedia á sus ruegos, pero no se le permitía sen- tarse en la mesa general. En un sitio aparte se colocaba otra pequeña, cubierta con manteles, donde solo se le servia pan y agua, teniendo necesidad de comer el primero y beber la segunda hasta que los mayorales ordenaban se levantase, y desde este momento podia tomar parte en la fiesta y disfrutar del regocijo común. Ventilábanse también en este dia las diferencias ó enemistades que existían entre algunos cofrades, y no mediando avenencia se remitía la solu- ción al prior de la orden, que fallaba el asunto: su decisión era obligatoria. Últi- mamente, se discutían las modificaciones, que importaba introducir en los esta- tutos y cuanto interesaba íi la buena marcha del oficio. Aparte de esta reunión que pudiéramos llamar asamblea general ó magna, se celebraban otras durante el año, y una de las peticiones más frecuentes era la de que pudiera reunirse la cofradía tantas veces como fuera necesario, ó conviniese á sus intereses, facultad muy restringida por los reyes. La convocatoria se hacia por medio de uno ó varios monitores ó nuncios designados en las ordenanzas, con el nombre de andadores {andadors). Este recorría las casas de los cofrades señalando el dia, hora y sitio donde se verífi- ba la reunión del oficio, ó bien trasmitía las órdenes de los mayorales. En los actos solemnes concurrían al lado de los prohombres, vistiendo largo manto y ropilla de lana, generalmente blanca, cubriendo su cabeza con ancho sombrero del mismo género de ropa. Sobre el hombro derecho llevaba las armas ó tim- bres de la corporación (1). Entre muchas de las obligaciones inherentes al cargo, figura en el oficio de carpinteros la de sacar los cadáveres de los cofra- des del lecho mortuorio, colocándoles en el féretro para conducirlos luego á la iglesia. En otros, como en el de braceros, abría las fosas del ce- menterio. III. No se concretaba la misión lí objeto de la cofradía á conmemorar tan solo la fiesta del patrono. Llenaba esta una necesidad del espíritu cristiano ; pero habían otras no menos importantes que prolijamente señalan y determinan las ordenanzas. Pertenecen, y pueden clasificarse con el carácter de benéficas; tendiendo al socorro del compañero, prestarle auxilio en las enfermedades, muerte, cautiverio y en todo aquello que pudiera ser causa de indigencia. No 1. Ítem instituhim e ordenam entre nos que los dlts andadors haien haver de clnch en cinch áiiys hun manto e cota e capiró de drap blanch ab lo senyal del dit offici co es en lo muscle es- qüerre una creu troncada verda e hum cayro davall vermell al pea ab ferra e aixa que fon armes del dit offici.— Capítulo XXIII de las ordenanzas de carpinteros. Archivo del Gremio: Libro antigtio de ordenanzas . 220 kEVISTA DE VALENCIA. deja de ser importante el estudio de las cofradías consideradas como asociacio- nes de socorros mutuos, pues enseñan que el artesano valenciano, durante los sio-los XIII y posteriores, á semejanza de lo que media en otros paises, halló dentro del mutualismo medios de defensa contra las contingencias propias de su clase, realizando en el orden industrial lo que la iglesia tenia hecho en el religioso. Despréndese de aquí útil y saludable enseñanza que nos advierte la ne- cesidad de buscar, en fórmulas sencillas y naturales, y de abolengo histórico, solu- ción á los problemas que perturban y desquician á nuestras clases trabajadoras. El primer acto de esta naturaleza en que se mostraba la misión humanita- ria de la cofradía, era en las enfermedades que aquejaban á sus individuos. Si carecía de bienes de fortuna se le socorría en todo lo necesario, y aún teniéndo- los, los compañeros, designados por los mayorales, estaban obligados á velar por la noche al enfermo, á fin de que la familia ó criados pudiesen descansar y dedicarse durante el día á los trabajos propios de su industria ó arte (l). En caso de administrarle los sacramentos, concurrían al acto la mayor parte de los individuos del oficio, con acompañamiento de cirios y faroles. En trance de muerte, si esta ocurría por la noche, hacían vela al cadáver algunos asociados, y las ordenanzas previenen que continuamente rezasen por el alma del difunto, rogando á Dios le acogiese benignamente en su gracia. El entierro revestía mucha solemnidad. Las prolijas disposiciones que sobre esto contienen las ordenanzas prueban el respeto que les infundía la muerte, y aún dan á entender el desamparo en que se veían los que no se encontraban inscritos en una de estas asociaciones. El monitor del oficio avisaba á los com- pañeros la hora del entierro. Todo cofrade venia obligado á llevar un cirio de medía libra. Se reunían en lá casa mortuoria, y colocado el cadáver sobre el féretro de la hermandad dirigíanse procesíonalmente á la iglesia , donde había de celebrarse el oficio de difuntos, y en la que poseía la corporación sepultura común. El féretro era llevado en hombros de los cofrades. Estos iban vestidos con trajes de luto, y seguían al cadáver de dos en dos, rezando sus oraciones, y (l) ítem que si alcunl nlalalt o nlalalta haürá en la dita confraría o almoyña e hohaura bens de ques puxa provehir quels maiorals de la dita almoyna sien tenguts de vesitar aquell o aquella e deferli aquella aiuda de almoyna de pa e de vestir o de diners que a aquells sera vent vista e que puixen fer manament o manaments a aquells que a elles sera ven vist de la dita almoyna o con- fraría que netlen al dit malalt o malalta aixi en vida com en mort sots pena de XII diners em- pero aplicadera a la dita confraría o almoyna e que sia de aquella e semblantnient los dits mayo- rals deicn visitar lo malalt o malalta de la dita confraría o almoyna rich o frecturant de bens tem- peráis e quel puxen induir acconortar e consellar e fer memoria de tot qo que li sera aprofit e salut de la sua anima e que sia remembrant deis benefisis e bones obres de la dita confraría e almoyna. — Capítulo IV de las ordenanzas de curtidores, año 1392. Archivo del Gremio: Libro antloiio de ordenanzas, ful. IV. LAS cofradías DE OriCIOS EN VALENCIA- 221 les estaba prohibido hablar ni tratar negocio alguno, tanto á la ¡da como al re- greso del templo (l). Una vez en la iglesia, se colocaba el cadáver sobre el túmulo. Este era del oficio. Una de las gracias que con más interés solicitaron los cofrades al consti- tuirse, ó al reorganizarse, fué la de tener paños mortuorios de seda ó terciopelo negro, adornándolos con franjas de oro, y ostentando las armas del oficio y la imagen del patrono. Delante del túmulo situaban un banco (bancada) ^dsdi co- locar los cirios, que también iban señalados con los timbres del oficio. Las oraciones que se rezaban por los afiliados estaban prescritas en las ordena- ciones. Si la muerte del cofrade ocurría fuera de Valencia, y hasta cinco leguas de sus muros, los compañeros estaban obligados á trasladarse á dicho punto y rendirle los honores fúnebres como si se encontrase en la ciudad. En algunos oficios se ofrecía igual homenaje á la madre, esposa é hijos del cofrade, y en otros, como en el de carpinteros, se hacia extensivo á los oficiales y aprendices del maestro, mediante una limosna para la caja de los pobres de la almoyna. También se ordenaba entre algunos otros el que no se trabajase durante el entierro y oficio de difuntos, cerrrándose los establecimientos hasta terminada la ceremonia, en señal de duelo por la pérdida del compañero (2). Entre las muchas disposiciones de carácter humanitario que mencionan las ordenanzas promulgadas durante el siglo XIII y parte del XIV, son curiosas las que contienen las dadas á los ciegos oracioneros en 1829, según queda dicho. Disponen que el martes siguiente á la fiesta de San Martin, recojan li- mosna todos los asociados, y de ella den á los pobres tres dineros de pan, me- dia libra de carne y un cuarto de vino por persona. Si un ciego encuentra lejos de Valencia á un cofrade enfermo, que lo socorra durante ocho dias con la mitad (1) E que cascum confrare o confraressa sien tenguts de anar et estar a la sepultura e officl de aquella de cascum cors deis dits confrares et confraressas et dir cascum da quells per anima del dit deffunt o defunta cent pater nostres o dues vegades los set salms ab la letanía o una mjssa segons dessus es dit et que pui.xen portar et teñir los dits confrares o confraresses o alcu o alcuna de aquells ciri o ciris candela o cándeles a la sepultura o sepultures deis dits confrares o confra- resses et officis de aquelles si portar o teñir ni volran. E lo confrare o confraressa que demanant sera a la dita sepultura et no ira pach et sia tengut pagar a la dita confraria o almoyna XII diners per cascuna vegada quey foUiran si donchs just impediment o scusacio 1.0 hauran. Ensemblant pena sien cayguts tots e cascum de aquells a que per los dits majorals será manat portar lo cors et por- tar nol volran e aquell o aquelles qui al soterrar deis corsos deis dits confrares o confraresses gra- malles o mantos o caperons blaus o de negre o altre drap scur no portaran si aquells empero ne- hauran o haver ne poran.— Capítulo VIII de las ordenanzas de curtidores antes citadas. (2) Ordenaren los prohomes de la dita almoyna si per aventura morra alcu que fos de la dita almoyna hom o dona que sient marit et muller que aquell jorn no gos negu parar ne obrir los obradors entro fins que los promens de la dita almoyna sien venguts de soterrar lo dit cors. —Capítulo XVI de las ord. de pellejeros, año 1.392. Archivo de Aragón: Reg. 1902, ful. 84. 233 RE\1STA DE VALENCIA. de las limosnas que recaude, y si muere, que le compre la mortaja y dispon- ga el entierro. Las cantidades suministradas le eran devueltas por los mayora- les de la cofradía á su regreso á Valencia. Asimismo estaba ordenado, que en caso de encontrarse fuera de la ciudad dos ciegos, y uno de ellos carecía de lazarillo,^ venia obligado el compañero á prestarle el suyo durante quince dias. En las enfermedades y muertes que ocurrian en Valencia, seguían con lijeras excepciones, la práctica observada en las demás cofradías. No es posible deter- minar hoy hasta qué punto tendrían exacto cumplimiento estas piadosas y humanitarias disposiciones; pero el solo hecho de consignarse en las ordenanzas prueban el celo caritativo de la época y de los desgraciados que las acor- daron (i). El espíritu de hermandad y de compañerismo encontrábase tan arraigado en las cofradías, era tan poderoso, que aún en los hechos ordinarios de la vida de sus individuos tenia intervención directa; y considerada de esta suerte, semeja una gran familia, pues así toman parte en los duelos como en las alegrías de aquellos. Ejemplo de esto encontramos en las fiestas nupciales. El dia que con- traía matrimonio un cofrade, ó bien su hijo é hija, era fiesta en el oficio. La mayor parte de los compañeros concurrían á la boda, celebrando alegremente el acto con música de atabales y dulzainas y otras demostraciones de contento, asociándose todos al regocijo de la familia, en señal de compañerismo, y con- forme á lo preceptuado en las ordenanzas, y aún se hacia extensiva la fiesta cuando el hijo de un cofrade entraba en alguna orden religiosa ó cantaba por primera vez misa. No termina aquí la misión de la cofradía. Todos los estatutos de esta época y aún posteriores, consignan la facultad de dotar á las hijas de los afiliados pobres, á fin de que puedan contraer matrimonio (2). Otra disposición de importancia en aquellos tiempos figura en los reglamen- (1) ítem que lo dimats apres la festa de sen Marti sien tenguts de venir tots los compayons en qualque loch que sien per fer alinoyna de dar a mengar a un pobre cascu ct darli tres diners de pa mija liura de molto et dos diners de vi. — ítem que si alcun companyo fera trobat malalt, que altre companyo quel trobara sia tengut de visitar aquel et darli la meatat de les alnioynes que Deus et la bona gent li dará et afo per VIII jorns et si dins VlIIjorns aquell morra lo que sobrevira sia tengut aquel de mortallar áoqo del seu. — Ítem que sil troba sens guiador quel deja acompanyar ab son viatge per quinge jorns. — Bofarull, Colección de dom. inid., núm XXV, pág. 103. (2) ítem senyor com sesdevenga que alguns de tais pobres e fraturajants de bens temporals que han filies grans de edad de maridar e no hagen de que les puxen maridar moltes vegades requiren ais dits confrares de la dita almoyna que fasen ajuda a maridar la filia de tal pobre et freturejant de bens. E sia dupte si los dits confrares de la dita almoyna poden fer tal coses. Per tal los dits prohomens assaonadors de la dita almoyna suppliquen que placía a vos senyor quels confrares de la dita almoyna puxan donar et fer gracia a la filia de tal confrare requirintlo que per los dits confrares sera bcn vist en diners e no pas en bens sehents ni de realench cora no haia la dita almoyna.— Capitulo IV de las ord. de los zurradores. Archivo de Aragón: Reg. 1902, fól. 77- LAS cofradías de oficios en valencia. 223 tos. Tal era la relativa á la redención de cautivos. Si uno de los miembros del oficio padecía cautiverio en poder de cristianos ó árabes, la cofradía le prestaba el auxilio necesario para redimirle, restituyéndole al seno de su familia (l). Los gastos de la corporación se cubrían mediante las cuotas que suminis- traban los asociados. Eran estas de varias clases y se alternaban con bastante frecuencia, para lo cual tenian el cuidado de consignar dicha facultad al pedir la confirmación real de las ordenaciones. Existia una cuota de entrada que, en las cofradías creadas en l3o6, era de dos sueldos valencianos, y los sábados abonaban además un dinero, y en algunos se designa con el nombre de limosna ó mealla, cantidad insignificante y de escaso valor. En tiempos posteriores so aumenta la entrada desde cinco sueldos á doce. Todos los Tofrades que conta- ban con bienes de fortuna estaban obligados á dejar en sus testamentos una can- tidad igual á la de entrada, y este es el origen de los bienes inmuebles que llegaron á poseer los gremios. Como se deja expuesto, estas cuotas variaban mucho; y algunos oficios, entre los que bastará citar el de braceros, tenian señala- das otras. En las ordenanzas aprobadas en 1892 figuran agrupadas todas las cuotas de la cofradía. La de entrada era de cinco sueldos; en concepto de legado doce dineros, y si el muerto era hijo ó hija del cofrade, este satisfacía por aque- llos seis dineros; el que aceptaba cargo de la ciudad abonaba otros dos dineros, y tanto los hombres como las mujeres que estaban á servicio de otra persona, ó fuera de Valencia, venían obligados á satisfacer un sueldo anual á "causa, dice la ordenanza, de las faltas que hacen á los actos de la cofradía.,, Además era costumbre en todos los oficios dar una limosna terminados los funerales de uno de sus miembros, ingresando lo recaudado en la caja de la corporación. El dia de la fiesta del santo, especialmente en los primeros tiempos, se repartía entre , los más necesitados de la corporación las cantidades sobrantes. Las multas era uno de los medios de arbitrar recursos. Los cofrades que no asistían á los enfermos, entierros y otros actos de la cofradía, incurrían en varias penas. En los principios de estas corporaciones, las multas se reduelan á dar una cantidad de cera para las necesidades de la capilla. Posteriormente ya se exijian en metálico, y por ultimo, en las ordenanzas de 1892, se concede á los mayorales la facultad de ejecutar por los insultos á los prohombres y faltas á las ordenanzas, depositando en poder del justicia de 3oo sueldos los bienes embar- gados á los contraventores, á fin de que este ordene su venta en pública subasta. (1) ítem stablim et ordenam qui si per ventura alcun ferrer. menescalch o argenter callga en captivitat en poder de Cristians o de Sarrayns e no avia tans de bens deis quals se pogues traure de captivitat que li sia feyta ajuda a pagar la sua reen^o de comu de tots los dits ferrers, menescalchs et argenters qui per elles serán stablits en majorals.— Archivo de Aragón: Reg. 196, ful. 215. HOMENAJE Á LA REINA DE LA FESTA. LA SENYORETA DONA íilAGDALENA GARCÍA BRAVO. ASALL vostre soch ya, noble senyora, Vasall hiimil, que du per vasallage Una floreta que naixqué en 1' aubada D' este renaiximent. Com homenage D' amor Ueal, com á fidel penyora, Guardeula Vos, qu' encar no está esclatada. Guardeula Vos, Senyora y Reina mia, Y així tindrá flairor; Ips roses fresques Viuen mes en lo pit de la doncella Oü' en lo mateix roserqu' en 1' horta 's cria; Y es la rosa mes pura y mes vermella Ouant de sos llabis pren la niel en bresques, Guardeula Vos, Senyora y Reina mia, Y sabreu quant vos vol. Les azucenes Semblen ais uUs, que teñen mes puresa Davant 1' altar. ¡Així mon capoU sia, Avuy que Vos sou Reina de Y Atenes De 1' antiga Corona Aragonesa! Reina de la Ciutat que té per volta Lo cel mes blau del mon; que per rivera Té un cercle dejardins qu' eterns florixen; Y té una mar hon Venus hetgicera HOMENAJE A LA REIXA DE LA FESTA. 225 • Al aguaitar lo sol, lo cant escolta Deis himnes grcchs, que de les oncs ixen, Reina de la ciutat que té per lira Les branques deis llorers; que se recrea Cantant per les campinyes valencianes; Que per les troves d' Ausias March sospira, Que se mira en los uUs de Calatea Y en les madones del seráfich Juanes. Yo encara *t veig, ab blanca vestidura Pujar al trono real, sent tos ulls negres La Uum que á tots, á tots illuminava; *Y encara sent los palmoteigs alegres ^ De la gent, que per voret, s' apilava, Com si fores lo sol de llum mes pura. Yo encara veig la purpurina rosa Damunt de lo teu pit, qu' es tremole] a Com coloma per V aire no tocada; Y poruga, modesta y vergonyosa, La veig, á lo murmuU que la festeja, Tornarse mes y mes avermellada, [Alió tot ha pasat! y encara viva Tenim, els que volem la patria gloria, Ta image resplandent; encara reines Dins de lo nostre cor, y encar 1' aviva Lo pensament, que goja en ta memoria En mig del tracateig de nostres feines. '& ¿Y cóm no ha de gojar, si en ta diadema Purnejaven les tres idees santes, Com sois naixcuts al aguaitar lo dia; Si eres, ab ton .candor, lo triple emblema D' Amor y Patria y Fé? ¿Si la Poesía, Ubricada d' amor, jeya á tes plantes? ¿Y com no ha de gojar, si tant s' enllasa Lo teu reinat á nostres patries coses; 15 Q25 REVISTA DE VALENCIA. Si tots estos treballs no son malmesos; Si es dijós lo reinat que alegre pasa, Sense tacar les fuUes de les roses, Que lo Maig alletá donantlis besos? ¡Dijós reinat del Gay Saber! cumplixca Lo qu' en s' afany pronostica el poeta; Done bon fruit lo qu' era planta eixorca; Aquest renaiximent creixca y florixca, Y encara que modest com la violeta. Siga fort, com I' alzina que no es corea. Que yo, Senyora, al cel pregue y deraane Que siga ensómit d' or sa remembransa; Que, baix ton ceptre, la sublim idea Del amor á la Patria ens agermane; Y que nudrit d' amor y d' esperansa, Cult donem tots los anys á la bellea. Que renaixca la Industria, eixa Deesa Que ñí ab son moviment creixer ais pobles; Qu' el patriotich anliel per tots cundixca; Que sois arrelen les idees nobles; Y el amor á Valencia, ¡flama encesa! En tots los pits entusiasmáis ardixca. Qu' els valencians , per lo progrés , avancen Y lo sol de la pau nos illumene; Que ab sa calor maduren nostres fruites, Lo vi olorós lo rústich celler plene, Y qu' el llorer de la victoria alcancen Nostres paisans en les modernes Iluytes. Que, quant així Valencia, fent sa vía, Puge á lo cim mes alt ab fé nqvella, Quant la Patria comú li done el plaume, Ni el sol li faltará per sois un dia, Ni negarán los bronses en Castella Pera fer lo caball del Rey En Jaume. HOMENAJE Á I.A RKINA DE LA 1 ESTA. 227 Y s¡ propis ó estranys, de lo de casa Escarní ó befa fan, fcrint la térra Que ni els oblida may, ni cls abandona, Altre D. Jaume brandirá sa espasa, Altre Pere lo Gran cridará ¡^aierra!, Y altre Vicent se muntará á la trona. Que no es patriótich, ni Ueal, Scnyora, Oblidar á la llenguaque la niare Nos amostra amorosa y falaguera; Tacar de fanch el cor que vol y plora, Y pedre lo recort qu' ens deixá el pare Ouant adeu nos digné 1' hora darrcra. Perdó, si algant la veu, veu de tempesta, Aspre lo cant he fet d' este homenage; Yo besaré tos peus per ahon cal sigues; Doblegaré el genoU allá hon estigues; Que, pera mí, les Reines de la festa Son de Valencia la divina Image. Víctor Iranzo Simón, NUEVO POETA. MxVRTIN GUARDIOLA MOLINA |ayó en mis manos, poco há, un cuaderno impreso, de pocas páginas, en cuyo frontis se leía: Un Amor, poema por Martin Guardiola Molina. ¿Quién será este señor Guardiola? pregúnteme; y con cierta desdeñosa curiosidad pregúntelo también á los que andan entre la gente moza de la república literaria, porque el pié de imprenta del poético folleto daba á entender que acababa de salir de las prensas valencianas, y sorprendióme no haber oido nunca el nombre de aquel autor que en letra de molde se permitia relatarnos sus amores. No supieron darme razón aquellos á quienes primero me dirijí, y — confieso este pecadillo de pereza literaria — quedó Uti Amor mu- chos dias sobre mi mesa, virgen del cuchillo de madera que tan gustoso pe- netra en los libros nuevos, y olvidado en un cúmulo de papeles y volú- menes. Un dia, aburrido de otras lecturas, topé con el olvidado poema, y maqui- nalmente abrí el cuadernillo y páseme á leer sus primeras rimas. Aún no habia llegado á la tercera página, cuando exclamé: ¡Enrekal ¡aquí hay un poeta!; y quitándome mentalmente el sombrero, salúdele con regocijo algún tanto respe- tuoso. ¿Un poeta nuevo? No es ese hallazgo de todos los dias. Cosa convenida es que en Valencia los artistas y los poetas brotan como las flores; pero ¿cuán- tos son los verdaderos artistas? ¿Cuántos son los verdaderos poetas? Dejando aparte los primeros, de los cuales también habría mucho que decir, de los se- gundos me atrevo á asegurar que si los llamados son muchos, los elegidos son bien pocos. Los versificadores abundan más que la gracia de Dios, que es cuanto puede decirse. Ramplones unos, enfáticos y gongorinos otros , hueros casi todos é imitadores serviles. En los últimos años, apenas si, entre esa turba multa de atormentadores de las musas, he visto descollar tres ó cuatro ingenios dotados de inspiración propia, y de la dificil facilidad de dar á sus pensamientos poéticos formas elegantes y adecuadas. Y esta segunda cualidad, sino la pri- NUEVO POETA. mera, vi resplandecer desde luego en los versos de Martin Guardiola, por lo cual le asigné incontinenii y en mi fuero interno, un lugar distinguido en el Par- naso valenciano, invadido por tanto intruso pretencioso. Aumentáronse, natu- ralmente, mis ganas de conocer al nuevo vate, y supe que es estudiante de medicina en nuestra Universidad , no hijo del reino de Valencia, sino de Ju- milla, en la vecina provincia de Albacete. Quizá sea con el tiempo un galeno distinguido, un respetable doctor; quizás lo envien á las Cortes los electores de su pueblo, y después de curar los males individuales, gane fama esforzándose en sanar los de la colectividad española; quizás... Pero lo que digo y afirmo, es que, sean cuales fueren su profesión y su porvenir, el Sr. Guardiola está ya li- cenciado de poeta, y poeta ha de ser hasta que se pudran sus huesos. "Pero, dígame V. algo de sus versos, exclamará el lector, cansado de preámbulos.,, A eso voy, aunque lo mejor seria, puesto que el libro está leído en diez minutos, y solo cuesta una peseta, que lo comprara y leyera quien sea aficionado á las bellas letras. Pero, si lo quieres tomar á prueba, amigo lector, como las sandías en la plaza, voy á ofrecerte alguna raja de este lozano fruto literario , lo cual servirá á la vez , mezclando con las citas justos elogios y amistosas advertencias, para que el autor cobre estímulo y emprenda obras ma- yores, de las que juzgo capaz á quien tan bien comienza. Poema se titula esta obrilla, y el título inducirá á error á la mayoría de los lectores. Poema se llama, en verdad, tomando esta palabra en la acepción más lata, toda obra poética. Pero, en castellano especialmente, solemos reservarla para las creaciones más grandiosas de la poesía, para el poema épico. Y de esto no tiene nada la producción del Sr. Guardiola, que es una serie de composicio- nes cortas y sencillas, en las que se indican las impresiones y efectos producidos por una pasión amorosa, feliz primero, y desdichada luego por el engaño de la mujer amada. Es una imitación feliz , pero imitación al cabo , del famoso Intermezzo de Enrique Heine, que llenó todo el orbe literario con la novedad de su inspiración, formando en nuestros dias escuela tan numerosa, como en sus tiempos la de los discípulos del Petrarca, y que en España, después de haber producido las Rimas de Becquer, que emulan dignamente con las de su maestro alemán, se ha extendido tanto, que alguno de nuestros primeros poe- tas , cansado de estos imitadores , ha querido arrojar indignado del reino de Apolo. á los que llama autores de suspirillos germá7iicos . Toda imitación, á no ser muy buena, enfada, y si llega á ser mala, apesta. Pero ¡es tan difícil sustraerse al prestigio del genio, que dá nuevo rumbo á la poesía, y que le dá ese rumbo, precisamente, porque se apodera de las tenden- cias que cada época desarrolla en el espíritu humano! Enrique Heine cantó en el Intermezzo y en sus demás composiciones amorosas una pasión eterna, uni- versal, inmutable en el corazón del hombre; pero la cantó de una manera nueva 23o REVISTA DE VALENCIA. V original. Encontró la poesía erótica llena de sensiblerías artificiosas y de exa- "■eraciones retóricas, y derribó de un golpe todo ese aparato teatral, para pre- sentarnos los sentimientos amorosos en la sencilla desnudez de la verdad. Su amada no es ninguna princesa encantada, no es ninguna diosa, no es ningún ánf^el bajado exprofeso para él de las alturas sidéreas, ni tan siquiera es la más hermosa de las mujeres, como hasta ahora hablan sido las Dulcineas de todos los poetas conocidos: no es, más ni menos, que una muchacha cualquiera, bonita, ac^radable y coquetuela, cuyo cariño le estasía, cuya frivolidad le atormenta, cuya traición le irrita, y sin embargo, se la disculpa y casi se la perdona, porque no puede dejarla de amar. Esto, tan común y vulgar en el mundo, expresado de una manera admirable, con la ingenuidad del sentimiento y con la poesía de la natu- raleza, que mezcla sus efluvios primaverales ó sus tristezas tormentosas con el amor del poeta, forma el fondo de la obra maestra de Heine, en la que han bebido la inspiración tantos autores contemporáneos. Nuestro Guardiola es uno de esos felices imitadores: Un Amor tiene, exac- tamente, la misma forma y el mismo fondo que el Intermezzo: consta de LVI poesías, de pocos versos cada uno de ellas, designadas con su correspondiente número, y sin formar un relato seguido, pero teniendo la unidad del asunto: son, como decia Gerardo Nerval de las poesías del libjo de Heine, un collar de perlas, cuyo hilo hubiera quitado el autor, pero sin perderse ninguna de ellas. En esas estrofas pinta su amor tímido y ansioso, la felicidad del triunfo, la tris- teza de la ausencia, la zozobra del regreso, la sorpresa de la traición, la impo- sibilidad del olvido. Lo mismo, exactamente lo mismo que Enrique Heine. No sé si la obra de este la conoce en su original alemán, en las muy buenas tra- ducciones francesas, ó en las pésimas españolas que hasta hoy se han publicado; pero, de todas maneras, es admirable el acierto con que ha reproducido su tono natural y sentido, su giro sencillamente elegante, su poesía sobria y con- movedora. Hay composiciones que, siendo originales del Sr. Guardiola, parecen calcos de las de Heine, y no disonarían entre las suyas. ¿Puede darse escena más fresca y más lozana de amor inocente, cuadro me- jor concluido, que estos doce versos? Ardiendo en ira los dos, Odio eterno nos juramos, Y sin decirnos "adiós,, Al punto nos separamos. Solo que al día siguiente, Con las manos enlazadas, Corríamos locamente Dando alegres carcajadas. NUEVO POETA. 23 1 Y es que entre ambos no existieron Mas que un dia los enojos; ¡Todo el tiempo que estuvieron Sin mirarse nuestros ojos! Otras veces copia felizmente el sentimiento de la naturaleza, que Heine mez- cla en sus amores, haciendo intervenir en ellos á las rosas, á las estrellas y á los ruiseñores. Mariposas, mariposas, Que voláis de flor en flor, Cuidado toméis por rosas Las mejillas de mi amor. Mirad que hay cerca dos soles Que velan por la hermosura De sus puros arreboles Y de su nivea blancura. Y que en sus tintas nevadas, Sobre sus matices rojos, ¡Ay, moriréis abrasadas Por la lumbre de sus ojos! Un dejo epigramático dá un sabor agridulce á las ternuras de Heine. Su nuevo imitador lo ha reproducido de una manera admirable en estos dos cuartetos, que parecen arrancados también de las páginas del ínter- inesso: Irónico el mundo entero, Con aire de compasión, Se ríe, porque te quiero Con todo mi corazón. Dame un abrazo, alma mia. Bésame con frenesí, Y que irónico se ria El mundo entero de mí. Nos falta espacio para seguir copiando: una cita más, y concluimos. Gruesas olas que corona La blanca espuma del mar, Se levantan del océano En la azul inmensidad. Y en perpetuo movimiento Suben, bajan, vienen, van. Hasta que en playas remotas Se estrellan con fuerza igual. » 232 REVISTA DE VALENCIA. Así también en mi mente, Como las olas de un mar, En agitación constante Las ilusiones están. Y al fin de varios vaivenes, Todas á estrellarse van En el dique incontrastable De la fria realidad. Lector, sí conoces algo de poesía, en esos cortísimos fragmentos tienes bastante para juzgar al nuevo vate; lo que le distingue, en mi concepto, es lo que menos suele encontrarse en los poetas principiantes: dominio completo de la frase poética, perfecta adaptación de la forma ala idea, elegancia sencilla del estilo, corrección y sobriedad del lenguaje. Esto, respecto á la parte externa; respecto al fondo, claridad en el pensar, delicadeza en el sentir: lástima que, con tan buenas disposiciones, el novel escritor se haya limitado á reproducir inspiraciones agenas. Estudie, sí, los grandes poetas antiguos y modernos; tome de estos lo que hay en ellos de adecuado al actual estado del espíritu humano; pero apropíeselo para hacer una creación original, porque, aunque parezca que todo está dicho y que nada hay nuevo bajo el sol, la poesía tiene una fecun- didad inagotable, engendradora de sorprendentes novedades. Valentino. VISION EN EL MAR. TRADUCCIÓN DE ENRIQUE IlEINE. iH E bruces sobre la banda Del buque, inmóvil y absorto? En las aguas cristalinas Ávidos clavo los ojos. Más adentro y más adentro Van entrando codiciosos, Hasta que sombras inciertas Me velan el negro fondo. Pero las inciertas sombras Acláranse poco á poco, Y con pálidos matices Y con trémulos contornos Dibujan torres y cúpulas, Puertas, murallas y fosos. Antigua ciudad flamenca Contemplo, por fin, atónito; Pero animada y viviente, Con sus moradores todos. Circunspectos ciudadanos Con la negra capa al hombro, Con blanquísima gorgnera, Cadenas y dijes de oro, Al cinto la luenga espada, La gravedad en el rostro. Van y vienen por la plaza Del mercado bullicioso, Por el ancho graderío Del popular consistorio, Donde la imperial imagen. Labrada en el muro tosco. Vela inmóvil y callada Con acero, cetro y globo. Ante las casüs, que en fila Se extienden á un lado y otro, Tras las brillantes vidrieras, Bajo los tilos frondosos. Pasan, con crugir de seda. Doncellas, frescos pimpollos, De talle gentil y esbelto, De semblante ruboroso, Que ciñe negra toquilla. Cárcel de sus rizos blondos; Y á la castellana usanza Engalanados los mozos, Las acosan y persiguen Con sonrisas y piropos. Nobles matronas y dueñas, Con holgados mantos lóbregos, Y en las descarnadas manos Rosario y libro devoto, Hacia el templo se encaminan; Y avivan sus pasos cortos Repiques de las campanas Y vibraciones del órgano. 234 REVISTA DE VALENCIA. ¡También en el alma mia Retumbáis, ecos sonoros! Anhelo infinito y vago, Afán secreto y recóndito, Del corazón mal curado Todas las fibras han roto. Paréceme que su herida Besan labios cariñosos, Y las cicatrices saltan Y mana sangre de pronto. Y la sangre va cayendo. Gota á gota y poco á poco; Vá cayendo al mar profundo, Vá cayendo al negro fondo, Vá cayendo en una casa, Una casa que conozco, Una casa, que, desierta Tristeza inspira y enojos. Y á la ventana una hermosa. Imagen del abandono, La frente apoya en la diestra Y en el alféizar el codo; íY esa niña abandonada Es la hermosura que adoro! ¡Así te ocultaste, ingrata, A mi amor inmenso y loco! ¡Así te ocultaste, ingrata, Por un femenil antojo, En otro mar, aún mas grande, En otro mar, aún mas hondo! Y regresar ya no puedes, Y allí vives, no sé cómo, Para tí todos extraños Y tú extraña para todos. Yo te busco sin sosiego, Yo te busco sin reposo. Te busco por todas partes, Te busco de todos modos, Amor, que siempre idolatro. Ilusión, que siempre lloro, Ventura, que siempre anhelo, Felicidad, que hoy recobro! Sí, te hallo al fin, y de nuevo Miro tu expléndido rostro, Y tu radiante sonrisa, Y tus soñadores ojos; Y jamás he de perderte. Pues todas mis dichas logro, Y con los brazos abiertos A tus dulces brazos corro. Digo así, y al tiempo mismo. Ya doblando el cuerpo todo. Del capitán, que me agarra. Siento el brazo vigoroso, Y su voz oigo, que grita: "Doctor, ¿os lleva el demonio?,, Teodoro Llórente, CRÓNICA MENSUAL. ONCEDAMOS hoy el primer lugar al modesto y laborioso Ateneo-Ca- sino Obrero, ya que, con animoso esfuerzo, ha acometido la empresa de reunir en Valencia, en los dias de la feria de Julio, un Congreso Sociológico , para tratar algunas de las cuestiones más arduas que preocupan á los políticos y economistas. Los puntos sometidos á discusión están redactados de la siguiente manera: 1 .° Dada la existencia de la llamada cuestión social, y su creciente im- portancia, iqiié medios existen, y qué otros pueden crearse para disminuir la gravedad de dicha cuestión y facilitar su resolución hasta donde sea posible? 2.° Determinados los medios aludidos, señalar el procedimiento que deba emplearse para que sean llevados á la práctica y produzcan los deseados efectos. Este Congreso no tendrá carácter político determinado, y en cambio reves- tirá el de protesta contra el empleo del crimen y de cualquier medio violento para la resolución del problema social. Se celebrarán seis sesiones al menos, dos encada uno de los dias 21, 22 y 23 de Julio. Constituirán el Congreso los representantes de los Ateneos, Sociedades cooperativas de producción ó de consumo, de socorros mutuos, etc., de las cla- ses obreras; los de los Ateneos científicos y mercantiles; los de las Academias de ciencias morales y políticas; los de las de Medicina; los de las Sociedades Económicas de Amigos del País; los de las Ligas de propietarios y contribuyen- tes; los catedráticos de Derecho y de Economía política, y los representantes de grandes establecimientos y empresas industriales y fabriles, que acepten la invitación. * * El Ateneo científico, literario y artístico no ha permanecido ocioso durante el florido Abril: acreditan su laboriosidad las conferencias del docto catedrático de la facultad de Medicina, Dr. D. José Crous, sobre las enfermedades mentales; las del erudito secretario de la Universidad y Doctor en letras D. Francisco Ca- ballero é Infante, sobre cerámica ítalo-griega; y las del reputado pintor D. José Brel, sobre el realismo en el arte. El Sr. Brel, que habia hablado ya de este interesante tema en el discurso de apertura del Ateneo, vio combatidas sus doc- trinas espiritualistas por el presidente de la sección de ciencias naturales, doctor D. Miguel Mas, en el discurso en que dio comienzo á los trabajos de esta sección, y ha contestado ahora con elocuentes y razonadas réplicas á dicha im- pugnación. ^■ 236 REVISTA DE VALENCIA. Todos los que en Valencia aman las letras y pasan de los treinta años, guardan grato recuerdo de un escritor original y algún tanto excéntrico, que murió sin haber dado de sí todo lo que tenia en mientes. A ese escritor, el malogrado D. Pedro Yago, ha consagrado el Rat-Penat una velada apologé- tica. El Sr. Labaila, compañero del difunto y su colaborador en el libro titulado Mesa revuelta, único que conserva trabajos literarios de Yago, estuvo encar- gado del panegírico, y varios poetas le consagraron cariñoso recuerdo, siendo notable la poesía que con este objeto escribió D. Víctor Iranzo. En la sección de Arqueología, D. Bernardo Morales leyó una interesante memoria sobre las antigüedades de lUici (Elche). En las veladas dominicales se dieron í\ conocer varios trabajos literarios, entre ellos una pieza cómica del actor Sr. Bolumar, titulada La culpa termí les dones. El centro de escursionistas hizo una visita á la ciudad de Alcira. La Academia de la Juventud católica es siempre una de las sociedades que ocupan mayor lugar en estas breves crónicas. En la presente tenemos que se- ñalar la brillante fiesta dedicada al gran apóstol valenciano San Vicente Ferrer. Es plausible costumbre de esta Academia usar la lengua valenciana en la se- sión literaria que todos los años dedica á tan gran santo y tan ilustre patricio. El ilustrado presbítero Dr. D. Salvador Castellote fué quien proclamó sus glo- rias este año. La poesía y la música contribuyeron grandemente al brillo de esta solemnidad. Entre los demás trabajos de tan celosa corporación, merecen consignarse las conferencias majistrales del catedrático Sr. Polo y Peyrolon, sobre la naturaleza del hombre, según Santo Tomás, y las no menos interesantes del elocuente sacerdote Dr. Llanes Montull, sobre el Papa y la libertad. El Círculo obrero de San Vicente Ferrer dedicó una solemne sesión á su patrono, haciendo su apología el catedrático de la facultad de Derecho Dr. don José M.* Llopis. bibliografía valenciana. ON RAMÓN DE CAMPOAMOR, de la Real Academia española. DOLOR AS. Valencia, librería de P. Aguilar ^ editor: ivipr de M. Alufre, 1883 (O- La Biblioteca que se publica en esta ciudad con el título de Selecta, y que merece en verdad este nombre, por el mérito literario de todas las obras que publica, ha dado á luz otro de sus pequeños volúmenes, que forma el déci- mo quinto de ellos, y que será sin duda uno de los que tengan mayor acepta- ción, porque comprende una colección de las justamente famosas Dolaras de Campoamor. Este preclaro ingenio, con una amabilidad que le honra nuicho, contestó al editor de la Biblioteca selecta, que le pidió algo para ella, autorizándole para entresacar de sus Dolaras las que mejor le pareciesen, tarea encomendada por dicho editor al conocido literato D. Manuel Torres Orive. No tenia esta em- presa más dificultad que /' embarras dii choix, como dicen los franceses. Todas las Dolaras de Campoamor, con la originalidad de su pensamiento, lo agri- dulce de su sabor, á veces algún tanto amargo; su intención, unas veces pica- resca, otras veces profundamente psicológica; la elegancia de la forma y la lije- reza estudiada del estilo, son poesías muy del gusto del dia, entre las cuales hay muy pocas que puedan desechar la crítica más exigente. El aplaudido poeta encargó especialmente al recopilador que incluyese las escritas en Valencia, en los tiempos en que gobernaba á esta provincia, á la que siempre ha con- servado especial cariño, y por cierto que aquellas Dolaras son de las más lozanas y hermosas. En tan rica mies ha metido largamente la hoz el Sr. Torres Orive. Ciento siete Dolaras, si no hemos contado mal, comprende esta colección, ciento siete pensamientos ingeniosos, ciento siete poesías discretísimas, que bastan para formar la corona de gloria de un poeta. El recopilador ha escrito, para que sirva de introducción á este libro, una ligera biografía del eminente poeta, en la cual se indica lo que de sus celebradas Dolaras han dicho los principales críticos españoles. No necesitamos recomendar este libro; es una de las ediciones más intere- santes de las Doloras (de las que tantas se han hecho), y la más económica sin duda: un tesoro de poesía por media peseta! (1) Un tomito en 8.° de 184 páys., que se vende en la librería de su editor y en las principales de España, por dos reales. 238 REVISTA DE VALENCIA, Un riiefo tenemos que dirigir, para terminar, al editor de la Biblioteca se- lecta; que n^o demore tanto la publicación de sus interesantes volúmenes. Ahora anuncia El Mimdo tal como será en el año tres mil, preciosa crítica de los uto- pistas innovadores, de Emilio Souvestre, que aunque hace ya muchos años que ge publicó, no ha perdido todavía su interés. UN AMOR. Poema, ;>í7r Martin Guardiola Molina. Valencia. Impr.de la llueva Alianza, i88¿ (i). Esta obrita poética ha dado á conocer las felices disposiciones de su joven autor, cuyo nombre suena ahora por primera vez en el mundo literario. Nues- tro colaborador Valentino le dedica un extenso artículo en este mismo número de la Revista, haciendo resaltar los méritos que avaloran esta producción. Por esta razón no nos extenderemos aquí. Digamos únicamente que la prensa valen- ciana la ha recibido muy bien, consagrándole lisonjeros artículos El Mercantil Valenciano y la Ilustración Valenciana. Estos aplausos servirán sin duda de estímulo al Sr. Guardiola para proseguir sus trabajos literarios, en los cuales le deseamos brillantes triunfos, ANDRÉS EL PESCADOR, leyenda histórica. Entreteniniiento instructivo y ameno para las familias, con las licencias necesarias. Valencia, libr. de los Su- cesores de Badal, impr. de J. Pedros, i88¿ (2). Esta obra no lleva nombre de autor, y á fé que esta omisión es prueba de desusada modestia, porque no está tan desprovista de méritos literarios que deje de honrar á quien la haya escrito. El objeto de la publicación no es, sin embargo, otro que ofrecer á las per- sonas piadosas lectura amena y edificante á la par, relatando la historia del apóstol San Andrés, embellecida con las galas de una relación legendaria y no- velesca, lo cual era algo arriesgado tratándose de la severa figura de uno cíe los más venerados propagadores del Evangelio. Los editores han conocido este pe- ligro, y dicen en su breve prólogo, que en lo que se ha añadido, para hacer más interesante la relación, á los datos históricos, "no hay nada que no sea verosí- mil, ni que desdiga de la dignidad y grandeza de la persona y de la misión del héroe.,, Así es, en efecto: esta leyenda tiene toda ella un sabor religioso, que es muy propio del asunto. El autor nos lleva á Bethsaida, donde vemos entre sus pobres pescadores al joven Andrés; nos hace asistir á sus dulces amores con la hermosa Betsavé, á la felicidad de su honrado hogar; á los celos y asechanzas de Zabulón, amante desdeñado de Betsavé, y en medio de estas aventuras vulgares, encuentra el pescador al Hijo de Dios. La impresión que causa en él está muy bien descrita, y es interesante ver cómo convence á su esposa de que, dejándolo todo, incluso su cariño, debe acudir al llamamiento del Divino Maestro. (1) Un folleto en 4.°, de 46 págs,, que se vende en las principales librerías, á 4 rs. (2) Forma un tomito en 8.° de 190 págs. Precio, una peseta en toda España. Los pedidos á la librería de Badal, plaza de la Constitución, 4, Valencia, donde se harán rebajas según la importancia del pedido . En Madrid, librería de Aguado, Pontejos, 6, y D. Gregorio del Amo, Paz 6. — En Barcelona, libreria de Subirana, Puerta-ferrisa, 16, y D. J. M. Bocabella, calle de la Princesa, BIBLIOGRAFÍA VALENCIANA, o3q La segunda parte de a historia esta consagrada á describir los sucesos más culminantes del apostolado San Andrés. El autor ha escogido bien al-unos de los cuadros nías interesantes, como su persecución en Samada; el gran'^mila- groque hizo en Cesárea con la resurrección de Sara, la hija del ricojudío Magdocl; el encuentro, en el Monte Camielo, de Zabulón, el rival de sus amores, el que quiso asesinarlo, y arrepeiitido al escuchar á Jesucristo, fué á hacer penitencia en la cueva del profeta Ehas; el prodigio de los tigres, que á su voz abandona- ban su presa; la conversión del jefe de bandidos Astarot y al-unos de sus compañeros, que se hicieron en secuaces ardientes del apóstol • y" finalmente su martirio en Patrás, en aquella cruz, de la cual no quiso ser desprendido cuan- do sus verdugos, llenos de remordimientos, quisieron salvarle la vida En un epílogo, el autor nos hace asistir á la santa nuicrte de Betsavé, en s¿ pueblo natal Bethsaida, y en el mismo instante que subia al cielo el alma de su esposo martirizado. Esta es, en resumen, la leyenda histórica de Andrés el pescador, que iuz^'a- mos muy apropiada al objeto que sus editores se han propuesto. '*•''= LA MEDICINA PUESTA AL CRITERIO DEL PÚBLICO ILUSTRA- DO, POR RoMAN VizcARRo, Hceficiado en medicina y cirujia. Seiillai impr. de El Mercantil Sevillano, 1882 (1). El autor de este libro, ilustrado médico de Vinaroz, se ha propuesto prestar un servicio á las familias, divulgando los principales conocimientos de la medi- cina, en la parte que está al alcance de los que no han cursado esta profesión; y en nuestro concepto lo ha conseguido, puesto que su libro, lleno de buena doctrina y de interesantes noticias, está escrito con tal claridad, que lo puede comprender toda persona dotada de una vulgar ilustración. Por esta circuns- tancia ha sido muy elogiado en la prensa facultativa , y especialmente reco- mendado, en particular por la Revista Médica, de Sevilla, y El Siglo Médico, de Madrid. Mas prescindamos ahora de elogios, y veamos de una manera rápida qué es lo que contiene esta obra, dividida por su autor en tres partes, de las cuales la primera comprende tres capítulos, doce secciones la segunda, y un formula- rio la tercera y última. Tras unas nociones preliminares para formar criterio de las enfermeda- des, preservarse de ellas y combatirlas con éxito, pasa el Sr. Vizcarro á ocuparse , en el capítulo primero de su obra , de la índole de las enfer- medades é indicaciones que de su conocimiento se derivan, dando en el segundo reglas generales para el buen régimen de los enfermos, y ocu- pándose en el tercero de la profilaxis en general ó medicina preser- vativa. La segunda parte, que es la más extensa de la obra, la dedica el Sr. Viz- carro al estudio de cada una de las enfennedades, tratando en la primera sección las imprevistas, que reclaman pronto auxilio, en la segunda las neuralgias, en la tercera las neurosis, en la cuarta las inflamaciones, y así sucesivamente, consa- grando la duodécima y última á las enfermedades de los niños y á los cuidados que el recien nacido y la madre reclaman. (1) Un tomo en 4 " de 394 págs. Véndese en Madrid, librería de Victoriano Suarez, Jacometreío, 92; y en Vinaroz, por el autor, á 4 pesetas. 240 REVISTA DE VALENCIA. Finalmente, la tercera parte de la obra es un formulario de medicina domés- tica, que ha de ser de no poca utilidad á las familias. Este libro forma el volumen XXXV de la Biblioteca científico-literaria, que se publica en Sevilla, y honra á nuestro paisano el Sr. Vizcarro que haya sido incluida su obra en una publicación que se distingue por lo escogido de las obras que la coniponen. El JARDINERO VALENCIANO, Manual práctico del cultivo de las flores, por D. Pascual Peris y Pérez. Valencia, Terraza y AJiena, editores. Ivipr. de y. Gidx. 1883 (1). El acreditado jardinero de los paseos públicos del Ayuntamiento de Valen- cia, Sr. Peris, premiado por su reconocida competencia en varias Exposiciones, ha tenido la buena idea de consignar en su librito lo mucho que ha aprendido en su larga práctica y en sus estudios sobre las plantas de flor y de adorno. El Manual práctico, que acaba de publicar, se ocupa separadamente de las cebollas de flor, de las plantas de adorno, de las plantas perennes, délas anuales, de los arbustos y de los árboles, describiendo el cultivo de los que sirven para adorno de jardines, galerías, salones, escaleras, patios y balcones, y de los árbo- les que dan sombra y hermosura á las alamedas. Está muy lejos de ser esta obra — y sin duda no ha pretendido tal cosa su modesto autor, — un tratado completo de floricultura. Este agradable ramo de la industria agrícola ha adquirido en el dia gran incremento con la introducción de plantas exóticas y el cultivo de ellas en invernaderos y estufas. El Sr. Peris se ha limitado á dar instrucciones sobre el modo de reproducir y criar las que más usuales son en los jardines valencianos, pudiendo servir su libro de útil guia al aficionado que no pretenda llegar á ser una especialidad en jar- dinería. ^IP (1) Esla obra forma un lomo en 8." de 258 págs.; ceta ilustrada con 24 cromos que representan otros tantos ejemplares copiados del natural, y lleva bonitas cubiertas, también cromolitografiadas. Se encontrará en la librería de los Sres. Terraza, Abena y compañía, de nuestra ciudad, que la venden á ocho reales. Valencia. Imprenta de Domenech. Mar, 48. — 1883. REVISTA DE VALENCIA, 1." Junio de 1883. LOS GREMIOS DE VALENCIA "L [uDOSOS son, casi siempre, como ha dicho un ihistrado cronólogo (2), los orígenes y principios de las cosas; sea porque el tiempo que des- truye las memorias y antigüedades, no ha permitido se nos conserven los documentos donde se contendrían, sea porque no merecieron á su aparición en el mundo ser colocados en la serie de los sucesos dignos de memoria. Una opinión tan fundada y respetable nos retrae de remontarnos á épocas remotas, investigar las artes y las industrias que eran conocidas, y deducir de su empleo en los usos de la vida la importancia y organización de los que las ejercían, para fijar el origen de los gremios y oficios mecánicos de Valencia: alarde que seria superior á los limitados conocimientos con que contamos. En todos los pueblos conocidos, las industrias creadas por las exigencias de la hvmianidad se han introducido y desarrollado, revelando en sus productos el grado de cultura y civilización de sus fabricantes, y el sello de la época pací- fica ó calamitosa á que pertenecían. Desde los toscos y rudos enseres de que los primeros hombres se sirvieron, hasta el refinamiento y casi superfluidad de que hoy día se hace alarde, es inmensurable la escala que la industria ha recorrido, y no menores las fases por que han pasado los dedicados al ejercicio de sus vastos y múltiples ramos. Destinada aquella á utilizarse de los productos de la (1) El Sr. Marqués de Cruilles, que con tanto celo se dedica á la investigación de nuestra his- toria, ha dado á la estampa su Memoria sobre el origen , vicisiludes y organización de los gremios en Falencia , que fué premiada , al mismo tiempo que la del Sr. Tramoyeres , en los últimos Juegos Florales del Rat-Penat. La Introducción de esta Memoria es la que damos á conocer á los lectores de esta REVISTA, en la seguridad de que ha de parecerles interesante. — N. de la R. (2) Huerta (D. Tomás Manuel de la). Memoria de la Academia de la Historia. T. L, p. 38. 16 242 REVISTA DE VALENCIA. naturaleza, y pródiga ésta, á par que varia en ellos, háse regido siempre por una ley de desarrollo progresivo, como hija natural de la libertad que tuvo el primer hombre para hacer suyos por medio del trabajo los maravillosos dones de la creación. Así, el trabajo y la industria aparecen en el mundo como her- manos gemelos, y á la mísera humanidad estaba reservado hallar por ellos sus medios de subsistencia y bienestar. Natural es que el trabajo haya tenido sabios apologistas: que Eurípides le llame padre de la honra y de la fama: Virgilio productor de las artes, y Sófocles diga que por el trabajo se camina á la felici- dad (l). Sobre estos elogios de la filosofía pagana, descuella la preclara luz de la revelación, que impone el trabajo como castigo del orgullo, y hermanándole con la industria, de la humillación de su ejercicio nos eleva á la práctica de las más loables virtudes. De aquí los inventos, los adelantos y las aplicaciones sorprendentes que han asombrado al mundo á su aparición en él, y sin los cuales ya no podria re- signarse á subsistir; pero las crónicas más minuciosas señalan siempre las épocas por el nombre de los soberanos ó grandes capitanes, y por' el número ó lugar de las batallas, y no por el origen y progresos de las artes de la paz ni el nombre de sus inventores: fiel reflejo de la triste condición humana, dominada más veces por el temor y la memoria de las calamidades, que por el recuerdo de las dulces y embelesadoras creaciones del saber y del bien obrar. El histórico arribo de los griegos de Zante, doscientos años antes de la ruina de Troya (2) á las playas á que de reciente se ha devuelto el famoso nombre de Sagunto, y la larga dominación romana en la Colonia Valentina, fundada con tan elegante y significativo título para los dispersos soldados del célebre Viriato, al año de la muerte de su general, permiten conjeturar que á vueltas del estrépito de las armas, debieron ser conocidas las industrias más indispensables, de aquellas que se cultivaban en la respectiva metrópoli, pero liinguna particularidad, ó muy escasa, puede fijarse respecto á su ejercicio; y contenerse en los límites de una prudente abstención, es el consejo y el ejem- plo de reputados críticos en asuntos donde faltan los medios de hallar datos incontestables para el esclarecimiento de los hechos. Sin embargo, autores dignos de crédito hablan de que los romanos conocie- ron las agremiaciones industriales, á las que denominaron colegios, conventos ó sodalicios, si bien de estos no ha sido dable se conserve otro monumento que el que adorna en Valencia el pretil del paseo del azud, dedicado á la Diosa Isis por el sodalicio ó asociación de esclavos, acaso labradores. Los emperadores prohibieron estas asociaciones en alguna época, como nocivas á la causa (1) Gutiérrez de los Rios (D. Gaspar). Noticia general para la estimación de las artes. (2) 1384 años antes de J. C. Ulloa. Memorias de la Academia de la Historia. T. II, página 25. LOS GREMIOS DE VALENCIA, 243 pública, por la licencia que el pueblo se tomaba en ellas para confabularse á solas y tramar maquinaciones contra sus superiores (1). La dominación de los godos no se señala, ciertamente, por el brillo de los oficios y artes mecánicas. La ruda sencillez de estos, bien revelada en los pocos monumentos que se conservan, dá motivo á creer que, tanto por huir de la afeminación, que es el abuso de la aplicación de las artes á las necesidades de la vida, y por el que vieron derrumbarse ante ellos el colosal imperio romano cuanto por su característica sobriedad y el constante ejercicio de las armas ciue profesaban, no se dedicaron sino á proveer sus más precisas atenciones, ni en la fabricación cuidaron de sobreponerse á sus hábitos sencillos y graves. Los árabes, á su vez, desposeyeron á los godos de este suelo; y en su do- minación de más de seis siglos, implantaron en él su laboriosidad y sus artes dejando imperecedera memoria en la grandiosa apertura y distribución de los canales de riego, con que favorecieron la más predilecta y primitiva de todas' la agricultura, origen de la populosidad, riqueza y celebridad del país. Otros seis siglos trascurridos aún no han sido bastantes á borrar del todo el sello caracte- rístico que la naturaleza ó estos dominadores imprimieron en una región tan análoga á sus orientales gustos y aficiones. A medida que las épocas de la historia se nos aproximan, parécennos menos confusas, y comenzamos á distinguir sus detalles con mayor claridad. Una mirada sobre el perímetro de Valencia bajo la dominación árabe, cuyos límites aún alcanzamos á apreciar, pone de manifiesto los puntos donde se ejercían algunas industrias en aquella época, y por cierto que señalados por tan cuidadosas reglas como la más exigente cultura pudiera desear de la policía urbana. La actual y semicircular calle de Cerrajeros, cuyas casas de los números impares aún se apoyan en los restos de la muralla árabe, y la dirección paralela á esta que conserva la indicada calle, no menos que su proximidad al sitio ó puerta de Beit-al-lah (2), casa de oración, llamada de Boatella por corruptela, dá evidente muestra de que por la ruidosa ocupación de los de este oficio, incó- moda para el resto de la población, les estaba destinada dicha calle desde antes de la conquista. Las tenerías en las afueras, orillas del rio, y expuestas al viento Norte, son otra prueba de que los árabes, excelentes curtidores, eligie- ron aquellos adecuados lugares para el ejercicio de esta industria , y la situa- ción de los establecimientos atrayendo las viviendas de los operarios, llegó á (1) Escolano. Décadas de la Historia de Valencia. Parte 1.» col. 1035. (2) Según Lamarca en su reseña histórica de la conquista de Valencia, y Malo de Molina en su estudio histórico sobre el Cid Campeador, la primera puerta de la ciudad miraba al Poniente y es la conocida por los historiadores por la de la Boatella, que Malo entiende que estaba junto á una torre ó edificio fuerte llamada Beit-al-lah (casa de Dios), situada en la actual calle de San Vicente, entre la de Cerrajeros y el horno de la Pelota, que en otro tiempo se llamó de la Boatella. >44 REVISTA DE VALENCIA. crear barrios enteros para avecindarse en ellos determinados industriales. En los cinco años que Rodrigo Diaz de Vivar, el Cid, fué dueño de Valen- cia, las crónicas y la historia guardan absoluto silencio sobre los objetos de ndustria, así de la población árabe que quedó en la ciudad en consecuencia de la capitulación, como de los cristianos que se establecieron en ella. Forzoso es reconocer que las sucesivas conquistas del célebre caudillo y las guerras que sostuvo en aquel período, ni tiempo material le dejarían para cuidarse de ello, ni la tendencia y carácter de la época daban gran preferencia á esos ramos de riqueza pública. Menos aún puede saberse, cuando después de la muerte de Rodrigo recobraron los sarracenos la ciudad: pues del reducido número de mozárabes que permanecieron establecidos, solo ha llegado á nosotros la me- moria de la iglesia que conservaron para su culto (l); porque la historia tiene épocas tan recónditas y sus comentadores tan encontradas opiniones, que hacen inútiles las más tenaces pesquisas para la investigación de los hechos. Pero el islamismo, vencido y despojado de sus extensas conquistas, no había de resistir en Valencia el poderoso esfuerzo de los que desde la Galia Narbonense venían recobrando sus posesiones. D. Jaime I, con el favor de Dios y el concurso de sus caballeros, emprendió y llevó á feliz término la gloriosa conquista de este Reino, hazaña memorable de la que ningún valenciano puede hablar sin entusiasmo, porque de ella arranca la verdadera organización del país y el desarrollo de su prosperidad y riqueza. A los pobladores árabes del término de la capital, conforme la capitulación entre el rey conquistador y el rey Zaen (2), se les concedió facultad de que- darse, si querían, salvos y seguros bajo la fé del vencedor; pero á los del inte- rior de la ciudad que prefirieron salir, solo se les concedieron cinco dias para evacuarla, pudiendo llevar consigo sus armas y riqueza mueble. No detallan las historias cuántos ni qué clases se utilizaron de esta gracia; y se concretan á decir que vinieron á poblar la ciudad las siete familias de Lérida, con las tres- cientas doncellas, á quienes el rey casó con los jóvenes que más se habian dis- tinguido por sus hechos de armas, dándoles casas y haciendas con que pudiesen establecerse convenientemente. Repoblada de nuevo en casi su totalidad Valencia por los conquistadores, no por los conquistados, según Matheu (3), los árabes que permanecieron en ella no merecieron que los cronistas más minuciosos consignasen acerca de ellos particularidad alguna. La raza vencedora no disimuló tener en menos á los ven- (1) La actual de San Bartolomé, Sales. Memorias históricas del antiguo santuario del Sonto Sepulcro de Valencia. (2) Lainarca, en su citada reseña. (;0 :\Iatheu y San/.. Tratado de la celebración de C''.rte> 'le Valencia. LOS GREMIOS DE VALENCIA. 245 cides; y preocupada con un triunfo de inmensa importancia, no descendió á es- pecificar detalles de orden inferior. Ufana con la victoria, buscó en sí misma su. jiropios elementos, antes que utilizarse de la vencida; lo cual se comprende, sin dificultad, atendiendo á la diferencia de religión y al antagonismo (jue separaba una de otra raza. Bajo tales auspicios puede deducirse que las industrias que los nuevos po- bladores trajeron consigo á la recién conquistada ciudad, no serian otras (jiie las del país de que procedían; y por la diversidad esencial de usos y costum- bres, y la consiguiente aplicación de los productos, se establecieron con abso- luta independencia de las que los árabes tenían, las cuales cedieron, á no dudar- ante la competencia y natural antipatía de los vencedores; pero también es l.'i- jico admitir que para algunas industrias se utilizasen naturalmente de obrado- res especiales, como las tenerías y lavaderos de lana. El más antiguo y solemne documento que revela la existencia de gremios en Valencia es el privilegio de D. Pedro I (i), dado en Barcelona á 29 de Enero de 1283, esto es, 45 años después de la conquista. En dicho privilegio, cuyo objeto es organizar el gobierno local de la ciudad, dando sabiamente participa- ción en él á todas las clases, se dispone que cada año en la fiesta de Pente- costés sean elegidos para el Consejo general de la misma cuatro consejeros ó individuos de cada uno de los veintiún gremios siguientes: Comerciantes de vara, notarios, marineros, peraires, freneros, zapateros, sastres, pelliceros, cortantes, cerrajeros, carpinteros, roperos, herreros, pescadores, barberos, corredores, ki- bradores, plateros, aluderos, curtido) es y tintoreros. La importancia que demuestran haber adquirido estos oficios en los nuevo lustros trascurridos, sea por su número ó por el interés con que se miraban su profesión ó sus productos, no es menor por lo relativo á la muy importante parte que dicho Consejo tenia en la gobernación de la ciudad: pues sin su asenso no podia el Justicia criminal dar las sentencias, absolver y atormentar, ni tampoco podia el Justicia civil pronunciar fallo en las causas (jue excediesen de la cuantía de quinientos sueldos. Los diez y nueve pro-hombres que se juntan nominalmente en el proemio de los primitivos fueros, con cuyo concurso, además del de los barones y caba- lleros fueron dados en 1289, por el invicto rey conquistador D. Jaime I, no puede pretenderse que fueran de los gremios; así porque no se expresa, como porque ni tiempo material habia pasado para que pudiesen haberse establecido tal número de industriales, y llegado á formar agremiaciones notables. El sen- tido y la acepción en que está usada la palabra pro-hombres, es en nuestro con (1) A fuer de valencianos, seguiremos el orden numeral por la cronología de los reyes de Valencia hasta la abolición de los fueros. 246 REVISTA DE VALENCIA. cepto el de que concurrieron en representación del llamado estado llano, á que más adelante reemplazaron los de los verdaderos y organizados gremios. Desde la primera ampliación de los fueros hecha en las Cortes primeras, ce- lebradas en Valencia á 27 de Julio de 127Ó por el rey D. Jaime I, el llamado brazo real ó popular, representaba en ellas el Consejo general de las ciudades y villas que tenían voto en Cortes, por medio del número de síndicos que á cada una le correspondía. En Valencia era el de cinco, y como en el Consejo general tenían voto, según se ha dicho, 84 pro-hombres de los gremios, hé aquí cómo por medio de una elección indirecta llegaban á ser representados en las Cortes del reino los gremios y oficios mecánicos. Por esta representación puede expli- carse la preferente atención con que por sus justas peticiones, aquellas vene- randas Cortes, jamás bastante admiradas y respetadas, procuraron con exqui- sita nimiedad organizar los gremios, siendo, como lo ha sido reconocido por un sabio cuerpo, útiles los reglamentos en un principio; fomentando y desarro- llando más tarde este ramo de riqueza pública, protegiendo al productor y ce- lando el interés del consumidor. Coordinando las fechas y citas históricas esparcidas en escritos de mérito, vienen á obtenerse ventajosas deducciones para apreciar los adelantos materia- les del país. Un escritor eminente (l) para describir, refiriéndose á Castilla, la situación pública hacia el siglo XII, dice que entonces el pueblo sin represen- tación civil parecía menos digno de la atención del gobierno: seguía el pendón de sus Señores en la guerra ó permanecía atado á sus solares en la paz. Pero en el siglo XIII, una reunión de favorables circunstancias acabó de elevar el espíritu y modificar el carácter público. Con las conquistas, y el haber arrinco- nado á los moros en Granada, pudiéronse gozar algunos intervalos de paz más larga y segura. El pueblo comenzaba á ser algo; reunido en ciudades y villas populosas, protejido en la paz á la sombra del gobierno municipal, representado en Cortes por medio de procuradores, y finalmente, dado al pacífico ejercicio de la industria y las artes, se le vé existir civilmente y empezar á ser menos depen- diente y más rico. Pero el estado en que se pinta á los reinos de Aragón, poco diferente del de Castilla, como efecto del bienestar que empezaban á gozar hacia el siglo XIII, no libra al erudito escritor á quien seguimos, de concederles una ventaja sobre este. Una razón particular, dice, lo hace creer así, respecto á haberse arraigado primero en él los juegos y regocijos que vinieron de Oriente, ya porque á las guerras de Ultramar pasaron de sus provincias mayor número de aventureros con el conde de Tolosa, ya por su trato íntimo y frecuente con el país francés. Natural es que los valencianos que tan bizarramente en las famosas expe- lo Jovellanos. Memorias de la Academia déla Historia. t. IV., p. 360. Los GREMIOS DE VALENCIA. 247 diciones de Roger de Lauria, arrancaron la victoria á tantos pueblos marítimos, retornaran á sus hogares con ricas muestras de la fabricación de otros paises, y que el carácter vivo é inteligente que los distingue las utilizase para el per- feccionamiento de las industrias conocidas. Así se observa una creciente impor- tancia, adquirida paso á paso por los gremios, y á falta de datos estadísticos, poco comunes en aquellos tiempos, no son menos interesantes los que facilitan los fastos municipales. Ya en l373, con motivo de presentarse en unas fiestas, adoptaron los gre- mios de Valencia ciertos colores para sus divisas; y en 1892, 1415 y 1482, en obsequios reales y regocijos públicos, se les vé tomar una parte muy principal, demostrando su mayor incremento; su concurrencia á estos actos llegó á hacerse notable, y en la ostentación con que lo verificaban está reflejando el grado de prosperidad que la industria y las artes mecánicas hablan alcanzado. Bastará traer á la memoria las diversas disposiciones forales, encaminadas á contener el lujo en sus justos límites, para tener una idea de los industriales que se ocu- paban en sostenerle. Veintiocho capítulos de la rúbrica ó título de pañeros contienen curiosísimos detalles acerca de las prescripciones suntuarias, en espe- cial las decretadas por D. Alfonso III el Magnánimo, en las Cortes celebradas en Valencia en 141 8. Vénse citados los pañeros, fabricantes de lanería, grana, seda y brocado, los pelliceros ó tratantes en pelletería rica, tan en uso para los aforros de las ropas, los joyeros y esmaltadores; y por lo relativo á la hechura, los sastres, chapineros y otros. Al paso que se observa este acrecentamiento, hállanse muchas y convenien- tes disposiciones para organizar y vigilar los gremios. Una de las más notables es la confirmación de la prerogativa que los Jurados de Valencia, en fuerza de la costumbre y de facultades forales, venían ejerciendo, de otorgar capítulos á los oficios mecánicos, y de decidir de plano y de viva voz (una parauld) las cuestiones que se suscitasen con relación á aquellos. D. Fernando el Católico la concedió por su privilegio dado en Medina del Campo á 2 de Agosto de 1497, y por otras diferentes cédulas y fueros mereció nuevas ampliaciones esta facultad; y en especial el fuero 108 de las Cortes de 1585, celebradas en Valen- cia por D. Felipe I el Prudente, en el que, reconociendo la utilidad de que los oficios estén colegiados y regidos por capítulos, cuyo conocimiento y gobierno pertenecen á los Jurados, se manda que el Gobernador no admita ni otorgue capítulos para los oficios sino pasados y aprobados por aquellos. Esta reivin- dicación de prerogativas parece haberse hecho necesaria por la novedad (jue habían introducido en el régimen de los gremios los rigorosos acuerdos toma- dos en las Cortes de Valencia en 1848 por D. Pedro II, donde mandó, á con- consecuencia de la guerra de la unión, que por cuanto por reuniones no debidas se habían seguido graves perjuicios, en adelante no pudiesen reunirse los 248 REVISTA DE VALENCIA. menestrales sin licencia pedida y obtenida del rey ó su lugarteniente, ni en su caso pudiese tratarse sino de cosas pertenecientes al oficio. Los lec^isladores de aquellos tiempos no olvidaron ocuparse de la protección que la riqueza pública merece, si bien á la manera que las ideas y las prácticas vic^-entes permitían. En 1842 los Jurados y pro-hombres de Valencia suplicaron á D. Pedro II el Ceremonioso la adopción de medidas restrictivas contra la introducción de ropas extranjeras, para evitar la salida y disminución del nume- rario en el país; pero al mismo tiempo se pedia la extracción de granas y tintes y otras notables gracias á los que vinieran á establecer industrias laneras. El rey, sin embargo, difirió por un año la resolución, añadiendo que, si durante él no acordaba se tuviese como no concedida la petición. También en las Cortes de 1370, celebradas en San Mateo, se expuso como contraria á la libertad de los subditos, la extracción de plata y cobre del reino, y á pesar de tan valiente alarde solo reclamaron que no se diese licencia para ello, sopeña de 200 morabatines de oro por motivo de haberse verificado algunas extracciones; á lo que el rey D. Juan I el Memorable accedió, con limitaciones y escusas del contra-fuero en que estaba incurso. Otros muchos privilegios y concesiones hechas en los siglos XIII, XIV y XV, cuya mención no se anticipa, se citarán en su lugar; bastando á nuestro propó- sito aludir á ellos como prueba del interés con que los reyes y las Cortes miraban el importante ramo de la industria. Bien demuestra el grado á que esta llegó el hecho de haber tenido presente las producciones regnícolas como artículos de consideración para hacerlas sobrellevar el peso de las cargas públicas. Sensible es que apenas comienzan los gremios á revelar su existencia y dar á conocer la altura á que la aplicación de sus individuos les condujera, las consecuencias de las guerras les hagan sen- tir su desastrosa influencia y la acción mortificante del fisco. El creciente aumento de los servicios ó exacciones, votados en Cortes desde 1876, para sub- venir á las guerras que sostuvo el rey D. Pedro II, obligaron á arbitrar un impuesto general á todo el reino, de donde se originó el nombre de dret de lo general del Reine (l). Estos subsidios continuaron en 1884, y más particu- larmente en 1418, cuando las Cortes de este año elevaron á 189.OOO florines su donativo al rey D. Alfonso III; y para cubrir esta suma, se dejó al arbitrio de los diputados señalar los artículos que habían de gravarse, concediéndoseles además varias prerogativas en la administración, como consecuencia de su cuantiosa oferta. El primer impuesto que afectó á la industria fué el conocido bajo el nombre de dret de lo general del tall, corte, porque se pagaba de las telas que se cortaban. (1) Mora. Recopilació do los furs. y acta, de Corts do la generalltai\ LOS GREMIOS DE VALENTÍA. 240 Con gran rigor estaba penado el fraude de este derecho; pues debia remi- tirse á la casa de la Diputación todo comiso que excediese de 25 lil)ras, y tenia la multa de 50 florines de quince sueldos la primera vez, de 75 libras la se- gunda, y en todas la pérdida de los efectos decomisados. Hasta 1428 se venia pagando á razón de sueldo por libra, ó sea el 5 por 100 del valor de los gc-ne- ros sujetos al derecho del tall; pero desde dicha fecha se elevó á 21 dineros por libra en la drapería de oro, seda y lana, y en la pelletería, de dos dineros por libra (jue pagaba, aunque fuese para extraerla, subió á doce, (í sea al f) por loo: así seguía pagándose hacia 1625 muchos años hacía, dice el autor do la Reco- pilaciofi foraly estando en algunos puntos avenidos por cantidad alzada relativa- mente á este impuesto. También el derecho sobre mercadería que venia exi- giéndose á los ramos comprendidos en esta denominación, fué elevado de 6 á < > dineros por libra de avalúo, é igualmente el que pesaba sobre los tintes, así como por la extracción de estos; y hasta la exportación de lana que se hacía por Tortosa, fué gravada con seis dineros por arroba. Se gravaron los paños, la (]uiii- callería y hasta la madera. La extracción de oro y plata y piedras preciosas también sufrió el gravamen, hecha excepción de la moneda que de retorno sa- casen los abastecedores de carnes y cereales. A costa de tamaños sacrificios pudo llevar triunfante el pendón de Valen- cia aquel rey batallador: ese pendón en pos del cual aún alcanzamos á ver los de los gremios, demasiado generosos para recordar las pérdidas que se impu- sieron por las glorias de aquel, pues al paso que contribuían á coronarle de lau- reles, se encadenaban á sí mismos con trabas inspiradas por las más erróneas doctrinas. Otras disposiciones acordaron las Cortes á fin de reglamentar y pre- venir la comisión de fraudes: con las que aumentaron las trabas que sufria la industria, víctima segura casi siempre de los impuestos. No corresponde á este escrito, ni siquiera el recuerdo de las causas que produjeron en 1519 la conmoción conocida en este reino bajo el nombre de la Gemianía, coetánea á la de las comunidades de Castilla, temible en episodios y más desastrosa aún en resultados; pero no puede dejarse de mencionar la muy activa parte que en ella tomaron los artesanos, y la celebridad que alcanzaron sus casas gremiales como punto natural de sus reuniones. La industria pública, bajo el reinado de los reyes católicos, había llegado á un notable grado de pros- peridad, merced á la paz que se disfrutaba y á las sabias disposiciones que regían; habiendo abierto el descubrimiento de las Américas un vasto campo al consumo y exportación, por más que muy luego no fueran sus efectos tan beneficiosos como pudieran haberlo sido. Una crónica particular de Morella acerca de la época de la Gemianía, escrita á raíz de los sucesos, describe con bellas y apa- sionadas frases el floreciente estado de la ciudad de Valencia antes de estallar aquellos, y reflejan el benéfico influjo del reinado de Fernando T é Isabel, con- 250 REVISTA DE VALENCIA. cordando exactamente con las aseveraciones que de otros puntos hacen, en es- pecial las ilustraciones ó memorias de la Academia de la Historia. Reproduci- mos con gusto este párrafo, traducido del manuscrito original, que se conserva de la citada crónica, "En el año 15 IQ, después que el católico, prudentísimo y virtuoso rey Don Fernando, de perpetua y gloriosa memoria, hubo muerto y pasado de esta vida á la de la gloria, hallábase la ciudad de Valencia próspera y populosa, decorada de infinitos hombres de saber, así en Sagrada Escritura como en leyes canónicas y civiles, y en todas las artes liberales, ennoblecida por gran número de ilustres caballeros, honrada por multitud de ciudadanos, dotada de muchos y abonados mercaderes, surtida de muchedumbres de menestrales, y poblada de infinitos la- bradores; por razón de la mucha paz y reposo que por más de cien años disfru- taba, haciéndola rica y ñoreciente, tanto, que por una de las más bellas y prós- peras del mundo era tenida,,, De cierto puede señalarse aquella época como la de mayor apojeo de la industria valenciana: á ella corresponde la fecha de la adquisición de muchas de las casas gremiales, pues los principales gremios, con pocas excepciones, tenían casa con capilla propia, donde se reunían para tratar los asuntos comunes y el buen régimen del oficio. Data de aquel período la concesión de algunos privile- gios relativos á acopio de las primeras materias, tales como la separación de píeles en el matadero para los curtidores, el de la provisión del carbón para los herreros y plateros, y otros que, unidos á la obtención de honores y patronatos eclesiásticos, y á la administración de algunas obras pías ó fundaciones, dejadas á cargo de varios gremios, venían á elevar á cualquier menestral en el ejercicio de la clavaría ó mayoralía al nivel del más encumbrado personaje, reportando del uso de estas prerogativas indudables beneficios á la clase de los que las ejercían. La veraz descripción, copiada arriba, pudiera tener por irrebatible compro- bante la relación numérica de los componentes de cada gremio, á que el historia- dor Víciana alude en su cuarta parte de la Crcniica de Valencia, refiriendo haberla incluido en la primera; pero el lamentable estado de extravío de esta no permite utilizar tan precioso dato. Al ocuparse de los gremios en la época de la Gemianía, era, dice, mayor el número, como puede verse en la primera parte: no obstante, hecha la convocación para armarse, en consecuencia de la real carta que les fué dirigida por D. Carlos I desde Barcelona, á 25 de Noviem- bre de 1519, los clavarios de peraires, que se distinguieron por su insistencia, y otros oficios, representaron que seria mejor organizarse por parroquias y con caballeros por oficiales, pretensión (jue el gobernador rechazó, á pretesto de que estos debían ir con el pendón real (l). \\\ \lciana. Cuart.i parte de la Crónica de Valencia, LOS GREmOS DE VALEKCIA. 25 1 Por esto procedieron á hacer elección de capitanes, y según el autor antes citado, el número de individuos de cada gremio que concurrió fué: 1 1 1 del arte de la seda, 85 peraires, 61 panaderos, 58 tejedores de lana, 49 albañiles, 4:, aluderos, 47 zurradores, 48 sastres, 48 herreros y cerrajeros, 35 curtidores, 32 tundidores, 3l terciopeleros, 28 sogueros, 23 colchoneros, 12 zapateros, 10 esparteros y 9 colcheros. Más adelante cita el mencionado autor á los capo- teros, que parecen ser los capucheros ó capuceros, más generalmente conocidos bajo esta denominación. Estos son los primeros datos numéricos que se encuentran para apreciar el desarrollo y acrecentamiento de las clases manufactureras, y no de una manera exacta, sino aproximada; porque no puede concederse, vista la disparidad entre- unos y otros oficios, que rigurosamente concurrieran todos sus individuos á aquel acto. Hábiles aparecen ya en política los peraires, que quisieron envolver en su causa á las clases elevadas, cuando pedian se les diesen caballeros por oficiales; además de que pudo tener por motivo la circunstancia de no reconocerse peritos en el arte militar. Mas ello fué, que los gremios de Valencia pusieron en pié de guerra 40 banderas con 8.000 hombres, que hicieron un vistoso alarde , según en aquellos tiempos se llamaba á lo que ahora una revista en gran parada y desfile, el dia 23 de Febrero de 1520, en el Llano del Remedio, delante del Cardenal Adriano, legado en estos reinos del Emperador, dando una patente muestra de su importancia y poderío. El lujo con que se equiparon también fué notable, pues se lee en la Crónica de Mor ella al hablar del botin que se recogió de la batalla de Murviedro, adversa á los de la Gemianía, que algunos llevaban calzas de más de 10 ducados, valor que se tenia por excesivo para esta prenda de vestir. Además del armamento individual, fundieron los gremios varias piezas de artillería, que aunque se supongan equivalentes á las de campaña del dia, nos cercioran de los medios de que disponían, y revelan los recursos de imagina- ción y actividad, tan propios del carácter del país. Vencido aquel movimiento y castigados sus caudillos de una manera ejem- plar, volvió el reino de Valencia á recobrar su tranquilidad, si bien llevando á sus talleres los alucinados artesanos, en vez de la satisfacción del triunfo, la pesadumbre del vencimiento. En un impreso contenido entre las colecciones de D. Gregorio Mayans {\), acerca de las excelencias de las cofradías, vemos, dice, sustituido el nombre de estas al de gremios; pero que el príncipe precauteló el riesgo á que dieran motivo, prohibiendo las sospechosas y modificando las lícitas. y Carlos I mandó que se deshiciesen todas las cofradías de oficiales, á nuestro (1) Papeles varios de D. Gregorio Mayans y Ciscar. T. XXI, infolio. Traslación de cofradías, por D. Juan Antonio de Quirós. Madrid, 1740, 252 REVISTA DE VALENCIA. entender en Castilla, aunque tuviesen confirmación suya ó de los reyes sus ante- cesores. Ya D. Alonso el Sabio y D. Enrique IV habian providenciado igual diso- lución en sus tiempos, y hasta Francisco I hizo lo mismo en Francia por medio de un edicto. Pero en el reino de Valencia subsistieron los gremios, y no se les menoscabó ninguna de las prerogativas que venian disfrutando. Escolano, que escribió en 1609, posterior á la prohibición de Carlos I y no tan distante de la época de las Gemianías ni de la impresión que de sus sucesos debia conser- varse en el país, dice (l) que eran permitidas estas cofradías de los oficios para mayor aumento y mejora de las artes mecánicas, que se alcanzan por medio del concurso de muchos; y contra el peligro de las maquinaciones está el haber de celebrar las Juntas con asistencia del gobernador. El Padre Madariaga, en su obra titulada del Senado y de su Principe, que publicó en el año 1617, "júntanse, pues, dice, los oficiales mecánicos, muchas veces con licencia del gobernador y asistencia de su alguacil, paia sus cosas particulares, y en especial para examinar los mancebos de su oficio, y repro- barlos ó darles el magisterio, sin lo cual ninguno puede, por sí solo, abrir puerta y poner tienda, ni ejercitar públicamente su oficio como perito en él. También para tratar de sus fiestas particulares, que cada oficio hace á su Santo Patrón con gran solemnidad, y toda la iglesia colgada de ricos paños de seda y brocados, y en medio su estandarte de damasco . „ En 1581, fecha bien inmediata á la época de la Gemianía, vuelven á verse solemnemente especificados los gremios que existían en el acta de elecciones para el Consejo general, hecha en 5 de Junio (2), y de ella resulta que se habian elevado á 3g el número de los gremios reconocidos. Eran estos, según el orden en que aparecen, los siguientes: Notarios, Pañeros, Peraires, Plateros, Curtidores, Sastres, Terciopeleros, Zapateros, Carpinteros, Armeros, Pellice- ros, Boneteros, Herreros y Cerrajeros, Tejedores de lino, Tejedores de lana, Brumaters (capuceros), Correjeros y Cinteros, Sogueros, Aluderos, Corredo- res de oreja, Flaquers (panaderos), Chapineros, Zurradores, Cuberos, Alpar- gateros, Canteros, Albañiles, Molineros, Labradores, Tintoreros de seda. Tin- toreros y Bolseros, Sombrereros y Cordoneros, Calzateros, Roperos, Corredores de cuello, Carderos, Bavoners ó Colcheros, Caldereros y Trajineros. La comparación de esta lista con la de 1283, hace notar un aumento de 18 gremios: que dejan de tener representación oficial los mercaderes, marineros, cortantes, pescadores y barberos; y la adquieren á su vez los pañeros, tercio- peleros, boneteros, tejedores de lino, tejedores de lana, capuceros, sogueros, flaquers ó panaderos, chapineros, zurradores, cuberos, esparteros, canteros, (1) Decadas de Valencia, primera parte: col. I034. (2) Manual de consejos. Archivo del Ayuntamiento, núm. 64. LOS GREMIOS DE VALENCIA. 253 albañiles, molineros, tintoreros y bolseros, sombrereros y cordoneros, calzate- ros, corredores de cuello, bavoners ó colcheros y trajineros. Este gran número de nuevas industrias y de gremios establecidos patentiza el creciente desarrollo y la importancia que en el trascurso de 248 años habian conseguido. Así, de los 21 gremios de 1283 se eliminaron 5, y con 23 que tuvieron ingreso en el Consejo general, resultan 39 gremios existentes en 1581 (1). (1) En el libro Manual de Consejos y Establecimientos, núm. 64, existente en el Archivo del Excmo. Ayuntamiento de esta capital, se lee la siguiente acta, que vertimos al castellano: "Dicho dia lunes, 5 del mes de Junio del año déla Natividad del Señor, 1534. Los ma};- nificos mossen Juan Guillelmo Cátala, generoso; D. Miguel Jerónimo Berenguer, ciudadano; mos- sen Jerónimo Pelegrí, generoso; D. Tomás Ribot, D. Francisco Tagell y D. Jerónimo Blay, ciu- dadanos. Jurados, en el presente año, de la insigne ciudad de Valencia; D. Honorato Benito Vidal, ciudadano racional; D. Tomás Dassic, Sindico de la misma ciudad; micer Francisco de Artes, abogado, y D. Jaime Benito Ximeno, notario-escribano de dichos magníficos Jurados y Consejo de la referida ciudad, reunidos en la sala y cámara de Consejo secreto de la misma, para hacer elección y nombramiento de las diez personas de los oficios, maestros y pro-hombres que en unión de ellos habrán de elegir los consejeros de los oficios de la mencionada ciudad, para el presente año, incontinenti y aquí mismo eligieron las diez personas y pro-hombres siguientes: Bartolomé Trullols, bonetero; Antonio Cassio, tintorero de seda; Juan Vilaplana, colchonero; Gabriel de Castro, tundidor; Juan Starti, cintero; Baltasar Masip, cordelero; Andrés Figuera, zapatero; Antonio Ribes, panadero; Mateo Quintana, tapinero; Alonso Rodríguez, espadero. Incontinenti habiendo hecho comparecer los dichos diez pro-hombres, y habida relación de los vergueros de que habian convocado á todos los mayorales y maestros de los oficios para dicha hora; los expresados magníficos Jurados; Racional, Abogado, Síndico y Escribano pro- cedieron á hacer elección de consejeros á los pro-hombres siguientes: esto es, — Por los Notarios, Bartolomé García, Onofre de Cas. Pañeros; N. Moragrera, Juan Derro. Peraires; Miguel Collado, Juan Aguilar. Plateros; Fernando de Tapia, Bartolomé Palldellos. Curtidores; Juan Ferrer, Domingo Palacio. Sastres; Arnaldo Guarcin, Juan Martínez, Jubonero. Terciopeleros; Juan de la Parra, Jerónimo Balaguer. Tundidores; Fernando Sancliment, Juan de Tuesta. Zapateros; Juan Miniu, Martin Guilles. Carpinteros; Juan Martí, Juan de Silla. Armeros; Miguel Pelegrí, sillero, Miguel Juan, espadero. Pelliceros; Martin Navarro, Beltran Navarro. Boneteros; Ber- nardo de Belloch, Pedro Ferrandis. Herreros y cerrajeros; Cosme de Niedes, cerrajero; Juan Despeyta. Tejedores; Juan Danda, tejedor de lino; Martin Gomís, de lana. Correjeros y cinte- ros; Tomás Domenech, cintero. Rodrigo de Carreres, correjero. Cordeleros; Tomás Veziedo, Miguel Francés. Aluderos; Luis Gazó, Antonio Cruafies. Corredores de oreja; Miguel Lidó, Galceran Ginestar. Panaderos; Pedro Zapena, Francisco Ribera. Tapineros; Juan Benapres. Pedro Menau. Zurradores; Pedro Moragues, Narciso Martí. Cuberos; Domingo Chorro, Antonio Soriano. Esparteros; Juan Ferrer, Francisco Terrasa. Canteros; Pedro Villanova, Nicolás Belloch. Albañiles; Miguel Moscardó, Juan de Játiva. Molineros; Pedro Ferrandis, Gaspar Cor- der. Labradores; Juan Borras, Juan Rastojo. Veleros; Bartolomé Soler, Luis de Valencia. Tintoreros de seda; Luis Alvarez, Francisco Morell. Tintoreros y bolseros; Martin Alegría, Jerónimo Muñoz. Sombrereros y pasamaneros; Andrés Sancho, sombrerero; Alvaro Carmona, pasamanero. Calceteros; Antonio Usón, Jaime Vidal. Ropavejeros; Gabriel Cordero, Amador de Liñan. Corredores de cuello; Francisco Llobregat, Juan Peña. Sogueros; Niguel Stria, Juan Ruíz. Colcheros y colchoneros; Antonio Salvo, Pedro Castillo. Caldereros; Pedro Navarro, Pedro Pau- sa)io. Trajineros. Fueron testigos de dichos actos, los honorables Pedro Lober, notario, y Jerónimo Iborra, verguero de los magníficos Jurados, habitantes de Valencia. J54 REVISTA DE VALENCIA. Hacia 1Ó56 todavía existían como aprobados 33 de estos gremios, pues se componía el Consejo general de 1 32 individuos de las clases siguientes: 6 caballeros, 4 ciudadanos, 2 notarios, 2 comerciantes, 66 de oficios mecánicos á razón de dos por cada uno, y 48 por las doce parroquias, á cuatro por cada una de ellas (l). De aquí adelante, las fiestas centenarias ó algunas solemnidades públicas, de que han quedado memorias impresas, suelen expresar, aunque no todas, el número de maestros é individuos de cada gremio que concurrían á la festividad, como único dato, aunque no rigorosamente exacto, de los compo- nentes del gremio. Obsérvase que los más numerosos eran los zapateros, que llegan á 350, los sastres á 260, y los peraires, á 120; y las de menor número los tundidores y los cuberos. Treinta y cinco de los gremios reconocidos en l53l, aparecen al solem- nizarse en 1655 el segundo siglo de la canonización de San Vicente Ferrer: délos 36 que por la esterilidad de los tiempos se habían podido conservar, al decir de Váida (2), solo concurrieron 22 á las fiestas por el decreto sobre la Concepción en l663; y si bien cuatro años después de las fiestas seculares, de Nuestra Señora de los Desamparados llegaron á figurar 38, algunos eran de aparición actual ó eventuales, sin tener organización autorizada en forma. La más moderna y autorizada relación de gremios subsistentes es la rela- ción y explicación históricas de la procesión del Santísimo Corpus en Valen- cia, impresa por el Ayuntamiento de la misma en 18 17; solo figuran 25 gre- mios, habiéndose extinguido ó desaparecido los tundidores, tejedores de lana, los de lino, cuberos, pescadores, albañiles, veleros, sombrereros y 5 de los formados en 17Ó7. Estas disminuciones siguieron en aumento; y de la multitud de gremios que se esmeraban en concurrir á las solemnidades públicas, en 1855, á pesar del popular motivo de celebrarse el IV siglo de la canonización de San Vicente Ferrer, solo lo verificaron 10, y 11 en el reciente centenar de la Virgen de los Desamparados. Estas alternativas en las concurrencias púbUcas pudieron acaso originarse de algún desacuerdo ó rivalidad, y no deben apreciarse sino como base aproxi- mada para deducir la situación relativa de los gremios; y siendo confuso abarcar- las en general, el lector podrá establecer las comparaciones oportunas según las cifras de que se hace mención en los artículos respectivos. El aumento y disminución del número de gremios, en especial los que no tienen por objeto la producción de artículos de uso común y constante, se ha subordinado á las influencias de la voluble moda, haciéndola sentir á las indus- trias, nacidas ó muertas al caprícho de sus veleidades. No debe, pues, extrañarse (1> Váida. Fiestas en Valencia por el decreto sobre la Coucepcioii. (2) Matheu y Sanz. Trat. de la celebración de Corles. LOS GREMIOS DE VALENCIA. 255 que para la confección de objetos especiales, que la moda creara con pasmosa fecundidad, y más tarde desterrados por otros ó por la reforma de los trajes, nacieran otros tantos gremios, cuyo apojeo se marca en la época del uso de determinadas prendas, ni que se desarrollasen en grande escala y representasen la existencia de intereses de consideración, como revelan los gremios de cha- pineros, capuceros y otros que desaparecieron mucho há. Actualmente d frágil abanico, desde su ínfimo precio de algunos ctMitimos hasta el costoso recamado de plumas, miniaturas y acaso piedras preciosas, es creador de capitales fabu- losos que se han visto figurar por millones, gracias á lo generalizado de su uso y á la fragilidad de su materia, favorecedora del consumo. Desde antiguo los Jurados de Valencia, á quienes, como se ha visto, com- petía la organización y régimen de los gremios, bien por designarlos, bien por tener establecido como debian elegirse, celaban que de cada oficio hubiese dos ó más peritos ó vehedores, que intervinieran en las reclamaciones referentes á la fabricación ú obraje de cada gremio; por eso juraban en poder del almotacén antes de ejercer su útil cargo; y esta prudente Umitacion evitaba así que el público se erigiese en juez, como que se confiase á la prueba del consumo la bondad de los géneros ú objetos, ó la pericia del fabricante. Graves perjuicios irrogaron á la industria los errores económicos que preva- lecieron en ciertas épocas enlos poderes públicos, y que de las Cortes de Castilla trascendieron á las de Valencia. Elocuentemente lamentan las Memorias de la Academia de la Historia la decadencia de la industria y producción nacional, que resulta de la comparación del reinado de los Reyes Católicos con el de Car- los I y otros sucesivos. Mayor detenimiento merecería tan interesante extremo, y nos es sensible no poder ampliar con relación á él esta Memoria; pero de una parte, el frecuente caso omiso que las más ilustradas obras escritas en Cas- tilla hacen de Valencia, aunque descienden á especificar minuciosidades de alguna localidad de aquella tierra, y de otra la absoluta falta de documentos á á que referirnos, nos vedan aventurarnos á un debido examen. Volviendo con este propósito á los actos de Cortes, y en especial á los de las celebradas en Valladolid el año 1548, se halla la petición de que, para abaratar los trajes, se permitiese la introducción de ropas extranjeras, sin tener en cuenta que lo subido del precio lo causaba en general en España la abun- dancia de oro y plata venido de América, y la despoblación. Se prohibióla fabricación de paños más finos que el veinticuatreno, conminóse con penas de destierro y pérdida de bienes á los que mejorasen su calidad, y además con otras á los que pusieran en los géneros, especialmente de lana, su nombre, armas ó señal, para que del crédito ó buen nombre de la fábrica no se encare- ciese: disposiciones enemigas, ó maliciosas ó estúpidas, exclama el ilustrador de la Academia á este propósito. Si las fábricas castellanas se resintieron de_tan 256 REVISTA DE VALENCIA. erróneas medidas, no es de suponer que las de Valencia, sometidas á la acción de igual influjo, pudiesen prosperar, á pesar de que los pueblos del campo de Calatrava (í), poniendo -el grito en el cielo, lograron que se alzase la prohibi- ción en 1552; pero con sujeción á mil trabas, hasta la de preceptuar la compo- sición de los tintes. Todavía en el mismo año, á pretexto de abaratar el género, lo estancó más la prohibición de extraer paños finos ni cosa hilada de lana, ni aún esta cardada ni teñida para hilar. "Desde entonces, la Academia habla, las labores de lana, mortificadas ya de antemano con numerosas reglas, des- alentadas nuevamente con la reducción de la moneda y oprimidas con el alto precio de los jornales, que no se trataba de remediar, hubieron de decaer y correr rápidamente á su ruina.,, "¡Cuánta diferencia entre las máximas del nieto Carlos I y las de la abuela Isabel 1! Esta mandaba en 1491 que los mercaderes extranjeros que introduje- sen géneros en los dominios de Castilla, llevasen forzosamente los retornos en frutos del país. Carlos I mandaba en 1552 que los mercaderes nacionales que extrajesen lanas se obligasen á introducir de retorno géneros extranjeros. Isabel prohibía la introducción de seda extranjera: Isabel fomentaba el aumento y reproducción de los efectos de la industria: quitaba á esta las trabas que la entorpecían, y Carlos encadenaba y sofocaba la que encontró formada por el cuidado y esfuerzos de Isabel.,, "Pero las Cortes de 1555, en sus peticiones, hijas de la concurrencia casual de procuradores más instruidos en los verdaderos intereses del Reino, ó la experiencia de los males originados por tan desastrosas disposiciones, expusie- ron principios más luminosos, tales como la ampliación del mercado favorece la producción, y la abundancia de artefactos, que es causa natural de la bara- tura. En Castilla eran ignorados y hasta contradichos públicamente estos prin- cipios en aquellos tiempos.,, Este destello brillante como al ocaso del rey Emperador, de larga y glorio- sísima carrera, no fué bastante á iluminar más felizmente el del tétrico Felipe II su sucesor. El sistema siguió siendo el mismo: intervención continua, reglamentos y restricciones siempre contrarias á los verdaderos principios de una justa pro- tección á la industria. Para restringir el lujo, tan favorable en cierto grado al desarrollo de aquella, dictó este monarca su pragmática de 1600, en la que recordando la ineficacia de las expedidas desde 1563, uniformó á los españoles con el severo traje negro de su época, prohibiendo que persona alguna osara vestir de brocado ni se hiciese tela alguna de labor, salvo la destinada para el culto. Otro aconteci- miento sobrevino á poco de esta disposición á recabar el nada próspero estado (1) Clemencin. Memorias de la Academia de la Historia. Tomo VI, pág. 287. LOS GREMIOS DE VALENCIA. •_'57 de la industria. Este fué la expulsión de los moriscos, que tanto influyó en el reino de Valencia, llevada á efecto, aunque bajo otra política idea, en 1609; y si bien habitaban en lo general los lugares de señorío, y su principal ocupación era la agricultura, con todo este ramo y la despoblación (pie sufrió el país con la emigración de las familias de aquellos, perjudicó notablemente el consumo v la producción. Arrastrando una existencia deplorable y soportando los desastres de los reinados de los Felipes, las industrias valencianas solo se encuentran citadas en las disposiciones legislativas para imponerlas subsidios ó trabas, contrarias á su desarrollo y fomento, ó concurriendo á festejos públicos, donde expendian grue- sas sumas en contra de sus interés comunes y particulares. Bajo tan precaria situación vieron llegar la época de la extinción de la dinastía de Hapsburgo con la muerte de Carlos II. Para desgracia del pais, en la guerra de sucesión de 1700 vino á sentar sus reales en Valencia el archiduque de Austria, tomando el título de Carlos lll: circunstancia que atrajo á él todo el rigor de las armas coaligadas, para que á su triunfo en los campos de Almansa y al incendio de Játiva, siguiese la aboli- ción de los fueros y un cambio radical en la gobernación de la ciudad y reino. El influjo de este acontecimiento en la suerte de los gremios, era consiguiente, Mal repuestos de los perjuicios de una errónea legislación y de los desastres de la guerra, vieron deshacerse la antigua organización, á cuyo amparo venían exis- tiendo siglos habia. Faltáronles los Jurados y los pro-hombres para entender en su régimen y gobierno. La intervención de autoridades nuevas y la variación de atribuciones, así como el origen bastantes veces extranjero de los que las des- empeñaban, y la preponderante opinión del Consejo de Castilla, produjeron unas uniformes ordenanzas, con levísimas excepciones, para casi todos los gre- mios que sintieron la necesidad de reorganizarse de nuevo, y aunque dadas bajo la respetable forma de cédula real, sus términos, su prolija reglamenta- ción y su ostentosa publicación por pregón público, á son de timbales y clari- nes, más que como privilegio, pudiera tomarse como una condena á vigilan- cia perpetua. Las primeras ordenanzas en esta forma expedidas y publicadas fueron las del Colegio y arte de torcedores de seda, dadas por D. Felipe V (IV de Valen- cia) en Sevilla á 9 de Mayo de 1732, y las últimas al gremio de maestros de coches y carros porD. Carlos IV en 22 de Octubre de 1807. Estas ordenanzas confirmaron por lo general las denominaciones oficiales que las agremiaciones tenían, y que establecían justas diferencias en su razón de ser. Así, en Valencia, eran colegios el de plateros, el del arte mayor de la seda y los de fundidores, calceteros, cereros, corredores, tintoreros y torcedores de seda: como gremios se contaban los demás; como arte y gremio el de maestros 17 358 REVISTA DE VALENCIA. de obras: hermandad solo se conocía la de cabañeros, y cofradía la de los "com- panys,, (enterradores). Bueno y aceptable principio es el de que el concurso de muchos contribuye al acierto, segvm lo invoca Escolano; pero en los gremios llegó á representar una connivencia perjudicial al fomento de sus manufacturas; más bien estancaba la industria que la desarrollaba; porque lejos de procurar sacarla de la rutina adoptada como parte elemental, se queria que prosperase, entendiendo por esto la subsistencia del casi monopolio que los agremiados se reservaban para mantenerse todos á una altura de conocimientos. Sin distinción de industria, lo mismo se prescribían cuatro años para el aprendiz de colchonero que para el del arte mayor de la seda ó platero; y por regla general dos años de práctica de oficial para pasar á maestro. Cada uno de estos no podia tener sino un aprendiz, ó dos, á lo más, en algunos gremios, de donde se originaba el ningún aumento de talleres, y eran nulas la emulación y la competencia, que es el único móvil de los adelantos. Bien merece citarse en elogio de las Cortes de 1842 en Valencia, celebradas por D. Pedro II, en cuyo fuero V, rúbrica III, libro de pactis, á súplica de los jurados y pro-hombres de Valencia, en vista de que los calafates tenian convenido entre sí por ordenanza que fuesen pocos en número y mayor la ganancia, se acordó prohibirlo para fomentar la construcción de bar- cos. Esta concisa lección fué olvidada y desechados sus sanos principios, acaso no más que por estar contenidos en los abolidos fueros. Entre las Sociedades Económicas, que desde su creación en el reinado de Carlos III consagraron sus afanes á la industria, como otro de los ramos sobre que estaban llamadas á velar, sobresale la de Segovia, cuyo digno individuo D. Vicente Alcalá Galiano, en su informe sobre las ordenanzas gremiales en 1785, dio útilísimas reglas para los socios nombrados protectores de oficios, y proponía que no se limitase el número de maestros ni se excluyese de un gre- núo á los hijos de otro; que se fijase en las ordenanzas el buen orden y método de enseñanza por los maestros, y se limitasen á una módica cantidad los dere- chos de examen. También la de Valencia, en un informe dado en l8o6, deseó la corrección de las ordenanzas, diciendo de ellas; "que la inveterada imperfec- ción embaraza siempre los adelantos de la industria.,, Estas indicaciones expre- sadas por tan beneméritos cuerpos, dejan bien caracterizados los defectos de la \iltima organización que se dio á los gremios. En suma, la excesiva restricción les ha sido tan perjudicial como la ilimi- tada libertad. A nada más exactamente puede aplicarse el símil del arbolillo que requiere tutor para desarrollar útiknente una vejetacion vigorosa, Al extremado rigor reglamentario de las ordenanzas, dadas por Reales cé- dulas para casi la totalidad de los gremios en los dos últimos tercios del siglo XVIII, sucedió un período de libertad industrial por efecto del decreto de las LOS GREMIOS DE VALENCIA. 259 Cortes de 8 de Junio de l8l3, que tan solo en dos, pero esencialísimos puntos derogó aquellas. Harto contrariados en sus tranquilos hábitos los industriales, habían respondido como buenos patricios á los sacrificios particulares y colec- tivos que exigió la campaña de 1793 contraía República francesa, y con el ferviente entusiasmo que admiró el mundo, á la gran epopeya del carácter na- cional, la guerra de la Independencia. No busquemos nombres ni clases bajo aquel grito electrizador, que hizo de cada español un soldado y de toda la nación un ejército, sin esperar recluta ni señal para combatir y vencer. Los gremios por este motivo no figuraron como colectividades en aquella época; pero acaso más de un viejo artesano, al verse aludido en este período, revivirá al recuerdo de la parte que sostuv^o en tan heroica lucha, y que vive imperece- dero ornado de los laureles de la victoria. Atónitas las artes de la paz con los horrores de la guerra, acallado por el estruendo bélico el acompasado movi- miento de los artefactos, y toscas y ennegrecidas con el manejo de las armas, las manos antes suavizadas por el contacto de la seda ú otras materias delica- das; el decreto de 18 13 halló á los gremios en diversas circunstancias morales y materiales, para que á la sombra de las libertades que establecía no surgiera la señal de una completa desagremiacíon, por ser aquellas mal interpretadas. Uno de los oficios que más inmediatamente sufrió las consecuencias, fué el de cordeleros, por el desacuerdo que introdujo sobre el disfrute del huerto donde tenían sus obradores, como puede verse en su lugar. El interés de los gremios, al dejar su calidad de corporación privilegiadas y ser convertidas en asociaciones abiertas y voluntarias, debió ser el de mantenerse unidas por el la- zo, poderoso y común á todos sus componentes, de la industria que profesaban y sobreponer el interés de esta á todos los suyos particulares; unidos bajo este concepto hubieran indudablemente podido más en todos conceptos, y aban- donando el rutinarismo, que era su teoría y su práctica, aplicarse de consuno á adoptar los adelantos que por todas partes se les ofrecían. Pero se arredraron ante la idea de la competencia, mal preparados como se hallaban para com- batirla, y la indolencia, hija del esclusívismo, hízoles rendir el necesario tributo á los que más osados ó con mejor fortuna se utilizaron de la reforma. Los vaivenes políticos sobrevenidos desde entonces en España, influyeron sensiblemente en los restos de las corporaciones de que nos venimos ocupando. y por consecuencia en las industrias que eran su objeto. Los históricos gre- mios de Valencia dejaron de tener existencia oficial; por más que de reciente y no por cierto como medio de favor, sino para repartirles el subsidio industrial se haya tenido que recurrir al sistema de agremiación. Entregada la industria á la regulación producida por el consumo, que busca las más veces lo barato an- tes que lo bueno, sus adelantos no han correspondido á las esperanzas, mayor- mente cuando se relaciona con las importantes cuestiones de exportación •') 200 REVISTA DE VALENCIA. importación, y otras de índole complicada y extraña al limitado objeto de este bosquejo. Una curiosa noticia, publicada por la Sociedad Económica en 1793 acerca de la producción y estado de las tábricas del Reino de Valencia, según datos relativos al año 1791, arroja alguna luz para nuestro propósito, aunque se con- creta poco en lo referente á la capital. Esta figura en primer lugar en cuanto á la fabricación de toda clase de sederías, fajas, curtidos, cordelería, alpargatas y espartería, y en algunos otros artículos, y en tercer lugar respecto á la indus- tria de paños. El importe general de la producción se calculaba en aquel entonces en sesenta y cinco y pico millones de reales anuales. Una publicación de modesto aspecto, pero rica en datos, para la marcha de la industria, con el título de Boletin enciclopédico de la Sociedad Económica de Amigos del Pais, revelaba hace pocos años el celo con que esta corporación correspondia ásu dictado y los notables adelantos industriales del país. Seria necesario reproducir páginas enteras del citado impreso para darlos á conocer todos, por lo que limitándonos á indicar donde se hallan relacionados más por extenso, haremos tan solo referencia á los premios concedidos por la Sociedad en 1847 por consecuencia de la Exposición trienal que según el reglamento entonces vigente celebraba. En dicho concurso se dieron oficios de gracias al ramo de tejedores de lino por la finura, limpieza y economía; en el de seda al hilado eu frió y los adelantos en todo género de tejidos; en el de campaneros y fundido- res á la introducción del metal Packfong, y se premió con medalla de plata la fabricación de pianos, arpas y guitarras, ramo de ebanistería, de plateros, cor- deleros, guanteros, guarnicioneros, sombrereros y los de paja, á vuelta de un sinnúmero de otras industrias de nueva creación, y que por no ser objeto de los gremios comprendidos en esta Memoria, se omite mencionarlas. Raro, ó casi ninguno, dejó de exponer productos de su obraje en la notable Exposición regio- nal con que la Sociedad celebró en 1867 el segundo centenar de los Desam- parados de una manera útil al país; y que á diferencia de las relaciones de fies- tas de otras ocasiones, si no coloca en orden procesional las corporaciones, exhibe los productos de sus respectivas industrias en un concurso público, ver- dadero palenque de la rivalidad y adelanto de los antiguos agremiados. Por un medio, si no oficial, al menos verídico y curioso, puede seguirse observando las vicisitudes de los gremios, y hasta venir en conocimiento del número de sus individuos, en las numerosas fiestas con diversos objetos que se han celebrado en esta ciudad y en las que hacían un alarde de sus posibles y de la religiosidad y amor patrio, que siempre les ha distinguido. La concurrencia de los gremios á estas solemnidades data desde 1855, le- yéndose expresamente en el Manual del Consejo general del año 1872, que adoptaron ciertos colores para sus divisas, con motivo de las fiestas á que habían I.OS GREMIOS DE VALENCIA. 1^61 fie asistir, y desde aquella época á la presente se ha venido observando esta prác- tica en cuantas solemnidades ha tenido lu^^ar, como individualmente nos pro- ponemos expresar en los artículos sucesivos. Los impresos que se conservan de las relaciones de las fiestas indicadas, incluyen por lo general hasta los dibujos de los carros de triunfo y los altares que levantaban los gremios, dando la medida de su próspera situación y riqueza Los más minuciosos autores de estas reseñas lo son D. José Ortí y Mayor y D. Francisco de la Torre, en las fiestas del 5.° centenar de la Conquista, y del 1." de la instalación de la Capilla de los Desamparados, donde figuraron apro- ximadamente dos mil menestrales, enumerando cuantos individuos concurrieron á ellas de cada uno de los gremios fl). Todavía en algunas procesiones ó solemnidades públicas se ven en Valencia delante del acompañamiento, y conducidas por hombres jóvenes , con extraordi- nario alarde de equilibrio, unos grandes pendones: otros más provectos, cojidos al extremo de largos y adornados cordones, que penden de lo alto del asta ó mástil en que está enhiesta la tela, ayudan á equilibrarlo, y delante marcha un dulzainero, acompañado de su indispensable tamboril. El observador curioso aplaude ó rie como los demás espectadores del éxito de la habilidad del equili- brista, y apenas consigue saber sino que aquellas son las banderas de los gre • mios: frase con que se satisface mal su curiosidad , y distraída la imaginación con otros objetos que las siguen, olvida el incidente sin más consecuencia. Esos grandes pendones, impropiamente llamados banderas, son las enseñas seculares de las industrias del país; la música indígena que las precede es un le- gado de los árabes, sus antiguos dominadores; algunos atributos, por lo regu- lar bordados en el paño, revelan el objeto de la profesión; se enlazan con las imágenes ó insignias religiosas colocadas en la cima del asta, y hace descender la imaginación á contemplar á su pié un grupo de honrados artesanos, dignos por muchos conceptos de la pública estimación. Su presencia en tales actos es un epítome de la historia provincial, y bien pueden ufanarse del lugar en (iiie van y de su significación en él. (1) Asistieron 120 peraires, 24 curtidores, 230 sastres, 16 fundidores, 230 zapateros 2o cal- dereros, 24 armeros, 200 carpinteros, 30 herreros, 24 cerrajeros, 40 tejedores de lana, 40 de lino, 40 correjeros, 40 sogueros, 30 zurradores, 12 cuberos, 60 esparteros, 220 albafiiles y pes- cadores, 48 molineros, 60 cortantes: 30 horneros, 50 veleros, 24 guanteros. 24 sombrereros, 130 pasamaneros, 20 roperos, 12 colchoneros, 20 caldereros, 34 cesteros y peineros, rx) cajeros, 30 albarderos y 48 chocolateros. El número de industriales, según los datos de la Administración de Hacienda de 1869 á 70 para la contribución son los siguientes; Peraires, 6: curtidores y fundidores, 20: sastres. 62: za- pateros, 119: caldereros, 13: armeros, 9: carpinteros 97: herreros y cerrajeros, 65: tejedores de lana, 6: de lino, 21: correjeros y guarnicioneros, 13: sogueros, 25: zurradores, 8: cuberos, 12: esparteros, 25: cortantes, 96: horneros, 56: guanteros, 5: sombrereros, 24: pasamaneros, 4: 'opc- ros, 26: colchoneros, 1: albarderos, 19. ■j(32 REVISTA DE TALENCíA. Como se ha visto, los gremios de Valencia tuvieron una parte muy esen- cial en el gobierno de la ciudad, y natural era que al acordar su respetable Con- sejo general sus solemnidades, no olvidase ninguna de las clases que lo com- ponian, para hacerlas concurrir todas y cada una en su importante significación colectiva é individual. Lo más remoto acerca del uso de estas insignias se halla consignado en una nota de noticias del caballero Mosen Francisco Juan, en el año 1892, que dice (1): "En la entrada del señor rey D. Juan I y la reina Doña Violante salie- ron los oficiales de la ciudad y los oficios con las fiestas, bailes y divisas, según se acostumbra en tales entradas. En 1415 ordenó la ciudad que en la fiesta de la princesa bailasen los oficios, y más determinadamente se dice en 1481. La señora reina Doña Isabel, que felizmente reina, vino á Valencia con el señor rey D. Fernando de Aragón y Castilla, y por ser su primera venida se le hicie- ron grandísimas fiestas; fué á la Catedral y al mercado, y concurrieron todos los oficios muy bien vestidos y adornados, con sus banderas y juglares, bailando y regocijándose todos mucho.,, El autor de la relación de las fiestas de la Concepción (2) se expresa en estos términos: "Tienen los gremios para estos lucimientos sus banderas, no de guerra, sino mucho mayores y de diferente hechura. Son todas de damasco y las más de color carmesí; las astas en que las llevan son más crecidas que la mayor pica de guerra: muy ostentosas y ricas, con franjas de oro tirado, con escudos bordados de lo mismo y las insignias del arte. En el extremo llevan las imágenes de los Santos Patronos del gremio; algunos de estos tienen dos banderas, por tenerla separada de los maestros los oficiales, ó los que no han logrado examen, y su número llega á sesenta.,, Las habia también verdes, azules, pajizas y blancas, y su coste era consi- derable, haciéndose en dicha relación men:ion del gremio de esparteros, que gastó más de cuatro mil reales en hacerse nueva bandera, por haber padecido en un incendio la que tenia. En muchas eran de plata las imágenes que se co- locaban al extremo del asta. Otro ilustrado autor (3), ocupándose de la concurrencia de los gremios á la dedicación de la Iglesia de San Cristóbal en 1892, dice á este propósito que se mandó por pregón público acudieran los gremios, y estos se previnieron para salir procesionalmente á la hora que tenían señalada, para la tarde del 10 de Julio de dicho año, y pretende que lo harían con banderas. Orellana, en su (1) Llibre de noticies de la ciutat de Valencia per Mosen Francesch Juan caballer. M. S. exis- tente en la Biblioteca de la Universidad. ^2) Váida, citado anteriormente. (3' Orti. Historia dt-l Convento de San Cristóbal. LOS GKEMlÜo DE VALENCIA. 2i)A obra que dejó manuscrita titulada "Valencia antigua y moderna,, (l), más crí- tico ó porque á no dudar ignoraba lo de la elección de colores para divisas hecha en el año 1872 y el recibimiento de los reyes D. Juan y doña Violante, pues en sus numerosas citas no se vé que traspasara ni se aproximara á esta fecha, contradice esta pretensión, hija de una crédula deducción; y su opinión es admi- sible, además de que hemos visto que hasta 1481 no usaron realmente bande- ras los gremios para tales actos. Según este escritor, y refiriéndose á una de- liberación municipal de 3o de Abril de 1596, hasta el año anterior no se ha- bia establecido que llevasen los gremios en la procesión de San Vicente Fer- rer sus banderas y estandartes: mas no dice que las hiciesen entonces, sino ipie en aquel año 1595 comenzaron á llevarlas á dicha festividad. Más creíble es que, apagado con el trascurso de los años el recuerdo de la activa parte que tomaron los gremios en la gemianía, se encontrase menos opo- sición á que desplegasen en su asistencia á aquel acto toda la antigua ostenta- ción que les era propia. En el orden de precedencia no siempre se ha observado una constante colocación, y esto mismo se nota en el de nombrarles en las actas del Consejo general, bien por interpolarse algunos ó cambio de lugar, y por las segrega- ciones ó acumulaciones de otros. La última regla de ordenación que se ha observado es la marcada en la reseña para la procesión del Corpus, dispuesta en 1815(2), y que está acorde con la antigüedad oficialmente reconocida á cada gremio, según se mencionará en los artículos respectivos. Desde l663 hasta el presente, en todas las solemnidades ordinarias y extra- ordinarias que ha celebrado Valencia, pocas han sido las que el concurso de los gremios no haya realzado notablemente, ofreciendo en algunas ocasiones vasto campo á la fecunda imaginación de sus componentes, para distinguirse en inven- ciones y sorprendentes alardes de regocijo. No obstante su decadencia y amen- guada representación, minadas sus bases esenciales de organización, los más importantes gremios han continuado más ó menos asiduos, concurriendo tal y como desde siglos há venían practicando, á los actos que como de derecho lo verificaban. De algunos, por su extinción, hánse visto vendidas en pública almo- neda sus costosas enseñas , y hechas girones las de otros por consecuencia del uso, son muy contadas las que al presente se conservan. Recientemente, por no poder sufragar el gasto, dejaron de llevarlas á una procesión, siendo fácil que este desuso venga á hacer desaparecer hasta la memoria de su significación. (1) Orellana. "Valencia antigua y moderna.,, M. S. in folio, existente en la Biblioteca de I.1 Universidad. Legó á la misma esta interesante obra D. Luis Lamarca, y en ella hemos visto reco- mendada la idea de que es pequeño ensayo la presente. (2) Relación y explicación históricas de la procesión del Corpus, l8l,'). 2Ó4 . REVISTA DE VALENCtA. Contados son los antiguos gremios que se han reconstituido bajo la legisla- ción actual como asociaciones abiertas y voluntarias. En lo general no ha sido la industria el móvil de su reorganización, sino cuestiones sobre propiedad é intereses los que les han obligado á legalizar su situación, bien para defensa de bienes que poseían, bien para el cumplimiento de obligaciones respetables. Los reconstituidos conservan sus casas gremiales, y algunos más importantes, como la asociación lanera de peraires, la de esparteros, cordeleros y otras, los obra- dores comunes á su oficio, única utilidad que reportan de la agremiación. Pero ésta, en lo relativo al fomento de la industria, ni á producir del concurso de muchos los verdaderos beneficios de una asociación para las mejoras y adelantos que con facilidad podían adoptarse, nada ha conseguido, dejando la enseñanza de su ramo completamente desatendida y encomendada al interés particular. Ciertos gremios, que han realizado, aunque escaso, algún sobrante del pro- ducto de sus intereses, no han descuidado establecer en sus reglamentos artícu- los dirigidos á socorrerse mutuamente, según las existencias que resultasen; pero como estos recursos se han agotado, y las cargas y gastos imprevistos han cre- cido considerablemente, esta benéfica parte de su organización, que también la formaba de la antigua, viene á ser poco menos que ilusoria, y por lo común, ocasionada á graves disensiones. Penoso es á todo amante del país no poder presentar en riiás próspero estado unas sociedades, que por su importante objeto son llamadas á influir en alto grado en la riqueza y prosperidad pública. Humildes relatores de cuanto concer- niente á ellas arrojan vetustos y raros libros, unimos el pasado y el presente de las mismas, embargados por el pesar que produce siempre la comparación del apojeo con el decaimiento, renunciando á toda consideración sobre su porvenir. Nuestro objeto ha sido preparar la reseña histórica de los gremios formados á conse- cuencia de industrias conocidas: esclarecer las que lo eran en épocas remotas, requiere un caudal de conocimientos que estamos muy distantes de poseer; y solo adoptando como punto de partida la conquista de este país por D. Jaime I, y recogiendo los datos esparcidos en muy respetables monumentos, nos lia sido dable reasumir incompletamente el origen, progreso y actualidad de los gre- mios y oficios mecánicos de Valencia, en obsequio á los mismos y á nuestro pais natal. El Marqués de Cruilles, LAURA. FRAGMENTO DE UN POEMA. luNCA lo olvidaré...! La luz postrera De una apacible tarde del estío llluminaba la azulada esfera. A solas con mi eterno desvarío Vagaba yo, del austro á los rumores. Por las floridas márgenes del rio, Y evocando tal vez tiempos mejores Veía hundirse el sol en Occidente, Vertiendo ya sus últimos fulgores, Cuando de un nuevo sol el rayo ardiente Vino á borrar la prematura huella Oue grabara el dolor sobre mi frente. Era ella, sí; la tímida doncella: La que brillaba en el virgíneo coro Como en los cielos refulgente estrella. La del suave cantar, dulce y sonoro: La del rosado labio y tez nevada; La del esbelto talle y trenzas de oro. Mi Laura, en fin; mi Laura infortunada. Que en la edad de los sueños sin medida Voló del bien á la feliz morada. Aquella que en humilde hogar nacida, Surgió, como sirena misteriosa, En el mar borrascoso de mi vida. Aquella que inocente y pudorosa Alfombró de azucenas mi camino. Alimentando mi ilusión dichosa, 266 REVISTA Dk VALENCIA. Y que burlando el fallo del destino. Embelleció mi juventud lozana Con el perfume del amor divino. Contemplando á beldad tar. soberana, Me detuve; y cual astro que fulgura En la aparente bóveda lejana, Pasó ante mí la virginal figura, Y al pasar, incliné mi vista al suelo. Cegado por la luz de su hermosura. La seguí; me miró; creció mi anhelo: Y cuando ya entre sombras, de horror llenas, Tendió la noche su enlutado velo, Aumentando mis ansias y mis penas, Extraña angustia germinó en mi mente, Y oculto fuego circuló en mis venas. Huyó el tiempo veloz; como el torrente Corre impetuoso hacia la mar bravia, Y el arroyo hacia el lago trasparente. Así también, desde tan fausto dia, Hacia una gloria, que alcanzar soñaba, Con férvido entusiasmo yo corria. Pero cuando la fiebre me acosaba, Y el recuerdo tenaz del bien querido Implacable y cruel me atormentaba, Entonces, delirante y confundido. Reñía, en su inquietud, batalla ruda Mi pobre corazón, de amor henchido. Una noche en que el frío de la duda Oprimía con témpanos de hielo Mi medrosa razón, de fé desnuda. Mensajera de paz y de consuelo, Gentil, deslumbradora, apasionada, Y como presa de interior desvelo, La sombra de mi Laura idolatrada Aparecióse á mis turbados ojos, De inefables encantos rodeada. Miróme sin desdén y sin enojos; Y dejando vagar, fija en el viento. I- AURA. 2^Ba*&ccs^<* LA MUERTE DEL RICO... CRISTIANO. Acabo de leer en el número 8.587 de La Correspondencia de "España un cuadro de costumbres francesas , titulado La muerte del rico , y es- crito para El Fígaro por Emilio Zola , cuya pluma, semejante al gan- 3io REVISTA DE VALENCIA. cho del trapero, se dedica á revolver las inmundicias sociales para arrojarlas luefo á la faz de la cultura moderna. En vez de bajar á las cloacas, aquí sube á los palacios, y vestido de frac, corbata blanca y guante del mismo color, con todas las complacencias irónicas del socialista y del incrédulo, pinta en el refe- rido cuadro la vmerie del rico... francés. Dios me libre de decir que la pintura está mal hecha: en la paleta de Zola hay colores abundantes, maneja él pincel con destreza, no falta quien asegura que retrata admirablemente, y nada me cuesta confesar que tiene, por último, más intención que un toro, si posible es que los toros tengan tales cosas. Pero, si la pintura dicha es verosímil, si la muerte del rico francés es el modelo, ¡pobres ricos! y ¡pobre Francia! El Conde de Verteuil, casado con la rubia más hermosa de París, según se dice, vivió con su esposa Matilde seis años con la mayor intimidad, durante los cuales tuvieron un hijo y una hija. Rompieron después todo linaje de rela- ciones, presentándose ante el mundo como enamorados y §iendo solo buenos amigos y egoístas. Al volver de un baile, y cuando empezaba á dormirse, supo la Condesa que su marido estaba indispuesto, y volvió penosamente la cabeza al lado opuesto, mandando que la despertasen al dia siguiente á las diez, por- que esperaba á la modista. El Conde se agrava con toda la elegancia y pulcri- tud del mundo, mientras Matilde come, duerme y pasea á las horas de costum* bre, contentándose con visitar brevemente á su marido. Una noche, el enfermo nota que respira con dificultad: sabe que no verá nacer el nuevo dia. Al entrar la Condesa á hacer su visita ordinaria, le dice simulando una sonrisa: — No salgáis: no me siento bien. Quiere evitar los juicios y la crítica del mundo. La Condesa esperaba este ruego y permanece en la alcoba. Los médicos no se separan del agonizante. Los dos criados prestan sus servicios con su habitual mutismo. Han sido lla- mados los hijos Fernando y Blanca, que se acercan al lecho y acompañan á su madre. Los demás parientes están en una habitación contigua. La mitad de la noche se pasa así, esperando la catástrofe: cumplido el ceremonial, puede el Conde morir, Pero no se dá prisa: parece encontrar fuerzas para evitar una muerte entre Convulsiones, un fin horroroso. Su respiración se oye en la amplia habitación como el ruido de un reloj descompuesto. ¡Es un hombre bien educado que se vá! Y después de abrazar á su mujer y á sus hijos, les indica que se aparten, se inclina del lado de la pared y muere. Entonces uno de los médicos se acerca, cierra los ojos al muerto, y liiego dice: BORRONES EJEMPLARES. 3ll — ¡Todo ha concluido! Razón por la cual se llama con urgencia á un sacerdote de la parroquia para que vele al difunto; se embalsama el cadáver; se expone después, con la frescura y lozanía simuladas de la juventud, sobre el monumental catafalco de la capilla ardiente; se le conduce al cementerio con pompa inusitada; se pronun- cian varios discursos al borde de la gran tumba, de mármol blanco, del finado; canta Fauré en sus funerales, mientras los asistentes arrobados piensan en las noches de la ópera, y durante todas estas ceremonias la Condesa viuda no se ha movido de la mecedora. Continúa entretenida con el cordón de su cinturon; mi- rando al suelo, entregada á pensamientos que, al fin devuelven el perdido color las mejillas déla encantadora rubia. En compendio, e^te es el cuadro de Zola, publicado por El Fígaro de París, traducido por La Correspotidencia de España, y que me autoriza para excla- mar: ¡así mueren los ricos en Francia! En Espaíia, el rico verdaderamente cristiano muere de muy distinta manera, y la mejor refutación que puede hacerse del artículo naturalista de Zola, consis- te en contraponer muerte á muerte y cuadro á cuadro. Empiezo. Don Fernando Fernandez de Córdoba tiene 65 años de edad, aunque pa- rece más viejo; es de pequeña estatura, y está delgado y pálido. Su frente espaciosa y su brillante calva, circuida de canas niveas, dan á don Fernando cierto aspecto venerable, que inspira respeto. Heredero de una gran fortuna, estudió Jurisprudencia y se recibió de abogado con el solo propósito de poder administrar mejor sus intereses. No ejerció nunca, ni quiso ser tampoco gran cruz, diputado, ni siquiera gobernador de provincia. Después de maduro examen para conocer su vocación y de haber estudiado detenidamente las condiciones morales de su futura, casó con doña Carmen Ce- brian de Cifuentes, dama tan piadosa como ilustre. Enamorados recíprocamente de sus almas hermosas y virtudes respectivas, cargaron juntos con la cruz del matrimonio, y convertidos en una sola carne, juntos llevaron la carga durante cuarenta años, juntos y cristianamente educaron á sus hijos, juntos derramaron el bien á manos llenas, y juntos invirtieron en obras pías y de caridad el no pe- queño sobrante de sus rentas. Celosos administradores de los bienes de los po- bres y verdaderos padres de familia, durante su larga peregrinación por el destierro de este mundo, no hubo para ninguno de los dos ni acción perdida, ni momento de huelga. 2j2 revista de valencia. Invadió la viruela el hospital de la población, residencia de nuestro cristiano matrimonio, tomando carácter verdaderamente epidémico y causando defuncio- nes numerosas. El pánico se apoderó de los dependientes asalariados del hos- pital y huyeron todos. Para la asistencia de los enfermos, quedaron únicamente el capellán de ja casa, otros sacerdotes (la clerigalla, como dice Zola en sus novelas inmundas) que espontáneamente acudieron á ejercer su sagrado mi- nisterio, compartiendo con aquel el peligro, las Hermanas de la Caridad y los médicos; pues, aunque por desgracia, muchos de estos últimos carecen de creen- cias relio-iosas, rara vez faltan á los deberes de su profesión humanitaria. Pero dicho personal , aunque escogido , era insuficiente para las atenciones del servicio, y á ñn de llenarlo cumplidamente, se acudió á la caridad pú- blica. D. Fernando Fernandez de Córdoba fué uno de los primeros que se perso- naron en el hospital y puso inmediatamente manos á la heroica obra. El abati- miento se apoderó luego de su varonil ánimo. x\l cuarto dia no pudo más y se retiró á su casa, presa de un frió intenso, que le duró tres ó cuatro horas y al cual siguió un calor muy fuerte, acompañado de náuseas y de dolores de cabeza y ríñones. Cuando Doña Carmen lo supo, no volvió perezosamente la cabeza, ni dio órdenes para la modista, ni pensó siquiera en tales vaciedades y zarandajas; sino que, muerta de angustia, corrió al encuentro de su marido, le desnudó por su propia mano, le hizo acostar y puso en movimiento á toda la casa. Dos dias después, la epidermis de D. Fernando apareció cubierta demanchi- tas rojas, con puntos blancos en el centro, que al sexto dia se convirtieron en granos como guisantes, asquerosos y purulentos. Declararon los médicos que el bueno de D. Fernando padecía una viruela maligna confluente, y la conster- nación se apoderó del ánimo de los parientes, deudos, amigos, subordinados y conocidos del enfermo. No tenia enemigos. Asistíanle personalmente su esposa é hijos, que no se separaban un punto de la alcoba, ni de dia ni de noche, á pesar de las prescripciones facultativas é instancias de D. Fernando. Aquel espacioso dormitorio no estaba colgado de raso, ni de hilo crudo, ni siquiera de cretona. Sencillamente estucadas sus pare- des, el aseo y la modestia eran todo su lujo, y sus adornos un precioso cmcifijo de marñl, de regulares dimensiones, colocado en la pared opuesta á la cabecera de la cama, una pila de porcelana de Sévres con agua bendita y un reclinatorio de ébano. Para evitar el contagio se prohibió terminantemente la entrada en la alcoba á todo el que no fuese de la familia; pero el cariño respetuoso que todos profe- saban á D. Fernando y la gratitud que le debian nuichos, rompieron más de una vez la prudente consigna. BORRONES EJEMPLARES. 3l3 Nada pudo la ciencia contra enfermedad tan repugnante. D. Fernando se agravaba por momentos, y la cariñosa asistencia de su familia servia únicamente para endulzar los últimos momentos del enfermo, el cual, sin excitación de nadie, pidió por sí mismo los santos sacramentos. Su confesor habitual salió de la alcoba, después de haber recibido la confe- sión última de D. Fernando, con los ojos arrasados en lágrimas y edificado en extremo. La parroquia puso en movimiento á todos sus dependientes para ad- ministrarle públicamente el Viático. La procesión que acompañó al Rey de reyes, fué tan devota como lucida. La casa del enfermo recibió á su Divina Ma- jestad, con toda la ostentación y limpieza propias de acto tan solemne. Muchos de los amigos del moribundo penetraron en las habitaciones del enfermo con velas encendidas en las manos, y acompañando al sacerdote hasta la misma al- coba. Mezclados con los individuos de la familia, arrodilláronse en torno de la cama, junto á la cual se habia improvisado un altar con el Cristo de marfil y varios candeleros de plata. Lágrimas de felicidad corrían hilo á hilo por las de- formes mejillas de D. Fernando, mientras recibía el pan de los ángeles con algún esfuerzo. Majestuoso é imponente, á la vez, era aquel silencio, interrumpido tan solo por las oraciones que recitaba el sacerdote, las piadosas exclamaciones de moribundo, los gemidos ahogados de su familia y el chisporroteo de las velas encendidas. ¡Cuántos consuelos prodiga la religión por medio de sus ceremo- nias augustas al alma piadosa y creyente! D. Fernando no cesaba de dar gracias á Dios por el beneficio insigne de ha- berse dignado visitarle en su hora postrera. Su tranquilidad y alegría casi aminoraba el dolor de la atribulada familia, que sin salir un momento de la infestada alcoba, no piensa en el contagio á que se expone, pero sí en la pérdida irreparable que le amenaza. Se aproxima el trance fatal. Su esposa é hijos escuchan entre mal reprimi- dos sollozos las instrucciones y consejos últimos de D. Fernando; reciben de rodillas su bendición; se despiden besándole amorosamente la granujienta mano; ineficaces son los esfuerzos de los amigos para alejarlos de la mortuoria estan- cia; con piedad y conocimiento recibe el moribundo la Extrema-Unción santa, y el sacerdote comienza la recomendación del alma. Recita la letanía propia del caso y añade: "Sal, alma cristiana, de este mundo, en nombre de Dios Padre omnipotente que te crió; en nombre de Jesucristo, hijo de Dios vivo, que por tí padeció; en nombre del Espíritu Santo, que en tí se difundió; en nombre de los ángeles y arcángeles; en nombre de los tronos y dominaciones; en nombre de los principa- dos y potestades; en nombre de los querubines y serafines; en nombre de los patriarcas y profetas; en nombre de los apóstoles y evangelistas; en nombre de los santos mártires y confesores; en nombre de los santos monjes y ermita- 3i4 REVISTA DE VALENCIA. ños- en nombre de las santas vírgenes y de todos los santos y santas de Dios. Descansa hoy en paz y habita en la santa Sion...,, Aquí llegaba el sacerdote, ayudando á bien morir á D. Fernando, cuando éste hizo un movimiento convulsivo, dobló la cabeza hacia el lado en que es- taba Doña Carmen y levantó los ojos al cielo como diciendo: — Hasta la vista en la patria celestial. Y espiró. Así muere el rico cristiano. La casa del difunto D. Fernando Fernandez de Córdoba no se transformó en capilla ardiente, ni su cuerpo fué embalsamado, ni sus facciones aderezadas para que pareciese joven y risueño. Como pertenecía á la venerable orden ter- cera de San Francisco, se le amortajó con un burdo hábito de franciscano, y el cadáver fué depositado sencillamente sobre im paño negro, tendido, en el suelo, cuyas cuatro puntas estaban sujetas por otros tantos candelabros, en los cuales ardían cuatro blandones de cera amarilla. La conducción del cadáver se hizo al día siguiente, sin aparato alguno y con acompañamiento numeroso de todos los pobres y desvalidos de la ciudad. Seo'un terminante disposición testamentaria del difunto, se le enterró en la hoya común, sin que un simple ladrillo recordase el nombre del caballero cristiano, de noble alcurnia y caridad acendrada, que no quiso trasmitir á la posteridad más que el ejemplo de sus buenas obras. De la oración fúnebre se encargaron los menesterosos, cuyos elogios y lá- grimas son más elocuentes que todos los discursos del mundo. La familia del finado invirtió sumas cuantiosas en mandas-pías y sufragios por el alma de D. Fernando, y en los funerales que celebró la parroquia del difunto con pompa religiosa grande, hubo mucho clero, muchas luces, misas rezadas sin cesar, gran concurrencia de asilados y pobres, duelo numeroso, ora- ciones continuas en todos los labios, lágrimas abundantes en muchos ojos; pero, con perdón de Zola, yo no vi allí á cantante alguno de la ópera, ni á músicos de ninguna clase; pues el bendito de D. Fernando, que en vida no ponia los pies en el teatro, tuvo el buen gusto de prohibir la música en sus funerales, ordenando que se celebrasen con asistencia de todas las parroquias de la ciu- dad, pero á canto llano. Para concluir, no diré yo que los ricos no mueren en Francia como murió el Conde de Verteuil; pero sí aseguro que en España los ricos verdaderamente cristianos mueren en el Señor, como murió D. Fernando Fernandez de Cór- doba, que santa gloria haya. EL TERREMOTO DE ORAN. EBEMOs á la amabilidad del ilustrado y erudito catedrático de esta Universidad, D. Antonio Rodríguez de Cepeda, la adjunta curiosísi- ma relación del terremoto de Oran en 1 790. El manuscrito que po- see el Sr. Rodríguez de Cepeda no es original; pero la copia parece auténtica por su fondo y por su forma, y desde luego podemos asegurar que la relación es exacta en todas sus partes, según el testimonio de varias personas de la familia de dicho señor que presenciaron aquel horroroso acontecimiento, y que murieron hace pocos años, y muy especialmente por las repetidas narra- ciones que del mismo terremoto hizo en vida D. Antonio Rodríguez de Cepeda, Administrador en aquella época del Hospital militar de Oran, abuelo paterno de nuestro querido y respetado amigo y maestro del mismo nombre, y uno de los últimos españoles que abandonaron la plaza cuando se hizo la entrega ofi- cial de ella á los moros, dos años después del triste suceso que van á leer nues- tros lectores. "SEÑOR: Ya que la divina piedad, por un efecto de su grande misericordia, nos deja libres de los enemigos que al frente nos oprimen, y los terremotos, aunque continuos, no son tan violentos, me es forzoso cumplir .con la orden de V. M., en que me mandó le diese una noticia exacta de cuanto ha ocurrido en esta plaza, luego que me viese algo despejado; y para ello omitiremos cir- cunstancias y parajes que, ó por leves no merecen la atención de V. M-» o por consiguientes á los referidos, no hay necesidad el expresarlos. Me ceñiré, con el método posible, á referir lo más considerable. La noche del 8 al 9 del próximo Octubre, á la una y algunos minutos, cuando el sueño tiene el mayor dominio sobre los vivientes racionales, esgnmió Dios la espada de su justicia contra este su pueblo, con ademanes de destruirlo por medio de un terremoto tan extraño y violento, que en cosa de tres minutos ar- ruinó la mayor parte de los edificios, y quebrantó enteramente los demás. Los que ocupaban las alturas, como la Rl. Alcazava, Contaduría, Tesorería, Casa del ministro de Rl. Hacienda, cuartel de Asturias y Templos, padecieron el ma- yor daño, y estos le causaron absoluto en cuanto cogieron por delante. El ter- ror de tan extraño movimiento acobardó á unos para moverse de sus camas, y excitó á otros á huir, sin que de estos dos partidos pueda decirse cual fue el 3i6 REVISTA DE VALENCIA. más arriesgado, pues se han encontrado vestigios de muchos que, por huir, se precipitaron, pudiendo haberlos salvado el sosiego, y otros por el contrario. Acabado este primer general estremecimiento, empezaron á resonar por todas partes los lamentos de cuantos medio enterrados, heridos, y casi muer- tos pedian socorro; de otros que, pendientes de algún madero ó sostenidos de algún escombro, esperaban su precipicio, y de otros que clamaban, sino por su auxilio, por el cíe sus padres, sus hijos, sus amos, sus criados, sus maridos, sus mujeres, cuando queriendo socorrer algunos de los sanos de cuerpo (pocos de imaginación) se cargaron sobre ellos las ruinas que depositaron los subsiguien- tes violentos terremotos, y tuvieron suerte igual con los que pedian su favor. Los restantes todos procuramos retirarnos á las plazuelas y sitios algo des- pejados que podíamos cojer por entre las ruinas; y en la plaza de Armas, que por estar en el centro, fué el común refugio donde se acogió el mayor número de ellos, era tal la confusión de los que clamaban, que cuando algunos querían suspirar por los propios, que ya echaban de menos, se velan precisados á variar el lamento, haciendo los últimos actos de contrición, para morir á impulsos de las repeticiones continuas que experimentábamos. Recil3Ímos de los eclesiásticos la absolución que fué forzoso echar en general, y no bastaban á contener los la- mentos y voces las más vivas expresiones de sugetos de ardor y espíritu que, conociendo otro riesgo exterior, les ponderaban el peligro á que nos exponían sus gritos, aunque dirigidos al cielo pidiendo misericordia, si el enemigo, que siempre vela al frente, conocía nuestra desgracia, y valido de la ocasión y de la noche se nos introducia por alguna de las brechas que suponíamos abiertas en la muralla. ¿Pero quién puede contener los movimientos de un pueblo que se halla á los umbrales de la muerte, sin auxilio, con la experiencia del precipicio, cada cual en sus más próximos parientes y muchos en las camas á su lado? En medio de estos conflictos, ni sacamos el estado de nuestros castillos, fuertes, ni murallas, ni era fácil investigarlo, con lo que á vista de lo que inte- riormente sucedía, se aumentaban los cuidados de nuestros riesgos. Buscábase al General y no había quién diese razón de su destino; clamaba el pueblo por que se le franquease la puerta de la plaza para refugiarse al campo, huyendo de los edificios que en todas partes nos amenazaban ruina, siendo nuestro ma- yor cuidado el guardarnos de los que sin acabar de destruirse, muy quebranta- dos se extremecian con horror al más leve temblor; deseábanse las llaves, mas éstas, con la mayor parte de la casa del Gobernador, estaban bajo las ruinas de la Iglesia mayor; anhelábamos herramientas, ya para franquear las puertas y ya para socorrer sepultados, mas no se encontraba alguna; llamábanse operarios, pero ninguno parecia, con que reclusos á la vista de la muerte sin poder huirla, no obstante conocer que al despoblado pudiéramos redimir la vida, nos ahogaba á un mismo tiempo el riesgo y el discurso. Entre estas ansias llegamos á los primeros resplandores del día, á cuya hora con su favor y mucho trabajo pudo averiguarse el fallecimiento del General con toda su familia, y al instante me encargué del mando, y empecé á tomar algu- nas providencias, cuales fueron imponer pena de la vida á todo el que robare; destinar á todos los desterrados (l) que con las ruinas de los cuarteles anda» ban libres por donde podían, á un sitio para sujetarlos y emplearlos desde él, y repartir patrullas de cuatro soldados, cuatro desterrados y un oficial por cada calle para que socorrieran á los que encontrasen vivos entre las ruinas y reco- giesen los difuntos; pero apenas se distribuyeron y empezaron sus encargos (l) Nombre que entonces se daba á los Condenados á los presidios de África. EL TERREMOTO DE ORAN, 3l7 OS cuando repitiendo diversas veces los terremotos y desplomándose con ellos .^. fragmentos de las casas, les hicieron retroceder, imposibilitando los efectos la vorables que nos prometia esta providencia. Mejores los produjo la de que bajasen á la ciudad los operarios de la maes- tranza de Rosalcarava, que se comunicó por una brecha de la muralla de Canastel y los encontró indemnes; pues con su venida se franquearon las puertas, se desahogó la ciudad, saliendo las gentes al llano de la Horca, donde se presentó el más lamentable espectáculo de heridos, desnudos y desfigurados, y yo pude recorrer la línea, castillos y fuertes para ver el estado de deiensa eií {]ue Dios nos habia dejado. Sacáronse entretanto muchos heridos, cuyo número no es fíicil investigar ó asignar: estos quedaban al raso, sin podérseles dar auxilio por no haberlo; las medicinas entre las ruinas, y los facultativos unos nuiertos y otros heridos, hacian más triste el espectáculo de tantos pacientes: aumentaba la pena el destino distante de 40 leguas de mar para el más leve socorro hu- mano; la inhumanidad del enemigo; el defecto de alimentos, porque aunque ha- bia harina, faltaban cedazos, artesas y hornos para cocer el pan, por cuyo de- fecto clamaban la tropa y desterrados, que poco sufridos se les resistía el disi- mulo de una falta irremediable; con prevención de ella, y antes de experimentarse la necesidad, en la misma mañana se destinaron los operarios que pudieron hallarse á la construcción de hornos al raso, y se empezó á trabajar inmediata- mente en ellos. Pero nuestro Dios, infinitamente piadoso, compasivo de nuestra miseria y obligado por los ruegos de su Santísima Madre (cuyo simulacro con título del Rosario, aseguran los Padres Dominicos se halló entre las ruinas caído, el rostro puesto al Viril de la custodia, donde con motivo de la novena estaba Su Ma- gostad Sacramentado), nos dejó en medio de tanto castigo y amenaza con algún vigor para nuestra defensa, y que pudiésemos huir la esclavitud que teníamos al reverso de la muerte que recelábamos. Abriéronse algunos puntos de la muralla interior desde Tremecen hasta la Campana, Barrera y Conducto Real, y hasta el Cubo de San Roque; sintiéronse el macho del castillo de San An- drés, los baluartes del Príncipe y Princesa, de San Felipe con la batería exte- rior, todas las torres, el castillo de Santa Cruz y de San Gregorio, pero no tanto que dejasen de prestárnoslas defensas necesarias. Consolado en parte con este efugio, me retiré á disponer tanto la defensa de la plaza como el surtido y colocación de los que subsistían al raso, sin más abrigo que el que cada cual podia proporcionar de los pocos muebles que consi- go extrajo, pues fueron sinnúmero los que salieron en carnes (la causa de la costumbre que hay en este país de dormir de este modo), pero me hallé con que los almacenes de artillería, donde se custodiaban los efectos de campaña, es- taban parte arruinados y parte imposibilitados con las ruinas de otros edificios. Colocáronse los heridos en las Cuevas de la Marina, único sitio que discurrí pudiese servirles de albergue, aunque sin otro auxilio que el alimento que algún caritativo corazón pudo recoger entre los despojos de las ruinas. Imposible era dar pan ni otro alimento á los vivos, por cuya subsistencia me parece debía mirar con la primera atención; pero para acudir en parte al efectivo socorro se destinaron algunos panaderos á la plaza de Mozarquivir para que nos surtiesen desde allá en lo posible. Y queriendo reparar ya los daños que seguían en la ciudad, determiné impedir la entrada en ella á toda clase de per- sonas, y repartir patrullas para desalojar á cuantos se encontrasen dentro. Este despojo fué imposible, ya por los que maliciosamente se ocultaban, ya por que los infinitos escombros mal sostenidos, las paredes desplomadas, y la repetición de terremotos impidieron el perfecto escrutinio . Hízose en lo posible, dejando 3l8 REVISTA DE VALENCIA. Únicamente las guardias que por necesidad debian guarnecer el recinto de la plaza. Parece que S. M., dejándonos con alguna defensa, con molinos útiles y con algunos víveres, alzaba la mano del general exterminio con que al principio nos amenazó, pero apuraba por otros lados hasta los términos de la angustia. El cúmulo de desterrados, que libres por necesidad, se hallaban hambrientos; la tropa, que cansada de la continua fatiga (como después se verá), estaba exá- nime con el poco alimento, poniaii en no poco cuidado la atención, y más á vista del enemigo. La destrucción de todas las casas, la franqueza que las ruinas die- ron á la plaza por varias partes de las que miraa á lo interior, y la imposibilidad de atender á la reserva de estos puntos menos interesantes que los que miran al enemigo, prestó ocasiona toda la gente de mal vivir para que se destinase al saqueo de los más ricos y principales efectos de las casas que estaban abando- nadas de sus dueños, en términos que si el enemigo hubiera entrado al botin no hubiera aniquilado mas á estos tristes habitantes. Ni los repetidos prontos cas- tigos, ni los ejemplares de ellos, ni la vigilancia y persecución contra los mal- hechores ha bastado á contenerlos; de forma que esta la creo parte del castigo con que Dios nos regala. Otra de general cuidado y trascendental á la soberanía nos prestaron los enemigos que, apenas amaneció, cuando se nos presentaron en las eminencias, por todas partes excesivos en número, y espías que reconocían nuestra triste si- tuación, la que creida por ellos aun más fatal que realmente lo era, les dio fun- damento para creerse dueños de esta plaza, y aun de nuestra libertad; con este objeto, apenas oscureció cuando empezaron tentativas generales por todos nues- tros flancos, acercándose á Tremecen, toda su muralla hasta la Campana (que es- tá arruinada). Conducto Real, Barrera, Castillos de Santa Cruz y San Gregorio. Fuerte de San Pedro, Torre del Nacimiento y aun la Línea. Aunque únicamente teníamos I.626 hombres de tropa que pudiesen tomar las armas, se hablan reforzado todos los puestos avanzados arriesgados, y de- fendiéndose vigorosamente se les hizo ver que no estábamos en los términos que presumían, rechazándolos con espíritu. Mas como los terremotos continua- ban, causando nuevos estragos; y las torres de las huertas no podian guarne- cerse como se hacia anteriormente por su mal estado y falta de gentes, conti- nuaron los moros hostigándonos algo de dia; pero de noche repitiendo frecuente y vigorosamente sus tentativas, y destruyendo con picos y otros instrumentos las puertas y maderas de las torres, que todas las saquearon y se llevaron todo el maderaje, sin que nuestros fuegos les permitiesen derribarlas como lo intenta- ban. Como todas estas tentativas eran de noche, y todas las gentes se mante- nían al raso, sin abrigo contra las balas, y el fuego era continuo, angustiaba más y más los espíritus acobardados con tanto cúmulo de lamentables acaeci- cimientos. Muchas brechas, infinitos puntos á que atender y poca gente, eran malos compañeros para vigorizar la defensa; pero poniendo ya todos nuestros cuida- dos á perfeccionarla, se construyeron baterías en los llanos de la Horca y San Felipe, conduciendo la artillería que en otros puntos era poco necesaria,, aunque útil; reforzáronse las brechas, ya separando escombros y profundizándolos pozos, ya formando salchichones de ellos mismos con la mayor actividad y esfuerzo, en medio de la hambre que con la escasez de pan dominaba á los trabajadores. y ya á fuerza de toda fatiga y desvelo nos hallamos vigorizados por todas par- tes para recibir al Rey de Mascara, que con la mayor celeridad, la gente y ar- tillería de las parcialidades de su mando, se nos presentó al frente con un grande acampamento. Empezaron sus escaramuzas, y todos los dias recorrían nuestro campo por todos los puntos, pero sin empeño vigoroso hasta el dia 27, que jun- £L TERREMOTO DE ORAN. SlQ tos ya en todo el campo, con unos 18.000 hombres emprendieron muy de ma- ñana un ataque general, empeñándose con mayor obstinación contra la Torro del Nacimiento. Arrojáronse á ella por el barranco de la Sangre en número con- siderable. Llegaron hasta sus muros, y arrimando escala quisieron violentar la puerta; en cuya vista y que no bastaban los fuegos de nuestros castillos á con- tener tanto ardor y empeño, ni por medio alguno podia desalojárseles de aquel sitio, determiné que las partidas de fusileros (ó desterrados armados), sostenidos de algunas compañías de granaderos, hiciesen una salida. Apenas se les intimó se arrojaron con el mayor esfuerzo: cogiéronse las avenidas del barranco de San Fernando y apostaderos de San Carlos, y cargando repentina y rápidamente contra el enemigo, se le desalojó con mucha pérdida suya, y quedó nuestra gente dueña del campo, sin otra que un subteniente de Córdoba, un granadero de Lisboa muertos; dos subtenientes de Córdoba y tres granaderos de Lisboa, el oficial que comandaba las partidas de fusileros, y un subalterno con siete fu- sileros heridos. Notáronse muchos muertos de los moros, y el anhelo de recojer los cadáveres les aumentó no poco el número, con lo que se retiró en buen orden y llena de gloria nuestra gente. Desde este dia empezaron á notarse varios trabajos del enemigo por toda nuestra circunferencia. Veíanse trincheras formadas, dos en la celada de Gamez, una al frente de San Fernando, otra al horizonte del nacimiento del agua, otra más á la derecha, y otra en la meseta, junto á la Cortadura, pero los enemigos se mantuvieron re- tirados, y sin incomodarnos hasta el 2v3, que antes de romper el nombre nos dis- pararon tres cañonazos y dos granadas, que aunque no hicieron daño alguno nos pusieron en observación y cuidado, porque la batería estaba dominante á nues- tro campamento y guarecida de todos nuestros fuegos. Poco adelantaron en los primeros tiros, pero en el discurso del dia los fueron perfeccionando, y aunque no hicieron daño, de 84 que dispararon, pusieron algunas balas dentro de nues- tras tiendas, con cuyo motivo mandé se retirasen las gentes al castillo y fosos de Bosalcazar, dejando varias tiendas para que el enemigo no echase de ver nuestra mutación, y en todos estos dias se fueron embarcando heridos, é inúti- les para España. Continuaron haciéndonos algún fuego en los dias siguientes, tanto con los cañones como de fusil, acercándose de noche al castillo de Santa Cruz con varios designios y ademanes que hicieron observarlos con el mayor esmero; y con efecto, habiendo oido ruido continuado de trabajos, y sospechando dirigiesen alguna ruina contra el castillo, dispuse que con toda precaución y la posible se- guridad se hiciese una salida y reconocimiento en toda la circunferencia del cas- tillo, en la que se encontró un principio de ruina, algunas abujas y barrenas y una porción de pólvora y mistos metida en cueros de cabras como de unas diez arrobas, todo lo que se recogió, y deshizo la obra enteramente. En el dia 26 intentaron los moros nuevo ataque á la misma torre del Naci- miento, que sin duda conceptuaron punto más íácil de vencer y de mayor res- guardo para ellos por la proximidad de los barrancos, y ocupando antes los de la Cantera de particulares que están á la espalda de nuestra gente, si salia como el dia 21, persuadidos á que esto se verificaria y nos cojerian entre dos fuegos; pero bien reforzada nuestra torre y huyendo lo que el enemigo esperaba, les frustré su intento, suspendiendo la salida y rechazándolos desde nuestros fuer- tes, castillos y estacadas. Guareciéronse de las torres de nuestras huertas, con lo que, y la obstinación con que se empeñaron, sostuvieron un vivísimo fuego por espacio demás de cinco horas. Se reunieron para este ataque como unos 10 ó 12.000 hombres, entre cuya multitud hizo nuestro fuego mucho y visible es- 330 REVISTA DE VALENCIA. trago, al paso que de nuestra parte solo resultaron heridos dos soldados del regimiento de Oran, tres del de Córdoba, uno de Lisboa, otro de Mallorca, otro de Asturias, otro de Artillería, un oficial de fusileros y cinco de estos, todos le- vemente, sin embargo de comprenderse en ellos los que desgració un cañón de hierro que se reventó en San Andrés, que fueron tres, y otro á quien maltrató su propia escopeta, que igualmente se reventó. Con este ataque tan robustamente rechazado escarmentó sin duda el Bey que lo presenció, y desde este dia principió á mover su campo y retirar la arti- llería que habia puesto enlaMezeta, distinguiéndose con toda claridad desde el castillo de San Andrés que se llevaban una grande escala que tenían prevenida en la trinchera de frente á San Fernando; con cuya libertad, y considerando no haber ya el menor riesgo destaqué gentes con toda prevención de valor y ma' durez, que incendiasen los espaldones enemigos en el dia 29, lo que consiguieron sin la menor desgracia, trayéndose los despojos que encontraron, y fueron tres colleras de camellos, un poco de cebada y sal, cuatro cartuchos, tres espuertas y siete cufias de cañón. Estos hechos los hace más gloriosos la constitución en que se halla esta tropa y gentes, á impulsos del total catástrofe que hemos experimentado, pues además de los personales sustos, fatigas, hambre, cansancio y desvelos á todas acosaba la pena de las gentes propias que echaban de menos, pues aunque será imposible justificar jamás el número de personas que han fallecido, tengo des- cubiertas de positivo 38 oficiales en esta forma: el Comandante general, un te- niente coronel, un sargento mayor, 7 capitanes, 9 tenientes, 17 subtenientes, y 2 cadetes; soldados, sargentos y cabos, 3o de artillería, 4 de Lisboa, 145 de Asturias, 9 de Navarra, 60 de Oran, 22 empleados en el Hospital, l3 fusileros, 83 desterrados, 6 moros, 283 paisanos, inclusas las familias de muchos; 22 de- pendientes de Auxilios, 2 de la Contaduría general de Hacienda, 2 capellanes y un guarda-almaceu de artillería. No obstante por esta opresión del ánimo, han manifestado todos que esta no muda el valor y la constancia para los trabajos que siempre han manifestado los vasallos de V, M., á vista de que solo los I.62Ó hombres de armas, que se hallaban en esta plaza la mañana del 9, han cubierto por sí solo todos los puntos de ella que ocupaban diariamente 1.099, y tíe noche todos se ponían sobre las armas; de forma que ninguno des- cansaba, según resulta de los estados de distribución de guardias, hasta el 16, que llegaron los regimientos de Mallorca y Córdoba que ayudaron con 3oo hombres, pues aunque traían 700, no dieron más útiles para el servicio; la fatiga era en dichos días continua, porque de dia y de noche se hacia fuego, aumen- tándose el cuidado y vigilancia á la hora del sosiego; quedábanse de plantón muchas guardias, y el alimento estaba muy escaso por defecto de útiles para la cochura de menestras, y composición del pan. Resistieron, sin embargo, constantes y animosos estos trabajos, repeliendo nuestros enemigos, pero dejo á la consi- deración de V. M. cuáles estarían sus espíritus con los de todos los que pade- cieron la primera ruina, reflexionando que los terremotos hasta el dia siguen y algunos bastantes vigorosos, que en cada uno se nos representan los peligros que el primero nos enseñó; que cuanto más se serenan de sus fatigas reparan con más viveza las faltas que experimentan los padres de sus hijos, estos de aquellos; los maridos de sus mujeres, las viudas de sus consortes; cada cual de sus parientes y amigos; y muchos el sudor de toda su vida que ven hoy des- truido en las casas que habían edificado, ó sepultado bajo de las ruinas ó extraí- do en alhajas, ropas, etc. por los malévolos, sin que á la vista indispensable de estas representaciones sea fácil separar de sus imaginaciones, memorias tan me- lancólicas, capaces por sí solas de infundir una mortal ictiricia. EL TERREMOTO DE ORAN. 321 Aunque he procurado se sepulten cuantos cadáveres pudiesen extraerse sin el riesgo de aumentarlos, han sido estos muy pocos en comparación á los que subsis- ten entre las ruinas, y como estas en la repetición de temblores y situación pen- diente de la población se corren frecuentemente algunos de aquellos, se descubren ó adquieren mayor transpiración, y su hedor es terrible y mucho más para lle- gar á removerlos con el designio de descombrar. Y esta circunstancia, agregada á las que van explicadas y á la de que la tierra fundamental y suelo firme de la ciudad no seria fácil encontrarse á causa de (jue se manifiesta haber si-rave detrimento de la salud de los habitantes de Castellón. Esto fué lo que dio origen á la tenaz y larga lucha sostenida entre ambos pueblos. En 7 de Mayo de 178Ó verificóse una junta general de todos los vecinos de Castellón, y se acordó la construcción de la nueva acequia á expensas de los propietarios de tierras de riego, cuyo permiso les fué concedido por decreto de 18 de Julio del mismo año, á instancias de D. Ramón Gaeta, síndico procurador de esta villa. Los de Almazora se opusieron con gran tenacidad, inmiscuyéndose en el asunto el Obispo de Tortosa, como señor baronal de la expresada villa, y por ser dueño de dos molinos harineros y tener dominio mayor y directo sobre otros dos, uno de papel y otro de batan de paños, todos enclavados en dicha villa. Tales fueron los esfuerzos que hicieron, que la Real Audiencia mandó sus- pender las obras (en las que se hablan invertido ya cuatro mil duros) y que el dinero recaudado se depositase en el arca municipal. Contar las peripecias de este importantísimo pleito, referir las poderosas razones aducidas por ambas villas y las representaciones que hicieron, llenaría sin exajeracion alguna un grueso volumen: así solo diremos que el distinguido patricio D. Miguel Tirado marchó á Madrid, y después de grandes esfuerzos logró alcanzar la Real orden para que continuasen las obras; que el coste total de ellas fué de treinta mil libras, y que por fin la nueva acequia inauguróse el 1 1 de Marzo de 1790, verificándose la separación de las aguas con toda solem- nidad á las dos y media de la tarde, á presencia de los Ayuntamientos de ambas villas, presidiendo el acto el Marqués de Carruz, juez especial comisionado por la Real Audiencia en el pleito indicado. Como el lector benévolo comprenderá, mucho podríamos aun decir sobre el vital asunto de aguas y riegos de la Plana; tanto más, cuanto tenemos á núes- tra disposición un caudal inmenso de papeles y documentos referentes á este importante ramo de la agricultura; pero hacemos punto final por hoy, pues núes- tro objeto solo era dar á conocer la sentencia arbitral del hifante D. Pedro, que es la base de los riegos de la Plana; dar una idea del privilegio del Rey D, Juan de Navarra, que acrece más y más los derechos de las cuatro villas sobre las aguas del Mijares, y hacer una lijera mención del ruidoso pleito que sobre la construcción de la nueva aceíjuia tuvo Castellón con Almazora. ESTUDIOS HISTÓRICOS. 359 VI. Una cuestión ruidosa. En la plaza Vieja de la ciudad de Castellón de la Plana, y á unos cuantos metros de la Iglesia mayor, levántase una grandiosa torre, que sirve de cam- panario. Construida esta torre, así como sus campanas, á expensas de la villa, inau- guróse con gran solemnidad el año 1604. Desde esta época, sin interrupción alguna, viene el Ayuntamiento ejerciendo dominio sobre las campanas, atendiendo á su recomposición, nombrando cam- panero y disponiendo por completo de ellas, salvo en lo concerniente á los toques ordinarios de la Iglesia. Esta no ha podido ver nunca con calma que las campanas se hallen bajo el poder de una corporación civil, y de aquí se han originado numerosos pleitos y grandes cuestiones, de las que vamos á dar lijera noticia. En el año 1660 rompe el fuego el vicario perpetuo Dr. D. José Breva, por pretender que era de su incumbencia dar el permiso para que se tocaran las campanas en las fiestas que celebraban los labradores á San Miguel, los estu- diantes á San Nicolás, los marineros á San Pedro, etc. El justicia y jurados de la villa se defienden con brío, alegando que el vicario nunca habia tenido, ni tiene nada que ver con las campanas, y que solo puede disponer de ellas el racional en las funciones ordinarias de la iglesia, tochs ordi- naris tocantalcult divi, com son, misses conventuals, anniversaris y altres hores canóniques. La cuestión duró mucho tiempo y se agrió en tales términos, que tuvieron que mediar personas de influencia de la villa, de Valencia y aun de Madrid, para poner paz entre las contendientes. En la primera mitad del siglo pasado hubo bastante armonía entre el clero y los jurados, tanto, que en I73l celebróse una concordia entre ambas potesta- des, por la cual se establece que en los entierros de los jurados y demás oficia- les de la villa toquen las campanas de la misma manera que cuando muere un individuo del clero, excepto el toque llamado de espirar, que se reservaba solo para estos. Llega el año 1775, y se rompen otra vez las hostilidades, que no cesaron ya en todo lo restante del siglo. Hé aquí la causa: En la tarde del 1 1 de Noviembre del mismo año, era esperado en esta ciudad el Obispo de Orihuela, y el vicario, sin pedir permiso al Ayuntamiento, como era costumbre, mandó tocar las campanas á vuelo á la entrada del 01)ispo. 36o REVISTA DE VALENCIA. Al saber esto, reuniéronse en cabildo el Sr. D. Nicolás del Rio, Gobernador político y militar y corregidor de la villa; los Sres. D. Vicente Rocafort, decano, y D. Vicente Viñes de Partes y el Dr. D. Raimundo Figuerola, regidores perpe- tuos, acordando que de ninguna manera se hablan de tocar las campanas; pues con ello se atacaba á las prerogativas de la villa, conminando además al cam- panero con 200 libras y cárcel, si las tocaba. El campanero contestó: "que él á quien tenia que obedecer era al Ayuntamiento; pero que arriba habia seis clé- rigos cogidos á las campanas, dispuestos á tocarlas á viva fuerza.,, Mientras tanto corrió la voz por la población de lo que ocurría, llenándose de gente la plaza y sosteniendo en la sala capitular un ruidoso altercado el vicario temporal Mosen Christóbal Ximenez con el Gobernador y señores del Ayuntamiento, profiriéndose expresiones bastante duras, que nos abstenemos de reproducir. Después de haber enviado el Gobernador á los citados seis clérigos varios recados de atención para que abandonaran las campanas, y no haciendo el más mínimo caso, antes al contrario, recibiéndolos con el mayor desprecio, vióse pre- cisado á mandar á la torre fuerzas del regimiento de caballería del' Infante, de guarnición en esta plaza, para hacer cumplir sus órdenes. Para mayor exactitud de los hechos que ocurrieron en este ruidoso incidente, entre los muchos documentos que tenemos á la vista, y que los explican con grandes detalles, daremos á conocer únicamente, en gracia á la brevedad, la declaración del oficial que mandaba las fuerzas que subieron al campanario. Dice así: "En la villa de Castellón de la Plana, á los diez y seis dias del mes de Noviembre de mil setecientos setenta y cinco años. Constituido personalmente yo el escribano infrascrito en la casa-habitacion de D. Fernando Villasante, porta-estandarte del regimiento de caballería del Infante, aquartelado en esta dicha villa, en virtud de la comisión á mi conferida por su señoría en el auto inmediato que antecede, y encontrándole en ella, ofreció decir verdad de cuanto supiere y le fuere preguntado bajo la palabra de honor como tal oficial que és: Y habiéndole leido de verbo ad verbum los testimonios respectivamente por los cscrivanos D. Joséph Avinent y D. Joséph Martínez, que van por cabeza de este ramo, enterado dellos y del auto primitivo que antecede, que igualmente se ha leido, dixo: Que el dia once de los corrientes por la tarde fué llamado el testigo por su señoría el señor Gobernador, de quien recibió la orden, para que inmedia- tamente se nombrase y fuese una partida de ocho hombres y un cabo á la torre de campanas de esta villa, para impedir que se volteasen fuera de las horas en (|ue la iglesia las necesitase para los oficios divinos, oración y demás horas y casos acostumbrados; lo que efectuaron. Con esta misma orden pasaron dicha partida y el testigo con ella á la dicha torre, para obviar ipie hubiera alguna ESTUDIOS HISTÓRICOS. 36 1 impolítica. Al entrar en la puerta para subir, habiendo gran concurso de gentes, oyó que el subvicario Ximenez iniponia excomunión mayor á todos los que sübiaii de la partida, lo que ni sus muchas voces le detuvieron al testigo y subii'i hallando en dicha torre seis clérigos en chupa; los que con grande orgullo pre- guntaron que á que ivan, á lo que el exponente respondió, que á que no se volteasen las campanas de orden del señor Gobernador, y respondieron todos que el Gobernador no mandaba allí, y que las campanas se havian de tocar. Mandó el testigo al cabo, que cada soldado tomase su campana, lo que se efec- tuó. Y advirtiendo que el cabo con la celeridad de tomar su gente y al acudir al puesto, olvidó cargar las armas (prevención sin la que no se debe, ni se les és permitido por honor de estas, cubrir ningún puesto ni dar ausilio sino és en devida forma) mandó el cabo las cargasen. Y siguiendo las porfías de los clérigos en que se hablan de tocar, les reconvino el testigo con que no se espusiesen á un chasco, pues la partida no tenia intervención en esto, solo obedecer; y repi- tieron que sin duda el Gobernador habria regalado (i) á la tropa para ejecutar esto; á lo que el testigo les reconvino, manifestándoles que el Rey mantenía <'i su tropa con solo su pré, y que por esto, y por el honor de las armas, les tenian prontos á perder la vida, y no por los regalos (jue suponían ellos; en fin, repiticr. "nosotros venimos mandados por nuestro superior, y le hemos de obedecer; vayan V. V. con él y disputen su derecho,,: y respondieron que ellos también estaban mandados para tocar del suyo, añadiendo Mosen Joaquín Bayer que las campanas se hablan de tocar, aunque fuese á costa de la vida. Reconvino á este sacerdote el testigo, diciéndole estrañaba que un hombre de su carácter vertiese semejante proposición, irregular á su estado, y se aplacaron, diciendo el testigo al Dr. D. Juan Albiol, que como sus armas no eran como las déla par- tida, era preciso ceder, que si no, tantos á tantos, se hubiera visto como se quedaba. Llegó la hora en que hizo señal la Iglesia para reservar al Santísimo, dixeronlos clérigos, que ya estavan con sotana y sobrepellis, que ellos tocarían; dixo el testigo que no, temiéndose como no entiende de estos toques, el que le engañasen, que vendría el campanero, que era á quien correspondía. Subió el campanero, tocó á reserva, con lo que los clérigos baxaron de la torre, quedán- dose el testigo con dicha partida, hasta que por dicho jefe se le mandó retirar, á quien dio parte de todo lo acaecido. Que és cuanto sobre dicha razón puede esponer etc., etc.„ Más adelante, en el año 1779, se recrudeció en gran manera la cuestión: pues á consecuencia de varias representaciones del vicario perpetuo Dr. D. Jert')- nimo Arnau ante la curia de Tortosa, pretendiendo que el nombramiento de campanero era de su competencia, publicó el vicario general de esta diócesis (1) En otros documentos, la p.ilabra es niuclio nías ilura. 352 REVISTA DE VALENCIA. una sentencia en su favor; mas el Ayuntamiento la recusó, por no reconocer al juez eclesiástico con jurisdicción para el caso. El clero negóse á pagar al campanero, y las cosas pasaron tan adelante, que el dia 9 de Junio de dicho año manda el Ayuntamiento cerrar la puerta de la torre, y quedan sin tocar las campanas para ningún acto religioso. El vicario perpetuo acudió en queja al Capitán general de Valencia, excelen- tísimo Sr. Marqués de Croix, y después de poner de manifiesto que se hallan cerradas las puertas del campanario y las llaves en poder del Ayuntamiento, sin querer entregarlas, por más súplicas que se le hagan, dice: "¡Ah, Señor Excmo., con que dolor llegan á manifestarlo! que el Santísimo Sacramento se descubre y reserva sin la menor señal de campana, que sale el Viático á dar el último ósculo de paz á cada uno de sus hijos que le necesita, que las salutacio- nes angéhcas al amanecer, medio y fin de este no se rezan porque no se hace • señal, que las almas del purgatorio carecen de aquel sufragio, porque no se tocan las campanas, como es costumbre; como, y sin la menor esperanza de poder reducir los ánimos délos regidores...,, El Capitán general ordena, sin acrecer ni decrecer derechos á las partes, que el Justicia y Ayuntamiento dejen expedita la puerta de la torre, para que se puedan tocar las campanas, cuando salga Nuestro Señor Sacramentado, como en las demás funciones de iglesia en quiefies corresponde llamar á los fieles, y que el coste de tocarlas sea de cuenta del clero. El Ayuntamiento obedece lo mandado; pero eleva al Capitán general una enérgica representación contra el clero, en la cual dice: que celoso del bien público, sosiego y quietud de los vecinos, habia dado orden al campanero para que abriese la puerta de la torre y acudiese diariamente al racionalato á tomar órdenes de lo que se hubiese de tocar en las funciones ordinarias. Después añade: "Para que á este Ayuntamiento se le declarase estar en la posesión de ser dueño del campanario y campanas, y de mandarlas tocar en los casos extra- ordinarios, fueron causa dicho vicario y clero de que se tuviesen que seguir dos contenciones reñidísimas entre la real jurisdicción y la eclesiástica, en que se expendió crecidas sumas. Y para abrogarse aquellos ahora el derecho de nom- bramiento de campanero, uso del campanario, campanas y demás adyacentes, y perjudicar con ello los derechos tan indubitados de este Ayuntamiento, acuden al sagrado de V. E. ponderando santidad y celo, cautelando el dolo con que proce- den. ¿Y que pretenden? Nada menos que de despojar á este Ayuntamiento del campanario y campanas y del derecho de nombrar campanero; pues tiene la osadía de pedir ante V. E. que las puertas de la torre se queden abiertas, entre- gando las llaves á dicho vicario, para que este, ya por sí, ya por otro en su nom- bre, pueda tocarlas campanas. ¡Que mayor temeridad!...,, Por no hacer más largos estos desaliñados apuntes, no damos cuenta de ESTUDIOS HISTÓRICOS, 353 otros muchos incidentes; baste decir que desde la construcción de la torre han estado en todos tiempos más ó menos en pugna el Ayuntamiento y el clero por la cuestión de campanas, y es probable que lo estén eternainente. En el año 18Ó9 estableció el Ayuntamiento un impuesto sobre los toques particulares de campanas, y desde entonces viene cobrándose. Las tarifas han sidomíísü menos crecidas según los años; la del presupuesto de 1882-83 es la siguiente: Toque ó señal general para la administra- ción de los Sacramentos 2,50 pesetas. ídem medio pontifical idem 1,25 " ídem pobre idem 0,25 " Toque ó señal de entierro general. . . , 20,00 " ídem medio pontifical 5,oo " ídem pobre 1,00 " Toque anunciando aniversario sin distinción, 5,00 " Toque para fiesta de calle, novenarios y demás funciones que se verifiquen á pe- tición de personas ó clases determinadas, 5>0C) " Estas son las principales noticias que acerca de este enojoso asunto hemos podido recoger; con que basta ya de campaneo, que nuestros lectores estarán hartos ya de tanto ruido. J. A. Ralbas. (Se concluirá). CANT A LA PATRIA. PREMIAT EN LOS JOCHS FLORALS DEL RAT-PENAT. A valenciana Musa, coronada De tendres flors y palmes inmortals, Portant darrere la brillant niaynada Deis valents trovadors , miinta aclamada A la cadira d' or deis Jochs Floráis. Filia ilustre de reys , hórfana y trista, Deis palaus ovlidada y deis dossers, Menyspreada del sabi y del artista, Nüa-testa y descalsa, yo la he vista Anar cantant pels camps y pels carrers. Y al pastor que en lo más alegre baila, Dictarli humil tradicionals cansons; Contarli al mariner vella rondalla; Y en barraqueta pobra el bres de palla Agrunsar ab corrandes y oracions. La hereva despullada y perseguida Recobra avuy la pórpora real; Y de la mare el desamor oblida, Y la ofrena li fa, mal agrahida, De son seny noble y de son cor lleal. Alsant los ulls al cel, d' ahon la Ihini mana, Puntejant 1' arpa ab divinal dolsor, Silenci imposa y atenció demana: Calleu , oixcau : la Musa Valenciana Escomensa lo cant del patri amor. CANT A LA PATRIA. 36= LA MUSA. Escolta oh Patria, oh Mare, mos cántichs que la ¡gloria Entre entusiastes vítors á totes l)aiKles du; Moii crit de renaixensa, mon himne de victoria, Ensómits del pervindre, grandeses de la historia, Tot es, ánima y vida , oh Espanya, pera tú! Pera tú son les santes memories deis niciis avis, Los fruyts de ma campinya, les flors de mon jardí, L' enginy deis meiis poetes, la ciencia deis meiis sabis, La mel del non Himeto, que endolsa en los meus llabis Aquesta , que 't consagre, cansó de amor sens fí. No la rebujes, Mare, perqué la Uengua ovlides Que en los palaus y els temples tan dolsa soná un temps: Si en eixa parla escoltes tes glories repetides, Si canta tes grandeses, si plora tes ferides, ¿Qué es lo que tú receles? ¿Qué es lo que de ella tenis? ¿No veus, blanques ó grogues , niorades ó vermclles. Les roses resplandeixer ab diferent color? Püix lo mateix aroma te donen totes elles: Les Muses espanyoles semblem á eixes flors belles; Parlem distinta llengua, tenim lo mateix cor. ¡Oh Reyna subirana! Tu portes per corona Les crestes dentellades deis aspres Pirineus; A tu lo sol, ponentse, los ultims besos dona; Y confonent les aygues en una mateix ona, Dos mars vuiden les urnes pera banyar tos peus. Les aures Uevantines te donen lo bon dia Ab Uorers perfumades de Nápols y Lepant; Y el ventijol del vespre, que lo Ponent t' envia, Te repetix encara los cántichs de alegría De América en sa conxa de perlas despertant. En una má tú portes, antorxa lluminosa, 366 REVISTi^ DE VALENCIA. L' incendi de Numancia y en V altra el de Sagunt; Y ardint en tes entranyes sa flama generosa, Al cap de vint centuries, Girona y Zaragoza Ab noves foguerades els respondrán de llunt. Lo vol tu detingueres del aliga romana; Lo tigre mauritánich, ferit per tu, fugí; Italia, r amorosa, va ser ta cortesana; Y el ferro te rendiren, de bona ó mala gana. En Breda y Harlem Flandes, y Francia en Sant Ouintí. Tallant tes naus veleres les ones cristalines, Glorioses agrandaven tos ampies horisons; Y en mars desconegudes, creats per mans divines, Com tropa de sirenes y de tritons y ondines, BroUaven illes noves y continents y mons. Yo tes virtuts admire quan tes victories cante, Y mes en tes desdijes ta gloria he de admirar: Res pot la sort contraria ferinte y destrossante; Si caus, cobres en térra mes forsa, com Atlante, Y, gran en Bailen, eres mes gran en Trafalgar. Tos pobles, aixecantse quan la tempesta trona, Sang, vida, honra y fortuna te porten per tribut; De rey, príncip ó conté cenyiren tots corona, Y d' ella desprenintse, quiscun grat te la dona, Pera aumentar los timbres de ton gloriós escut. Castella, que la espasa del Cit encara empunya; Aragó, r invencible, cenyit d' inmortals llors; La que al trident fa ceptre, gloriosa Catalunya; Mallorca, s' afiliada, que al mig de la mar llunya Sos tres baixells corona de pámpols y de flors; Navarra, la indomable, la forta montanycsa. Que '1 gegantí cadavrc trcpija de Roldan; Astúries, verge pura, jamay per ningii ofesa; Galicia, que entre boyres, ab ses mans de princesa, Muny ses llustroses vaques á vora la mar gran; cAnt a la patria. 367 La senyorial Vizcaya, que obrint la roca dura, Lo ferro busca, que arma sa destra varonil; Lleó, que en son emblema son noble cor figura; La deis ramats inmensos dijosa Extremadura Que pió d' anyelets rossos ven sempre son ovil; Córdova, 1' amasona que airosa y satisíeta Cabalca '1 llauger poltro deis orientáis deserts; Sevilla, V adorable, per les tres Gracies feta; Granada, la odalisca volguda del profeta. Que eternament anyora sos cármens sempre verts; La falaguera Murcia, 1' alegre campesina; Y entre bellesses tantes, naixcudes d' un bresol, La flor que es mes flairosa, la perla que es mes fina. Valencia, m* adorada, la de belltat divina, La que n lo front du 1' alva, y en la mirada '1 sol! Tots eixos filis, y totes eixes hermoses filies, Les mans donantse ¡oh Patria! rodejen ton altar; Entre ells, Mare amorosa, resplandeixent tú brilles, Y totes ses grandeses ab voluntats sencilles Com mereixcuda ofrena te volen consagrar. Yo tinch, pera oferirte, flors d' art y poesía. Que á tes sagrades plantes dijosa esfullaré; Les flors que á sa Teresa dona Ausias March un dia, Les que á la Verge Santa Corella li oferia, Y avuy al sol renaixen de Patria, Amor y Fé. Yo tinch lo foch de vida que "1 inmortal Vergara Ab lo cincell de flames donava al marbre dur; Y el resplandor que Joanes al Paradís robara, Y com visió divina vem llampegar encara En lo front del seus Christos, tan amorós y pur. Tinch, en lo cap de Vives, la lluminosa idea; U amor, en les entranyes de Juan Jofré gloriós; Lo drach del rey En Jaume, que ab pasme el muslim vea; Y la gramalla augusta del ínclit Vinatea; 368 REVISTA DE VALENCIA. Y la esgarrada faixa del Palleter famós. A la veslliim daiirada de eixes pasades glories,. Joyoses esperances ya veig espurnejar; Y mon cantar profétich, lloant velles raemories, L' himne triunfal entona de superiors victories, Que en guerres benhaurades, oh Patria, has de alcansar. Ais peus de la olivera, que els pobles agermana, Yo t' veig y et cante, deesa de un renovat Edén, Oraplint la serra de arbres, de espigues d' or la plana. De monuments les viles, de naus la mar llunyana, Y el cel de fum blanquísim, que un vent de pau estén. Yo t' veig y et cante artista, que á la ideal bellesa Li dones eos y vida, colors, formes y llums; Y poetisa, ab la ala pera volar estesa; Y en mig del temple auguste, vestal de ánima encesa, Que en I' ara eterna creraes los consagrats perfums. Aquest será mon cántich de gloria y esperansa; Aquest será mon himne de pau y germandat; Me servirá la citra de escut, espasa y llansa En eixes dolces liuytes, en les que el triunfo alcansa Qui de fé y entusiasme y amor va sempre armat. Y si de nou sonara lo crit de mort y guerra. En una má, febrosa, brandant lo.vell Tisó, Y la Senycra en 1' altra, yo escalaré la serra, Yo muntaré á les trones majors de nostra térra, Al cap del fort Mondúver, al cim del alt Mongó; Y allí, ab veu tronadora, "¡Valencia per Espanya! Diré: ¡Filis de Viriato, feu mur deis vostres pits!„ Y entre els gloriosos vítors de gent propria y estranya, Vorás tú com rebroten, quan noble sang les banya, Les palmes sempre verdes deis Jaumes y deis Cits. Teodor Llórente. PLAZA DE TOROS UE VALENCIA. ^CHAQUÉ inveterado es de muchos que, al escribir memorias, folletos ó disertaciones, encabezan su exordio haciendo alarde de erudición. De imitar esta conducta, comenzarla este articulejo indicando si los roma- nos introdujeron las diversiones táuricas; si disminuyó su importancia durante la dominación gótica, y si posteriormente renació, con mayores bríos, mientras los árabes sentaron sus reales en la Península. Mas, como no son de mi agrado esos alardes pedantescos, y además no vienen al caso, dado el objeto de estas líneas, que no es otro que el de manifestar el por qué y cómo se construyó la magní- fica finca que tan pingües productos rinde al Hospital provincial de Valencia, entraré desde luego en materia, dejando para otros la tarea de hacer gala de sus especiales conocimientos. Dos reales cédulas de 9 de Febrero de 1625 y 21 de Junio de 1694 tuvieron su necesario complemento en la expedida por Felipe V en San Ildefonso en 29 de Setiembre de 1739, concediendo el /írzWé'^íí? perpetuo, que anteriormente era limitado, para explotar las corridas de toros que se diesen dentro de la ciudad, en las plazas de los arrabales y en los lugares que no distaran más de media legua. Esta perpetuidad fué ratificada por Carlos III en 22 de Agosto de 1762. En 1766 se lidiaron toros del Colmenar Viejo, los mejores de aquella época, los cuales solo costaban á 800 rs. cada uno . No tan bravos y cuatreños, de las buenas ganaderías, cuestan hoya 7.000 rs., sin contar los gastos de con- ducción. La primitiva plaza de toros se implantó en la del Mercado. Formaba un cuadrilátero irregular, cuyo lado mayor se apoyaba en los pórticos de las tiendas, por la parte de las calles Nueva y de la Puerta Nueva. Otro lado, el que seguía en dimensiones, comenzaba junto á la desembocadura de la calle de Conejos, cerca del punto que se llamaba de la Forca, y por la de Las Magdalenas llegaba á la de Cotamallers, cerca de la cual estaba el palco de la Inquisición. También teman allí localidad preferente la Real Audiencia, el Capitán general, la Orden militar de Montesa, la Junta de muros y valladares, laBailía, el Maestro racional, 370 ' REVISTA DE VALENCIA. el Gobernador, la ciudad y la Diputación, Los lados más cortos y opuestos del polí^'^ono estaban donde se llamaba tanca de la Mercé y iancá de la Llonja. La construcción de esta plaza, así como de las siguientes, hecha excepción de la actual, no originaba grandes dispendios al Hospital, pues se hacia á participación por cierto número de carpinteros, asociados al efecto, y se quitaba y se ponia cuando el caso lo requería. La plaza que se construía en la de Santo Domingo era octógona y de forma más regular que la anterior. Sus mayores lados, que eran iguales y opuestos^ estaban paralelos al convento de Predicadores y al palacio de Cervellon, junto al cual se colocaban los palcos de las Autoridades. Las dos puertas de ingreso se situaban junto á la casa de Boil, ahora la Glorieta, y á la Puerta del Real. También se levantaron á veces los llamados tinglados ó carafals en el Llano de la Zaidía y en la plaza del Real, junto al Palacio del mismo nombre. El Intendente Urdaniz concibió el proyecto de edificar una plaza en el mismo sitio que la actual, junto á la puerta de Ruzafa y sobre los campos que el médico Verdier habia legado al Hospital. Los productos que rindiera pensaba desti- narlos, por terceras partes, al piadoso establecimiento, á las obras del muelle del Grao y al fondo de policía. Previa concesión de S, M. en 1800, abrió una suscricion, que produjo más de 26. 000 duros, y comenzó la construcción; pero la Junta del Hospital acudió, manifestando que no le convenia se levantase bajo aquellas bases, y el Rey, en l802, cedió la plaza en pleno dominio al Hospital, el cual la terminó. Estorbando esta plaza para la defensa de la ciudad en la gloriosa guerra de la Independencia nacional, fué demolida en 1808. Terminada que fué la tan brillante epopeya, se construyeron otras plazas de madera en diferentes sitios, bien donde estaba la última referida, bien en la plaza de la Aduana, bien fuera de la Puerta de Cuarte, explotándose por la junta del Hos- pital á participación con una compañía de carpinteros, los cuales las demolían y las levantaban en otro sitio con una facilidad asombrosa y según los casos exigian. Siguieron así las cosas, hasta que en 1850 fué nombrado Jefe político de Valencia el íntegro é infatigable Sr. D. Melchor Ordoñez y Viana. Al presidir la corrida del 29 de Julio de aquel año, observó que la plaza de madera y la cerca que la rodeaba estaban ruinosas; y con la iniciativa y dotes de carácter que adornaban á aquel Gobernador, dignas de imitarse por los que en nuestros tiempos aspiran á tan elevados cargos, excitó á la Junta provincial de Benefi- cencia para que se levantara otra plaza de Toros, ofreciendo toda su valiosa cooperación. La expresada Junta y la del Hospital, animadas de iguales deseos, y estimando en mucho la protección ofrecida por el Sr. Ordoñez, encontraron obstáculos casi insuperables. No podia contarse con el importe de los materia- les procedentes del derribo de la plaza vieja, pues pertenecían á la sociedad de LA PLAZA DE TOROS DE VALENXL\. 371 carpinteros. Por otra parte era necesario rescindir el contrato celebrado en 1848 con los carpinteros Massó, Comin y Gómez, y aun conseguida la rescisión, podian dichos maestros exigir indemnización de daños y perjuicios por la falta del contrato. Nada arredró á la Junta del Hospital, pues al dia si;^uiente de la moción del Gobernador celebró sesión, en la que se trató de emitir 500 acciones dea 2.000 rs. y se encargó al conocido arquitecto y vocal de la Junta D. Sebas- tian Monleon el levantamiento de un plano, y la formación del proyecto y del presupuesto de las obras. Celebráronse dos subastas para la construcción de la plaza, sin efecto, por falta de licitadores. El Sr. Ordoñez dispuso que dentro de un mes improro- gable quedara derribada la plaza vieja: de esta manera activaba la construcción de la proyectada, y facilitaba la rescisión del contrato con los carpinteros, como se efectuó, según escritura otorgada á mediados de 1851. Entre tanto corria veloz el tiempo y contristaba á la Junta la idea de que llegase Julio y no pudie- ran darse las corridas acostumbradas. En sesión extraordinaria del 10 de Abril de 1851 se trató detenidamente de remover todos los obstáculos que la falta de recursos oponían para construir la plaza, y los distinguidísimos vocales D. Gaspar Dotres, D. Bernardino Martí y D. Juan Bautista Romero, se ofrecieron á garantir, como particulares, los fondos necesarios para la construcción del edificio. Desde luego dichos tres patricios anticiparon 80.OOO rs., con los cuales se abrieron los cimientos, se rellenaron, y comenzó á fabricarse la manipostería que habia de sostener las barreras, las contrabarreras y las tres primeras gradas. En sesión del 5 de Mayo todos los vocales imitaron dignamente la conducta de los Sres. Dotres, Martí y Romero, firmando el compromiso de responder con sus bienes por el importe de las 160 cargas de madera que se calculaban nece- sarias para terminar la plaza. Para eterna gratitud á tan especiales bienhechores, y para que no quede en olvido tan esquisito celo, deben consignarse los nombres de los vocales que firmaron este compromiso. Lo fueron D. José María Ferrandis, presidente D. Roque Paulin, D. Juan Nepomuceno Torres, D. Sebastian Monleon, Don Francisco Arólas, D. Peregrin Caruana, D. Pascual Company, D. Mariano Gisbert, D. Joaquín Casan, D. Miguel Benlloch, D. Vicente Ferrer, D.- Rafael de Carvajal, el Excmo. Sr. Marqués de Cáceres, D. Juan Bautista Berenguer y D. José Romagosa. Con los fondos facilitados por los Sres. Dotres, Romero y Martin, y con los 16Ó.600 y pico de reales, que produjo la emisión de 129 acciones, sin otra ventaja para sus tomadores que el derecho de ocupar gratis un asiento de preferencia en las funciones que se dieran en la plaza, quedó esta cerrada de pared en todo su circuito, hechas de manipostería la barrera, las contrabarreras y las tres primeras gradas, y levantado todo el circo de madera, estrenándose 373 REVISTA DE VALENCIA. así la plaza en las corridas celebradas en los dias 3, 4 y 5 de Agosto de 1851. Estas funciones fueron lucidísimas, puesto que vino como espada el célebre Chiclanero y mató bravas reses de los duques de Gaviria y Veraguas. Hasta esta fecha se hablan gastado 458.678 rs., obteniéndose de estas corridas un beneficio líquido de 95. 570, ó sea un interés crecidísimo del capital empleado. En Octubre del referido año quedó pagada toda la madera, y antes de ñnar 1851 se satisfizo todo cuanto se debia. Cesó aquella Junta, y al encargarse otra, no menos celosa, quiso seguir las mismas huellas; pero la revolución de Julio de 1854, el terrible azote que nacido en el Canjes hizo su desastrosa visita en el mismo verano, repetido en el año siguiente, y la tristísima situación en que dejó al Hospital el plantea- miento de la ley de desamortización, no permitieron á la nueva Junta ni siquiera pensar en proseguir las obras de la plaza. En Febrero de 1857 se renovó otra vez la Junta administrativa. Las circuns- tancias hablan mejorado, y pensó derribar la parte de madera, que estaba ya inservible por el castigo continuo déla intemperie, y concluirla de manipostería. Desde luego se dedicó el producto de las corridas de aquel año á la continua- ción de las obras, y acordó dicha corporación pedir al Cobierno que de los fondos consignados en la Caja de Depósitos, procedentes de la venta de fincas y reducción de censos de su propiedad, se le facilitaran 40.000 duros; pero como los trámites de este burocrático asunto dilataban la pronta decisión, se convino la emisión de acciones, tantas cuantas en pública licitación produjeran 30.000 duros. Se fijó el tipo mínimo según la clase de localidad; se determinó que el pago de dichas acciones debi^hacerse en diez plazos de 3o dias cada uno; se dedicó la suma de 100.000 reales anuales para la amortización, á contar desde el año 1860, y se concedió el derecho de ocupar la localidad adjudicada mientras no fuera amortizada. Se remataron 457 localidades de preferencia por '595.549 reales, y en Noviembre siguiente emprendiéronse las nuevas obras. Con los fondos recabados, con los productos délas corridas de Julio de 1858, y con los de las extraordinarias que por vez primera y por via de ensayos se dieron en Agosto, quedó terminada la mitad del tendido, hecho de segura y magnífica manipostería. También habia muchos materiales acopiados, pero con estas obras se habian agotado otra vez todos los recursos. Se pensó en un empréstito; llegóse á contratar uno de 70.OOO duros con el Crédito Valenciano al 8 por 100; pero tras de la promesa de D. José Campo, de facilitar dicha suma al ó, se acordó no utilizar empréstito alguno al recibir tres reales órdenes, á cual más satisfactorias para los dignos vocales de aquella celosa Junta. Se referían á la concesión de los 40.OOO duros solicitados como producto de la venta de varias fincas y censos del Hospital, mandándose que de dicha cantidad se reintegrara á D. José Campo de los lóo.OOO reales, que LA PLAZA DE TOROS DE VALENCIA, 3'j3 anticipó sin interés alguno, y declarando á la plaza de toros exceptuada de la venta prescrita por las leyes desamorti^adoras. Esto no obstante, faltaban inmediatos recursos, puesto que se hablan consumido los de la emisión de acciones y los productos de las corridas de 1858, y para cobrarlos 40.000 duros facilitados por el Gobierno, se necesitaba llenar previamente algunos requisitos. La Junta, en su vista, en sesión extraor- dinaria del 2 de Enero de 1859, acordó que bajo la garantía personal de sus vocales, y la general de la plaza de toros, se tomase efectivo á préstamo, al menor interés posible, hasta cobrar los referidos 40.OOO duros. La Junta pro- vincial de Beneficencia quiso asociarse á este acto, que tan alto puso el nombre de la administrativa del Hospital, y respondieron asimismo con sus bienes sus dignos individuos, á excitación del Excmo. Sr. Barón de Santa Bárbara, el cual también cedió, renunciando á la amortización á favor del establecimiento, el importe de la barrera número 75, para que su producto acreciera el de las corridas. D. José Campo y D. Juan Bautista Romero, siguiendo su conducta anterior, ofrecieron facilitar todos los fondos necesarios sin interés alguno. De esta manera prosiguieron las obras con pasmosa celeridad y en Febrero de 1859, cuando se cobraron gran parte de los 40.OOO duros, se pagaron todas las deudas contraidas con la Sociedad de Crédito Valenciano, Sres. Campo y Romero, y otros bienhechores, quedando concluida y pintada antes de terminar el año 1860, y amortizadas todas las acciones antes de terminar el 1864. Escuso describir la plaza, puesto que raro será el lector que no la conozca palmo á palmo, y por no prolongar más las dimensiones de este artículo. Paré- cese al antiguo anfiteatro de Nimes, y constituye una joya artística de inapre- ciable mérito, la cual por sí sola hubiera bastado á formar la reputación del arquitecto Sr. Monleon, si no la tuviera anteriormente bien cimentada. La completa edificación de la plaza, sin contar el importe de terreno, que por pertenecer al Hospital no se adiciona, costó al establecimiento 2.82Ó.985 reales 47 céntimos, según se detalla á continuación: Rs. vn. Cs. 3.897 y '2 cahices de cal 87.285 50 12.592 cargas de arena 25-lo2 „ 100.359 quintales de piedra. . . . , 54-8 lo 97 ó. 447 cahíces de yeso 49-635 79 i. 462 quintales de cimento romano 35.579 50 181. 57Ó atobones moldados 92.288 „ 2.181.175 atobones comunes 354.693 50 atobas 25.587 « 197.250 57.025 tejas 9.693 374 REVISTA DE VALENCIA. Rs. vn. Cs 90.800 ladrillos gordos 11. 804 „ 1.83o tableros grandes y pequeños 805 „ 74.586 Ídem cortados 35.053 „ Alfarería: canes, tejas, carazas, etc 16.913 65 235 varas de piedra sillería, 5.200 palmos de cornisa, 3.016 palmos rodeno y demás obra de cantería 146.201 27 Balcones de piedra, su coste y portes 120.305 50 4.318 tablones de Flandes, su coste 90.366 70 Madera del rio, su coste I95.462 06 Portes de la madera 9-263 „ Por aserrar la madera 26.789 3o Por 280 arrobas barandillas de hierro para primer y segundo piso y remate, cerrajas, picaportes y demás obra de este arte ■ 201.267 9I 516 columnas de hierro, con peso de 2. 721 arrobas, 6 lib., su coste y portes 47-746 53 Clavazón: puntas de París, clavos, cola, etc 21.528 70 Herramientas de todas clases, cuerdas, capazos, etc 21.757 88 Pintura: óleo y colores 60.816 74 Jornales de albañilería, carpintería y pintores 91Ó.092 56 Destajos de albañilería 57.286 24 Destajos de carpintería 31.589 50 Gratificación dada á los dementes convalecientes que han tra- bajado durante toda la obra 1.571 82 Extraordinarios sin aplicación á ninguno de los conceptos ante- riores 22.307 Derechos del depositario de los fondos de construcción de la plaza 28.271 ,; Total coste 2.826.985 47 Sin la eficaz y decidida cooperación del Sr. Ordoñez; sin el desprendimiento (le los Sres. Campo, Romero y Martí; sin la acertada y gratuita dirección del arquitecto-vocal D. Sebastian Monleon, asociado de los celosos vocales de la Junta, entre los que descollaban D. Miguel Benlloch, D. José de Navarrete, actual Marqués del Tremolar, D. Salvador Sanchis, D. Manuel Calvo Pelarda, D. Honorato Piera, D. Tomás Guasp y otros, no se hubiera construido la plaza de toros. Extinguida la Junta en Enero de 1 865 y organizado el Hospital como se [)reviene en la ley de Beneficencia de 1849, los Directores que sucesivamente T,A PLAZA DV. TOROS DE VALENCIA. 375 han gobernado tan vasto establecimiento no han descansado un momento, yn mejorando algunas dependencias, ya conservando tan precioso edificio con la mayor asiduidad y celo. Durante el tiempo que estuvo el Sr. Marqués de Tremolar dirigiendo el Hospital provincial, se terminaron las magníficas cuadras de la plaza y los corrales donde el ganado se repone del cansancio del camino. D. Francisco Torres y el Sr. Marqués de Colomina, director y administrador respectivamente, formaron el jardin del centro de las cuadras, é hicieron un recorrido general del tendido, muy deteriorado durante un arrendamiento de la plaza. El señor Torres, al volver al Hospital á fines de 1 874, mandó construir los almacenes de pintura y de decoraciones y enseres del teatro, encima de la puerta del arrastradero, y dispuso la introducción de las aguas potables, para dotar de este beneficio á los abrevaderos de las cuadras y de los corrales, facilitando además el riego de la plaza por el sistema de mangas. El Sr. D. Eduardo Maestre, que le sustituyó, dispuso un detenido recorrido de todas las gradas de la plaza, que estaban muy deterioradas por la intemperie. Durante la dirección de D. José Ortoneda se construyó una cómoda y despejada galería para ver el desencajo- namiento de los toros, y D. Manuel Sapiña, que actualmente desempeña el cargo de director del Hospital, ha dispuesto otro almacén para colocar hori- zontalmente los telones del teatro; la renovación de la valla que dá al tendido del sol, y la construcción de elegantes sillones para las barreras de sombra. Los individuos de las diferentes Comisiones proviaciales y de las Diputaciones, que han suplido las interinidades ocurridas en la dirección del Hospital, también han dedicado todo su celo á la reparación y conservación de un edificio que rinde pingües productos al establecimiento, y mitiga gran parte del déficit que las Diputaciones han de suplir para su sosten. A. Martin, AOUI ONDE estás, alma mia?... No te veo Cual antes, reina del salón, brillar, Ni en el inquieto y bullidor paseo, Ni en el callado hogar. Te llamo y á mi acento no respondes; Vuelvo á llamarte; crece el frenesí; Y tú á mis ojos y á mi voz te escondes Lejos, lejos de mí. ¡Y pretendes huir! ¡Desventurada! Vanos tu intento y mi delirio son: Tú estás aquí, como un puñal clavada, Aquí, en mi corazón. Juan Tomas Salvany CRÓNICA MENSUAL. L mes de Julio nos trae todos los años una solemnidad , grata para los amantes de las letras en Valencia ; los Juegos Florales del Rat-Penat. No decae esta fiesta literaria: este año se ha celebrado el dia 29, en el Teatro Principal, con igual ó mayor brillantez que los años anteriores. Profusamente iluminado el coliseo y decorado con el mejor gusto, ocuparon sus localidades las más distinguidas damas valencianas, y concurrieron al estrado, donde se levantaba el trono de la poesía, las autoridades y corporaciones, bajo la presidencia del Excmo. Ayuntamiento. Abierta la sesión, el Sr. D. José Arroyo y Almela pronunció un breve discurso, manifestando las simpatías á que se ha hecho acreedora la sociedad por las nobles aspiraciones que la animan, y que se reducen á mantener vivo el amor á las cosas de Valencia, bajo sus diversos aspectos científicos, literarios y artísticos. El secretario del Consistorio de Mantenedores, compuesto por el excelen- tísimo Sr. D. José C. Sorní, D. Joaquín Serrano Cañete, D. Juan Reig y García, D. Salvador Giner, D. Joaquín Agrasot y D. Constantino Llombart, dio lectura al dictamen, anunciando que el premio de honor y cortesía había sido adjudi- cado á la composición que resultó ser del inspirado poeta valenciano D. José Aguirre y Matiol, el cual hizo entrega de la flor natural á la distinguida y bella Srta. D.^ Elvira Lozano, que fué proclamada Reyna de la festa, en medio de las aclamaciones de aquel numeroso concurso. ■* * Continuando el reparto de premios, resultaron adjudicados á los señores siguientes: Segundo premio á la Flor natural, un objeto de arte, regalo de D. José Ma- ría Puig, á D. J. Sanmartín y Aguirre. Accésits á la Flor natural: primero, á D. Claudio Ornar Barrera, de Barce- lona; segundo, á D. José Bodría, de Valencia, y tercero, á D. Bartolomé Sín- gala, de Palma de Mallorca. Historia gramatical de la lengua lemosino-valenciana. — Premio, consistente en un brote de laurel de oro y plata, á D. José M. Puig Torralba. Busto en barro cocido del pintor Ribera. — Premio, consistente en un álbum de fotograñas artísticas, á D. Vicente Pellicer. Colección de cuatro ó más composiciones musicales de cortas dimensiones, para piano y armónium, tomadas de melodías populares del reino de Valencia. 378 REVISTA DE VALENCIA. Premio, consistente en una batuta artística, á Don Amancio Amoros; accésit. á D. Vicente Peidró. Los anteriores premios son los ordinarios, ó sea los que ofrece Lo Rat-Pe- nat. Los extraordinarios son: Estudio histórico sobre el arte de la seda en Valencia. — Premio de la exce- lentísima Diputación provincial de Valencia, consistente en una joya de plata con varios atributos; adjudicóse á D. Luis Tramoyeres Blasco; accésit, á Don Francisco Martí Grajales. Memoria sobre la organización municipal de Valencia desde el tiempo del Rey D. Jaime hasta la abolición de los fueros. — Premio del Ayuntamiento, con- sistente en un cuadro de plata, á D.José Martínez Aloy. Canto á la patria. — Premio de la Diputación provincial de Alicante, consis- tente en una escribanía de plata, á D. Teodoro Llórente. Colección de artículos históricos, referentes á la provincia de Castellón. — Premio de la Diputación provincial de aquella provincia, consistente en un cen- tro de mesa artístico, á D. Juan A. Balbas, bibliotecario del instituto de Cas- tellón. Apuntes históricos y críticos sobre los gremios. — Premio de la Sociedad Económica de Amigos del País de este ciudad, consistente en un brote de plata, á D. Francisco Tarin Juaneda. Canto á uno de los más distinguidos agrónomos valencianos. — Premio de la Sociedad Valenciana de Agricultura, consistente en una espiga de plata y oro, á D. Víctor h-anzo y Simón. Soneto dedicado á D. Jaime el Conquistador. — Premio del Círculo Valencia- no, consistente en un joyero de plata; no se ha adjudicado, pero se han conce- dido los accésits que siguen: primero, á D. Víctor Iranzo y Simón; secundo, á D. José Garriga Lliró, de Barcelona; tercero, á D.° Magdalena García Bravo, y cuarto, á D. Jacinto Labaila. Composición en verso á la memoria de Qiiansevol, (bienhechor de las Escue- las de Artesanos).— Premio de la Junta de estas Escuelas, consistente en un pisapapeles, á D. Jacinto Labaila; accésit, á D, Víctor Iranzo y Simón. Canto á las glorias de Valencia. — Premio de la Sra. D." Isabel de La Cer- da de Andreu, Reina de la f esta, que ha sido, consistente en un ramo de violetas de plata, á D. F. Bartrina, de Barcelona; accésits: primero, á D. Arturo Masrieta, de Barcelona; segundo, á D. Bartotomé Síngala, de Palma. Leyenda en verso sobre el origen de la Virgen del Puig. — Premio del di- funto D. Bernardo José Escrivá, consistente en un escudo de la orden de la Merced, de plata, á D.* Manuela Inés Rausell. Leyenda en prosa sobre un hecho de la historia de Valencia. — Premio de D. Leandro García; no se adjudicó, dándose los accésits á D. José Arroyo y Almela, D. Vicente Blasco Ibañez y D." Manuela Inés Rausell. Colección de cantares valencianos. — Premio de D. José Podría, consistente en una pluma de plata, á D. Francisco Barber; accésits á D.'' Manuela Inés de Rausell, D. José Nebot Pérez, de Villareal, y D. José Puig Torralba. Novela sobre un hecho de la guerra de las Cruzadas. — Premio de D.José Ma- ría Puig Torralba. Este premio se adjudicó, por indicación del donante, á la com- posición segunda en mérito que optaba á la flor natural, la cual, como hemos dicho, resultó ser el autor el Sr. Sanmartín y Aguirre, pero se dio un accésit á D. Francisco Fayos, de Barcelona. * CRÓNICA MENSUAL. 379 Los poetas preiniíulos que se hallaban presentes, recibieron las joyas de ma- nos de la reina de la fiesta, siendo saludados por el público con grandes aplau- sos. De las obras premiadas, solamente se dio lectura á las poesías de los señores Aguirrc, Llórente é Iranzo. El Excmo. Sr. D. José C. Sorní leyó un meditado discurso, en el que de- mostró sus vastos conocimientos en la historia y la literatura patrias, termi- nando tan agradable sesión el Excmo. Sr. D, José M. Sales, alcalde de esta ciu- dad, pronunciando un oportuno discurso de gracias. Las Bellas-Artes han tenido digna representación en la Exposición Regional celebrada por la Sociedad Económica de Amigos del País. No nos toca á nos- otros hablar de su magnífico concurso, que ha descrito ya la prensa. Solamente, para cumplir los fines de esta Revista, apuntaremos las obras principales que muchos artistas llevaron á él, y que merecieron una instalación especial. El pabellón de Bellas-Artes construyóse de ladrillo, para mayor segundad de las obras contenidas en él. No era, sin embargo, más que un barracón pro- visional, en el cual se buscaron las condiciones de capacidad y luz, descuidando las de belleza exterior. Constaba de un cuerpo central, más elevado, en el cual estaba la puerta de ingreso, y dos alas en forma de barraca. Ese cuerpo cen- tral estaba decorado exteriormente con cuatro estatuas, copias del antiguo, y algunos bustos, y en la cima ondeaba la bandera blanca y azul. El interior for- maba también tres grandes departamentos: el salón central, que era cuadrado, y dos salones prolongados, uno á cada lado, recibiendo luz zenital, como con- viene en los museos y exposiciones artísticas. En el centro del salón central se habia expuesto el modelo en yeso de la estatua de Luis Vives, obra del Sr. Aixa (la que fundida en bronce está en la Universidad): uno de sus lados lo ocupaban los trabajos de los alumnos de la Escuela de Bellas-Artes y cuadros de los pensionados en Roma, y en los otros habia fotografías y otros productos de las industrias artísticas. El salón de la derecha estaba destinado al arte retrospectivo, y se velan en él preciosidades en libros, estampas, pinturas, armas, muebles y otros mil obje- tos, ocupando el centro la magnífica carroza antigua de los marqueses de Dos- Aguas. El salón de la izquerda era el destinado al arte moderno, y en él debemos detenernos un poco. * ■*• La Exposición artística no pasó de mediana: habia muy pocas obras hechas ad ¡toe. Faltaron á ella muchos de los pintores más acreditados en Valencia, como los Sres. Salva, Asenjo, Brel, Pinazo, Peiró y otros. Si no fuera por algunos buenos cuadros ya conocidos en Madrid, que trajeron de la corte algunos pintores valencianos residentes en ella, el concurso hubiera sido insig- nificante. Citaremos lo más notable, Emilio Sala: El Valle de Lágrimas, cuadro efectista, de gran mérito, que promovió en Madrid muchas controversias. Representa una campesina leonesa, en medio de un bosque, llevando á cuestas el cadáver de su madre. Retrato magnífico deD. Ramón de Campoamor: otros de los padres del poeta Ouerol, y algunos más. Salvador Martínez Cubells: La Vuelta del Torneo, cuadro hermosísimo, admi- 33o REVISTA DE VALENCIA. rado en la última Exposición Nacional de Bellas-Artes, y tres retratos magis- trales. Antonio Gomar, dos deliciosos paisajes, uno de Madrid y otro de Granada. Rafael JMonleon: dos preciosas marinas, una de mar tranquilo y otra de mar borrascoso. José Benlliure: dos hermosas acuarelas de gran tamaño: una mujer oriental y un viejo mendigo. Joaquín Agrasot: poca cosa tratándose de tan buen pintor: tres cabezas, una de gitano y dos de flamencas. Germán Gómez: un cuadrito de D. Quijote, cenando en casa de los duques, y otro de una parejita de torero y chula, muy lindo. Eduardo Soler: un precioso tríptico de pintura religiosa. Vicente March: un lindo cuadrito, pintado en Roma: volatineros haciendo sus ejercicios en una posada de aldea. Vicente Borras: el único de los pintores residentes en esta ciudad que hizo una obra de empeño para este concurso: representaba al famoso padre Rico, ante las autoridades de Valencia, reunidas en el Salón de Cortes, en los turbu- lentos dias de 1808. Javier Juste: una marina de gran tamaño, y otras pequeñas, entre ellas una de la Albufera, deliciosa. José Abril: bonitas marinas. Rafael Montesinos (hijo): varios paisajes, entre ellos uno de alguna impor- tancia, representando el bosquecillo de pinos del Jardin del Real, al amanecer. Francisco Richard: estudios para un gran cuadro sobre D. Jaime el Conquis- tador: muy valientes y bastante extraños, Carlos Giner: varios agradables retratos, Francisco Mas: algunos hermosos paisajes de breve tamaño. José Estruch: una Virgen y un Salvador, escuela de Juanes. Sorolla: estudios del desnudo, muy buenos. Otros muchos cuadros habia, y algunos dignos de mención; pero no pode- mos alargar más este artículo. La parte de escultura era pobre; habia bastantes obras, pero de escasa impor- tancia. El maestro fundidor Vicente Rios exponía en un gran escaparate sus bustos, estatuas, platos artísticos, etc. El jurado concedió el gran diploma de honor alSr. Sala; el segundo premio al Sr. Martínez Cubells; y medallas de primera clase á los señores Gomar, Bor- ras, Sorolla, Ricart y Soler. • * También debemos citar como importante obra artística, á que dio motivo la Exposición Regional, el grandioso himno que para su solemne inauguración compuso el Director del Conservatorio de música, D. Salvador Giner, sobre una poesía ad Jioc de D. Teodoro Llórente. Esta obra musical, escrita en bre- ves dias, es notable por más de un concepto, admirando en ella los inteligentes su inspiración, su cadencia y su acertada factura, que honran al autor y le han valido el nombramiento de socio de mérito de la Económica de Amigos del País, La Sociedad del Rat-Penat ha renovado su junta directiva, quedando consti- tuida de la siguiente manera: CRÓNICA MENSUAL. 381 Presidente honorario: El Excmo. Ayuntamiento de Valencia en corporación. Presidente: D. Fernando Rei^,^ y García. Vice-Presidente: D. Miguel Aniat y Maestre y D. Vicente Llobet y banchis. Tesorero: D. Matías LÍorca.— Contador, D. Honorato Berga y García. Socio iniciador y fundador: D. Constantino Llombart. Bibliotecario: D. Luis Tramoyeres. ^ Presidente del Centro de escursiones científico-literarias y artísticas: U. ieo- doro Llórente y Olivares.— Presidente de la Comisión de publicaciones: Don Félix Pizcueta.— De la sección de Ciencias histórico-arqueológicas: D. Juan de la C Martí.— De Literatura: D. Víctor Iranzo y Simón.— De Pintura, Escultura V Artes anexas : D. Ignacio Pinazo. De Música: D. Amancio Amorós. ' Vocales: D. Ignacio Vidal y Teruel.— D. Juan A. Montesinos.— D. Bernardo Diaz yTalens.— D. Luis Cebrian.— D. José F. Sanmartín y Aguirre.— Don Leandro García. . • -n. Secretario general: D. Esteban Angresola y Ballester.— Vice-secretarios: Don Manuel Hernández Robledo, y D. Benito Buso. bibliografía valenciana. BRAS FESTIVAS, SATÍRICAS Y SERIAS EN P.ROSA Y EN VERSO de D. Francisco Ouevedo Villegas. Valencia , iSSj, Terraza, Aliena y compañía, editores, inipr. de Juan Gnix (i). Honra á la tipografía valenciana esta magnífica edición de las obras comple- tas de lino de los primeros ingenios españoles. Los Sres. Terraza y Aliena nada han escaseado para hacerla digna de él, llamando en su auxilio á los artistas valencianos, que han pintado los originales de los preciosos cromos que adornan é ilustran esta publicación. Algunos de estos cromos, firmados por los Sres. Pinazo y Peiró , son unos preciosos cuadritos , compuestos con mu- cha gracia y propiedad. La parte tipográfica es también excelente; en cuanto á la literaria ha sido encomendada la recolección de las obras de Ouevedo al laborioso escritor D. Juan Bautista Perales, que ha puesto especial cuidado en reunir todas las producciones de tan preclaro ingenio, incluso las inéditas, teniendo presente las variantes y correcciones de las ediciones anteriores. Acom- pañan á la presente una extensa biografía del autor, con el juicio crítico de sus obras, y noticias históricas bibliográficas de cada una de sus producciones. El primer volumen comprende las obras en prosa, comenzando por las satíricas, tan famosas y populares algunas de ellas, y siguiendo la Política de Dios y Gobierno de Cristo, y demás obras serias. El tomo segundo comprende el Partiaso español, dividido por las. nueve musas, y las demás poesías de Ouevedo. POESÍAS RELIGIOSAS, ORIENTALES, CABALLERESCAS Y AMA- TORIAS DEL P. Juan Arólas, de las Escnelas-Pias. Nueva edición, corregida y amnentada. Valencia, iSS^, libr. de Pascual Agnilar, inipr. de R. Ortega (2). No pasa la popularidad de las poesías de Arólas, el vate más inspirado y fecundo que ha tenido Valencia en el presente siglo. La nueva edición de ellas que acaba de hacer el Sr. Aguilar, será bien recibida de todos los amantes de las letras, pues les brinda ocasión de saborear de nuevo aquellas hermosas (1) Consta esta obra de dos hermosos volúmenes en folio, de unas 850 páginas cada uno, con numerosas láminas cromo-litografiadas. Están magníficamente encuadernados por D. Francisco Tasso. (2) Un tomo en 8.° mayor de 592 páginas con el retrato del poeta, dibujado por K. Montesino y grabado porT. Blasco. Se vende en la librería de P. Aguilar. Precio; 5 pesetas. BIBLIOGRAFÍA VALENCIANA. 383 composiciones en que con tanta variedad se esplayó el genio creador del ilustre escolapio. ¡Qué suljümidad y grandeza en sus poesías religiosas, cuando ensalza la inagestad'^de Dios! ¡Qué colorido tan brillante y qué riqueza de imaginación en sus leyendas orientales! ¡Qué ternura de sentimiento en las amorosas! Cua- renta años bien cumplidos han pasado desde que se publicaron en Barcelona, coleccionadas por, vez primera, las obras poéticas de Arólas, y cuando tanto cambia el gusto del público, no han perdido su grato sabor esas creaciones lozanas de su privilegiada fantasía, En la presente edición se han añadido muchas poesías, que andaban sueltas y sin coleccionar todavía, y ofrece por tanto mayor interés. La impresión es bas- tante esmerada y elegante, cual corresponde á un libro de este género. Bien podemos recomendarlo á las personas de gusto. SUMMA THEOLÓGICA dive ThomcB AqumaHs. Editio prima valentina, Jlo- diernis scholarwn necessitaübns accoviodata á doctore D. Niceto Alonso Peru- jo, presbítero. Tomos XI y XII. Valencia^ i88^, impr. de Domeiiech (i). Este año ha terminado la impresión de esta importantísima obra, que honra á Valencia, pues la presente edición de la Siimma es notable, tanto por la parte literaria como por la tipográfica. El Sr. Alonso Perujo, doctoral de la Catedral de Valencia, y autor de importantes trabajos teológicos, como las Lecciones so- bre el Syl/ubus, el Manual del apologista, etc., etc., ha enriquecido el texto de Santo Tomás con abundantes notas, acomodadas al estado actual de la ciencia eclesiástica, y puestas al alcance de los jóvenes estudiantes, á quienes especial- mente está destinada esta edición de la Swnma. Ikistra además su trabajo con numerosos apéndices, en los que se dilucidan cuestiones importantísimas y de ac- tualidad, de las que no se ocupó el Doctor Angélico. La parte tipográfica cumple perfectamente su objeto, que es hacer una edi- ción completa, y al mismo tiempo económica. L^'DÍCE DE BIBLIOGRAFÍA HISTÓRICA, por el Vizconde de Bétera. lomo I. Valencia, iSS¿, impr. de Domenech {2). El Sr. Vizconde de Bétera está dedicado á un trabajo digno de benedictinos, pues requiere muchos años de pacientes y pesadas investigaciones. Trata de for- mar un catálogo de todos los libros publicados en España, que traten de histo- ria universal, general ó local, española ó extranjera. La empresa es tan vasta, que no sabemos si es suficiente para ella la vida y la actividad de un hombre solo. Para facilitar su trabajo, el autor ha dado á la estampa un grueso tomo del índice alfabético délos libros que tiene ya revisados. Este índice comprenderá ties tomos. En él no se incluyen más que el nombre de cada historiador y el título de sus obras, dejando los pormenores para el trabajo definitivo. De esta edición, hecha para el uso particular del autor, 110 se han tirado más que doce ejemplares. (1) Doce tomos en 4.°, de impresión compacta y clara, á dos columnas, comprensivos cada uno de ellos de más de 600 páginas en 4.* Precio: 9 duros en rústica; 12, encuadernado. (2) Un tomo en 8." español de 320 páginas, esmeradamente impreso en papel de hilo. >.o se ha puesto á la venta. 384 REVISTA DE VALENCIA. LA ESCUELA. Obra escrita en francés por el ex-in'mistro de Instrucción pública de Francia, Mr. Julio Simón, y traducida al castellano por A. y A. Moya DE LA Torre. Valeficia, jS8¿, inipr. de Euiilio Pascual {i). Pertenece esta cbra ala Biblioteca profesional de Educación. Como su título indica, su objeto es presentar la escuela en su estado actual, comparada con lo que fué, y con las mejoras de que es susceptible. La educación de las niñas, hoy muy descuidada, y la instrucción obligatoria, son sus temas principales, y á su perfeccionamiento y desarrollo se dirije, fundado en que el pueblo que posee las mejores escuelas es el primer pueblo, EL PORVENIR DE ESPAÑA EN AMÉRICA. Medios para que recobre España su antigua importancia en el mundo político y comercial. Valencia, i88j, impr. de Ramón Ortega (2). Este folleto, publicado sin nombre del autor, es del Sr. Ansaldo Marques, es- critor chileno, que á consecuencia de la guerra de aquel país con el Perú, ha fija- do su residencia entre nosotros, consagrando su actividad y sus vastos conoci- mientos á consignar en un interesante opúsculo los medios más apropiados para que España recobre su antigua importancia, estrechando sus relaciones con los países de la América del Sur, de los que publica datos interesantes para el ca- pitalista, el industrial, el comerciante, el emigrante y el viajero; exponiendo los muchos negocios que pueden seguirse entre la Península y las naciones hispano- americanas. El editor Sr. Ortega ha dedicado este folleto al Excmo. Sr. Marqués de Cam- po, que reúne, entre otros muclios títulos, el de haber montado una línea de vapores que ponen en relación directa á España y las repúblicas americanas del Atlántico y del Pacífico. EMILIO SOUVESTRE. El mundo tal y como será en el año tres mil. Va- lencia, 1882,, librería de Pascual Aguilar. Impr. de iM. Alu/re (J). Esta obra forma parte de la Biblioteca selecta, y bien merece este honor, pues es una de las más interesantes que escribió su autor para poner en ridículo las utopias de los novadores de nuestra época, que quisieran cambiar la faz del mundo y la sociedad. Aunque hace ya bastantes años que se publicó, no ha perdido su interés, y se lee todavía con gusto y con provecho. (1) Un tomo en 8.° mayor de 294 páginas. (2) Un cuaderno de 100 páginas en 4.° (3) Dos tomos en 8." de unas 150 páginas cada uno. rrecio: 4 reales. Vale.ncia. Imprenta de Domenech, Mar, 48. — 1883. REVISTA DE VALENCIA. 1." Setiembre de i^S']. PRÓLOGO PARA LAS "PÁGINAS RIMADAS. LIBRO NUEVO DE POESÍAS DE R. DE BRUGADA Y ]. RODRÍGUEZ GUZíMAN. [ice Enrique Heine, como fin y remate de sus bellos poemitas del Mar del Norte, que los pensamientos nacen y crecen en el humano espíritu ¡como las espigas en los campos, y que, entre ellos, los del poeta son como las florecillas azules ó rojas que brillan en las mieses. El labriego las arranca con enojo, el segador las aparta con desprecio, hasta el paseante, cuya vista deleitan y regocijan, las califica desdeñosamente de malas yerbas; pero la doncella campesina las recoje afanosa, forma con ellas guirnaldas, y las ostenta satisfecha en el baile del lugar. Este sencillo apólogo me ha venido á las mientes al recibir, de manos de dos excelentes y queridos amigos, unos cuantos pliegos de versos, recien salidos de la prensa, y a la vez el honroso encargo de hacer la presentación del nuevo libro al público, en la forma acostumbrada de lui breve prologuillo. Porque, antes de pensar si los versos serian buenos ó malos, clásicos ó románticos, épicos ó líricos, lúgubres ó jocosos, la primera idea, la impresión instantánea, fué que, puesto que se trataba de Páginas rimadas, fuera cual fuese su índole, su género y su tendencia, habria que disculpar, ante todo, á esos escritores retrógrados, que cuando rápidamente declina este siglo que llaman positivo, aun se complacen en las puerilidades de la poesía, y entretienei\ con las dificultades embarazosas del metro y de la rima la acerada pluma, convertida por los ade- lantos de los tiempos en rápido instrumento de la labor urgente del progreso, 386 REVISTA DE VALENCIA. "¡Tomos de versos todavía! —parecíame oír á esas mil voces anónimas que forman la respetable voz de la opinión pública. — ¡Florecilias rojas ó azules, ó de cualquier color que seanl No, señor; no es eso lo que demanda la anhelante humanidad. No es para que florezcan esas yerbas inútiles para lo que abre el crénio los surcos profundos del pensamiento. ¡Espigas! ¡espigas bien granadas por todas partes!,, Y es, en electo, casi seguro que con estas severas fustiga- . clones saludarán la aparición de este, ó cualquier otro libro de versos, los filó- sofos profundos, que poseídos de un trascendental humanitarismo, esperan el dia feliz en que, arrancadas las inútiles flores, desde un extremo al otro de la tierra, como queria aquel pobre diablo de Dupont, tan donosamente pintado por Alfredo Musset, Les hommes stupéfaits Ne verront qu' une mer de choux et de navets. Habrán de dispensármelo mis queridos amigos Ricardo Brugada y Juan Ro- dríguez Guzman: para convencer á esos seres superiores de que la poesía con- duce por vía derecha, ni siquiera oblicua ó convergente, á la realización de tan sublimes ideales, fáltanme palabras. Por mi parte, encariñado como estoy con la inocente manía de los versos, prefiero afrontar su soberano desden, y aconsejo tan cómoda resolución á los autores de este libro. Creo, por otra parte, que, al darlo á la estampa, no se han propuesto resolver ningún problema moral, político ó sociológico, ni cambiar por desusada manera los destinos del humano linaje. Yo sé muy bien, — aunque esto no le importe al curioso lector, si su curiosidad no llega al censurable extremo de la impertinencia, — que uno y otro, cada cual en su esfera, cumplen la ley divina, que condena al hombre al trabajo en este valle de lágrimas, y que son miembros útiles de la familia y de la socie- dad, lo cual no impide que en el campo fiado á su acción productora, cultiven las flores al par que las espigas, no con el insensato propósito de llevar también aquellas al molino, sino bien convencidos de que ha de recogerlas amorosísi- mamente la apasionada doncella de que nos habla Enrique Heine en el pasaje que he puesto por cabeza de este preámbulo. Esa doncella, que con tan poco se deleita, más que rústica campesina, paré- ceme nobilísima princesa, de estirpe sobrehumana: es la Imaginación, siempre viva y despierta en nuestro espíritu, que sin aparente esfuerzo ni exterior auxi- lio crea visiones, ensueños y fantasías, superiores á todo lo que nos ofrece la realidad, y adecuados á cierto afán inestinguible que constituye el secreto más hondo de nuestro ser; es el Sentimiento, dulcísimo calor que llena el corazón de inefables delicias, y hasta endulza las mismas lágrimas; es, en una palabra, el Alma humana, creada por Dios para admirar la Belleza, al mismo tiempo que busca la Verdad y ama al Bien, y que en la síntesis prodigiosa de sus facultades, encuentra, sin explicárselo, unidad divina en esos diferentes aspectos de su va' PRÓLOGO PARA LAS "PÁGINAS RIMADAS.,, 3Sj riada aspiración. Por eso, siempre, mientras aliente la hiimaniflad, por los siglos de los siglos, vivirá y triunfará la poesía, lo mismo entre las hordas salvajes que enlazan sus rústicos bailes al son de bárbaras canciones, que en los albores de la civilización, cuando nacen las epopeyas legendarias, y en el apogeo de la cultura, cuando florecen todos los primores de las letras y las artes. Cambian las formas métricas y los géneros literarios, modifícase el gusto y altéranse los ideales de la poesía; pero la poesía, en su fondo, en su esencia, en su ¿/aid divi^ num, vive y persevera siempre, hasta cuando es negada con mayor obstinación. Es flor que brota, al calor del alma humana, en los mismos lodazales de la corrupción: manchada por ese hieno, aun exhala algo de su celeste perfume en las creaciones deformes del grosero naturalismo, que hoy alcanza triste voga en el mundo literario. Yerran después de todo, en mi concepto, los que atribuyen al presente siglo, un espíritu marcadamente prosaico: achaque es este de todas las épocas; siempre el pasado se nos presentó á la imaginación con poética aureola, que ella misma le presta. Los prodigiosos adelantos de las ciencias exactas y naturales, las admirables invenciones que han trasformado el mundo en su aspecto material, el desarrollo colosal del comercio y la industria, del espíritu de empresa y de negocio, todo ello, juntamente con los avances del descreimiento y el escepti- cismo en el mundo moral, han hecho que alardeen de positivistas algunos que se juzgan representantes genuinos de la cultura contemporánea, y que aquel mismo epíteto haya sido dado al siglo XIX, en son de alabanza ó de censura. Pero, en ese concepto, es nuestra perturbada época mejor que su reputación, y tengo para mí que pocas la aventajan en amor á las letras y las artes, doble ex- presión de la poesía. Hace cinco ó seis años tuve que escribir un discurso para la apertura del Ateneo, y ese fué el tema que me sirvió para salir del compromiso. Hed aquí lo que decia entonces: "Tan estimados como ahora pueden haber sido en otras épocas el arte y la poesía; más, no. ¿Cuándo han encontrado reparación, como en nuestros dias, las injusticias de los siglos?- ¿Cuándo han sido honrados, cual lo son actualmente, los genios que en esa esfera superior ilustran á las naciones, y que quizás sus contemporáneos miraron con desdén? Cada país los considera como su mejor timbre de gloria y les consagra periódicas conmemoraciones, estatuas y monu- mentos. A cada paso nos dá noticia la prensa de esas entusiastas demostra- ciones; ya es Florencia, que eleva una estatua al Dante; ó Aviñon, que conme- mora el centenario del Petrarca; ó Palermo, que recibe triunfalmente las cenizas de Bellini; ó Inglaterra, que erige un monumento á lord Byron; ó los Paises- Bajos, que celebran la fiesta de Rubens, y no acabaría esta relación de hechos del dia, si llamara en mi auxilio la memoria. Y en nuestra misma España, ;no es 388 REVISTA DE VALENCIA. una halagüeña novedad el reciente y cada año más extendido homenaje que rendimos á la memoria de Cervantes? ¿No es grato ver que cada dia rodea mayor respeto á los cultivadores de las letras y las artes, y que el duelo público solemnemente expresado, cierra la tumba del que logró distinguirse? Toda Es- paña ha vestido luto al morir Bretón de los Herreros y Rosales: hoy mismo, suenan por todas partes los ecos dolorosos que despiden al pobre Narciso Serra.,, "En nuestra época de combate, de apasionamientos y de odios, anadia, solo hay unanimidad para honrar al genio que descubre la verdad ó expresa la belleza. Víctor Hugo, político, filósofo, utopista, glorificado por unos, es por otros sañudamente combatido: Víctor Hugo, poeta, es la gloria de la Francia y de la Europa. En nuestra revuelta España, llega, en el hervor de la últimas luchas, un errante trovador, que vá cantando las antiguallas de la historia y la tradición, y ese hombre, sin poder, sin riquezas, ese hombre que no es ni quiere ser nada más que poeta, es aplaudido y admirado por todos, y corre su nombre de boca en boca, con la profunda resonancia que asegura la inmortalidad. ¿Qué más? Un pensador profundo y valiente, de pocos conocido, revélase de pronto, con un relámpago deslumbrador de elocuencia y de genio, en el momento más crítico de la última revolución: el ñamante filósofo, llega enseguida á la meta de la ambición española (permitidme la frase) y ahí tenéis al modesto ingeniero hecho ministro. ¿Podia subir más alto? Sí, bajando del poder, y dedicándose á escribir comedias. Echegaray aparece en el teatro con sus dramas sorprenden- tes; y desde ese momento, para todo el mundo es y será, antes que todo y sobre todo, el autor de Locura ó satitidad. "¡Lástima que el Sr. Ayala sea hombre político!,, decia estos dias un periódico, al anunciar un nuevo drama de este gran poeta; y en cierto sentido tenia razón, porque ¿qué significa ser mi- nistro de la Corona ó presidente del Congreso de Diputados, qué vale el gobierno de una nación, al lado del Tanto por ciento?^. El gusto, cada vez más extendido, de las artes, y el sentimiento de la naturaleza, nunca tan desarrollado como ahora en la humanidad, eran también argumentos que entonces aducía en apoyo de mi tesis, y que ahora pudiera confirmar con nuevas observaciones, si no fuese alargándose en demasía este preámbulo, al cual no puedo dar fin, sin decir algo, aunque sea poco, de los poetas de estas Páginas rimadas^ después de haber hablado tanto de la poesía ^ en general. No me toca hacer su elogio; parecerían poco delicadas las alabanzas en este sitio, y no les habrían de valer mucho, viniendo de quien no tiene autoridad para hacer calificaciones ni asignar puesto en el Parnaso patrio. Que este libro les dá entrada en él, téngolo por indudable; y que han de ocupar en sus alturas lugar distinguido, paréccme seguro. Uno de ellos. Rodríguez Guzman, paladín I'R(')LOGO PARA LAS ""l'ÁGIXAS RIMADAS.,. 389 valiente en reñidos certámenes, ha obtenido gloriosos lauros, que le acreditan ya de inspirado poeta. Menos conocido Brugada, porque su Musa es más reser- vada y gusta de la sombra, prueba en las páginas de este volumen que también es poeta, aunque de distinto carácter. Es el primero uno de los escritores más imaginativos y fantaseadores que conozco. Verdadero poeta, poeta por esencia, presencia y potencia, como diria un escolástico, para él la realidad no es más que el tosco pedestal, en el cual asientan el pié las expléndidas visiones que llenan su mente soñadora. Amante apasionado del ideal, lo vé surgir en todas partes, iluminando el mundo con celestes resplandores. Tras ese ideal camina absorto y embebecido, sin curar de las asperezas del camino: la visión soberana, le atrae y le deslumbra. Ve algunas veces "cuajar sus esperanzas en el viento,,, y nos describe entonces la Musa que le inspira: Traida acaso por la tibia brisa, Forma tomando por la vez primera, Vi á mi lado á mi Laura, á mi Eloisa, Ostentando en sus labios la sonrisa Que vio el Dante en su dulce compañera. • Toda la majestad, en su hermosura, De una diosa bájala de la altura: Todo el fuego de un ángel en sus ojos; Toda virtud sobre su frente pura; Todas las gracias en sus labios rojos. No sé si con el rayo de una estrella, Llegó á mi lado con callado vuelo; Pues dudaba, al nrrarsu imagen bella, Si luz del cielo la inundaba á ella, Ó era su luz la que llenaba el cielo. Esta exaltación de la fantasía es el carácter distintivo de Rodríguez Guzman. La naturaleza se metamorfosea á sus ojos, como á los de Ovidio: pueblan el mundo, para él, gentílicas ninfas, o:idinas y serenas, en buena compaña con los silfos y las hadas de la Edad Media. La historia, evocada por su espíritu creador, conviértese en una inmensa epopeya. Los sentimientos del alma adquieren el calor y el ímpetu de una pasión profunda é inasequible. El amor es una de las cuerdas que vibran con más resonancia en su corazón, arpa eolia, sensible á todos los vientos. Machos nombres de mujer encontramos en sus versos: responden sucesivame:ite al arquetipo de un afecto platónico, que está bien expresado en la poesía Mi ideal, en la que vemos al enamorado vate 390 REVISTA DE VALENCIA. ansioso de reunir eu una sola suprema belleza la Raquel del Pentateuco y la Ma-^dalena del Evangelio, la Beatriz del Dante y la Julieta de Shakespeare, la Heloisa de Abelardo y la Isabel de Marsilla, la Corina de madame Stael y la Carlota de Goethe. Rodríguez Guzman ha escrito muchos versos, quizás demasiados. I.as rimas, siempre floridas, elegantes y sonoras, brotan de su pluma con peligrosa facili- dad. En este volumen solo hay pequeñísima parte de sus composiciones: mu- chas hay buenas; faltan algunas de las mejores. Ricardo Brugada es escritor de muy distinta índole, poeta de otro temple. No le arrastran los vuelos de la imaginación; pensador, reflexivo, de ánimo sereno y apacible, escribe con mano firme y sosegada lo que le dicta su inteligencia convencida y su corazón lleno de dulces afectos. Discreto en el pensamiento y sobrio en la expresión, sus versos no fascinan ni arrebatan, pero deleitan y hacen bien. El encanto de las soñadoras fantasías, que brilla en los de su colega, está sustituido por un espíritu observador, por un raciocinio vigoroso, por un sentimiento sano y elevado, á veces también por una ironía delicada ó una jovialidad cortés. La idea religiosa y moral predomina en este escritor creyente y honrado: las hermosas composiciones á la Sepultura de Cristo, Canfidencias á María In- maculada, Glorias de España, Amores y amor, y otras varias, prueba son de su acendrada fé. Las tendencias escépticas de nuestros tiempos le arrancan gritos de indignación en sus poesías á Europa y al Siglo XIX. En otras, como Jutito al mar, eu. el Cementerio, la Boda y la Mortaja, su musa moraliza y adoctrina, ¡Y cómo se refleja también la rectitud del sentimiento en su numen amoroso! Tú y yo, No te alejes, el Ramo de jíores, Sin ti, Tus ojos. Asido á un cabello, son expresión ingenua, decorosa y dulce de un amor puro, tranquilo y confiado, dignamente correspondido, de cuya ternura puede dar idea la siguiente sentida composición: DOS LÁGRIMAS. PROBLEMAS. — ¿Escribes? — dijiste un dia. Yo te contesté que sí; Y al decir con alegría — Léeme algo, — te leí, Al acaso una poesía. Comencé y te vi sonriendo. Seguí y te miré callando, Y á la par que iba avanzando, PRÓLOGO PARA LAS ''PÁGINAS RLMADAS.,, Sq I Estaba una perla viendo, Por tu mejilla rodando. Al concluir te miré, Y una lágrima vagar Por mi mejilla noté: ¿Podrás decirme quién fué, Quien hizo al otro llorar? Poesías delicadas y bellas, como esta, pudiera citar muchas del Sr. Brugada; pero observo que, sin quererlo, quebranto mi propósito de no convertir este pró- logo en inoportuno panegírico, y como no es fócil hablar sin elogio de aquello que nos place, daré punto, llamando la atención del lector sobre la novedad de apare- cer en un volumen, mezcladas y confundidas, obras poéticas de dos diferentes autores. Estrecha y buena amistad que los liga, sugirióles este desusado pensa- miento, y juntos presentan al fallo del publico las creaciones de su numen. Para saber de quién es cada una de ellas hay que buscarlo en el índice; pero á las pocas páginas, distinguirá el menos versado en achaques literarios qué poesías son hijas de uno y de otro, por las condiciones tan diversas de su ingenio. Hay algo, sin embargo, de común en ellas^ que les permite andar unidas sin disonancias enojosas: en todas, con la luz de la Belleza, que es el distintivo de las creaciones poéticas, resplandecen á la vez el amor al Bien y el culto á la Verdad, que son el triple objetivo y la ley suprema de nuestra alma. Teodoro Llórente. MI IDEAL. DEL NUEVO LIRRO "PAGINAS RI?tIADAS.„ ÓNDF, está? no lo sé; tal vez es hada, Y se oculta del bosque entre las brumas: Tal vez, en la rizada Superficie del mar blancas espumas Formen el lecho de mi bien amada. Tal vez por la celeste Bóveda cruce bella, Y el blanco velo y la flotante veste Plácido el rayo alumbre De la lejana estrella. Tal vez sobre la cumbre Do Mayo en flores orgulloso brota, La oculta en sus ruinas De antiguo alcázar la muralla rota; O de la vieja Galia Es la pálida virgen, que se inclina A orar al pié de la robusta encina Con las sienes ceñidas de verbena; O dora el sol de Italia Su rostro, del color de la azucena. En los verdes jardines De Bayas, se adormece al eco bUmdo De las arpas eolias, O cruza en los confines MI IDEAL. 3i¿J¿ Lejanos de la América, cantando, Los bosques de laureles y magnolias. Yo la encuentro en el cáliz de las flores, La miro deslizarse sobre el rio, La oigo cantar de noche en los alcores, La siento en torno mió, Y tiene para mí la gentileza De la Venus pagana, Cubierta con el manto de pureza De la virgen cristiana. Yo la veo en mis sueños, revestida De mágica aureola, Cual Beatriz al Dante, Guiarme al cielo por ignota ruta. La miro triste y sola, Magdalena que llora arrepentida, Purificar su amor en una gruta Árida y escondida. Ofelia, pasa deshojando flores Del turbio arroyo en la ribera insana; Julieta, triste y suspirando amores, Cree escuchar en la feliz ventana Cantos de ruiseñores Con la alondra que anuncia la mañana. Ya es Isabel, á la que pierdo amante Con el plazo que espira, O Eloisa, me estrecha delirante Y á través de sus lágrimas me mira. Feliz como Carlota y sonriente, Mi voz escucha y mi pasión ignora Que la sueña divina, Y que á su noble frente Que el rubor de Raquel dulce colora, Vé ceñidos los lauros de Corina; Y envuelta entre los pliegues de mi idea Forma mis dichas y mis dichas trunca, Que es como Dulcinea, Amada siempre y conocida nunca. ;Dónde está? no lo sé; mas donde quiera Ella se encuentre, la mujer que sueño, 394 REVISTA DE VALENCIA. La virgen hechicera De quien haya de ser esclavo y dueño, Vuela tú canción mia Y dile á aquella cuyo nombre ignoro, Que ella es mi fé, mi gloria y mi alegría, Que antes de conocerla ¡ya la adoro! J. Rodríguez Guzman, ^"cás- ESTUDIOS HISTÓRICOS DE LA PROVINCIA DE CASTELLÓN. Conclusión (i). VIL Un entredicho. N la misa mayor celebrada en la iglesia parroquial de Castellón, el día 3o de Abril de 1073, publicóse un decreto del Sr. Obispo de Tortosa, poniendo en entredicho á todas las iglesias y ermitas de esta ciudad y su término, por haber sido asesinado en el carreronet del pes de la fariña (callejón del Ecce-Homo), el presbítero Mosen Vicente Tort. El entredicho, esa censura eclesiástica tan frecuente en la Edad Media, y que tanto afligía á los pueblos y á las personas, por privarles de las cosas espiritua- les y sagradas, causó profunda perturbación en Castellón. Según el citado decre- to ordenaba, solo podian entrar en las iglesias y ser enterrados los que tuviesen bula, y no teniéndola gran parte de la población, los Jurados mandaron inme- diatamente una comisión á Valencia á comprar un crecido número de ellas, para repartirlas al pueblo: al mismo tiempo salió otra comisión para Tortosa, á rogar al Obispo que levantase el entredicho-, lo cual se consiguió el dia 6 de Mayo siguiente. Hé aquí cómo describe este incidente un documento de la época, existente en el Archivo municipal: «En lo mes dedehembre del any MDCLXXII mataren denit en lo carreronet del pes de la fariña ala boca que ix al carrer major á Mosen Vicent Tort prebere natural déla villa de Morvedre y beneficiat y resident en la esglesia parral, de la pnt. villa de Castelló de que es segui imbiar lo Sr. Bisbe de Tortosa D. Fr. Jo- seph de Fageda una excomunió pera que los que tinguesen noticia del agressor (1) Véase la REVISTA anterior. 396 kEVlST.A DE VALENCIA. O manifestassen, fon assó en lo mes de mars delany MDCLXXITI. y después pro- sec^uint les censures en XXX de Abril de dit any diumenge maná publicar enlo pulpit de dita esglesia un entredit general en aquella y convents y hermites de son terme, de que es seguí al poblé la major aflicció que de memoria de homens se havia vist y es feu esta major á ocasió de no teñir bulla la quarta part de la o-ent sens ella no els deixaven entrar en les esglesies ni convents á oir missa ni soterrar en sagrat y succehí que morí un chiquet de tres anys y es suspengué el soterrarlo fins teñir bulla. Vent los jurats tan gran desconsuelo, imbiaren al dit Sr. Bisbe un sindich que fon Francés Andreu ciutadá de dita vila y diputat del reciñe lo mateix dia de diumenge en la vesprada ab carta de la vila, y se obtingué relaxado del entredit y les lletresde la relaxado y absolució se publicaren disapte apres sequen (6 Mayo) ans de escomensarse la missa de la mare de Deu y en continent anaren totes les campanes abol y se obriren les portes de la esglesia y lo poblé queda ab la alegría y consuelo ques deixa considerar. No sois feren esta delic^encia dits jurats per ó en cara lo hu daquells partí enseguida á Valencia ab carta de la vila y porta mes de cisentes bulles de vius ques despediren en un matí y en lo ínterin fins venia la relaxado del entredit per este medi molts tin- o-ueren consuelo que no el podien de altra manera teñir. Y para que no ens vejam en altra ocasió en semblant confligte, preguém al Señor nos guarde de tentació diabólica pera que no agraviem ais sacerdots que son les niñes deis seus ulls y fasam sadivina voluntat en tot.„ No hemos logrado hasta ahora averiguar con exactitud las causas del asesi- nato de este sacerdote; sin embargo, la tradición cuenta que el autor fué un marido ofendido y dominado por la vehemente pasión de los celos. Habitaba este en una casa de la calle Mayor, de las que tienen puerta escusada al callejón delEcce-Homo, y el crimen consumióse á media noche, al salir el reverendo presbítero de la expresada casa por la puerta falsa. Así lo refiere la tradición. VIII. La higiene pública en Castellón en los tiempos pasados y kl saneamiento DEL "Cuadro.,, Grande importancia ha tenido en todos tiempos la higiene pública, siendo el principal deber de los gobiernos proporcionar salud y bienestar á sus goberna- dos, aliviar y destruir las causas de insalubridad, no consintiendo focos de in- fección, disponiendo la desecación de lagunas y pantanos, el desagüe de charcas y pozas, y no descuidando nunca la conservación de la salud pública, que es la base de la felicidad, de la cultura y del progreso de los pueblos. Los antiguos prestaron grande atención á este importante ramo, según nos ESTUDIOS HISTÓRICOS. 897 lo manifiestan sus costumbres, sus leyes, sus institutos y monumentos. Los in- mensos resultados que admiramos en las civilizaciones antiguas no fueron otra causa que efectos de la higiene; y á ella se debe el estado floreciente de Cas- tellón, víctima en otros tiempos de los efluvios palúdicos. El terreno en que se fundó Castellón ('1251) era \ui bosque de árboles silves- tres y juncales, en el que abundaban los manantiales y aguas embasadas, según nos lo demuestra Mosen Febrer de la Torre en sus trobes: ell desembaraza Tota aquella Plana de molta pinaza E escorren les aigues que crien renochs Les llansa á la mar donantles desbochs. Poblada la villa, fueron sus habitantes levantando los campos y cultivándolos, llansant á la mar las aguas impuras, y convirtiendo esta mortífera llanura en el terreno más fértil y productivo del mundo. Muy funestas son para los pueblos las aguas impuras y estancadas, cuyas deletéreas emanaciones causan numerosas víctimas en todo el globo. En Cas- tellón se han padecido muchas enfermedades por esta causa, y todos sabemos lo frecuentes que son aun las tercianas en el otoño. Véase con este motivo lo que dice el Dr. D. Diego Bruñonosa, habitador de Valencia, catedrático de Medicina y examinador en dicha facultad, en un informe fechado en 26 de Agosto de 1651. "En lo any mil siscents quaranta y nou anant ell testimoni á visitar al Batle de Castelló á sa muUer y atots los de sa casa de aquell questaven nials, fonch tant lo número deis malalts que per orde de la dita vila de Castelló visita, cuida- dosa de que no se engendras alguna pesta, que pasaba el número deis malalts de mes de mil persones, y eren tan males enfermetats que li donaren á ell testi- moni cuydado y temor de infectarse, des les qualts enfermetats moriren aset y á huit persones cada día, y estava tal lo poblé, que no y havia casa que no hiagués malalt, y casa de cuatre y de sis persones á un mateix temps, les quals enfer- metats li pareguéá ell testimoni ser ocasionades de causa comú, la qual causa no podia ser, sino infecció del ayre, per no haberi altra causa mes general y comu- nísima que lo ayre, lo cual se havia inficionat de les lagunes ó escorrenties, y no tan solament pot ocasionar dites enfermetats sino també una pesta rigu- rosa y generalíssima per infecció del ayre, el cual sois se danya per una de dos causes com refereix Galeno en lo Ilibre De differentiis febriiim, capite qiiarto. La primera es per pasar lo ayre per puestos ahon hia cosos humans morts, los quals no están soterrats, de la corruptio dequals se elleven vapors pútridos y es comunique per lo ayre á pobles y ciutats no solament questán prop, sino molt remots, com succehí en la pesta de la Etiopía. La segona causa per la cual sedanya lo ayre, es quant passa per puestos que hiá lagu- 398 REVISTA DE VALENCIA. nes ó ay»ues detengudes, les quales se corrompen per la vehemencia del sol del estiii y no ventilarse, y com los ayres del estiu sien llebeig y migdia y estos passen per les escorrenties y estanquies, en les quals está la aygiia corrompiida, semficiona dit ayre y danna ais pobles principalment circiimvehins com es Castelló, Villareal y Almazora, y dites malalties per ser aqiielles molt gra- ves y de febres pútrides, tercianes notes y altres molt mes pernicioses, se han seguit moltissimes morts en dites viles, de tal manera quen dits anys estigueren molt prop de despoblarse.,, De otro informe del mismo año, dado por Jaume Pesset, menor, chitada, ha- bitador de la Vila de Villareal, copiamos lo que sigue: "La aygua de dites escorrenties és corrupta y llanga mol mal holor y cria Uimachs boua y fá un depósit mol corrupte y está la dita aygua podrida, y es tan mala, que si uan begués daquella incontinent morirla, y ell ha vist beure en alguna ocasió Alguns Moltons y encontinent ha vist que aquells se han unflat y se han mort, y si acás algu embevia dita aygua de la escorrentia y no es moria, espelava, y des- pués quan lo mataven li trobaven lo fege podrit, tanta es la malicia de dita aygua....,, No se descuidaron nuestros antepasados en tan vital asunto, y en todas épocas encontramos disposiciones encaminadas á remediar tantos males . De un magnífico códice (l) del siglo XÍV, donde están escritas las primeras ordenaciones que tuvo la villa de Castellón, copiamos el siguiente capítulo: "ítem stablirem é ordenaren que nullhom no gosferbassa ó basses, ne metre en cequia ó en pala frangues,pallaóbrosa ó fems per teñir lli ó canemóspartá obs de si ó datri. So és, de la filade almalaffa quepassa atinentde la alboredaden gos. tans en tro á la fila de taccida del cami de la ?afra qui puge ala cequia de Cos- collosa enuers de la vila de Castelló. El del caminas vell amunt sots pena de deu sous,,, ¡A cuántas reflexiones se presta la anterior ordinacion! Mientras los anti- guos fijaban límites para establecer las balsas para curar el cáñamo, nosotros les permitimos á las puertas de la población; pero, como nuestro objeto es solo exponer hechos, omitimos todo comentario. Algunos abusos debieron cometerse más adelante, por cuanto vemos una dis- posición del Concejo en el año 1580, que dice así: "Lo magnific Concell de la vila de Castelló de la plana celebrat á vint y huit dies del mes de Setembre del any mil cinchsents huytanta anys, considerada la infectió y corruptió hix de les basses y escorrenties sefán y están en lo terme de la prcsent vila per rahó de la qual se causen grans malalties en los cossos humans, cjue ab lot efecte selleven é prohibixquen dites escorrenties del terme (l) Véase d ait. II. ESTUDIOS HISTÓRICOS. 899 de la present vila y quesresblisquen y selleven totes les basses questan fora des llimits antichs que son del canimás en amunt sots pena de vint y cinch Uiures. Miguel Arrufat Batle de dita vila ferma dita provisió.,, También legislaron sobre los molinos de aceite, calerías, adoberías y tintore- rías. Hé aquí lo que dice el citado *llibre des stablwietiis y ordinacions de la vila de Castelló {l'^^o): "ítem stablirem é ordenaren per profit é utilidad de la cosa pública é per con- servatió, deu migensant, de sanitad per les grans ¡nfectiones é pudors que ixen de les basses deis molins del oli los quals los senyors daquells lexen aescurar ó denegar apres que lóli han fet. Que tot senyor de moli de oli cascun any per tot lo mes de mar? haie haver escurades aquelles ab acabament per manera que inlectió alguna non puxe ixir sots pena de LX sous.„ "ítem stablirem é ordenarem que algu sie tan gosat que dins la vila de Cas- tell(3 gos per o teñir calciners ne adoberies de cuyram ne moltic ne basses dóli ne de tintes ne de caldera de tintorería sot pena XX sous.,, Hablando de las marjales un documento del siglo XVII, dice lo que sigue: "Es veritat que yhá algunes marcháis pero que la dita vila cuide molt de netechar los escorredors para que no quede laygua embalsada en ninguna part pera que no cause dan y á la salud ni inficione ales persones y cada any arren- den los escorredors pera que cuiden de teñirlos uberts y nets pera que buyde la aigua á lámar.,, Ya vemos el interés que tomaban nuestros mayores en la higiene pública; sin embargo, hubo un tiempo en que los habitantes de Castellón, tentados de las más lisonjeras ideas de ganancia, y prefiriendo ésta á la salud, sé aprovecharon de los terrenos pantanosos y sembraron arroz en abundancia; pero bien pronto conocieron los crueles efectos de tan pernicioso cultivo, al ver la muerte en sus casas y despoblarse en pocos años esta tan populosa villa: y es que las trasgre- siones higiénicas van siempre acompañadas de un castigo tan duro como inevi- table (1). El más grande foco de emanaciones palúdicas que tiene Castellón es el ter- reno conocido con el nombre de Cuadro, que son unas marjales muy extensas situadas detrás del pinar del Grao, cuyas pantanosas aguas se corrompen du- rante los calores de verano é inficcionan la atmósfera con sus exhalaciones pes- tilenciales. Seriamente pensaron los antiguos en su saneamento, y en 11 de Junio de 1531 acordó el Concejo de la villa convertir tan perniciosos terrenos en una albufera, dando entrada al agua del mar, para lo cual pidió permiso al gran (1) Véase el artículo III. 400 REVISTA DE VALENCIA. Emperador Carlos V que á la sazón reinaba, el que lo concedió en privilegio fechado en Monzón en 12 de Noviembre de 1533. Es un magnífico pergamino de colosales dimensiones, y en la imposibilidad de insertarlo íntegro, copiamos por el interés que encierra, la parte expositiva, que dice así: • "La villa de Castelló de la plana del vostre regne de Valencia continuament es estada fidelissima ais Serenissimos reys de Aragó e parlo semblant a V mat. e axi per serveys de aquells ha carregat diversos censáis, les pensions de les quals ab molta difficultad huy endia respon á pagay, pergo ,\o justicia jurats e consell de dita vila vehentla tan carregada y oppressada de dits censalls, pensant com poder descarregar aquella, vehent que teñen uns margáis en lo terme de dita vila infructuosos, han dilliberat fer una albuffera en les margáis de dita vila y en les margáis del terme de benicassim les quals han comprat per mil ducats, lo quals han de pagar fense e sortint son efecte la dita albuffera e non en altra manera, lo qual dita albuffera han vist no poderse sostenir sent entray aygua de la mar, la qual molt comodament ly pot entrar, la qual no si pot posar sens lo lo real permis é licencia de V. mat. la qual fentse sen siguirán molts utils á la dita vila: lo primer es que la dita vila será molt mes sana, pergo que ab laygua de la mar que en dites margáis entrará, se llevarán les aygues podrides que en aquella se íán, de les quals los ayres secorrompen e inficionen los cossos hu- mans e causen moltes malalties, de hont se segueixen moltes morts en dita vila. Lo segones, essent com será sana la dita vila se tornará á poblar é poblada, lo patrimoni real de V mat. será molt mes augmentat. Lo tercer es, que ab lo útil ([ui la dita vila déla dita albuffera rebrá, pora descarregar gran part deis dits censáis é sellavors pora moltmillor servir e socorrer ab dinés e ab gent a ura Mat. en ses necessitats e guerres, e com la dita vila altrament nopuga sostenir ni conservar per los dits grans carrechs, confiant que ura. Maiestad Cesárea com aclimentissim princep rey y senyor ha de mirar per la conservació e augment de dita vila e que ha de usar ab aquella de aquella benignitat e clemencia que be te acostumbrat: Pergo miguel feliu notari sindich de la dita vila humiltment suplica a V. mat. sia de sa gran mercé per beneffici e conservació y augment de dita vila, provehir otorgar e decretar los capitols e coses en aquella suplicades juxta la serie y tenor daquells, los quals son del tenor seguent: Primerament suplica quesia de sa gran mercé donar licencia y facultad ala dita vila decastelló eo justicia iurats e consell de aquella de fer una albufera en les margáis de la dita vila e en les margáis del terme debenicassim, la qual aquells faran asses des- peses é sostendrán econservarán aquella. Plan a sa Mat. concedirles que pugam per la dita albuffera ases costes y que sian tenguts mantenir aquella y feria dins temps de dos anys ais que sa Mat. la puga manar fer „ Ignoramos los motivos por (jué no se llevara á cabo la proyectada albufera; ESTUDIOS HISTÓRICOS, 401 tal-vez surgirían inconvenientes en su ejecución, ó quizás lo impidieran vicisitU' des políticas, sobrado frecuentes en todos tiempos. Creemos, no obstante, que el citado proyecto no hubiera remediado el mal; pues en los veranos secos y cálidos, muy frecuentes en este país meridional, se evaporarían lentamente las aguas, se descompondrían las sustancias animales y los despojos vejetales acumulados anteriormente, y viciando la atmósfera, pro- ducirían los mismos funestos resultados. El gran foco de infección subsiste, y el medio de saneamiento más eficaz seria desecar dichos terrenos pantanosos, levantando su fondo. Y como quiera que esto no puede ser más importante, pues no solo se trata de conquistar á la agricultura extensiones considerables de terreno completamente perdidas por la incuria, sino también de proporcionar mejores condiciones de existencia á los habitantes de esta rica comarca, haciendo desaparecer las causas que alteran la salud durante el otoño, conviene insistir en esta materia, y que las Autoridades presten toda su atención á este importante asunto, y mucho más ahora que han empezado ya los trabajos para la construcción del puerto en nuestra playa. Existe en la actualidad una empresa que se propone emprender esta tan trascendental mejora, construyendo un muro de retención, para que las aguas no invadan las partes bajas, y encauzando aquellas por medio de un canal de represa, aprovecharlas para el riego. Dícese, no obstante, que quedarán algunas zonas de agua estancada, las cuales se dedicarán á la piscicultura, y por lo ante- riormente expuesto, creemos que siempre subsistirán focos de infección, mientras no se deseque todo el terreno completamente. Las ventajas que se reportarían con el saneamiento de todas estas marjales serían incalculables; el Grao se convertiría en una estación deliciosa de baños, que dejaría atrás las más nombradas de Europa; y nuestro suelo, á cubierto ya de las deletéreas emanaciones del Cuadro, seria indudablemente el país sano por excelencia y el abrigo de los que, afectados del pecho, buscan hoy lejos de su patria el alivio de sus dolencias. IX. Un convento de contrabando. Notable en alto grado y sumamente curioso es lo ocurrido en la ciudad de Castellón el día 15 de Julio de 1672, con motivo de haber intentado fundar subrepticiamente un convento ciertos frailes procedentes de Onda, que con el mayor sigilo se habían introducido en la población, para llevar á cabo su pen- samiento. Con el ñn de no desvirtuar los hechos en lo más minino, daremos á conocer 26 402 REVISTA DE VALENCIA. alcfunos párrafos de un importante documento de la época, que los explica con singular gracejo y natural sencillez. Dice así: "En lo dia ISdeJuliol del any 1672, á cosa de les tres horespoch mes ó menys de la matinada, uns religiosos del orde de Nostra Señora del Carme de la Reco- lado clandestinament y sens aver donat noticia ais Justicia y Jurats de la present vila, intentaren fundar un convent en una casa que la mateixa nit habitava Ju- seph Moliner y sa familia situada en lo carrer de Diner y Mealla de dita vila afrotant ab casa de Elisabet Juan Agramunt y de Capero, y ab casa de Maria Flos viuda de Pere Reboll. Alsaren altar celebraren inisses y tenien á ntre. Señor reservat. Habent aparegut ala que fonch de dia ciar esta novetat, y ten- guda per lo Justicia y Jurats, manaren convocar consell, que estigué entre les huit y nou hores del dit dia de mati, y axi qu' estigué junt, demanaren permesse los sindicats y prelats del clero y convents les ohisen una petició que tenien que fer, que sencaminá á ponderar les inconvenients ques seguien de permetre dita fundació y qualsevol altra, y haventsels éntrala fer y eixits que foren, resolgué dit consell, que no es donas lloch á dits religiosos carmelites pera fundar con- vent algú, y que per tots els medis posibles se impedís dita fundació y que se suplica (com se feu) per part de la vila á dit clero y capellans fossen servits de anar en processó a dita casa, hon habien fundat, acompañats del Justicia y Ju- rats y demés oficiáis y de altres moltes persones de dita vila, y ocupasen lo SS. Sacrament, que estava en dita casa reservat, segons se deya, y ab la deguda reverencia, magestat y solemnitat de campanes lo portassen á la esglesia major, y desmantelassen lo altar de dita casa, y del millor modo que poguessen, fessen eixir á dits religiosos de dita casa y tapiasen les portes y finestres.,, Según lo acordado por el Consejo, fueron en procesión solemne el clero, las cuatro comunidades de religiosos que habia en la villa, el Justicia, jurados, oficia- les de gobierno y todo el pueblo á la calle de la Mealla, en donde se habia ins- talado el convento, y un subvicario tomó á viva fuerza el Santísimo Sacramento, que fué llevado bajo palio con gran pompa y vuelo de campanas á la iglesia mayor. En esto, un fraile carmelita sale á la puerta de la casa ab un procés en les nians dient era {con escerf) una firma de dret del gobernador de la present vila, pidiendo que les hicieran justicia y protestando á grandes voces del despojo de que eran víctimas; pero el pueblo se alborotó y estuvo á punto de perecer el citado religioso, el cual, según expresa el referido documento, sen agüé de en- trar en la casa mes qtie de presa, per que es ven lo poblé de tal manera co?imo- giit, que fonch mes que milacre el no pedre en aquell instant la vida, per que ya es vehiefi amagos de voler lo poblé fer armes sens que u poguessen impedir dits Justicia, jurats. batle, subrrogat de gobernador y demes oficiáis, per sor lo car- rer estret j' gran la multitud de geni que y havia. ESTUDIOS HISTÓRICOS. 408 El notario de cámara D. Juan Calvo quiso tomar posesión de la casa, según las órdenes que tenia, exortando á los frailes para que la abandonasen de buen grado, lo que no pudo conseguirse ans tot sen atiava en protestes y mes protestes, dient los frares que volimtarianient no y havien de eixir , si no els trahien á la forsa, lo cual así tuvo que hacerse, cerrando y sellando después las puertas. Al dia siguiente apelaron á la Real Audiencia de Valencia la villa, el clero y las comunidades de los cuatro conventos por una parte, y por otra los frailes carmelitas; mas habiendo sido aprobada la conducta de aquellos por la Audien- cia primero y después por el Rey, perdieron toda esperanza los intrusos, y tu- vieron que regresar á su convento de Onda, de donde en tan mal hora habían salido. X. Cofradías v fiestas, 1770.— 1883. El gran número de congregaciones, hermandades y cofradías que en el siglo pasado existia, obligó al celosísimo Rey D. Carlos III á tomar enérgicas medi- das, para cortar de raíz los muchos abusos y desórdenes que se cometían. El Sr. Conde Aranda, en carta fechada en Madrid en 28 de Setiembre de 1770, y dirigida al Alcalde de Castellón D. Juan García de Avila, pidió con muchísimo interés una relación de todas las cofradías, hermandades, congrega- ciones, gremios etc. que celebraban fiestas en esta villa, con el objeto de llegar á comprender la multiplicidad gne en parte pueda ser tolerable y en parte inútil, causando el grave daño de destruirse anualmente muchas familias, por recaer en las cabezas de ellas semeja?ties moyordomias ó priostias según la misma carta expresa. Hechas las oportunas indagaciones, resultó que en aquellos tiempos había en Castellón las siguientes asociaciones: Hermandades. Tercera orden de penitencia del padre Santo Domingo, establecida en este mismo convento. Tercera orden de penitencia del seráfico San Francisco, en el propio con- vento del Santo. Otra tercera orden de San Francisco, en el convento de Capuchinos. Escuela de Cristo, en la iglesia de la Sangre. 404 REVISTA DE VALENCIA. Cofradías. Nuestra Señora del Rosario, instituida en el convento de Santo Domingo. Nuestra Señora de Gracia, en el convento de San Agustín. Nuestra Señora del Consuelo, en idem. Cordón de San Francisco, en el convento de este Santo. Santa Bárbara, en idem. Fué creada por bula del Papa Inocencio XI, dada en 12 de Enero de 1685. Santísima Trinidad, en idem. Purísima Concepción, en el convento de monjas de Santa Clara, por bula de Inocencio X de 20 de Agosto de 1649. Purísima sangre de Jesús ó del Santo Sepulcro, en la iglesia de la Sangre. Santísimo Sacramento, en la iglesia parroquial. Benditas almas del purgatorio ó de la Buena muerte, en idem, por bula de Inocencio XI de 29 de Febrero de 1681. Nuestra Señora de la Iglesia Mayor, en idem, por bula de Gregorio XIII de 13 Marzo de 1581. San Cristóbal, en la iglesia de San Miguel. Arcángel San Miguel, en idem. Nuestra Señora de Lidon, en la misma ermita. Divina Pastora, en el convento de Capuchinos, [)or bula pontificia de 4 de Setiembre de 1767. Habia además ocho gremios, que cada uno tenia su patrono, en honor del cual celebraban todos los años una gran fiesta. Los gremios eran los siguientes: el de pelaires, sastres, curtidores y zurradores, tejedores, sogueros, alpargateros, albañiles y carpinteros. Además, los labradores casados hacían una suntuosa fiesta á San Miguel; los labradores solteros otra al mismo, y los mozos artesanos otra á San Cristóbal. Los vecinos de varios barrios y calles se congregaban y celebraban también grandes fiestas á sus patronos. De estas las que más ruido metían eran las si- guientes: la del arrabal de San Francisco, dedicada á la Santísima Trinidad; la del arrabal de San Félix, á este Santo; y la del arrabal del Calvario, á la Virgen del Rosario; dos en la calle de Arriba, una á San Nicolás y otra á San Roque; dos en la calle de Enmedio, una á la Purísima y otra á San Cristóbal; dos en la calle Mayor, una á San Agustín y otra á San Roque; una en la calle de la Illéta á la Virgen del Pilar; y las de las calles de Caballeros, Caldereros, Coloro, Pescado- res, Villamargo, Engín, Mealla, Cazuela y otras varías, dedicadas todas á San Roque. Hay que advertir que estas fiestas duraban de tres á ocho dias cada una, sin faltar en ellas sus correspondientes corridas de toros, comilonas y otros excesos. ESTUDIOS HISTURICOS. 405 ¿Creen nuestros lectores que en los tiempos presentes han desaparecido estas hermandades, cofradías y fiestas? Nada más lejos de esto. No solo se conservan todas las antiguas, sino que se han creado muchas nuevas, y hasta hay en nues- tros dias verdadero furor por aumentar más su número y dar más amplitud, más explendor, más vida á las que ya existían. Entonces, ¿cómo estamos oyendo á todas horas que el mundo está perdido, que ya no hay devoción, que la religión se acaba, que la impiedad cunde por todas partes? Entre los muchos papeles viejos que hemos removido y continuamente remo- vemos, jamás hemos visto que asociación alguna religiosa celebrara sus funciones con el fausto, con el lujo, con el entusiasmo, como ahora celebran las suyas las rumbosas congregaciones ó cofradías nuevamente creadas, como la del Corazón de Jesús, la del Santísimo Sacramento, la de San Luis, la Sabatina, las Teresia- nas y otras. ¿Cómo le habían de cerrar hoy las puertas de la ciudad al Obispo de la dió- cesis, y no querer admitir su visita, como les pasó á los obispos Sr. Gilart en 1698, al Dr. Migueles en 1716 y á Fr. Bartolomé Camacho en 1721? ¿Ocurren ahora por ventura aquellas terribles luchas de últimos del siglo pasado, entre la autoridad civil y la eclesiástica, en las que llegaron las cosas á tal extremo, que el gran gobernador que Castellón ha tenido, el nunca bien pon- derado D. Antonio Bermudez de Castro, vióse obligado á enterrar civilmetiíe á una hija suya, es decir, sin asistencia de cruz, ni clero, ni toque de campanas? ¿Cómo se habían de declarar hoy los clérigos en huelga, y tener cerrada la iglesia Mayor durante varios dias por disensiones ocurridas entre ellos, como acon- teció en el siglo último? ¿Quién seria el malvado que ahora osara sacaf engañado al Santo Viático de la iglesia, y lo condujera á lejana y extraviada calle, en la que ni la casa á donde se dirigiera existia, ni tales enfermos había, como se dieron algunos casos afines del pasado siglo y á principios de este? ¿Se ven hoy acaso en la procesión de la Magdalena, los escandalosísimos hechos, que hemos relatado en el artículo primero? Dejémonos estar de digresiones y volvamos á nuestro asunto. Todas cuantas asociaciones relii^iosas existían en el siglo pasado y que más arriba hemos mencionado, funcionan en la actualidad, y además son de nueva creación las siguientes: La del Corazón de Jesús, en la iglesia de la Sangre. La del Corazón de María, en ídem. La de San José, en idem. Las Teresianas, en la iglesia Mayor. * Las Josefinas, en San Agustín. 40Ó REVISTA DE VALENCIA. El Rebañito, en idem. Nuestra Señora de los Dolores, en idem. San Luis Gonzaga, en idem. La de la Caridad, en San Miguel. La Sabatina, en la iglesia del Instituto. La del Carmen, en la iglesia Mayor. Nuestra Señora de Lidon, en idem. La del Santísimo Sacramento, en idem. Dos de San Vicente de Paul, una en la casa de huérfanos de San Vicente y otra en San Agustin. Los gremios que hoy celebran fiestas, son los siguientes: Pelaires, á San Cosme y San Damián. Sastres, á San Vicente Mártir. Curtidores y zurradores, á San Sebastian. Zapateros, á San Crispin. Tejedores, á Santa Ana. Sogueros, á la Degollación de San Juan Bautista. Alpargateros, al Arcángel San Gabriel. Albañiles, á la Resurrección del Señor. Carpinteros, á San José, Oficiales y aprendices de idem á idem. Herreros y Cerrajeros, á San Eloy y Santa Lucía. Por este lado tampoco perdemos; pues resultan tres más que en el siglo pa- sado. Y por último, todas las fiestas de calle que antes hemos citado se celebran en nuestros dias, y además las siguientes: Calle de San Vicente, á este Santo. ídem de San Blas, idem. Calle y plaza de Santa Bárbara, idem. Calle de Talecones, á San Francisco. Plaza Nueva, á San Antonio, abad. Ya ven nuestros lectores que encofradlas, en funciones, en fiestas, en todo va- mos ganando. ¡Con cuan poca razón se quejan los fanáticos detractores de los tiempos modernos! XI. La mesta de la Vírgen de Agosto en Castellón. • La fiesta de la Asunción de la Vírgen, que se estableció entre los cristianos hacia mediados del siglo VI, celebrábase durante los pasados siglos en Caste- ESTUDIOS HISTÓRICOS. 40/ llon con una pompa, con un fausto, de que en la actualidad carece; pues mientras antes no se escaseaban los medios de dar realce á esta festividad, constituyendo sus principales diversiones las funciones de iglesia, danzas, toros, conciertos, iluminaciones, refrescos, cucañas, corridas de viejos, jóvenes y niños, etc., etc., ahora solo se reduce á una sencilla procesión, que muy pocos presencian, por ser costumbre en este dia ir á respirar las brisas del mar y solazarse á las sombras del frondoso pinar del Grao. Un documento tenemos á la vista, que consiste en una relación de los gastos ocurridos en la festividad de la Virgen en 1644, el cual demuestra perfectamente lo que estas fiestas eran; pero se hacen ya tan pesados, tan insulsos, tan fastidio- sos, tan monótonos estos desaliñados artículos, hemos insertado ya tantos docu- mentos, que nos abstenemos de reproducir el que hemos mencionado. También es muy probable que se celebraran en algunos años autos sacramen- tales; pues en el Archivo municipal existe uno manuscrito de mitad del siglo XVII, el cual se titula: "La famosa representación de la Assuncion de Nuestra Señora á los cielos.,, Figuran en él diez y siete personajes, y empieza así: María. Infinito poderlo, Dios que en mis entrañas cabe, ¿Cuando será que se acabe El largo destierro mió? Cuando gozaré de veros, ¡O divinos ojos claros! Con la gloria de miraros, Segura de no perderos! Sufrido he doce años ya Soledad sin vos tan dura. Juzgando que por ventura, Era menester yo acá Es possible que he de ver Tan presto aquel que parí Que tomó su ser de mí Tuviendo yo de él mi ser. ¿Es possible que hay tan poco De aqui á que tal bien possea? ¡Tiempo! ¡largo! ¡largo! ¡ea, ea! ¿Como vais tan poco á poco? O Gabriel, Gabriel amigo (cantando) Que siempre os preciáis de ser 4,o8 REVISTA DE VALENCIA. Ministro de mi placer Y de mis glorias testigo, No me olvidaré jamás De vuestros dulces recados. (Después se recuesta la Virgen sobre el lecho, y van saliendo los após- toles). San Juan, dice: O Virgen y Madre amada. De virtud y gracia llena, Que es aquesto? No estáis buena? ¡O! porque estáis declinada? Suplicóos por solo Dios Me digáis que aveys Señora, Que no suele esta esser hora De estar en la cama, no. El afligido dia De mi soledad triste lamentada La amarga pasión mia Y mi congoja ansiada Alma de la alma mia, ya es llegada. Mi pena llega junto Con nuestra gloria. Reina eclarecida, Aqueste és ¡ay! el punto Esta es la desabrida hora Que de mi fué tanto temida, San Felipe. Estando yo predicando Sonó súpito un estruendo Y un fuego me fué encendiendo Y en el aire levantando. Y volviéndome yo á ver quien De Siria me iba sacando, Hallóme que estoy hablando Con vos en Jenisalen. San ANnRi;:s. Paes en Tracia estaba yo De veros tan presto ageno ESTUDIOS HISTÓRICOS. 409 Cuando un torvellino y tnieno De la iglesia me sacó, No queremos cansar más á nuestros lectores; pues ya ven cuan flogillos son los tales versos. Siguen después las coplas de las virtudes, en número de veintidós, de las que entresacamos las siguientes: ESPEJO. Vos sois espejo labrado. Cetro de virginidad, Sacrario de castidad, Querida en estremo grado De la Santa Trinidad, ROSSA. Vos sois la fragante Rossa Do el santo consolador Recibió suave olor Para ser la bresca fina De la carne del Señor, CIPRÉS. Vos sois ciprés levantada Muy alta y muy poderosa, Ciudad de Dios piadossa, Dende ab eterno fundada Por obra maravillosa. POZO. Vos sois pozo manantial Do aguas de gracias mana. Vos sois virgen general, Libradnos de todo mal A toda natura humana. PUERTA. Vos sois puerta oriental Siempre cerrada y guardada 41o REVISTA DE VALENCIA. Del pecado original Venial y actual Pura, limpia, inmaculada. No queremos continuar: para muestra basta un botón. Los autos sacramentales estuvieron muy en voga durante la Edad Media y tiempos posteriores, habiendo cultivado este género con maravillosa perfección, nuestros grandes dramáticos del siglo XVII, señaladamente Calderón de la Barca. En Elche celébrase aun todos los años un auto en las fiestas de la Virgen de Agosto. La representación dura dos dias; y se verifica en un gran tablado, en medio de la iglesia parroquial de Santa María, figurando también los apóstoles, los ángeles, las virtudes, etc., como en ese del que nos acabamos de ocupar. XII. Dos PRESUPUESTOS. 1783. — 1888-84. La historia económica de los municipios en España es sumamente intere- sante, pues suele poner de manifiesto el origen de muchas de nuestras leyes, usos, costumbres, etc. No vamos á examinar á fondo esta materia; nuestro objeto únicamente se reduce á dar á conocer la hacienda municipal de Castellón en el siglo pasado, para lo cual insertaremos tan solo un presupuesto cualquiera de dicho siglo, el de 1783, por ejemplo, dando además una lij era idea del de 1883-84, que empe- zará á regir en 1.° de Julio próximo; y como un presupuesto es el reflejo exacto de las fuerzas tributarias de un país, del estado de su cultura, de su ilustración y bienestar, comparen nuestros lectores y hagan los comentarios que gusten. Hé aquí el presupuesto de gastos de Castellón en 1783. Libras (l). Al corregidor déla villa 551 Alcalde mayor 200 Ocho regidores á 12 libras cada uno 96 Procurador síndico 3o Escribano del Ayuntamiento 140 Dos contadores 16 (1) Sabido cb que la libra valenciana equivale á 15 rs, vn. ESTUDIOS HISTÓRICOS. 411 Libras. Dos alguaciles Ó5 Dos maceros 55 Credenciero de carnes (l) 12 Pesador del trigo y harina . 8 Acequiero de la Acequia Mayor 5 Criado del acequiero , 20 Al que cuida de los lavaderos 4 Al carnicero que recoje el sebo de las carnes 2 A los guardas, por la conservación de aguas 37 Al morbero 72 Al que cuida de las almenaras 5 Relojero de la torre 18 A los que llevan los gigantes y enanos 18 ¡Un maestro de primeras letras! 3o Al dulzainero 12 Un preceptor de gramática 100 Al repetidor del aula de gramática 65 A los médicos del hospital 16 A los cirujanos de id lo Al boticario de id 40 Al hospitalero iS Carcelero y pregonero , 3o Al ermitaño de la Magdalena 3 Al clero, por su asistencia á las funciones de iglesia. . . 40 Fiesta de la Magdalena 20 Al predicador de Cuaresma 20 Cera para todas las funciones 3o Por los sermones de las festividades 10 Limosna al hospital 65 Por la carne que se dá á los conventos por Pascua de Navidad y Resurrección lo Por los derechos de pecha, cena real, carnicería, pesos y varios réditos de censos perpetuos irredimibles. . . 3 15 A la villa de Almazora, por el censo de la heredad llamada del Estret 7 y 18 sueldos. Por los réditos de los censos redimibles 2776 libras. Gastos ordinarios alterables y extraordinarios 700 (1) Administrador del impuesto de carnes. ij2 REVISTA DE VALENCIA. Se había de satisfacer también al depositario de propios el 15 por mil, y á la tesorería del ejército de Valencia el 2 por 100 del total rendimiento del caudal de propios y arbitrios- Importa el presupuesto anterior 22.260,75 pesetas; pues bien, solamente lo consignado para alumbrado de gas en el ordinario de 1883-84 asciende á 32.000 pesetas, siendo el total de gastos que arroja dicho presupuesto el de 331.964,10 pesetas. Nuestros abuelos gastaban en instrucción primaria la exorbitante cantidad de ¡30 libras! (112,50 pesetas), y estaba aquella confiada á un solo maestro. Nosotros gastamos lo siguiente (l): Personal de instrucción primaria 12.688,25 pesetas. Material de escuelas . 3.oo8,l3 Alquiler de edificios para escuelas 1.277,50 " Premios • • ^00 Material de la junta local 25 Total. . . 17^198,88 pesetas. No queremos entrar en más comparaciones; es esta de tal entidad, que oscurece todas cuantas pudiéramos hacer; solo sí haremos notar lo bien asistidos (lue estarían los pobres enfermos del hospital, cuando la cantidad consignada para los médicos, era de 16 libras, y de 10 la de los cirujanos. Lejos de nosotros la idea de negar alguna de las ventajas que producir pudiera la sencillez de costumbres de pasadas épocas. Indudablemente se gas- taba menos. En la situación presente de los pueblos cultos, son inmensos los gastos que exigen las necesidades de la civilización. Son tantos los elementos hostiles entre sí que deben combinarse, deben tenerse presentes tales pormenores, deben satisfacerse tantas exigencias, que no es extraño el considerable aumento que han tenido los gastos públicos; pero los sacrificios del contribuyente no son otra cosa que gastos que se hacen, en cambio de goces positivos que se disfru- tan y que contribuyen al bienestar del hombre y de la sociedad. El orden público, la justicia, la instrucción, las carreteras, telégrafos, ferro-carriles, todas cuantas comodidades proporcionan los adelantos modernos, dinero han de costar. No ijueramos vivir á la moderna y pagar á la anligiia, como con tanto gracejo y oportunidad dijo el famoso hacendista Sr. Bravo Murillo. (1) PrcsiipiR-sU) ik- 1883-84. ESTUDIOS HISTÓRICOS. 4^3 XIII. El ataque del puente de Villareal. Episodio de la guerra de la Independe^icia. El 9 de Marzo de l8lo fué un dia de luto para Castellón, pues sus heroicos habitantes sellaron con su sangre los campos y las calles de la ciudad, en defensa de sus hogares contra los ejércitos de Napoleón. Al amanecer del expresado dia, empieza á cundir la voz de que los fran- ceses se dirigían á esta población, á recoger gran niunero de raciones que desde Villareal hablan pedido y no habían sido entregadas. Con este motivo prodúcese una espantosa alarma y huyen en tropel comunidades religiosas, ancianos, mujeres y niños, quedando solo en la ciudad los que eran aptos para la guerra. En gran confusión, exaltados por el amor patrio y armados de simples garrotes, cuchillos, hoces, piedras y de lo primero que á mano encuentran, se dirigen al puente del Mijares, á cortar el paso á los vencedores de Europa, sin detenerse á considerar su número y la ventaja de sus armas, organización y dis- ciplina. D. Francisco Tirado y D. Gabriel Segarra, caballeros muy apreciados por todos sus conciudadanos, exhortaron al pueblo para que desistiera de tan des- cabellada empresa, y no siendo oidos, se vieron precisados á ponerse á la cabeza de los entusiasmados castellonenses. Trabóse la lucha, la caballería carga sobre la muchedumbre inesperta é indisciplinada y la arrolla completamente, como no podia menos de suceder. Las fuerzas enemigas se esparraman por la huerta y entran en la ciudad á las dos de la tarde, sembrando la destrucción por todas partes hasta las siete de la noche, que regresaron á Villareal con un rico botin, dejando en las calles 77 muertos. ¡Dia de sangre y de horror; pero también de gloria! El pueblo castellonense dio al mundo un alto ejemplo de heroísmo y de valor, midiendo sus débiles fuerzas con los disciplinados y vencedores hues- tes del déspota del siglo. No habíase podido aun tener idea exacta de los nombres de todos los que sucumbieron en tan sangrienta jornada, á causa, sin duda, del desbarajuste de aquellos dias, y de haber sido enterrados unos en Castellón y otros en Alma- zora ó Villareal— pues cada pueblo dio sepultura á los que recogió en su tér- mino respectivo; — pero habiendo hecho numerosas investigaciones en los archivos municipal y parroquial de los pueblos citados, hemos logrado reunir los nombres todos de tan exclarecidas víctimas, que publicamos á continuación: , , . REVISTA DE VALENCIA. 4 1 4 Vecinos de Castellón. Mosen Juan Peris.— Fr. Tomás Peris.— Fr. Miguel Minguillon.— Fr. Anto- nio de Buñol.— D. Mariano Ros Palavicino.— Ramón Albiol — Ramón Delago. — Joaquin March.— Gerónimo Balado.— Ramón Ximenez.- -Miguel Martí — José Marqués.— José Vilaroig.— Nicolás Segarra. — Vicente Segarra. — Manuel Mas.— Marcelino Gasset. —José Linares.— Antonio Ros.— Francisco Breva.— Cristóbal Breva, —-Andrés Vilallave. — Vicente Blasco. — Bautista Rochera- — Rafael Sabio. —Lorenzo Nogués. — Vicente Guiralt. — Joaquin Ortiz. — José Pastor.— Antonio Sanchiz. — Tomás Alonso. — Antonio Alonso. — Vicente Ximenez. — Vicente Valls.— Manuel Campo.— Antonio Herrandiz. — Tomás Blasco — Vicente Añols. —Vicente Sábado.— Francisco Gil.— Pascual Alba. — Vicente Sanahuja. — Bau- tista Vázquez.— Miguel Peris. —Miguel Tirado. —Pascual Arnau.— José Ribés. — Pedro Pérez. — José Candel. — Nicolás Benedito. — Cervera el de la plaza Nueva. — Vicente el Memo (sic). — Total 54- De Almazora. D. Joaquin Just.— Manuel Fraga. — José Miralles.— Francisco Ferrer.— -José Martí. — Bautista Castany. — Mateo Miragall. — Pascual Ballester. — Bernardo Agustí. — Joaquin Melian. — Vicente Galí. — Bautista Ribera. — Juan B. Hidalgo. — Jaime Seder. — Miguel (bastardo). — Un soldado del regimiento de Saboya, desconocido. — Otro del regimiento de Caro, id. — Total 17- De Vülareal. D. Francisco Traver. — Bautista Tellols. — Francisco Cercos. — José Segura. — Mateo Mondragon. — Pepe el Coto. — Total 6. ¡Gloria y prez inmortal á tan esforzados varones! Su memoria durará eter- namente en los pechos castellonenses, incapaces de olvidar los milagros de valor y energía, que es dado realizar á un pueblo decidido á romper sus cade- nas y á sacudir el yugo de sus opresores. XIX. Por qué Castellón es liberal. En todos tiempos han rendido los habitantes de Castellón un fervoroso culto á la libertad, bello ideal de todas sus ilusiones, grandiosa realización de sus esperanzas, fin y objeto de todas sus tendencias y pensamientos. Cuando el Rey D. Jaime conquistó estos reinos y donó Castellón al Monas- terio de San Vicente de la Roqueta, cediéndolo después al de Poblet, á cambio de otras tierras y pueblos de Cataluña, ya hicieron los castellonenses heroicos ESTUDIOS HISTÓRICOS. 415 esfuerzos por sacudir el yugo de los abades, sus señores, é incorporar la villa á la real corona (l); pues la servidumbre de los Reyes en aquella época, por más que hoy parezca repulsiva á nuestros ojos, fué un gran paso hacia la libertad del hombre. La autoridad del señor pesaba siempre de una manera más dura y más inmediata sobre sus vasallos, ejerciendo sobre ellos jurisdicción civil y cri- minal. Decididos los castellonenses á aprovechar todas las ocasiones para conseguir el logro de sus afanes, tomaron una principalísima parte en el levantamiento de La Union contra D. Pedro IV, siendo Castellón el último baluarte que se rin- dió á las tiranías del Rey del pnnyalet. En las guerras de las Gemianías hicieron los de Castellón sacrificios inmensos, y lucharon con gran heroísmo y decisión. Honrosísimas páginas ocupan en la historia los brillantes hechos de esta noble ciudad en la guerra de la Independencia y en la civil de los siete años, según hemos visto en el artículo anterior y tendremos ocasión de ver en el si- guiente. Y por último, en la memoria de todos está la patriótica conducta, los vale- rosos esfuerzos de estos leales habitantes en la guerra civil hace pocos años ter- minada. Siempre, en todas las manifiestaciones de la^vida, ha demostrado Castellón su amor y entusiasmo por la libertad. ¿A quién se deben estos resultados? A vosotras, bellas castellonenses, á vos- otras que con vuestros hechizos y encantos conquistáis á los hombres y los enlo- quecéis con las ideas de libertad y progreso. Así pretende probarlo un documento curiosísimo en alto grado, que hace muy pocos dias hemos tenido la fortuna de encontrar traspapelado en el Archivo municipal, y que no podemos resistir la tentación de dado á conocer. El 14 de Octubre de l823 dirigió el Jefe político y militar de esta ciudad D. Xavier de Sanjuan una comunicación al Ayuntamiento, pidiendo un razo- nado informe acerca de las causas del mal espíritu que se advierte en este vecin- dario contra el gobierno real, y las medidas ó providencias que podrian tomarse para mejorarlo, exigiendo al mismo tiempo que con el mayor sigilo se le propor- cionase una lista de todas las personas sospechosas, y que por su reconocida adhesión al sistema constitucional fueran perjudiciales á la tranquilidad pública. ReunidoelAyuntamientoy la junta de propios, y habiendo examinado con el mayor detenimiento el contenido de la citada comunicación, dio el sigiuente notable informe. "Convocados el Ayuntamiento y la junta de propios de esta villa para ente- (1) Véase el art. I. 4i6 REVISTA DE VALENCIA. rarse del oficio que V. S. se ha servido dirigirles, para que informen cuál puede ser el orí<^en del mal espíritu que generalmente se advierte; cuáles medidas serán propias para mejorarle y demás que en él se expresa; después de haber meditado detenidamente, tomados los conocimientos oportunos sobre el asunto, deben hacer presente: Que cuando las campanas de esta iglesia parroquial prin- cipiaron á anunciar en la noche del 6 de este mes la feliz nueva de hallarse el rey Nuestro Señor libre en el puerto de Santa María, se difundió desde luego por el pueblo tan dichoso anuncio y quedó de repente iluminado; se trató de dar gracias al Ser Supremo por tan deseado advenimiento, y la misa y sermón, como la procesión que con este objeto se celebraron con la mayor solemnidad, fueron tan concurridas, cual no se ha visto. Desde que en 21 de Marzo último entró en esta villa el Ejército Real sin la menor oposición ni resistencia de sus vecinos, han guardado todos el mejor orden y conservado una tranquilidad imperturbable, sin que hayan molestado en lo más mínimo á individuo alguno de dicho Ejército, á excepción de que según ha oido este Ayuntamiento, desarmó á un realista. Les han tratado con el decoro que se debia y hecho por ellos enormes sacrificios pecuniarios, en tér- minos que los comandantes D. Francisco Vidad, del regimiento del Rey; D. Sal- vador Martí, teniente coronel del mismo cuerpo, y el coronel de la Reina D. Juan Bautista Mora, que estuvieron acantonados en esta villa, visto su buen compor- miento, facilitaron á su favor las certificaciones más satisfactorias. En vista de los hechos ciertos y notorios que se han referido, no tiene el Ayuntamiento en qué apoyarse para notar al pueblo en general que le acom- paña mal espíritu por el gobierno del Rey. Es verdad que la desgracia de haber sido elegida esta villa per cabeza de provincia, ha ocasionado en algunos mayor exaltación en materias políticas, por que la concurrencia de empleados forasteros, muy adictos por la cuenta que les tenia el abominable sistema constitucional, verbosos y dominantes por estar en un pueblo escaso de luces y de trato, la variedad de tropas que en todos tiempos ha traído la amenidad de este suelo, las que han estado acantonadas á motivo de existir los Jefes en esta, que era capital de provincia, la mclinacion perversa de las mujeres por los militares, entregados generalmente á las ideas libres, los encantos de estas para atraerlos al partido que les acomoda y la influencia de aquellas con los hombres, son causas que reunidas, en concepto del Ayuntamiento, han motivado que algunos de estos habitantes se hayan creído que la ominosa constitución, sin entender el significado de ella, seria el nmt plus ultra de su felicidad; por cuya razón en esta villa hay un número mucho mayor que en otros pueblos cortos, que no han tenido motivos tan poderosos para ser seducidos. Es constante (¡ue han sido muciios los (jue han querido singularizarse y ESTUDIOS HISTÓRICOS. 417 hacer figura en la época pasada; tales son los que cometieron la bárbara acción (le Tírig en que cortaron las orejas y mataron á un religioso y á otros realistas después de rendidos; los que saquearon á Bechí; los que efectuaron tumultuaria- mente la prisión de Manuel Robles, por haber manifestado un gozo extraordi- nario la primera vez que entró el general Chambo con su división en esta villa, para entregarle, como lo hicieron, al general Cazan, que le mandó fusilar. La adjunta lista instruirá á V. S. de los sugetos que han cometido dichos excesos, que son los que han podido apurar este Ayuntamiento, no obstante de haber estado ausentes, cuando ocurrieron casi todos sus individuos; con los resortes de sus atribuciones podrá indagar sobre todos los que han estado complicados en ellos contra cuyos sugetos pueda recaer sospechas fundadas de ser perjudiciales á la tranquilidad pública, y también contra los que emigraron y no se han presentado dentro del término prefíxado por la superioridad, y los que después de haberse presentado se han ausentado sin un motivo de necesidad; pero en lo que toca á aquellos que, aunque marcados por sus opiniones políticas á favor de la Consti- tución no han emigrado, y los que han comparecido en el tiempo prefixado por la resolución de la Junta Provincial de España é Indias de 25 de Abril último, y que se ignora hayan cometido delitos y se hallan en sus casas cumpliendo en sus obligaciones, no se le ofrece á esta corporación un motivo de sospecha con- tra ellos de poder ser perjudiciales; á los vagos por su conducta; á los ladrones y malhechores les considera en todo tiempo perjudicialísimos; así mismo que contra los que van incluidos á continuación de la propia lista por haberse obser- vado no haber depuesto todavía sus ideas en favor de la llamada Constitución, después de haber sido ocupada esta villa por las tropas reales. Las medidas ó providencias que juzga convenientes esta Corporación para mejorar el espíritu de aquellos que no hayan abjurado todavía las que errónea- mente adquirieron, son las siguientes: Que se dé á conocer é inculque constante- mente y de una manera enérgica la sana, prudente y evangélica manifestación expedida últimamente porS. A. la Regencia del Reino, exhortando á la unión, á la fraternidad y al orden. Que se publique un bando igual al expedido por el Excmo. señor Capitán general de este Reino en 14 de este mes. Que se execute invariablemente, y que el contraventor experimente un castigo inexorable.— Dios etc. — Castellón á 22 Octubre 1828. — Señor Gobernador mihtar y político de esta villa.,, Sigue después una relación de los sugetos que se hallaron en la acción de Tírig; otra de los que contribuyeron al saqueo de Bechí: otra de los que pren- dieron á Manuel Robles ahnidoner; otra que se titula así: "Nota de los sujetos que después de haber sido ocupada esta villa por las tropas reales, se les ha notado no haber depuesto todavia sus ideas en favor de la abominable Constitu- ción, por cuya circunstancia se sospecha podrán ser perjudiciales á la tranqui- 41 8 REVISTA DE VALENCIA. lidad pública;,, y por último, otra de mujeres, entre las que se encuentran respe- tabilísimas señoras, muy conocidas y sumamente apreciadas. Por razones fáciles de comprender, nos abstenemos de publicar nombre alguno; solo indicaremos que la mayor parte de las personas que figuran en las anterio- res listas, pertenecen á las familias más caracterizadas y de más importancia de esta capital, hallándose también comprendidos algunos clérigos y frailes. XV. El sitio de Castellón en 1887. (7, 8 y g de Julio), La expedición de D. Carlos al interior de la Península es uno de los hechos más importantes y menos conocidos de la guerra civil de los siete años. Perece fuera de toda duda, que la Reina gobernadora Doña María Cristina estuvo en tratos con D. Carlos, siendo este quizá el principal móvil, para que las fuerzas carlistas emprendieran ^una expedición tan arriesgada y que tan funesta les fué. Sobre este delicado asunto dice el erudito historiador D. Antonio Pirala lo siguiente: "Asustada justamente la Gobernadora con la revolución de la Granja, creyó que peligraba el trono de su hija, y sobrecogida sin duda por la indignación que le causara el desacato que con ella se cometió en su misma cámara, empleando para cohibir la voluntad regia las armas que se dieron para hacerla respetar y defenderla, y aun instigada grandemente por Doña Luisa Carlota, que según es fama tuvo en la decisión de Cristina la principal parte, se propuso hacer alianza conD. Carlos. El nuevo ministro Calatrava, á quien fué sospechoso el Marqués de Lagrua, le dio los pasaportes, y Cristina le entregó secretamente ima carta autógrafa. Era una especie de protesta de transacción que aquella señora, por medio del Rey su hermano y de su madre, hacia á D. Carlos, diciéndole que; se hecharia en sus brazos, solo con la condición de que el primogénito de este se casase con su hija, y que fuesen perdonadas las personas que por ella se habian comprometido^ para lo cual daria una lista. „ No siendo nuestro ánimo penetrar en tan misteriosos arcanos, reseñaremos únicamente el paso del ejército expedicionario por las inmediaciones de Caste- llón, (jue tan brillantemente se defendió de sus encarnizados enemigos. D. Carlos salió de las Provincias Vascongadas con doce mil infantes y mil seiscientos caballos; uniéndosele á su paso por el Ebro— 29 de Junio — las fuer- zas de Cabrera, Llangostera, Forcadell, Serrano, Rufo y La Cova, que ala sazón recorrian el Maestrazgo. ESTUDIOS HISTÓRICOS. 419 Desde que la expedición entró en Cherta, ya no cupo duda á los liberales castellonenses que serian visitados por las fuerzas invasoras, y sin pensar en su exorbitante número y en los escasos medios de defensa de que podian dispo- ner, reiínense pueblo y autoridades, y deciden resistir á todo trance, jurando morir en defensa de la libertad y de la patria, antes que entregarse al bando carlista. Las autoridades, para alentar al pueblo, publicaron la siguiente alocu- ción; "Habitantes de Castellón. — Las hordas de rebeldes que acaudilla el Preten- diente, no pudiendo permanecer en Cataluña, han pasado el Ebro por Cherta para huir de la próxima ruina que les amaga. El ejército vencedor en la batalla de Grá sigue de cerca al enemigo, y hay noticias de que el 3o de Junio último debió llegar á Tortosa, para caer de nuevo sobre la facción, y las tropas del ejército del Centro ocupaban el mismo dia á Mora de Ebro. En tales circunstancias, las autoridades de la provincia y de esta capital, reunidas en junta, han resuelto defender la población hasta el último trance, y en ello no han hecho más que seguir la noble aspiración de vuestro ardiente patriotismo y del valor heroico de que tantas pruebas tenéis dadas. No, Caste- llonenses, vuestro suelo no será profanado por los sicarios del absolutismo y de la usurpación. Llegado es el dia de que hagáis ver á España y á la Europa entera, que no en vano jurasteis defender la libertad hasta el último suspiro. Este juramento será cumplido, y vuestros esfuerzos coronados por la victoria. Los hombres que combaten en defensa de sus derechos, de sus hijos y esposas, de sus bienes y de sus hogares, sotí invencibles. Castellón será la roca contra la que se estrellen los vanos esfuerzos de los rebeldes, y tal vez sus campos el sepulcro de los enemigos de la patria, sin dar lugar á que en ellos los alcancen las bayonetas de nuestro inmortal ejército. Castellonenses: vuestras autoridades no os recomiendan el valor, porque saben que esta virtud es común entre vosotros. Serenidad y orden en los mo- mentos de peligro es lo que se necesita, y de ello depende nuestra salvación. Entre otras medidas de precaución y defensa, la junta ha acordado la que de ningún hombre pueda salir de la villa mientras duren estas circunstancias. Todos tienen la misma obligación de contribuir á defender la patria, y todos sabrán cumplirla sin excepción alguna. Castellonenses: vuestras autoridades morirán ó triunfarán con vosotros. Con- fianza y unión y nada tendréis que temer. Castellón 2 de Julio de 1887. — José Osea, Jefe político. — Antonio Buil, Comandante general. — Manuel Malo, Intendente. — Tadeo Salvador, Diputado provincial. — Antonio de Vera, Alcalde primero constitucional. — Francisco Ruiz, Alcalde segundo constitucional. — José Ballester, Comandante delaMilicia nació- 420 REVISTA DE VALENCIA. nal.— Antonio de Miguel, secretario del Comandante de la Milicia nacional de Castellón.,, D. José Ballester dirigió también otra proclama á la Milicia nacional. Nos abstenemos de reproducirla por su mucha extensión. El dia 3 llegaron las facciones á San Mateo, y los valientes habitantes de Castellón se aprestan á la lucha, no arredrándoles tan numerosas fuerzas; antes al contrario, el peligro les dá valor, aumenta su lealtad, exalta su decisión. Desde aquel momento empuñan alternativamente el arma y la azada, abriendo fosos y levantando barricadas. El pueblo todo, á imitación de las autoridades, se afana en tan importantes trabajos, y el Jefe político D. José Osea es el primero que dá el ejemplo empuñando la piqueta; pudiendo decirse que pocos pueblos hicieron en tan cortos momentos tan grandes preparativos para una pronta y buena defensa como Castellón. A la Milicia nacional y partidas del ejército se les une todo vecino que tenia arma propia ó podia encontrarla. Así es como el dia 4 se hallaban sobre las barricadas más de cuatro mil valientes, esperando vencer ó morir. En la orden de la plaza de este dia se distribuyó la fuerza en la forma más conveniente. Las partidas sueltas de Lorca, cazadores de Oporto, voluntarios de Valencia y otros cuerpos, inclusos los convalecientes y las compañías de gra- naderos y cazadores de la Milicia nacional con algunos emigrados, formaron un cuerpo de reserva que prestó los mayores servicios. Algunos oficiales de caza- dores de Oporto, conocedores del arma de artillería, se unieron á la Milicia, para servir las baterías y piezas de campaña. Siendo la línea exterior de defensa asaz débil, á causa del gran perímetro de la población, y demasiado extensa para sostenerla con' la gente de armas que había, resolvióse hacer otra más reducida en el interior de la villa, para refu- giarse en ella en caso de apuro. Esta determinación llevaba consigo envuelta la idea de reducir á cenizas todas las casas de los arrabales, que quedaban fuera de la seginida línea si llegaban á ser ocupados por el enemigo. Todos sus habitantes se apresuraron con ánimo resuelto, y dispuestos á todo género de sacrificios, á sacar los muebles y colocar por sí mismo combustibles, que hicieran arder en caso de apuro aquellos techos, bajo los cuales habían nacido, aquellas humildes casas en donde habían vivido con sus mayores, y que eran para muchos su único patrimonio; pues tales barrios están habitados gene- ralmente por los ciudadanos de más escasa fortuna, lo cual aumenta el mérito de la acción, comparable tan solo con el heroísmo de Sagunto y Niunancia. El dia 6, á media noche, se recibió un oficio de Cabrera, dirigido al Alcalde D. Antonio de Vera, intimando la rendición de la plaza. Hé aquí dicho docu- mento: "Comandancia general de Aragón, Valencia y Murcia. — Voy á vanguardia ESTUDIOS HISTÓRICOS. 421 del ejército del rey nuestro señor con mi división, y le prevengo estoy dispuesto y decidido á atacar ese pueblo. .Si V. quiere aprovechar los momentos críticos y cortos de evadirse del golpe íatal, á que se harán acrehedores con la resistencia, espero por momentos la contestación. Advierto á V. que no perdono medio alguno para desalojarles, aunque sea preciso quemar toda la población. — Dios guarde á V. muchos años. — Cuartel general de Gabanes, 6 Julio de 1887. — El general, Ramón Cabrera. — Sr. D. Antonio de Vera, alcalde mayor de Castellón.,, Recibióse además aquella misma noche, una carta de D, Ramón Gaeta para el comandante de la jNIilicia nacional, exhortándole á que se rindiera. Para mayor desprecio no se contestó á ninguna de las dos comunicaciones, y los bravos castellonenses, con la poca fuerza deque podían disponer, se apres- tan con decisión á la defensa, dispuestos á vender caras sus vidas, antes que el enemigo pudiera hollar con su planta este recinto de la libertad. Al amanecer del dia 7 aparecen en la playa varias embarcaciones, y cuando Castellón estaba muy ageno de recibir auxilio alguno, cuando las montañas veci- nas estaban coronadas de carlistas, desembarca rápidamente el segundo bata- llón de Saboya, y corre á la población á participar de sus fatigas y de sus glorias: medida oportunamente adoptada por el brigadier Borso di Carminati, que agra- decerá eternamente Castellón, por la doble seguridad que este refuerzo le prometía. Al anochecer de este dia se aproximan á la plaza numerosas bandas carlis- tas, señal de un próximo ataque, y los valientes castellonenses se aperciben al combate, ocupan cada uno supuesto, y esperan impávidos al enemigo. En toda esta noche Castellón presentaba el cuadro más imponente y aterrador. El silencio que reinaba era tan solo interrumpido por las voces de los centinelas y ruidos de picos y azadones. Las huestes del Pretendiente fueron ocupando respectivamente la alquería llamada de Parcha, el ermitariodel Calvario, el deLidon, el molino de Casalduch, Almazora y Villareal. Forcadell ocupó la primera posición, y se acercó á las tapias de la plaza. Cabrera ocupó el segundo punto, el tercero Serrador y la Cova, la vanguardia de navarros el cuarto, y en Almazora y Villareal acamparon los restos del ejér- cito á las órdenes de D. Carlos. A las dos de la madrugada del dia 8 rompió el fuego el enemigo contra la primera línea, y los defensores sufrieron las descargas con serenidad, aguar- dando con ansia la llegada del dia, para distinguir los objetos y aprovechar los tiros. Al amanecer el fuego era horroroso por la parte del Toll; pero bien pronto fueron desalojados los carlistas del convento de Capuchinos que ocupaban, y forzados á replegarse al grueso de sus fuerzas acampadas en la ermita de Lidon: Mientras tanto, numerosas fuerzas de infantería y caballería atacaban vigo- 422 REVISTA DE VALENCIA. rosamente por la parte del Calvario; pero rompió la plaza el fuego de artillería y fusilería coa tal acierto, que en breve fueron desalojados los carlistas y perse- guidos á larga distancia, causándoles algunos heridos; y para que no volvieran á posesionarse de aquel punto y ofender á mansalva nuestra línea, la compa- ñía de incendiarios, creada dias antes, pegó fuego á la iglesia y la redujo á cenizas. Reforzado el enemigo con algunas compañías de las que estaban en Lidon, ocupa otra vez el convento de Capuchinos y emprende un nuevo y vigoroso ataque, haciendo un mortífero fuego por aquella parte. Conocida la urgente necesidad de privarle de tan poderoso abrigo, sale la compañía de incendiarios, apoyada por algunas fuerzas, lánzanse éstas á la bayoneta, es desalojado el enemigo de punto tan formidable, y aquella incendia el convento, dejándolo reducido á escombros en muy poco tiempo. Privados los carlistas de estos dos importantes puntos, y hostilizadas por todas partes las guerrillas que hacian fuego á la plaza, fué este debilitándose poco á poco. Por la tarde se renovó el ataque en algunos puntos, particular- mente sobre la puerta y fuerte de San Roque y desde la alquei-ía de Manuel Tirado; pero no pudiendo adelantar un paso, se replegaron con algunas bajas hacia Lidon y cuesta de Borriol, cesando por completo el fuego al anochecer. En la madrugada del g se vieron desfilar las masas carlistas hacia Villareal, y decididos tiradores salieron á hostilizarles, no quedando á las diez de la mañana ninguna íuerza rebelde á la vista de Castellón. Escarmentada la facción y abatido su orgullo, las autoridades y pueblo unidos en los mismos sentimientos proclamaron en la tarde de este dia la Cons- titución del Estado, decretada por las Cortes, cuando aun el enemigo estaba en Villareal. La Constitución fué publicada sobre las barricadas por el Jefe político D. José de Osea, asistiendo á tan solemne acto el Ayuntamiento, Diputación pro- vincial, autoridades civiles y militares, oficiales de la guarnición y Milicia nacio- nal, las compañías de granaderos y cazadores de Saboya y de la Milicia, la com- pañía de cazadores de Oporto y un inmenso pueblo frenético de entusiasmo y de alegría. iCuadro sublime é imponente que inflama el alma con la ardiente llama de la libertad y de la patria! Por la noche se acercaron á las murallas algunas fuerzas disgregadas del grueso de la expedición y dispararon algunos tiros; mas los ardientes campeones de la libertad acuden otra vez cada uno á su puesto, pasan la noche sobre las armas y no se retiran á descansar de sus rudas fatigas, hasta que la distancia del ejercito de D. Carlos les proporcionó la debida seguridad. Los dignos patricios que formaban el Ayuntamiento de entonces, son los siguientes: Alcalde primero, D. Antonio Vera.— Alcalde segundo, D. Fran- cisco Ruiz.— Regidores: D. José Cruz, D. Francisco Fenollosa, D. Baltasar Re- ESTUDIOS HISTÓRICOS. 423 boll, D. Manuel Pascual, D. Isidro Gelpi, D. Bartolomé Fabregat, D. Pedro Armengol, D. Bautista Domingo, D. Vicente Vell, D. Joaquin Roca, D. Ramón Huguet yD. Vicente Porcar. — Síndicos, D.José OliveryD. Pascual Sánchez. En Octubre de este año declararon las Cortes del Reino, que los defensores de Castellón hablan merecido bien de la patria, y erigieron la valerosa villa en ciudad, dándoles los honrosos títulos de ^¿-/^j/ /m/, á los que se agregó el de C07isia7ite por R. O. de l8 de Abril de 187Ó, á causa de los servicios prestados y méritos contraidos en la guerra civil última, concediéndole además por esta misma razón el tratamiento de Excelencia en 10 de Enero del citado año. Títulos dignamente adquiridos por el heroico pueblo de Castellón, siempre celoso por las libertades patrias, y entusiasta por las ideas de civilización y progreso. J. A. B ALBAS. LA SEPULTURA DE CRISTO. DEL LIBRO «PAGINAS RIMADAS, „ |alem descansa; ya el ronco acento De los verdugos enmudeció, Cual enmudece tigre sangriento, Sin que su sueño turbe el lamento De mansa oveja que destrozó. También la tierra yace en reposo Cual la que madre de nuevo es ya, One sus entrañas rasgó afrentoso Parto de un crimen, tan espantoso. Que siempre el mundo lo llorará. No vibran notas, no hay un murmullo, Naturaleza, triste, rendida. Cesa en su canto, canto de vida, Cual la paloma cesa en su arrullo, Por mil terrores sobrecogida. Hasta la brisa tcMiuc ha cedido, No surca ansiosa la inmensidad, Que del horrendo crimen ha huido. Cual avecilla que busca el nido Mientras retamba la tempestad. La blanca luna que es del severo Nocturno manto rico botón. Del nacarado disco, el primero LA SEPULTURA DE CRLSTO. 4'-^5 Haz luminoso, vierte hechicero, Que anuncie al mundo su redención. Y á sus fulgores, vése anhelosa Triste una madre, yerta, sin luz, Que ante sus ojos tiene una losa, Sobre su frente, pena horrorosa, A sus espaldas, sangrienta Cruz. Y su tortura no tiene nombre, Ni su amargura, ni su desvelo: Mártir del mundo. Madre del hombre. Reina del ángel, Reina del cielo, Ni ángeles ni hombres le dan consuelo. Pálida, sola, ciega de amores, Ni aun el alivio del llanto siente. Que lo secaran rudos dolores. Cual seca el rayo del sol ardiente Puro rocío de frescas flores. Y aunque la pena más la taladre, Ver quiere al hijo, ¡losa fatal! Y vele, al mármol mal qne le cuadre, Que ante los ojos de tierna Madre Es, hasta el marmol, claro cristal. Y ante la losa, surca el profundo Y amargo lago de la aflicción, Porque á su hijo, ser sin segundo, A aquel que solo llenaba el mundo. Le han arrancado del corazón. Y es tal su pena, tal su agonía. Que llena toda la inmensidad. Pues son dolores los de María, Que resistirlos jamás podría Fundida en masa la humanidad. Ricardo de Brugada. UN AUTO DE FÉ EN VALENCIA. [uESTO que muchas personas nos pregonan un dia y otro dia la exce- lencia universal de los pasados tiempos, volvamos á ello los ojos para asegurarnos de la verdad de sus palabras; puesto que lamen- tan, sinceramente por su puesto,— ¡líbrenos Dios de hacer juicios temerarios! — la caida de ciertas instituciones, estudiemos los resultados de esas instituciones; puesto que cantan en todos los tonos las glorias de la Inquisición, dediquemos también un himno al Santo Tribunal, siquiera este himno destile sangre y se inspire al calor de las hogueras. No vamos á entrar en consideraciones sobre los beneficios que trajo á Es- paña la Inquisición; pero el buen juicio de nuestros lectores suphrá el vacío que dejamos en nuestro escrito. Nos limitaremos, por lo tanto, á copiar de un ma- nuscrito del siglo pasado la curiosa relación de un auto de fé celebrado en Valencia. Debemos antes advertir que, como católicos, rechazamos las doctrinas que la Iglesia católica no admite, pero rechazamos, también como católicos, el empleo de la fuerza para destruir á los disidentes: Jesucristo no quiere la muerte del pe- cador, sino que viva y se arrepienta; las doctrinas se han de imponer por medio de la persuasión y no del miedo. En el caso que vamos á exponer todavía tenemos otra cosa que advertir, y es que el desgraciado condenado á la hoguera, en nuestro concepto, estaba loco; SI hubiera vivido en la actualidad, se le hubiera encerrado en un manicomio, y nadie se hubiera alarmado al escuchar sus desatinos. ¡Cuántos infelices dementes habrán espiado de semejante manera crímenes ilusorios! El manuscrito de donde tomamos la siguiente relación se titula: Diario de lo sucedido en la Ciudad de Valencia desde el dia jo del mes de Octubre del año T-joo, hasta el dia 7." del mes de Setiembre del año ijij, escrito por D. Josef Vi- cente Ortiy Mayor, y contiene, entre otras, noticias muy curiosas sobre la guerra de sucesión. UN AUTO DE FE EN VALENCIA. 427 Hé aquí la relación que Ortí hace del auto de fé, que trascribimos con la misma ortografía que tiene el original: "Domingo á 5. de Deciembre del presente año 1700. huvopor la mañana un auto general que hizo el Santo Oficio de la inquisición, que Dios nuestro señor mantenga y conserve para limpieza de la fé, aumento de el culto divino y estir- pacion de las herejías. Executóse en la iglesia de el Patriarca Santo Domingo y fué en esta forma: "A las nueve de la mañana salió el Tribunal de la casa misma de la Inqui- sición y todos á pié: ivan delante los notarios y familiares de el Santo Oficio: seguíanse los calificadores entre los quales iva el reo, asistido de varios Religio- sos y otros eclesiásticos seculares que le exortavan; después los contador, teso- rero, secretarios, alguacil y otros oficiales; y los últimos los dos inquisidores, D. Diego Muñoz Vaquerizo á la mano derecha y D. Juan de la Torre y Guerau á la izquierda, con sombreros con cordones por debajo la barba, hasta llegar á la puerta de Santo Domingo, pues entonces dexaron los sombreros y tomaron los bonetes, y llevaban colas en los manteos que las traian en la mano los criados, y estos ivan entre los demás ministros y oficiales inferiores de el Tribunal. "El camino fué este: salieron de la Inquisición y bolviendo á mano derecha, pasaron por delante la Iglesia de el Santo Christo de San Salvador, calle de la Alcudia, Trinitarios Descalzos, Portal de el Cid y plaza de Predicadores. Entra- ron en la Iglesia, observada la misma graduación de acompañamiento y desde las pilas de la agua bendita, hasta los bancos de las capillas de S. Luys Bertrán y Santo Thomás de Aquino, habia una valla para que el concurso de la gente no impidiese el paso, y la Iglesia estava dispuesta así. Havia un santo crucifixo en el altar mayor, con su dosel negro y estava al pié de el nicho principal del reta- blo, donde está la imagen de Santo Domingo. Dentro del coro, baxo de el órgano y enfrente la puerta de los claustros, por donde salen las misas, havia un dosel carmesí, con las armas de la Inquisición; al pié de el dosel habia tres sillas de terciopelo negro, delante las quales una mesa grande, que llegaba desde la primera hasta la tercer silla, que era la ancharla y latitud de el dosel y estava con su tapete, escrivanía de plata y dos campanillas de lo mismo, una ordinaria en el tamaño y forma y otra más chiquita. "Sentáronse en estas sillas, en la primera inmediata al altar, el inquisidor más antiguo D. Diego Muñoz Vaquerizo; en la segunda el otro inquisidor D. Juan de la Torre, y en la tercera el Dotor y Pavordre Miguel Juan Vilar, que tenia en el tribunal la voz de el Señor Arzobispo. Al lado de estas tres sillas y mas lexos de el altar havia otra, fuera de el dosel y mesa, y aunque también de tercio- pelo negro, igual á las de los inquisidores y pavordre, pero tan distante que entre ella y la mesa quedava lugar vacío para otra silla, en la qual se sentó D. Francisco Descalz, juez de la Real audiencia. Y adviértase que assi el pavor- dre Vilar, como D. Francisco Descalz, no fueron en el acompañamientos sino que esperaron en la sacristía y al llegar los inquisidores al coro, salieron y se sentaron en los lugares referidos. "Después de la silla de D. Francisco se seguían los bancos, en que estavan el alguacil mayor, secretarios, tesorero, contador y otros oficiales de el Tribu- nal. Y á la misma puerta de el coro, en un banquillo, enfrente de el pulpito, estava sentado el reo. El Sr. virrey Marques de Villa García y los Jurados esta- van en unas tribunas que havian prevenido los mismos inquisidores y les combi- daron á la función. "Dispuesto ya en esta fofma, el inquisidor mas antiguo, que era D. Diego 428 REVISTA DE VALENCIA, Muñoz Vaquerizo tocó la campanilla mas pequeña y salió la misa mayor, que la celebrava el P. M. Fr. Luis de Blanes, Religioso de Sto. Domingo. Empezó la música de la Iglesia mayor á 8. la misa, que con arpa y sin órgano, la de el dia, que era la Dominica segunda de Adviento y después de el introito, antes de entonar los Kiries, tocóla campanilla mas chiquita el inquisidor, y supóngase que la tocó siempre el mas antiguo; á la voz de la campanilla se sentaron en sus sillas ala parte déla Epístola el Preste y los asistentes, y subieron al pulpito D, José Fernandez de Marmanillo, presbítero de la Real Congregación de San Felipe Neri, Dr. en Theología y secretario de la Inquisición, y el Dr. Luis Gozal- vo, notario de el Santo Oficio, y este último tenia sobre la barandilla de el pul- pito, en la mano derecha una cruz de plata, cosa de palmo y medio de alta y en la izquierda un misal, mostrando al pueblo el Sto. Christo que ay al principio de el Canon. "Dixo el secretario, en breves y discretas razones, como (á Dios gracias) jamás habia salido de esta ciudad de Valencia, heresiarca alguno, y que con dezir españoles ya se suponía ser católicos, añadiendo para consuelo, y gloria singular de nuestra patria, que solo con nombrar valencianos, ya se entendía que eran católicos: y assi que pues tanto nos preciavamos de esto, siendo este el título que mas nos engrandeze, el blasón que mas nos illustra y la seña que mas nos distingue délos otros Reynos, que en prueva y manifestación de que- rer defender la fee, levantássemos las manos y fuéssemos diziendo lo que él ida apuntando. Alearon todos los de el auditorio las manos y con gran fervor, chris- tiana edificación y piadosa ternura, hizieron la profesión de la fee y detestación de la heregía. Cuando el inquisidor mas antiguo vio que ya se havia con- cluydo aquel acto, tocó la mesma campanilla y baxándose de el pulpito, subió á él el P. M. Fray.... Escuder, Religioso de Santo Domingo: tocó el inquisidor la cam- panilla y hizo un sermón de cosa de media hora, incluyendo en ella también la introducción y Ave María, y el asumpto fué ensalzar al Santo Tribunal, corrobo- rar á los católicos en la fee y probar que solo la Iglesia Romana es la verdadera y la que debe seguirse. "Concluydo el sermón y avisando la mesma campanilla, subió al pulpito D. Carlos Albornoz, Secretario de la Inquisición, y publicó los errores del reo, los quales notaré con brevedad, advirtiendo que solo he puesto aquellos de que con certidumbre me acordava haver oido, pues para ver la función pude lograr una silla dentro de el coro, y aunque eran muchíssimos mas los errores y here- gías en que el pertinaz reo nuevamente se afirmava, haziendo señas y demostra- ciones de ratificarse en ellos, quando les oia referir, con todo por no tener fixa certeza de algunos, les he omitido por inciertos. "Llamávase el reo Enrique Garnau, alias Fray Mandé de San Romeu, frayle proicso de una de las varias religiones de el glorioso San Antonio Abad en Francia: tenia de edad 32 años; era casado y tenia hijos, porque dezia que todos los religiosos y aun los sacerdotes se podian casar, pues era imposible guardarla castidad sin el matrimonio. Havia nazido católico y lo havia sido hasta cosa de unos diez años á esta parte, porque guardando ganado y leyendo las Epísto- las de San Pablo, dezia que se le apareció el Espíritu Santo en forma de una ser- piente y que le dixo, como el Padre Eterno le havia imbiado al mundo por refor- mador de su ley; para cuyo efecto, havia determinado establezer una religión de multiplicantes y multiplicantas, poniendo por cabeza de ella y en el lugar de la Virgen Santissima á su misma madre natural: en cuyo instituto (con ía plena autoridad suya, pues dezia que Dios le havia constituydo Pontífice) permitía libremente lícito el acto torpe y lascivo, excepto en los casados, pues estos havian de contentarse con solo dos mugeres, por lo qual negava la obediencia UN AUTO DE FE EN VALENCIA. 429 al Papa, y culpava ásperamente al Rey Cristianíssimo de Francia Liiys 14. por- que havia desterrado de todos sus dominios á los iiu^^onotes y here<,'es. "Deziaque el Padre Eterno era corpóreo y que tenia pies, manos, cabeza, .etcétera, y que pues ios que presumian de verdaderos católicos no creerian esto, ¿por qué pintaban corpóreas sus imágenes? "Negava el inefable mysterio de la Santíssima Trinidad, afirmando sacrilega y bárbaramente, que no havia mas que el Padre Eterno y el Espíritu Sant'o- porque ¿cómo havia de ser que el Hijo fuesse tan eterno á parte ante como lo es el Padre? En cuya errada consequencia negava la existencia de Christo en la Sagrada Eucaristía y los misterios de Trinidad y Encarnación, sin creer otra cosa en los artículos de nuestra santa fee, que esto: Credo in Denm, Pairem Omnipoteiitem Creatorem cceli et terrcs, y negava todos los misterios que en lo restante se incluyen, "Dezia que en el Pater Noster havia de quitarse aquella cláusula: et ne nos hiducas in tentaüonein, pues de ella se infería que Dios puede induzirnos á las tentaciones y á lómalo. "Dezia que el Infierno no era eterno, sino como el Purgatorio; con la diferen- cia que á este ivan los que tenian solo pecados veniales y á aquel los que los tenían mortales. De este error infería otro y era, que cada qual podía salvarse en su secta, pues sí tenia pecados mortales se iva primero al Infierno y purgando en él sus culpas, después se subía al Cíelo. "Dezia que después de el Padre Eterno, el Espíritu Santo y los Bienaventu- rados, era el sol la criatura mas hermosa y aun mas perfecta que el hombre, y á quien, sino huviera Dios rendiria adoraciones. "Dezia que los Evangelistas y la Sagrada Escritura se contradezian en dife- rentes lugares, para cuya verdadera y cabal inteligencia quería pasarse á Gine- bra á estudiarla. "La cruz de su hábito que era el Tao de su Antonio, la arrojó en un pozo, diciendo: anda con todos los Diablos. Una medalla que traya de Nuestro Señor y la Virgen, la tiró contra la pared. Unas imágenes de papel, por desprecio las rasgó. Otras las arrojó entre las inmundicias, y otras las puso en lugar tan in- decente, que por no ofender los oídos chrístianos se calló. "Acabó de leerle el proceso el secretario (no ya D. Carlos Albornoz, sino D. Joseí de Marmanillo, que á la metad, por ser muy largo, subió para descan- sarle), y al llegar á promulgarle la sentencia, dixo: Fallamos en vista de tan abominables delitos y constarnos estar bastante, legítima y jurídicamente exami- nados y provados, que se. entregue al brago secular, por miembro infecto y po- drido, para que no inficione á los fieles que siguen la verdadera y católica religión, rogando y exhortando al Excmo. Sr. Marqués de Villa García, Virrey y Capitán General de este Reino y á los ministros de la Real Audiencia, usen de su gran piedad. "Concluydo esto tocó el inquisidor mas antiguo la mesma campanilla y ba- xándose de el pulpito el secretario, se levantaron de su silla el juez D. Fran- cisco Descalz (que este fué únicamente el motivo de su assistencía) y de el banco el alguacil Mayor D. Galceran Anglesola, y este (de orden del Sto. Tribunal) entregó en poder de D. Francisco Descalz al reo, tenaz aun en su herético dic- tamen. Sacáronle de la iglesia los ministros seculares y volviéndose el Alguacil á su asiento, quando ya el pertinaz estava fuera de la iglesia, se continuó la misa con la música de la Iglesia Mayor, y concluyda su celebración se bolvieron á la casa de la Inquisición á pié, por las mismas calles, observando el orden y gra- duación que se ha referido. "Continuando su curso los ministros seculares, D. Francisco Descalz, puesto 43o REVISTA DE 7ALENCIA. en un coche, se fué á la Torre de Serranos, donde esperava el magnífico doctor Donato Sanchiz de el Castellar, Regente de la Real Audiencia, á quien refirió los delitos que de aquel reo se havian publicado, y substituyendo D. Francisco en su lugar al Alguazil ordinario, con la assistencia de personas ecclessiásticas, que ¡van exortando al reo, le sacaron por el portal de el Real y por fuera de los mu- ros, por los portales de San Narcis y Serranos, le entraron en su torre y cárcel, en donde el Regente le mandó publicar la sentencia, la qual era quemarle vivo sino objurava la heregía, que en tal caso le darian un garrote y después consu- mirían en la hoguera su cadáver: y viendo que aun le durava la rebelde obstina- ción, le sacaron de la Torre y por la calle de Serranos, plaza de San Bartolo- mé, calle de Cavalleros, portal de Quarte y portal de la Corona, le llevaron al lugar destinado para semejantes castigos, que es á la orilla del rio, camino de Mis- lata antes de llegar á la zud, puesto y partido dicho comunmente: el Quemador. "Subiéronle á un tabladillo ó cadahalso que le estava prevenido, exortándole diferentes Ecclesiásticos con inexplicable fervor; pero permaneció tenaz. Que- máronle con unos tizones los pies, las manos, la cara y le pusieron unos hierros ardiendo en las espaldas, pero no eran estos amagos, tan rigurosamente execu- tivos, bastantes á disuadirle sus errores. Estuvo con esta pertinazia desde las 2 horas que llegó, hasta las 7 de la misma tarde, en que considerando la justicia inflexible su dureza, resolvió mandar que diesse fuego al cadahalso, havíéndole todos los religiosos desamparado y dexándole solo para que muriesse, y vién- dose ya cercado de llamas y que no le asistía su Dios, que dezia haverle revelado no le causarla daño el incendio y que no Uovia de el cielo fuego sobre los que le predicavan, como él discurría, dixo que se quería reduzir, como le assegura- sen que con ello se libraría de el infierno y que les citava desde entonces para el Tribunal de Dios, si le engañavan y le hazian seguir alguna religión falsa. Di' xerónle que lo que le persuadían era verdad tan católica que todos por defen- derla perderían la vida y que el daño que por ello le sucedería en el otro mundo todos se ofrezian á padezerle y que cayese sobre ellos. "Quietóse y se reduxo con esto. Mataron con gran presteza la lumbre y em- pezó á dezir en su idioma francés, que pues Christo nuestro señor (que era á quien él bárbaramente negava) havia empeñado su palabra eterna de amparar á los pecadores en qualquier hora que arrepentidos llegassen, él, como oveja per- dida, y que tanto le habia ofendido, ya reconozido, aunque tarde y detestando su error, llegava humilde á sus pies á pedir misericordia, y junto con estos y otros actos de fee y umildad, suplicó al pueblo y concurso que assistia (rogando á Dios le ablandase el corazón) le perdonasse el escándalo y mal exeraplo que havia dado. Después de estos y otros señales de contriccion verdadera y de haverse confessado mas de hora y media y reconciliado algunas vezes, haviendo avisado al señor Virrey de la novedad, mandó Su Escelencia que allí mismo le diessen un garrote, y después de entregar su alma en las manos de Dios (como piadosamen- te se cree, según los indicios que mostró de católico) quemaron el cadáver y echaron en el rio las cenizas. Función que empezando á las nueve de la maña- na, se concluyó á las diez de la noche.,, Rafael Blasco. CRÓNICA MENSUAL. EMOS llegado á la época del año en que cesa el movimiento literario y faltan las noticias para nuestra crónica. El verano dispersa á los va- lencianos, y todos los centros de viita intelectual cierran sus puertas. Poco, pues, tenemos que decir. Un valenciano muy amante de su país y hace años alejado de él, el excelentí- simo Sr.D. José Cristóbal Sorní, habla formado parte del consistorio de Mantene- dores de los Juegos Florales, haciendo con este motivo una visita á su ciudad natal, en donde, si no encontró ya á sus antiguos compañeros del famoso Liceo, vióse rodeado de los que posteriormente han formado en lo Rat-Penat un círculo de en\.\\údisi^^ aijiadoj's de ¿es glories valencianes. Esta Sociedad le obsequió con una velada literaria y con un banquete. En la primera el Sr. Sorní, que en la corte, donde reside, ha conservado vivo el afecto á la lengua lemosina, dio á conocer el discurso que había escrito para los Juegos Florales, y del que solo pudo leer algunos fragmentos en aquella solemnidad. Dicho discurso se referia á esa lengua, acerca de la cual hacia algunas curiosas observaciones. Con esta grata sesión, en la que se leyeron excelentes poesías, dio fin al curso la socie- dad del Rat-Penat. Las letras valencianas han sufrido una sensible pérdida con el fallecimiento del actor D. Ascensio Mora, que habia contribuido á popularizar las obras dra- máticas escritas en nuestra lengua materna. Era también, aunque con modestas pretensiones, autor de piezas cómicas: habia escrito los saínetes Las dos viudas y La flor sevillana, en lengua castellana, el último en colaboración con el señor Escrig y González; y en valenciano las piezas tituladas Un bateig. El senserro de Monea, El cap de Holofernes, La sigarrera, Un capitá de serol, y otras. Habia nacido en t834, y sus padres lo dedicaron al arte de la seda, pero su afición le llevó á los teatros caseros primero, y después á las compañías de afi- cionados que recorrían las poblaciones inmediatas, hasta que abandonando todo otro oficio por la declamación, se distinguió como primer actor del género có- mico, dando gran relieve á las obras de Liern, Escalante, Palanca, Ovara y demás autores del teatro valenciano. Últimamente actuaba y era director de es- cena en el de la calle de Ruzafa, que le es deudor de gran parte de la popula- ridad que hoy goza. * * bibliografía valenciana. OMPENDIO DE NAVEGACIÓN ASTRONÓMICA, /ragmenios de una obra inédita, por D. Miguel González Aveno, catedrático de náu- tica y piloto. Valencia, i88¿, ivipr. de Nicasio Rius {i). "eI "problema de Douves, considerado por muchos hasta aquí como erróneo, y por la mayoría de las personas científicas como irresoluble con exactitud, ha encontrado solución después de largos estudios. Así lo asegura el catedrático de náutica de este Instituto D. iMiguel González Aveno. Dice que por medio de la solución que publica, es conocida la posición de una nave en cualquier punto y situación, pues determina simultáneamente la latitud y longitud, observando dos alturas de astros. Los largos estudios del Sr. González Aveno y su importante descubrimiento son base de una obra de náutica que se propone publicar, y de la que es compendio el tratado de que nos ocupamos. ENRIQUE CONCIENCE. Cuentos Jlamencos, Valencia, i88¿, librería de P. Aguilcu', ivipr. de Juan Guix (2). Este libro es de la colección denominada Biblioteca selecta, que bien merece este título por la buena elección de sus obras. La presente no necesita más recomendación que el nombre del autor, el novelista nacional de Bélgica, cuya reciente pérdida llora su patria. En sus Cuentos flamencos pintó perfectamente las costumbres y los tipos de aquel país pacífico y algún tanto patriarcal, presen- tándonos escenas de familia, que envuelven siempre útiles ejemplos morales. VICHERT. Dos Episodios. Valeticia, 188;^, librería de P. Aguilar, im- prenta de Juan Guix (j). Otro librito también de la Biblioteca selecta, que contiene dos lindas é inte- resantes novelitas de Vichert. La primera se titula: Las Perturbaciones ó el problema de los tres cuerpos; la segunda El Viejo Zapatero. Valen la pena de leerse. 1 Un libro de 194 páginas en 4.** 2 Un lomo en 8." de l62 pñginas, que se vende en la librería de P. Aguilar, á dos reales, como lodos los de la Biblioteca selecta. (3) Un luinito en 8.° de 192 páginas, de iguales condiciones que el anterior. Valencia. Imprenta de Domenech, Mar, 48. — 1883. REVISTA DE VALENCIA. 1.° Octubre de 1883. EL TERREMOTO DE MONTESA. L planeta que habitamos, cuna, mansión y sepulcro del hombre, no es siempre para éste hospitalario y generoso asilo. A veces, se su- blevan contra él los mal llamados elementos, y ocasionan grandes catástrofes. Ya es el aire, el que, según las teorías modernas, se inficiona y llena de microscópicos animalillos, que producen horrorosas epidemias, como la peste negra ó de bubón, que diezmó á Europa en los siglos XIII y XIV; ya es el agua que penetra en los continentes, asolándolo todo y causando cataclismos aná- lo'-^os á los del Diluvio universal, aceptado por las tradiciones de todos los pueblos; ya el fuego, desatándose en violentos volcanes, cuya lava sepulta poblaciones enteras, como Pompeya y Herculano; ya, por último, el elemento sólido ó tierra, conmovido convulsivamente, al que bastan algunos segundos para destruir en 1755 á la floreciente Lisboa. El terremoto ó temblor de tierra es, entre todos estos fenómenos, uno de los más temibles, porque el volcan, la inundación, la epidemia, dan generalmente algún tiempo para huir y refugiarse en sitio seguro, mas el movimiento trepidatorio terrestre es instantáneo y su efecto incontrastable. Hay paises sumamente afligidos por los terremotos, como sucede con las Filipinas y Molucas, el Perú y algunas Antillas, al paso que en otros son suma- mente raros y casi siempre inofensivos. Atribuyen los geólogos esta inmunidad de unas regiones y el constante pe- ligro de las otras, que obliga á sus habitantes á construir las casas de cierta 28 434 REVISTA DE VALENCIA. manera y á tomar infinitas precauciones, al mayor ó menor volcanismo de los terrenos. Con efecto, enseña la ciencia y demuestra la práctica que todo sitio inmediato á volcanes apagados ó en actividad, es propenso á terremotos. En cambio, en los terrenos de sedimento ó acarreo, de formación fluvial ó marina, diluvial ó aluvial, es más extraño un temblor de tierra que una aurora boreal en el Ecuador. El reino de Valencia, sin ser uno de los paises más afectados por dicha calamidad, nos ofrece muestras de ambas clases de terrenos neptúnicos y volcánicos, preponderando los primeros en la parte septentrional fsupra Túria) y las costas y huertas, y los segundos en la parte meridional (infra Túria) y mon- tañas. De escasos terremotos hacen mención los historiadores valencianos. Son los más notables: el de Játiva en 21 de Noviembre de 15 18, que cuenta Esco- lano entre los presagios de las Gemianías; los de Alcoy en 2 de Diciembre de 1620, y Alcoy y Cocentaina en 1645; los de Montesa de 23 de Marzo y 2 de Abril de 1748, de que luego hablaremos, y el que en 1829 causó grandes per' didas en Orihuela, Catral, Almoradí y pueblos comarcanos, con ramificaciones en Almería y Murcia. Entre todos estos movimientos terrestres, ninguno al- canzó mayor área dentro del reino de Valencia, ni produjo tantas desgracias personales, como el ocurrido en 1748, en las gobernaciones de Montesa, Játiva y Alcira. Acerca de este intenso terremoto, que destruyó el castillo de una de nuestras cuatro órdenes militares, la de Nuestra Señora de Montesa, poseemos varios documentos importantes, inéditos en su mayoría, que daremos á conocer sucesivamente, procurando conservar la defectuosa ortografía del manuscrito original, y encabezándolos con las letras A, B, C y D. LETRA A. ''Relación echa por el Dr. Rafael Llombart, médico^ uno de los que se encontra- ron en el Terrible Terremoto que padeció el Castillo de Montesa y otros lu- gares el dia 23 de Marzo de 1748. El castillo ó real casa de Ntra. Sra. de Montesa con todo su recinto el dia -2J edrep¿- quersy^ los albañiles {pbrers de vilo); los cereros y confiteros; los sombrereros; los colchoneros (maíalafers); los encargados de los correos (hosies de correus); los caldereros; los cajeros (capsers); los que fabricaban cardas vejetales; los ca- bañeros; los calceteros; los guadamacileros; los juboneros (giponers), y los tun- didores de paños. Durante los siglos XVII y XVIII aparecen aun nuevas comunidades de ofi- cios, formadas á impulso del espíritu de agremiación, iniciado anteriormente. Conforme á esa aspiración general, promulgan y autorizan los jurados las orde- nanzas que, para el régimen y concierto del oficio, formaron los polvoristas ó pirotécnicos (aiheters); los cesteros ó mimbreros; los torcedores de seda; los al- barderos ó jalmeros, los fabricantes de medias de seda y otros objetos de punto; los adresadores ó gomistas de telas; los fundidores de campanas y demás artícu- los de bronce. Pero los cuerpos de artesanos que dejamos citados, variaban con alguna fre" cuencia de nombre, derivándolo de la materia que elaboraban, ó de la forma y destino de los objetos por ellos fabricados. De aquí nace el figurar un mismo gremio con varias denominaciones, según las imposiciones de la moda, el consu- mo y estado de la industria. En este concepto, vemos á los industriales que tra- bajan en el curtido, adobo y preparación de las pieles, divididos desde el siglo XIII en curtidores (blanquers); zurradores {asaonadors), y baldeses (aliiders). Los dos primeros subsisten aun con igual nombre; pero los últimos desapare- cieron ó se fundieron á principios del siglo XVII en otro gremio formado de va- rios brazos, esto es, los guanteros, bolseros y agujeteros (tiriters), extinguién- dose algunas de estas industrias para quedar á fines del siglo XVIII, tan solo el gremio de guanteros, cuyo magisterio abrazaba gran número de artículos fabri- cados con pieles finas y de muy distinto uso. El gremio de carpinteros, que en sus comienzos estaría reducido á lo que hoy es, también llegó á constituir una vastísima comunidad, de la que formaban parte todos los que trabajaban objetos de madera, subdividiéndose en secciones que se designaban conforme á la naturaleza de los trabajos que realizaban. En 1407, este gremio lo formaban los carpinteros propiamente dichos, los que hacian arcas y otros muebles anteriores á la introducción de la ebanistería, y cuyos industria- les se llamaban en valenciano caixers, denominación que les distinguía de los capsers, ó fabricantes de cajas de madera delgada y en blanco, sujetas las tablas únicamente por medio de clavos y cola, y por último los torneros. Por el capí- tulo XIV de las ordenanzas que se promulgaron por los jurados en 21 de Julio de 1460, se comprendió dentro de este oficio á los llamados aladrers, ó sea los que construían aperos para la labranza; á los toneleros, y en general se dis- 1,1 REVISTA DE VALENCIA. puso por los magistrados municipales, que pudieran formar en el gremio todos los que trabajasen madera. Sin duda aceptaron el permiso, ó ingresaron á la fuerza, alounos industriales que se ejercitaban en la elaboración de distintos objetos, toda vez que en el capítulo II de los acordados en Diciembre de 1482, se lee: que á fin de resolver algunas dudas suscitadas acerca de quiénes formaban parte del oficio, se acordó que eran miembros del mismo, "primeramente los carpinte- ros y cajeros-pintores (l), así pintores de cofres como de cajas, artinbancos mo- riscos, cubiertas de casa, paveses de justar y de campo, banderas y otras se- ñales para uso de hombres de guerra, y escudos para túmulos; los torneros, po- zaleros, los que hacen violas, cajas, aperos, y fabricantes de molinos y batanes, arqueros , constructores de órganos, címbalos , clavicímbalos , monocordios y aquellos que hacen y obran sillas de cuerda y los aserradores de madera (2j.„ (1) Algunos autores locales han discutido acerca de la existencia de un pretendido colegio de pintores en Valencia, ó bien de si estos formaban parte del gremio de carpinteros. El no haber examinado detenidamente los revueltos documentos del archivo de aquellos, ha sido la causa de que no acertaran en sus juicios. Los carpinteros, según vimos en el capítulo III, tuviexon por patrono á San Lúeas Evangelista, algunos años antes que á San José, cuya imagen veneraban en la iglesia de San Juan del Mercado, y aun hemos podido examinar en la casa gremial unas pequeñas tablas, que formarían sin duda parte de un antiguo retablo, donde aparecen pintados á la encáustica los princi- pales hechos de la vida de aquel apóstol, patrono efectivamente de los pintores, que como explican las ordenanzas, eran los dedicados á pintar arcas y otros objetos que allí se expresan, y á mayor aclaración dicen: "Eceptan quepintors de retaules e cortines e ylluminadors no sesiennison com- presos en los membres del dit offici de fusters si ia no usaren de ali^una cosa del offici del pintor caixer.a De modo, que los sugetos á que se refieren las ordenanzas de carpinteros son los que en Italia, y en la misma época, se les designaba con el desdeñoso título de pintores de cassoni, ó arco- nes, á cuya defensa salió Vasari en la vida de Dello, uno de los más famosos que cultivaron el género. No cabe duda, dados estos antecedentes, cuál era la clase de pintores que estaban unidos con los carpinteros. En cuanto á la existencia de un colegio ó agremiación especial de aquellos, solo ha tenido orí- gen en la minuta para la redacción de una escritura, fundando un colegio de pintores' en Valencia, que por via de formulario, insertó Exulve en la página 720 de su curiosa obra Praclarce Artis Noia- rice, impresa en 1643. Esto no contradice ni se opone á que los dedicados á pintar retablos en esta ciudad formasen en el siglo XVII una hermandad puramente religiosa, establecida en el convento de Santo Domingo; pero sin alcanzar el carácter que tuvieron las cofradías de pintores establecidas en Siena, Florencia y otras ciudades de Italia. También en España encontramos agremiación de artistas, como nos ofrece un ejemplo Barcelona. En esta ciudad los pintores estaban constituidos en cuerpo «remial, según puede leerse en las Memorias históricas de Capmany, tomo I, parte III. (2) E per so volents declarar c nomenar los membres del dit offici per levar dubtes en esdeve- nidor statuim ordenam e declaram que aquells dits membres del dit offici son primo los fusters e caixers pintors axi pintors de cofres coni de caixes artimbachs morischs cubertes de cases pavesos de luyr e de camp vanderes e altres senys per obs de homcns darmes e armes de sepultures e tor- ncrs poalcrs violes capscs e aladres e mestres de molins farines e drapers e arquers mestres de orgucs e de cimbol e clavicimbol e monacort e aquells que fan e obren les postes de cadires de cor- des c los serradorsde fusta — Capitulo II de las ordenanzas, 14 82. Archivo del Gremio: Libro anti. Je orJ, LA INSTITUCIÓN GREMIAL. 445 La mayor parte de los oficios que formaban la extensa agremiación de car- j)interos, hicieron grandes esfuerzos para emanciparse, fundando sus pretensiones en que siendo numerosos é importantes, les era dado alcanzar vida propia é in- dependiente. Este deseo, origen de pleitos y competencias, se logró con el tiem- po, naciendo nuevos gremios como el de torneros, silleros, toneleros y algunos más. Los zapateros se dividían en el siglo XIV en dos grandes secciones, una que conservó la denominación propia, y otra que se conocía por la de chapineros (tapiners), ó sea los que hacian chapines. Los últimos, después de muchas contiendas, lograron separarse de los pri- meros, creando oficio aparte y adquiriendo la facultad de examinar á los que pretendían ejercerlo, según privilegio que les otorgó en 8 de Julio de 1443 la Reina Doña María, que ejercía el cargo de lugarteniente del reino, en nombre de su esposo D. Alfonso III. Posteriormente, en 9 de Julio de 1479, obtienen solemne confirmación del privilegio. Mediante otras gracias, alcanzó próspera vida el oficio de chapineros, no sin que el de zapateros intentara varias veces negar ó restringir las facultades de que estaban investidos los que ejercían aquel magisterio. Por último, en 148Ó se estipuló una concordia entre ambas partes, con el propósito de cortar costosos pleitos, que no terminaron hasta que la moda extinguió el uso de los chapines (l). Otro brazo, con la denominación de zapateros de viejo ó remendones, apa- rece desde principios del siglo XVI, pretendiendo formar por sí solo gremio, lo que consiguió mediante privilegio expedido por Carlos II en 26 de Setiembre de IÓ79, y que dio origen á muchos y ruidosos litigios (2). Estas numerosas y potentes organizaciones fueron la base de muchos gre- mios, pues aparte de los oficios señalados, figuraban otros, también subdivididos en brazos ó reuniones, constituyendo un todo, no siempre armónico, pero sí celoso de sus prerogativas y concesiones. La incorporación de dos ó más oficios afines reconocía por causa la de transigir pleitos suscitados acerca de las facul- tades que cada uno de ellos pretendía hallarse investido, en virtud de privilegios contradictorios y nada explícitos. Si examináramos detalladamente los gremios, veríamos que todos, ó la mayor parte, estaban formados por brazos, que en su (1) La Concordia feta entre els sabaters de la presmt cititat e lo offici de tapiners sobre lo fet deis tapins e altres eoses. — Archivo del Reino. (2) Véase el pleito seguido ante el Consejo Real, entre los zapateros de viejo de Valencia y los de nuevo de la misma, sobre aprobación de las ordenanzas formadas por el primero, separación é insistencia de la concordia que celebraron en 24 de Febrero de 1785- — Archivo del Gremio: Libro cuarto de ord. 446 REVISTA DE VALENCIA. origen fueron otras tantas corporaciones agremiadas, ó ramas disgregadas del tronco principal, y obligadas por la necesidad ó la conveniencia á nueva incor- poración, conservando, no obstante, su fisonomía propia y peculiar, que nunca perdieron; prontos siempre sus individuos á la defensa del nombre ó dictado que tenian antes de realizar la unión. Los oficios más antiguos y caracterizados fueron progresivamente comple- tando su organización, y á su ejemplo, otros modernos ó de menos importancia adoptaron igual procedimiento, erigiéndose en gremios y gozátndo de todos los privilegios, inmunidades y prerogativas que en lo antiguo se concedieron á la institución. La erección de gremio era asunto sencillo en cuanto á su aspecto legal. Convenidos todos los componentes de un oficio, ó la mayor parte, en aceptar la vida corporativa, pasaban á consignar su voluntad por medio de instrumento público. Procedían luego á redactar y aprobar las ordenanzas que habian de regir al oficio, que se remitían al Consejo de la ciudad, suplicando su aproba- ción. Los jurados, con poderes de aquel, entendían en el examen y definitiva autorización del reglamento ó constitución gremial. Cumplidas todas estas for- malidades se expedía el oportuno decreto, haciendo constar en él las circunstan- cias del oficio, su patrono, prerogativas que gozaban los agremiados y alguna vez las condiciones mediante las que se concedía permiso de creación. Alcanzado éste, procedían los agremiados á la elección de cargos en la forma señalada por las ordenanzas, quedando constituido el oficio en corporación cerrada, y adqui- riendo personalidad jurídica como á tal, según las disposiciones legales y uso de antiguas costumbres (l). Al propio tiempo que se formaban nuevos gremios, desaparecían otros por extinguirse el oficio á causa de las vicisitudes de los tiempos, exigencias de la moda, competencia de productos forasteros, y no pocas veces por el atraso en (l) Puede servir de modelo una deliberación del Consejo, erigiendo el oficio de polvoristas y pirotécnicos. Dice así: "Per so eregeixen e crehen en altre deis oficis de la present ciutat al dit gremi de polvoristes da afiuclla, davall la protecció del gloriós Sant Antoni Abat y Santa Barbera, patrons elegits per dits polvoristes pera la fundació y erexció de sa confraría, y que per dita rao gose dita confraría y con - fiares de aquella de les prerogatives, gracies, preheminencies, facultats y libertáis que semblants y altres officis creats coin á lo present acostumen servir y gozar, donantlo permís y facultad pera poder crear y nomcnar officials del dit offici de polvoristes ab tal, que hachen de quedar y queden obhgats ñ acudir á totes les funsions que la insigne ciutat los manara, y sostenir tots los carrechs que semblants ofticis acostumen teñir en dita insigne ciutat. Y axí raateix el fer de nou capitols s: pareixera convenient al dit oflici y bé publich, que els haja de autorizar y decretar la insigne ciutat y no de altra manera y en consecuencia lloen, autoricen y decreten los damunt dits capitols ab les referidas calitats y modificacions,, etc.— Archivo de la ciudad: Manual de Consdls y estabUments, LA INSTITUCIÓN GREMIAL. 447 que se hallaba la misma industria, respecto á los productos de otros centros de fabricación más adelantados, ofreciendo géneros á más bajo precio, y promo- viendo una lucha económica, á laque no era fácil resistir por mucho tiempo. Varios son los oficios que se encuentran en este caso. En 1595, los pelí- jeros, que habían formado una numerosa y rica asociación industrial, quedaron reducidos á solo tres individuos. La moda, desterrando el uso de los trajes adornados con pieles, sumió en la miseria á los agremiados que, cargados de deudas, vendieron al convento de Santo Domingo su aderezador, ó sitio donde trabajaban las pieles, y la casa de la corporación, según auto recibido por el no- tario Honorato Clement en 2 de Junio del citado año. Los guadamacileros valencianos, tan diestros y peritos en la fabricación de pieles y cueros cubiertos de oro, plata y brillantes colores, formaban otro de los oficios corporados, que desapareció á impulso de la moda, pereciendo casi totalmente la industria, hasta que un francés, llamado Antonio de Paz, solicitó y obtuvo de los jurados en l6Ó2 autorización para trabajar de nuevo guadamaci- les, ofreciendo, á cambio de algunas mercedes, restaurar la decaída profesión; intento que no dio los resultados que su autor se propuso. Fueron extinguiéndose ó incorporándose á otras agremiaciones los oficios de calceteros, que en 1668 se une al de sastres; los pergamineros que se agregan á los guanteros; los chapineros, en que á últimos del siglo XVII solo forma- ban la corporación dos ó tres maestros, y así sucesivamente algunos otros cuer- pos de la industria asociada; desapareciendo todos por las razones indicadas, como más adelante veremos también extinguir nuevos oficios, á medida que el consumo deja de fomentar determinados productos industriales. El espíritu de cuerpo, que tanto influyó en los progresos de la asociación gremial, se manifestó de una manera poderosísima en ciertos y determinados ofi- cios, artes y profesiones, dando origen á instituciones más ó menos privilegiadas, que constituían una aristocracia industrial, dentro de la vida corporativa. Los oficios que se encontraban en este caso denominábanse, y aun se denominan, colegios y colegiales, los individuos que los formaban. Consideraban á la cor- poración que adoptaba semejante forma como la más alta significación y gerar- quía del orden gremial. Es indudable que el nombre y significación de colegio se tomó de la collegia romana, para ennoblecer el oficio con abolengo histórico. Aparte de este origen, dio motivo también á la formación de los colegios, el deseo de figurar en primer término en los actos oficiales, con distinción de los gremios, en señal de su mayor riqueza y poderío. Además de esas y otras razo- nes, la principal tenía su fundamento en la naturaleza misma del oficio consti- tuido en colegio, cuyos individuos colocaban su magisterio entre las profesiones mas preeminentes, cultas y honrosas de la ciudad. 44« REVISTA DE VALENCIA. No ha sido solo en Valencia donde aparecen y figuran estos oficios aristocráti- cos. Si investigamos la historia de otros pueblos, veremos una cosa análoga (') parecida. En París, por ejemplo, durante el siglo XIII, existían los cinco cuerpos de mercaderes, ó sean los pañeros, pelíjeros, cambiadores, plateros y merceros; en Florencia, encontramos los siete cuerpos de artes mayores; en Barcelona, la comunidad de fabricantes de lanas, cuerpos todos ellos distinguidos, y los más principales de la industria asociada. Por lo queá Valencia se refiere, figuran como oficios constituidos en colegio los terciopeleros ó arte mayor de la seda, los ce- reros y confiteros, los cinteros y galoneros ó arte menor de la seda, los cordo- neros, pasamaneros y botoneros, los fabricantes de medias de seda, los fundido- res en bronce, los plateros, los sombrereros, los tintoreros y los corredores de letras y cambios. Todos estos oficios obtuvieron el nombre de colegios, mediante privilegios dados en distintas épocas, no sin que antes, como hemos visto, figu- rasen entre los cuerpos gremiales, pasando sus individuos de simples menestra- les á la categoría de artistas, lo que explica suficientemente la división entre las dos clases de corporaciones. Los primeros que usaron el título de colegio, en el concepto de arte y no oficio, fueron los libreros, que alcanzaron semejante declaración del Consejo de la ciudad en 1589 (l). Durante el siglo XVII, erigiéronse en dicha clase los gremios anteriormente nombrados. En 2g de Octubre de i634 obtienen los cere- ros privilegio expedido por Carlos II en San Lorenzo del Escorial, agregándose los confiteros en 1644; los plateros alcanzaron igual gracia en 11 de Febrero de l632; los terciopeleros (velluters en valenciano), de la palabra {velludo), en 3l de Octubre de 1686; los corredores de la Lonja (Casa de contratación) y letras de cambio en 24 de Mayo de 1689; los galoneros en 28 de Setiembre de 1788, por Felipe V; los cordoneros en 18 de Enero de 1757; los tintoreros en 19 de Febrero de 17Ó3; los sombrereros en 1770; los fundidores ó campaneros en 1772, y los fabricantes de medias de seda en 7 de Marzo de 1774. Todos estos oficios gozaban de mayor consideración que los organizados como simples gremios, y '1) El único dato relativo al colegio de libreros que hemos podido encontrar, es la delibera- ción del Consejo de la ciudad, acordada en la sesión que celebró el dia 12 de Junio de 1539. En la elección de consejeros de oficios verificada en 1538, se nombraron á dos libreros, pero estos ape- laron del acuerdo y consiguieron se les excluyese, fundándose en que la librería sia art é collegi é no offici, según consta en el Manual de Consells y establinmits del citado año. Este dato, y el dar nombre á una calle, son los únicos que poseemos de los libreros, que tan importante papel repre- sentan en la historia literaria de la ciudad. En Barcelona formaban gremio los libreros encuaderna- dores, y teman su cofradía bajo la invocación de S, Jerónimo, como consta en las Memorias históricas de Capmany, lomo I, parte III. El vocabulario de Exulve (1643) al encuadernador lo llama caixer de Ihbre, cajero de libro, definición exacta dado que en esta época eran muchas las encuadema- ciones de madera, forradas de piel. LA INSTITUCIÓN GREMIAL. 449 entre las varias prerogativas que disfrutaban, era muy importante la de estar exentos de acudir á los festejos públicos, ó bien formaban junto á los notarios, mercaderes y otras corporaciones de igual ó parecida índole (l). II. En los primeros tiempos de las cofradías, los oficios se reunían, como queda dicho, para tomar acuerdos, deliberar, proceder á la elección de cargos y demás funciones propias, en los conventos donde celebraban la fiesta del patrono. A la sombra déla religión, bajo el amparo de una comunidad, desarrolláronse las asociaciones gremiales, adquiriendo gran importancia política y económica. Cuando el gremio fué una potencia, cuando alcanzó la consideración de poder público y permanente, pensaron los agremiados que era indecoroso no tener casa propia, un domicilio digno de aquellos prohombres que regían la ciudad y gozaban de grandes privilegios. Añádase á esto la modificación que experi- mentaban las asociaciones de oficios, pasando del aspecto puramente religioso al industrial y artístico, y se comprenderá sin esfuerzos la razón de la casa del gremio, y el empeño que demostraron todos en ser propietarios de su vivienda, consiguiéndolo y levantando edificios más ó menos suntuosos, según la im- portancia de la corporación y número de sus componentes. Semejante deseo dio un resultado satisfactorio para la industria asociada. Contados son los gremios de alguna consideración que no lograron tener casa propia, especialmente durante el siglo XVI, época la más floreciente de la ins- titución. El primer oficio que consta la tuvo fué el de zapateros. Por el reparti- miento del Rey D. Jaime I, como queda expresado en el capítulo segundo, se les concedieron varias casas en las tenerías de Roteros, y aunque es posible se re- unieran en las mismas para tratar los asuntos de la clase, lo cierto es que en 17 de Agosto de 1869 la cofradía de zapateros adquirió de los albaceas de Marga- rita, mujer de Guillermo Roscani, por el precio de 25 libras, moneda real de Valencia, unas casas situadas en la parroquia de San Lorenzo, donde se esta- bleció la casa gremial, sufriendo varias ampliaciones, y fundando en la misma el hospital para los pobres de la corporación. Los carpinteros, según escritura de 1." de Setiembre de 1479, adquieren también por compra y precio de 150 (l) No comprendemos en estos colegios á los formados por los notarios, cirujanos y abogados; si bien, en el concepto de las leyes forales, unos y otros reconocían igual origen y gozaban de pa- recidas prerogativas. El colegio de notarios fué eregido por D. Pedro II en 13Ó9; el de ciruja- nos en 1392 por D. Juan I. 29 450 REVISTA DE VALENCIA. libras, una casa con huerto, situada en la parroquia de San Martin, y que fué la base de la que hoy posee y disfruta el oficio. En 19 de Mayo de 1889, los sastres compraron á Guillemona, mujer de An- drés Parensos, maestro aperador, una casa con huerto, enclavada en la parro- (]aia de San Andrés; los curtidores ya mencionan en las ordenanzas de 25 de Julio de 1486, la actual casa social, y su fundación debe ser de principios del siglo XV; los boneteros adquirieron del convento de Santo Domingo, y por es- critura de l3 de Mayo de 1488, la casa natalicia de San Vicente Ferrer, donde establecieron la del oficio; los colchoneros no poseían en 1511 domicilio propio, pero en esta fecha, al pedir la aprobación de ordenanzas, solicitaron también se les autorizase para adquirirla, como lo hicieron algunos años después (1), En 1610, Escolano, hablando de las casas de oficios existentes en Valencia, aunque omite varias, se expresa así: "Entre infinitas (casas) de que puedo hacer reseña, me viene á la memoria la de los pelaires al Tirador; de los tejedores á la Encar- nación; de los plateros cerca de San Agustin; de los pregoneros Cque nosotros llamamos corredores), al Colegio de San Fulgencio; de los sastres á la calle de la Puerta de los Judíos; de los albañiles á la calle del Mar; de los carniceros á la plaza de Pellijeros; de los torcedores al torno del Hospital general; cofradía de armeros á la plaza de San Lorenzo; de los zapateros á la de Santa Ana; la de los pescadores en su cuartel, y otras muchas. Entre todas se lleva el lauro en género de piedad, la de los ciegos al monasterio del Carmen; pues son más de ciento los que desamparados de la madrastra naturaleza, hallan en esta cofradía padre y madre, y con estar privados de la vista, son en ella alumbrados, ense- ñándoles á rezar oraciones, con que pasan descansadamente la vida ellos y sus familias. Asimismo, los pobres enfermos son favorecidos á costa de la comu- nidad, y así al reclamo de tantas comodidades por ser el hospedaje tan bueno, acuden á ella á guarecerse todos los ciegos del reino, y aun muchos de otros comarcanos (2).,, Los cuberos compraron en 1670 una casa situada frente á la del gremio de alpargateros ó esparteros, en la calle del Portal Nuevo, hoy de Liria: los sogue- ros ó cordeleros, además de la casa gremial, adquirieron en 1Ó23 un espacioso solar llamado huerto de En Sendra, para uso común de los agremiados; los ce- (\) ítem supliquen e demanen los sia autorisat e de nou atorgar ut suppra parlant que lo dit offici puixa teñir casa en nom del dit oifici logada ó propia e que aquella sia entitulada casa e confraria del offici de matalafers e que en aquella e de aquella puixenfer totlo que los altres officis fan e acostumen fer soesaiuntarse e teñir capitols e fer altres coses cirqua la necesitat de dits offici e confraria acostumades fer. Plau a sa magestad.— Capítulo II de las ordenanzas de 1511. (2) Historia de Valencia, lib. V, cap. XIX. LA INSTITUCIÓN GREMIAL, 451 reros alcanzaron en 1520 la propiedad de otro extenso huerto, situado en la calle de San Vicente, entonces ex-tramuros de Valencia, destinándolo para seca' dero y otras operaciones á que se somete la cera; beneficio que gozan todos los colegiados (i). La mayor parte de las calles donde estaban ó está la casa del gremio, to- maron el nombre del oficio que tenia allí su domicilio social; otras calles lo adqui- rieron por hallarse ocupadas por individuos que ejercían una misma profesión. Anteriormente, y al tratar de la conquista de Valencia por el Rey D. Jaime, digi- mos que los cristianos se establecieron en ciertos sitios, que eran los centros de la fabricación árabe. Sobre aquella base fueron domiciliándose los nuevos indus- triales, dejando el nombre de su oficio á gran número de calles y barrios enteros. Citaremos á los curtidores, aderezadores, aladreros, aluderos, apunta- dores de paños, plateros, armeros, zurradores, tundidores de lana, correjeros, zapateros, tejedores, caldereros, cajeros, libreros, boneteros, cuchilleros, borda- dores, campaneros, calceteros, capuceros, carniceros, cedaceros, cerrajeros, col- choneros, pescadores, cordeleros, corredores, correos, cotamalleros, pañeros, guadamacileros, freneros, jaboneros, sombrereros, chapineros, tintoreros, pelí- jeros y albarderos. No abandonaron los gremios el aspecto religioso que hemos estudiado al tratar de la cofradía. En todas, ó la mayor parte de las casas sociales, existian capillas donde se veneraba al patrono de la corporación, y en algunas, como en la de carpinteros, sogueros, peraires, curtidores y zapateros, celebraban la (1) Según la guia Valencia en la mano, de 1825, que es la relación más próxima á la desapari- ción de muchos gremios, existian en aquella feclia las casas sociales que siguen: Colegio del Arte Mayor de la Seda, calle del Hospital general; núm. 34. Alpargateros, calle del Portal Nuevo, núm. 121. Albañiles y Arquitectos, calle del Mar, núm. 3. Armeros, plaza de San Lorenzo, núm. 17. Curtidores, Muro de Serranos, núm. 22. Boteros ó cuberos, calle del Portal Nuevo, núm. 24. Carpinteros, calle del Engonari, núm. 1. Cortantes ó carniceros, plaza de Pelii- cers, núm. 25. Cerrajeros y linterneros, calle de la Cequiola de la Morera, núm. 4. Compañs ó compañeros y tirasacos, calle de Conejos, núm. 7. Cereros y confiteros, Puerta de San Vicente, ex-tramuros, núm. 24. Corredores de cambios ó de oreja, calle de Ruzafa, núm. 2. Corredores de cuello, cuatro esquinas de Mosen-Sorell, callejón sin salida, núm. 21. Ciegos oracioneros, calle del Carmen, núm. 17. Colchoneros, calle del Cementerio de San Andrés, núm. I4. Cajeros, calle de las Danzas, núm. 9. Cordoneros y pasamaneros, calle de Santa Ana, núm. 82. Guanteros, calle de la Puebla Larga, núm. 102. Horneros, calle Nueva de Pescadores, núm. 37. Herreros, Portal de Valldigna, núm. 37. Molineros, calle de la Harina, núm. 17. Peraires, calle de la Corona, con entrada por la de Cuarte, núm. 158. Plateros, calle de Ensanz, núm. 12. Roperos, calle de la En- carnación, núm. 13. Sastres, calle de su título, núm. 26. Sombrereros, calle del Cementerio de San Andrés, núm. 15. Torneros, calle del Hospital general, núm. 26. Torcedores y tintoreros, calle del Fumeral, núm. 3. Trajineros, plaza de la Jordana, núm. 1. Zurradores, calle de este nombre, cerca de la Correjería, núm. 31. Zapateros, calle del mismo nombre, núm. 21. 452 REVISTA DE VALENCIA. fiesta anual con mucha ostentación y solemnidad. Los oficios que carecían de capilla en el edificio social, hacian la fiesta religiosa en los conventos y parro- quias donde ejercían el patronato de ciertos altares, en los que se veneraba al titular del gremio. Todas las ordenanzas generales promulgadas desde los pri- meros años del siglo XV hablan del fin religioso, que si no alcanza ya la importancia que tenia en lo antiguo, cuando era casi el único de la cofradía, no por ello deja de ser interesante, dedicando los agremiados crecidas sumas á la festividad religiosa, honras fúnebres y aniversario de los fallecidos durante el año. Algunos oficios celebraban también Cuarenta-Horas ó Laiis perennis, entre los que bastará citar al de zapateros, que alcanzó Bula del Papa Inocencio XI, concediendo indulgencias plenarias para diez años á todos los que visitasen las Cuarenta-Horas de San Crispin y San Crispiniano, protectores del oficio. Todas las solemnidades religiosas revestíanse de extraordinario explendor. Los curtidores pactaron en 1565 con el clero de la parroquia de Santa Cruz el ceremonial de las fiestas á la Invención de la Cruz, y la Asumpcion de la Virgen que costeaba el oficio. Por dicha concordia se estipuló que el clero can- taría, en cada una de esas fiestas, primeras vísperas, completas, maitines y lau- des; prima, tercia, sexta y nona; misa conventual con diácono y subdiácono, segundas vísperas y completas. El oficio quedaba obligado á costear los músicos, luces y cuanto era necesario para el mayor explendor del culto; tenia así mismo la facultal de colocar en el altar mayor, y durante la fiesta, la bandera y estan- darte del gremio. Extendíase además el fin religioso de las asociaciones, á tomar parte en procesiones, contando para estos casos con preciosas andas, donde eran lleva- dos los titulares: algunas de esas imágenes, como la de San Eloy de los plateros, eran de plata, ó bien de escultura, obra de artistas aventajados; habiendo desaparecido muchas de ellas con la extinción ó total ruina de las corporaciones gremiales (l). Se remonta á los orígenes de la vida gremial la participación de los oficios mecánicos en los festejos públicos que se celebraban en Valencia. Pocas ciuda- des de España ofrecerán un catálogo tan extenso de fiestas suntuosas, y que la dieron renombre dentro y fuera de la Península. Figuran en primer término las llamadas centenarias, instituidas para solemnizar acontecimientos memorables, (l) El Mercantil Vahtulano, correspondiente al dia 23 de Marzo de 1882, publicó en la cuar- ta plana, el siguiente anuncio: "Se vende una preciosa Virgen, titulada la huida de Egipto, perteneciente al gremio de Traji- neros, construida por el escultor Esteve, con su anda, plaza de la Jordana, núm. 13, bajo; para tratar del precio. Maldonadn. oa k^í^ tratar del precio, Maldonado, 24, bajo.„ LA INSTITUCIÓN GREMIAL. 458 como la entrada del ReyD. Jaime T en Valencia; la beatificación y canonización de santos, hijos de la ciudad, como la de San Vicente Ferrer; la de entradas de Reyes, como la de Juan I; la de nacimientos de príncipes herederos de la corona, como Felipe IV; las de sucesos extraordinarios, como llegada de reliquias, bodas regias, celebración de victorias, erección de nuevos templos, y otros hechos que el pueblo valenciano celebraba alborozadamente con festejos rui- dosos, y en los que hacia gala de su ingenio, religiosidad y riquezas. Aparte de estas' solemnidades, celebraba, con no menor aparato, las llamadas ordina- rias, tales como las procesiones del Corpus y santos titulares de parroquias y conventos. Participando estos festejos del doble carácter de religiosos y civiles, como organizados por el Consejo á nombre de la ciudad, concurrieron de muy anti- guo á.su mayor lucimiento todos los oficios corporados, y aun á veces se agre- miaban otros de escasa importancia, con el solo fin de tomar parte en la fiesta de una manera colectiva y ostensible. En los primeros tiempos, cuando los oficios comenzaron á iniciarse en la vida corporativa, la asistencia á las fiestas promovidas por la ciudad era pura- mente voluntaria; pero luego, al adquirir mayor importancia, la concurrencia fué casi obligatoria; y si bien es cierto que no existe ley alguna que así lo deter- mine, sobran datos, no obstante, para creer que una costumbre no interrum- pida vino á sustituir á la ley escrita, formando parte integrante de la jurisdic- ción municipal la facultad de obligar á los oficios corporados á que tomasen parte en las fiestas civiles y religiosas que patrocinaba la ciudad, representada en sus jurados y consejeros (l). El dato más antiguo que menciona la asistencia de los oficios á una fiesta pública, es el que se refiere á la entrada del Rey D. Pedro II en Valencia el año l336. Es de creer que antes de la citada fecha habrian concurrido, pero no de ima manera formal y señalada, como entonces. En los capítulos acordados por los jurados y prohombres, señalando el ceremonial que habia de guardarse en el recibimiento del rey, se indica que las compañías formadas por los oficios se sitúen en el camino de Valencia á la Cruz del Puig, marcando la cabeza de cada compañía vi oficio, por medio de un pendón ó divisa. Pocos años después, en 1892, se verifica la entrada solemnísima de D. Juan I y su esposa Doña Violante. El programa de los festejos que se hicieron por (1) Por deliberación de 15 de Febrero de 1663, dispuso el Consejo que solamente en la pro- cesión de San Vicente Ferrer saliesen los gremios con sus banderas, y en las demás solamente con cirios. — Archivo de la ciudad: Matinal de Consells y estahUments, año citado. 454 REVISTA DE VALENCIA. la ciudad suministra abundantes noticias acerca de la participación de los ofi- cios en dichas fiestas. Los jurados, al hablar del concurso que los menestrales prestaban á la solemnidad, hacen referencia á festejos análogos, y á los que contribuían los oficios con danzas y juglares. En esta época vemos organizar á los pelíjeros una comparsa, en la que figuraba el fabuloso dragón alado {Drach- alai) que aparece en la tradicional cimera de D. Jaime el Conquistador: un es- cuadrón de caballeros armados de todas armas simulaba el ataque y presa del simbólico animal. Los freneros ofrecieron una pantomima de salvajes; los mari- neros montaban dos galeras, que eran conducidas por carretas, recorriendo las principales calles de la ciudad, y entreteniendo al pueblo con un simulacro de combate naval; los carpinteros levantaron, junto al puente de Serranos, un cas- tillo de madera, que era defendido por gente de armas contra los ataques de las galeras que gobernaban los marineros (l). Otras manifestaciones de regocijo se hicieron entonces por los oficios; pero merecen señalarse, aparte de las mencionadas, las corridas de toros que dieron los carniceros en el Mercado y otros sitios; diversión que debió dejar contentí- simo al monarca, dadas sus conocidas aficiones taurómacas (2). Desde esa fecha, vemos á los oficios concurrir á todos los festejos públicos que celebraba la ciudad de Valencia. Hacian gala los gremios en estas fiestas de su pujanza y riquezas, presentándose los menestrales vestidos con sus mejores trajes, y rivalizando en adornos, divisas y carros triunfales. Era, en electo, un espectáculo curioso y pintoresco el que ofrecían los cuerpos de artes y oficios en una procesión general. Por las estrechas y tortuosas calles de la ciudad, adorna- das de tapices y altares, marchaban los miembros de cada oficio formados en dos largas filas. Abria la marcha de cada gremio una música de atabales, dulzainas y juglares, acompañada á veces por una comparsa alusiva á la festividad que se solemnizaba. Seguia luego un estandarte representando á los aprendices y ofi- ciales, que iban todos ellos á continuación de su enseña ó divisa. Inmediata- mente figuraba la bandera propia del oficio, sosteniéndola de su asta algunos de los oficiales, que hacian ostentación de habilidad y fuerza, colocando el extremo (1) ítem sien .lemprats specialment e nominada los prohomens deis officls deis pellicers e deis frcners a fcr cascun offici del qualque assenyalat joch axí com los pellicers lo drach acostumat o altracosa mellor e los cavallers annats que solen fer a combatre pendre emenar lo di;ach. E axí inatcix los frcners la cuqua e los salvatges e altres coses que han acostumat fer e niellorar hi si poran. E que cascuns sien da so be pregats e encarregats. — Archivo de la ciudad: Manual de Con- sells y esíabliments, año 1392. (2) ítem sien aemprats los prohomens carnicers a procurar e haver toros e fer per sos dios iota la dita entrada joch ab aquells specialment en lo mercat com sia cert quel Senyor Rey se agrada e prcn plaer de tal joch. — Ibidem. LA INSTITUCIÓN GREMIAL. 455 del mástil sobre el hombro, la palma de la mano ó el labio inferior, y dando con ello patentes muestras de equilibrio; los mayorales, clavarios y prohombres llevaban los cordones de la bandera; detrás formaban los maestros, cerrando la comitiva un carro de triunfo, representando escenas que tenian relación con la fiesta, arrojando desde lo alto del simulacro objetos propios del oficio. Así, por ejemplo, en 1655, con motivo de las fiestas del segundo centenario de la cano nizacion de San Vicente Ferrer, los oficios hicieron especial inventiva en esta clase de aparatos. D. ]\Iarco Antonio Ortí, historiador de aquellos regocijos, describe varios, y es curiosa la relación de los mismos: "Llevaban, dice, los mo- lineros, delante un carro vistosamente compuesto de varios ramos, i flores, tirá- vanle quatro muías, i se ostentava sobre él un artificioso molino de viento, con su rueda, i los demás aderemos, tan ingeniosamente dispuesto, que con moverse la rueda velocissimamente, no se podia advertir la causa de su movimiento i fué de manera, que mientras dio la buelta de la procesión convirtió en arina cerca de un cahiz de trigo (l).„ Hablando de los albañiles, prosigue: "La otra invención fué un carro triunfal muy bien adornado, que conduzia la torre mayor que verdaderamente estava también imitada que parecía que la avian arrancado de su sitio, para ponerla en el carro, i era tan grande, que para fabricarla la hu- vieron de buscar sitio capaz, i el que pudieron hallar fue el huerto de la Punta; i después de concluida la obra para sacarla de alli, fue necesario abrir una bre- cha en la cerca de la huerta. Llevava sus campanas, que ivan repicando por la buelta. Esta segunda invención, demás de ser muy curiosa, fue muy á propósito para la fiesta, por que á la campana del relox, que es la mayor de todas^ quando la bautizaron, ó bendixeron, le pusieron por nombre Vicente, á devo- ción de San Vicente Ferrer, bien que así mismo le pusieron el nombre de San Miguel Arcángel, que es la razón, porque á esta torre comunmente la llaman el Micalet, que en valenciano es el nombre diminutivo de Miguel. Es inexplicable el ruydo, i aplauso que se movia en todas las partes por donde pasava el Mi* calet (2;.,, DeF gremio los tejedores de lino dicelo siguiente: "Sacó uii carro triunfal vistosamente adornado, conduciendo una muger que estava sentada debaxo un dosel, texiendo en un telar, representando la figura de Santa Ana, el niño lESVS haziendo canillas, i un hombre anciano vestido de hermitafio represen- tando á San Antonio, i un lechonzito vivo al lado. Y delante iva nuestra se- ñora acavallo en una jumentilla, con un niño en los bracos, i la llevava del dies- (1) Segundo centenario de la canonización del valenciano apóstol San Vicente Ferrer, etc., pág. 2ó4i ('¿) Ibídem. 456 REVISTA DE VALENCIA. tro un viejo venerando, representando á San loseph, todas insignias del oficio, fue mui aplaudida de todos esta invención por ser toda muy apropósito del oficio que la sacó, i por los muchos alornos, i curiosidades, que avia en el carro (l).„ Se concedían premios á los oficios que demostraban el mejor gusto en las invenciones de los carros triunfales, y en las fiestas de 1655 lo alcanzó el oficio de carpinteros. Ortí dice á este propósito: "No se contentó este oficio con solo sacar la bandera, i el estandarte, por que se quiso singularizar en festejar á nues- tro Santo Patrón consiguiendo para su devoción aplauso, i crédito general: porque sacó un carro hermosamente dispuesto, á modo de una media naranja, con sus comizas, colunas, i bagas hechas con mucha perfección, i muy ajusta- das al arte; conduzia el carro un grande cimborio con San Vicente al lado, i una nuiger con un niño en los bragos que representavan al que avía de ser Calixto Papa TU i su madre, i que el santo le encomandava á ella que cuydase muy bien de su hijo, por que le avia de canonizar. Mereció esta invención, que todos quantos la vieron , fuessen de parecer que se le devia dar el primer pre- mio (2).,, De estos ejemplos pudiéramos citar muchos, si fuera nuestro intento hacer una minuciosa relación de los festejos públicos en que han figurado los gremios desde el siglo XIV hasta el XVIIl, materia, por otra parte, tratada con gran co- pia de datos por los historiadores que especialmente describieron aquellos su- cesos. Grandes eran los gastos que se ocasionaban á los gremios en estas fiestas, y más de uno tuvo necesidad de tomar dinero á préstamo, con el solo fin de cu- brir deudas, cuyo origen no era otro que los dispendios hechos con motivo de so- lemnizar la entrada de un rey, nacimiento de un príncipe ó la canonización de un santo. Pero no por ello menguaba el entusiasmo entre los componentes de un oficio, imponiéndose voluntarios repartos pecuniarios, deseosos de que la corporación á que pertenecían ocupara el primer lugar en los festejos, rindiendo de esta suerte culto al espíritu de cuerpo y á la vanidad personal (3). Bien se (1) lilem, pág. 209. (2) Ídem, pág. ¿11. (3) Demuestra el deseo de señalarse cada gremio en los festejos públicos la colosal imagen de San Crisl«')bal, que tiene el de pelaires, y que conserva en una capilla especial, situada en k calle de la Corona. Según dice el Marqués de Cruilles, en su Guía mbana de Valencia, mide la imagen 6'10 metros de altura, siendo obra del escultor Comerges. Solía sacarse en las grandes solemnidades, descansando sobre una peana que arrastraba un carromato, t\ r,„o se lastraba para sostener el equilibrio con un peso de ochenta quintales. La LA INSTITUCIÓN GREMIAL. 457 demostraba esto en las cuestiones promovidas acerca del orden de preferencia en las solemnidades públicas, ocasionando verdaderos conflictos las pretensiones de algunos oficios, que aspiraban á ocupar el sitio de honor, alegando unas veces su antigüedad, otra su importancia y no pocas la costumbre. Era el sitio prin- cipal y preeminente en las formaciones el último, ó sea el más cercano á las corporaciones é institutos religiosos, políticos o de otra clase. Abria la marcha el oficio más moderno, siguiendo luego por su orden de antigüedad los restan- tes. Figuraba siempre el último el oficio de pelaires, derecho que no le fué nunca discutido; pero dejando de concurrir algunas veces á las fiestas, ocupaba su lugar otro oficio, correspondiendo tal honor á los curtidores y luego á los sastres. Las cuestiones de colocación ó de etiqueta se producian especialmente entre los oficios de carpinteros y zapateros, pretendiendo el primero el lugar preferente; aspiración que se reproduce aun en nuestros dias con igual fuerza que en los an- tiguos tiempos. La relación más antigua que conocemos en orden á la colocación, es la acordada entre los jurados y los prohombres de oficios en 1892, con motivo de la entrada deD. Juan I en Valencia. El orden aceptado fué el siguiente: carnice- ros, correjeros y sederos, zurradores, cuchilleros y vaineros, chapineros, horne- ros, esparteros, tejedores, pescadores, herreros, molineros, corredores de cuello, carpinteros, zapateros, pelíjeros, corredores de oreja, roperos, labradores, frene- ros, sastres, plateros, curtidores y pelaires. Al extinguirse algunos de los anteriores oficios, ocapaba su puesto el inme- diato inferior, ganando á veces dos ó más categorías. Muchos de los cuerpos que figuran en la relación de 1892 no constan en las posteriores; unos por las causas indicadas, y otros por haber pasado á la categoría de colegios, como acontecía á los plateros, sederos, corredores y varios más. En las fiestas de 1655 abrian la marcha los arrieros, siguiendo luego los caldereros, colchoneros, carderos, cor- redores de cuello, roperos, cordoneros y sombrereros, guanteros, tintoreros, to- qaeros, carniceros, molineros, albañiles, canteros, pescadores, esparteros y alpar- gateros, cuberos, zurradores, chapineros, corredores de oreja, sogueros, cinteros, calceteros, tejedores de lino, tejedores de lana, herreros y cerrajeros, armeros, carpinteros, zapateros, tundidores, terciopeleros, sastres, curtidores, plateros y pelaires. La necesidad de señalar el sitio que ocupaba cada oficio en las grandes so- lemnidades, dio origen, sin duda alguna, á las banderas de los gremios, que no última vez que salió esta imagen fué en 1867, con motivo de las fiestas centenarias á la Virgen de los Desamparados; pero se descompuso el carro durante la carrera y no pudo seguir adelante. 458 REVISTA DE VALENCIA. eran en los primeros tiempos otra cosa que simples divisas de colores, aumentando posteriormente en tamaño para convertirse luego en la enseña de la hueste ar- tesana, conforme á la organización foral (l). En el ya citado programa de los festejos á la entrada de D. Juan I en 1892, ficj-ura una relación de las divisas y colores que adoptaron los oficios, previa re- unión y acuerdo de los jurados y prohombres, á fin de que dos ó más cuerpos no usasen un mismo color, así en los trajes como en las divisas. Resultado de todo ello fué el adoptar los carniceros el color azul claro, los correjeros y sederos librea encarnada y la manga derecha de azul claro, los aluderos verde y manga blanca, los zurradores azul celeste, los cuchilleros, carmesí sembrado de rosas de oro y manga verde, los chapineros color oscuro, los horneros carmesí y man- ga blanca, los esparteros verde, los tejedores rosa y manga negra, los pescado- res color oscuro, los herreros lo mismo, los molineros blanco y manga carmesí ;'i listas, los corredores de cuello morado y manga carmesí, los carpinteros car- mesí y manga con adornos alusivos al arte, los zapateros color oscuro, los pelí- jeros verde, los labradores carmesí, los freneros verde y adornos carmesí, los sastres morado^ los plateros carmesí y adornos de plata, los curtidores morado y blanco y los pelaires carmesí y adornos de algodón blanco. Es indudable que antes de 1892 los oficios de Valencia usaban de pendones para distinguirse unos de otros en las fiestas á que concurrían. Aparte de ipie los jurados así lo expresan diferentes veces, en el nombrado programa del ceremonial acordado para recibir solemnemente á D. Pedro II en l336, se dice terminantemente que las compañías formadas por los oficios, como las demás clases, colocaran su pendón ó estandarte en la cabeza de la formación, d la S'.i^a deis primers, esto es, á continuación de la compañía que forme delante (2), Aunque no existe duda acerca de este particular, sí que la hay en cuanto á la iO ítem supliquen que com per consuetut antiquísima los officis de la dita ciutat teñen e acostumen teñir bandera e standart ab les armes reals e insignies que elegeixen e volen pera que lo ciit offici sia conegut e representat e signifique que aquella bandera e estandart es del dit offici axi en festes de reys com de altres particulars deis tais officis e publiques de la sobre dita ciutat •luels sia per vostra magestat atorgar ut prius parlant que los dits matalafers puixen teñir bandera e standart que ia tenien com foren onits ab los dits vanovers com a aquells per pacto e concordia los hagen restat e que en aquells puixen fer los senyals quels porra e elegirán e que de nou ne facen e puixen fer tantes cuantes voltes infuturum los porra. E axi mateix puixen tcr e teñir banderes e penons e trómpeles pera crides e festes del dit offici ab les devises que elegi- rán c que en draps c en.lits pera morts caixes ciris e altres coses quels aparra etc.- -Capitulo III de las ordenanzas de colchoneros, año 15U. (2) E facen ordenadament as en cascun lats del cami aitant com bastara ves Masaraagrell, la cumpanya dequell offici ú niester ó estament de persones. E aquells que veuran apres los pri- mers, qualque sien, posen lur peno en la saga deis primers...,. LA INSTITUCIÓN GREMIAL. 459 forma de las banderas. No tenemos datos para puntualizar ccSnio serian en los I)rimeros tiempos; pero á juzgar por la constante forma adoptada, y que ha lle- gado hasta nuestros dias, podemos deducir que siempre fueron lo mismo, su friendo tan solo ligeras modificaciones. Su gran tamaño, que las hacía impropias para la guerra, se justifica considerando el papel que representaban, y que no era otro que el de señalar á grandes distancias la corporación que simbolizaban, flotando sobre la muchedumbre que ocupaba las calles por donde pasaban los gremios en las grandes solemnidades. D. Juan Bautista de Váida, al reseñar las fiestas que celebró Valencia á la Concepción de la Virgen en lóó3, describe las banderas de los oficios corpora- dos en estos términos: "Tienen los gremios para estos lucimientos sus banderas, no de guerra, sino mucho mayores y de diferente hechura (i). Son todas de da- masco, y las más de color carmesí; las astas en que las llevan son más crecidas (]ue la mayor pica de guerra; muy ostentosas y ricas, con franjas de oro tirado, con escudos bordados de lo mismo y las insignias delante. En el extremo llevan las imágenes de los santos patronos del gremio; algunos de estos tienen dos banderas, por tenerla separada de los maestros los oficiales, ó los que no han logrado examen, y su número llega á sesenta (2).„ En cuanto al color de las banderas, no ha sido siempre el mismo, variando con alguna frecuencia y dependiendo muchas veces de causas especiales agenas á la tradición del gremio. El color carmesí, como dice Váida, era el dominante, pero también las habia azules, pajizas, verdes y aun blancas. En las tantas veces nombradas fiestas centenarias de San Vicente Ferrer en 1655, los oficios mecá- nicos que llevaban la bandera de color carmesí y fajas ó adornos de oro, eran los arrieros, armeros, cardadores, corredores de cuello, roperos, guanteros, car- niceros, molineros, albañiles, canteros, pescadores, esparteros, cuberos, zurrado- res, chapineros, cinteros, tejedores de lino y lana, herreros y cerrajeros, tundi- dores, terciopeleros, curtidores, plateros y pelaires. La de los colchoneros era de color carmesí á fajas pajizas; azul la de los cordoneros y sombrereros; igual color usaron los armeros; verde eran las de los sogueros, calceteros y corredores de oreja; blanca la de los toqueros, y pajiza la de los tintoreros. Todas ellas lle- vaban en el extremo del asta la imagen del patrono, ó bien otras alegorías. Los (i) La forma constante de estas banderas, tal como ha llegado hasta nuestros dias y las describe Váida, se asemeja mucho á los llamados pendones. El mástil tiene una longitud de cinco metros próximamente. La tela, que remata en dos puntas, suele ser un cuadrilátero de veinte ó veinticua- tro metros por lado, sujeto por uno de sus extremos al mástil ó asta. El coste de cada una se ele. vaba muchas veces á más de l .000 pesetas, (2) Fiestas á la himaculada Concepción de la Virgen Maria^ pág. 455- 46o REVISTA DE VALENCIA. colchoneros, por ejemplo, ostentaban la Virgen de las Nieves; los caldereros á San Tiian de Portalatina; los cardadores una corona de plata; los sombrereros la Virgen del Rosario; los guanteros á San Bartolomé; los sogueros la Virgen de la Misericordia; los albañiles el Santo Sepulcro; los canteros una rueda de molino y una imagen de la Virgen, todo de plata; los pescadores una barca y dentro los apóstoles San Pedro y San Andrés; los cuberos una pipa dorada, y sobre ella una cruz, y á los lados Santa Elena y el emperador Constantino; los armeros un Rat-Penat ó murciélago; los carpinteros á San José; los tundidores unas tijeras con una corona de oro y la figura de San Cristóbal, y los pelaires una esfera con el nombre de Jesús. Se relacionan intimamente con las banderas de los oficios, y completan su descripción, las armas ó timbres que designaban especialmente á las corporacio- nes gremiales. Los colores de las primeras y los signos de las segundas cons- tituian una especie de blasón heráldico, tan estimado por los individuos de un gremio, como pudiera serlo el escudo de la más antigua y respetada familia aristocrática. A semejanza de estas, el artesano de Valencia mostró decidido empeño de ostentar en los actos públicos la enseña especial de su oficio, que tenia para él igual significación que los cuarteles de un escudo para el poten- tado miembro de la nobleza. El origen de las armas de los oficios se remonta al de su vida corporativa, y naciendo al propio tiempo que adoptaron los colores de sus banderas y divisas. Pero asi como los primeros variaron con alguna frecuencia, no sucedía lo mismo respecto de los signos que formaban el escudo de la corporación. El color de las banderas dependía muchas veces de causas locales, mientras que el blasón estaba formado por instrumentos del trabajo y propios al oficio ó arte que lo ostentaba. Al reorganizarse las cofradias de oficios, á mediados del siglo XIII, pidieron con mucha insistencia el uso de timbres para marcar con ellos todos los objetos pertenecientes á la institución. Semejante deseo no era patrimonio únicamente de los menestrales. En esta época las familias, las ciudades, villas y pueblos obtienen ó adoptan libremente escudos de armas más ó menos pro- pios; pero que representaban algunas de las cualidades salientes del individuo ó entidatl á (pie pertenecia el blasón. Los artesanos siguieron el ejemplo, al- canzando del Rey, ó por su propia autoridad, el uso de armas de igual valor y significación nobiliaria que las ostentadas por Valencia y sus más antiguas y nobles familias. Los timbres de un oficio se componian generalmente de los instnmientos más importantes para el trabajo, añadiéndose en muchos casos la imagen del patrono o titular de la corporación. Las cofradias adoptaron en sus orígenes esta forma; pero pasados algunos años, cuando el fin religioso fué el secundario, los gremios LA INSTITUCIÓN GREMIAL. 46 1 generalizaron el escudo, formándolo con los emblemas de la profesión. Otros agregaron signos heráldicos., pero esto solo se observa en contados oficios. Para el carpintero, la sierra era nna insignia que tenia igual valor que la espada ó lanza para el caballero. Amante aquel de sus prerogativas y privilegios, cono- cedor de la fuerza que representaba en la ciudad y del papel importantísimo que desempeñaba en el orden político, miraba los instrumentos de su trabajo como el arma poderosa que le defendía contra los ataques de la nobleza y aun de los poderes públicos cuando estos trataban de disminuir las franquicias y libertades que de antiguo gozaban los oficios corporados. Por esto, los carpinteros colocaban sobre la puerta de su casa gremial el escudo formado por una cruz, que tenia á sus lados á guisa de medios cuarteles, la sierra y el hacha; los toreado res de seda lo formaban con la imagen de San Erasmo y el torno; los tejedores de lana mostrábanse orgullosos con sus dos águilas imperiales, remontadas por el ¿ao heráldico (2); los curtidores osten- taban la cruz y un león rapante coronado (3); los armeros usaban el emblemático Rat-Penat ("4); los caldereros á San Juan Evangelista, su patrono, en el marti- rio de la tina; los cardadores sus cardas; los zapateros un zapato y el mar- tillo (5); los sogueros la cruz de Jerusalen; los cerrajeros un yunque y dos mar- tillos (ó); los plateros el compás y la escuadra; los guanteros dos guantes de oro; los canteros una muela de molino ; los tundidores de paño unas ti- (1) .... ab lo senyal del dit offici co es, en lo muscle esquerra una creu tronconada verda e hun cayro davall vermell al peu ab serra e aixa que son armes del dit offici. — Ordenanzas de 1436. (2) En 1 542 se separaron los oficios de tejedores de lana y lino. En la concordia que celebraron se expresa terminantemente que los primeros no podian usar ni hacer insignias de águilas "per ser les armes propies del offici deis teixidors de lli. „ (3) El oficio de curtidores ha usado hasta el dia dos empresas ó definiciones emblemáticas. Una es la que describimos en el texto, cruz esconada y un león rapante coronado. El otro blasón consiste en una custodia, donde está figurada la Sagrada Eucaristía, que sostienen dos ángeles con las manos. Lleva un lema que dice: Si ¿a ¿levamos porqm la ganamos , alusivo á cierta expedición marítima contra corsarios moriscos, de que hablan todos los historiadores valencianos. (4) En la capilla de San Martin de la catedral, patronato del gremio de armeros, existe el es- cudo adoptado por esta corporación. Su formación debe ser moderna, componiéndose de las ar- mas de la ciudad y por timbres el manto real, la esfera y el Rat-Penat; sobre el campo aparece la cruz llamada ¿ao, usada por los familiares de algunas órdenes militares, privilegio que gozarían sin duda los armeros. (5) En la fachada de la casa social del oficio de zapateros hay dos escudos de piedra. El mas antiguo tal vez pertenezca al siglo XV; lo forma el escudo de Valencia, y por timbres un zapato y dos instrumentos de los usados en la zapatería. Igual forma afecta el que aparece en la capilla de San Crispin y Crispiniano de la iglesia de San Lorenzo, patronato antes del gremio. (6) Además de los timbres señalados, los escopeteros, que eran un brazo especial del gremio de cerrajeros, usaron de una marca compuesta de un águila de dos cabezas para señalar las piezas visadas por el vehedor y clavario del gremio. 4Ó2 REVISTA DE VALENCIA. jeras coronadas y los pelaires las cardas y tijeras de cortar los paños (i). Por lo expuesto se comprenderá perfectamente la importancia que tenia para los oficios el uso de los timbres que les señalaban y distinguian en las grandes solemnidades. Entre los ejemplos ya citados y los que pudiéramos aportar, solo mencionaremos uno, que determina perfectamente el especial cuidado que tuvie- ron los gremios en sostener siempre el privilegio de sus timbres y divisas. El Rey D. Juan I concedió á los maestros pelaires el uso de las armas reales con una tijera, y á los oficiales el mismo blasón, pero añadiendo también como timbres dos palmas cruzadas. Acudieron los maestros al Rey pidiendo la derogación del privilegio concedido á los oficiales, sosteniéndose con este motivo largo pleito, en el que fué uno de los asesores el célebre jurisconsulto Juan Belluga. Por fin, seguido el litigio en todas sus partes, pronunció el Rey senten- cia definitiva el 21 de Agosto de 1895, según consta en el archivo del gremio de pelaires de Valencia. Luís Tramüyeres Blasco. (ij Este gremio conserva varios escudos en su casa social. En la fachada situada en la calle de Cuarte, renovada estos últimos años, se ven las armas de la ciudad, y por timbres las cardas y tije- ras de cortar paños. También figura el escudo real, significando el origen del gremio. Sobre la puer- ta que dá ingreso á la sala de juntas, y en la salida del huerto llamado del Triador, propio del oficio, se ven dos escudos de piedra muy bien labrados, leyéndose en los mismos la fecha 1620. Se com- ponen de los timbres de la casa de Austria, esto es, águilas imperiales por tenantes, corona real, y los timbres de la corporación lanera. También existe otro escudo de piedra sobre el afeo de la puerta que dá al huerto antes citado, y es sin duda el más antiguo. Está tallado en piedra, y aun- que .iparece cubierto de cal, se distinguen perfectamente las barras de Aragón. Tiene una par- ticularidad este escudo, y es la de ostentar unos hierros de lanza, que sin duda pertenecieron á las huestes del gremio, tal vez de la época de las germanías. Asimismo se ven las armas de este oñcio corporaUo en los altares del presbiterio de San Nicolás, cuyo patronato perteneced la corporación; son modernas. LA HORFANETA. A LA SEÑORITA DOÑA MARÍA LLÓRENTE Y FALCÓ, PRIMERA REINA DELS JOCIIS FLORALS DE VALENCIA, A horíaneta filava Prop del bresol; Son germanet somiava, Y esclaíá un plor. La mare que 1' ouia De dalt del cel, Plorant dia á la Verge: — "¡Pobre fiU meu!„ Filava la horfaneta Sense parar, Y ab los uUs plens de Uágrhues h' adorm cantant. Era llarga la tasca, Que te molt llí, Y ab d' anar á migdia A dur lo fil. Deis dinés que li donen Té que comprar Vestit y sabatetes; L' ha d' acurtar. Ella, que vá descalsa, No sent el fret, El gich les necesita: — "¡Pobre angelet!,, Jardi del Rea!, Maig 16, 1883. Y filava, filava Sense parar... Que era dia de misa Se li ha olvidat. Les campanetes toquen Lo darrer toch, El giquet se desperta Dient— "¡Din! ¡Don!,, Ella, que sen recorda, S' ha agenoUat; Y diu — "¡Maredeueta, No puch anar!,, Després besa una estampa Ab molt fervor... El gich jugava y ria Dins del bresol. La horfaneta, senyantse. Torna al treball... Un raig de sol entrava Peí finestral... Agarra la filosa Y pega un crit... ¡La Maredeu li habia Filat lo llí! Antonino Chocomeli. UN AGUSTINO EN SAN AGUSTÍN. NTRE los novicios qiie en los primeros años de este siglo daban muestras de su ferviente vocación religiosa en el convento de San Agustin de Valencia, sobresalía un joven de complexión delicada, de rostro pálido, y casi encorvado su cuerpo, mostrando en todo su ser un físi- co débil y enfermizo, acaso por la pobreza de su constitución, ó más bien por el excesivo rigor del ayuno y de la penitencia, á cuyos ejercicios se daba con todo el fervor de un alma contemplativa y absorta en los misterios de la religión cristiana. Más de una vez hubo de sufrir el joven novicio las amonestaciones del padre guardián, por el extremado celo con que observaba sus obligaciones de religioso, con notorio quebranto de su salud. Pero el joven, aunque prometía enmendarse y cumplir con el precepto de la obediencia, no dejaba de observar con sobrado rigor las reglas de la orden, siguiendo en todos los actos de su vida una conducta intachable y verdaderamente ejemplar. El padre guardián mostrábase de continuo orgulloso con la adquisición del joven novicio, al que consideraba como una esperanza del convento ó como una gloria de la orden, porque parecía indudable, dadas las grandes virtudes y las naturales disposiciones del joven, que con el tiempo llegaría á ornar su frente con la aureola de los santos. Meditando sobre esto mismo el superior de aquella casa, murmuraba algu- nas veces para sí, no sin revelar un tanto de orgullo y de amor propio, por la regla que profesaba: — Bah, si la orden de predicadores puede ostentar entre sus legítimas glorias la de haber dado á la iglesia un hijo como San Vicente Ferrer, la orden de San Agustin, entre sus esclarecidos varones, puede dar con el tiempo un nuevo apóstol valenciano, que se llamará San Vicente Samper. UN AGUSTINO EN SAN AGUSTÍN. 46^ Y él bueno del padre, al pronunciar este nombre, que era del novicio, abri- gaba la convicción más profunda de que sus predicciones habian de tener infali- ble cumplimiento, como si hubiese recibido antes la revelación de Dios. 11. Ha trascurrido algún tiempo, y el novicio, ordenado ya in sacris, es conside- rado en el convento como uno de los padres de la comunidad. Los buenos agustinos parecen convencerse cada vez más de las envidiables prendas que concurren en Vicente Samper para la vida monástica, con la cual se halla identificado, mostrando á todas horas la más decidida ó inquebrantable voca- ción. Pero llega un dia en que se nota en el convento un movimiento inusitado, reflejándose en todos los semblantes cierta impresión de desagrado, de malestar, de visible contrariedad, de despecho y de confusión. Algunos de los padres se reúnen en las celdas donde hablan, comentan y discuten acaloradamente sobre asuntos relacionados con la salvación de la patria y de la religión, que creen seriamente amenazadas por las huestes invaso- ras del César francés. Otros religiosos forman grupos en las anchas galerías del claustro y hablan igualmente con exaltación, ya denostando la debilidad de los gobernantes y favoritos que rigen la máquina del Estado, ya protestando enérgicamente de la traición de Bonaparte, en quien no quieren reconocer las altas dotes que le concede toda Europa como capitán del siglo y conquistador invencible. No falta algún reverendo que, sintiendo arder en su pecho el sacro fuego de Belona, y poseído de amor patrio ante la iniquidad del usurpador, expone á sus hermanos todo un plan de campaña para hacer caer en sus redes estratégicas las poderosas y afamadas huestes del soberbio invasor. Alguno de sus oyentes aprueba en un todo sus palabras y sus planes belicosos, otros inten- tan modificar en parte sus proyectos para que resalte más el brillo y el poder de la religión, y otros también, los más débiles y ancianos, inclinan la frente y dirigen el pensamiento al Altísimo para que se digne socorrerles y salvar la patria del inminente riesgo que la amenaza. Los legos jóvenes y gente menuda del convento son los que más se agitan y se mueven, despojándose casi todos ellos de su hábito, y reemplazándolo por el traje seglar, bajo cuyas prendas, risibles para ellos, parecen desconocerse unos á otros, habituados de antiguo á vestir el burdo sayal, sin sospechar jamás (jue un dia pudieran descubrir el contorno de sus formas varoniles ceñidas por el calzón, la chupa y la montera; cuya trasformacion, si ruboriza á alguno de ellos al verse convertido en hombre del siglo, excita la hilaridad y la chacota de 30 466 REVISTA DE VALENCIA. los más, que, como jóvenes al fin, saben soportar la contrariedad del momento, convirtiéndola en motivo de libertad, de esperanzas y de buen humor. Igual movimiento que en San Agustín, se nota el mismo dia en los demás conventos, colegios, casas de asilo y en el seno de casi todas las familias de la ciudad. Es que la patria ha sido invadida por las legiones napoleónicas; es que el pueblo español ha lanzado el grito de guerra y venganza contra el inicuo Bona- parte, cuyos soldados han herido en las calles de Madrid la altivez del león castellano; es que la sangrienta jornada del Dos de Mayo, ha exasperado la noble hidalguía del pueblo ibero, y la enérgica alocución del Alcalde de Mós- toles y el aliento de gigante del sin igual Padre Rico, síndico y representante del pueblo de Valencia, han conseguido despertar el bélico entusiasmo que alienta unánime en todos los pechos españoles; y la patria, unida, compacta, fiera y altiva, sostenida por las hercúleas fuerzas de todos sus hijos, se prepara á combatir la invasión, sosteniendo una lucha heroica, titánica y sangrienta, hasta recobrar la sacra libertad que ningún poder ha osado disputarle, cor- riendo presurosa á luchar y á vencer al grito mágico de ¡viva la independencia! Es que los poderes públicos, representantes de la patria, necesitan organi- zar un ejército numeroso, que pueda hacer frente á las fuerzas enemigas; y al traducir la necesidad en ley, han decretado una quinta general, llamando á las armas á todos los varones útiles para la guerra, comprendidos entre los diez y ocho y cuarenta años de edad, sin excepción de clase, profesión ó gerar- quía. Los nobles, los estudiantes, los religiosos, los seminaristas, todos están incluidos en el decreto de conscripción, y nadie puede eludir una ley que dimana de la patria herida, aherrojada al carro triunfal del audaz conquistador, y á la que es fuerza acudir para salvarla, sin reparar en sacrificios humanos, y ofreciendo á manos llenas tesoros de sangre y á costa de la hacienda y de la vida. Éntrela brillante y ardorosa juventud que acude altiva, entusiasta y rebo- sando amor patrio á empuñar las armas en defensa de la causa nacional, se encuentra también nuestro agustino Vicente Samper, que ha trocado ya su hábito por las vestiduras del siglo, ínterin no le provee la patria del uniforme militar. Con más resignación que entusiasmo, afectado, doloroso y compungido, al despojarse del sayal de la orden que juró vestir hasta más allá de la muerte, despidióse el joven, con lágrimas en los ojos y el corazón oprimido, de su es- trecha celda, de sus libros de estudio y de los pocos objetos que en su modesto retiro le rodeaban, y fuese después á recibir la bendición del padre guardián, an- tes de salir del convento, y ponerse al servicio de la patria que le reclamaba. Puesto de hinojos á los pies del superior, esperó el joven la paternal bendi- UN AGUSTINO EN SAN AGUSTÍN. 467 cion, en tanto que el respetable guardián le alentaba á cumplir con sus deberes de patricio, superiores en aquel momento á todos sus votos religiosos. — La Patria te llama, hijo mió, y es forzoso acudir á su llamamiento para salvar la independencia, para salvar al Rey del cautiverio en que gime y para salvar la religión de los riesgos que la amenazan. No olvides que los españoles que perezcan en esta lucha, no mueren como los demás soldados en las guerras ordinarias, sino como mártires que pelean en defensa de su Dios y por el ma- yor brillo de la Religión, de la que somos fieles depositarios, y obligados esta- mos á conservarla. Ten presente también que en la guerra es forzoso luchar, y conviene revestirse de valor, de audacia y de energía, y abrigar la fé de la victo- ria, y obedecer puntualmente las órdenes de los jefes, que representan las nece- sidades de la Patria para asistirla y socorrerla. El ejército que no reúna estas cualidades será una masa numerosa de hombres, la cual huirá espantada ante una pequeña legión de tropas organizadas. Los cobardes, hijo mió, son los primeros que pagan con la vida su falta de valor. Parte ya, Vicente, ve á la guerra y cumple con tu deber de soldado, como has cumplido en esta santa casa con tus deberes de novicio. Y después que la guerra termine, cuando la Patria no necesite de tu concurso, compararás los insondables misterios del corazón humano y las repulsivas miserias del mundo con la paz envidiable que te ofrece el retiro de la celda que hoy abandonas, y elegirás entonces el camino que tu inclinación te dicte, bien para quedarte en el siglo ó para seguir como hasta hoy por la senda que tienes emprendida, como la más segura para alcanzar la salvación eterna. — Sean cuales fueren las circunstancias prósperas ó adversas que me rodeen en el mundo, ora caigan los dones de la fortuna sobre mí para enaltecerme, ó los más rudos embates de la desgracia para aniquilarme, ó para perderme, yo juro solemnemente á vuestra paternidad, y elevo este juramento hasta Dios, que nos contempla y nos escucha, que si salgo con vida de los rigores de la guerra queme llama, volveré al convento de donde nunca quise salir; volveré. Padre, y aquí moraré hasta el fin de mis dias, porque aquí está la fosa que ha de cubrir mi cuerpo y aquí quiero morir. — Así sea. Dios preservará tu vida del hierro enemigo para que vuelvas á ser- virle en el religioso retiro de esta santa casa. El joven besó fervorosamente la mano del padre guardián y la humedeció con sus lágrimas. Fortalecido su apocado espíritu con la bendición del venerable religioso, el bueno de Vicente Samper salió de la estancia del padre guardián, abandonó el claustro y fué á incorporarse á un regimiento, ¿j^68 REVISTA DE VALENCIA. iir. El 25 de Octubre de 1811 es uno de los dias más aciagos de la historia de Valencia, por la terrible é injustificada derrota que las armas españolas sufrieron en la batalla de Puzol contra las legiones francesas que acaudillaba el general Suchet. Divididas en tres cuerpos las tropas españolas al mando del general Blake, el más infortunado de cuantos generales militaron en aquella guerra, tocóle mandar el ala izquierda al general D. Carlos O'Donnell con las divisiones de los mariscales Miranda, Villacampa, Mahí y San Juan. La división de Miranda estaba compuesta en su totalidad de valencianos, así como eran aragoneses los de la división de Villacampa. D. José San Juan mandaba la caballería y Mahí la reserva. El ala derecha, que se apoyaba en el Paig, la mandaba D. José Zayas, y el centro, que se extendía entre Puzol y la Cartuja, estaba mandado por el general D. Pascual Caro, el más valiente campeón quizá de aquella jornada, pero cuya íortuna no correspondió á su valor. Blake era el jeneral en gefe y dirigía la batalla desde la colina del Puig. Los 25.000 hombres de que se componían las fuerzas españolas tomaron sus respectivas posiciones en la noche del 24, correspondiéndole á D. Carlos O'Don- nell, general en jefe del ala izquierda, que ocupaba el camino de la Calderona, romper el fuego en la mañana siguiente y dar principio á la batalla. La noche había sido fría y desapacible, y la mañana se presentó nebulosa, triste y siniestra, como si al astro del día le doliese asistir al horrible espectáculo que iban á librar los hombres, destrozándose unos á otros con feroz encarniza- miento . No vamos á dar cuenta de esta terrible batalla, que ya hemos descrito en otra ocasión, sino simplemente de un solo episodio necesario para la historia de nuestro agustino Vicente Samper. El antiguo y modesto novicio que parecía identificado con el tosco sayal de la orden de San Agustín, vestía ahora el uniforme del ejército español, no como simple soldado, sino como teniente de cazadores; empleo que se le había conce- dido en el campo de batalla por su bravura y denodado arrojo contra las hues- tes enemigas. Todos nuestros lectores deben haber comprendido que Vicente Samper no entró en el ejército como soldado, sino como oficial, pues que se daba en aque- llos dias el empleo de subteniente á los reclutas que tenían ganados cursos académicos y podían presentar el título de licenciados en cualquiera facultad, ó UN AGUSTINO EN SAN AGUSTÍN. 4^9 el de bachilleres, ó que pudieran justificar el poseer conocimientos especiales por los cuales mostrasen aptitud para desempeñar dignamente el puesto de oficiales del ejército. La primera avanzada de las huestes españolas en la batalla del 25 de Octu- bre, mandábala con sus bravos tiradores nuestro Vicente vSamper, que se halla- ba á un tiro de fusil de las guerrillas enemigas, cuando recibió orden de avanzar rompiendo el niego. Una voz de mando del joven oficial, y una descarga cerrada, dieron á en- tender al general Miranda que sus órdenes habían sido cumplidas. El teniente vSamper, sin olvidar las precauciones que su situación requería, pero sin vacilar en el cumplimiento de su deber, avanzó decidido hacia las líneas enemigas, que retrocedieron con asombro ante la audacia de aquellos veinti- cinco hombres resueltos, á quienes ningún recelo contenia. Detrás de la guerrilla del joven Samper siguió la columna, cuyo denodado valor sirvió de ejemplo á todo el ejército apenas generalizada la batalla. El valiente general Caro, que mandaba el centro, no pudo permitir que na- die le aventajase en valor y osadía, y puesto á la cabeza de sus huestes como un guerrero de la Edad media, se lanza con inusitado arrojo sobre las compac- tas líneas enemigas, que le abren paso quebrantadas, rotas y deshechas, admi- radas de un valor que no habían visto hasta entonces en ninguna de cuantas guerras habian sostenido. El intrépido general avanza aun, siempre al frente de las suyos, y se apodera de las primeras baterías enemigas. Iguales resultados obtenia al mismo tiempo el general Zayas, que mandaba el ala derecha, y maniobraba en la playa como encargado de cerrar el paso por aquel lado al enemigo. Las ocho de la mañana eran cuando comenzó el fuego: dos horas después los españoles dominaban por completo en toda la línea, pero se necesitaba un ge- neral en jefe que supiese dirigir las fuerzas de reserva con la pericia, con la prontitud, con la oportunidad que el aguerrido y experimentado enemigo, y esta misión no supo cumplirla el general Blake, y dejó perder una batalla que habian ganado ya los generales subalternos, con sus divisiones respectivas, todos á un tiempo. Las fuerzas del centro fueron las primeras que se vieron obligadas á renun- ciar á su ventajosa situación y á replegarse sobre sus posiciones. Al retroceder aquellas fuerzas cedieron todas las ventajas á un enemigo harto inteligente para desaprovechar la menor coyuntura. El ala izquierda, á su vez, tuvo también que replegarse, y las avanzadas que dirigía D. Vicente Samper obedecieron la orden de retirada, pero sin dar la espalda al enemigo. Miranda, jefe de la división de valencianos, concentró sus fuerzas en com- 470 REVISTA DE FALENCIA. pacta columna para resistir de frente á la caballería polaca, que acaudillaba el coronel Klopiscki; pero interpretó mal la orden del general O'Donnell ó juzgó demasiado comprometido aquel movimiento, que pudo haber salvado la división, y en vez de ir de frente marchó en línea paralela al enemigo. De esta torpeza ó imperdonable descuido se aprovechó hábilmente el polaco para atacar por el flanco la columna de Miranda, dejándola en un instante rota, deshecha y en completa dispersión. El teniente Samper apostrofó á los suyos al verles huir, procurando rehacer- les cuando todo era ya en vano. La derrota era segura entre sus compañeros, y él mismo se vio acosado por cuatro lanceros que le intimaron la rendición. Los soldados de honor, contestó, ni se rinden ni huyen, y parapetándose tras el tronco de un viejo olivo, esperó á pié firme la embestida de los lanceros. El pundonoroso oficial sostuvo una lucha heroica, desesperada, imposible. Dos ginetes rodaron por el suelo. El tercero sintió en su pecho el alcance de la espada del teniente; pero el cuarto descargó en aquel instante la hoja de su afilado sable sobre la cabeza de .Samper, que rodó á su vez por el suelo, ba- ñado en sangre y sin sentido. El general O'Donnell fué el primero que comprendió con toda claridad el desenlace de tan fatal jornada, y antes de comprometer inútilmente sus fuerzas en una resistencia temeraria é improductiva, levantó el campo, y por Bétera se trasladó á Ribarroja. Caro cayó prisionero en Puzol, y Zayas, que no podia convencerse de una derrota que habia comenzado con notable victoria, la cual sostenía aun brillan- temente al mediodía, hubo de ceder al fin y retirarse á la capital ordenada- mente con todas las fuerzas. El campo quedó cubierto de heridos y de muertos. Los nuestros no pudieron retirar á los primeros, porque importaba más replegarse que esperar, el alcance del enemigo. La artillería que se salvó, pasó en su retirada por encima de los muertos y de los heridos. Un ¡ay! profundo, ahogado y angustioso escapado del pecho de un mori- bundo, hizo notar á algún artillero que las ruedas de una pieza acababan de fracturar la pierna derecha de un herido. Este desdichado era D. Vicente Samper (l). Terminada la batalla reconocieron los franceses el campo para trasladar los heridos al hospital de sangre y dar sepultura á los muertos. (l) Referimos este hecho bajo la fé del respetable anciano D. José de Orga, grande amigo que fué de D. Vicente Samper, y de cuyos labios oyó la relación de sus desdichas en aquel dia infausto. UN AGUSTINO EN SAN AGUSTÍN. 47 1 IV. Valencia ha sucumbido á las armas vencedoras del general Suchet. Napoleón ha comprendido mejor que los españoles la importancia de tan se- ñalada victoria alcanzada por sus tropas, y ha premiado al vencedor con el bastón de mariscal y el título de duque del imperio, concediéndole además la propie- dad del hermoso lago de la Albufera. Valencia, aunque no dejará nunca de ser española, parece en aquellos dias aciagos una ciudad francesa, en la que impera como señor absoluto el titulado duque de la Albufera, el nuevo mariscal del imperio. El convento de San Agustín ha sido convertido en cuartel de la soldadesca invasora. Los atribulados frailes de aquella comunidad se han visto obligados á huir cada cual por su lado, espantados de la presencia de aquellas legiones de soldados extranjeros, cuyos atropellos, rapiñas y exacciones recuerdan actos se- mejantes de las hordas de vándalos. El templo de aquella casa de religión ha sido profanado, despojado de sus joyas, de sus lienzos, de sus altares, de su riqueza artística, y de todo cuanto pudo excitar la codicia del invasor. La hermosísima biblioteca de los frailes, la más rica de toda la Península, pues que no contaba menos de 120.000 volú- menes, ha desaparecido por completo. Sus riquísimos códices, sus históricos documentos, sus innumerables libros, han sido saqueados, trasladados á grandes carretadas al otro lado del Pirineo. Igual suerte han corrido los preciosos instrumentos y valiosos aparatos del sin igual gabinete de física que tenían los religiosos de aquella casa, gabinete único en su clase, no solo en España, sino en el mundo. Todo ha desaparecido bajo la rapacidad de aquella gente, que se creía civilizada, y convertía á cada paso sus leyes civilizadoras en derecho de conquista. La historia del convento de San Agustín en aquella época nefasta, es la misma historia de los demás conventos, templos, archivos, bibliotecas y edificios públicos de la ciudad. Y todas las poblaciones de España por donde pasaron los franceses, repiten unánimes esta página de la historia, que acusa por igual y con idénticos colores la sed de piratería que demostraron los ilustradísimos jefes militares de las legiones francesas. Felizmente su dominio fué breve en Valencia. Las águilas imperiales escava- ron en esta tierra de España la tumba del César, y no tardaron en repasar el Pirineo, heridas, alirotas, acosadas por las garras del león, que ahuyentó del suelo patrio las invencibles é innumerables huestes ínvasoras, apenas dejó oír sus potentes rugidos y sacudió altivo su dorada melena. 472 REVISTA DE VAI-ENCIA. Huyeron al fin, y Valencia, saqueada, manando sangre aun de sus heridas, respiró libre, rotas ya las cadenas de su esclavitud, y se consideró rica cuando estaba empobrecida, y juzgó que su cielo era más puro, más bello que en aque- llos dias de prueba, y que las auras marítimas oreaban el nauseabundo ambiente de la invasión, y daban nueva vida, nuevo aroma y mayor brillantez á las flores nacientes. Los religiosos agustinos regresaron de nuevo al convento. Orearon el claus- tro, purificaron la iglesia, restauraron los altares y dieron nueva vida á aquella santa casa, saqueada y empobrecida como toda la ciudad, ruinosa y ensangren- tada como el suelo de la Patria. Apoyado sobre una balaustrada del claustro, recibiendo de lleno los rayos solares en un dia hermoso y sereno del mes de Diciembre, se halla sentado un militar, envuelto en una capa de paño azul, como buscando entre sus pliegues y bajo la acción del benéfico sol, un calor que no encuentra en su cuerpo enfer- mizo y macilento, después de luchar largo tiempo entre la muerte y la vida. Es el teniente Samper, que ha curado milagrosamente de sus heridas, pero con una pierna menos, que quedó en el campo de batalla, de cuya horrible he- catombe guardará memoria mientras viva. Del hospital de sangre se ha hecho trasladar al convento de San Agustín, donde pasa en la contemplación su larga convalecencia, no sin recibir los ma- yores cuidados y atenciones del padre guardián y de los religiosos de la comu- nidad. Diariamente el joven inválido, aprovechando las horas medias del dia, se tras- lada con auxilio de dos legos á la galería del claustro, donde se acomoda entre dos sillas, una que le sirve de asiento y otra donde descansa el resto de su mu- tilada pierna, no cicatrizada aun de la segunda amputación que sufrió en el hos- pital, después de haber sufrido la primera bajo el peso de la rueda de una pieza de artillería. Mientras el pobre herido parece reanimarse, recibiendo de lleno los fecundos rayos del sol de mediodía, solicitan su conversación algunos padres, ansiosos de conocer los detalles de su corta vida militar, y principalmente los de la terrible batalla, cuyo fatal desenlace hizo que Valencia cayese en poder del general Sú- chel. Samper satisface diariamente la curiosidad de todos, citando siempre algún detalle desconocido, ó reintegrando la verdad de algún hecho adulterado por las narraciones populares. Pero ni la conversación con sus buenos compañeros, ni la deferencia del superior, ni la simpatía, la solicitud y el cuidado de todos para aliviarle de sus dolencias, bastan para hacer desaparecer de su semblante un velo de sombría UN AGUSTINO EN SAN AGUSTÍN. 47^ tristeza que revela hasta en el timbre de su voz y en sus ojos expresivos, hú- medos ahora, y apagado el brillo de sus negras pupilas. Algunas veces trataba el padre guardan de reanimarle, dirigiéndole palabras de consuelo, á las que Samper contestaba siempre: — Estoy resignado, padre. Es verdad que he quedado inútil para el servicio de Dios y para el servicio de la piitria; pero Dios me conservó la vida, no para que disfrute de ella, sino para que pueda cumplir mis votos de venir á morir al convento. Nada ya me resta del mundo. Aquí estoy y aquí me moriré. Veremos por qué extraños medios quiso la Providencia dar cumplimiento á los fervientes deseos de Vicente Samper. V. Más de cinco lustros han trascurrido desde que el heroísmo español arrojó de la Península á los invasores napoleónicos. España ha sufrido una trasformacion en su sistema de gobierno, en sus cos- tumbres políticas y en su modo de ser, muy diferente en todo á su carácter de principios del siglo. Ya no hay régimen absoluto, ni hay frailes, ni hay conventos. El claustro de San Agustín ha sido convertido en presidio correccional. D. Vicente Samper vive aun: es un respetable anciano, que ya que no puede vestir el hábito de agustino, viste siempre el uniforme militar, aunque no deja de arrastrar su pierna de palo, la cual no le ha hecho perder cierto aire de dis- tinción y marcialidad. Es un veterano de la Independencia, á quien toda la ciudad respeta, porque lleva de manifiesto sus sacrificios y su valor. El pobre inválido vive de la exigua paga que le pasa el Estado, y todos sus amigos y relaciones se limitan á dos ó tres contertulios que, como él, visitan á una señora viuda que habita en una casa de buen aspecto de la calle del Mi- lagro. Llegó un dia en que la referida señora necesitó vender la casa en que vivia, pero no pudo presentar los títulos de propiedad. Todo el mundo sabia, sin em- bargo, que la citada casa era de propiedad de la viuda que la habitaba. El comprador, á falta de títulos, abrió una información, en la que varios tes- tigos declararon, bajo su firma, que la casa en cuestión era realmente de la señora viuda. Formalizado el contrato de venta, en virtud de las declaraciones de los testi- gos, la casa de la viuda pasó á ser propiedad de otro dueño. 474 REVISTA DE VALENCIA. Inútil es advertir que entre las firmas de los testigos que inocentemente de- clararon aquel hecho, se encontraba la de D. Vicente Samper. Poco tiempo después de ultimada la venta, se presentó un sugeto recla- mando la posesión de la casa vendida, como su legítimo dueño. Era un hijo del difunto marido de la viuda, y se presentaba á reclamar la herencia de su padre. — Si mi madrastra, decia el reclamante, ante el tribunal competente, se hubiera contentado con habitar la casa de mi padre, no la hubiese molestado jamas en su retiro, pero habiendo vendido una finca que no es de su propiedad, debo reclamarla como mia, porque legítimamente me pertenece. La viuda alegó que era un legado de su marido; el comprador apeló á las declaraciones de los testigos, y el tribunal estimó como falsas aquellas declara ciones, condenando á los testigos á diferentes penas. Nue&tro Samper, que nada tenia para resarcir á los litigantes, que reclama- ban daños y perjuicios, fué declarado insolvente y condenado á presidio. VI. Un sacerdote, ya decrepito, asiste de rodillas á un moribundo, tendido sobre una estera, en el duro suelo de lúgubre estancia, donde el aire ambiente es ape- nas respirable por la fetidez de los miasmas que despide. La estancia es uno de los insalubres cuartos del presidio de San Agustín; el moribundo es el noble veterano D. Vicente Samper. — Valor, hijo mió, murmuraba el anciano sacerdote; dentro de poco habrás abandonado este mundo de miserias, y disfrutarás de la presencia del Señor. — Así lo espero. — Recuerda que Dios no ha hecho más que satisfacer tus deseos. — Así es. —Quisiste morir en esta casa, y el Dios omnipotente se ha valido de sus me- dios infinitos para dar cumplimiento á tus votos. -Es muy cierto: pero yo no he revelado mis votos más que al padre guardián. —Pues bien, yo soy, mírame, reconóceme. Yo fui superior de la comunidad de esta casa cuando tú eras novicio. Dios me ha conservado la vida para que vea cumplida tu voluntad. Ah! sí, todo lo recuerdo... reconozco al padre guardián... Reconozco la infi- nita sabiduría, los inexcrutables designios del Señor... iBendito, bendito sea el Señor! UN AGUSTINO EN SAN AGUSTÍN. 475 Mis lectores no me harán la ofensa de creer que es una novela la historia que acabo de referir. He procurado ocultar nombres propios y he alterado otros por prudencia, pero cuanto dejo referido es rigurosamente exacto, y respondo de los hechos hasta en sus menores detalles. Juan H. Pkrai.ks. Á LAS MADRES (traducción de VÍCTOR HUGo). Iadres, el niño sonriente lOue duerme en vuestro regazo, Puro, cual la luz del cielo, Frágil cual la flor del campo, "Amor,, os dice y "ternura,, "Virtud,, os dice y "recato.,, El niño es cual nueva llama Que al hogar dá calor grato; Es la alegría bendita, La paz santa, el placer casto; YA dulce nombre paterno Por luz pura iluminado; Y cuando aquesos fulgores Vienen, Madres, á alumbraros, En las tinieblas del alma Lo v^eis todo limpio y claro. Madres, el hijo perdido Que os arranca acerbo llanto, Si alzáis los ojos al cielo, ( )á d;i resplandores santos, Por(iuc, lo mismo que el justo, El inocente es un faro! Entre las nieblas que envuelven Al pobre espíritu humano Entre virtudes soberbias, Entre orgullos insensatos,' Os muestra á Dios justiciero. Imperturbable, magnánimo . Un hijo siempre ilumina, ¡Allá arriba ó aquí abajo! En este mundo, en que todo Requiere ayuda y amparo. En que se abre ante nosotros Un abismo á cada paso, El niño, cual norte y guía, Entre sombras que engendraron Nuestras insolentes dudas Y nuestros vicios bastardos. Vivo, os muestra los senderos Del deber estrechos y ásperos; Muerto, los velos desgarra Que la verdad ocultaron; En el mundo, es una antorcha; Allá, en el cielo es un astro! Teodoro Llórente. bibliografía valenciana. STUDIO HISTÓRICO-CRinCO de los poetas valencianos de los siglos XVI, XVII y XVIII, por José María Puig Torralva y Fran- ^Jcisco Marti Grajales. Vale?icia, hnpr. de la viuda de Ayoldi, iS8^ (i). Hace ya bastantes años, la Sociedad Económica de Amigos del País incluy(') en su programa de premios anuales, uno al autor del mejor estudio histórico- crítico sobre los poetas que escribieron en valenciano durante los siglos XII I, XIV y XV, que son la época floreciente de la literatura lemosina. El trabajo que pedia aquella corporación fué concienzudamente realizado por D. Rafael Ferrer y Bigné, á quien se adjudicó el premio muy justamente. Su memoria fué publicada en el Boletín de la Sociedad, y después en otras Revistas literarias, siendo muy apreciada de los amantes de la poesía valenciana, pues aunque no constituye una historia completa de esa poesía, ni un juicio general de su índole é importancia, reúne un apreciable acopio de datos biográficos y bibliográficos, que han de facilitar su trabajo al escritor que tome á su cargo trazar el brillante cuadro de la literatura lemosina en las orillas del Túria. La Sociedad de Amigos del País, para completar el desarrollo del tema pro- puesto, ofreció en los años sucesivos un premio al autor de análogo estudio sobre los poetas valencianos de los siglos XVI, XVII y XVIII. Ha venido repitiéndose por muchos años este tema en los programas de la Sociedad, quedando siem- pre desierto. Esperaban, sin duda, los aficionados á estos estudios que el señor Ferrer y Bigné coaipletase su trabajo con esta segunda parte, que no deja de otrecer algún interés, aunque no sea tan importante como la primera; pues en los expresados tres siglos la literatura lemosina decae, y casi desaparece en Va- lencia, quedando relegada á indocto solaz del vulgo. Pero el año pasado se pre- sentó un trabajo optando á este premio en el concurso de los Amigos del País, y el jurado, aunque no lo juzgó acreedora él, lo distinguió con un accésit. Este es el estudio que ha visto la luz pública, y del cual hemos de ocuparnos: sus autores son dos jóvenes escritores, pertenecientes á la Sociedad del Rat- Penat, y ambos muy entusiastas por los fines que persigue esta corporación lite- raria. Su trabajo no es una obra concienzuda y completa, como hubiera sido, tomándolo á su cargo el Sr. Ferrer y Bigné: no puede considerarse más que como (i) Un tomito de 120 páginas en 8.°, que se halla de venta en todas las librerías de esta capital. Precio, una peseta. 478 REVISTA DE VALENCIA. un ensayo apreciable; como una compilación de los datos que más fácilmente pueden encontrarse, y que con sucesivo estudio y nuevas investigaciones podria perfeccionarse y completarse. En Valencia hay antecedentes al alcance de todo el mundo para esta clase de trabajos: las Bibliotecas de Gimeno y Fuster con- tienen noticias interesantísimas de los escritores valencianos; los certámenes poé- ticos que se dieron á la estampa en pasados tiempos, y las relaciones de fiestas, acompañadas casi siempre de poesías, dan á conocer los nombres y las obras de los antiguos vates. De estas fuentes han tomado los Sres. Puig y Grajales su re- lación histórica, siguiendo en la forma al Sr. Ferrer y Bigné. Los poetas están ordenados cronológicamente en lo posible, y el artículo que se dedica á cada uno de ellos contiene las noticias biográficas que se han podido obtener, la nota desús obras, algún breve fragmento de ellas, y un lijero juicio crítico. Obra de esta índole es siempre enojosa para la lectura, y no llega á dar idea de la época literaria que reseña, pues los detalles minuciosos impiden ver bien el conjunto; pero es útil para la consulta, lo cual se propuso sin duda la Sociedad de Amigos del País al ofi-ecer el premio. El trabajo de los Sres. Torralva y Grajales, hecho de prisa, podrá mejo- rarse con el tiempo, y ser digna continuación del que ha dado nombre de erudito investigador al Sr. Ferrer y Bigné, si es que este no se decide á completarlo, que seríalo mejor. De todas maneras, el presente opúsculo será siempre estima- ble y digno de loa, pues indica la creciente voga que alcanza el estudio de las letras valencianas. Algún reproche debemos dirigir, sin embargo, á los autores, y nos atrevemos á hacerlo para que no tome carta de naturaleza un abuso que ya hemos visto varias veces repetido. Consiste en calificar de obra premiada en el certamen A ó B la que solo obtuvo accésit. Del propósito con que esto se hace no queremos juzgar; pero el resultado es dar al lector una idea falsa de la consi- deración que la obra mereció en el concurso de que se trata. El presente Estudio no pareció al jurado de la Sociedad Económica digno del premio, y solo se le concedió la aproximación, que se califica con el título de accésit. La nota puesta por los autores en la portada, siguiendo una costumbre alusiva, dá á entender otra cosa, y eso no está bien. LEXICÓN PHILOSOPHICO-THEOLOGICUM, in quo schola$ticoriim vocabula, lociitionis, termini distinctionis , effata et axiomata declarantiir et ex^ plicaiitur: por el Dr. D. Niceto Perujo, canófdgo doctoral en la Catedral de Valencia, 1883, impr. de F. Domenech (i). Esta importante obra, publicada con licencia del Ordinario, es debida á la ciencia é infatigable laboriosidad del Dr. Perujo, que está prestando un grandí- simo servicio á los estudios eclesiásticos en España. El presente libro es un diccionario, dispuesto en la acostumbrada forma alfabética, de las voces y frases usadas en su tecnicismo especial por los escolásticos, y se hace indispensable para comprender bien hoy dia las obras de los doctos teólogos que en pasados tiempos las escribieron con arreglo á aquel sistema de filosofía y lógica. El autor ha bebido en buenas fuentes; en el opúsculo que dedicó á estarna- tena San Buenaventura; en el Tliesaunis pjdlosopharum de Reeb; en el Lexicón (1) Ksta obra, muy hicn impresa, á dos columnas, forma un volumen en 4." niayor de 352 pá- ginas. Precio. 10 pesetas, BIBLIOGRAFÍA VALENCIANA. 479 Peripatetiamt de Signoriello, y en las obras de Suarez, Roselli, BelUiart, Zigliara, González, etc. DE LA MEDICINA Y LOS MÉDICOS, ;>^r £•/ Dr. D. Ángel Pulido y Fernandez. Valencia, i88¿, librería de P. Aguilar. Impr. de Manuel Alufre (/). La casa editorial de P. Aguilar ha publicado en un grueso volumen de mas de 600 páginas, una colección de discursos, artículos, correspondencias, semblan- zas, pensamientos, etc. del Dr. D. Ángel Pulido y Fernandez, ilustrada con lui buen número de retratos de los más distinguidos médicos españoles y extranje- ros, de los que bajo el título de "Apuntes, perfiles y retratos,,, inserta numero- sísimas notas biográficas. El libro contiene varios discursos sobre el carácter actual de la medicina, so- bre el origen é importancia de la craneometría, sobre los movimientos reflejos, y otros puntos interesantísimos para la ciencia. Por último, el doctor Pulido ha reunido en este volumen gran número de artí- culos debidos á su correcta pluma, que andaban dispersos por los periódicos profesionales, y que se refieren á las cuestiones más palpitantes de la medicma, ya considerada como ciencia, ya como el ejercicio de una noble profesión, con- sagrada á aliviar los males déla humanidad. LA CIENCIA DE LA EDUCACIÓN, por A. Bain, traducida al castellano por la Sociedad de profesores de la Biblioteca profesional de Educación. Valen- cia^ 188^, impr. de C. Verdejo (2). Con el citado título de Biblioteca profesional de Educación ha comenzado á publicarse una serie de obras de pedagogía, que han de ser muy útiles para el profesorado de instrucción primaria. La primera es el excelente libro del profesor de la Universidad de Aberdeen, Alejo Bain, que ha sido traducido ya á cuatro idiomas. La presente versión es- pañola se debe á D. A. Moya de la Torre. Bain ha procurado tratar el arte de enseñar con arreglo á principios científicos, examinando el valor educativo de los diferentes estudios comprendidos en los programas usuales, y fijando de la manera más lógica posible el método de enseñanza. NUEVA GRAMÁTICA LATINA, según el método histórico-comparativo, deD. Salvador Obradors y Fünt. Valencia, i88j, impr. de R. Ortega /j). Esta obra, debida al inteligente profesor de latin en el Instituto provincial, es notable en su género, porque adopta el método más moderno y científico para el estudio de aquella lengua. (1) Un grueso volumen, de 620 páginas en 4.°, con muchos retratos (los cuales, por cierto, dejan mucho que desear en la parte de grabado), que se vende en la librería del editor D. P. Agui- lar, á siete pesetas. (2) Un volumen en 4.° de 432 páginas. (3) Un volumen en 4.° mayor de 242 páginas. 48o REVISTA DE VALENCIA. EMILIO SOUVESTRE: El Progreso. Valencia, i88¿, librería de P. Aguilar, imprenta de Juan Gitix (i). Pertenece esta obra á la Biblioteca selecta, que recientemente ha publicado El mundo tal y como será en el año tres mil, del mismo autor. Souvestre, aunque combate las utopias de los que quieren sacar de quicio el mundo y la humanidad, reconoce la obra del progreso, y la pinta muy bien en esta novela. Presenta tres cuadros: el esclavo de la Antigüedad, el siervo de la Edad media, y el obrero de la Edad moderna, y hacer ver cómo se va ele- vando el hombre por los adelantos de la cultura y la mejora del sentimiento moral. Como el libro anteriormente publicado, es este instructivo y ameno á la vez. FLORS DE L' HORTA. Tres balades, per Joseph Bodria. Estampa de jfoseph M. Blesa, iSSj (2). Este trabajo, obra de un conocido y entusiasta valencianista, mereció el segundo accésit al premio de la flor natural en los Juegos Florales del Rat- Penat del año l883. Las baladas que contiene tienen carácter idílico, y están escritas con agradable sencillez, en el tono del romance popular. Ciip (1) Un lomo en 8." de l88p:iginas, ([ue se vende á doS reales como todos los de la Biblioteca selecta, en la librería de V . Aguilar. (2) Uu folleto de 20 páginas en 8." mayor. Valencia. Imprenta de Domenech, Mar, 48.— 1883. REVISTA DE VALENCIA. 1." Noviembre de 1883. LA PILA BAUTISMAL DE LA PARROQUIA DE SAN BARTOLOMÉ DE VALENCIA. Sr. Dr, D. Francisco Caballero Infante y Zuazo, correspondiente de la Real Academia de la Historia, etc. Mi buen amigo: Cuando en 1880, los periódicos de la localidad dieron cuenta de haberse deshecho, por reformas de ornato, la mesa del altar donde se hallaba empotrada desde inmemoriales tiempos, la pila bautismal de la parroquia de San Bartolomé, fui uno de los curiosos que acudieron á examinarla; y hallándola digna de estudio, escribí unos ligeros apuntes, producto de mis particulares apre- ciaciones. Asuntos de índole privada me obligaron á dejar en el olvido los re- feridos apuntes, hasta que la casualidad me hizo dar con ellos estos dias: nue- vamente cogí la pluma para darles forma, y adjunto los ofrezco á V. como una prueba de la consideración que le profesa su amigo y compañero J. Vives Ciscar. I. Disciplina eclesiástica referente al bautismo. — El catecuineuado y sus ceremonias, — Disciplina particular de la iglesia española sobre esta materia. OMO es sabido, el bautizo es uno de los sacramentos instituidos por Jesucristo, en virtud del cual se regenera el hombre, lavándole el pe- cado original adquirido por nuestros primeros padres, mediante la gra- cia del Espíritu Santo. La palabra bautizo ó baptizo significa loción, inmersión, y procede de la voz griega bapto ó baptydso, yo lavo, yo meto en el agua; 31 483 REVISTA DE VALENCIA. fi^nira simbólica y representativa del Sacramento, el cual reclama materia, forma, ministro é intención, si ha de producir los consiguientes efectos. Los teólogos, desde lo antiguo, distinguen tres clases de bautismo: fliminis, flamínis et sangninis. El primero requiere las solemnidades y oraciones practi- cadas actualmente. El segando carecia de tales circunstancias, y lo recibían es- piritualmente los catecúmenos, cuando dentro de dicho grado morian sin que el ac^ua bendita se derramara en su cabeza. El tercero lo adquirían los márti- res, que sin haberse bautizado morian por la fé de Cristo, ó daban testimonio vivo de profesar tal creencia antes de su muerte. Las tres clases de bautismo aprovechan para los efectos de la redención, no surgiendo resultados civiles ni eclesiásticos más que el primero. La antigua ley tuvo la circuncisión como símbolo de ingreso en tal creencia, lo que aun se conserva entre los judíos y mahometanos; tan luego el Bautista derramó las aguas del Jordán sobre Jesús, se inició como diferencia esencial para los nuevos creyentes; y los Apóstoles recibieron no solo el encargo de enseñar á todas las naciones, sino de bautizar á las gentes en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Obedeciendo, pues, tal mandato, se esparcieron para cumplir su misión por todos los ámbitos de la tierra, y el bautismo fué la forma sensible ó visible que unia los nuevos fieles con Jesús y su Iglesia. Las persecuciones de los tres primeros siglos, y la falta de carácter oficial de la misma Iglesia, impidieron fuera el bautismo general en sus ceremonias, aunque no en su esencia fundamental, á pesar de las heregías de los primeros siglos, que unas le negaron y otras le modificaron; y San Justino mártir y Ter- tuliano escriben que los primitivos cristianos no tuvieron más baptisterios que las fuentes, rios, lagos, el mar ó las tenebrosas catacumbas, y en algunos casos las habitaciones de los fieles piadosos, donde con el mayor misterio y. rodeados de verdaderos creyentes, los Obispos ó sus delegados, celebraban esta sagrada ceremonia. Promulgado en 3l3 el edicto de Milán por el Emperador Constantino, el cristianismo vio nacer una era de paz, siendo al propio tiempo la religión oficial del Imperio, y con el auxilio del poder civil y el fervor de los creyentes , se le- vantaron las basílicas, iglesias ú oratorios, y se celebraron los concilios, que á la par que modificaban las costumbres ó destruían los errores de la heregía, nor- malizaban la disciplina, creando la solemnidad y ceremonia necesaria al culto y sus misterios. Las predicaciones evangélicas dieron su fruto, convirtiendo portentoso nú- mero de prosélitos, que se habían criado al calor de otra creencia; para evitar mistificaciones y conservar con pureza la doctrina del Crucificado, se dispuso desde tiempos apostólicos la creación del catecume?tado, ó educación religiosa necesaria á los hijos de cristianos ó aquellos que abrazaran la nueva ley; esto LA PILA BAUTISMAL. 488 trajo consigo diversas categorías, que indicaban el estado de instrucción del adepto, hasta colocarle en condiciones suficientes para poder recibir el bautismo. Nada debe extrañarnos el gran interés de la primitiva iglesia, referente á este punto, que legisló bastante, normalizando así su marcha y tendiendo á la uni- dad de creencia y culto. La palabra catecúmeno significa catequizado, o persona que se prepara á re- cibir el bautismo, instruido por un eclesiástico, de ciencia profunda y virtud notoria. Cuando un judío, gentil, etc deseaba ingresar en la categoría de los catecúmenos, dirigíase á cualquiera de los fieles, y éste le presentaba al Obispo ó su representante, que le hacia la señal de la cruz sobre su frente, le imponía las manos, previas determinadas oraciones, y le exhortaba para que tuviera apli- cación y constancia en lo que iba á enseñarle el catequista. La antigua disci- plina galicana, usada en Francia hasta tiempo de Cario Magno, dispuso se hi- ciera también una cruz en el corazón, y el misal gótico ordena otras sobre la frente, ojos, orejas y nariz. El cargo de catequista fué muy delicado, puesto que su desempeño requiria ciencia no escasa, para poder enseñar á catecúmenos muy instruidos, ó á la masa del pueblo que, ignorante, necesitaba mucho tacto, evitando así no cayera en heregía; tropezóse con la dificultad de que siendo individual su nombra- miento, el clero estaba ocupado en este servicio con detrimento de otros asun- tos tan interesantes; por esto, algunos Obispos crearon escuelas catequistas donde se enseñaba tanto la parte religiosa como las ciencias profanas, siendo famosas las de Alejandría, en las que explicaron San Clemente y Orígenes, y la de Cartago, que oyó durante muchos años la voz del gran retórico Obtato. Una de las dignidades creadas en el siglo IV, en la iglesia de Constantinopla, fué la llamada CátetJie, destinada á enseñar á los herejes que ingresaban de nuevo en la verdadera creencia, y como el cargo era de sí difícil, se buscaba á persona idónea para desempeñarlo, bien fuera clérigo ó lego. Los catecúmenos se dividían por razón de sus conocimientos en tres clases: oyentes, gemiflectantes y competentes (l). Los primeros se llamaban así, porque además de la instrucción recibida podían asistir á la iglesia durante la celebra- ción de la misa catecumenal, desde el introito hasta el canon, y una vez con- cluido el evangelio, el Obispo, cumpliendo el deber inherente á su cargo, les leia un trozo de las santas escrituras, que glosaba, con el objeto de ponerlo al alcance del auditorio. Luego de terminar la predicación, un diácono invitaba á salir del templo á los catecúmenos de primer grado. Los gemiflectantes permanecían (1} Esta disciplina no era uniforme, pues mientras el Cardenal Bona distingue cuatro grados: audienies, geniiflictanies, competentes, elecli, ]\Ir. Fleury no cuenta más que dos: oyentes, competentes, y otros los reducen á los tres arriba citados, 4H4 REVISTA DE VALENCIA. más tiempo y oian la misa de rodillas, en cuya actitud recibían la bendición episcopal; y cuando se les consideraba suficientemente instruidos y hablan dado pruebas de aplicación, virtud y obediencia, se les denominaba competentes (l) ó en aptitud de recibir el bautismo. Oian arrodillados toda la misa de los cate- cúmenos, y antes de despedirlos el diácono de la iglesia, se rezaban por los con- currentes varias oraciones, entre ellas la llamada de los niños, por ser estos quienes la hacian, implorando la bendición de Dios y la iluminación de su inteli- gencia, con el objeto de recibir el bautismo dignamente. Declarados elegidos, previos los informes que emitia el catequista, venia el acto de dar el nombre, que se inscribía en los dípticos de los fieles, y se les concedían cuarenta dias para prepararse en vigilias, exhorcismos, etc., entregándoles un cuaderno donde estaba la oración dominical y la explicación de los misterios más solemnes, para que la aprendiesen y recitaran detenidamente, delante de la asamblea ó escru- tinio, que los examinaba, último acto celebrado antes del bautismo. El escrutinio tenia lugar en los baptisterios ó Iglesias, por lo regular el sábado de Pasión, y á él concurrian el Obispo, los presbíteros, fieles más ancia- nos, ó aquellos que por su virtud y ciencia merecían esta distinción; y final- mente, los catecúmenos á quienes examinaban. Esta ceremonia tenia lugar á las nueve de la mañana, y en algunas iglesias á la hora nona. Un acólito arreglaba los catecúmenos, colocando los varones á la derecha, las hembras á la izquierda; lela en alta voz los nombres de cada uno de ellos, y respondían al oírse nom- brar; luego, un sacerdote imponía las manos sobre su cabeza, recitaba la ora- ción de los escogidos, poníales en la boca la sal bendita y les hacia la señal de la cruz á cada uno particularmente. Terminada la ceremonia, daba prin- cipio á la misa del escrntinio, y antes de empezar sallan los catecúmenos del templo é iban entrando en el mismo, acompañados de sus padrinos, á la voz del acólito, que les llamaba por sus nombres, y se colocaban de rodillas en va- rias filas, con separación de sexos, frente al altar. Finalizada la misa, el Obispo ó un presbítero les exorcisaba particularmente y se les abrían las orejas, cere- monia destinada á poner en condiciones á los catecúmenos de poder oir la lec- tura de los santos evangelios. Acto seguido sallan del sacrarimn cuatro diáconos, acompañados de cirios ó incensarios, y llevando un ejemplar de cada evangelio; un sacerdote hacia una advertencia preliminar á los concurrentes de lo que iban á oir, y empe- zaba la lectura de un capítulo de los evangelios, comenzando por el de San Mateo, explicado y comentado por el Obispo, que recibía el libro del respec- tivo diácono. Hecho esto, se llamaba i)articularmente á los catecúmenos, y de- d") Los griegos les flijeron pholisomeni. I. A PILA BAUTISMAL. ^^r^ lante de los sacerdotes, ancianos y elegidos, se le hacian preguntas sobre el símbolo y la oración dominical, contestando á las dificultades y objeciones que se le presentaban, dando con ello muestras de su aplicación y estudio; y pre- vios los informes del catequista, la asamblea determinaba si debia ó no admi- tirse al catecúmeno. Los elegidos, padrinos y fieles, oian una segunda misa, en cuyo evangelio, unos y otros, entregaban las ofrendas que formaron el gazopjii- lacion ü oblaciones, destinadas á sostener el culto y sus ministros en los i)rimeros siglos. En esta misa comulgaban los asistentes cristianos, y los catecúmenos veían las ceremonias y la unción de aquellos, para imitarlos en su dia. A la mañana siguiente, ó domingo de Ramos, tenia lugar el capitoladiwn. San Isidoro, en sus Etimologías, escribe: "El pueblo solia llamar á dicho dia capi- toladium, porque es costumbre lavar la cabeza de los niños y catecúmenos que han de recibir la unción, temiendo que por la observancia de la Cuaresma hayan contraído alguna hediondez.,, Este baño sagrado, que en memoria de lo que Jesucristo hizo con sus discípulos, aun se conserva entre nosotros, le prac- ticaron en los seis primeros siglos los Obispos con los catecúmenos, á fin de limpiarles las impurezas humanas y presentarles libres de pecado. Luego tenia lugar la renunciación del demonio, la protestación de la creencia en la Trini- dad y los sacramentos déla Iglesia, que cada catecúmeno hacia de pié y miran- do á Oriente, al contestar á estas preguntas que le dirigía un presbítero. El catecumenado duraba por lo regular dos años, á pesar de disponerse en el capítulo 32, libro 8." de las Constituciones apostólicas, "que aquel que haya de ser bautizado se le instruya por tres años, pero si es virtuoso y aficionado al estudio de la Escritura, entonces admítasele mas pronto, porque no hay que mirar al tiempo, sino á la intención y al ánimo.,, El Concilio de Agdés, celebrado en 506, mandó durase ocho meses solamente, mientras las circunstancias fueran favorables, y caso de apremiar, era suficiente el tiempo de Cuaresma. Algunos Obispos lo limitaron á menor espacio, como sucedió ¿í uno de las Calías, que en ocho días dio por instruidos á los borgoñones, á quienes había convertido. Dichos plazos tuvieron lugar en tiempos ordinarios, pues en épocas en que había guerras, epidemias, ó al emprenderse un viaje, ó en inminente peligro de muerte, se bautizaba á los catecúmenos, y otras veces ocurrió que por la piedad de los mismos, y considerándose indignos de recibir las redentoras aguas, estuvieron toda la vida en tal situación. Llegado el momento del bautismo, solo se administraba solemnemente, en los primeros siglos, la víspera de Pascua y en la de Pentecostés, conmemo- rando así el aniversario de la salida de Egipto y la abolición de la ley antigua por la redención de Jesucristo. La Iglesia oriental introdujo la costumbre de bautizar en Navidad y el dia de San Juan Bautista: esto fué criticado por el Papa Siricio, que prohibió bauti- 486 REVISTA DE VALENCIA. zar por la Epifanía á los Obispos franceses, lo que vino á confirmarse más tarde en al<^imos Concilios, especialmente el de Auxerre. En Inglaterra se celebraba el Sábado Santo. Los dias fijos ó de solemnidad bautismal desaparecieron en el si^lo XV, confiriéndose tan pronto nacia el niño, ó pasado los treinta prime- ros dias, costumbre aun observada en el extranjero. Administrábase de noche, recordando el paso del Mar Rojo por los israelitas, huyendo de Faraón, cos- tumbre que duró hasta el siglo XI, en que decayó completamente. Después de celebradas todas las ceremonias antes dichas, tenia lugar el bautismo en iglesias exprofeso, llamadas baptisterios, donde existían departa- mentos cerrados por cortinas, y allí se despojaban de sus vestiduras los catecú- menos, ayudados de los presbíteros y padrÍ7ios, siisceptores ó esponsores, según consigna Tertuliano (l); y caso de ser mujeres por los padrinos y las diaconi- sas (2). Entraban en la pila llena de agua bendita á una altura conveniente, y con separación de sexos, en aquellos baptisterios donde existían dos pilas, y en caso de no haber más que una lo hacían primero los hombres y luego las mujeres. Se hacían tres inmersiones en nombre de las tres personas de la Tri- nidad, y desde los tiempos apostólicos se usó la concha que, llena de agua de la misma pila, se derramaba sobre la cabeza del bautizado, ó el hisopo que hacia las veces de concha. Algunos herejes del siglo IV metían tan solo en el agua la cabeza y pecho del catecúmeno, considerando indigno se mojaran con agua bendita determinadas partes del cuerpo. En el siglo XV, época de grandes re- formas litúrgicas, desapareció la inmersión, sustituyéndose por la in/usion ó modo especial de bautismo que adoptaron los españoles, como veremos más adelante. Salido de la pila el catecúmeno, se le trasladaba al lugar donde se le desnudó, y ayudado de sus padrinos y presbíteros ó diaconisas, se le enjugaba, poniéndole sobre los vestidos el alba bautismal, especie de sotana con mangas de lana ó lino de color blanco, en señal de alegría. Dichas albas bautismales, según Lactancio y San Paulino de Ñola, significan la pureza adquirida con las redentoras aguas del bautismo; cuyas vestiduras, por tal circunstancia, fueron (1) Desde tiempos apostólicos aparecieron los padrinos, tanto para el bautismo como para la confirmación y catequismo. La necesidad de los padrinos se comprenderá fácilmente, al recordar que los niños, no pudiendo por falta de inteligencia y comprensión apreciar la trascendencia de las obligaciones que contraian, era preciso que otra persona respondiera por ellos, y se colocara en el lugar de padre, obligándose á enseñarles el cuerpo de la doctrina católica. (2) Las viudas que no querian volverse á casar, 6 doncellas que hacian voto solemne de casti- dad, y llevaban una vida ascética, luego de cumplidos 60 años, recibian la imposición de manos, y se las nombraba diaconisas ó pertenecientes al clero. Además de la visita de pobres enfermos, ins- truir á las catecúmenas y guiarlas después del bautismo, guardaban las puertas de la iglesia por donde habían de entrar las mujeres, cuidando de que estas conservaran la compostura y reveren- cia propia de tan santo lugar. La Iglesia Oriental las suprimió en el siglo VIII, y la Occidental dos siglos antes. LA PILA BAUTISMAL. 48-7 muy respetadas en los primeros siglos, y se las tenia en gran aprecio, conser- vándolas como un recuerdo de tan sagrada ceremonia. Más tarde se le añadi<') el capillo, ó velo, que es lo único que hoy subsiste de la indumentaria de aquella época. Concluido el bautismo, se retiraba el Obispo al sacrariiuii, á revestirse de nuevos ornamentos, en tanto los bautizados se ponian el alba, y tan lue<^o ter- minaban eran colocados en varias filas, por orden de antigüedad, en la ins- cripción de sus nombres en los dípticos: si eran niños, los conduela el padrino del brazo derecho; y si adultos, colocaban el pié derecho sobre el izquierdo del padrino, y así apoyados se dirigían á recibir la confirmación, que administraba el prelado, sentado en la cátedra, situada en el presbiterio, al lado del evange- lio, con esta ceremonia se demuestra la importancia de los susceptores, que conducen al aspirante á recibir la gracia de Jesucristo. En tanto los chantres entonaban las letanías, y un presbítero, luego de confirmados todos y colocados en filas, les entregaba á cada uno un cirio bendito y les acompañaba al altar, entonando en voz alta algunos psalmos, y por orden recibian también de manos del Obispo la sagrada comunión, terminada la cual, se repartía á todos los recien bautizados en pequeños cálices de tierra ó vidrio la leche y miel, como demostración de ser los tres susodichos sacramentos la Tierra Prometida desde lo antiguo, y que se adquiría en virtud de la ley de gracia. Esta costumbre pro- cedía de los tiempos apostólicos, y con ella terminaba todo lo referente al ca- tecumenado, considerándose ya como cristiano al que lo hubiera sufrido. Siendo la administración del bautismo, confirmación y eucaristía, uno de los deberes episcopales, y habiéndose señalado para el primero épocas fijas, las muchas conversiones trajeron necesariamente el aumento de la grey católica, y el ser una ceremonia pesada, especialmente cuando á los párrocos no se les había delegado la administración de ciertos Sacramentos. Acudían de todos los lugares de la diócesis catecúmenos, padres, parientes y los padrinos, quienes conside- raban como una fiesta solemne su celebración, á la ciudad donde estaba senta- da la silla episcopal; y la excesiva aglomeración de gentes hizo indispensable el crear un cargo que dirigiera á la plebe, tanto por la compostura y reverencia dentro del baptisterio, como en sus alrededores, evitando gritos y barullo, á cuyo cargo se le llamó plebano, y fué más tarde una gerarquía jurisdiccional desaparecida á mediados del siglo XÍII. Llevaban como distintivo una varilla de bronce ó madera, terminada por una pequeña cruz ('l). Los recien bautizados usaban durante ocho días las albas, considerándolos (1) Recordamos que en el arzobispado de Valencia solo habian dos plebanos, el de Onteniente y el de Oliva, cuyo carácter y preeminencias desaparecieron al promulgarse el concordato vigente- asimilándose á los curatos de término. 4^8 REVISTA DE VALENCIA. como de fiesta solemne, y los empleaban en actos de virtud, oración y buenas obras terminando su educación moral y teológica, dándoles á conocer por sus respectivos catequistas, aquellos misterios que les eran desconocidos por su importancia ó por no considerarles aun en aptitud de recibirlos: estas pláticas se titulaban mistagógicas y finalizaban, como hemos dicho, la educación del nuevo creyente. Los cristianos tuvieron en gran respeto á los recien bautizados, y muchas veces sirvieron de intercesores para obtener alguna gracia cerca de los Emperadores y Reyes, especialmente cuando estos fueron cristianos. Pasados los ocho dias, se oia por todos ellos una misa solemne de rezo especial, terminada la cual se quitaban las albas, y cada año se conmemoraba el aniversario del bau- tismo con una fiesta familiar, que recibía el nombre de Pascua anual, á la que concurrían los padres, parientes y padrinos, y á falta de estos la famiha; se hacían limosnas á los necesitados, se daba alguna oblación á la iglesia; se re- zaban oraciones pidiendo el auxilio de la Providencia para continuar creyendo en Cristo, y previo un convite casero, se despedían todos hasta el año siguiente. Esto era la disciplina general y las ceremonias más comunes; pero en algu- nos países no se observaban todas, especialmente en España, donde sufrieron algunas modificaciones, como vamos á ver. Después de las predicaciones apostólicas, Marcial y Basílides, el de León, aseguran se celebraron algunos Concilios, de los cuales no queda ya memoria: sea de ello lo que quiera, el primero que encontramos de mayor respeto y vene- ración es el de Iliberis ó Elvira^ que vino á corregir abusos y establecer nueva disciplina en un país donde habia fructificado mucho la buena semilla desde el primer siglo. Diez y nueve Obispos, la mayor parte de la Bética y algunos de la Tarraconense y Lusitania, con bastantes delegados, en número de veinticuatro presbíteros, concurrieron á este Concilio, que á pesar de haberse considerado como nacional, clasificación desconocida en aquella época, es uno de los más respetados por el orbe católico y mirado como fuente de la más pura doctrina. En lo relativo al bautismo, pocas diferencias establece de las observadas en la disciplina general; en cuanto á la manera de administrarlo, sí que existían las si- guientes. El canon 24 señala dos años al catecumenado, y si el catecúmeno hu- biera sido sacerdote idólatra duraba cinco y cinco también para el delator; y sí la catecúmena fuera adúltera igual plazo, pero en caso de haber cometido infantici- dio no se la bautizaba hasta el fin de su vida. El ministro ordinario para la adminís- tr.icion de este sacramento era el Obispo, y en caso de ausencia ó imposibilidad designaba el pastor un presbítero, concediéndole poderes especiales. Los diáco- nos bautizaban también cuando no estaba el pastor y no habia presbítero alguno, bien tuviera poderes ó careciera de ellos; y últimamente, en caso de necesidad, podían bautizar todos los fieles, con tal no fueran bigamos. La confirmación, que se practicaba también en el mismo acto del bautismo, la ejercía únicamente LA PILA BAUTLS.MAL. 489 el Obispo, como la imposición de manos, sin que pudiera autorizar á nadie para ejercer este sacramento, ni en ausencia ni enfermedades. El tiempo del bautismo fué la Pascua y Pentecostés, habiéndose fijado como abuso algunos otros dias solemnes, según se deduce de la carta que escribió el Papa Siricio á Himerio de Tarragona. El Concilio primero de Toledo prohibió á los presbíteros que crismase7t delante de los Obispos, á no ser en su ausencia y previa autorización; y también prohibió, para evitar el menor asomo de simonía, tjue los bautizados pusieran dinero en la concha con que el sacerdote hacia la cruz sobre su cabeza, tan lue- go estaba metido dentro de la pila, como asimismo no quiso que los sacerdotes lavasen los pies á los catecúmenos antes del bautismo, según era costumbre en otros paises. En cuanto á la comunión tenia lugar después de recibir el a<^ua regeneradora. El siglo VI fué uno de los más fecundos en concilios y disposiciones canó- nicas que tuvo España, motivado por las distintas heregías que pusieron á la Iglesia española, en la necesidad de evitar que los fieles se inficionaran de ellas, especialmente del arrianismo. A pesar de que en lo relativo á la materia que nos ocupa, fueron escasas las reformas, no obstante, el Concilio de Lérida, reunido en 546 ó 15 del reinado de Theudis, sancionó algunos cánones que, juntamente con los de Gerona (517), alteraron la disciplina entonces corriente. Por ello sabemos podian bautizarse los párvulos el mismo dia de su nacimiento, si su existencia corda algún peligro, y en caso de tener salud, se bautizaba á los tres años, en cuya edad el niño podia contestar á las preguntas que se le dirigían antes de bautizarse. Se suprimió la triple inmersión, dejando una sola á fin de no dar lugar á que los arríanos infirieran de ellas las tres naturalezas de la Trinidad, sobre lo cual consultó San Leandro Obispo, al Papa San Gregorio, que lo permitió, á pesar de que San Martin Dumiense combatió en términos bastante duros dicha ceremonia, tachando á los españoles de herejes, y empe- ñándose en restablecer el rito antiguo. San Gregorio aprobó, como hemos dicho, la práctica de la Iglesia española, y el Concilio Toledano IV la ratificó expresamente, apoyado en la doctrina pontificia, y consignando que la inmer- sión única significa la bajada de Jesucristo á los infiernos, y la emersión ó salida su resurrección gloriosa. San Isidoro y San Ildefonso dan en sus libros De los oficios eclesiásticos y De bautismos, prolijos detalles y minuciosas explicacio- nes, suficientes para conocer perfectamente la materia. Las únicas diferencias después de lo dicho, con respecto á la práctica general, son que tanto los adultos como los niños vestían el alba bautismal, sin darles la leche y la miel. Después de la invasión de los árabes, los trastornos sociales y políticos porque atravesaron los distintos reinos que iban formándose en la península, impidie- ron la celebración de los concilios. La Iglesia mozárabe ó castellana tuvo sieai' 490 REVISTA DE VALENCIA. pre como fuente los cánones toledanos, y en cuanto á la catalana, también les sio-uió alf'o, modificados por la disciplina francesa. Respecto al bautismo, conti- nuó usándose la inmersión, única adoptada, como vimos, por la Iglesia goda, á pesar de la guerra que le hizo San Martin, y de las desvergüenzas que Alcuíno S3 permitió escribir contra los españoles, á quien clasificó también de herejes. Tan arraigada estaba entre nosotros esta costumbre, que á pesar de la influen- cia galicana, nacida por la protección de la Reina Doña Costanza, esposa de Alfonso VI de Castilla, á los monjes de Cluní, que trajo aquella, especialmente D. Bernardo de Salviato, quien se empeñó en destruir el rito nacional ó mozá- rabe , sustituyéndolo por el romano , no se alteraron las ceremonias del bau- tismo tal cual lo hacian los españoles, hasta la desaparición del catecumenado, y el haberse dispuesto por la autoridad pontificia el bautismo de los niños tan luec^o nacieran, con lo cual vino á desaparecer la inmersión, adoptándose la in- fusiofi, ó sea arrojar sobre la cabeza del párvulo el agua bendita, invocando á la Santísima Trinidad. El bautismo tuvo distintos nombres, dados por los santos padres, teólogos y escritores, que le denominan indulgencia para redimir los pecados, regeneración de la carne, iluminación de la vida futura, signo de Dios, de Cristo ó de la salud, carácter regio, adguisitor de la buena vida y de la gracia de Dios, ini- ciación divina, abertura de la felicidad efectiva, etc., etc. Si tan importante es este sacramento, nada debe extrañarnos la multitud de herejías que desde tiempos apostólicos se sucedieron sin interrupción, destinadas á combatirle en un sentido ú otro; así los ascodritas, marcocianos, valejitinianos y quintilianos pensaban que la gracia, como don espiritual, no podia comunicarse ni expresarse por signos sensibles; los arcónticos le desechaban para atribuir su invención al dios Sabahot, de quien hacian proceder el mal; los seleucianps y Jier- minianos no querían la administración con agua y empleaban el fuego, asegu- rando que San Juan Bautista dijo que Jesucristo bautizarla á sus discípulos con este elemento; los maniqueos., paulicianos y masalianos tampoco lo admitían; Menandro bautizaba en su propio nombre; los eluseos invocaban á los demonios; los montañistas unían al nombre del Padre y del Hijo el de Montano y Priscila, su profetisa; últimamente los sabelianos, discípulos de Pablo de Samosata, etc., como enemigos de la Trinidad, no bautizaban en el nombre de las tres personas divinas, y por esto la Iglesia desechó su bautismo, no admitiendo más que el ad- ministrado con la forma prescrita, auncpie fueran herejes los que lo practicaran. LA PÍLA BAUTlSJilAL. 49 1 II. Los baptisterios y las pilas bajo el punto de vista arqueológico. — Indumentaria que se roza con el bautismo. — La pila de San Bartolomé. La suntuosidad del culto nació tan luego fué dada la paz á la Iglesia, y los fieles, amparados por el poder civil, dieron pruebas de su piedad ó munificen- cia (1). Las basílicas , iglesias y oratorios particulares fueron edificándose con rapidez en las poblaciones ó ciudades de mucho vecindario cristiano, y más tarde se crearon las parroquias rurales, para que todos pudieran presenciar las santas ceremonias y tomaran en ellas parte. Curioso en extremo es el estudio minucioso que los arqueólogos han hecho de los ornamentos, vasos sagrados, utensilios y edificios de los primeros siglos; pero como no entra en nuestro ánimo mas que ocuparnos de todo lo referente al primer sacramento, comen- zaremos por los baptisterios y cuanto con ellos se roza, la arqueología é indu- mentaria. Los baptisterios, como ya digimos, son antiquísimos, y su aparición data del tiempo de Constantino , llamándoles los griegos lugar de iluminación, y los latinos basílica bautismal, iglesia bautismal y títulos bautismales, siendo titu- lados por San Gregorio de Tours templo de los bautismos. Su planta era generalmente cuadrada, exágona, octógona ó en forma de cruz, constituyendo un edificio aislado completamente de la iglesia catedral, ó bien unido á ella por un claustro, ó adosado al edificio, pero teniendo puerta propia para su en- trada (2). De la primer clase subsisten aun algunas notables en Italia , como (1) En las catacumbas existen varios baptisterios, titulados de San Ponciano, San Calixto, San Alejandro y Santa Priscila, siendo notabilísimo el primeramente citado, fijo sobre un ma- nantial natural y de hechura cuadrada á la manera de una pequeña balsa con graderío. En el lienzo de una de sus paredes, que simula una puerta semicircular, existe esculpida una gran cruz, y sobre el arco de la referida puerta se vé representado el bautismo de Jesucristo. Todos los anteriores baptisterios parecen destinados á administrar el sacramento por inmersión, y además, suponen algunos autores, entre ellos Arguincour, se conocían en tiempos apostólicos la infusión, fundán- dose en una pequeña pila de piedra que lleva esta inscripción: SCE. PET. BACTISMVN. y creen es la misma en que el apóstol San Pedro bautizó á Santa Prisca. Esta apreciación podrá ser verdad, pero el ejemplar no tiene segundo; y los escritores de aquellos tiempos, y posteriores, hablan solo de bautismos por inmersión, y no mencionan nunca la infusión. (2) La costumbre de construir los baptisterios fuera de los edificios religiosos duró hasta el siglo Vil, en que se les colocó en el Jiariex (se llamaba así en latin, y también férula y pronaos, á un vestíbulo interior de los primeros templos, sin que fuera una construcción especial, sino que se solia aprovechar cualquiera de las alas de los pórticos, generalmente la parte izquierda), por cuyo motivo fué titulado ault baptismalts. Tenia esto su razón, y es la siguiente: estando prohibida la 492 REVISTA DE VALENCIA. los de Novara, Florencia, Pisa, Pádiía, etc., edificios revestidos al exterior de ladrillo ó piedra almohadillada, descubriendo en su último tercio varias venta- nas y cerrados por una cúpula , á la que servia de remate el mojiógrama de Cristo, ó una cruz inmisa. Abríanse mirando á Oriente, con una puerta labrada con arte y elegancia; y á fin de dar más unción al lugar sagrado en los dias de ceremonia, caian al interior unas tupidas cortinas, que evitaban la luz y las mira- das de los curiosos; y cuando se bautizaba á varones y hembras, si existia una sola pila, se partían por medio de un tabique portátil, á fin de separarlos. Estando el templo destinado á celebrar una de las ceremonias más augustas del cristia- nismo, poco ha de extrañar que la ornamentación interior fuera lujosa, gastando en ella las maderas más estimadas, los mármoles más finos, el bronce ó metales preciosos; veíanse allí esculpidas en relieve varias alegorías relacionadas con el bautismo, así, por ejemplo, la escena del diluvio daba á entender á los creyentes la nueva generación que tenia por padre al piadoso Noé; el paso del Mar Rojo por los israelitas, expresaba que adquirían la libertad mediante la nueva ley; Moisés haciendo brotar con su vara milagrosa el agua de la peña, apagando la sed de los israelitas, que se apaga también para el creyente el pecado original me- diante la gracia del Hijo de Dios; la Samaritana dando de beber á Jesús, y éste perdonándole sus pecados; el bautismo del Salvador en el Jordán por mano del Precursor; el ave Fénix, no es otra cosa que el renacimiento mediante la gra- cia del Espíritu Saiito; la esbelta palmera representativa de la victoria sobre el enemigo del género humano; el pelícano que se despoja de su phuna para abrigar á sus hijuelos; el ciervo que indica el catecúmeno cubierto de vicios y deseando arrojarlos de encima; un niño colocado sobre un ánade, el primero es el futuro cristiano y el segundo Jesucristo que le conduce á la bienaventu- ranza eterna. También se encontraban peces, lirios, palomas, palmas, etc., cuan- to pudiera significar la pureza, fé ó amor interior, sin lo cual el bautismo no puede producir sus completos efectos. Del rosetón ó llave de los arcos que cerraba interiormente la cúpula, pen- día una paloma de cobre ó metal precioso, á la manera del Espíritu Santo, (jue bajó sobre la cabeza del Salvador al recibir las aguas del Jordán ; y era muy común en los baptisterios italianos el colocar al lado de la cuba ó pila una imagen corpórea de San Juan Bautista (l), en memoria de haber sido el entrada en la iglesia á todos los que no fueran crisliarius, y no siéndolo el catecúmeno ó infante, .se le bautizaba en un punto que no se consideraba como sagrado. La carencia de narkx en algunos templos de la hdad Media, hizo indispensable el colocar las pilas lo más cercanas á la puerta de entrada, siendo común el verlas fijas en la parte del evangelio ó nave derecha del templo, costum- bre que luego se hizo general. (1) Kl Precursor se consideró .siempre como patrono de los baptisterios, por lo cual se titu- laron Eclcsuc sandi Joamiis ¡n /oiiíc¡ y cuando no existia su imagen se colocaba alguna inscripion LA PILA LAUTISMAL. ¿\,g'S primero que usó tan augusto sacramento. En aquellas pilas, que tenian un depó- sito superior, destinado á calentar el agua ó aumentar su cantidad cuando por los muchos bautizos hubiera disminuido, servían de grifo, de bronce ó plata, un ciervo, ó dos pescadillos, ó palomas, cuya significación hemos ya dicho. Respecto ¿i las cubas ó pilas bautismales, largas investigaciones hechas por hombres doctos, han venido á darnos á conocer perfectamente su hechura, si- tuación y materia. La primera división que de ellas se hace, es en empotradas y aereas) las empotradas eran las que se hallaban al nivel del suelo ó sobre- salían muy poco , y para descender á su fondo existían por lo regular siete escalones, llenos de agua hasta el quinto, y los dos restantes servían para colo- carse el presbítero y padrinos que sostenía al catecúmeno mientras se bautizaba; otras consistían en una concavidad sin graderío, y á sus lados dos asientos de piedra, que ocupaban los padrinos con el mismo objeto; su planta comunmente circular, y algunas, aunque raras, en forma de cruz ; las primeras eran muy espaciosas y se titularon piscina natatoria. Las aéreas las dividen los arqueó- logos en las siguientes clases:—!.'' Cnbas, entendiendo por tales las cilindricas de arriba á b«ajo , en cuyo pié se hallaban esculpidas figuras de animales fantás- ticos ó escenas ligadas con el bautismo: son las más interesantes y de mayor antigüedad. — 2.* Monopediculas ó de pié, que eran las sostenidas por una co- lumna, en cuya parte superior se hallaba la copa destinada á contener el agua. — Z.^ Compuestas, las que tenian una columna de sostén central , y la cavidad superior terminaba por un plano, en cuyos ángulos habla cuatro ó seis colum- nitas, unidas con el pié por un plinto ó bordón. — 4.* Pentagonales, las de pié, y su copa tomaba esta figura geométrica. —5.» Tubulares, aquellas cuya conca- vidad interior formaba una serie de semicircunferencias, unidas por aristas á la manera de tubos que se reunían en el fondo de la misma: hechura que al exte- rior de la copa se representaba también. Todas las variedades antes dichas tenian por lo regular una elegante tapadera de madera, metal ó piedra, que cubría la pila, y para moverla se vallan de mecanismos ingeniosos. La materia que formaba estas pilas, si pertenecían á las aéreas, era la pie- dra, buscándose para ello los mármoles y jaspes finos, y también, en último caso, solían encontrarse algunas de metal, aunque raras en extremo. Cuando se bautizó á príncipes, emperadores ó altos personajes, se usaron pilas de me- tales preciosos, como sucedió en el bautismo de Constantino fen la hipótesis de que indicase se hallaba bajo su protección inmediata. El Papa San Hilario mandó construir unas magníficas puertas de bronce, con incrustaciones de plata, para el baptisterio de Letran, y en ellas se grabó lo siguiente: IN HONOREJI S. JOANNANIS BAPTISTE HILARVS EPISCOPVS DEI FAMVLVS OFFERT, 494 REVISTA DE VALENCIA, ser cierto el bautismo del Emperador por San Silvestre), del que dice Anastasio el Bibliotecario que la cuba estaba guarnecida exterior é interiormente por láminas de plata, que pesaban 3.8oo libras, y todo el servicio era de oro. Las empotradas se formaban por ladrillos ó piedras superpuestas cubiertas de arga' masas ó betunes. ^'Existieron en España baptisterios? Si hemos de creer lo que dice San Isi- doro, al tratar minuciosamente este sacramento, no cabe duda que en la Penín- sula eran por completo desconocidos, y consigna que la pila se encontraba situada en la segunda capilla de la mano derecha, sin especificar si era al lado de la epístola ó del evangelio, por más que presumimos fuera este ultimo. Junto á dicha capilla existia un local cerrado por cortinas, donde se despojaban los catecúmenos de sus vestiduras, comenzando por los varones, y concluidos estos sallan del templo , y entonces lo hacían las mujeres. A pesar de lo dicho por San Isidoro, Paulo Emeritense, escritor contemporáneo, describe con minu- ciosidad extrema el suntuoso baptisterio de la iglesia de San Juan de Mérida, que tal vez fuese el único de España; y decimos tal vez, atendiendo á que en las antiquísimas Iglesias que hoy se conservan en Galicia, Cataluña y otras regio- nes del Norte, no se ven rastros de los susodichos lugares, lo que viene á dar la razón al sabio Obispo de Sevilla. Respecto á su materia, el canon 23 del con- cilio de Lérida, dispone: "Que todos los Obispos que no puedan tener fuentes de piedra, tengan un vaso á propósito para bautizar, el cual no podrá sacarse de la iglesia.,, Los baptisterios poseían, como digimos, sus altares. En las catacumbas ser- via de altar el sarcófago ó lápida que cerraba el sepulcro de un santo már- tir (l): ningún lugar era más apropiado que aquel donde descansaban los huesos de un creyente, muerto en defensa de la fé. Esto no pudo ocurrir cuando el cris- tianismo, libre de las persecuciones, pudo celebrar á la faz de los hombres sus ri- tos y ceremonias; algo se conservó de la antigua costumbre, siendo indispensable llevar reliquias de algún mártir cuando se consagraba un baptisterio , guardán- dose cuidadosamente dichas reliquias en el punto citado, donde se les prestaba culto y veneración. La mesa del altar consistía en una gran losa de una sola pieza de mármol, jaspe ó pórfido, sostenida ó por una sola colunma en el cen- tro, ó por cuatro, una en cada ángulo, ó por cinco, cuatro en los ángulos y (l) Estos altares los tilularon los griegos inartirto, y los latinos con/csslon, memorias y trofeos. San Agustín dá la razón de ello de este modo: "Habiéndose unido con Cristo los Mártires, por los tormentos que sufrieron, era preciso que la Iglesia no les separara del altar donde cada dia se cele- braba la muerte de su Señor. „ También se expresa Prudencio, en el Himno del Santo Mártir Vi- cente, así: Suhjecía nam Sacrario Iiiiavique ad Arain con dita. LA PILA BAUTISMAL. 495 una en el centro. Era general que el altar estuviera frente á la puerta de entrada, sin estar arrimado á la pared, sino que se apartaba de esta un espacio conve- niente, atendiendo á que la misa se celebraba frente al pueblo, como hoy la dice el Sumo Pontífice, y el altar estaba limitado por cuatro grandes colum- nas, que formaban el baldaqui, techo ó dosel, llamado también umbraai- ¡nin, prúpitiatiorium , y muy especialmente ciboriuvi, de obra todo él, imi- tando una cúpula rematada por un globo y una cruz, que servia interiormente de gancho para sostener por medio de una varilla la pixis o coluviba eucharistica, donde se guardaba la Sagrada Eucaristía destinada á los enfermos ; y diósele indudablemente dicha forma, porque la paloma fué considerada como uno de los símbolos de Jesucristo, y se conservó aUí en vista de carecer de taberná- culo como hoy tienen los altares modernos, y ser desconocido el copón (l). Cuestionan los autores sobre si en los baptisterios existían dos palomas ó una, y si U pixis fué la destinada á conservar siempre la Eucaristía, ó se conoció ade- más un pequeño cilindro, llamado ¿urris, tapado por una esfera, sobre la cual se veia una pequeña paloma, que se guardaba en la credencia, aparador ó ar- mario propio de la iglesia latina, sito junto al altar, al lado de la epístola, y cu- bierto por una rica cortina, á fin de evitar con ella el polvo y los insectos. Misa solemne requería el bautismo para celebrar fiesta tan grata á la Iglesia, con la cual se aumentaba la grey católica. El Obispo era el celebrante, y le auxiliaban los presbíteros ó los eclesiásticos más condecorados, en cuya cele- bración se daban, como vimos, la comunión y confirmación á los catecúmenos. Para lo primero, existían varias clases de cálices (llamados por los escritores, canónicos de la antigüedad, vas dominicum, pocolwn mysticiim, vas mysticuní), clasificados de la siguiente manera : ministeriales , los que se empleaban en la comunión de los fieles bajo la especie del vino; minores, los usados general- mente por los sacerdotes; bautismales , que se destinaban para administrar la comunión á los recien bautizados, y en ella se colocaba además la leche y miel; finalmente, los ornamentales ó grandes cálices, que no servían sino de adorno del altar, colocados en la mesa ó suspendidos sobre ella por cadenas, y cuyas dimensiones eran tan considerables, que algunos llegaron á pesar 6o libras. La (l) El copón es un vaso sagrado de época muy moderna. En el reino de Valencia puede asegu- rarse que se introdujo en la segunda mitad del siglo XVII, y lo demostraremos con dos ejemplos conocidos, y como estos existen muchos más, que no citamos. 1615. En 18 de Marzo se robó la arquilla (cayxeía) que contenian las Sagradas Formas, en el convento de Santa Ursola de esta ciudad. 1629. Ocurrió lo mismo con la cayxeta de uno de los conventos de la villa de Sueca, cuyo la- drón fué castigado de una manera ejemplar. Después de esta fecha no hemos encontrado ni manuscritos, ai obras impresas que nos hablen de las arquillas, que hicieran las veces de copón. 49Ó REVISTA DE VALENCIA. hechura del cráter era, con poca diferencia, como los actuales copones, y el pié se parecia bastante á la campanilla que se usa en la misa; teniendo algunos dos asas, en particular los ministeriales, para sostenerlos mejor mientras los fieles absorbían el sanguis por medio de un tubito, como todavía consume el sobe- rano Pontífice, evitándose así la caida de la especie consagrada. Estos cálices tenían poca altura, siendo raros los mayores de 25 centímetros (l). En el siglo XII se suprimieron las asas y se hicieron más altos; y en el XV se introdujo el modelo germánico de pié alto y de estrecha copa, en forma cónica, acampanada ó de azucena. La materia de que fueron construidos los cálices, es tan varia como vamos á ver; de madera pretenden algunos arqueólo- gos que eran los que usaron los Apóstoles, y en boga estuvieron hasta el siglo IX en que los prohibieron el Papa León IV y algunos concilios , por la extrema porosidad de la materia; de cuerno y barro se conocieron en algunos países, y no fué permitido su uso en el siglo VIII; de marfil han existido, aunque raros, por la riqueza de la materia; otro tanto ocurre con los de cristal de roca, ágata, ónix y demás piedras preciosas; los de cristal artificial fueron más vul- gares en los primeros siglos; los de bronce y cobre se prohibieron por la faci- lidad que tienen de oxidarse; los de estaño se han tolerado en las iglesias pobres, y finalmente, los de plata y oro han sido más comunes, estando algo en consonancia su materia con lo que iban á contener; la riqueza y el gusto los han realzado con piedras preciosas, vistosos esmaltes, nielados y con cinceladu- ras más ó menos artísticas. En cuanto á la especie del pan, se consagraba en la misma misa, sin que fuera ácimo en los primeros siglos, y solo se mandó en el sexto Concilio Tole- dano, que fueran panes amasados exprofeso: su figura era circular, y por ello se les llamó coro7ias ó pañis rotularis. Común era imprimir en la superficie el nom- bre de Jesucristo, una cruz, el monograma, etc., y en algunos además decía: Sanctiis pañis. Desde los primeros siglos fueron de pequeño diámetro, y más tarde se adelgazaron hasta convertirse en hostias. Las crismeras, que contenían el óleo consagrado, fueron en un principio de cristal, y más tarde de oro y plata. Según manifiesta el P. Mozzoni, al ocuparse extensamente de esta materia, existían algunas de barro cocido, pertenecientes á los primeros siglos, cuya hechura era circular y con una pequeña boca para la (1) Valencia tiene la dicha de conservar en su santa Iglesia Catedral, el Cáliz con que consa- gró Jesucristo la noche de la Cena. Este precioso objeto, que describe minuciosamente el cronista Sales en su conocida obra Disertación histórica, critica y expositiva del sagrado Cáliz, puede presen- tarse como un modelo de la época que nos ocupa. Su cráter es de ágata, el pié no muy grande y del cual salen dos brazos que se unen con el balaustre, sirviendo los tres de sostén donde se encaja la copa, y midiendo un total de 21 cenlinietros de altura. LA PILA BAUTISMAL. 4Q7 salida del aceite, estando adornadas con figuras y bustos de Santos ó escenas místicas. Los dípticos los conocian los romanos antes de nacer Jesucristo, y se llama- ban así dos tablillas, por lo regular de marfil, artísticamente trabajadas, y en cuyo exterior se esculpían los bustos de los cónsules, los juegos del circo y de la arena. Los cristianos los adoptaron para su liturgia, y los han dividido los autores en dos clases: dípticos puramente eclesiásticos, donde se ponian los nombres de los fieles difuntos y los de los vivos, y dípticos mixtos, ó aquellos adornados de relieves y asuntos profanos, y en los cuales se apuntaban sucesos del orden civil ó hechos memorables para la Iglesia. Como la materia es de suyo extensa y pesada , creemos que con lo dicho habrá lo suficiente para apreciar la necesidad que tenia la grey católica de conocerse y de establecer sus registros especiales, á la manera de los libros que hoy conservan las par- roquias, donde se inscriben los nacimientos, matrimonios y defunciones. En cuanto á la parte indumentaria propiamente dicha, ó vestiduras sacerdo- tales, comenzó en el siglo IV á introducirse entre los cristianos el lujo, acep- tando los tisús de las ñibricas de Tiro, Alejandría, Damasco y Antioquía, que los producían destinados á los monarcas, príncipes y altos dignatarios. Hasta entonces es de creer que los sacerdotes usarían sus trajes habituales, añadidos de las insignias propias de su orden, predominando el color blanco, que duró hasta el siglo IX, época de gran anarquía en los colores, que fueron el purpú- reo, el sanguíneo, el rosa, el verde, el negro y el que hoy llamamos marrón, y á partir del siglo XII se fijaron definitivamente cinco: blanco, rojo, verde, violado y negro, y posteriormente en tiempos modernos el azul (l). La casulla, entre los latinos casida ó cáinhda, y entre los griegos planeta, la hacen derivar de la toga romana, y tuvo diversas hechuras, pareciéndose las primitivas á los ponchos ó capotes de monte, que se usan en el dia, reformán- dose poco á poco hasta adquirir la forma actual. La capa pluvial tiene idéntico origen, y se pretende por algunos escritores que fueron casullas procesionales, y más tarde aprovechó para resguardarse de la lluvia, calándose el capuchón según lo exigía la necesidad. La dalmática se deriva de la Dalmácia, cuyos (1) Según las ordenanzas dispuestas por D. Pedro IV en 15 de las Calendas de Noviembre de 1344, para su capilla del Real Palacio de Valencia, en una de ellas dispuso que los ornamentos fuesen de cinco colores: encarnado, blanco, verde, azul y negro; el encarnado servia en las fiestas de Nuestro Redentor y Santos mártires; el blanco en las fiestas de la Virginitat de aquella Señora, que apres lo par t de la nostra Redenipció, Verge rofjias^ y para las de las Santas Vírgenes; el verde en las festividades de Nuestro Señor, y los Santos doctores y confesores; el azul el viernes aunque fueran festivos , asi de Nuestro Señor como de los otros Santos, y el negro en los oficios de difuntos. Estas disposiciones debieron guardarse, no solo en la Capilla Real, sino cuantas dependieran del real patronato de una manera directa, en el reino de Valencia. 32 498 REVISTA ÜE VALENCIA. habitantes la llevaban, de donde la copiaron los romanos; más tarde fué usada solamente por los Emperadores, Reyes y Obispos, siendo concedida en el si- crlo IV á los diáconos romanos; después, como privilegio especial, á algunas iglesias, y últimamente en el siglo X se hizo de uso general para todas. Los subdiáconos no tuvieron otro traje mas que el alba, y en el siglo VI se les concedióla tunicela. En cuanto á la estola, que unos quieren proceda de la stola romana, y otros del orarinni, fué al principio una vestidura general para los cristianos de ambos sexos, y como á tal aparece en los monumentos antiguos: poco á poco perdió su primitiva hechura, convirtiéndose en una tira de tela, de la que se ocuparon algunos concilios como el de Toledo (633), que en su canon 3o manda á los levitas lleven el orario en el hombro izquierdo, dejando libre el brazo derecho para desempeñar su ministerio fácilmente; y el tercer Bracarense (Ó75), canon III, ordena al sacerdote que vaya á celebrar, lo lleve sobre su cabeza y espaldas, cruzándolo en el pecho. El manípulo {inanipuhmiy maffiíla, phaceor y siidarmni) no era otra cosa que el pañuelo con que los sacerdotes se limpiaban el sudor ó las lágrimas derramadas durante el santo sacrificio, y como ornamento eclesiástico no apareció hasta el siglo VI. En cuanto al esto- lón, que se pone el diácono para leer el evangelio, es de fecha muy moderna. No consignamos el origen de otros ornamentos de menor importancia, por esto mismo. Mucho más podria decirse de los trajes pontificales, si extractáramos las noticias que dá Anastasio el Bibliotecario en sus Vidas de los Pontífices, vSan Isidoro en las Etimologías y otros autores coetáneos, que han proporcionado el gran arsenal á los arqueólogos modernos para conocer las costumbres, monu- mentos e indumentaria de los primitivos siglos del cristianismo. Nuestros lectores habrán de perdonarnos la extensión que hemos dado á las anteriores noticias, que sirven, digámoslo así, para preparar la materia, ilus- trándola con antecedentes, sin los cuales no puede apreciarse debidamente la importancia artístico-arqueológica de la pila de San Bartolomé, que es un mo- numento Utológico, sin igual en esta ciudad, y tal vez en su provincia, fuera del magnífico y notable ejemplar que se conserva en la iglesia de San Félix de Játiva, grabado por Villanueva, en el primer tomo de su Viaje literario, y por Boix en la Historia de la citada población. D. Agustín Sales, sabio cronista valenciano, publicó en 174Ó un tomito, ti- tulado: Meinorías históricas del antiguo santuario del Santo Sepulcro de Va- lencia, que ha servido á los posteriores autores para copiar la antigüedad, preeminencias é historia de aquella antigua iglesia, trasformada después de la 1,A I'ILA üAUTISMAlv. 499 conquista en una de sus parroquias. Tal vez la aspiración que tuvo Sales, de en- salzar la parroquia, á la cual pertenecía como presbítero, ó la exageración propia de todo autor que desea enaltecer las glorias de su patria, le hizo decir que la tal iglesia fué una basílica, fundada en tiempos del Emperador Constantino, y sobre las ruinas de un templo consagrado á Baco, sin otro fundamento que el haberse encontrado en 1667, al abrir zanjas contiguas á la actual capilla, y se- gún más adelante referiremos, multitud de sillares, una columna de mármol ro- ta en la cual se hallan esculpidas varias hojas de yedra, un fragmento de már- mol blanco con la palabra Murcia, que aun puede verse cerca de la puerta que corresponde á la calle de Serranos, y yarios conductos de plomo, deduciendo de aquí que las hojas de aquella planta las usaba exclusivamente como atributo propio el citado Baco, y no le cabia duda alguna respecto á la época de su fun- dación, por haberse encontrado en 1742, cavando otras zanjas en la misma ca- pilla, una moneda del Emperador Constantino, batida en Arles. Algo de exajera- cion tiene, á nuestro entender, la mucha antigüedad que se supone á este tenv pío, por más que deba fijarse como uno de los primeros que tuvo Valencia de- dicados á la adoración del verdadero Dios, y cuanto menos, puede asegurarse que existió durante la dominación mahometana, lo cual le supone un abolengo anterior al 711, puesto que con posterioridad al dominio de los árabes no per- mitieron la erección de iglesias, sino que suprimieron la mayor parte de ellas, dejando una ó dos en el barrio donde se mandó habitaran todos los mozárabes, que en Valencia se titulaban rabatines, coincidiendo aquel en el muro llamado Viejo, del que aun queda la puerta de Valldigna, y dentro de cuya área estaba enclavada la Iglesia del Sepulcro. Algunos historiadores suponen que en 870 se trasformó en monasterio de monjes basilios, y así estuvo hasta la toma de esta ciudad por D. Jaime en 1238, que la recibieron los canónigos seglares, lla- mados del Santo Sepulcro, por manos de D. Pedro Albalate, Arzobispo de Tar- ragona, siendo erigida al año siguiente en iglesia parroquial, bajo la advocación de San Bartolomé y San Miguel, hasta que Calixto III suprimió aquellos canóni- gos en 1458, quedando en poder del clero secular, y conservándose como un recuerdo la cruz patriarcal que existe sobre sus puertas, veletas, adornos interio- res del templo, y de la que hace uso en las procesiones cuando se presenta como á tal parroquia. No cabe duda que los moros permitieron en ella la celebración del culto, mediante fuertes tributos que impusieron, conservándose allí los cuerpos de Juan y Pedro, discípulos del Serafín de Asís, martirizados por Zeit Abuceit, y que hoy venera la iglesia con los nombres de San Juan de Perusa y San Pedro de Saxo-Ferrato: también en ella recibió el bautismo el glorioso mártir y Obispo de Jaén, San Pedro Pascual, de antigua y noble familia, y uno de los más ilus- tres hijos de la ciudad del Túria. El método que hemos adoptado nos impele 500 REVISTA DE VALENCIA. á combatir una tradición vulgar, sin fuerza ni apoyo alguno, que supone esa la pila bautismal de San Bartolomé, la misma en que recibió las aguas del bau- tismo el referido Santo. Para deshacer este error, será preciso demos algunas explicaciones convincentes, y en las cuales fundamos nuestra opinión. Pocas noticias han llegado hasta nosotros de las variantes ó modificaciones introducidas en la fábrica del templo. Según D. Marcos Antonio Ortí (l), la pri- mitiva iglesia se componía de tres naves con arcos ogivales, siendo toda ella de piedra, desde los cimientos hasta la bóveda. El Sr. Marqués de Cruilles, en su Gtda de Valencia, dá estas noticias: "La forma de la primitiva iglesia, aunque reducida, era de tres naves, sostenidas al parecer por cuatro pilares; dícese que de ella se conservó una pintura en uno de los planos de la actual capilla del sepulcro; su posición era á través, á los pies de la nave actual, y así se ex- plica que el resto fuera casa claustral de los referidos canónigos. Los que pre- senciaron su derribo para la construcción del actual atestiguaron su gran antigüe- dad. Entonces, el primitivo altar del sepulcro se puso en capilla especial, en el mismo punto en que estuvo desde su principio.,, Amenazada por la ruina, se derribó y puso la primer piedra el Dr. D. José Barbera, Obispo de Maronea, en 28 de Noviembre de l666, siendo trasladado solemnemente el Sacramento á la nueva Iglesia el dia 23 de Agosto de 167 L, dándose por terminadas definitiva- mente las obras en 1682. Las tres vidas que conocemos de San Pedro Pascual (2) lo hacen hijo de esta ciudad, lo cual está fuera de toda duda, como no parece tampoco dis- cutible que recibiera las aguas bautismales en la antigua iglesia y pila del Santo Sepulcro. Lo que ningún autor se atreve á afirmar rotundamente, (1) Valencia histórica y topográfica^ y^ox D. Vicente Boix, tomo I, página 112. {'£) La candida JIor del Túria. San Pedro Pascual de Valencia, hijo de su ciudad, etc., por D. Baltasar Sapena y Zarcuela, Pérez Arnal y Rivera, Sr. de Pamis. — Cun licencia en Valencia, por Benito Macé, junto al Colegio del Patriarca, año 1671. — Vol. en 4.° con dedicatoria, apro- bación, prólogo, fé de erratas, cinco sonetos, una décima y un epigrama, tabla de los capítulos, resumen de la vida, otro soneto, dos láminas, 297 páginas, y al final la sentencia apostólica ¿índice de cosas notables. El Ahchabeo evangélico. Vida del glorioso doctor San Pedro Pafcual de Valencia etc., por el padre Fr. loan de la Presentación, Profeffor de fanta Tlieología etc. — En Madrid en la imprenta Real. Año 1671. — Vol. en 4.° con dedicatoria, licencia, aprobación, otra aprobación, licencia del Ordinario, tercera aprobación, suma del privilegio, fé de eiratas, suma de la tasa, parecer de un devoto, liras del ])adre Fr. Francisco Ballester, fuentes de donde está sacada la obra, protesta- ción del autor y 156 páginas, á las que siguen la tabla de los capítulos, y de las cosas notables del libro. Compendio de la vida del glorioso mártir San Pedro Pafcual de Valencia. Su Autor el R. P, M. Fr. Felipe Colomba, lliftoriador General de la dicha Orden.— Con licencia, por Gerónimo Vila- grafa, imprefor de la ciudad, y del Santo Tribunal, año 1773.— Volumen 4-°, compuesto, dedica- toria, aprobación, noticia apologética y 56 páginas de texto á dos columnas. LA PILA IJAUTISMAL. 50 1 es que la pila actual fuese la misma existente en tiempo de nacer el mártir. Si pues los historiadores citados no aseguran tal idea, veamos ahora si el monumento, artísticamente considerado, puede pertenecer á principios del si- glo xiir. Cuenta Valencia, como uno de sus más venerandos recuerdos arquitectóni- cos, la notable portada de la catedral que corresponde á la plaza de la Alniói- na, perteneciente al período que se conoce con el nombre de románico ó bi- zantino. Si comparamos cualquiera de sus detalles con los que tiene lo que hemos dado en llamar el capitel de la pila, y cuya descripción haremos más adelante, de seguro que han de notarse diferencias de bulto. Mientras la primera contiene una riqueza de ornamentación extremada, haciendo el autor en los deta- lles más pequeños gala de una bizarría de cincel, que contrasta con la pobreza del dibujo, la pila tiene una pureza de líneas, una morbidez en los contornos y una soltura en el detalle, que tiende á la construcción en grande, ó sea la época ogival, en que la escultura abandona la rutina románica, para ir acercándose al ideal, que consiste en copiar la naturaleza, sin que por ello desaparezcan aquellos elementos estéticos que no existen en la materia sola. Nos afirman más en esta idea tres razones, y son las siguientes: las copas de las pilas bizantinas son siempre circulares, aunque en ellas se grabe lo que quiera; las ogivales por lo regular polígonas, y en este caso se encuentra la de San Bartolomé. La se- gunda: las hojas de yedra se encuentran con abundancia en la arquitectura gótica, mientras son rarísimas en la bizantina. La tercera: el claustro grande del monasterio de Santes Creus ('Cataluña), contiene multitud de mascarones, tan parecidos á los de la pila, que algunos de ellos podría decirse que han sido ejecutados por el mismo artista, especialmente la cabeza que tiene la len- gua colgando y la que se rasga la boca. Podrá objetarse que hacemos una afir- mación demasiado atrevida al emitir semejante parecer; pero nosotros, al con- signarla, vemos igual gusto de época, idéntico sabor escultural, líneas tan pare- cidas, que no se conocen sino en tiempos dados, que los artistas estudian bajo unos mismos modelos y se informan de idéntico gusto estético. Solo el estilo ogival puede trazar aquellas figuras (l). Además, el diligente Sales, tan eximio investigador de las cosas de su igle- sia, considerando la pila como una reliquia, algo hubiera hecho para conse- guir se quitara de la mesa del altar de San Antonio, donde existia escondida completamente desde tiempos ignorados, como en 1881 lo ejecutó la diii- gente Junta de fábrica del referido templo, montando en un sitio más visible este elegante monumento. Ni nuestro ánimo es quitar una gloria á la parro- (1) El citado claustro comenzó á labfarse en 13I3 y se terminó en 1,341. 502 REVISTA DE VALENCIA. qiiia de San Bartolomé, ni negando esta vulgaridad, pierde importancia el ob- jeto que nos ocupa: la parroquia justamente se envanecerá de haber contado como feligreses al Obispo mártir, y de poseer una airosa y antigua pila. Réstanos ocuparnos de la descripción del monumento. Consta de dos cuer- pos, copa y pedestal, siendo de la clase de las monopedículas pentagonales, (le piedra arenisca el primero y calcáreo el segundo, procedentes ambas de las canteras del país, y formando en conjunto una altura de i'25 metros. La copa, de hechura cónica, está dividida por ocho aristas en la parte exterior, constitu- yendo una pirámide octógona, truncada é invertida, cuyos lados tienen en la parte superior 48 centímetros de ancho, que van insensiblemente estrechándose, hasta llegar á los 51 centímetros de largo, donde se vé esculpida una media caña de ocho lados que finaliza á la manera de argolla todos los segmentos de la copa; bajo de aquella, comienza el capitel, donde están esculpidas las figuras que luego describiremos, ocupando un espacio de 15 centímetros de altura, de la misma piedra de la copa. El pedestal, también de ocho lados, tiene de alto 55 centímetros por 48 de diámetro en su base: hasta los 21 centímetros de altura existen varios bordones y medias cañas, y los restantes 22 forman lo que po- díamos llamar fuste del pedestal, que se une con las figuras de la copa. La parte cóncava de esta tiene 98 centímetros de diámetro por 48 de profundidad, cons- tituyendo un espacio suficiente para contener considerable cantidad de agua. Lo más interesante de la pila lo forman las figuras esculpidas en lo que hemos llamado capitel, y cuya descripción y significado, según nuestro entender, es el siguiente: sirviéndonos de punto de partida cualquiera de los lados en que se divide el octógono, comenzaremos viendo una cabeza de joven de rostro ova- lado y barbilampiño, frente ancha, donde caen varios mechones de cabello, la- brado todo ello con gusto y minuciosidad; á su lado se encuentra una hoja de yedra con sus nervios, ondulaciones y sinuosidades de esquisita labor; sigúele una figura caprichosa, constituida por cabeza de toro, orejas pronunciadas pequeños cuernos, cuerpo largo, exagerada musculatura, especialmente en sus piernas traseras, sobre las que cae la cola, de la parte superior del cuerpo, y descansando sobre el brazuelo izquierdo, sale una ala larga constituida por cua- tro órdenes de pluma; dicha figura ocupa completamente el lado segundo, y dán- dole la espalda, ó sea en el tercero, hállase un corderillo en posición violentí- sima y algo descorregido en el dibujo, siendo sus vellones y cabeza del mismo sabor (pie lo restante. A su lado se encuentra otra hoja de yedra, y pegada á ella se observa una cabeza, al parecer humana, provista de grandes orejas, nariz achatada, pómulos abultados y boca abierta, de la cual sale una prolongada lengua triangular, que sujeta convulsivamente con las dos manos, que tapan las mandíbulas y dejan salir al lado izquierdo, único que puede ver el observa- dor; entre el brazo y la cabeza, una ala de murciélago, terminada por agudas LA PILA UAUTISMAI,. ^qS puntas, y junto á la cual existe otra cabeza varonil (colocada en el lado sexto) de cabello ensortijado y caído en bucles sobre sus orejas; la frente se remata por un cintillo que sujetan los cabellos, mientras sus manos mesan con furor las barbas, teniendo metidos en la boca los dedos índices en actitud de rasgarla con desesperación. Nueva hoja de yedra, y á su lado una cabeza de anciano adornado de luengas barbas, cuyas facciones muestran un quietismo é impasibilidad extraordinaria. Dándole la espalda, sigue un león de cabeza re- donda, cuerpo extenso y nervudo, especialmente las piernas traseras, terminadas por afiladas garras; de su cuerpo y de entre las costillas sale una ala de figura caprichosa y constituida por una serie de pequeñas plumas; á continuación otra hoja de yedra, junto á la cual se observa la cabeza del joven primeramente re- ferida. La significación que tienen las figuras y cabezas encierra, á nuestro entender, un estudiado pensamiento de donde iban á colocarse. El toro y el león son los animales simbólicos con que han querido representarse, desde tiempos tan anti- guos, los evangelistas San Marcos y San Lúeas, como puede observarse en los mosaicos de San Vito de Ravena, ejecutados el año 556; conservadores de la doctrina de Jesucristo, parece natural se reprodujeran aquí como un re- cuerdo. El corderino ó agnus Del, en actitud de escorzo, es el Salvador mirando la cabeza del joven, que sin duda "alguna manifiesta al nuevo creyente que vá á recibir las aguas regeneradoras. La cabeza que se arranca la lengua y está adornada con alas de murciélago, y la que á su lado se tira las barbas ras- gándose los labios, significa el genio del mal y la desesperación del infierno, al presenciar la augusta ceremonia del bautismo. Esta mística filosofía, que nosotros encontramos en el monumento, y que tal vez se tache por algunos de exagerada, viene á confirmar nuestro aserto de ser de época ogival la referida pila. No á otro tiempo puede aplicarse esa sim- bología tan eminente y trascendental, cuyos detalles más insignificantes hablan al alma y hacen al hombre palpitar su corazón libre é inmortal, con dulcísima ternura, porque elevan con sus líneas verticales sobre este terreno de fango y de miserias, y con sus altísimas agujas nos lo hacen perder de vista sin dejar- nos otro pensamiento que el del cielo, nuestra patria y nuestro descanso. J. Vives Ciscar. EL TERREMOTO DE MONTESA. Hemos ofrecido á los lectores de la Revista de Valencia algunos datos curiosos, que hemos podido recojer, sobre el célebre terremoto de Montesa. En el número anterior publicamos la interesante relación de tan gran catástrofe en el monasterio de aquel nombre, escrito por un testigo presencial. Ahora daremos cuenta de sus efectos en los pueblos á que alcanzó su acción, co- piando otro de los documentos que forman la colección que hemos reunido sobre este asunto. LETRA B. „De las ruinas Causadas de los Terremotos [ocurridos en 23 de Marzo y 2 de Abril de 1748, en las gobernaciones de Montesa, S." Felipe y Alcira;] rela- ción extractada de los Testimonios remetidos por los Justicias a los goverua- dores de las Capitales de sus partidos y por estos asu Ex. -i el S."i' Duque de Cayluz (1). ORDEN DE MONTESA. Aviendose extinguido la Religión de los Templarios por Sentencia del Con- cilio Vienense el año l3ll recayeron sus vienes en la sede Apostólica, aplico- seles ala Relig. de S. Juan de Jerusalen exceptuando los q.e posehian en Cas- tilla, León Aragón, Mallorca y Portugal, y enfuerza de esta donación, ocupó la Religión de S. Juan quantos bienes avian tenido los Templarios en el Reyno de Val. Pero deseando el S.'" D." Jayme el Seg.o Rey de Aragón erigir en este Reyno otra Religión Militar que por instituto propio defendiese sus Pueblos y vasallos, délos continuos robos e insolencias q.e executaban los Moros en sus costas, por medio de su Embajador D." Vidal de Vilanova, solicitó, y obtuvo (1) Nuestro iiuciulo amiso el Sr. D, José Vives Ciscar, posee un ejemplar impreso de dicha relación, firmado por D. Félix Estevan Carrasco; pero sobre haber no pocas variantes, la escasez de esta obra, nos autoriza á considerarla como inédita. EL TERREMOTO DE MONTESA. 5o5 bula del Papa Juan 22 para la erección de dha. Orden que 4 años antes poseia la de S.r> Juan; pero con pacto de seder el Rey á esta, los q.e avian tenido los Templarios en Aragón; y asi se executo reciprocam.te por ambas partes en la mejor forma el año l3ló. La Relig.n que se fundó con aquel instituto, y Regla de S. Benito es la de N.-i S.'^ule Montesa, y S. Jorge de Alfama y ademas de los expresados vienes, la doto el Rey desu patrimonio Real, la Villa y Castillo de Montesa, con sus pertenencias, para fundación del Convento, Casa Matriz déla Orden, que se concideró apropocito, para precidio fuerte délas fronteras de Castilla, y darse la mano con la orden de Calatrava, contra los Moros de Granada, proveyendo de esta defensa, y seguridad al Reyno de Val.» Governó esta Religión un gran Maestre, con jurisdicción y dominio absoluto hasta el año I3g2. q.e el Rey Phelipe 2. obtenida Bula del Papa Sixto V. muerto el Ultimo gran Maestre D." Pedro Luis Garzeran y Borja, incorporó perpetuam.te en su Corona de Aragón el Maestrazgo de Montesa, según y como en el año 14Q4 por concesión del Papa Julio 2 se avian incorporado en la Corona de Castilla, los maestrazgos de las Ordenes de S. Thiago, Calatrava, y Alcántara entiempo délos Reyes Católicos d." Fernando y d.ña Isabel, desde entonces el Rey como gran Maestre, nombra para su govierno, un Lugar Theniente general, caballero profeso de ella que con su Tribunal recide en Val.^ La fabi'ica del ca síillo es en esta forma. Ala parte septentrional, la entrada del Castillo, sobre puente Levadizo y torreones que la defendían, la Iglecia de considerable Elevación, mole y ma"-- nitud, con otras Oficinas; al medio dia correspondía el Coro déla Iglecia, la Sa- crestía, parte déla abitacion de los Freyles, y un Torreón con priciones y cala- bozos: al levante la abitacion Prioral, una magnifica antigua para el Gran Maestre y otros edificios para uso de su familia: A Poniente correspondía la pa- red exterior colateral de la Ig.,'i de notable espesor, barbeando (O su simiento á plomo por aquella parte con el canto de aquel peñón. Vltimamente en el cen- tro, ó interior del castillo [habia] un claustro, Cisternas, horno, Cozinas, Gra- neros, Cavallerizas, un Ouartel capaz de cien hombres y una pequeña plaza de Armas, con otras oficinas convenientes. Toda esta obra era de canteriay bobedas, no tenia mas madera que la que componía la armazón délos texados. etc. [En los dias 23 de Marzo y 2 de Abril de 1748, se vino á tierra toda esta máquina, como referido queda, á causa de los repetidos temblores, pereciendo entre sus ruinas, Fr. D. Joseph Ortells, Prior de Montesa, Fr. D. Ignacio Oller, Prior de Alfama, Fr. D. Joseph Alonso, Fr. D. Andrés Meseguer, Cura de Onda, Fr. D. Gregorio Llorens, Fr. D. Joseph Talens y Fr. D. Carlos Guerola, religiosos profesos de Montesa; Fr. D. Geró- nimo Bailes, Fr. D. Roque Ramírez, Fr. D. Ginés Navarro, Fr. D. Tomás San- chiz, Fr. D. Bernardo Carceller y Fr. D. Vicente Belda, novicios; el organista suplente Luis Toguenga, el lego Fr, Tomás Guerola, el criado Lorenzo Com- pany, el cocinero mayor, dos hombres y un albañil y de las resultas el freiré profeso D. Rafael Pisa.] GOBERNACIÓN DE MONTESÁ^ Ésta Villa alcansó gran parte de este estrago dexandola tan desnuda qué aunq.e se ven algunas Casas en pie, no esposible abitarlas; perecieron ^vecinos, (1) Palabra hoy poco usada, que significa llegar una cosa á la altura de otra. 50Ó REVISTA DE VALENCIA. y vn albañil y seis mal heridos; y otros muchos del segundo terremoto, los de- mas salieron al campo acogiéndose al abrigo de los Arboles y formaron 20 bar- racas aviendo en algunos mas dejo personas de ambos sexos con notable inde- cencia; la Ig.a [quedó] desnuda y el SS.>"o Sacram.to se colocó en vna pobre hermita del calvario, la gente [estáj pasmada y llena de orror, enfermos y nece- sitados, por lo q.e se teme vna gran Constelación, o epidemia de loq.e han pa- decido, mal alimentados; El S.or Arsob." les ha socorrido con 20 pezos, y fr. D.njoseph Ramírez, actual precidente, les ha destribuido los Comestibles que con mucho trabajo se han podido entresacar de las Ruinas del Conv.to El daño que ha padezido esta Villa se a reputado por los expertos en 48252 p.os como consta por escritura recibida por Fran.co Julián Belver Ess.no ENGUERA. El primer terremoto del dia 23 demarzo derribó el Campa.iío remate déla portada déla Ig.a Parro.^ obra de sillería Cayóse la bobeda déla sacristía se- pul.do en sus ruinas al Dj Thomas fortea Cura de esta Villa quando se estava quitando las sagradas vestiduras del S.to Sacrificio déla misa, y al Sacristán le rompieron las Ruinas dos Costillas, y salió muy herido, se asolaron las dos lin- ternas déla torre, Cayo la Campana del Relox [y] rompiéronse los siete arcos que mantenían la nave. El Comv.to délos P.P. Carmelitas descalzos también ha q.edado arruinado y la mayor parte délas Casas déla Villa, y otros muchos q.c amenazan ruina, los vezinos confusos de tan cruel estrago, sesalieron al campo, sufriendo la incomodidad del tiempo sin atreverse [á] bolber asus casas asacar los víveres, y efectos, formaron vna tienda de campaña y exhornada en (slc) la decencia pocible colocaron en ella el divino pan délos Angeles Christo Sa- cram.íio El Seg.do terremoto del dia dos de Abril acabo de de arruinar las casas, saliendo heridos algunos vecinos, q.e se avian retirado a ellos por no poder re- cistir al frió y temporales; murieron dos mugeres y otras dos quedaron muy mal heridas arruináronse algunas Capillas dexando este terremoto casiazolada la Ig.a sepultando las Ruinas todos los efectos, especialmen.te del Gremio de Pe- laires sin poder travajar perdidas sus fabricas depaños, en q.c se empleavan Cin- co partes délas Seis de que se compone aquella Villa, socorriéndose vnos aotros mutuam.te con lo q.e pudieron Librar y con el socorro que les han Librado el S.or Arsob." y el S.or conde de puño en rostro Dueño déla Villa manteniéndose en los Campos con suma incomodidad por la rigurosa estación del tiempo en vnas pobres barracas. Con la violencia del primer terremoto del dia 23 de Marzo [se] arruinó el Chapitel déla Torre desplomándose el techo déla Ig.a sacando vn cadáver délas ruinas y délas ruinas de vna casa aona muger muerta y aotra muy mal herida que murió Luego saliéndose sus abitadores al campo prociguiendo algunos tem- blores menos fuertes hasta el dia 2 de Abril q.e repitió con mas Violencia el Sag. la boca , é lo got pie daygua sobre lo cor ó zenirell, per orde demedkina, é practica de Metjes , segons , que desús es stat fet , eran, é son senyals de la persona morta , é digueren , que els dits Metjes é molts altres Metjes de la present ciu- tat, hablen visitada , é tenguda la díta Senyora de aquesta malaltia de la cual es morta, etc., etc. (Documento núm. 1 6 de la Compilación diplomática). (1) D. Juan Fabra, caballero muy conocido en Valencia, gran amigo, á lo que parece, de Jaime Roig. y tan competente en armas como en letras, fu¿ uno de los valencianos que se presentaron á combatir en el Paso honroso de Suero de Quiñones. (2) Dilluns IV Maig Los honorables monsenyer García de Lorís Cavaller , en Bernat Peris, en Berenguer Granollers é Nanthoni Pelliqer ciutadans, cuatre deis honorables jurats de la ciutat de Valencia, justats en la dita cambra del consell secret per renunciado á ells feta per lo dit Nanthoni Pellicer de la atministracio de 'lespital apellat de En Clapes de la cual era stat prouehit pocs dies hauiá é per lurs afers ó negosis no hi podia entendre ne prouehiren al honorable Mestre JacmeRoig, mestre en Medicina, ciutada de la dita ciutat present é pecreuerencia de Nostre Senyor Deu accep- tant donantli tot aquell poder que los dits honorables jurats han en la dita atministracio. Presents testimonis foren á las dites coses en Joan de la torre , en Domingo Velero é en Nicolau Francesch vergers deis honorables jurats de Valencia. (Manual de consejos, año 1 450).— Archivo municipal). 536 REVISTA DE VALENCIA, proveyeron el oficio de exospitadoy de toda clase de enfermedades , en el hono- rable maestro Jaime Roig, y en la misma sesión le nombraron también médico para visitar los enfermos del hospital de En-Clapés, con el salario acostum- brado, y por si no quisiere aceptar este último cargo, designaron al maestro Jaime Radiii (l). En 1477 fué nombrado para intervenir en el examen de un boticario, y en 10 de Agosto del mismo año examinador interino para el acto de recibirse cuatro médicos, por ausencia del propietario, que lo era el maestro Luis Alcanys. En 22 de Diciembre del propio año (consell de Nadal) fueron nombrados examinadores propietarios de médicos y físicos los maestros Jaime Roig y Ma- siá Monistrol , y de cirujanos los maestros Joan del Mas y Pascual Valero. En el dietario del capellán del Rey D. Alfonso, manuscrito procedente de la librería del convento de Predicadores de Valencia, y hoy existente en la Biblioteca de la Universidad, consta que el miércoles 1.° de Abril de 1478 salió con el canónigo Mascó y otros amigos á visitar sus heredades, y apenas hablan pasado de Benimámet, el maestro Jaime se detuvo, quiso descabalgar para ori- nar, y cayó herido de muerte. Condujéronlo á Benimámet y por la noche á su casa de Valencia, donde murió el sábado por la noche. Indícase en el mismo dietario que la muerte debió ser á consecuencia de una apoplegía, puesto que apenas cayó de la muía, dándose un gran golpe, ya no se pudo levantar, y hablaba con gran trabajo por tener la lengua torpe (2). Corrobórase que efecti- vamente debió morir el 4 de Abril, porque el lunes 6 del mismo mes, los jurados (1) Die sabati vicésima séptima mensis Juny año á nat , domini millesimo quadringentesimo quinquegentesimo los honorables mossen baltasar bon en joan ferrando mossen ffrancesch mana- guerra en jacme de fachs é en manuel lorenq cinch deis honorables jurats de la Ciutad de Valencia justats en la cambra vullgarmente appellada de conqell secret , present lonorable Racional per niort de lonorable mestre Ramón de Fachs provehiren de offci de desospiiacio de cualsevol malalties lo cual tenia lo dit hon mestre Ramón , al l'.onor Jacme Roig mestre en medicina , absent. Presents testimonis foren ais dites coses los hon. mic. Gabriel Sta. cilia y niic. lois blanch ciu- tadans de Valencia. ítem provehixen lo dit hon. mestre Jacme Roig de metge pera visitar los malats den Clapes ab lo salari acostumat é si acceptar non volra ara pa lavors provehixen el hon. mestre Jacme Radio mestre en Medicina. (Manual de Conqells. Archivo del Excmo. Ayuntamiento de Valencia). (2) Dimecres primer dia de Abril , mestre Jaume Roig metge é IMonsen Lois Mascó , ab altres que tcnien hcrctats anaven á veure les azuts de les sequies é pasat Benimámet lo mestre Jaume se atura e volch descavalcar per orinar é al descavalcar yo crech que la plopeixia regná , éll caygué de la muía é dona tan gran colp que no 's puch levar: Mossen Lois Mascó é tots los qui eren allí ab gran afany tornaren tío á Benimámet é de continent tingue la lengua grosa que parlava ab gran afany. En la nit en una sarria ab pala fonc portat A Valencia en la sua casa. Lo disapte en la nit á IV del dit mes pag.-\ lo deute de natura. (Dietario del capellán del Rey D. Alfonso , manuscrito procedente de la librería del convento de Predicadores de Valencia. Se conserva en la Biblioteca de la Universidad literaria). (Folio 186 y tratando del año I478). RECUERDO APOLOGÉTICO. 53? nombraron á D. Francisco Rorrell, maestro en medicina, examinador de médi- cos por muerte de Jaime Roig. Una de las cuestiones que han ocupado á Ic'S biógrafos de nuestro famoso médico, es la del año en que nació, cuestión que está muy lejos de haber sido resuelta. Fray Rodríguez cree que vivió cerca de cien años (l). Hernández Morejon fija su nacimiento en l3ó5 ó l3ó6 (2). Fúndanse estos y otros escritores en lo que él mismo asegura al final de su obra, al decir que tiene noventa y cinco ó cien años (3); pero como el libro lo escribió en 1460 y su muerte no ocurri(') hasta 1478, habria que concederle la avanzada edad deciento trece á ciento diez y ocho años, edad inverosímil en un hombre que cuatro años antes de morir aun concurre á un certamen poético. Por más que todos los dias citen los periódicos casos de longevidad notables, en los que se conservan, más ó menos íntegras , las fuerzas físicas y las facultades intelectuales , ¿es creiblc que los jurados de Valencia le nombraran examinador de médicos y boticarios á tal edad? ¿Puede admitirse que cinco dias antes de morir tuviese aun fuerzas para montar á caballo y salir con sus amigos á visitar sus heredades? ¿Se escribe tanto y con tan libre desenfado á los cien a ños? Estas observaciones del Sr. Pe- layo Briz (4), que fija su nacimiento á principios del siglo XV, me parecen de .■■ )ii w ■'.V' ^ ■■*•• '•*■■ M '^J^ hi< )K )»^ ■*■■ )K ■A- )K •■.V íl ^ ■i- ^ ■■>■■ ^ •A- ■'A' ^ \*j * •■<■■ ^ J:. ^ * ■A- p^ ■'.•. ^ ^i-* \l¡t ^it \lJ (^ Ku ,W ^ 1 1^ k:l' jm ■>■• # ' ■'•*■'■ 3 £ A' ^K ■•»■ íR ■A- m \^M m u* m ■A- ^ ■k- m ■i- É .•i; w**^ r\¿'*y ^ A- A' N^ ^ A-. A- Ú k ■A' •A- i ¿ Ni ■A- Ni Ni ■A-- Ni N( ^ ¿ Ni ■A' N< •A- Ni •A-- ■k- ?r5 A- Ni Ni •A' Ni i É ■A' N« k. 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